PACO AZANZA TELLETXIKI. ¿Por qué el Gobierno Boli­va­riano se inhi­be en el caso de Asier Guridi?

Lo del Gobierno espa­ñol se entien­de a la per­fec­ción, ya que es suma­men­te reac­cio­na­rio y pun­tal del Esta­do neo­fran­quis­ta. Prue­ba de ello es cómo al fas­cis­ta vene­zo­lano Lorent Saleh le otor­ga­ron de mane­ra rápi­da la nacio­na­li­dad espa­ño­la, o la gran aco­gi­da que le ofre­cie­ron tam­bién al terro­ris­ta Leo­pol­do López, pró­fu­go de la Jus­ti­cia vene­zo­la­na que, pre­via­men­te, estu­vo pro­te­gi­do en la emba­ja­da espa­ño­la en Caracas.

Lo que ya cues­ta más creer es el tra­to tan inso­li­da­rio que le está dan­do el Gobierno Boli­va­riano de Vene­zue­la al refu­gia­do polí­ti­co vas­co Asier Guri­di Zalo­ña, que lle­va ya 28 días de huel­ga de ham­bre para que le devuel­van su iden­ti­dad jurí­di­ca. Y es que sin ella no pue­de acce­der a dere­chos fun­da­men­ta­les invio­la­bles y repre­sen­tar o defen­der a su hijo Iban (de 13 años) ante regis­tros, nota­rías y tribunales.

Cuan­do, tras su ante­rior huel­ga de ham­bre fren­te al Con­su­la­do espa­ñol en Cara­cas el Gobierno de Vene­zue­la le otor­gó a Guri­di el Esta­tus de Refu­gia­do (esto fue en diciem­bre de 2021), el mis­mo Esta­do vene­zo­lano le envió a soli­ci­tar la cédu­la de tran­seún­te al Ser­vi­cio Admi­nis­tra­ti­vo de Iden­ti­fi­ca­ción, Migra­ción y Extran­je­ría (SAIME). Pero el Ser­vi­cio, que sabe que Guri­di no tie­ne pasa­por­te, le exi­ge este docu­men­to con al menos seis meses de vigencia.

¿Por qué el Gobierno Boli­va­riano le otor­gó el Esta­tus de Refu­gia­do si sabe que si no le con­ce­den la cédu­la de tran­seún­te, tam­bién, no le solu­cio­na nada?

El Artícu­lo 6 de la Decla­ra­ción de los Dere­chos Huma­nos dice que “Todo ser humano tie­ne dere­cho, en todas par­tes, al reco­no­ci­mien­to de su per­so­na­li­dad jurí­di­ca”. El Gobierno espa­ñol le nie­ga a Guri­di ese ele­men­tal derecho.

La Ley Orgá­ni­ca de Refu­gia­dos y Asi­la­dos en Vene­zue­la expre­sa, en su Artícu­lo 26, que “a las per­so­nas reco­no­ci­das como refu­gia­das en la Repú­bli­ca Boli­va­ria­na de Vene­zue­la, se les brin­da­rán todas las faci­li­da­des para tra­mi­tar su naturalización”.

Y en el Artícu­lo 18 de la mis­ma Ley: “Si la soli­ci­tud es apro­ba­da (la de Guri­di lo fue en diciem­bre del pasa­do año), la Comi­sión noti­fi­ca­rá al Minis­te­rio del Inte­rior y Jus­ti­cia a fin de la expe­di­ción del docu­men­to de iden­ti­dad correspondiente”.

Pero aún hay más. El Artícu­lo 8 de la tam­bién Ley Orgá­ni­ca de Refu­gia­dos y Asi­la­dos en Vene­zue­la dice cla­ra­men­te que “En lo que se refie­re a la pro­tec­ción de la uni­dad fami­liar del refu­gia­do, que­dan ampa­ra­dos, su cón­yu­ge o la per­so­na con quien man­tie­ne una unión esta­ble de hecho y sus hijos meno­res de edad”. El Refu­gia­do polí­ti­co vas­co vive en Vene­zue­la des­de 2005; su hijo y su com­pa­ñe­ra son natu­ra­les de la patria de Bolívar.

Con su nega­ti­va a con­ce­der­le a Asier Guri­di la cédu­la de tran­seún­te, a tra­vés del SAIME, el Eje­cu­ti­vo vene­zo­lano está incum­plien­do una de sus pro­pias leyes.

¿Por qué el Gobierno Boli­va­riano se inhi­be? ¿Por qué no sale a relu­cir, en este caso, su habi­tual carác­ter soli­da­rio? Es más, ya no se tra­ta ni de soli­da­ri­dad siquie­ra, sino de que cum­pla con sus obli­ga­cio­nes y sus pro­pias leyes.

Due­le tener que decir­lo, pero con­si­de­ro que en casos como este nadie debe­ría callar­se. El Gobierno vene­zo­lano ha sido más sen­si­ble con con­no­ta­dos gol­pis­tas y terro­ris­ta que con el mili­tan­te revo­lu­cio­na­rio vasco.

Si el men­cio­na­do Lorent Saleh aca­bó lle­gan­do a Madrid fue por­que en Vene­zue­la lo deja­ron libre. A Leo­pol­do López le cam­bia­ron la cár­cel por el arres­to domi­ci­lia­rio y, en cuan­to lle­gó a su casa, con­ti­nuó aren­gan­do y lla­man­do al derro­ca­mien­to del legí­ti­mo Gobierno de Vene­zue­la Boli­va­ria­na y su pre­si­den­te: Nico­lás Madu­ro. Des­pués, has­ta se fugó y apa­re­ció con el auto­pro­cla­ma­do lla­man­do al gol­pe de Esta­do, antes de refu­giar­se en la emba­ja­da española.

Y de Juan Guai­dó, ¿qué decir? Con todo los millo­nes que ha roba­do a las arcas públi­cas y otros gra­ves deli­tos que ha come­ti­do, este sinies­tro señor sigue libre.

A Asier Guri­di Zalo­ña, sin embar­go, ya le ha visi­ta­do la poli­cía de Cha­cao en varias oca­sio­nes para hos­ti­gar­le y, bajo ame­na­zas, exi­gir­le que se vaya del lugar des­de don­de lle­va a cabo su huel­ga de hambre.

Es ver­dad que el caso de Asier Guri­di es res­pon­sa­bi­li­dad direc­ta del Gobierno espa­ñol, que actúa con ven­gan­za. Pero, como he comen­ta­do al prin­ci­pio de este escri­to, de este nada se pue­de espe­rar. Dadas las cir­cuns­tan­cias, el de Vene­zue­la sí podría solu­cio­nar el pro­ble­ma, y tam­po­co lo hace.

Guri­di no pide que le bajen la luna; tan sólo recla­ma un dere­cho ele­men­tal: la iden­ti­dad jurí­di­ca sin la que su vida, la de su hijo y la de su com­pa­ñe­ra se con­vier­te en un tor­men­to. El refu­gia­do polí­ti­co vas­co exi­ge el pasa­por­te espa­ñol o la cédu­la de tran­seún­te vene­zo­la­na para dar por fina­li­za­da su huel­ga de ham­bre, que hoy lle­ga a los 28 días, ya casi un mes.

El dete­rio­ro de la salud de Asier comien­za a hacer­se visi­ble. Se le obser­va bas­tan­te más del­ga­do, y los sín­to­mas adver­sos que ya pade­ce son sinó­ni­mo de un decli­ve físi­co importante.

Del Gobierno espa­ñol, insis­to, no espe­ro nada; del Boli­va­riano aún espe­ro algo, aun­que aho­ra mis­mo su indi­fe­ren­cia me esté decepcionando.

Con Asier Guri­di Zalo­ña se está come­tien­do una gra­ve injus­ti­cia, de modo que, para fina­li­zar este escri­to, recu­rro a unas cono­ci­das pala­bras del Gue­rri­lle­ro Heroi­co, Ernes­to Che Guevara:

“Sobre todo, sean siem­pre capa­ces de sen­tir en lo más hon­do cual­quier injus­ti­cia come­ti­da con­tra cual­quie­ra en cual­quier par­te del mun­do. Es la cua­li­dad más lin­da de un revolucionario”.

La injus­ti­cia la está come­tien­do Espa­ña. Que el Gobierno Boli­va­riano la sien­ta en lo más hon­do y, sin más dila­ción, actúe en con­se­cuen­cia. Antes de que sea dema­sia­do tarde.

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