Anti­fas­cis­mo: la lucha social no es terrorismo

Nota: Tex­to a deba­te para el pró­xi­mo sába­do día 24 a las 19:00 en el Cen­tro Social Smolny, San­tan­der, orga­ni­za­do por la Asam­blea Anti­fas­cis­ta de Cantabria.

Fac­tor subjetivo

Cuan­do los tra­ba­ja­do­res que pasan ham­bre, dados sus bajos sala­rios, hacen una huel­ga, su acción se deri­va direc­ta­men­te de su situa­ción eco­nó­mi­ca. Lo mis­mo ocu­rre en el caso del ham­brien­to que roba. Para expli­car el robo por el ham­bre o la huel­ga por la explo­ta­ción, no se nece­si­ta una expli­ca­ción psi­co­ló­gi­ca suple­men­ta­ria. En ambos casos la ideo­lo­gía y la acción corres­pon­den a la pre­sión eco­nó­mi­ca; situa­ción eco­nó­mi­ca e ideo­lo­gía se corres­pon­den. La psi­co­lo­gía bur­gue­sa tie­ne por cos­tum­bre en estos casos el que­rer expli­car medían­te la psi­co­lo­gía por qué moti­vos, lla­ma­dos irra­cio­na­les, se ha ido a la huel­ga o se ha roba­do, lo que con­du­ce siem­pre a expli­ca­cio­nes reac­cio­na­rias. Para la psi­co­lo­gía mate­ria­lis­ta dia­léc­ti­ca la cues­tión es exac­ta­men­te lo con­tra­rio: lo que es nece­sa­rio expli­car no es que el ham­brien­to robe o que el explo­ta­do se decla­re en huel­ga, sino por qué la mayo­ría de los ham­brien­tos no roban y por qué la mayo­ría de los explo­ta­dos no van a la huel­ga1.

¿Cuá­les son los fac­to­res que hacen que la velo­ci­dad de cre­ci­mien­to de las movi­li­za­cio­nes anti­fas­cis­tas sea toda­vía rela­ti­va­men­te len­ta, con la que está cayen­do? ¿Por qué hay aún sec­to­res obre­ros y popu­la­res que toda­vía no dan el paso en impli­car­se acti­va­men­te en la soli­da­ri­dad con los y las anti­fas­cis­tas y revo­lu­cio­na­rias gol­pea­das por la repre­sión?2 ¿Por qué estas pre­gun­tas de W. Reich siguen sien­do tan actua­les como lo eran en 1933? La lucha con­tra el irra­cio­na­lis­mo es una seña de iden­ti­dad mar­xis­ta y en lo que toca al fas­cis­mo adquie­re un deter­mi­nan­te con­te­ni­do polí­ti­co tras la derro­ta de las revo­lu­cio­nes de 1848 – 1849, intro­du­cien­do el con­cep­to tan deba­ti­do de bona­par­tis­mo por­que, para muchos, ini­cia la crí­ti­ca rigu­ro­sa del pro­ce­so evo­lu­ti­vo al fas­cis­mo de los años 30 y 40, y a sus expre­sio­nes actua­les. El bona­par­tis­mo es tan deba­ti­do por­que se le des­con­tex­tua­li­za y de la apli­ca dog­má­ti­ca y mecá­ni­ca­men­te sin tener en cuen­ta los cam­bios en el capi­ta­lis­mo mun­dial y en las socie­da­des con­cre­tas, como la vene­zo­la­na3. En 1852 Marx escribió:

La tra­di­ción de todas las gene­ra­cio­nes muer­tas opri­me como una pesa­di­lla el cere­bro de los vivos. Y cuan­do estos apa­ren­tan dedi­car­se pre­ci­sa­men­te a trans­for­mar­se y a trans­for­mar las cosas, a crear algo nun­ca vis­to, en estas épo­cas de cri­sis revo­lu­cio­na­ria es pre­ci­sa­men­te cuan­do con­ju­ran teme­ro­sos en su auxi­lio los espí­ri­tu del pasa­do, toman pres­ta­dos sus nom­bres, sus con­sig­nas de gue­rra, su ropa­je, para, con este dis­fraz de vejez vene­ra­ble y este len­gua­je pres­ta­do, repre­sen­tar la nue­va esce­na del his­to­ria uni­ver­sal […] La revo­lu­ción social del siglo XIX no pue­de sacar su poe­sía del pasa­do, sino sola­men­te del por­ve­nir. No pue­de comen­zar su pro­pia tarea antes de des­po­jar­se de la vene­ra­ción supers­ti­cio­sa por el pasa­do. Las ante­rio­res revo­lu­cio­nes nece­si­ta­ban remon­tar­se a los recuer­dos de la his­to­ria uni­ver­sal para atur­dir­se acer­ca de su pro­pio con­te­ni­do. La revo­lu­ción del siglo XIX debe dejar que los muer­tos entie­rren a los muer­tos, para cobrar con­cien­cia de su pro­pio con­te­ni­do; aquí, el con­te­ni­do des­bor­da la fra­se4.

En deter­mi­na­das con­di­cio­nes, algu­nas o muchas de las vene­ra­cio­nes supers­ti­cio­sas del pasa­do rena­cen en el fas­cis­mo, pero tam­bién en las cade­nas men­ta­les que hacen que las cla­ses explo­ta­das, sin ser fas­cis­tas, sean auto­ri­ta­rias o sim­ple­men­te «demó­cra­tas» que se nie­gan a defen­der los dere­chos de los y las anti­fas­cis­tas, de las pales­ti­nas, de las huel­guis­tas y muje­res macha­ca­das, de la pobla­ción de las Repú­bli­cas Popu­la­res del Don­bass some­ti­da a los bom­bar­deos terro­ris­tas de la OTAN ucro­na­zi. Ire­mos vien­do cómo el con­tra­dic­to­rio «fac­tor sub­je­ti­vo», con su com­po­nen­te reac­cio­na­rio, pre­sio­na con­tra la soli­da­ri­dad entre explo­ta­dos y explo­ta­das. Empe­ce­mos leyen­do a A. Mar­tí­nez Ser­na: «Ser psi­co­ana­lis­ta es ser mili­tan­te de la liber­tad. Quien no haya enten­di­do esto, es que no ha leí­do a Freud. […] Por eso con­si­de­ra­mos más que opor­tu­na una rela­ción dia­léc­ti­ca entre Marx y Freud. Y aho­ra dire­mos la fra­se inver­sa de hace rato: “Nin­gún Marx sin Freud”»5, ya que «Freud hace dia­léc­ti­ca sin saber­lo»6.

Fas­cis­mo

Pero antes que nada y a la espe­ra de más pro­fun­di­za­cio­nes, inten­te­mos defi­nir qué es el fas­cis­mo. ¿Es cier­to que hay «mil y una»7 defi­ni­cio­nes de fas­cis­mo? Tal vez más, pero esta nece­si­dad de dis­po­ner de una teo­ría bási­ca solo pue­de asen­tar­se en un míni­mo cono­ci­mien­to de la his­to­ria del anti­fas­cis­mo8 des­de sus pro­pios ini­cios, para des­cu­brir que si hay algo per­ma­nen­te en ella es que «el hilo común del fas­cis­mo, del pasa­do y del pre­sen­te, es el ase­si­na­to en masa»9. Pese a las ini­cia­les limi­ta­cio­nes sobre qué era el fas­cis­mo en sus comien­zos, el anti­fas­cis­mo comu­nis­ta10 empe­zó a acu­mu­lar una heroi­ca expe­rien­cia his­tó­ri­ca de lucha, sin la cual aho­ra esta­ría­mos a cie­gas o peor aún, aho­ra el fas­cis­mo sería mucho más fuerte.

Aun­que por fas­cis­mo estric­to se debe enten­der la dic­ta­du­ra impues­ta en 1923 por las fuer­zas reac­cio­na­rias diri­gi­das por Mus­so­li­ni con el apo­yo de la bur­gue­sía ita­lia­na y la admi­ra­ción del impe­ria­lis­mo, sobre todo del bri­tá­ni­co; aun­que por nazis­mo debe­mos enten­der la dic­ta­du­ra de Hitler; sien­do así, no es menos cier­to que estos y otros movi­mien­tos con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios hun­den par­te de sus raí­ces en ideo­lo­gías cri­mi­na­les pre­vias como la influen­cia del racis­mo yan­qui en el nazis­mo11. Este mis­mo autor ha demos­tra­do en otro tex­to más exten­so que el nazis­mo es el «here­de­ro del “pathos” exal­ta­do de Occi­den­te»12. Por su par­te, la cul­tu­ra bur­gue­sa fran­ce­sa quie­re ocul­tar que el «fas­cis­mo pre­in­dus­trial»13, el bona­par­tis­mo, apa­re­ció por pri­me­ra vez en su Esta­do, y des­de enton­ces se ha man­te­ni­do sumer­gién­do­se y emer­gien­do al son de las con­tra­dic­cio­nes sociales.

El bona­par­tis­mo, el cesa­ris­mo, el eli­tis­mo, el fas­cis­mo…, todos ellos movi­mien­tos psi­co­po­lí­ti­cos que se refuer­zan en perío­dos de des­con­cier­to, ofus­ca­ción y mie­do tie­nen por ello mis­mo cone­xio­nes con la estruc­tu­ra psí­qui­ca alie­na­da domi­nan­te en su épo­ca y con­tex­to. Des­de fina­les del siglo XX la cri­sis capi­ta­lis­ta refuer­za y adap­ta una de esas res­pues­tas tra­di­cio­na­les: la creen­cia de que el mun­do se mue­ve no por la uni­dad y lucha de sus con­tra­rios sino por las manio­bras cons­pi­ra­do­ras14 de eli­tes minúsculas.

Aho­ra bien, sien­do estas fuer­zas psi­co­po­lí­ti­cas reali­da­des mate­ria­les obje­ti­vas por cuan­to actúan en la lucha de cla­ses, sin embar­go depen­den en bue­na medi­da de la astu­cia mani­pu­la­do­ra de los par­ti­dos bur­gue­ses que a su vez sí depen­den del gra­do de anta­go­nis­mo de la lucha de cla­ses. Marx indi­ca que: «La tra­di­ción his­tó­ri­ca hizo nacer en el cam­pe­si­na­do fran­cés la fe mila­gro­sa de que un hom­bre lla­ma­do Napo­león le devol­ve­ría todo el esplen­dor»15. Un Bona­par­te que inten­ta­ba ganar popu­la­ri­dad con «pro­pues­tas pue­ril­men­te necias»16 pero sobre todo hacer­se con el poder uti­li­zan­do todos los recur­sos posi­bles, inclui­das sec­tas mili­ta­ri­za­das for­ma­das por la esco­ria y el lum­pen, inte­lec­tua­li­llos, arte­sa­nos deses­pe­ra­dos, cíni­cos peque­ño-bur­gue­ses, etc. Marx des­cri­be con tal bri­llo esté­ti­co el bona­par­tis­mo que ha que­da­do regis­tra­do en los ana­les de la bue­na lite­ra­tu­ra sobre todo vien­do el desa­rro­llo del pro­to­fas­cis­mo y fascismo.

Vere­mos que los pro­gra­mas polí­ti­co-elec­to­ra­les fas­cis­tas serán «pro­pues­tas pue­ril­men­te necias» para embau­car. Estos pre­mo­ni­to­res aná­li­sis del bona­par­tis­mo tal cual irrum­pió en la mitad del siglo XIX se enri­que­cie­ron pos­te­rior­men­te con­for­me el pro­le­ta­ria­do se va cons­ti­tu­yen­do como cla­se inter­na­cio­nal que bus­ca des­truir a la bur­gue­sía, lo que hace que la res­pues­ta bona­par­tis­ta tam­bién se inter­na­cio­na­li­ce en res­pues­ta al peli­gro de la Comu­na de París de 1871. Según M. Pas­tor, entre 1872 y 1875 Engels resu­me cua­tro carac­te­rís­ti­cas del bona­par­tis­mo: 1) Equi­li­brio entre bur­gue­sía y pro­le­ta­ria­do. 2) El poder polí­ti­co lo osten­ta una cas­ta o éli­te mili­tar-buro­crá­ti­ca. 3) Inde­pen­den­cia o auto­no­mía de dicha cas­ta o éli­te. Y 4) Inde­pen­den­cia apa­ren­te del Esta­do res­pec­to a la socie­dad17.

En estos estu­dios Engels insi­núa un con­cep­to que será muy efec­ti­vo para com­pren­der el fas­cis­mo pos­te­rior: «blo­que en el poder», es decir, un con­cep­to más rico y con­cre­to que el gene­ral de «cla­se social», por­que es un gru­po o blo­que for­ma­do por el con­jun­to de fuer­zas socia­les, fac­cio­nes de cla­se, gru­pos lla­ma­dos «subal­ter­nos», etc., que pue­den lle­gar al poder bajo unas con­di­cio­nes pre­ci­sas encar­gán­do­se de tareas que en esos momen­tos las cla­ses domi­nan­tes no tie­nen la fuer­za sufi­cien­te para impo­ner­las al pro­le­ta­ria­do. Tam­bién Engels indi­ca que el bona­par­tis­mo era el recur­so de las bur­gue­sías débi­les que que­rían aca­bar con los ves­ti­gios tar­do-feu­da­les, por lo que deja que sea el «blo­que en el poder» el que lo haga por­que tie­ne más mie­do al pro­le­ta­ria­do que al bona­par­tis­mo18.

Como todos los con­cep­tos, el de «blo­que en el poder» ha de ser con­tex­tua­li­za­do debi­do al per­ma­nen­te movi­mien­to de la lucha de cla­ses duran­te el pro­ce­so de fas­cis­ti­za­ción, cuyas tres fases son resu­mi­das así por Manuel Pastor:

  1. Antes de los comien­zos del pro­ce­so de fas­cis­ti­za­ción pro­pia­men­te dicho hay una eta­pa infor­ma­ti­va, que se refie­re a la géne­sis u orí­ge­nes del fas­cis­mo y a la con­fi­gu­ra­ción de sus ele­men­tos orga­ni­za­ti­vos e ideo­ló­gi­cos, que se corres­pon­den con la fase de «desa­rro­llo autó­no­mo» que seña­la Mandel.

  2. La fase de finan­cia­ción y apo­yo polí­ti­co abier­to al fas­cis­mo por par­te de la bur­gue­sía mono­po­lis­ta acon­te­ce apro­xi­ma­da­men­te en los comien­zos del pro­ce­so de fascistización.

  3. El pro­ce­so de fas­cis­ti­za­ción, como es lógi­co, no se lle­va a tér­mino en todos los casos his­tó­ri­cos. Es decir, se pro­du­ce un momen­to de rup­tu­rafrus­tra­ción del pro­ce­so en aque­llos casos en que el fas­cis­mo no acce­de al poder. El pun­to de frus­tra­ción es el que mar­ca las dife­ren­cias entre un movi­mien­to y un régi­men fas­cis­ta. Las cau­sas de tal frus­tra­ción son varia­das y, por supues­to, depen­den de las carac­te­rís­ti­cas y con­tra­dic­cio­nes par­ti­cu­la­res de cada país, así como de fac­to­res exter­nos o inter­na­cio­na­les19.

Vere­mos cómo la lucha de cla­ses y de libe­ra­ción nacio­nal, en cuan­to expre­sión de las con­tra­dic­cio­nes del capi­tal, van intro­du­cien­do cam­bios en esta evo­lu­ción teo­ri­za­da hace medio siglo. Mien­tras tan­to, segui­mos con la que tal vez sea la mejor y sucin­ta des­crip­ción de lo que es el fas­cis­mo según estas pala­bras de Mus­so­li­ni que reco­ge Lukács en un libro al que vol­ve­re­mos: «Hemos crea­do nues­tro mito. El mito es una fe, una pasión. No es nece­sa­rio que sea una reali­dad. Lo que le infun­de reali­dad es el hecho de que esti­mu­la la fe e incul­ca valor»20. Según A. Tas­ca, Mus­so­li­ni, que «sien­te fren­te al pen­sa­mien­to una espe­cie de des­con­fian­za y de inco­mo­di­dad que le hace aco­ger­se a todo aque­llo que legi­ti­ma la irra­cio­na­li­dad y la incohe­ren­cia»21, adqui­rió su ideo­lo­gía «a tra­vés de lec­tu­ras de ter­ce­ra mano», lo que uni­do a su dema­go­gia le per­mi­tía «man­te­ner la situa­ción en un esta­do de paro­xis­mo»22. La dema­go­gia y el cul­to a la acción cie­ga disi­mu­la­ban la ausen­cia de un pro­gra­ma cohe­ren­te lo que faci­li­ta­ba que se inte­gra­sen en el fas­cis­mo diver­sos colec­ti­vos de dere­chas e inte­lec­tua­les de pres­ti­gio, así como fran­jas juve­ni­les de la media­na y peque­ña bur­gue­sía23 que no tenían nin­gún pro­ble­ma para acep­tar un pro­gra­ma «vago, ambi­guo y mul­ti­for­me»24. No es de extra­ñar enton­ces que Mus­so­li­ni tuvie­ra admi­ra­do­res inter­na­cio­na­les como el geno­ci­da Wins­ton Chur­chill que lo defen­dió inclu­so tras su eje­cu­ción25 por las masas insu­rrec­tas en 1943.

En la «eta­pa infor­ma­ti­va» es muy impor­tan­te que la extre­ma dere­cha mues­tre fir­me­za y con­tun­den­cia en la acción, por­que así aglu­ti­na sec­to­res reac­cio­na­rios des­mo­ra­li­za­dos o ira­cun­dos, tam­bién demues­tra a la bur­gue­sía que solo ella, la extre­ma dere­cha, pue­de resol­ver la cri­sis gra­cias a su fuer­za y a sus rela­cio­nes con los sec­to­res más intran­si­gen­tes del ejér­ci­to. Des­de 1918 – 1919 gru­pos arma­dos ale­ma­nes e ita­lia­nos, y en menor medi­da en otros Esta­dos, con­tan­do con el apo­yo esta­tal repri­mían con dure­za a refor­mis­tas e izquier­das paci­fis­tas en su gran mayo­ría. En agos­to de 1919, el fas­cis­mo publi­có el Mani­fies­to anti­bol­che­vi­que que empe­za­ba y ter­mi­na­ba así: «Todos los bol­che­vi­ques son enemi­go de Ita­lia […] Lle­va­re­mos a cabo una lucha sin tre­gua con­tra los bol­che­vi­ques»26.

Cuan­do a fina­les de 1919 comen­zó la olea­da pre­rre­vo­lu­cio­na­ria de los con­se­jos de fábri­ca en el nor­te indus­tria­li­za­do y de las comu­nas cam­pe­si­nas en el sur, el fana­tis­mo anti­bol­che­vi­que apa­re­ció como el sal­va­dor de la Ita­lia bur­gue­sa. El pro­le­ta­ria­do ita­liano luchó más que el ale­mán unos años más tar­de, pero los par­ti­dos y sin­di­ca­tos «espe­ra­ron la pro­tec­ción del Esta­do y no supie­ron coor­di­nar los movi­mien­tos de resis­ten­cia espon­tá­nea para con­ver­tir­los en un esfuer­zo nacio­nal»27. Así, des­de sep­tiem­bre de 1920 el refor­mis­mo mayo­ri­ta­rio en el movi­mien­to obre­ro, empe­zó a liqui­dar los con­se­jos de fábri­cas tras obte­ner una serie de pro­me­sas de la patro­nal sobre subi­das sala­ria­les, etc., al igual que con las luchas cam­pe­si­nas, pro­me­sas olvi­da­das al ins­tan­te. El gran error estra­té­gi­co del refor­mis­mo fue la fir­ma del «pac­to de paci­fi­ca­ción»28 con los fas­cis­tas el 2 de agos­to de 1921, incum­pli­do por estos des­de el pri­mer segundo.

La des­mo­ra­li­za­ción de gran par­te de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras empe­zó a ser incon­te­ni­ble pese al rápi­do giro hacia un radi­ca­lis­mo apa­ren­te de los refor­mis­tas des­de el 15 de octu­bre de ese año, que no sir­vió de nada por­que las bases pro­le­ta­rias no esta­ban men­ta­li­za­das polí­ti­ca ni éti­ca­men­te para res­pon­der con la vio­len­cia jus­ta a la vio­len­cia injus­ta de los fas­cis­tas que entre el 1 de enero y el 14 de mayo de 1921 ase­si­na­ron a 207 obre­ros e hirie­ron a otros 81929. La gran bur­gue­sía se fue con­ven­cien­do median­te ase­si­na­tos y dema­go­gia que el fas­cis­mo era su sal­va­ción lo que le lle­vó a apor­tar el 74% de los fon­dos del par­ti­do, sien­do recom­pen­sa­da con el aplas­ta­mien­to de sin­di­ca­tos y duros recor­tes sala­ria­les entre 1927 y 193430, para empezar.

Mien­tras tan­to, a media­dos de enero de ese 1921 se fun­dó el Par­ti­do Comu­nis­ta Ita­liano (PCI) que here­dó la igno­ran­cia que la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal tenía aún del fas­cis­mo, que lo enten­día como un «fenó­meno pasa­je­ro». Aun­que se empe­zó a inves­ti­gar­lo des­de su vic­to­ria en 1922, toda­vía en 1923 solo Bor­di­ga, Cla­ra Zet­kin y pocas per­so­nas más habías adver­ti­do sobre su peli­gro­si­dad. En 1933, con Hitler ya en el poder, la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal seguía sub­va­lo­rán­do­lo, y toda­vía en 1935 Dimi­trov31 hacía una inter­pre­ta­ción exclu­si­va­men­te eco­no­mi­cis­ta y meca­ni­cis­ta, por lo que ape­nas podía con­tra­rres­tar la efi­ca­cia del tota­li­ta­ris­mo fas­cis­ta. Tome­mos el ejem­plo de la educación.

En efec­to Mus­so­li­ni enten­día así la edu­ca­ción: «La escue­la debe ser cada vez más fas­cis­ta. No debe creer­se nun­ca que se da a la escue­la… Cuan­do se tra­ta de fas­cis­mo, me gus­tan los exce­sos… Se dirá tal vez que la geo­gra­fía y las mate­má­ti­cas no son polí­ti­cas por natu­ra­le­za… Des­de la tari­ma, algu­nas pala­bras, una ento­na­ción, una alu­sión, un jui­cio o un dato esta­dis­ta bas­tan al pro­fe­sor para crear una duda, para hacer polí­ti­ca. Por ello un pro­fe­sor de mate­má­ti­cas tie­ne un papel polí­ti­co y debe ser fas­cis­ta»32. Para crear esta escue­la, el fas­cis­mo impu­so duras medi­das des­de 1929 – 1931 tam­bién a los pro­fe­so­res uni­ver­si­ta­rios: de 1.250 en acti­vo en ese 1931 solo 12 se nega­ron a fas­cis­ti­zar­se. Más concretamente:

El fas­cis­mo basó su estra­te­gia polí­ti­ca en una con­cep­ción sobre el ser humano que ha sido cata­lo­ga­da por muchos como «irra­cio­na­lis­ta»: la com­pren­sión de la impor­tan­cia que tie­nen las emo­cio­nes, los fan­tas­mas exis­ten­tes en el incons­cien­te colec­ti­vo, las nece­si­da­des afec­ti­vas social­men­te repri­mi­das, en el con­di­cio­na­mien­to de la acti­vi­dad huma­na. Y hacia esas zonas de la per­so­na­li­dad diri­gie­ron su pro­pa­gan­da. Mien­tras la pro­pa­gan­da del movi­mien­to comu­nis­ta se basa­ba en refle­xio­nes y razo­na­mien­tos, la pro­pa­gan­da fas­cis­ta fijó su blan­co en las zonas más oscu­ras de la sub­je­ti­vi­dad, en la afec­ti­vi­dad, en lo aní­mi­co […] su recha­zo a la cul­tu­ra, su des­pre­cio a la inte­li­gen­cia de las per­so­nas, y su odio hacia los sec­to­res inte­lec­tua­les33.

Anti­fas­cis­mo

Vien­do esto, intere­sa recor­dar la impres­cin­di­ble dife­ren­cia que esta­ble­cía Bor­di­ga en sus pri­me­ros tex­tos al res­pec­to sobre el anti­fas­cis­mo refor­mis­ta, de paco­ti­lla, y el anti­fas­cis­mo revo­lu­cio­na­rio por­que el pri­me­ro no ata­ca­ba a su raíz, que no es otra que el capi­tal, sino a sus for­mas exter­nas, mien­tras lo deci­si­vo es la lucha revo­lu­cio­na­ria con­tra el fas­cis­mo, la que des­tru­ye la for­ma exter­na pero sobre todo ata­ca a su base obje­ti­va, el capitalismo.

Las crí­ti­cas al anti­fas­cis­mo refor­mis­ta por par­te de Bor­di­ga nos ofre­cen lec­cio­nes aún váli­das para la actual lucha anti­fas­cis­ta como lucha mera­men­te demo­cra­ti­cis­ta, que no se enfren­ta radi­cal­men­te al capi­ta­lis­mo, sino que solo quie­re algu­nas refor­mas pro­gres com­pa­ti­bles con la pro­pie­dad bur­gue­sa por­que se plan­tean des­de una ideo­lo­gía inclu­so pre­bur­gue­sa34, aho­ra flo­re­ce un anti­fas­cis­mo hipó­cri­ta, de con­ve­nien­cia para pro­gres opor­tu­nis­tas que han copia­do el anti­fas­cis­mo de boqui­lla ita­liano35 de 2021 que, como se ha vis­to, no ha dete­ni­do el avan­ces fas­cis­ta en Ita­lia. Tam­bién flo­re­ce el apo­yo dia­rio y silen­cio­so del «gobierno más demo­crá­ti­co» de la his­to­ria espa­ño­la tan­to en la eta­pa PSOE-Pode­mos36 como PSOE-Sumar.

En agos­to de 1923 Cla­ra Zet­kin publi­có en un medio de pren­sa bri­tá­ni­co un pre­mo­ni­tor artícu­lo sobre el fas­cis­mo que en poco tiem­po fue «olvi­da­do» por la buro­cra­cia de la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal por­que rom­pía con el deter­mi­nis­mo eco­no­mi­cis­ta que ya domi­na­ba. Ade­más, cri­ti­ca­ba sin pie­dad los erro­res come­ti­dos por los comu­nis­tas y la pasi­vi­dad social­de­mó­cra­ta que faci­li­tó, ya enton­ces, la vic­to­ria de Mus­so­li­ni. Cla­ra Zet­kin afirmó:

Debe­mos enten­der que el fas­cis­mo es un movi­mien­to de los decep­cio­na­dos y de aque­llos cuya exis­ten­cia está arrui­na­da. Por lo tan­to, debe­mos esfor­zar­nos para con­quis­tar o neu­tra­li­zar a aque­llas masas que aho­ra están en el cam­po fas­cis­ta. Deseo enfa­ti­zar la impor­tan­cia de que enten­da­mos que debe­mos luchar ideo­ló­gi­ca­men­te por los cora­zo­nes y men­tes de esas masas. […] No nos debe­mos limi­tar a con­ti­nuar luchan­do por nues­tro pro­gra­ma polí­ti­co y eco­nó­mi­co. Debe­mos al mis­mo tiem­po, fami­lia­ri­zar a las masas con los idea­les del comu­nis­mo como filo­so­fía. […] Debe­mos adap­tar nues­tro méto­dos de tra­ba­jo a las nue­vas tareas, pre­ci­sa­mos hablar con las masas en un len­gua­je en el que ellas nos pue­dan enten­der, sin per­ju­di­car nues­tra ideas37.

Cla­ra Zet­kin plan­tea­ba una estra­te­gia anti­fas­cis­ta que des­bor­da­ba el esque­ma­tis­mo fácil y no solo entra­ba en el deci­si­vo cos­mos del incons­cien­te –men­tes y cora­zo­nes– sino ade­más lo hacía exi­gien­do que se inten­si­fi­ca­se la lucha por la filo­so­fía comu­nis­ta, todo ello con una peda­go­gía efec­ti­va. Nos hace­mos una idea del alcan­ce polí­cro­mo de la visión de Cla­ra Zet­kin al saber que para ella la filo­so­fía comu­nis­ta era inse­pa­ra­ble de la libe­ra­ción de la mujer y de la juven­tud, del arte y de la cul­tu­ra, etc., tema que des­bor­da este tex­to. Otra razón que expli­ca­ría el rápi­do olvi­do de su tex­to pue­de radi­car en la sor­da resis­ten­cia de la buro­cra­cia mas­cu­li­na a las valio­sas apor­ta­cio­nes crí­ti­cas de las comu­nis­tas y en este caso de Cla­ra Zet­kin. Bas­ta recor­dar la exco­mu­nión post mor­ten de Rosa Luxem­burg o el tra­to dado a Nadied­na Krups­kaia o la mar­gi­na­ción real de Ale­xan­dra Kollontai… 

Grams­ci no fue engu­lli­do por el agu­je­ro negro del eco­no­mi­cis­mo al uso, sino que tam­bién en 1923, como Cla­ra Zet­kin, «esca­pó de las rígi­das cla­si­fi­ca­cio­nes» plan­tean­do refle­xio­nes muy «ori­gi­na­les»38 sobre el papel de la peque­ña bur­gue­sía en el fas­cis­mo, según expo­ne G. Fre­su. La ver­sión canó­ni­ca de la his­to­ria ela­bo­ra­da en Mos­cú en la déca­da de 1980 tuvo que reco­no­cer que Grams­ci ana­li­zó la inter­ven­ción de la peque­ña bur­gue­sía en el fas­cis­mo y su poder de con­trol sobre todas las acti­vi­da­des de las masas39. Tal como sos­tie­ne M.A. Mac­cioc­chi sobre la dura auto­crí­ti­ca que Grams­ci pedía al par­ti­do por su inca­pa­ci­dad para derro­tar al fas­cis­mo, car­ta que por su radi­cal sin­ce­ri­dad crí­ti­ca fue ocul­ta­da deli­be­ra­da­men­te has­ta 1973:

Grams­ci es quien pri­me­ra­men­te ana­li­za el fas­cis­mo no solo en tan­to que reac­ción arma­da del capi­ta­lis­mo –según el aná­li­sis estre­cho e inge­nuo de la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal– sino que tam­bién en tan­to que lar­ga lucha super­es­truc­tu­ral que inten­ta mani­pu­lar el incons­cien­te de las masas, sobre todo de la peque­ña bur­gue­sía […] Si con­si­de­ra­mos que en aque­llos momen­tos el movi­mien­to obre­ro esta­ba atra­pa­do por el eco­no­mi­cis­mo, dog­ma­tis­mo e infan­ti­lis­mo revo­lu­cio­na­rio, no es de extra­ñar que esta car­ta fue­ra des­co­no­ci­da dada la dure­za de su crí­ti­ca40.

Grams­ci estu­dió cómo la Igle­sia poseía median­te la Acción Cató­li­ca un movi­mien­to de masas reac­cio­na­rio que era una ver­da­de­ra «reser­va»41 de irra­cio­na­li­dad, que podría poner al ser­vi­cio del capi­tal y de cual­quier par­ti­do con­ser­va­dor que hicie­ra com­pe­ten­cia de masas a Mus­so­li­ni cuan­do el capi­tal y la Igle­sia lo esti­ma­sen con­ve­nien­te. Así se com­pren­de que, en pleno ascen­so de Mus­so­li­ni, en 1924, el Vati­cano prohi­bie­ra al Par­ti­do Popu­lar del que nos habla­ba Grams­ci, acer­car­se a los socia­lis­tas para impe­dir que su alian­za elec­to­ral detu­vie­ra el avan­ce del fas­cis­mo42. La solu­ción de Mus­so­li­ni vol­vió a ser la de la hui­da hacia ade­lan­te: en vez de con­cre­tar el pro­gra­ma fas­cis­ta median­te un deba­te inte­gra­dor, en 1925 asu­mió más pode­res per­so­na­les y para 1927 había depu­ra­do el par­ti­do de ele­men­tos no agra­da­bles para la gran bur­gue­sía, lo buro­cra­ti­zó aún más e hizo que alre­de­dor del 75% de sus miem­bros fue­ra de la media­na y peque­ña bur­gue­sía, y solo el 15% de cla­se obre­ra y cam­pe­si­na43.

El papa Pace­lli actua­ba al uní­sono con su her­mano Fran­ces­co, quien fue­ra el cere­bro del Con­cor­da­to con Mus­so­li­ni en 1929, con­cor­da­to por el que el Vati­cano sacri­fi­có el cato­li­cis­mo polí­ti­co y social44 que había sido su ancla en las cla­ses explo­ta­das para inten­tar con­te­ner el socia­lis­mo y el comu­nis­mo. Median­te el Con­cor­da­to Roma repar­tió el poder polí­ti­co-reli­gio­so y eco­nó­mi­co con el fas­cis­mo de un modo tan ven­ta­jo­so que algu­nos fas­cis­tas mos­tra­ron su enfa­do. Dos gran­des triun­fos del Vati­cano fue­ron: que­dar­se con la edu­ca­ción y man­te­ner la Acción Cató­li­ca libre del con­trol fas­cis­ta45, dos medios de alie­na­ción y movi­li­za­ción de masas reac­cio­na­rias que serían muy impor­tan­tes en la lucha anti­co­mu­nis­ta des­de 1944.

Mien­tras tan­to, el fra­ca­so del pro­yec­to de algo pare­ci­do a una inter­na­cio­nal fas­cis­ta impul­sa­da des­de Roma –«fas­cis­mo uni­ver­sal»46– fue debi­do a que las bur­gue­sías que enton­ces recu­rrían al fas­cis­mo nece­si­ta­ban vital­men­te ase­gu­rar su poder esta­tal interno debi­do a su debi­li­dad ante otras bur­gue­sías pero sobre todo ante sus cla­ses explo­ta­das. De hecho, en el caso ita­liano, Mus­so­li­ni veía con mucho rece­lo el poder ale­mán y por eso avi­só a los Paí­ses Bajos de que Hitler les iba a inva­dir. Los nazis tam­bién eran muy cons­cien­tes de que a lar­go pla­zo sus intere­ses expan­sio­nis­tas cho­ca­rían con los del Japón47 sobre todo en Asia y en Sibe­ria, por lo que la alian­za mili­tar en la Segun­da Gue­raa Mun­dial res­pon­día a una nece­si­dad inme­dia­ta de aplas­tar a la URSS sobre todo, por no hablar de las rela­cio­nes con Fran­co por las exi­gen­cias del segun­do para entrar ofi­cial­men­te en la Segun­da Gue­rra Mun­dial. Lue­go vol­ve­re­mos a este deba­te tan impor­tan­te en la actua­li­dad sobre una inter­na­cio­nal fas­cis­ta48.

En las inva­sio­nes de Libia y Etio­pía, el fas­cis­mo uti­li­zó pro­fu­sa­men­te gas vene­no­so y cam­pos de exter­mi­nio masi­vo por ham­bre y enfer­me­dad. Pero una cosa era ata­car a pue­blos heroi­cos pero des­ar­ma­dos y otra era la gue­rra en Euro­pa. El gas­to mili­tar ita­liano has­ta 1940 fue rela­ti­va­men­te alto para las exi­gen­cias de esos años de «paz» pero rápi­da­men­te se vio que era la mis­ma estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca y buro­crá­ti­ca del fas­cis­mo la que no podía sos­te­ner un esfuer­zo algo pare­ci­do al que sería nece­sa­rio en la «gue­rra total» nazi des­de 1942 – 1943. Un infor­me ale­mán de 1941 afir­ma­ba que la eco­no­mía ita­lia­na ren­día solo el 23% de su capa­ci­dad mien­tras que la ale­ma­na era del 64%49.

Nazis­mo

El «des­co­no­ci­do» has­ta 192550 Hitler escri­bió Mi lucha duran­te su encar­ce­la­mien­to de ocho meses, de fina­les de 1923 a 1924. La pri­me­ra edi­ción es de 1925, sien­do igno­ran­do por la gen­te, pues no fue has­ta des­pués de 1933, estan­do ya en el poder, cuan­do el libro se impu­so obli­ga­to­ria­men­te como biblia nazi. Has­ta enton­ces fue leí­do por la redu­ci­da direc­ción del nazis­mo adoc­tri­na­da con su mensaje:

Era nece­sa­rio, des­de el pri­mer ins­tan­te, intro­du­cir en nues­tras asam­bleas cie­ga dis­ci­pli­na y hacer res­pe­tar la auto­ri­dad abso­lu­ta del pre­si­den­te […] El pri­mer fac­tor per­ma­nen­te, indis­pen­sa­ble a la auto­ri­dad, es el apo­yo popu­lar. Mas la auto­ri­dad que des­can­se en este fun­da­men­to, sola­men­te será por extre­mo débil, ines­ta­ble y vaci­lan­te. El segun­do ele­men­to nece­sa­rio a la auto­ri­dad es evi­den­te­men­te la fuer­za. Si el apo­yo popu­lar y la fuer­za se con­cier­tan y pue­den sub­sis­tir uni­dos duran­te un perío­do deter­mi­na­do, se com­pro­ba­rá que la auto­ri­dad repo­sa sobre una base más fir­me toda­vía, la auto­ri­dad de la tra­di­ción. Y si algu­na vez se com­bi­na­ran el apo­yo popu­lar, la fuer­za y la tra­di­ción, la auto­ri­dad podrá con­si­de­rar­se ina­mo­vi­ble [….] Por con­si­guien­te, lo que nece­si­tá­ba­mos, lo que segui­mos nece­si­tan­do no era ni es un cen­te­nar de por­fia­dos cons­pi­ra­do­res, sino un cen­te­nar de miles de faná­ti­cos gue­rre­ros para nues­tra teo­ría del mun­do. […] Nece­si­ta­mos des­truir el mar­xis­mo para que el nacio­nal socia­lis­mo sea el amo de la calle51.

Poco más ade­lan­te, Hitler escri­be: «El sin­di­ca­to no ha de ser un ins­tru­men­to para la lucha de cla­ses, sino para la defen­sa y repre­sen­ta­ción de los tra­ba­ja­do­res. El Esta­do nacio­nal-socia­lis­ta no reco­no­ce cla­ses; en el sen­ti­do polí­ti­co, solo reco­no­ce ciu­da­da­nos, con igua­les dere­chos e idén­ti­cas obli­ga­cio­nes, y al lado de estos, a súb­di­tos pri­va­dos de dere­chos des­de el pun­to de vis­ta polí­ti­co»52.

En un minu­cio­so aná­li­sis de la estruc­tu­ra gra­ma­ti­cal, lin­güís­ti­ca e ideo­ló­gi­ca del libro Mi lucha de Hitler, Lutz Winc­kler ha dicho que: «el fas­cis­mo se sir­vió del len­gua­je y la ideo­lo­gía, en pri­mer lugar, para con­se­guir una regre­sión de la con­cien­cia polí­ti­ca. Con la ayu­da de los ins­tru­men­tos de for­ma­ción de la opi­nión polí­ti­ca y del terror en ese cam­po tra­tó aquel de eri­gir for­mas apa­ren­cia­les de dis­cu­sión públi­ca en lo polí­ti­co que per­mi­tie­ran a las cla­ses socia­les des­pro­vis­tas de pri­vi­le­gios recon­ci­liar­se con su autén­ti­co lugar en la socie­dad […] La per­se­cu­ción per­ma­nen­te de las mino­rías fue reco­no­ci­da como medio efec­ti­vo de esta­bi­li­za­ción psí­qui­ca de la mayo­ría sub­yu­ga­da. Más efec­ti­va que cual­quier com­pul­sión exte­rior, posi­bi­li­tó que los per­se­gui­do­res mis­mos repro­du­je­ran los meca­nis­mos de la pro­pia suje­ción. Tarea del len­gua­je es que no apa­rez­ca nin­gún tipo de soli­da­ri­dad entre per­se­gui­dor y per­se­gui­do»53.

Freud ya había ade­lan­ta­do esto: «El Esta­do exi­ge a sus ciu­da­da­nos un máxi­mo de obe­dien­cia y de abne­ga­ción, pero les inca­pa­ci­ta con un exce­so de ocul­ta­ción de la ver­dad y una cen­su­ra de la inter­co­mu­ni­ca­ción y de la libre expre­sión de sus opi­nio­nes, que dejan inde­fen­so el áni­mo de los indi­vi­duos así some­ti­dos inte­lec­tual­men­te, fren­te a cual­quier situa­ción des­fa­vo­ra­ble y cual­quier rumor desas­tro­so»54. La crí­ti­ca freu­dia­na del Esta­do, que aquí hemos expues­to en lo esen­cial, se exten­de­rá tam­bién al efec­to del mie­do que en la pobla­ción pro­vo­ca el Esta­do, ade­más de otras ins­ti­tu­cio­nes y poderes:

No nos extra­ñe, pues, que bajo la pre­sión de tales posi­bi­li­da­des de sufri­mien­to, el hom­bre sue­le reba­jar sus pre­ten­sio­nes de feli­ci­dad […] no nos debe asom­brar que el ser humano ya se esti­me feliz por el mero hecho de haber esca­pa­do a la des­gra­cia, de haber sobre­vi­vi­do al sufri­mien­to; que, en gene­ral, la fina­li­dad de evi­tar el sufri­mien­to rele­gue a segun­do plano la de lograr el pla­cer […] El ais­la­mien­to volun­ta­rio, el ale­ja­mien­to de los demás, es el méto­do de pro­tec­ción más inme­dia­to con­tra el sufri­mien­to sus­cep­ti­ble de ori­gi­nar­se en las rela­cio­nes huma­nas. Está cla­ro que la feli­ci­dad alcan­za­ble por tal camino no pue­de sino ser la quie­tud. Con­tra el temi­ble mun­do exte­rior solo pue­de uno defen­der­se median­te una for­ma cual­quie­ra de ale­ja­mien­to si pre­ten­de solu­cio­nar este pro­ble­ma úni­ca­men­te para sí.

Freud sigue expo­nien­do otros méto­dos de ais­la­mien­to indi­fe­ren­te, como las adic­cio­nes a dro­gas, pero la lógi­ca de su argu­men­to es la mis­ma ya que la sole­dad indi­vi­dua­lis­ta, la que se aís­la de lo colec­ti­vo para refu­giar­se en uno mis­mo, es la for­ma más común de huir de las reali­da­des que pro­du­cen dis­pla­cer y sufri­mien­to. La indi­fe­ren­cia ante y en la vida, la quie­tud pasi­va y resig­na­da, el ais­la­mien­to ante el avan­ce del fas­cis­mo y de la cri­mi­na­li­za­ción de las izquier­das: ¿qué más quie­re el Esta­do como pri­me­ra reac­ción de las masas «nor­ma­li­za­das»? Pues quie­re más, quie­re que se con­vier­tan en fuer­zas repre­si­vas que a su orden des­tro­cen a den­te­lla­das a la izquier­da revo­lu­cio­na­ria, al anti­fas­cis­mo. Aquí Freud cri­ti­ca demo­le­do­ra­men­te la idea de Hitler de que la sole­dad del hom­bre insig­ni­fi­can­te se supera median­te las gran­des con­cen­tra­cio­nes masi­vas nazis, en las que el ora­dor modu­la de for­ma opor­tu­nis­ta «sus ideas para que las entien­da el menos inte­li­gen­te»55.

En un prin­ci­pio esta mani­pu­la­ción fue muy efi­caz, tan­to más cuan­to que la cri­sis de 1929 sumió en la pobre­za al pro­le­ta­ria­do, pero tam­bién a la peque­ña bur­gue­sía que giró hacia la dere­cha pri­me­ro y lue­go al nazis­mo. En 1930 Trots­ki advir­tió de este giro y de los ries­gos que impli­ca­ba el empleo por los comu­nis­tas de la con­sig­na de «revo­lu­ción popu­lar» a pesar de que, en abs­trac­to, toda revo­lu­ción tie­ne con­ti­nen­te popu­lar, su con­te­ni­do debe ser de cla­se pro­le­ta­ria, la úni­ca que pue­de «tomar la cabe­za de la nación y diri­gir­la» cuan­do «el cre­ci­mien­to gigan­tes­co» del nazis­mo mues­tra el apo­yo de la peque­ña bur­gue­sía y la debi­li­dad de los comu­nis­tas: «Si el par­ti­do comu­nis­ta es el par­ti­do de la espe­ran­za revo­lu­cio­na­ria, el fas­cis­mo, en tan­to que movi­mien­to de masas, es el par­ti­do de la des­es­pe­ran­za con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria»56.

Las gran­des con­cen­tra­cio­nes de masas alie­na­das ado­ran­do al líder no pudie­ron evi­tar que, pese a su efi­ca­cia mani­pu­la­do­ra, la bol­sa de votos nazis empe­zó a vaciar­se a fina­les de 1932 y todo indi­ca­ba que per­die­se más votos en 193357. Ese pre­vi­si­ble des­cen­so podía mer­mar el apo­yo que las gran­des cor­po­ra­cio­nes daban a Hitler58, para que toma­ra el poder, des­de el cual y uti­li­zan­do sus fuer­zas aplas­ta­ra el peli­gro revo­lu­cio­na­rio y se arma­se para «des­cuar­ti­zar a la URSS»59. Ale­ma­nia nece­si­ta­ba petró­leo y por eso fir­ma­ba acuer­dos con Esta­dos Uni­dos, por ejem­plo el pac­to entre A. Eich­mann y Stan­dar Oil bene­fi­cio­so para ambos60. Goe­ring y Goeb­bels61 orga­ni­za­ron el incen­dio el 27 de febre­ro de 1933 para seguir reci­bien­do esas ayu­das y seguir ade­lan­te con sus pla­nes. Con esa excu­sa Hitler des­en­ca­de­nó la repre­sión masi­va, para apar­te de impo­ner un cli­ma de terror tam­bién ele­var la uni­dad y moral de com­ba­te de las bases nacio­nal­so­cia­lis­tas que podía resen­tir­se por el posi­ble retro­ce­so elec­to­ral. Solo cua­tro días antes, el 23, Trots­ki había insis­ti­do en que no podía com­ba­tir­se ni derro­tar­se al fas­cis­mo copian­do dog­má­ti­ca­men­te la expe­rien­cia de la URSS sino que había que tener muy en cuen­ta la espe­ci­fi­ci­dad nacio­nal ale­ma­na, la his­to­ria sin­gu­lar de su capi­ta­lis­mo y de su lucha de cla­ses, tesis que plas­mó de esta for­ma: «El pro­le­ta­ria­do ale­mán ten­drá la revo­lu­ción en ale­mán, y no en ruso»62.

No había trans­cu­rri­do un mes des­de la ini­cio del terror repre­si­vo, cuan­do Trots­ki escri­bió: «Si la posi­ción cen­tral ha sido entre­ga­da, hay que for­ta­le­cer los acce­sos; hay que pre­pa­rar las bases para un futu­ro asal­to des­de todos los flan­cos. En Ale­ma­nia, esta pre­pa­ra­ción impli­ca la dilu­ci­da­ción crí­ti­ca del pasa­do, que man­ten­ga la moral de los com­ba­tien­tes de van­guar­dia, los reagru­pe, y que orga­ni­ce los com­ba­tes de reta­guar­dia por don­de­quie­ra que sea posi­ble, anti­ci­pán­do­se al momen­to en que varios gru­pos de com­ba­te se jun­ten en un gran ejér­ci­to. Esta pre­pa­ra­ción impli­ca, al mis­mo tiem­po, la defen­sa de las posi­cio­nes pro­le­ta­rias en los paí­ses estre­cha­men­te rela­cio­na­dos con Ale­ma­nia, o situa­dos cer­ca de ella»63.

Pese a este lla­ma­mien­to a la reor­ga­ni­za­ción de las fuer­zas revo­lu­cio­na­rias en medio de la clan­des­ti­ni­dad, Trots­ki que­dó impre­sio­na­do por la muy esca­sa res­pues­ta defen­si­va del pro­le­ta­ria­do. Es cier­to que el des­ca­be­za­mien­to de los par­ti­dos, orga­ni­za­cio­nes, sin­di­ca­tos y clubs obre­ros, fue­ran sim­ple­men­te demo­crá­ti­cos y pro­gre­sis­tas, había roto la colum­na ver­te­bral y la direc­ción del anta­ño pode­ro­so blo­que socio­po­lí­ti­co pro­gre­sis­ta y revo­lu­cio­na­rio. Por esto Trots­ki se lan­zó en verano de 1933 a un estu­dio más dete­ni­do de lo que era el nacionalsocialismo:

La peque­ña bur­gue­sía es hos­til a la idea de desa­rro­llo, pues­to que el desa­rro­llo avan­za con­tra ella; el pro­gre­so no le ha traí­do más que deu­das irre­di­mi­bles. El nacio­nal­so­cia­lis­mo no solo recha­za el mar­xis­mo, sino tam­bién al dar­wi­nis­mo. Los nazis renie­gan del mate­ria­lis­mo por­que las vic­to­rias de la tec­no­lo­gía sobre la natu­ra­le­za han sig­ni­fi­ca­do el triun­fo del gran capi­tal sobre el peque­ño. Los diri­gen­tes del movi­mien­to eli­mi­nan el «inte­lec­tua­lis­mo» por­que ellos mis­mos poseen inte­li­gen­cias de segun­do y ter­cer orden, y, sobre todo, por­que su papel his­tó­ri­co no les per­mi­te lle­var ni una sola idea has­ta su con­clu­sión. La peque­ña bur­gue­sía nece­si­ta una auto­ri­dad supe­rior, que esté por enci­ma de lo mate­rial y de la his­to­ria, y que esté a sal­vo de la com­pe­ten­cia, de la infla­ción, de las cri­sis y de las subas­tas. A la evo­lu­ción, al pen­sa­mien­to mate­ria­lis­ta y al racio­na­lis­mo de los siglos vein­te, die­ci­nue­ve y die­cio­cho, se con­tra­po­ne en su men­te el idea­lis­mo nacio­nal como la fuen­te de ins­pi­ra­ción heroi­ca. La nación de Hitler es una som­bra mito­ló­gi­ca de la peque­ña bur­gue­sía mis­ma, un deli­rio paté­ti­co de un Reich mile­na­rio64.

Un poco más adelante:

La enor­me indi­gen­cia de la filo­so­fía nacio­nal­so­cia­lis­ta no impi­dió, por supues­to, a las cien­cias aca­dé­mi­cas entrar en pos de Hitler con todas las velas des­ple­ga­das, una vez que su vic­to­ria fue sufi­cien­te­men­te pal­pa­ble. Para la mayo­ría de la cana­lla pro­fe­so­ril, los años del régi­men de Wei­mar fue­ron tiem­po de des­or­den e inquie­tud. His­to­ria­do­res, eco­no­mis­tas, juris­tas y filó­so­fos se per­die­ron en con­je­tu­ras sobre cuál de los cri­te­rios de ver­dad enfren­ta­dos era cier­to, es decir, cuál de los dos cam­pos resul­ta­ría al final due­ño de la situa­ción. La dic­ta­du­ra fas­cis­ta disi­pa las dudas de los Faus­tos y las vaci­la­cio­nes de los Ham­lets de las tri­bu­nas de la uni­ver­si­dad. Salien­do del cre­púscu­lo de la rela­ti­vi­dad par­la­men­ta­ria, el cono­ci­mien­to retor­na de nue­vo al rei­no de los abso­lu­tos. Eins­tein ha sido obli­ga­do a bus­car refu­gio fue­ra de las fron­te­ras de Ale­ma­nia65.

Y por no extendernos:

El fas­cis­mo ale­mán, como el ita­liano, se ele­vó al poder sobre las espal­das de la peque­ña bur­gue­sía, que se con­vir­tió en un arie­te con­tra las orga­ni­za­cio­nes de la cla­se obre­ra y las ins­ti­tu­cio­nes de la demo­cra­cia. Pero el fas­cis­mo en el poder es, menos que nada, el gobierno de la peque­ña bur­gue­sía. Por el con­tra­rio, es la dic­ta­du­ra más des­pia­da­da del capi­tal mono­po­lis­ta. Mus­so­li­ni tie­ne razón: las cla­ses medias son inca­pa­ces de polí­ti­cas inde­pen­dien­tes. Duran­te perío­dos de gran­des cri­sis son lla­ma­das a seguir has­ta el absur­do la polí­ti­ca de una de las dos cla­ses fun­da­men­ta­les. El fas­cis­mo logró poner­las al ser­vi­cio del capi­tal. Con­sig­nas tales como el con­trol esta­tal de los trusts y la supre­sión de los ingre­sos no pro­ve­nien­tes del tra­ba­jo fue­ron arro­ja­das por la bor­da inme­dia­ta­men­te des­pués de la toma del poder. En su lugar, el par­ti­cu­la­ris­mo de las «tie­rras» ale­ma­nas, que se apo­ya­ba en las pecu­lia­ri­da­des de la peque­ña bur­gue­sía, dejó paso al cen­tra­lis­mo capi­ta­lis­ta poli­cía­co. Cual­quier éxi­to de la polí­ti­ca inte­rior o exte­rior del nacio­nal­so­cia­lis­mo sig­ni­fi­ca­rá inevi­ta­ble­men­te el ulte­rior aplas­ta­mien­to del peque­ño capi­tal por el gran­de66.

La madre y la obediencia

La des­crip­ción de Trots­ki es bri­llan­te; se sos­tie­ne sobre la terri­ble expe­rien­cia acu­mu­la­da des­de antes inclu­so de que el fas­cis­mo ita­liano mos­tra­se sus pri­me­ras ansias de irra­cio­na­li­dad allí por 1921 – 1923, por­que en el inte­rior de este aná­li­sis ale­tea la crí­ti­ca impla­ca­ble de Marx y Engels al bona­par­tis­mo des­de la mitad del siglo XIX. Pero tie­ne una ausen­cia, un vacío: Trots­ki no desa­rro­lla con más deta­lle la capa­ci­dad nazi de mani­pu­lar la estruc­tu­ra psí­qui­ca ni de la peque­ña bur­gue­sía ni del pro­le­ta­ria­do, como sí los hizo el freu­do­mar­xis­mo, espe­cial­men­te en ancla­jes incons­cien­tes bási­cos como el de la mito­lo­gía patriar­cal de la Madre:

Se puso en movi­mien­to un ver­da­de­ro cul­to a la mater­ni­dad […] Des­pués de la legis­la­ción anti­se­mi­ta con­tra la corrup­ción racial, el prin­ci­pal dis­po­si­ti­vo del régi­men para la mejo­ra de la raza era la ley para la pre­ven­ción de des­cen­den­cia here­di­ta­ria­men­te enfer­ma […] Con el temor de los padres a ser denun­cia­dos por sus hijos o al hecho de que las con­ver­sa­cio­nes fami­lia­res pudie­ran ser ino­cen­te­men­te repe­ti­das en públi­co, el diá­lo­go entre las dis­tin­tas gene­ra­cio­nes dis­mi­nu­yó toda­vía más […] Hitler defi­nió la eman­ci­pa­ción de la mujer como un sín­to­ma de deca­den­cia, como lo eran la demo­cra­cia par­la­men­ta­ria y la ópe­ra de jazz […] Las doc­to­ras y fun­cio­na­rias casa­das fue­ron des­pe­di­das de sus pues­tos inme­dia­ta­men­te des­pués de la toma del poder. El núme­ro de pro­fe­so­ras en las escue­las secun­da­rias feme­ni­nas había decre­ci­do en un 15% en 1935. En el cur­so aca­dé­mi­co siguien­te, el ingre­so de mucha­chas en los cur­sos pre­pa­ra­to­rios de pro­fe­so­ra­do uni­ver­si­ta­rio fue total­men­te prohi­bi­do. Para enton­ces, el núme­ro de pro­fe­so­ras uni­ver­si­ta­rias había des­cen­di­do de cin­cuen­ta y nue­va a trein­ta y sie­te (de un cuer­po de pro­fe­so­res cuyo núme­ro total era de más de 7.000)67.

La fun­ción cla­ve del mito de la Madre no pasó des­aper­ci­bi­da a W. Reich, que plan­teó la pre­gun­ta de si era posi­ble «¿Desear el fas­cis­mo?»68, y expli­có por qué tan­tos millo­nes de ale­ma­nes apo­ya­ron a un «noto­rio psi­có­pa­ta»: la capa­ci­dad del fas­cis­mo para hacer una espe­cie de coc­tel con las aspi­ra­cio­nes y frus­tra­cio­nes socia­les y sexua­les, diri­gien­do su fuer­za explo­si­va hacia el exter­mi­nio de los dere­chos y la gue­rra. Más aún, el fas­cis­mo era «desea­do» por­que daba una solu­ción fal­sa a la repre­sión de la sexua­li­dad inte­grán­do­la no solo en el «amor» a la Patria, al Par­ti­do y a la Raza, sino tam­bién y sobre todo en el «amor» a la Madre arcai­ca69, ger­má­ni­ca, man­ci­lla­da por las inva­sio­nes suce­si­vas, que debe ser ven­ga­da por la her­man­dad aria, mito jus­ti­fi­can­te de las SS y de la bru­ta­li­dad geno­ci­da nazi.

La impor­tan­cia de la Madre arcai­ca en el ima­gi­na­rio nazi es remar­ca­da por muchos inves­ti­ga­do­res. La razón por la que se ocul­ta­ba con extre­mo cui­da­do la vida amo­ro­sa y sexual de Hitler y en espe­cial con Eva Braun no era otra que la de man­te­ner vivo el mito de que él, el Füh­rer, era o podía ser el aman­te secre­to de cada mujer ale­ma­na que se iden­ti­fi­ca­ra con la Madre arcai­ca, por­que se le había hecho creer la vir­tuo­sa vida de dic­ta­dor: «Hitler era pre­sen­ta­do como un asce­ta, un hom­bre que no cono­cía mujer, un hom­bre cas­to, un Par­si­fal de cora­zón puro. Una y otra vez sus rela­cio­nes con Eva Braun fue­ron ocul­ta­das»70. Exis­ten rela­cio­nes fuer­tes entre el mito de la Madre y bio­lo­gi­za­ción extre­ma de la polí­ti­ca nazi71 por­que el mito era el engar­ce que unía la bús­que­da de la pure­za aria con la polí­ti­ca demo­grá­fi­ca y con el exter­mi­nio de los «razas impuras».

La inter­pre­ta­ción que hace R. Dadoun de las tesis sobre el fas­cis­mo de W. Reich, tie­ne una base de razón en las mis­mas pala­bras de Hitler que hemos cita­do arri­ba y tam­bién en su acer­ta­da ver­sión de cómo debe ser el anti­fas­cis­mo en su doble faz de lucha con­tra la «pes­te emo­cio­nal» que es el fas­cis­mo y con­tra la sobre­ex­plo­ta­ción de la cla­se obre­ra, pero R. Dadoun come­te un error garra­fal con­sis­ten­te en iden­ti­fi­car el fas­cis­mo nazi con lo que la pro­pa­gan­da bur­gue­sa lla­ma­ba «fas­cis­mo rojo»72, es decir la URSS.

La preo­cu­pa­ción nazi de que la gue­rra que esta­ba pre­pa­ran­do, fun­da­men­tal­men­te con­tra la URSS como se insis­te en Mi Lucha73, podría des­en­ca­de­nar una olea­da revo­lu­cio­na­ria den­tro de Ale­ma­nia, como la que esta­lló des­de fina­les de 1918, lle­vó al par­ti­do a una polí­ti­ca muy pla­ni­fi­ca­da de saqueo abso­lu­to de los paí­ses ocu­pa­dos no solo para obte­ner mate­rias y recur­sos de toda índo­le, sino tam­bién ali­men­tos y bie­nes con los que man­te­ner aca­lla­do al pue­blo, cuan­do no fer­vien­te­men­te inte­gra­do. Debe­mos dete­ner­nos un poco es esta cues­tión por­que, a pesar de los cam­bios socio­his­tó­ri­cos, sigue sien­do un méto­do a copiar por otros nazifascismos.

Götz Aly sos­tie­ne que fue­ron tres las razo­nes fun­da­men­ta­les que expli­can «cómo Hitler com­pró a los ale­ma­nes»: una, incum­plir deci­di­da­men­te las exi­gen­cias del Tra­ta­do de Ver­sa­lles de 1918, reac­ti­van­do así la eco­no­mía y el orgu­llo nacio­na­lis­ta ale­mán; dos, impo­ner una serie de medi­das efec­ti­vas en los pri­me­ros años aun­que desas­tro­sas a medio y lar­go pla­zo, medi­das que no tenían en cuen­ta ni los lími­tes obje­ti­vos del capi­ta­lis­mo ale­mán ni el con­tex­to inter­na­cio­nal; y tres, el masi­vo robo, expo­lio y saqueo de las rique­zas de los pue­blos ocu­pa­dos lo que le per­mi­tió a Hitler ali­men­tar bien a los ale­ma­nes al menos has­ta 1943, y lue­go man­te­ner el racio­na­mien­to sufi­cien­te un año más con una apa­ren­te «igual­dad social»74.

La efec­ti­vi­dad de las dos pri­me­ras razo­nes empe­zó a ago­tar­se a fina­les de 1937, pero los nazis ense­gui­da encon­tra­ron el méto­do que emplea­rían duran­te la gue­rra: la «ari­za­ción»75 de la eco­no­mía des­de 1938 insu­fló una cre­cien­te masa de capi­tal expro­pia­do a los judíos, méto­do sis­te­má­ti­ca­men­te emplea­do des­de 1940 sobre los pue­blos inva­di­dos. El sal­va­jis­mo expro­pia­dor fue tal que per­mi­tió a los nazis crear una apa­rien­cia social de «vivir como en el cine»76, has­ta que la reali­dad se impu­so. Sin embar­go, sien­do esto cier­to tam­bién tene­mos que con­si­de­rar otra razón inclu­so más impor­tan­te: el cli­ma de dela­ción77, mie­do y terror difu­so y con­cre­to gene­ra­do por los nazis. Órde­nes suce­si­vas de Hitler y otros jerar­cas nazis des­de 1938 insis­tían en que la crea­ción de nue­vos empleos78 debía cen­trar­se en la pro­duc­ción militar.

La mili­ta­ri­za­ción social era una máqui­na de obe­dien­cia muy efec­ti­va: «Para cor­tar al indi­vi­duo de sus raí­ces y hábi­tos socia­les, el régi­men pro­cu­ra­ba man­te­ner el esta­do de ten­sión duran­te los inter­va­los entre las cele­bra­cio­nes ritua­les y las vic­to­rias en el extran­je­ro […] La mayo­ría de los ale­ma­nes obe­de­cían las direc­tri­ces ofi­cia­les, en par­te por temor a las repre­sa­lias, pero tam­bién por­que, cuan­do veían a las mar­cia­les y dis­ci­pli­na­das colum­nas de las SA, mar­can­do el paso de la oca, reac­cio­na­ban con una mez­cla de sor­pre­sa fas­ci­na­da e iden­ti­fi­ca­ción pasi­va […] Su pro­gre­si­va suje­ción al mar­ti­lleo de las mar­chas mili­ta­res y de las can­cio­nes patrió­ti­cas pare­cía resul­ta­do de un lava­do de cere­bro»79.

Más aún, ese terror esta­ba refor­za­do deli­be­ra­da­men­te has­ta 1943 por la publi­ci­dad ofi­cial de las masa­cres nazis sobre todo con­tra los pue­blos de la URSS. Esa publi­ci­dad bus­ca­ba, entre otras cosas, adver­tir a las y los ale­ma­nes de lo que podría el nazis­mo con­tra las resis­ten­cias inter­nas tenien­do en cuen­ta los crí­me­nes que come­tía en el exte­rior. Aun­que des­de 1943 se empe­zó a ocul­tar­los80 para aca­llar las denun­cias y pro­tes­tas inter­na­cio­na­les, pues Ale­ma­nia nece­si­ta­ba cada vez más alia­dos para encon­trar una solu­ción a la gue­rra ya defi­ni­ti­va­men­te per­di­da, el pue­blo ale­mán siguió tenien­do bas­tan­te cono­ci­mien­to de las atro­ci­da­des tan­to por medio de la abun­dan­cia de cam­pos de exter­mi­nio y de tra­ba­ja­do­res extran­je­ros escla­vi­za­dos, como por la infor­ma­ción que apor­ta­ban los sol­da­dos que lle­ga­ban con per­mi­so del fren­te del Este, como por las noti­cias que algu­nos anti­fas­cis­tas clan­des­ti­nos logra­ban escu­char de las radios alia­das y, con extre­mo peli­gro, divul­ga­ban a cada vez más gru­pos de la pobla­ción. Por otra par­te, des­de 1944 la pren­sa y la radio se dedi­ca­ron a pro­vo­car el afán de ven­gan­za81 entre la pobla­ción retrans­mi­tien­do inclu­so en direc­to el lan­za­mien­to de cohe­tes V.

Por su par­te, Götz Aly con­clu­ye: «Sobre la base de esa doble dis­cri­mi­na­ción, de raza y de cla­se, la gran masa de los ale­ma­nes dis­fru­tó has­ta la segun­da mitad de la gue­rra de una bue­na situa­ción. Igno­ra­ron duran­te mucho tiem­po el rever­so cri­mi­nal de su bien­es­tar, un impe­ria­lis­mo social y racis­ta edul­co­ra­do por la pala­bre­ría socia­li­zan­te de sus diri­gen­tes […] La com­bi­na­ción del ampa­ro y aten­cio­nes gene­ra­les con la vio­len­cia ejem­plar con­tra los deno­mi­na­dos “enemi­gos del pue­blo” no con­vir­tió a la inmen­sa mayo­ría de ale­ma­nes en nazis entu­sias­tas, sino más bien en con­for­mis­tas que dis­fru­ta­ban de las posi­bi­li­da­des coti­dia­nas de bene­fi­ciar­se que les ofre­cía el sis­te­ma. Pero la leal­tad pasi­va así obte­ni­da bas­tó para garan­ti­zar la capa­ci­dad de manio­bra inter­na del Esta­do nacio­nal socia­lis­ta has­ta verano de 1944»82.

La «vio­len­cia ejem­plar» que se expre­sa­ba entre otras for­mas con la «repre­sión alea­to­ria» que podía gol­pear a cual­quie­ra en cual­quier momen­to sin jus­ti­fi­ca­ción algu­na, era el otro sos­tén del nazis­mo, pero era el deci­so­rio en últi­ma ins­tan­cia, cuan­do la duda empe­za­ba a debi­li­tar la fe en Hitler o el egoís­mo indi­fe­ren­te ante la suer­te de dece­nas de millo­nes de per­so­nas ase­si­na­das o escla­vi­za­das para, con la excu­sa del bien­es­tar de la «raza aria», evi­tar que sur­gie­ra otra olea­da revo­lu­cio­na­ria comu­nis­ta. Esta atmós­fe­ra de fana­tis­mo, soborno, coop­ta­ción, indi­fe­ren­cia egoís­ta y terror, expli­ca la rela­ti­va faci­li­dad con la que se orga­ni­zó la Were­wolf a fina­les de 1944 pero tam­bién su rápi­do hundimiento.

La Were­wolf era una espe­cie de gue­rri­lla nazi para seguir luchan­do en los terri­to­rios libe­ra­dos por los alia­dos, y tenía como obje­ti­vo man­te­ner la resis­ten­cia nazi tras la ocu­pa­ción alia­da. Aun­que fue rápi­da­men­te ani­qui­la­da para 1946, sin embar­go sí logró retra­sar83 duran­te un tiem­po el desa­rro­llo de ins­ti­tu­cio­nes bási­cas no nazis como alcal­días, etc., tras la lle­ga­da de los alia­dos. Lo hizo apli­can­do el mie­do a las repre­sa­lias rea­li­za­das por los nazis miem­bros de la orga­ni­za­ción clan­des­ti­na, que man­tu­vie­ron en amplias zonas el cli­ma de terror y pasi­vi­dad ins­tau­ra­da por el nazis­mo des­de 1933 en amplias fran­jas socia­les. Los cur­sos de for­ma­ción mili­tar de la Were­wolf pre­ten­dían ser tan duros como los de cual­quier cuer­po mili­tar de eli­te pre­pa­ra­do para actuar en la reta­guar­dia del enemi­go, pero la Were­wolf, fiel a su idea­rio nazi, anu­la­ba la con­cien­cia de sus miem­bros obli­gán­do­les a entre­gar sus pro­pie­da­des a la orga­ni­za­ción y a sepa­rar­se de sus fami­lias por­que «a par­tir de enton­ces per­te­ne­cían solo al Füh­rer»84.

Como vemos, la obe­dien­cia siguió tenien­do una impor­tan­cia cla­ve has­ta los últi­mos crí­me­nes des­pués de la fir­ma de la ren­di­ción incon­di­cio­nal nazi. La obe­dien­cia segui­rá tedien­do esa mis­ma impor­tan­cia aun­que no esté direc­ta­men­te rela­cio­na­da con el nazi­fas­cis­mo por­que, jun­to a otras ata­du­ras men­ta­les, hace que la per­so­na se plie­gue sin crí­ti­ca a los dic­ta­dos del poder, aun­que este sea «demo­crá­ti­co». Cuan­do un gobierno ele­gi­do en las urnas recor­ta dere­chos y liber­ta­des con la excu­sa de la «cri­sis eco­nó­mi­ca», del «peli­gro terro­ris­ta», de la «lucha con­tra la delin­cuen­cia», etc., sigue reci­bien­do el mis­mo o pare­ci­do apo­yo de sus votan­tes, inclu­so aun­que inte­rior­men­te estén en des­acuer­do o ten­gan dudas. Estu­dian­do estos y otros com­por­ta­mien­tos difí­ci­les de enten­der a pri­me­ra vis­ta, E. Fromm escribió:

Por ello la obe­dien­cia que solo nace del mie­do de la fuer­za debe trans­for­mar­se en otra que sur­ja del cora­zón del hom­bre. El hom­bre debe desear, e inclu­so nece­si­tar obe­de­cer, en lugar de solo temer la des­obe­dien­cia. Para lograr­lo, la auto­ri­dad debe asu­mir las cua­li­da­des del Sumo Bien, de la Suma Sabi­du­ría; debe con­ver­tir­se en Omnis­cien­te. Si esto suce­de, la auto­ri­dad pue­de pro­cla­mar que la des­obe­dien­cia es un peca­do y la obe­dien­cia una vir­tud; y una vez pro­cla­ma­do esto, los muchos pue­den acep­tar la obe­dien­cia por­que es bue­na, y detes­tar la des­obe­dien­cia por­que es mala, más bien que detes­tar­se a sí mis­mos por ser cobar­des85.

Fas­cis­mo yanqui

Resul­ta muy alec­cio­na­do­ra la pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca de Alfred Rosen­berg, teó­ri­co del nazis­mo eje­cu­ta­do en Nurem­berg en 1946, poco antes de ser ajus­ti­cia­do: «Den­tro de quin­ce años se empe­za­rá de nue­vo a hablar de noso­tros y, den­tro de vein­te, el nazis­mo será de nue­vo una fuer­za»86. Seis años des­pués, entre 1952 – 1959, G. Lukács se enfren­tó al triun­fa­lis­mo de inte­lec­tua­les bur­gue­ses sobre la supues­ta extin­ción del fas­cis­mo, advir­tien­do con un dicho latino demo­le­dor –dis­ci­te moni­ti (sabed que estáis adver­ti­dos)87– que el irra­cio­na­lis­mo fas­cis­ta vol­ve­ría a esce­na por­que, entre otras cau­sas, tenía par­te de sus raí­ces en corrien­tes reac­cio­na­rias del idea­lis­mo bur­gués que pre­ci­sa­men­te se esta­ban moder­ni­zan­do en Esta­dos Uni­dos88 para res­pon­der a las nue­vas nece­si­da­des de su expan­sión impe­ria­lis­ta. ¿Cómo resis­tir y ven­cer al nue­vo fas­cis­mo? La mejor for­ma de des­truir­lo en su núcleo «es la defen­sa de la razón como movi­mien­to de masas […] Esta rebe­lión de las masas en apo­yo de la razón cons­ti­tu­ye la gran con­tra­par­ti­da de nues­tro tiem­po con­tra el terror páni­co a la “masi­fi­ca­ción” y con­tra el irra­cio­na­lis­mo que va estre­cha­men­te uni­do a él»89.

Lukács y la izquier­da revo­lu­cio­na­ria sabían que la «des­na­zi­fi­ca­ción»90 fue blan­da y sua­ve tan­to en Ale­ma­nia como en Ita­lia y Japón, aun­que guar­dan­do algo las apa­rien­cias si la com­pa­ra­mos con la inexis­ten­te «des­fran­qui­za­ción». El impe­ria­lis­mo nece­si­ta­ba a los nazis, a los fas­cis­tas y a los mili­ta­ris­tas japo­ne­ses para man­te­ner el orden interno y para pre­pa­rar la gue­rra con­tra la URSS; ade­más el impe­ria­lis­mo sos­te­nía regí­me­nes fas­cis­tas, mili­ta­ris­tas o dic­ta­du­ras de diver­sas cala­ñas, a la vez que infil­tra­ba sabo­tea­do­res con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios en los Esta­dos libe­ra­dos por el Ejér­ci­to Rojo. Era sabi­do tam­bién que en esos tiem­pos el fran­quis­mo, siguien­do el ejem­plo nazi, hacía que empre­sas como Dra­ga­dos, CEPSA, etc., explo­ta­sen el tra­ba­jo escla­vo de pre­sos repu­bli­ca­nos, demó­cra­tas, izquier­dis­tas…91. Mien­tras tan­to, en los entre­si­jos de la socie­dad bur­gue­sa se pro­du­cían inter­ac­cio­nes entre corrien­tes diver­sas de la mis­ma ideo­lo­gía bur­gue­sa bási­ca tal cual se empe­zó a cons­ti­tuir en el siglo XVII, van agre­gan­do mati­ces que inter­ac­túan más o menos con lo que gené­ri­ca­men­te enten­de­mos por fas­cis­mo. Por ejem­plo, la evo­lu­ción del neo­li­be­ra­lis­mo de la Socie­dad Mont Pele­rin diri­gi­da por Hayek92 des­de fina­les de la Segun­do Gue­rra Mun­dial hacia un ultra­de­re­chis­mo occi­den­ta­lis­ta y racis­ta que mani­pu­la­ba la gené­ti­ca y la neu­ro­cien­cia para «demos­trar» que Occi­den­te domi­na­ba el mun­do por su supe­rio­ri­dad sociobiológica.

Von Mises, impul­sor fun­da­men­tal en la déca­da de 1920 de la lla­ma­da Escue­la Aus­tria­ca, de la que pos­te­rior­men­te sur­gi­ría el neo­li­be­ra­lis­mo de la Escue­la de Mont Pele­rin, ala­ba­ba abier­ta­men­te el fas­cis­mo. Su mejor alumno, Hayek apo­ya­ba explí­ci­ta­men­te el gol­pe mili­tar de Pino­chet en 1973 des­ti­na­do entre otros obje­ti­vos al de aca­bar con refle­xio­nes revo­lu­cio­na­rias como esta: «El papel que jue­gan las pau­tas de con­duc­ta auto­ri­ta­ria como meca­nis­mo de pro­duc­ción y repro­duc­ción de la estruc­tu­ra de cla­ses pue­de ser ilus­tra­do por dos impli­can­cias ejem­pla­res. En pri­mer lugar, cabe lla­mar la aten­ción sobre la estre­cha corre­la­ción entre estruc­tu­ra de per­so­na­li­dad auto­ri­ta­ria y apa­tía polí­ti­ca. […] En segun­do lugar, y en rela­ción con la apa­tía polí­ti­ca, cabe seña­lar la faci­li­dad con la que el indi­vi­duo muti­la­do en su capa­ci­dad cog­ni­ti­va e inse­gu­ro en su iden­ti­dad es mani­pu­la­do en su agre­si­vi­dad»93.

Más ade­lan­te nos deten­dre­mos en la apa­tía polí­ti­ca y en la agre­si­vi­dad con más deta­lle, pero aho­ra debe­mos ana­li­zar la línea inter­na que conec­ta la represión/​utilización de la mujer reac­cio­na­ria por el nazis­mo como hemos vis­to, con la uti­li­za­ción de la mujer reac­cio­na­ria por el fas­cis­mo del cono sur lati­no­ame­ri­cano: la bur­gue­sía chi­le­na hizo que las prin­ci­pa­les mani­fes­ta­cio­nes reac­cio­na­rias con­tra el pobierno popu­lar de Allen­de des­de 1971, ele­gi­do demo­crá­ti­ca­men­te en sep­tiem­bre de 1970, fue­ran las de las muje­res, de tal modo que un obser­va­dor bra­si­le­ño de la mani­fes­ta­ción de enero de 1974, comen­tó: «Una vez que vimos mar­char a las muje­res chi­le­nas, supi­mos que los días de Allen­de esta­ban con­ta­dos»94.

Sobre esos tiem­pos, C.M. Rama nos recor­dó que «los fas­cis­tas están entre noso­tros», la mayor par­te de las veces sin hacer­se notar ape­nas por­que lle­van pues­tas las más­ca­ras de con­ser­va­do­res, nacio­na­lis­tas, tra­di­cio­na­lis­tas, reli­gio­sos pre-con­ci­lia­res y has­ta con el rótu­lo de «demó­cra­tas», pero «siguen tenien­do las mis­mas ideas y pla­nes que hace una gene­ra­ción»95. Tam­bién nos advir­tió sobre la com­ple­ja cone­xión entre irra­cio­na­li­dad, mie­do, auto­ri­ta­ris­mo y sumi­sión emo­cio­nal inclu­so con expre­sio­nes mági­cas o reli­gio­sas, expre­sa­dos de múl­ti­ples for­mas y mati­ces, y la efec­ti­vi­dad de pla­nes «rigu­ro­sa­men­te téc­ni­co-racio­na­les»96, remar­can­do el papel de los efec­tos devas­ta­do­res de la cri­sis de las inse­gu­ras fami­lias peque­ño-bur­gue­sas y de las cla­ses medias97, como uno de los deto­nan­tes del refor­za­mien­to dic­ta­to­rial del com­ple­jo uni­ver­so for­ma­do por la irra­cio­na­li­dad glo­bal y rigu­ro­sas accio­nes técnico-racionales.

No debe sor­pren­der­nos que fue­ra en estos años cuan­do vol­vió a plan­tear la pre­gun­ta que ator­men­ta a la huma­ni­dad explo­ta­da des­de que exis­te la explo­ta­ción: ¿Cuá­les son las razo­nes por las que no se suble­van los y las escla­vas? O si se quie­re ¿por qué sigue sien­do actual y nece­sa­ria la cues­tión plan­tea­da por W. Reich?, ¿por qué no se divor­cia una mujer gol­pea­da, ni denun­cia a su mari­do?, ¿por qué muchos opri­mi­dos no se atre­ven a inte­grar­se en el anti­fas­cis­mo? Entre otras razo­nes por la «figu­ra del Amo» cla­va­da a mar­ti­lla­zos en lo más inac­ce­si­ble de la pri­me­ra con­cien­cia infan­til, figu­ra que des­de allí impo­ne ade­más de la obe­dien­cia tam­bién la indi­fe­ren­cia por lo ocu­rre, según indi­ca D. Sibony98. La indi­fe­ren­cia, la apa­tía en polí­ti­ca es apa­tía e indi­fe­ren­cia en y de la vida, en y de toda la vida, por­que la polí­ti­ca es por una par­te la eco­no­mía con­cen­tra­da, por otra par­te es el esque­le­to del Esta­do como for­ma polí­ti­co-mili­tar del capi­tal y, por no exten­der­nos, es por ello mis­mo indi­fe­ren­cia ante la explo­ta­ción, la opre­sión y la domi­na­ción, o si se quie­re es pasi­va acep­ta­ción de nues­tra pro­pia mise­ria individual.

Lo peor es que esta indi­fe­ren­cia sumi­sa y apá­ti­ca es pre­sen­ta­da como «nor­ma­li­dad» tal como demues­tra G. Jer­vis: «Somos exhor­ta­dos a ser nor­ma­les obe­de­cien­do a las leyes […] La nor­ma­li­dad vie­ne pres­cri­ta como una serie varia­ble (según las cla­ses) de códi­gos de com­por­ta­mien­to; si ésta es vio­la­da inter­vie­nen la repre­sión judi­cial y la psi­quiá­tri­ca, en par­ti­cu­lar si el suje­to per­te­ne­ce a cla­ses socia­les subor­di­na­das»99. La nor­ma­li­dad apá­ti­ca e indi­fe­ren­te es refor­za­da por la repre­sión y por el apa­ra­to psi­quiá­tri­co cuan­do la dia­léc­ti­ca de uni­dad y lucha de con­tra­rios faci­li­te su sal­to cua­li­ta­ti­vo a la «anor­ma­li­dad», o sea pra­xis comu­nis­ta enten­di­da como la anta­gó­ni­ca a la «nor­ma­li­dad» bur­gue­sa. Y ante la angus­tia, temor, mie­do y páni­co que sien­te la per­so­na alie­na­da ante la inmi­nen­cia de la repre­sión, ocu­rre que esta per­so­na, estas masas explo­ta­das obe­dien­tes a la «figu­ra del Amo», sacri­fi­ca su feli­ci­dad para ase­gu­rar su nor­ma­li­dad, su paz del escla­vo y el tro­zo de pan que le echa el amo. El odio100 irra­cio­nal refuer­za y da sen­ti­do a la sole­dad indi­fe­ren­te, al pre­sen­tar al suje­to con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio un obje­to jus­ti­fi­ca­dor de su exis­ten­cia: aplas­tar a los sub­hu­ma­nos, a los comu­nis­tas e izquier­dis­tas, a las «razas inferiores».

La nece­si­dad de estas refle­xio­nes crí­ti­cas aumen­ta­ba en la medi­da en que el nazi­fas­cis­mo se reor­ga­ni­za­ba en el sub­sue­lo de la reali­dad e impul­sa­do de mane­ra invi­si­ble por la OTAN engra­sa­ba en silen­cio muchos gru­pos nazi­fas­cis­tas, los con­tro­la­ba con sus ser­vi­cios secre­tos, los rela­cio­na­ba con uni­da­des mili­ta­res selec­tas y con mafias, como demos­tró D. Gan­ser101. En esa épo­ca una cri­sis pro­fun­da azo­ta­ba la socie­dad bur­gue­sa, cri­sis que se agu­di­zó con la subi­da de los pre­cios del cru­do en 1973. La estra­te­gia capi­ta­lis­ta se desa­rro­lló con cua­tro ejes prin­ci­pa­les: el lla­ma­do neo­li­be­ra­lis­mo; los gol­pes de Esta­do con ideo­lo­gía fas­cis­ta y mili­ta­ris­ta; la segun­da olea­da de la «gue­rra fría» que en reali­dad era «gue­rra calien­te» y que estu­vo a pun­to de esta­llar de ver­dad en 1983 – 1984; y una autén­ti­ca «gue­rra cul­tu­ral» con­tra el socia­lis­mo. Para el tema que tra­ta­mos, tres fue­ron las más impor­tan­tes con­se­cuen­cias inme­dia­tas de esta con­tra­ofen­si­va: la implo­sión de la URSS fue ace­le­ra­da por ella; el resur­gir de corrien­tes fas­cis­tas y neo­fas­cis­tas adap­ta­das a las nece­si­da­des bur­gue­sas de cada Esta­do; y el refor­za­mien­to del irra­cio­na­lis­mo y de la nega­ción abier­ta o sutil del «valor de la ver­dad»102, de la nece­si­dad del méto­do cien­tí­fi­co-crí­ti­co, mate­ria­lis­ta, sin el cual no pode­mos ela­bo­rar un con­cep­to de la dia­léc­ti­ca del fas­cis­mo como muy bien hacen G. Rockhill103, Saïd Boua­ma­ma104 y otras personas.

Para comien­zos del siglo XXI el nazi­fas­cis­mo apa­re­cía como un mons­truo que se ocul­ta­ba bajo ropa­jes nue­vos o que inclu­so no nece­si­ta­ba dis­fra­ces: en 2001 aumen­tó en un 60% el terror nazi en Ale­ma­nia, por poner un solo ejem­plo. Los miles de jóve­nes y de obre­ros vie­jos que vota­ron a la extre­ma dere­cha lepe­nis­ta fran­ce­sa en 2002 for­za­ron que se reac­ti­va­ra la refle­xión crí­ti­ca sobre su efi­ca­cia en la mani­pu­la­ción de la psi­co­lo­gía social105. Y es en este momen­to cuan­do debe­mos recor­dar al Lukács de 1952 al adver­tir­nos de que un fas­cis­mo «nue­vo» cre­cía en Esta­dos Uni­dos. Para 2005 esta­ba cla­ro que el repu­bli­ca­nis­mo ultra­cris­tiano yan­qui sem­bra­ba semi­llas fas­cis­tas106 para que cre­cie­ran con el tiem­po no solo en la socie­dad sino tam­bién en el ejér­ci­to, como se cons­ta­tó a los pocos meses cuan­do jóve­nes de extre­ma dere­cha se alis­ta­ban para apren­der el arte de la gue­rra apro­ve­chan­do las difi­cul­ta­des cre­cien­tes de encua­dra­mien­to mili­tar nor­te­ame­ri­cano. Un obje­ti­vo ape­nas visi­ble has­ta 2006 cuan­do empe­zó a salir al comen­ta­rio públi­co en las redes socia­les reac­cio­na­rias: mun­dia­li­zar el fas­cis­mo, como vere­mos luego.

El obs­cu­ran­tis­mo al alza sobre todo des­de la cri­sis de 2007 refor­za­rá a neo­fas­cis­mos pos­te­rio­res y a las múl­ti­ples creen­cias nega­cio­nis­tas que verán su esplen­dor en 2020 con la pan­de­mia que, entre otras con­se­cuen­cias, nor­ma­li­zó la «tri­tu­ra­do­ra emo­cio­nal»107 que se escon­de en el fas­cis­mo, tal como se advir­tió muy opor­tu­na­men­te a comien­zos de 2021. Mien­tras tan­to, en Ale­ma­nia cun­día la alar­ma en 2010 por la débil con­cien­cia anti­na­zi debi­do108 a la des­na­zi­fi­ca­ción super­fi­cial y al silen­cio mediá­ti­co de lo que era real­men­te en nazis­mo y, en 2013, el mis­mo esca­lo­frío reco­rrió el Esta­do fran­cés al ver­se la poca memo­ria anti­fas­cis­ta exis­ten­te pese a las atro­ci­da­des de la ocu­pa­ción ale­ma­na. Sin embar­go, lo peor has­ta el momen­to suce­dió en Esta­dos Uni­dos por­que para fina­les de 2014 el nazis­mo109 era ya esa fuer­za con la que soña­ba en 2006 la extre­ma dere­cha cris­tiano-repu­bli­ca­na. El empeo­ra­mien­to de las con­di­cio­nes de vida pro­vo­ca­do por la cri­sis de 2007 en ade­lan­te hizo que se agra­va­se la salud psi­co­so­má­ti­ca has­ta tal pun­to que un dia­rio de dere­chas tuvo que reco­no­cer en 2013 que una de cada cin­co per­so­nas, el 20% de la pobla­ción, sufría dolor cró­ni­co110, dete­rio­ro que incre­men­ta­ba las con­di­cio­nes obje­ti­vas para la des­mo­ra­li­za­ción social, la caí­da de la nece­sa­ria auto­es­ti­ma111 per­so­nal, uno de los fac­to­res des­en­ca­de­nan­tes del racis­mo, de la agre­si­vi­dad y vio­len­cia en los micro­fas­cis­mos coti­dia­nos, sobre todo del patriar­cal y, en sín­te­sis, del fas­cis­mo ocul­to. No es sor­pren­den­te, por tan­to, que el sub­te­rrá­neo avan­ce del fas­cis­mo no fue­ra vis­to por sec­to­res de la inte­lec­tua­li­dad crí­ti­ca euro­pea que en 2016 escri­bía sobre el «regre­so ines­pe­ra­do de los fas­cis­mos»112 lo que nos da una idea de cier­to des­pis­te que mer­ma un poco la valía de los textos.

Simul­tá­nea­men­te, se pro­du­cía en 2017 una moder­ni­za­ción de las téc­ni­cas de difu­sión del fas­cis­mo camu­fla­do al pene­trar en las inde­fen­sas con­cien­cias de las gen­tes median­te redes socia­les en apa­rien­cia ino­cen­tes, pero que abren las puer­tas a los micro­fas­cis­mos113 coti­dia­nos de for­ma imper­cep­ti­ble. De esa tapa­de­ra a otra que se pre­sen­ta­ba con el recla­mo de con­se­jos huma­ni­ta­rios114 para resol­ver las cada vez más angus­tio­sas situa­cio­nes per­so­na­les, «ínti­mas», había un peque­ño paso supe­ra­do para 2018, año en el que tam­bién entra en acción el «fas­cis­mo son­rien­te»115 que bus­ca rom­per la dañi­na ima­gen ante­rior del fas­cis­mo mal­hu­mo­ra­do, serio y osco.

Es ver­dad que en la pri­me­ra déca­da del siglo XXI el fas­cis­mo bus­ca­ba com­pa­gi­nar diver­sas expre­sio­nes exter­nas, des­de la res­pe­ta­bi­li­dad que dan los tra­jes de lujo has­ta el tra­di­cio­nal uso de bates de béis­bol116, como en reali­dad se había hecho siem­pre y bas­ta ver los tra­jes de Mus­so­li­ni, Hitler, Pri­mo de Rive­ra, por no hablar de las extra­va­gan­cias de Goe­ring. Pero, des­de 2017, los nue­vos méto­dos de lle­gar a la men­te social bus­can otra cosa más inquie­tan­te por­que faci­li­tan sobre­ma­ne­ra pene­trar en el incons­cien­te por ven­ta­nas o puer­tas antes ape­nas usa­das, y lo más gra­ve de todo ello es que coin­ci­de con la «resu­rrec­ción de Hitler»117 en Ale­ma­nia y del neo­fas­cis­mo públi­co en Esta­dos Uni­dos impul­sa­do por la Admi­nis­tra­ción Trump.

No es de extra­ñar que en este cli­ma sur­gie­ra en 2018 la idea de una «inter­na­cio­nal popu­lis­ta»118 que sig­ni­fi­ca­ba un sal­to polí­ti­co cua­li­ta­ti­vo con res­pec­to a la des­unión de los fas­cis­mos y mili­ta­ris­mos entre 1923 y 1945, y a la unión fun­da­men­tal­men­te mili­tar diri­gi­da por el Pen­tá­gono y la OTAN. Algu­nos refor­mis­tas están obse­sio­na­dos en qui­tar car­ga fas­cis­ta a Vox, par­ti­do cita­do en los infor­mes sobre la crea­ción de esa inter­na­cio­nal popu­lis­ta, con lo que se blan­quea en algo la vida polí­ti­ca espa­ño­la y la tre­men­da fuer­za real del auto­ri­ta­ris­mo en su inte­rior, pero reci­bie­ron una rigu­ro­sa con­tes­ta­ción119. Acla­ra­do esto, que el pro­yec­to de la inter­na­cio­nal popu­lis­ta tenía algún viso de mate­ria­li­za­ción que­dó con­fir­ma­do en 2021, nada más retro­ce­der la pan­de­mia, cuan­do Bol­so­na­ro120 reac­ti­vó el pro­yec­to. Se sabe que la gue­rra de la OTAN y de los ucro­na­zis con­tra Rusia está refor­zan­do el acer­ca­mien­to de las fuer­zas fascistas.

En 2022 Rusia ata­có defen­si­va­men­te a la OTAN y a la dic­ta­du­ra ucro­na­zi des­pués de adver­tir des­de 2014 con­tra el expan­sio­nis­mo impe­ria­lis­ta hacia Eura­sia. El gol­pe de Esta­do de 2014 orga­ni­za­do por el Pen­tá­gono con el apo­yo de la corrup­ta bur­gue­sía del país y de las fuer­zas nazis reor­ga­ni­za­das y sub­ven­cio­na­das des­de años antes, ins­tau­ró un régi­men de terror con­tra la pobla­ción rusa del este de Ucra­nia; recor­tó los dere­chos lin­güís­ti­cos de otros pue­blos; encar­ce­ló, tor­tu­ró y ase­si­nó a sin­di­ca­lis­tas, comu­nis­tas…; y bom­bar­deó sin pie­dad hos­pi­ta­les, escue­las, comer­cios, pla­zas públi­cas, vivien­das, etc., de las Repú­bli­cas Popu­la­res del Don­bass ase­si­nan­do a más de 14.000 per­so­nas. La «demo­cra­cia» euro­pea ocul­tó estos crí­me­nes has­ta que los des­ta­pó defi­ni­ti­va­men­te la inter­ven­ción rusa. La lla­ma­da «cuna de la civi­li­za­ción», Occi­den­te, sos­tie­ne al nazis­mo en Ucra­nia e impul­sa disi­mu­la­da­men­te su cre­ci­mien­to en el este. Washing­ton y Lon­dres, y tam­bién París y Ber­lín121 se han con­ju­ra­do para sos­te­ner a los ucro­na­zis has­ta que la OTAN se adue­ñe ofi­cial­men­te de Ucra­nia, don­de ya man­da abso­lu­ta­men­te pero no de for­ma ofi­cial­men­te reco­no­ci­da. La bru­ta­li­dad nazi en Ucra­nia revi­ve el terror de los cola­bo­ra­cio­nis­tas con el III Reich: «Mato, lue­go soy. Mue­ro, lue­go fui»122.

La lla­ma­da «cuna de las reli­gio­nes», Pales­ti­na, sufre un geno­ci­dio e infan­ti­ci­dio a manos del ente sio­nis­ta deno­mi­na­do «Israel» que, con el apo­yo incon­di­cio­nal de Occi­den­te y de las bur­gue­sías cola­bo­ra­cio­nis­tas ára­bes, quie­re apro­piar­se de sus tie­rras y recur­sos para, des­de ese cemen­te­rio, avan­zar en el sue­ño inhu­mano del «Gran Israel», es decir la gran exten­sión geo­grá­fi­ca que los faná­ti­cos sio­nis­tas ase­gu­ran que fue entre­ga­da como pro­pie­dad exclu­si­va por un tal Yah­vé a un tal Abraham y que debe­ría ir del Éufra­tes al Nilo. Dejan­do aho­ra de lado la lógi­ca capi­ta­lis­ta e impe­ria­lis­ta de tama­ña irra­cio­na­li­dad, sí hay que decir que está car­ga­da de odio racis­ta pato­ló­gi­co123, odio tan furi­bun­do como el prac­ti­ca­do por los nazis ucra­nia­nos en la Segun­da Gue­rra Mundial.

Lucha anti­fas­cis­ta

En 2011, cuan­do el capi­ta­lis­mo esta­ba a pun­to de sufrir cam­bios sig­ni­fi­ca­ti­vos algu­nos de los cua­les hemos expues­to par­cial­men­te, W.I. Robin­son defi­nió el fas­cis­mo del siglo XXI con sie­te124 carac­te­rís­ti­cas que vamos a ana­li­zar una a una des­de y para la lucha anti­fas­cis­ta en 2024:

  1. 1) La fusión del capi­tal trans­na­cio­nal con el poder polí­ti­co reaccionario

    Si en 2011 el capi­tal fic­ti­cio, el de la indus­tria de armas y el ener­gé­ti­co se esta­ban hacien­do con el poder del Esta­do, como se vio en la des­truc­ción de Libia y en el inten­to de des­truir Siria, por citar dos casos, aho­ra esa fusión ha alcan­za­do gra­dos enton­ces insos­pe­cha­dos. La gue­rra mul­ti­di­men­sio­nal con­tra Eura­sia y medio mun­do exi­ge que esa fusión se refuer­ce día a día, como se ve en las pre­sio­nes impe­ria­lis­tas con­tra Rusia, Pales­ti­na, Irán, Chi­na, Vene­zue­la, Cuba y un lar­go etcé­te­ra. En el Esta­do espa­ñol esa fusión es inne­ga­ble, de hecho expli­ca la his­to­ria de «Espa­ña» des­de su ori­gen y en espe­cial des­de 1936.

    Esto plan­tea al menos cin­co gran­des exi­gen­cias a la lucha anti­fas­cis­ta en sí mis­ma: una, expli­car que el Esta­do espa­ñol es la for­ma polí­ti­co-mili­tar de un capi­ta­lis­mo con un esen­cial pilar fas­cis­ta en su base; dos, por tan­to, todo anti­fas­cis­mo ha de ser anti­ca­pi­ta­lis­ta y a la vez defen­sor a ultran­za de las liber­ta­des; tres, lo que refuer­za la nece­si­dad de un anti­fas­cis­mo inser­ta­do en la lucha de cla­ses, en el sin­di­ca­lis­mo com­ba­ti­vo, en los movi­mien­tos popu­la­res, etc.; cua­tro, igual­men­te y por lo mis­mo el anti­fas­cis­mo debe pro­pa­gar el derecho/​necesidad de inde­pen­den­cia de las nacio­nes opri­mi­das por ese Esta­do des­de y para un obje­ti­vo socia­lis­ta; cua­tro, lo que refuer­za la nece­si­dad de un anti­fas­cis­mo inter­na­cio­na­lis­ta y anti­im­pe­ria­lis­ta; y cin­co, todo ello refor­za­do por una per­ma­nen­te teo­ri­za­ción de las con­tra­dic­cio­nes del capi­tal y de las ade­cua­cio­nes del fascismo.

  2. Mili­ta­ri­za­ción y extre­ma masculinización

    Los movi­mien­tos reac­cio­na­rios pre­fas­cis­tas ya lle­va­ban en su seno la mili­ta­ri­za­ción y la mas­cu­li­ni­za­ción tal cual las nece­si­ta­ba la bur­gue­sía ante­rior a la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial y sobre todo ante­rior a la olea­da revo­lu­cio­na­ria ini­cia­da en 1917. El fas­cis­mo los ele­vo a carac­te­rís­ti­cas cen­tra­les de su dic­ta­du­ra, lo mis­mo que el sala­za­ris­mo, el fran­quis­mo, etc., pero el nazis­mo rizó el rizo de esta fusión, como hemos vis­to. Pero la cosa no se detu­vo ahí ya que la vic­to­ria del Ejér­ci­to Rojo en 1945 y el avan­ce del socia­lis­mo a esca­la inter­na­cio­nal, con la impre­sio­nan­te libe­ra­ción de la mujer tra­ba­ja­do­ra ini­cia­da con la revo­lu­ción bol­che­vi­que de 1917, for­zó la mas­cu­li­ni­za­ción fas­cis­ta pero a la vez refor­mas en el sis­te­ma patriar­co-bur­gués para fre­nar la eman­ci­pa­ción socia­lis­ta de la mujer. Con el tiem­po, el fas­cis­mo se repu­so y uti­li­zan­do las redes socia­les, según hemos vis­to, impul­sa una mas­cu­li­ni­za­ción tan reac­cio­na­ria como siempre.

    Esto plan­tea al menos tres gran­des tareas al anti­fas­cis­mo: una, demos­trar que la uni­dad militarización/​masculinización es irrom­pi­ble aun­que haya muje­res mili­ta­res; dos, demos­trar que exis­te otra con­cep­ción anta­gó­ni­ca en lo mili­tar y en la libe­ra­ción de la mujer tra­ba­ja­do­ra como se com­prue­ba en la his­to­ria de la lucha de cla­ses con la crea­ción del pue­blo en armas; y tres, demos­trar que la mujer tra­ba­ja­do­ra ha de desa­rro­llar sis­te­mas de auto­de­fen­sa con­tra el terro­ris­mo patriar­cal, apren­dien­do así que será una fuer­za cla­ve en el futu­ro pue­blo en armas.

  3. Un chi­vo expia­to­rio que sir­ve para des­pla­zar y reorien­tar las ten­sio­nes y con­tra­dic­cio­nes sociales

    Todos los pode­res opre­so­res han crea­do chi­vos expia­to­rios diri­gien­do con­tra ellos las for­mas de odio crea­das por ese poder opre­sor: odio racis­ta, patriar­cal, reli­gio­so, nacio­na­lis­ta… Aho­ra por ejem­plo la ruso­fo­bia y den­tro de muy poco el odio a Chi­na, por no hablar del racis­mo con­tra los boli­va­ria­nos, refuer­zan la isla­mo­fo­bia ya domi­nan­te, por citar algu­nos ejem­plos. Pero es un chi­vo expia­to­rio de cla­se, es decir, oli­gar­cas rusos, gran­des capi­ta­lis­tas chi­nos, ricos anti­cha­vis­tas, mag­na­tes ára­bes y demás depre­da­do­res son bien­ve­ni­dos, admi­ra­dos y desea­dos como gran­des inver­so­res; pero los migran­tes y los pue­blos resis­ten­tes al impe­ria­lis­mo son odia­dos a muerte.

    Esto plan­tea al menos tres gran­des urgen­cias al anti­fas­cis­mo: una, luchar de for­ma impla­ca­ble con­tra el racis­mo y con­tra cual­quier chi­vo expia­to­rio por peque­ño que sea; dos, soli­da­ri­zar­se con los com­po­nen­tes eman­ci­pa­do­res que exis­ten en las cul­tu­ras de los pue­blos des­pre­cia­dos, inte­grán­do­los en el anti­fas­cis­mo y defen­der­los; y tres, lle­var la lucha anti­fas­cis­ta con­tra esas oli­gar­quías que tam­bién nos explo­tan y opri­men por­que son par­te del capi­ta­lis­mo trans­na­cio­nal, de su mili­ta­ris­mo y patriarcalismo.

  4. Una base social de masas

    Según como sea la his­to­ria de la lucha de cla­ses de cada país, el fas­cis­mo que en él impe­ra ten­drá mayor o menor base de masas alie­na­das, más o menos fana­ti­za­das. Aun­que el para­dig­ma es el nazis­mo, no pode­mos olvi­dar­nos de la fuer­za elec­to­ral de Pino­chet, Le Pen, Ber­lus­co­ni, Trump, Bol­so­na­ro, Milei… en las últi­mas déca­das por­que la base de masas tam­bién exis­te en el «fren­te elec­to­ral» del fas­cis­mo que ha apren­di­do a mani­pu­lar­lo con el mar­ke­ting psi­co­po­lí­ti­co adap­ta­do a las tele­vi­sio­nes y a las redes socia­les, a la mise­ria moral y psí­qui­ca escla­vi­za­da men­tal­men­te. Según los casos, una vez será la juven­tud, la mujer, la ter­ce­ra edad, etc., el obje­ti­vo a domi­nar en tal o cual momen­to elec­to­ral, según su ori­gen de cla­se y nacio­nal. Pero siem­pre exis­te en esta base reac­cio­na­ria una fran­ja espe­cial­men­te fana­ti­za­da que for­ma las «escua­dras negras», los frei­korps mili­ta­ri­za­dos aun­que aún no se haya impues­to el fascismo.

    Esto plan­tea al menos cua­tro gran­des tareas al anti­fas­cis­mo: una y fun­da­men­tal, cono­cer la estruc­tu­ra de las cla­ses en lucha, de los sec­to­res que pue­den apo­yar y apo­yan al fas­cis­mo, de su psi­co­lo­gía, etc., dis­tin­guien­do a los cri­mi­na­les faná­ti­cos de las bases que pue­den ser des­in­to­xi­ca­das con una bue­na meto­do­lo­gía; dos, edu­car y atraer a los sec­to­res sim­ple­men­te demo­crá­ti­cos y pro­gre­sis­tas para que, con sus limi­ta­cio­nes, debi­li­ten la base social fas­cis­ta; tres, edu­car a los anti­fas­cis­tas para derro­tar los méto­dos de mani­pu­la­ción irra­cio­nal de la estruc­tu­ra psí­qui­ca obe­dien­te de la base social fas­cis­ta; cua­tro, dotar­se de movi­mien­tos popu­la­res, socia­les, de pren­sa libre, de fies­tas y de vida cul­tu­ral popu­lar, labo­ral y barrial; y cin­co, luchar con­jun­ta­men­te con sin­di­ca­tos, colec­ti­vos, orga­ni­za­cio­nes y par­ti­dos revo­lu­cio­na­rios para derro­tar al fas­cis­mo en su medio, en el inte­rior de su base social.

  5. Una ideo­lo­gía faná­ti­ca mile­na­ria que tie­ne que ver con supre­ma­cía racial y cul­tu­ral y que invo­lu­cra un pasa­do idea­li­za­do y míti­co, y una movi­li­za­ción racis­ta con­tra chi­vos expiatorios

    Hemos comen­ta­do ya varias veces esta carac­te­rís­ti­ca del fas­cis­mo, que es uno de sus ancla­jes más pro­fun­dos en la sole­dad indi­fe­ren­te y sumi­sa de las indi­vi­dua­li­da­des que solo encuen­tran con­sue­lo en la masa enfer­vo­ri­za­da fas­ci­na­da por su líder. Pero tene­mos que saber que a una esca­la menor, lo mis­mo suce­de en las bases elec­to­ra­les con­ser­va­do­ras y has­ta «demo­crá­ti­cas», como se com­prue­ba en cada elec­ción en la mayo­ría de los casos. Las bases «demo­crá­ti­cas» y has­ta «revo­lu­cio­na­rias», en bue­na medi­da, tam­bién creen que su cul­tu­ra, por ejem­plo la espa­ño­la, es supe­rior a otras, a las que lla­man «regio­na­les»; creen que su «nación», «Espa­ña», tie­ne más dere­chos que las «nacio­na­li­da­des», etc. Hay que saber que fre­cuen­te­men­te son muy tenues las fron­te­ras que sepa­ran las creen­cias nacio­na­lis­tas ela­bo­ra­das por la bur­gue­sía de un Esta­do impe­ria­lis­ta y opre­sor de pue­blos, lo que expli­ca el des­pla­za­mien­to de votos des­de el cen­tro-nacio­nal a la dere­cha, extre­ma-dere­cha y fas­cis­mo impe­ria­lis­tas, y tam­bién de la «izquier­da inter­na­cio­na­lis­ta» hacia el centro-nacionalista.

    Esto plan­tea al anti­fas­cis­mo una serie de tareas que hemos vis­to ya en su mayor par­te, si bien debe­mos espe­ci­fi­car dos más: una, estu­diar crí­ti­ca­men­te y a fon­do la his­to­ria y las cons­tan­tes de la lucha de cla­ses en el Esta­do, des­mon­tan­do las fal­se­da­des bur­gue­sas y sus res­pec­ti­vos mode­los nacio­na­les más o menos racis­tas, sus mito­lo­gías mile­na­ris­tas; y dos, gene­rar un anti­fas­cis­mo enrai­za­do en la his­to­ria popu­lar de su nación con­cre­ta, la his­to­ria de las luchas de las cla­ses explo­ta­das de su pro­pio país y cul­tu­ra, úni­ca for­ma de ser inter­na­cio­na­lis­ta y antiimperialista.

  6. Un lide­raz­go carismático

    La obe­dien­cia al líder es tan­to más incon­di­cio­nal y pla­cen­te­ra en la medi­da en que se sos­tie­ne sobre depen­den­cias afec­ti­vas, eró­ti­co-sexua­les de diver­sa índo­le y mate­ria­les por las ganan­cias socio­eco­nó­mi­cas e ideo­ló­gi­cas obte­ni­bles, lo que le dota de una resis­ten­cia incons­cien­te a cual­quier argu­men­to racio­nal, des­blo­queán­do­se solo ante la expe­rien­cia prác­ti­ca al des­cu­brir con el tiem­po la des­hu­ma­ni­za­ción real del líder ama­do, al des­cu­brir el enga­ño y eso no siem­pre. Cada fas­cis­mo tie­ne la ima­gen del líder que más con­ven­ga a las nece­si­da­des de la acu­mu­la­ción de capi­tal: según la pro­pa­gan­da Mus­so­li­ni era muje­rie­go, Fran­co un buen padre de fami­lia, Hitler era cas­to… aun­que todos tra­ba­ja­ban a des­ta­jo con una efec­ti­vi­dad sobre­hu­ma­na, todos con una inte­li­gen­cia excep­cio­nal y una éti­ca y moral inta­cha­bles, aun­que come­tie­sen erro­res incon­ce­bi­bles y crí­me­nes genocidas.

    La obe­dien­cia al líder es más com­ple­ja de lo que cree­mos por­que muchos fas­cis­mos y movi­mien­tos de extre­ma dere­cha con rai­gam­bre de masas, tie­nen peque­ños líde­res vica­rios en las zonas de implan­ta­ción; peque­ños líde­res exper­tos en el clien­te­lis­mo, que uti­li­zan su peque­ño poder zonal para hacer favo­res a votan­tes cono­ci­dos a los que lue­go se les cobra en votos: una espe­cie de «mafia elec­to­ral» que ase­gu­ra su poder des­de la base has­ta el vér­ti­ce de la pirá­mi­de elec­to­ral. El líder vica­rio sabe que, a su esca­la, debe ase­gu­rar la mis­ma depen­den­cia mate­rial y psi­co­ló­gi­ca hacia él que la masa de votan­tes tie­ne hacia el líder de su par­ti­do, o de no con­se­guir­lo irá per­dien­do cotas de poder.

    Esto plan­tea al anti­fas­cis­mo una úni­ca pero her­cú­lea tarea que ape­nas pode­mos esbo­zar aquí en lo esen­cial ya que con­cier­ne a la lucha per­ma­nen­te por exten­der en lo posi­ble otra for­ma de vida anta­gó­ni­ca con la bur­gue­sa; una tota­li­dad vital, emo­cio­nal, afec­ti­va, amo­ro­sa y espe­cial­men­te crí­ti­ca y libre, en el mis­mo infierno de la coti­dia­ni­dad capi­ta­lis­ta. Esta tota­li­dad tie­ne su pun­to cen­tral en la dia­léc­ti­ca entre la lucha con­tra la ley del valor, el tra­ba­jo abs­trac­to y el feti­chis­mo mer­can­til por un lado y por el otro, la lucha con­tra el irra­cio­na­lis­mo y la sumi­sión rai­zal en la estruc­tu­ra psí­qui­ca capitalista.

  7. El cir­cui­to mor­tal de acumulación-explotación-exclusión

    El fas­cis­mo siem­pre jus­ti­fi­ca sus atro­ci­da­des dicien­do que otros pue­blos ocu­pan sus terri­to­rios supues­ta­men­te ori­gi­na­les, les qui­tan las rique­zas y los pues­tos de tra­ba­jo, vio­lan a sus muje­res y des­tru­yen su iden­ti­dad nacio­nal. El fas­cis­mo dice que tie­ne «dere­cho de san­gre», «con­quis­ta» o «civi­li­za­ción» para apro­piar­se de las tie­rras y bie­nes de esos pue­blos enemi­gos que debe escla­vi­zar o des­truir. El fas­cis­mo es así la jus­ti­fi­ca­ción extre­ma de la ley gene­ral de acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta, que mues­tra por qué y cómo una mino­ría se hace cada vez más rica explo­tan­do a una cre­cien­te mayo­ría cada vez más empo­bre­ci­da y sobran­te. El fas­cis­mo es por ello un enemi­go mor­tal de la huma­ni­dad y de la naturaleza.

    Esto plan­tea al anti­fas­cis­mo una úni­ca tarea, la más com­pli­ca­da, lar­ga y deci­si­va, que inte­gra y da cohe­ren­cia a las ante­rior­men­te vis­tas y que aquí y aho­ra, dada su mag­ni­tud, solo resu­mi­mos así: el anti­fas­cis­mo es comu­nis­ta o no es nada.

Iña­ki Gil de San Vicente

Eus­kal Herria, 21 de febre­ro de 2024

  1. W. Reich: Psi­co­lo­gía de masas del fas­cis­mo, Edi­to­rial Ayu­so, Madrid 1972, pp. 31 – 32.
  2. Movi­mien­to Anti­rre­pre­si­vo Madrid: Sobre amnis­tías y terro­ris­tas, 14 de febre­ro de 2024 (https://​www​.lahai​ne​.org/​e​s​t​_​e​s​p​a​n​o​l​.​p​h​p​/​e​s​t​a​d​o​-​e​s​p​a​n​ol/).
  3. Olme­do Belu­che: Sobre el mal uso del con­cep­to «bona­par­tis­mo», 9 de diciem­bre de 2007 (https://​archi​vo​.kao​sen​la​red​.net/​s​o​b​r​e​-​e​l​-​m​a​l​-​u​s​o​-​d​e​l​-​c​o​n​c​e​p​t​o​-​b​o​n​a​p​a​r​t​i​s​mo/).
  4. K. Marx: El die­cio­cho Bru­ma­rio de Luis Bona­par­te, Obras esco­gi­das, Pro­gre­so, Mos­cú 1978, tomo I, pp. 408 y 410 – 411.
  5. Artu­ro Mar­tí­nez Ser­na: «¿Qué es el freu­do-mar­xis­mo?», Teo­ría y Cri­ti­ca de la Psi­co­lo­gía nº 19 (2023), 106 – 118 (http://​www​.teo​crip​si​.com/​o​j​s​/​i​n​d​e​x​.​p​h​p​/​T​C​P​/​a​r​t​i​c​l​e​/​v​i​e​w​/​377) (ISSN: 2116 – 3480).
  6. Car­los Cas­ti­lla del Pino: Psi­co­aná­li­sis y mar­xis­mo, Alian­za Edi­to­rial, Madrid 1971, p. 60.
  7. Julio Cor­tés Mora­les: Las mil y una defi­ni­cio­nes del fas­cis­mo, 22 de abril de 2022 (https://​elpor​teno​.cl/​l​a​s​-​m​i​l​-​y​-​u​n​a​-​d​e​f​i​n​i​c​i​o​n​e​s​-​d​e​l​-​f​a​s​c​i​s​mo/).
  8. James Stout: Una bre­ve his­to­ria del anti­fas­cis­mo, 3 de sep­tiem­bre de 2020 (https://​ecua​dor​to​day​.media/​2​0​2​0​/​0​9​/​0​3​/​u​n​a​-​b​r​e​v​e​-​h​i​s​t​o​r​i​a​-​d​e​l​-​a​n​t​i​f​a​s​c​i​s​m​o​/​?​amp).
  9. John Pil­ger: ¿Por qué resur­ge de nue­vo el fas­cis­mo?, 5 de mar­zo de 2015 (https://​www​.nodo50​.org/​c​e​p​r​i​d​/​s​p​i​p​.​p​h​p​?​a​r​t​i​c​l​e​1​967).
  10. Ale­jan­dro Andreas­si: Fas­cis­mo y anti­fas­cis­mo en la cul­tu­ra comu­nis­ta. La resis­ten­cia anti­fas­cis­ta y la inter­na­cio­na­li­za­ción del comu­nis­mo, Afers. Fulls de recer­ca i pen­sa­ment, vol. 5354, 2006, pp. 245 – 265 (https://​www​.aaca​de​mi​ca​.org/​a​l​e​j​a​n​d​r​o​.​a​n​d​r​e​a​s​s​i​.​c​i​e​r​i​/​2​4​/​1​.​pdf).
  11. Domé­ni­co Losur­do: El ori­gen nor­te­ame­ri­cano de la ideo­lo­gía del Ter­cer Reich, 20 de julio de 2022 (https://​elsud​ame​ri​cano​.word​press​.com/​2​0​2​2​/​0​7​/​2​0​/​e​l​-​o​r​i​g​e​n​-​n​o​r​t​e​a​m​e​r​i​c​a​n​o​-​d​e​-​l​a​-​i​d​e​o​l​o​g​i​a​-​d​e​l​-​t​e​r​c​e​r​-​r​e​i​c​h​-​p​o​r​-​d​o​m​eni).
  12. Domé­ni­co Losur­do: El len­gua­je del impe­rio, Esco­lar y Mayo, Madrid 2008, pp. 247 y ss.
  13. M.A. Mac­cioc­chi: «Infor­me sobre una asig­na­tu­ra uni­ver­si­ta­ria en Vin­cen­nes sobre el fas­cis­mo», Ele­men­tos para un aná­li­sis del fas­cis­mo [2], El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 1978, p. 154.
  14. Redac­ción: Pseu­do­cien­cias y teo­rías de la cons­pi­ra­ción: igno­ran­do la raíz del pro­ble­ma, 15 de febre­ro de 2021 (https://​www​.elsal​to​dia​rio​.com/​p​a​r​a​d​o​j​a​-​j​e​v​o​n​s​-​c​i​e​n​c​i​a​-​p​o​d​e​r​/​l​a​-​l​u​c​h​a​-​c​o​n​t​r​a​-​l​a​s​-​p​s​e​u​d​o​c​i​e​n​c​i​a​s​-​y​-​l​a​s​-​t​e​o​r​i​a​s​-​d​e​-​l​a​-​c​o​n​s​p​i​r​a​c​i​o​n​-​i​g​n​o​r​a​n​d​o​-​l​a​-​r​a​i​z​-​d​e​l​-​p​r​o​b​l​ema).
  15. K. Marx: El die­cio­cho Bru­ma­rio de Luis Bona­par­te, op. cit., p. 490.
  16. K. Marx: Ibid., p. 447.
  17. Manuel Pas­tor: Ensa­yo sobre la dic­ta­du­ra, Tucar Edi­cio­nes, Madrid 1077, p. 52.
  18. Manuel Pas­tor: Ibid., pp. 53 – 54.
  19. Manuel Pas­tor: Ibid., pp. 116 – 117.
  20. G. Lukács: El asal­to a la razón, Gri­jal­bo, Bar­ce­lo­na 1976, p. 27.
  21. Ánge­lo Tas­ca: El naci­mien­to del fas­cis­mo, Ariel, Bar­ce­lo­na 1969, p. 29.
  22. Ánge­lo Tas­ca: Ibid., p. 34.
  23. Stan­ley G. Pay­ne: El fas­cis­mo, Alta­ya, Bar­ce­lo­na 1996, p. 54.
  24. Stan­ley G. Pay­ne: Ibid., p. 66.
  25. Ernest Man­del: El sig­ni­fi­ca­do de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, La Ove­ja Roja, Madrid 2015, pp. 70 – 71.
  26. Robert Paris: Los orí­ge­nes del fas­cis­mo, SARPE, Madrid 1985, pp. 109 – 110.
  27. Chris Bam­bery: His­to­ria mar­xis­ta de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, Pasa­do & Pre­sen­te, Bar­ce­lo­na 2015, pp. 83 – 84.
  28. Paul Gui­chon­net: «El socia­lis­mo ita­liano», HGS, Des­tino, Bar­ce­lo­na 1982, tomo III, p, 191.
  29. Fer­nan­do Arcas Cube­ro: «El fas­cis­mo ita­liano», GHU, Madrid 1986, tomo 24, p. 102.
  30. Donny Glucks­tein: La otra his­to­ria de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, Ariel, Bar­ce­lo­na 2013, p. 168.
  31. Jor­ge Luís Acan­da Gon­zá­lez: Tra­du­cir Grams­ci, Cien­cias Socia­les, La Haba­na 2007, pp. 54 – 56.
  32. Fer­nan­do Arcas Cube­ro: «El fas­cis­mo ita­liano», op. cit., tomo 24, p. 106.
  33. Jor­ge Luís Acan­da Gon­zá­lez: Tra­du­cir Grams­ci, op. cit., pp. 59 – 60.
  34. Agus­tín Gui­lla­món: ¿Qué es eso del anti­fas­cis­mo revo­lu­cio­na­rio?, 7 de julio de 2022 (https://​kao​sen​la​red​.net/​q​u​e​-​e​s​-​e​s​o​-​d​e​l​-​a​n​t​i​f​a​s​c​i​s​m​o​-​r​e​v​o​l​u​c​i​o​n​a​r​io/).
  35. Ros­so di Sera: Anti­fas­cis­mo de con­ve­nien­cia: esbo­zo de una hipo­cre­sía, 31 de enero de 2022 (https://​ctxt​.es/​e​s​/​2​0​2​2​0​1​0​1​/​F​i​r​m​a​s​/​3​8​4​4​3​/​A​l​b​a​-​S​i​d​e​r​a​-​I​t​a​l​i​a​-​F​o​r​z​a​-​N​u​o​v​a​-​P​D​-​M​e​l​o​n​i​-​A​l​l​e​a​n​z​a​-​N​a​z​i​o​n​a​l​e​-​E​n​r​i​c​o​-​Let).
  36. S. Guillén‑A. López: Pode­mos encu­bre a círcu­los neo­fas­cis­tas en el ejér­ci­to espa­ñol, 12 de octu­bre de 2021 (https://​www​.wsws​.org/​e​s​/​a​r​t​i​c​l​e​s​/​2​0​2​1​/​1​0​/​1​2​/​p​o​d​e​-​o​1​2​.​h​t​ml/).
  37. Cla­ra Zet­kin: Fas­cis­mo, agos­to de 1923 (https://​www​.mar​xists​.org/​e​s​p​a​n​o​l​/​z​e​t​k​i​n​/​1​9​2​3​/​a​g​o​s​t​o​/​f​a​s​c​i​s​m​o​.​htm).
  38. Gian­ni Fre­su: Grams­ci y el fas­cis­mo, 27 de octu­bre de 2018 (https://​rebe​lion​.org/​g​r​a​m​s​c​i​-​y​-​e​l​-​f​a​s​c​i​s​mo/).
  39. AA.VV.: En movi­mien­to obre­ro inter­na­cio­nal, Pro­gre­so Mos­cú, 1988, tomo 5, pp. 203 – 204.
  40. María Anto­niet­ta Mac­cioc­chi: «Grams­ci y la cues­tión del fas­cis­mo», Ele­men­tos para un aná­li­sis del fas­cis­mo (I), El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 1978, p. 15.
  41. Hugues Por­te­lli: Grams­ci y la cues­tión reli­gio­sa, Laia, Bar­ce­lo­na 1977, pp. 130 y ss.
  42. John Corn­well: El Papa de Hitler, Pla­ne­ta, Bar­ce­lo­na 2001, p. 137.
  43. Stan­ley G. Pay­ne: El fas­cis­mo, op. cit., pp. 79 – 80.
  44. John Corn­well: El Papa de Hitler, op. cit., p. 135.
  45. John M. Roberts: Euro­pa des­de 1880 a 1945, Agui­lar, Madrid 1980, pp. 436 – 437.
  46. Stan­ley G. Pay­ne: El fas­cis­mo, op. cit., pp. 85 – 88.
  47. Ernest Man­del: El sig­ni­fi­ca­do de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, op. cit., p. 39.
  48. Ángel Ferre­ro: Neo­bo­na­par­tis­mo, neo­fas­cis­mo y el impo­si­ble retorno a un capi­ta­lis­mo nacio­nal, 18 de sep­tiem­bre de 2108 (https://​www​.elsal​to​dia​rio​.com/​h​i​s​t​o​r​i​a​/​n​e​o​b​o​n​a​p​a​r​t​i​s​m​o​-​n​e​o​f​a​s​c​i​s​m​o​-​i​m​p​o​s​i​b​l​e​-​r​e​t​o​r​n​o​-​c​a​p​i​t​a​l​i​s​m​o​-​n​a​c​i​o​nal).
  49. Chris Bam­bery: His­to­ria mar­xis­ta de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, Pasa­do & Pre­sen­te, Bar­ce­lo­na 2015, p. 86.
  50. Daniel Cam­pio­ne: Un tal Hitler comien­za a emer­ger, 29 de julio de 2021 (https://www.lahaine.org/mundo.php/un-tal-hitler-comienza‑a).
  51. A. Hitler: Mi lucha, Antal­be, Bar­ce­lo­na 1984, pp. 230, 249 – 250 y 261.
  52. A. Hitler: Ibid., p. 289.
  53. Lutz Winc­kler: La fun­ción social del len­gua­je fas­cis­ta, Ariel, Bar­ce­lo­na 1979, pp. 27 y 75.
  54. S. Freud: Con­si­de­ra­cio­nes de actua­li­dad sobre la gue­rra y la muer­te, Obras com­ple­tas, RBA, Bar­ce­lo­na 2006, volu­men III, pp. 2104 y ss.
  55. A. Hitler: Mi lucha, op. cit., p. 225.
  56. L. Trots­ki: La lucha con­tra el fas­cis­mo, Edi­cions. Sedov, Valen­cia, diciem­bre 2019, pp. 19 – 39 (https://​www​.mar​xists​.org/​e​s​p​a​n​o​l​/​T​r​o​t​s​k​i​/​e​i​s​/​1​944 – 00-00-contrafascismo.pdf).
  57. Stan­ley G. Pay­ne: El fas­cis­mo, op. cit., p. 75.
  58. Darío Bren­man: El apo­yo de las gran­des cor­po­ra­cio­nes a Hitler, 24 de mayo de 2021 (https://​www​.izquier​da​dia​rio​.es/​E​l​-​a​p​o​y​o​-​d​e​-​l​a​s​-​g​r​a​n​d​e​s​-​c​o​r​p​o​r​a​c​i​o​n​e​s​-​a​-​H​i​t​ler).
  59. Enri­que Muñoz Gama­rra: Bre­ves notas del fas­cis­mo, 12 de agos­to de 2015 (https://​kao​sen​la​red​.net/​b​r​e​v​e​s​-​n​o​t​a​s​-​d​e​l​-​f​a​s​c​i​s​mo/).
  60. Gaby Weber: Stan­dard Oil y Adolf Eich­mann, el pac­to secre­to de la indus­tria petro­le­ra con los nazis, 13 de abril de 2007 (https://​rebe​lion​.org/​s​t​a​n​d​a​r​d​-​o​i​l​-​y​-​a​d​o​l​f​-​e​i​c​h​m​a​n​n​-​e​l​-​p​a​c​t​o​-​s​e​c​r​e​t​o​-​d​e​-​l​a​-​i​n​d​u​s​t​r​i​a​-​p​e​t​r​o​l​e​r​a​-​c​o​n​-​l​o​s​-​n​a​z​is/).
  61. Ken­yon Gib­son: La ver­dad sobre el incen­dio del Reichs­tag, 29 de sep­tiem­bre de 2005 (https://​rebe​lion​.org/​l​a​-​v​e​r​d​a​d​-​s​o​b​r​e​-​e​l​-​i​n​c​e​n​d​i​o​-​d​e​l​-​r​e​i​c​h​s​t​ag/).
  62. L. Trots­ki: La lucha con­tra el fas­cis­mo, Edi­cions Sedov, Valen­cia, diciem­bre 2019, p. 225 (https://​www​.mar​xists​.org/​e​s​p​a​n​o​l​/​T​r​o​t​s​k​i​/​e​i​s​/​1​944 – 00-00-contrafascismo.pdf).
  63. L. Trots­ki: Ibid.
  64. L. Trots­ki: Ibid., pp. 247 – 248.
  65. L. Trots­ki: Ibid., p. 248.
  66. L. Trots­ki: Ibid., p. 249.
  67. Richard Grun­ber­ger: His­to­ria social del Ter­cer Reich, Ariel, Bar­ce­lo­na 2009, pp. 249 y ss.
  68. Roger Dadoun: «En torno a Wilhelm Reich y la psi­co­lo­gía de masas del fas­cis­mo» en Ele­men­tos para un aná­li­sis del fas­cis­mo [2], M. A. Mac­cioc­chi, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 1978, pp. 60 – 61.
  69. Roger Dadoun: Ibid., p. 62.
  70. Gil­bert Badia: Intro­duc­ción a la ideo­lo­gía nacio­nal socia­lis­ta, Ayu­so, Madrid 1972 pp. 48 – 49.
  71. Sal­va­dor López Arnal: Entre­vis­ta a Ale­jan­dro Andreas­si «El nazis­mo repre­sen­tó una apues­ta aún más deci­di­da por la bio­lo­gi­za­ción de la polí­ti­ca», 9 de mayo de 2016 (https://​rebe​lion​.org/​e​l​-​n​a​z​i​s​m​o​-​r​e​p​r​e​s​e​n​t​o​-​u​n​a​-​a​p​u​e​s​t​a​-​a​u​n​-​m​a​s​-​d​e​c​i​d​i​d​a​-​p​o​r​-​l​a​-​b​i​o​l​o​g​i​z​a​c​i​o​n​-​d​e​-​l​a​-​p​o​l​i​t​i​ca/).
  72. Roger Dadoun: «En torno a Wilhelm Reich y la psi­co­lo­gía de masas del fas­cis­mo», op. cit., pp. 65 – 66.
  73. A. Hitler: Mi lucha, op. cit., pp. 309 – 323.
  74. Götz Aly: La uto­pía nazi, Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 2005, pp. 363 – 367.
  75. Götz Aly: Ibid., pp. 56 y ss.
  76. Götz Aly: Ibid., pp. 358 y ss.
  77. Richard Grun­ber­ger: His­to­ria social del Ter­cer Reich, op. cit., pp. 121 y ss.
  78. Ernest Man­del: El sig­ni­fi­ca­do de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, op. cit., p. 55.
  79. Richard Grun­ber­ger: His­to­ria social del Ter­cer Reich, op. cit., p. 88.
  80. Gil­bert Badia: Intro­duc­ción a la ideo­lo­gía nacio­nal socia­lis­ta, op. cit., pp. 46 – 47.
  81. Richard Grun­ber­ger: His­to­ria social del Ter­cer Reich, op. cit., p. 427.
  82. Götz Aly: La uto­pía nazi. Cómo Hitler com­pró a los ale­ma­nes, Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 2006, pp. 330 y 344.
  83. Perry Bid­dis­com­be: Los últi­mos nazis, Iné­di­ta Edi­to­res, Bar­ce­lo­na 2005, pp. 223 y ss.
  84. Perry Bid­dis­com­be: Ibid., p. 231.
  85. Erich Fromm: Sobre la des­obe­dien­cia y otros ensa­yos, Pai­dós Stu­dio, Bar­ce­lo­na 1984, p. 17.
  86. Car­los M. Rama: La ideo­lo­gía fas­cis­ta, Júcar, Madrid 1979, p. 181.
  87. G. Lukács: El asal­to a la razón, Gri­jal­bo, Bar­ce­lo­na 1976, pp. 27 – 28.
  88. G. Lukács: Ibid., p. 620.
  89. G. Lukács: Ibid., p. 690.
  90. Donny Glucks­tein: La otra his­to­ria de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, Ariel, Bar­ce­lo­na 2013, pp. 158 – 160 y 163 – 164.
  91. Maxi Nie­to: Marx y el comu­nis­mo en la era digi­tal, Maia Edi­cio­nes, Madrid 2021, pp. 71 – 72.
  92. Quinn Slo­bo­dian: Los hijos bas­tar­dos de Hayek, 17 de julio de 2021 (https://​www​.sin​per​mi​so​.info/​t​e​x​t​o​s​/​l​o​s​-​h​i​j​o​s​-​b​a​s​t​a​r​d​o​s​-​d​e​-​h​a​yek).
  93. Nor­bert Lech­ner: «Repre­sión sexual y mani­pu­la­ción social», Sexua­li­dad y auto­ri­ta­ris­mo, El Cid Edi­tor, Chi­le, 1976, p. 63.
  94. Miche­le Mat­te­lart: «El gol­pe de Esta­do en feme­nino o cuan­do las muje­res de la bur­gue­sía salen a la calle», Fren­tes cul­tu­ra­les y movi­li­za­ción de masas, Ana­gra­ma, Bar­ce­lo­na 1977, pp. 183 – 213.
  95. Car­los M. Rama: La ideo­lo­gía fas­cis­ta, op. cit., p. 179., p. 179.
  96. Car­los M. Rama: Ibid., pp. 52 – 58.
  97. Car­los M. Rama: Ibid., pp. 97 – 111.
  98. Daniel Sibony: «De la indi­fe­ren­cia en mate­ria de polí­ti­ca», Locu­ra y socie­dad segre­ga­ti­va, Arman­do Ver­di­glio­ne Edit., Ana­gra­ma, Bar­ce­lo­na 1976, p. 108.
  99. Gio­van­ni Jer­vis: Manual crí­ti­co de psi­quia­tría, Ana­gra­ma, Bar­ce­lo­na 1977, p. 207.
  100. Eduar­do Feb­bro: El odio moto­ri­za a la ultra­de­re­cha glo­bal, 8 de diciem­bre de 2021 (https://​www​.pagi​na12​.com​.ar/​3​8​7​8​1​9​-​e​l​-​o​d​i​o​-​m​o​t​o​r​i​z​a​-​a​-​l​a​-​u​l​t​r​a​d​e​r​e​c​h​a​-​g​l​o​bal).
  101. Danie­le Gan­ser: Los ejér­ci­tos secre­tos de la OTAN, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2010, pp. 335 y ss.
  102. Gus­ta­vo E. Rome­ro: El valor de la ver­dad, 29 de julio de 2021 (https://​cana​rias​-sema​nal​.org/​a​r​t​/​3​1​0​6​2​/​e​l​-​v​a​l​o​r​-​d​e​-​l​a​-​v​e​r​dad).
  103. Gabriel Rockhill: Fas­cis­mo: ¡Aho­ra lo ves, aho­ra no lo ves!, 5 de diciem­bre de 2020 (https://​rebe​lion​.org/​f​a​s​c​i​s​m​o​-​a​h​o​r​a​-​l​o​-​v​e​s​-​a​h​o​r​a​-​n​o​-​l​o​-​v​es/).
  104. Said Boua­ma­ma: Com­pren­der el fas­cis­mo y la fas­cis­ti­za­ción para hacer­les fren­te, 20 de abril de 2021 (https://​elsud​ame​ri​cano​.word​press​.com/​2​0​2​1​/​0​4​/​2​0​/​c​o​m​p​r​e​n​d​e​r​-​e​l​-​f​a​s​c​s​i​m​o​-​y​-​l​a​-​f​a​s​c​i​s​t​i​z​a​c​i​o​n​-​p​a​r​a​-​h​a​c​e​r​l​e​s​-​f​r​e​n​t​e​-​p​o​r​-​s​a​i​d​-​b​o​u​a​m​a​ma/).
  105. Fede­rik­co Ruiz: El fas­cis­mo y su domi­nio psi­co­ló­gi­co de las masas, noviem­bre de 2002 (https://​www​.mono​gra​fias​.com/​t​r​a​b​a​j​o​s​/​f​a​s​c​i​s​m​o​/​f​a​s​c​i​smo).
  106. WSWS: El Par­ti­do Repu­bli­cano y la dere­cha cris­tia­na siem­bran la semi­lla de un movi­mien­to fas­cis­ta en Esta­dos Uni­dos, 9 de mayo de 2005 (https://​www​.wsws​.org/​e​n​/​a​r​t​i​c​l​e​s​/​2​0​0​5​/​0​5​/​s​p​a​1​-​m​0​9​.​h​tml).
  107. Igna­cio Pato: El fas­cis­mo como tri­tu­ra­do­ra emo­cio­nal, 7 de enero de 2021 (https://​www​.lama​rea​.com/​2​0​2​1​/​0​1​/​0​7​/​e​l​-​f​a​s​c​i​s​m​o​-​c​o​m​o​-​t​r​i​t​u​r​a​d​o​r​a​-​e​m​o​c​i​o​n​al/).
  108. A. Ferre­ro y D. Escri­bano: Nun­ca ha habi­do una pro­fun­da con­cien­cia anti­fas­cis­ta en la socie­dad ale­ma­na, 5 de enero de 2010 (https://​rebe​lion​.org/​n​u​n​c​a​-​h​a​-​h​a​b​i​d​o​-​u​n​a​-​p​r​o​f​u​n​d​a​-​c​o​n​c​i​e​n​c​i​a​-​a​n​t​i​f​a​s​c​i​s​t​a​-​e​n​-​l​a​-​s​o​c​i​e​d​a​d​-​a​l​e​m​a​na/).
  109. Miguel Marín Bosh: Nazis en Esta­dos Uni­dos, 13 de noviem­bre de 2014 (https://​www​.jor​na​da​.com​.mx/​2​0​1​4​/​1​1​/​1​3​/​o​p​i​n​i​o​n​/​0​2​2​a​2​pol).
  110. ABC: Las enfer­me­da­des psi­co­so­má­ti­cas aumen­tan con la cri­sis, 27 de octu­bre de 2013 (https://www.abc.es/sociedad/20131027/abci-enfermedades-psicosomaticas-crisis-201310251945.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F).
  111. Arman­do B. Ginés: El fas­cis­mo ocul­to, la baja auto­es­ti­ma y los «otros» infe­rio­res, 2 de mayo de 2015 (https://​rebe​lion​.org/​e​l​-​f​a​s​c​i​s​m​o​-​o​c​u​l​t​o​-​l​a​-​b​a​j​a​-​a​u​t​o​e​s​t​i​m​a​-​y​-​l​o​s​-​o​t​r​o​s​-​i​n​f​e​r​i​o​r​es/).
  112. Enzo Tra­ver­so: Espec­tros del fas­cis­mo: pen­sar las dere­chas radi­ca­les en el siglo XXI, 19 de sep­tiem­bre de 2016 (https://​www​.sin​per​mi​so​.info/​t​e​x​t​o​s​/​e​s​p​e​c​t​r​o​s​-​d​e​l​-​f​a​s​c​i​s​m​o​-​p​e​n​s​a​r​-​l​a​s​-​d​e​r​e​c​h​a​s​-​r​a​d​i​c​a​l​e​s​-​e​n​-​e​l​-​s​i​g​l​o​-​xxi); Enzo Tra­ver­so: Pos­fas­cis­mo. Fas­cis­mo como con­cep­to «trans­his­tó­ri­co», 3 de diciem­bre de 2019 (https://​vien​to​sur​.info/​p​o​s​f​a​s​c​i​s​m​o​-​f​a​s​c​i​s​m​o​-​c​o​m​o​-​c​o​n​c​e​p​t​o​-​t​r​a​n​s​h​i​s​t​o​r​i​co/).
  113. Car­los Larrie­ra: Micro­fas­cis­mo y reali­dad vir­tual, 23 de sep­tiem­bre de 2017 (https://​rebe​lion​.org/​m​i​c​r​o​f​a​s​c​i​s​m​o​s​-​y​-​r​e​a​l​i​d​a​d​-​v​i​r​t​u​al/).
  114. Miguel A. Jimé­nez: El nazis­mo tra­ves­ti­do de tera­pia huma­nis­ta, 29 de enero de 2018 (https://​rebe​lion​.org/​e​l​-​n​a​z​i​s​m​o​-​t​r​a​v​e​s​t​i​d​o​-​d​e​-​t​e​r​a​p​i​a​-​h​u​m​a​n​i​s​ta/).
  115. Michael Moo­re: El fas­cis­mo de hoy es una son­ri­sa en tele­vi­sión, 22 de sep­tiem­bre de 2018 (https://​www​.sin​per​mi​so​.info/​t​e​x​t​o​s​/​e​l​-​f​a​s​c​i​s​m​o​-​d​e​-​h​o​y​-​e​s​-​u​n​a​-​s​o​n​r​i​s​a​-​e​n​-​l​a​-​t​e​l​e​v​i​s​i​o​n​-​e​n​t​r​e​v​i​s​t​a​-​a​-​m​i​c​h​a​e​l​-​m​o​ore).
  116. Pau Alar­cón: «Tra­jes, res­pe­ta­bi­li­dad y bates de béis­bol: el fas­cis­mo euro­peo actual», No pasa­rán… aun­que lle­ven tra­jes, Edi­cio­nes La Tem­pes­tad, Bar­ce­lo­na 2010, pp. 51 – 68.
  117. Peter Sch­warz: La resu­rrec­ción de Hitler en Ale­ma­nia, 13 de octu­bre de 2018 (https://​www​.wsws​.org/​e​s​/​a​r​t​i​c​l​e​s​/​2​0​1​8​/​1​0​/​1​3​/​p​e​r​s​-​o​1​3​.​h​tml).
  118. Ana Gon­zá­lez-Pára­mo: El Movi­mien­to: Banon, Abas­cal y la «inter­na­cio­nal popu­lis­ta», 4 de diciem­bre de 2018 (https://​blogs​.publi​co​.es/​c​o​n​m​d​e​/​2​0​1​8​/​1​2​/​0​4​/​e​l​-​m​o​v​i​m​i​e​n​t​o​-​b​a​n​n​o​n​-​a​b​a​s​c​a​l​-​y​-​l​a​-​i​n​t​e​r​n​a​c​i​o​n​a​l​-​p​o​p​u​l​i​s​ta/).
  119. Daniel Sei­xo: ¿Es VOX un par­ti­do fas­cis­ta?, 26 de abril de 2019 (https://​nue​va​re​vo​lu​cion​.es/​e​s​-​v​o​x​-​u​n​-​p​a​r​t​i​d​o​o​-​f​a​s​c​i​s​ta/).
  120. Wal­ter C. Medi­na: Bol­so­na­ro y la extre­ma dere­cha euro­pea, 30 de julio de 2021 (https://​www​.nue​va​tri​bu​na​.es/​a​r​t​i​c​u​l​o​/​g​l​o​b​a​l​/​b​o​l​s​o​n​a​r​o​-​e​x​t​r​e​m​a​d​e​r​e​c​h​a​-​e​u​r​o​p​a​-​b​r​a​s​i​l​-​a​t​l​a​s​n​e​t​w​o​r​k​-​b​e​a​t​r​i​x​v​o​n​s​t​o​r​c​h​/​2​0​2​1​0​7​2​9​1​9​4​0​0​2​1​8​9​8​7​0​.​h​tml).
  121. M. Bas­set y A. Riz­zi: Fran­cia y Ale­ma­nia garan­ti­zan la defen­sa de Ucra­nia como ante­sa­la de su futu­ra entra­da en la OTAN, 16 de febre­ro de 2024 (https://​elpais​.com/​i​n​t​e​r​n​a​c​i​o​n​a​l​/​2​024 – 02-16/francia-y-alemania-garantizan-la-defensa-de-ucrania-como-antesala-de-su-futura-entrada-en-la-otan.html).
  122. Jeró­ni­mo Ordó­ñez Man­zano: «Mato, lue­go soy. Mue­ro, lue­go fui», Fas­cis­mo, gue­rra y vio­len­cia, 7 de agos­to de 2023 (https://​www​.des​per​ta​fe​rro​-edi​cio​nes​.com/​2​0​2​3​/​f​a​s​c​i​s​m​o​-​g​u​e​r​r​a​-​v​i​o​l​e​n​c​i​a​-​f​a​s​c​i​s​ta/).
  123. Mar­co Tobón: Pato­gé­ne­sis de la vio­len­cia fas­cis­ta, 16 de enero de 2020 (https://​www​.elsal​to​dia​rio​.com/​l​a​p​l​a​z​a​/​p​a​t​o​g​e​n​e​s​i​s​-​d​e​-​l​a​-​v​i​o​l​e​n​c​i​a​-​f​a​s​c​i​sta).
  124. William I. Robin­son: El capi­ta­lis­mo glo­bal y el fas­cis­mo del siglo XXI, 11 de mayo de 2011 (https://​rebe​lion​.org/​e​l​-​c​a​p​i​t​a​l​i​s​m​o​-​g​l​o​b​a​l​-​y​-​e​l​-​f​a​s​c​i​s​m​o​-​d​e​l​-​s​i​g​l​o​-​x​xi/).

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