Áfri­ca en el siglo XXI: El lega­do del impe­ria­lis­mo y pers­pec­ti­vas de desarrollo

Algu­nos de los argu­men­tos que hoy se esgri­men acer­ca de por qué Áfri­ca no se pue­de poner a nivel de Occi­den­te tam­bién se esgri­mie­ron hace cien años cuan­do Áfri­ca esta­ba bajo la colo­ni­za­ción euro­pea y los colo­ni­za­do­res cul­pa­ban a todo excep­to al impe­ria­lis­mo de ser la cau­sa fun­da­men­tal del sub­de­sa­rro­llo. La estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca mun­dial no ha cam­bia­do, inde­pen­dien­te­men­te de la retó­ri­ca de la glo­ba­li­za­ción. Áfri­ca sigue sien­do semi­co­lo­nial: cada vez más depen­dien­te de los paí­ses desa­rro­lla­dos por sus sobre­va­lo­ra­dos artícu­los manu­fac­tu­ra­dos mien­tras expor­ta mate­rias pri­mas a unos pre­cios deter­mi­na­dos por los mer­ca­dos de mate­rias pri­mas de Occidente.

Resu­men

Este tra­ba­jo argu­men­ta que en el siglo XXI Áfri­ca está expe­ri­men­tan­do cam­bios en sus eco­no­mías, no solo por el papel que desem­pe­ña Chi­na, sino tam­bién por la fuer­te com­pe­ten­cia de otros paí­ses occi­den­ta­les y de Orien­te Medio. El papel de Chi­na for­ma par­te de la eco­no­mía capi­ta­lis­ta mun­dial y del mode­lo de inte­gra­ción patrón-clien­te que los euro­peos siguie­ron des­pués de que los paí­ses afri­ca­nos logra­ran su inde­pen­den­cia for­mal de la colo­ni­za­ción. Duran­te la segun­da mitad del siglo XX la Euro­pa del noroes­te siguió sien­do el con­duc­to para la inte­gra­ción afri­ca­na en la eco­no­mía glo­bal cen­tra­da en Esta­dos Uni­dos, a pesar del papel de las cor­po­ra­cio­nes mul­ti­na­cio­na­les con base en Esta­dos Uni­dos. Según las encues­tas sobre las nacio­nes afri­ca­nas del Pew Research Cen­tre, el pro­ble­ma que afec­ta a la vas­ta mayo­ría de las per­so­nas sigue sien­do el abis­mo entre ricos y pobres, lo cual está direc­ta­men­te rela­cio­na­do tan­to con la riva­li­dad inter­na­cio­nal por la cuo­ta de mer­ca­do en Áfri­ca como con la cues­tión de la segu­ri­dad rela­cio­na­da con los gru­pos rebel­des y con lo que Esta­dos Uni­dos cali­fi­ca de «terro­ris­mo» de ins­pi­ra­ción islá­mi­ca u otras for­mas de gue­rra de gue­rri­lla. Este artícu­lo exa­mi­na muchas de estas cues­tio­nes para poder enten­der en pro­fun­di­dad el Áfri­ca actual y sus pers­pec­ti­vas de futuro.

Pri­me­ra par­te: los obs­tácu­los estruc­tu­ra­les al desa­rro­llo y a la jus­ti­cia social

Déca­das des­pués de la des­co­lo­ni­za­ción de Áfri­ca y de que Frantz Fanon (Los con­de­na­dos de la tie­rra) des­cri­bie­ra los pro­ble­mas socia­les, eco­nó­mi­cos, polí­ti­cos y cul­tu­ra­les vin­cu­la­dos al lega­do del colo­nia­lis­mo no ha habi­do nin­gún cam­bio estruc­tu­ral en la eco­no­mía polí­ti­ca de los cin­cuen­ta y cua­tro Esta­dos Nación afri­ca­nos ni tam­po­co se ha aca­ba­do con la pobre­za endé­mi­ca o con el abis­mo entre ricos y pobres, como han pro­me­ti­do duran­te déca­das la ONU y otras orga­ni­za­cio­nes. Cali­fi­car a todos los paí­ses afri­ca­nos en una sola cate­go­ría es erró­neo, ade­más de un ves­ti­gio de la polí­ti­ca impe­ria­lis­ta, de la mis­ma mane­ra que es erró­neo situar a todos los paí­ses de Amé­ri­ca Lati­na en una sola cate­go­ría, aun­que ten­gan carac­te­rís­ti­cas comu­nes y un lega­do común de colo­nia­lis­mo, ade­más de la reali­dad actual del con­trol extran­je­ro de los recur­sos y la cuo­ta de mercado.

Exis­ten enor­mes dife­ren­cias entre Sudá­fri­ca, que aho­ra for­ma par­te de la eco­no­mía BRICS (Bra­sil, Rusia, India y Chi­na) y Soma­lia, una de las nacio­nes más pobres del mun­do, con ines­ta­bi­li­dad polí­ti­ca y unas lúgu­bres pers­pec­ti­vas de cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co. Resul­ta igual de difí­cil com­pa­rar el Nor­te de Áfri­ca islá­mi­co con el Áfri­ca sub­saha­ria­na, a pesar de que la ines­ta­bi­li­dad polí­ti­ca es una carac­te­rís­ti­ca común en la mayo­ría de estos paí­ses, lo mis­mo que la con­ti­nua­ción de la depen­den­cia eco­nó­mi­ca del exte­rior tras el fin del domi­nio colo­nial. Con esta adver­ten­cia en men­te, en este cor­to tra­ba­jo abor­da­ré algu­nas carac­te­rís­ti­cas comu­nes y seña­la­ré las dife­ren­cias en los mode­los de desarrollo.

Los defen­so­res del capi­ta­lis­mo afir­man que los pro­ble­mas actua­les de Áfri­ca son estric­ta­men­te cícli­cos debi­do a que los pre­cios de los meta­les, del petró­leo y otras mate­rias pri­mas, espe­cial­men­te el cacao y el café, han ido bajan­do en medio de un cli­ma inter­na­cio­nal defla­cio­na­rio. Aun­que es cier­to que el des­cen­so de la deman­da de mate­rias pri­mas por par­te de Chi­na ha teni­do un impac­to obvio en Áfri­ca, la mayo­ría de las per­so­nas no esta­ba mejor cuan­do los pre­cios subían. Al mar­gen de los ciclos de expan­sión y con­trac­ción del capi­ta­lis­mo, des­de la déca­da de 1950 has­ta el día de hoy no ha mejo­ra­do del nivel de vida de los y las afri­ca­nas, inde­pen­dien­te­men­te de las nobles afir­ma­cio­nes de los gobier­nos, las ONG y otras orga­ni­za­cio­nes occi­den­ta­les acer­ca de ayu­dar a Áfri­ca a ser autosuficiente.

En la segun­da mitad del siglo XX la divi­sión del tra­ba­jo y las ins­ti­tu­cio­nes nacio­na­les de Áfri­ca (todo, des­de el ejér­ci­to has­ta la ban­ca y el comer­cio exte­rior) estu­vie­ron en gran medi­da deter­mi­na­das por los paí­ses cen­tra­les (Esta­dos Uni­dos y el noroes­te de Euro­pa) con la con­si­de­ra­ble ayu­da del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI), el Ban­co Mun­dial y sus afi­lia­dos, el Ban­co Afri­cano de Desa­rro­llo y varias agen­cias de la ONU, ade­más de, por supues­to, la explo­sión de ONG, algu­nas de las cua­les están total­men­te finan­cia­das por gobier­nos que tra­tan de influir polí­ti­ca y eco­nó­mi­ca­men­te. En pocas pala­bras, los meca­nis­mos exter­nos de la depen­den­cia de Áfri­ca se hicie­ron más fuer­tes y más con­so­li­da­dos en las últi­mas seis déca­das que en la era de la domi­na­ción colonial.

De hecho, entre 1990 y 2015 ten­dió a dis­mi­nuir el nivel de vida de la inmen­sa mayo­ría de las per­so­nas afri­ca­nas, a pesar del nota­ble ciclo a la alza del pre­cio de las mate­rias pri­mas y de las nue­vas inver­sio­nes masi­vas de Chi­na, lo que resul­ta evi­den­te al exa­mi­nar todos los indi­ca­do­res, des­de la espe­ran­za de vida al acce­so al agua pota­ble y a los ser­vi­cios de sanea­mien­to. Hay quie­nes lo acha­can a la sequía perió­di­ca, sobre todo en Etio­pía, Kenia y Soma­lia, las gue­rras loca­les y los con­flic­tos rebel­des tan­to en los paí­ses afec­ta­dos por la sequía, como en otros, espe­cial­men­te en aque­llos en los que los musul­ma­nes tie­nen influen­cia, como Sudán, Nige­ria y Libia.

Ade­más de la pobre­za endé­mi­ca que abo­na el terreno para movi­mien­tos rebel­des de ins­pi­ra­ción islá­mi­ca o comu­ni­ta­ria en muchas par­tes del con­ti­nen­te, otros obs­tácu­los al pro­gre­so son la explo­sión de la pobla­ción, los polí­ti­cos corrup­tos, el con­tra­ban­do y la eco­no­mía infor­mal, la ausen­cia de desa­rro­llo de las infra­es­truc­tu­ras y de una tec­no­lo­gía moder­na que ayu­de al con­ti­nen­te a lograr un desa­rro­llo capi­ta­lis­ta com­pa­ra­ble al de Occi­den­te. Hay que seña­lar que algu­nos de los argu­men­tos que hoy se esgri­men acer­ca de por qué Áfri­ca no se pue­de poner al nivel de sus homó­lo­gos occi­den­ta­les tam­bién se esgri­mie­ron hace cien años cuan­do Áfri­ca esta­ba bajo la colo­ni­za­ción euro­pea y los colo­ni­za­do­res cul­pa­ban a todo excep­to al impe­ria­lis­mo de ser la cau­sa fun­da­men­tal del subdesarrollo.

Una cau­sa del sub­de­sa­rro­llo sis­té­mi­co de Áfri­ca ha sido y es que sale más capi­tal del que entra, inva­ria­ble­men­te prés­ta­mos extran­je­ros que tie­nen el papel de cata­li­za­do­res del pro­ce­so de des­ca­pi­ta­li­za­ción. El ciclo de deu­da exter­na públi­ca y des­ca­pi­ta­li­za­ción con­ti­núa en todo el con­ti­nen­te bajo la aten­ta mira­da del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal y las ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras extran­je­ras que repre­sen­tan a los gran­des ban­cos de Esta­dos Uni­dos y Euro­pa, y a los gran­des intere­ses corporativos.

Sin duda supo­ne un enor­me paso ade­lan­te que algu­nas per­so­nas afri­ca­nas hayan desem­pe­ña­do car­gos al fren­te de la ONU y en pues­tos cla­ve en orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les. Des­de una pers­pec­ti­va sim­bó­li­ca tuvo una enor­me impor­tan­cia ver a Kofi Annan como Secre­ta­rio Gene­ral de la ONU, pero, ¿aca­so Áfri­ca esta­ba mejor cuan­do aban­do­nó la ONU que cuan­do entró o hubo algún cam­bio estruc­tu­ral en la eco­no­mía polí­ti­ca de todo el con­ti­nen­te, des­de Egip­to has­ta Sudá­fri­ca, de Nige­ria a Kenia? El prin­ci­pal obs­tácu­lo para ele­var el nivel de vida sigue sien­do la des­me­di­da depen­den­cia de un sec­tor pri­ma­rio de pro­duc­ción domi­na­do por el exte­rior y orien­ta­do hacia el exte­rior por la fal­ta de diver­si­fi­ca­ción de la economía.

Muchas per­so­nas obser­va­do­ras de la eco­no­mía polí­ti­ca afri­ca­na afir­man que se han pro­du­ci­do algu­nos éxi­tos, como el hecho de que Sudá­fri­ca se libe­ra­ra del domi­nio polí­ti­co de la mino­ría blan­ca, aun­que se man­ten­ga la hege­mo­nía eco­nó­mi­ca de esta mino­ría. Con excep­ción de Israel y de ele­men­tos de la dere­cha de Esta­dos Uni­dos, el mun­do ente­ro cele­bró el fin del apartheid en Sudá­fri­ca hace una gene­ra­ción. Para las y los afri­ca­nos Nel­son Man­de­la se con­vir­tió en un sím­bo­lo de liber­tad y auto­de­ter­mi­na­ción. Sin embar­go, per­sis­ten el alto índi­ce de des­em­pleo, el bajo nivel de vida entre las per­so­nas negras, la fal­ta de movi­li­dad ascen­den­te y la divi­sión entre ricos y pobres, y el país ocu­pa el últi­mo lugar del mun­do en espe­ran­za de vida.

Aun­que Sudá­fri­ca esta­ba en vías de alcan­zar a Bra­sil, India y Rusia, y tuvo de un cre­ci­mien­to del 38 % del PIB en la últi­ma déca­da, esto no era indi­cio de movi­li­dad social, sino de con­cen­tra­ción de capi­tal. En 2015 Sudá­fri­ca sufrió un índi­ce de paro igual al de Gre­cia, que ha esta­do bajo las medi­das de aus­te­ri­dad del FMI y la Unión Euro­pea (UE) des­de 2010. Las con­di­cio­nes socio­eco­nó­mi­cas y polí­ti­cas son peo­res en el res­to de Áfri­ca, y esto inclu­ye al nor­te de Áfri­ca musul­mán que ha sufri­do la inter­fe­ren­cia mili­tar direc­ta e indi­rec­ta de Esta­dos Uni­dos y la OTAN en sus levan­ta­mien­tos socia­les duran­te las revuel­tas de la Pri­ma­ve­ra Ára­be, que en su momen­to repre­sen­ta­ron la pro­me­sa de una Áfri­ca demo­crá­ti­ca libre de dic­ta­do­res vin­cu­la­dos a gran­des capi­ta­lis­tas nacio­na­les y extranjeros.

A juz­gar por las esta­dís­ti­cas de des­em­pleo en las dos mayo­res eco­no­mías de Áfri­ca, Nige­ria y Sudá­fri­ca, ambas depen­dien­tes de las expor­ta­cio­nes de la indus­tria extrac­ti­va, no hay muchas dife­ren­cias entre ellas, con todos sus recur­sos natu­ra­les, y Gre­cia, que sufre cin­co años con­se­cu­ti­vos de una aus­te­ri­dad impues­ta por el FMI y la UE, y una movi­li­dad socio­eco­nó­mi­ca en retro­ce­so. Se podría argu­men­tar que un 26,4 % de des­em­pleo en Sudá­fri­ca y un 24 % en Nige­ria se entien­den debi­do a la natu­ra­le­za cícli­ca del mer­ca­do de mate­rias pri­mas (tan­to el oro como el petró­leo cru­do están muy por deba­jo de sus máxi­mo, jun­to con todas las mate­rias pri­mas). Con todo, la cues­tión fun­da­men­tal no es la con­trac­ción cícli­ca del capi­ta­lis­mo, sino tan­to los altos índi­ces de des­em­pleo y de sub­em­pleo estruc­tu­ra­les en los paí­ses más ricos del con­ti­nen­te como la vas­ta dife­ren­cia entre los ingre­sos de unos pocos indi­vi­duos ricos y la vas­ta mayo­ría de las masas.

Los obs­tácu­los al desa­rro­llo son la cau­sa de una divi­sión del tra­ba­jo que ha segui­do sien­do prác­ti­ca­men­te la mis­ma en la últi­ma mitad de siglo y ello a pesar de la reduc­ción de la pobre­za extre­ma (menos de dos dóla­res al día) en las dos últi­mas déca­das. Según todos indi­cios, la glo­ba­li­za­ción es la cau­sa de la movi­li­dad des­cen­den­te de la mayo­ría de las per­so­nas afri­ca­nas, aun­que pue­de que no esté tan cla­ro si se miran las esta­dís­ti­cas del PIB de algu­nos paí­ses, inclui­dos Sudá­fri­ca y Nige­ria. La estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca mun­dial no ha cam­bia­do, a pesar de la retó­ri­ca acer­ca de que la glo­ba­li­za­ción y las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les mejo­ran todas las eco­no­mías del mun­do. Todo lo con­tra­rio, el retra­to eco­nó­mi­co glo­bal de Áfri­ca es el un decli­ve cons­tan­te des­de la déca­da de 1980. En 1955 la par­ti­ci­pa­ción del con­ti­nen­te en el comer­cio mun­dial fue del 3,1 % y en 1990 solo del 1,2%.

En gran par­te debi­do al papel de Chi­na como nue­vo actor fun­da­men­tal del comer­cio de la región este aumen­tó tras la rece­sión de prin­ci­pios de la déca­da de 1990, aun­que tam­bién se limi­tó al sec­tor pri­ma­rio de pro­duc­ción. El fac­tor Chi­na no ayu­dó al con­ti­nen­te a aumen­tar su PIB has­ta situar­se por deba­jo de los 300.000 millo­nes de dóla­res en 1997 mien­tras la deu­da era de 315.000 millo­nes de dóla­res. Esto per­mi­tió al FMI impo­ner la aus­te­ri­dad y medi­das neo­li­be­ra­les de pri­va­ti­za­ción, reduc­cio­nes de impues­tos a las empre­sas y la eli­mi­na­ción de las barre­ras comer­cia­les, lo que debi­li­tó aún más las eco­no­mías nacio­na­les. Las medi­das de aus­te­ri­dad no solo impi­die­ron la movi­li­dad socio­eco­nó­mi­ca ascen­den­te, sino que en reali­dad dis­mi­nu­ye­ron el nivel de vida de más personas.

En diciem­bre de 1993 el Secre­ta­rio Gene­ral de la ONU Bou­tros-Bou­tros Gha­li afir­mó que la solu­ción a los pro­ble­mas socio­eco­nó­mi­cos de Áfri­ca era una mayor inte­gra­ción. Robert J. Cum­mings seña­ló en un tra­ba­jo sobre este tema: «Des­de la déca­da de 1950 has­ta la actua­li­dad se han fun­da­do más de 200 orga­ni­za­cio­nes en el con­ti­nen­te afri­cano con el obje­ti­vo de fomen­tar la inte­gra­ción regio­nal y subre­gio­nal, y la coope­ra­ción eco­nó­mi­ca. His­tó­ri­ca­men­te los logros de estas miles de orga­ni­za­cio­nes no han sido exce­len­tes» (R. J. Cum­mings, «Africa’s Case for Eco­no­mic Inte­gra­tion», www​.HUAr​chi​ves​.net).

Los esfuer­zos por par­te de la ONU, el Ban­co Mun­dial y otras ins­ti­tu­cio­nes y gobier­nos occi­den­ta­les por for­jar la inte­gra­ción afri­ca­na no han alte­ra­do la estruc­tu­ra depen­dien­te de la eco­no­mía basa­da en el sec­tor pri­ma­rio de pro­duc­ción ni han pro­vo­ca­do un aumen­to del nivel de vida y una movi­li­dad social ascen­den­te, a pesar de una lige­ra reduc­ción de la pobre­za en las últi­mas dos déca­das. La inte­gra­ción en el mode­lo patrón-clien­te es el aspec­to fun­da­men­tal del neo­co­lo­nia­lis­mo en Áfri­ca y bene­fi­cia a las cor­po­ra­cio­nes mul­ti­na­cio­na­les, con lo que se per­pe­túa la depen­den­cia exter­na y el subdesarrollo.

El desa­fío más impor­tan­te que afron­ta Áfri­ca en las pró­xi­mas déca­das será pasar de ser una eco­no­mía en gran par­te «depen­dien­te del exte­rior» (expor­ta­cio­nes de la pro­duc­ción del sec­tor pri­ma­rio) y sumi­nis­tra­do­ra de mate­rias pri­mas bara­tas a los paí­ses capi­ta­lis­tas avan­za­dos a ser una [eco­no­mía] inte­gra­da que mira al inte­rior (pro­du­cir para satis­fa­cer la deman­da inter­na a tra­vés de una indus­tria­li­za­ción que sus­ti­tu­ya la impor­ta­ción) vía un mode­lo intra­con­ti­nen­tal y el desa­rro­llo de unas con­di­cio­nes de inter­cam­bio más equi­ta­ti­vas con los paí­ses desa­rro­lla­dos. Los des­igua­les tér­mi­nos de inter­cam­bio, el menor valor intrín­se­co de las expor­ta­cio­nes afri­ca­nas fren­te a sus impor­ta­cio­nes de paí­ses desa­rro­lla­dos ha sido y sigue sien­do un pro­ble­ma fun­da­men­tal para su desarrollo.

Para lograr el obje­ti­vo de la auto­su­fi­cien­cia Áfri­ca nece­si­ta­ría algo más que ONG y la inter­ven­ción de la ONU que solo actúan en zonas de emer­gen­cia en épo­cas de gue­rra y ham­bru­nas. Áfri­ca nece­si­ta­ría algo más que la finan­cia­ción chi­na del desa­rro­llo de las infra­es­truc­tu­ras con el fin de dar cabi­da a la mine­ría extrac­ti­va y las regio­nes agrí­co­las, y algo más que la inte­gra­ción regio­nal defen­di­da por el Ban­co Mun­dial sin éxi­to, como ha reco­no­ci­do él mis­mo, y que solo bus­ca for­ta­le­cer el papel de las cor­po­ra­cio­nes mul­ti­na­cio­na­les que tra­tan de domi­nar los sec­to­res cla­ve de la eco­no­mía de las mate­rias primas.

En ausen­cia de un cam­bio polí­ti­co sis­té­mi­co como el que tuvo lugar en Ingla­te­rra (1689) y en Fran­cia (1789), y que pre­pa­ró el camino para la moder­ni­za­ción eco­nó­mi­ca, Áfri­ca no pue­de logar su obje­ti­vo de auto­su­fi­cien­cia, al mar­gen de la retó­ri­ca de los polí­ti­cos del con­ti­nen­te o de orga­ni­za­cio­nes occi­den­ta­les como el Ban­co Mun­dial y las cor­po­ra­cio­nes que uti­li­zan la retó­ri­ca de la auto­su­fi­cien­cia pero ope­ran como impe­ria­lis­tas con unos resul­ta­dos que no difie­ren mucho de los de los colo­nia­lis­tas del siglo XIX.

Segun­da par­te: el papel eco­nó­mi­co de Chi­na en África

¿Ame­na­za Chi­na con des­pla­zar a los euro­peos de Áfri­ca en algún momen­to de la segun­da mitad del siglo XXI, como sugie­ren los medios de comu­ni­ca­ción de Esta­dos Uni­dos des­de la rece­sión mun­dial de 2008? ¿O el capi­tal chino y el de la UE están tan inter­re­la­cio­na­dos que lo que se pue­de con­si­de­rar la cuo­ta de mer­ca­do de Chi­na en Áfri­ca muy bien podría estar pro­du­cien­do bene­fi­cios a las cor­po­ra­cio­nes mul­ti­na­cio­na­les fran­ce­sas, bri­tá­ni­cas y ale­ma­nas? Si la Chi­na capi­ta­lis­ta supo­ne seme­jan­te ame­na­za para Occi­den­te, ¿por qué el muy occi­den­tal Ban­co Mun­dial ha cola­bo­ra­do con Chi­na en varios fren­tes? ¿Es sim­ple­men­te el temor de Esta­dos Uni­dos a que Chi­na, en su con­di­ción de inelu­di­ble pri­me­ra poten­cia eco­nó­mi­ca del mun­do, aca­pa­re los mer­ca­dos más abun­dan­tes y más bara­tos de África?

En 2010 Wiki­leaks sacó a la luz el temor de Esta­dos Uni­dos a que Chi­na ayu­da­ra a desa­rro­llar infra­es­truc­tu­ras situa­das estra­té­gi­ca­men­te en aque­llos paí­ses de Áfri­ca don­de Esta­dos Uni­dos pla­nea hacer nego­cios. Dos cosas alar­ma­ron a Esta­dos Uni­dos: a) el desa­rro­llo de las infra­es­truc­tu­ras se hacía sin res­tric­cio­nes ni con­di­cio­nes, al menos sin res­tric­cio­nes ni con­di­cio­nes direc­tas como Esta­dos Uni­dos y la UE impo­nen siem­pre al país recep­tor; y b) la for­ma inte­li­gen­te en que los chi­nos inclu­yen al Ban­co Mun­dial y a los gobier­nos euro­peos, y las cor­po­ra­cio­nes mul­ti­na­cio­na­les basa­das en la UE. En resu­men, la mul­ti­la­te­ra­li­dad de Chi­na como estra­te­gia para ase­gu­rar la cuo­ta de mer­ca­do ha des­ba­ra­ta­do a los uni­la­te­ra­les esta­dou­ni­den­ses que ven un plan dia­bó­li­co con­sis­ten­te en trans­fe­rir a Orien­te la depen­den­cia his­tó­ri­ca que Áfri­ca tie­ne de Occidente.

Otra cues­tión refe­ren­te a Chi­na es el alcan­ce del papel que desem­pe­ñó en Áfri­ca en 2015 tenien­do en cuen­ta que los medios de comu­ni­ca­ción occi­den­ta­les lo pre­sen­tan como hege­mó­ni­co y una ame­na­za poten­cial para los «intere­ses esta­dou­ni­den­ses y occi­den­ta­les», con lo que afir­man que el capi­ta­lis­mo nacio­nal y del blo­que comer­cial es una tác­ti­ca popu­lis­ta. En reali­dad, como vere­mos más ade­lan­te, actual­men­te Chi­na desem­pe­ña un papel peque­ño mien­tras que los Esta­dos euro­peos, Esta­dos Uni­dos y los Esta­dos ára­bes más ricos del Gol­fo dis­fru­tan de la par­te más impor­tan­te del mercado.

Lo que ha alar­ma­do a los capi­ta­lis­tas y polí­ti­cos occi­den­ta­les es el hecho de que las expor­ta­cio­nes afri­ca­nas a Chi­na pasa­ron de un mero 1 % de la cuo­ta mun­dial en 2000 al 15 % en 2012 y es pro­ba­ble que siga aumen­tan­do inde­fi­ni­da­men­te. A pesar de la inevi­ta­ble ralen­ti­za­ción eco­nó­mi­ca cícli­ca en Chi­na, es igual de inevi­ta­ble que para la déca­da de 2030 poda­mos pre­de­cir cómo­da­men­te un comer­cio, unas inver­sio­nes y un depen­den­cia eco­nó­mi­ca gene­ral de Áfri­ca res­pec­to a Chi­na mucho más estre­chos, lo que en sí mis­mo no solo plan­tea una ame­na­za para el capi­ta­lis­mo occi­den­tal, sino tam­bién a los pla­nes geo­po­lí­ti­cos occi­den­ta­les res­pec­to a un con­ti­nen­te muy rico en recur­sos natu­ra­les. Dado que Esta­dos Uni­dos no com­pi­te con Chi­na en Áfri­ca uti­li­zan­do las mis­mas herra­mien­tas de inte­gra­ción eco­nó­mi­ca, prác­ti­ca­men­te la úni­ca res­pues­ta de Esta­dos Uni­dos ha sido mos­trar su pode­río mili­tar y ase­gu­rar cuan­to pue­de las cor­po­ra­cio­nes mul­ti­na­cio­na­les con base en Esta­dos Unidos. 

Antes de que asu­ma­mos que el papel de Chi­na es bene­fi­cio­so, muchas per­so­nas han insis­ti­do en que Chi­na es la pana­cea para Áfri­ca tenien­do en cuen­ta que los pape­les eco­nó­mi­co, mili­tar y polí­ti­co desem­pe­ña­dos por Euro­pa y Esta­dos Uni­dos en toda Áfri­ca no han pro­vo­ca­do mejo­ras según los cri­te­rios que pro­cla­ma Occi­den­te (demo­cra­cia, liber­tad, desa­rro­llo eco­nó­mi­co y mejo­ra del nivel de vida). Algu­nos obser­va­do­res den­tro y fue­ra de Áfri­ca creen que es pro­me­te­dor el mode­lo de inte­gra­ción chino, que empie­za con el desa­rro­llo de infra­es­truc­tu­ras que ayu­da­ría a la eco­no­mía inter­na y tam­bién crea­ría una mayor inte­gra­ción regio­nal al tiem­po que esti­mu­la el sec­tor de las expor­ta­cio­nes. A fin de cuen­tas, lo úni­co que habían hecho los impe­ria­lis­tas euro­peos en Áfri­ca fue saquear des­de que empe­zó el trá­fi­co trans­atlán­ti­co de escla­vos en el siglo XV con la lle­ga­da de los por­tu­gue­ses has­ta las polí­ti­cas más suti­les del siglo XX de ayu­dar a las cor­po­ra­cio­nes a explo­tar los recur­sos natu­ra­les. Por otra par­te, si Chi­na está tan bien inte­gra­da en la eco­no­mía glo­bal y está ayu­dan­do a crear un mode­lo de inte­gra­ción en Áfri­ca, esto supo­ne nue­vas opor­tu­ni­da­des para los paí­ses afri­ca­nos, al menos para aque­llos ricos en recur­sos naturales.

Lo fun­da­men­tal es si Chi­na ayu­da­rá a Áfri­ca a desa­rro­llar­se o sim­ple­men­te per­pe­tua­rá el sub­de­sa­rro­llo como hicie­ron los euro­peos y Esta­dos Uni­dos. Al igual que el desa­rro­llo, el sub­de­sa­rro­llo es un pro­ce­so que tie­ne lugar en medio de diná­mi­cas de eco­no­mía polí­ti­ca nacio­nal e inter­na­cio­nal. El desa­rro­llo no con­sis­te en que un país ten­ga un supe­rá­vit de mano de obra, sea prác­ti­ca­men­te auto­su­fi­cien­te en mine­ra­les y mate­rias pri­mas o ten­ga unas infra­es­truc­tu­ras que pue­dan dar cabi­da a un desa­rro­llo rápi­do para refor­zar el sec­tor de expor­ta­ción de capi­tal inten­si­vo, en su mayo­ría de indus­trias extrac­ti­vas. Áfri­ca es uno de los con­ti­nen­tes más ricos en recur­sos natu­ra­les del pla­ne­ta y sin duda tie­ne un supe­rá­vit de mano de obra al cos­te más bajo del pla­ne­ta en com­pa­ra­ción con otros con­ti­nen­tes. ¿Pue­den las inver­sio­nes chi­nas hacer algo con estos acti­vos bara­tos para ayu­dar­se a sí mis­mas al tiem­po que ayu­dan a África?

Con el obje­ti­vo de ase­gu­rar una par­te de los recur­sos natu­ra­les de Áfri­ca para su pro­pio cre­ci­mien­to y desa­rro­llo al menor cos­te posi­ble Chi­na ha inver­ti­do en el con­ti­nen­te y con­ta­do con ello para el rápi­do cre­ci­mien­to de las expor­ta­cio­nes en el siglo XXI. A pesar de sus ricos recur­sos y de las nue­vas inver­sio­nes tan­to de Chi­na como de los paí­ses ára­bes del Gol­fo, de Euro­pa y Esta­dos Uni­dos, la per­sis­ten­cia del sub­de­sa­rro­llo en Áfri­ca desa­fía la lógi­ca al menos en la super­fi­cie más allá del cre­ci­mien­to de las cifras del PIB y del des­cen­so mar­gi­nal de la pobre­za extre­ma. ¿Por qué hay razo­nes para creer que los chi­nos van a cam­biar cin­co siglos de his­to­ria de colo­nia­lis­mo y neocolonialismo?

Se podría argu­men­tar que las cau­sas estruc­tu­ra­les tie­nen todo que ver con los corrup­tos e incom­pe­ten­tes regí­me­nes polí­ti­cos com­bi­na­dos con el desa­rro­llo des­igual com­pli­ca­do por las ham­bru­nas y sequías perió­di­cas en varias regio­nes sub­saha­ria­nas. Otro argu­men­to de los defen­so­res de la glo­ba­li­za­ción y de la polí­ti­ca neo­li­be­ral es que Áfri­ca no se ha inte­gra­do ple­na­men­te en la eco­no­mía capi­ta­lis­ta mun­dial y que infra­uti­li­za gran par­te de sus capa­ci­da­des pro­duc­ti­vas o las deja fue­ra del domi­nio del comer­cio inter­na­cio­nal debi­do a la per­sis­ten­cia del tri­ba­lis­mo. ¿Aca­so el pro­ble­ma de Áfri­ca es la infra­uti­li­za­ción de los recur­sos natu­ra­les o unos tér­mi­nos comer­cia­les des­igua­les, la explo­ta­ción cró­ni­ca de bajos valo­res labo­ra­les, la con­cen­tra­ción masi­va de capi­tal en manos de muy pocos bur­gue­ses com­pra­do­res vin­cu­la­dos al capi­tal extran­je­ro y, por supues­to, unos polí­ti­cos corrup­tos a los que sobor­nan las cor­po­ra­cio­nes extran­je­ras para con­se­guir contratos?

Otra cues­tión que los ana­lis­tas occi­den­ta­les seña­lan cons­tan­te­men­te es que hay ines­ta­bi­li­dad debi­do a los con­flic­tos civi­les en varios paí­ses, des­de Sudán y Nige­ria has­ta Áfri­ca Cen­tral y Orien­tal don­de los rebel­des son un obs­tácu­lo para la esta­bi­li­dad y el desa­rro­llo. En los paí­ses islá­mi­cos situa­dos al nor­te del Sáha­ra exis­te ines­ta­bi­li­dad pro­vo­ca­da por ele­men­tos yiha­dis­tas, como ocu­rre en el este. Unas acti­vi­da­des que tam­bién tie­ne impac­to en Áfri­ca en gene­ral. Sin embar­go, las con­di­cio­nes yiha­dis­tas tie­nen, como vere­mos más ade­lan­te, un ori­gen bas­tan­te recien­te e inclu­so son una reac­ción a las con­di­cio­nes neo­co­lo­nia­les, entre otras cau­sas vin­cu­la­das a las dife­ren­cias tri­ba­les y reli­gio­sas. En resu­men, los ana­lis­tas occi­den­ta­les con­clu­yen que la cul­pa de la ausen­cia de desa­rro­llo en Áfri­ca resi­de direc­ta­men­te en diná­mi­cas inter­nas y no tie­ne abso­lu­ta­men­te nada que ver con el impe­ria­lis­mo occi­den­tal como pre­sen­cia crónica.

Cuan­do exa­mi­na­mos las nobles pro­me­sas de cre­ci­mien­to y desa­rro­llo de la ONU, el Ban­co Mun­dial y los gobier­nos occi­den­ta­les, cuyo úni­co inte­rés es con­tri­buir al con­trol cor­po­ra­ti­vo de los recur­sos y de la cuo­ta de mer­ca­do de Áfri­ca, el resul­ta­do es que en 1995 un 25 % de las per­so­nas de la región sub­saha­ria­na no tenía tra­ba­jo ni hogar. Y lo que es más alar­man­te, las tasas de cre­ci­mien­to agrí­co­la de Áfri­ca han esta­do dis­mi­nu­yen­do des­de 1965. A lo lar­go de las déca­das de 1980 y 1990 la pro­duc­ción de ali­men­tos per cápi­ta siguió dis­mi­nu­yen­do des­de un pro­me­dio anual del 2,2 % (1965−1973) al 0,6 % (1981−85), con lo que se nece­si­tó cua­tro veces más ayu­da ali­men­ta­ria. ¿Por qué sor­pren­de que haya acti­vi­dad rebel­de, inclui­dos los yiha­dis­tas como ocu­rre últi­ma­men­te, cuan­do la pre­gun­ta debe­ría ser por qué no hay más acti­vi­dad dadas unas con­di­cio­nes que los occi­den­ta­les no tole­ra­rían y exi­gi­rían un cambio?

Hay quie­nes man­tie­nen que, en reali­dad, la pre­sen­cia de Chi­na ayu­da a domar el ambien­te socio­po­lí­ti­co en todo el con­ti­nen­te. Chi­na invier­te en todo: ener­gía hidro­eléc­tri­ca, pre­sas, agua y ser­vi­cios de sanea­mien­to, puer­tos, ferro­ca­rri­les, carre­te­ras, mine­ría, made­ra, pes­ca y agri­cul­tu­ra. Al mis­mo tiem­po, tan­to Fran­cia y el res­to de Euro­pa como Esta­dos Uni­dos y los paí­ses ára­bes ricos han esta­do com­pi­tien­do con Chi­na y quie­ren man­te­ner su cuo­ta de mer­ca­do. Otra his­to­ria es qué impli­ca esto exac­ta­men­te para las per­so­nas afri­ca­nas y el mode­lo de desa­rro­llo que final­men­te podría sacar a la mayo­ría de ellas de la pobre­za abyecta.

Los chi­nos no están en Áfri­ca para mejo­rar el nivel de vida de la pobla­ción sino para for­ta­le­cer su posi­ción com­pe­ti­ti­va glo­bal. Chi­na nece­si­ta­rá las mate­rias pri­mas afri­ca­nas, des­de pro­duc­tos ali­men­ti­cios a mine­ra­les, para seguir sien­do una poten­cia eco­nó­mi­ca en el sigo XXI. Chi­na cuen­ta con apro­xi­ma­da­men­te una quin­ta par­te de la pobla­ción mun­dial, pero solo tie­ne el 6 % del agua del pla­ne­ta y el 9 % de la tie­rra cul­ti­va­ble, lo que obli­ga a su gobierno a bus­car fue­ra de sus fron­te­ras para man­te­ner su cre­ci­mien­to y desa­rro­llo. Del mis­mo modo que Áfri­ca pro­por­cio­nó mate­rias pri­mas bara­tas y mano de obra bara­ta a Euro­pa y Esta­dos Uni­dos des­de la era del colo­nia­lis­mo has­ta la apa­ri­ción de Chi­na como poten­cia eco­nó­mi­ca glo­bal, en el siglo XXI desem­pe­ña­rá un papel simi­lar con Chi­na com­pi­tien­do por las mate­rias pri­mas y la mano de obra bara­tas. Las inver­sio­nes han cre­ci­do de solo 210 millo­nes de dóla­res en 2000 a 3.170 millo­nes de dóla­res en 2011 y se espe­ra que se disparen.

Áfri­ca es el con­ti­nen­te don­de más rápi­do está cre­cien­do la inver­sión extran­je­ra direc­ta (IED), aun­que se ini­cia a unos nive­les tan bajos que solo pue­de cre­cer. A pesar de que his­tó­ri­ca­men­te la IED fue prin­ci­pal­men­te a las indus­trias extrac­ti­vas, hay un inte­rés reno­va­do por la manu­fac­tu­ra, con la ener­gía como indus­tria cla­ve don­de un os méto­dos revo­lu­cio­na­rios podrían mar­car la dife­ren­cia al pro­por­cio­nar elec­tri­ci­dad a más per­so­nas que nun­ca y hacer la manu­fac­tu­ra aún más bara­ta. La IED en todo con­ti­nen­te aumen­tó des­de apro­xi­ma­da­men­te el 3% en 2007 al 5% en 2012, un perío­do de rece­sión mundial.

Sin embar­go, Áfri­ca no se encuen­tra entre los 25 prin­ci­pa­les paí­ses del mun­do con la más alta entra­da de IED y si no fue­ra por Sudá­fri­ca el con­ti­nen­te en su con­jun­to esta­ría en los últi­mos pues­tos jun­to con algu­nos de paí­ses euro­asiá­ti­cos. Aun­que parez­ca mila­gro­so, la par­ti­ci­pa­ción de Chi­na en la inver­sión extran­je­ra direc­ta en Áfri­ca es de ape­nas 26.000 millo­nes de dóla­res, mien­tras que Fran­cia y Rei­no Uni­do siguen a la cabe­za en esta cate­go­ría. Por otra par­te, pocas per­so­nas afir­ma­rían que Chi­na está lis­ta para impo­ner a Áfri­ca algún tipo de hege­mo­nía eco­nó­mi­ca bajo un mode­lo de inte­gra­ción supues­ta­men­te mejor que el que fran­ce­ses y bri­tá­ni­cos habían impues­to des­pués de la descolonización.

Al exten­der los cré­di­tos con­ce­sio­na­les (con unas con­di­cio­nes más gene­ro­sas y a más lar­go pla­zo) por un valor de 10.000 millo­nes de dóla­res en medio de la rece­sión mun­dial de 2009 a 2012, Chi­na com­pró una enor­me influen­cia sin dic­tar lite­ral­men­te las con­di­cio­nes has­ta el míni­mo deta­lle como hacen el FMI y el Ban­co Mun­dial. El pre­si­den­te chino Xi Jin­ping dupli­có el com­pro­mi­so de prés­ta­mos con­ce­sio­na­les a Áfri­ca de 10.000 millo­nes de dóla­res a 20.000 millo­nes de dóla­res en el perío­do 2013 – 2015, y el Export-Import Bank chino anun­ció un ambi­cio­so pro­gra­ma de finan­cia­ción de un billón de dóla­res para 2025, lo que podría ver­se redu­ci­do debi­do a la des­ace­le­ra­ción de la eco­no­mía chi­na en 2015.

Aun­que Áfri­ca supo­ne un por­cen­ta­je tan peque­ño de la inver­sión glo­bal chi­na, ha sido una de las prin­ci­pa­les bene­fi­cia­rias de la ayu­da exter­na. Los donan­tes de ayu­da siem­pre lo han uti­li­za­do como ins­tru­men­to y ven­ta­ja polí­ti­cos en todos los aspec­tos para influir no solo en las inver­sio­nes y la polí­ti­ca comer­cial del bene­fi­cia­rio de la ayu­da, sino tam­bién en la defen­sa y la polí­ti­ca exte­rior. Al pro­por­cio­nar diver­sos tipos de ayu­da a Áfri­ca, des­de la asis­ten­cia médi­ca y huma­ni­ta­ria has­ta el ali­vio de la deu­da y el desa­rro­llo, Chi­na está de hecho invir­tien­do en bue­na volun­tad tan­to diplo­má­ti­ca­men­te como eco­nó­mi­ca­men­te para la futu­ra cuo­ta de mer­ca­do que desea en África.

¿Pode­mos espe­rar de Chi­na lo que hemos vis­to por par­te de las empre­sas euro­peas y esta­dou­ni­den­ses en Áfri­ca des­de la déca­da de 1960? Des­de prin­ci­pios de esa déca­da has­ta hoy en día gran­des empre­sas extran­je­ras obtie­nen finan­cia­ción públi­ca para pro­yec­tos pri­va­dos que han sido poco ren­ta­bles en toda Áfri­ca. No obs­tan­te, las empre­sas extran­je­ras no arries­gan su pro­pio capi­tal por­que los cré­di­tos que reci­ben para finan­ciar sus ope­ra­cio­nes están garan­ti­za­dos por sus gobier­nos o ban­cos de desa­rro­llo, lo mis­mo que sus intere­ses y bene­fi­cios. Como la mayo­ría de las inver­sio­nes se hacen inva­ria­ble­men­te en la mine­ría y la agri­cul­tu­ra comer­cial con la impli­ca­ción de empre­sas como Mon­san­to, el gru­po Carly­le, Shell y otros gigan­tes de Wall Street y esta­dou­ni­den­ses, su obje­ti­vo es for­ta­le­cer el sec­tor de las expor­ta­cio­nes sacan­do ven­ta­ja de la mano de obra bara­ta sin que ello supon­ga mucho bene­fi­cio para la más amplia diver­si­fi­ca­ción eco­nó­mi­ca en un con­ti­nen­te deses­pe­ra­do por tener una mayor autosuficiencia.

Aun­que Chi­na ha segui­do este mode­lo, el hecho de cen­trar­se en desa­rro­llar las infra­es­truc­tu­ras en varios paí­ses afri­ca­nos tie­ne el poten­cial de esta­ble­cer las bases para una eco­no­mía sos­te­ni­ble diver­si­fi­ca­da y orien­ta­da al inte­rior. A fin de cuen­tas, Chi­na ha pro­por­cio­na­do ayu­da a escue­las y algu­nas fábri­cas tex­ti­les, pero a menu­do cali­fi­ca los prés­ta­mos de «ayu­da» y la mayo­ría de sus inver­sio­nes van a parar a paí­ses ricos en recur­sos naturales.

La inver­sión extran­je­ra en Áfri­ca en unas con­di­cio­nes que nin­gún país desa­rro­lla­do per­mi­ti­ría no está casi regu­la­da, con lo que supo­ne un dre­na­je de la rique­za de los recur­sos natu­ra­les. Al sufrir los valo­res labo­ra­les más bajos del pla­ne­ta, Áfri­ca atrae la inver­sión de capi­tal extran­je­ro por­que es la siguien­te fron­te­ra para obte­ner bene­fi­cios altos. Por otra par­te, el capi­tal extran­je­ro flu­ye por­que los nego­cios extran­je­ros exi­gen que los paí­ses afri­ca­nos pro­por­cio­nen finan­cia­ción local en for­ma de prés­ta­mos garan­ti­za­dos por el gobierno y con unas con­di­cio­nes muy gene­ro­sas que inclu­yen la repa­tria­ción de los bene­fi­cios, unas con­di­cio­nes libe­ra­les res­pec­to al medio ambien­te y una pro­tec­ción labo­ral mínima.

Según el Ban­co Mun­dial, que ha sido socio de Chi­na en muchos pro­yec­tos, entre los obje­ti­vos en Áfri­ca se inclu­ye: (i) ace­le­rar la indus­tria­li­za­ción y fabri­ca­ción; (ii) crear Zonas Eco­nó­mi­cas Espe­cia­les (ZEE) y par­ques indus­tria­les; (iii) infra­es­truc­tu­ra y logís­ti­ca comer­cial, inclui­da la inte­gra­ción regio­nal; (iv) crear con­di­cio­nes para ace­le­rar la inver­sión res­pon­sa­ble del sec­tor pri­va­do; (v) desa­rro­llo de com­pe­ten­cias para la com­pe­ti­ti­vi­dad y la crea­ción de empleo, y (vi) mejo­rar la pro­duc­ti­vi­dad agrí­co­la y ampliar las opor­tu­ni­da­des de la agroindustria.

Son unos obje­ti­vos ver­da­de­ra­men­te nobles y se podría argu­men­tar que todos los paí­ses en pro­ce­so de indus­tria­li­za­ción tuvie­ron que pade­cer, así que Áfri­ca tie­ne que hacer­lo, a pesar de su rela­ción excep­cio­nal con los paí­ses indus­tria­li­za­dos. Si ana­li­za­mos cada uno de los pun­tos ante­rio­res esbo­za­dos por el Ban­co Mun­dial, con­clui­mos que el obje­ti­vo en Áfri­ca es crear un cli­ma pro­pi­cio para la inver­sión de las empre­sas extran­je­ras en las mejo­res con­di­cio­nes posi­bles. No se dice nada sobre pro­tec­ción de los dere­chos de los tra­ba­ja­do­res, nego­cia­ción colec­ti­va, sala­rios dig­nos, vivien­das ade­cua­das ase­qui­bles, hos­pi­ta­les y escue­las, y, sobre todo, bajo un régi­men polí­ti­co que res­pe­te los dere­chos huma­nos y los dere­chos civi­les con­for­me a los prin­ci­pios de jus­ti­cia social. La úni­ca preo­cu­pa­ción de los inver­sio­nis­tas, los gobier­nos y las orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les que les asis­ten en Áfri­ca es la inver­sión en sí, no el bien­es­tar social, cul­tu­ral, eco­nó­mi­co y polí­ti­co de las personas.

Ter­ce­ra Par­te: la nue­va lucha por Áfri­ca, estu­pe­fa­cien­tes y trá­fi­co de seres humanos

Exis­te una ver­sión del siglo XXI de la «lucha por Áfri­ca», con­ti­nua­ción de lo que ini­cia­ron en el siglo XIX (1880−1912) los euro­peos que saquea­ron los recur­sos del con­ti­nen­te, explo­ta­ron sis­te­má­ti­ca­men­te a sus pue­blos, pro­vo­ca­ron gue­rras comu­na­les y regio­na­les, y des­tru­ye­ron su cul­tu­ra. Y todo ello invo­can­do el dar­wi­nis­mo social y otras teo­rías etno­cén­tri­cas, inclui­dos el etno­cen­tris­mo y el «excep­cio­na­lis­mo», para jus­ti­fi­car la hege­mo­nía blan­ca. El nue­vo asal­to de la carre­ra neo­co­lo­nial para repar­tir las lucra­ti­vas tie­rras cul­ti­va­bles de Áfri­ca, su rique­za mine­ral y los dere­chos de pes­ca den­tro de sus aguas terri­to­ria­les se extien­de tam­bién a su ubi­ca­ción geo­grá­fi­ca tan ade­cua­da para el comer­cio de cocaí­na sud­ame­ri­ca­na a tra­vés de Áfri­ca Occi­den­tal y el comer­cio de heroí­na y hachís a tra­vés de Áfri­ca Oriental.

Según el Ban­co Mun­dial (sep­tiem­bre de 2010), en los 11 pri­me­ros meses de 2009 se ven­die­ron más de 110 millo­nes de acres (el tama­ño de Cali­for­nia y Vir­gi­nia Orien­tal jun­tas) de tie­rras de cul­ti­vo. Se lle­vó a cabo en una carre­ra demen­te de inver­so­res extran­je­ros pri­va­dos y guber­na­men­ta­les para ase­gu­rar las tie­rras bara­tas (y la mano de obra para tra­ba­jar­las) y ello duran­te la rece­sión eco­nó­mi­ca más gra­ve del perio­do de post­gue­rra. Entre 1998 y 2008 el Ban­co Mun­dial pro­por­cio­nó 23.700 millo­nes de dóla­res para la agro­in­dus­tria de todo el mun­do, la mayo­ría en Áfri­ca, para pro­mo­ver lo que deno­mi­na «agri­cul­tu­ra efi­cien­te y sos­te­ni­ble». Ade­más de dete­rio­rar la agri­cul­tu­ra de sub­sis­ten­cia que man­tie­ne a las fami­lias, exis­te el corres­pon­dien­te dete­rio­ro de la pes­ca de sub­sis­ten­cia debi­do a la riva­li­dad de las ope­ra­cio­nes pes­que­ras comer­cia­les euro­peas y asiá­ti­cas en la cos­ta de Áfri­ca. Todo ello es par­te esen­cial del con­trol cor­po­ra­ti­vo de Áfri­ca con el apo­yo de los gobier­nos de los paí­ses capi­ta­lis­tas avan­za­dos y con el res­pal­do del FMI y de las agen­cias sub­si­dia­rias del Ban­co Mun­dial, como Cor­po­ra­ción Finan­cie­ra Inter­na­cio­nal (IFC, por sus siglas en inglés).

Se cal­cu­la que en 2010 la IFC invir­tió 100 millo­nes de dóla­res en agro­in­dus­tria en el Áfri­ca sub­saha­ria­na, en com­pa­ra­ción con solo 18 millo­nes de dóla­res al año en la déca­da ante­rior. Natu­ral­men­te, las inver­sio­nes de miles de millo­nes de dóla­res de la IFC y el Ban­co Mun­dial se cen­tran úni­ca­men­te en la agri­cul­tu­ra cor­po­ra­ti­va que des­pla­za a los peque­ños agri­cul­to­res. Ello a pesar del con­se­jo de los exper­tos de los paí­ses sub­saha­ria­nos que afir­ma­ron que el mejor uso de la tie­rra cul­ti­va­ble es dis­tri­buir­la a los habi­tan­tes de los pue­blos (unas 12 hec­tá­reas por fami­lia) y dar­les los medios para cul­ti­var­la para aca­bar con el ham­bre y gene­rar al mis­mo tiem­po un poten­cial supe­rá­vit para comer­ciar. La agro­in­dus­tria de pro­pie­dad extran­je­ra res­pal­da­da por sus gobier­nos y orga­ni­za­cio­nes finan­cie­ra inter­na­cio­na­les como la IFC pro­du­cen cul­ti­vos comer­cia­les para la expor­ta­ción mien­tras que la pobla­ción ori­gi­na­ria con­ti­núa sumi­da en la pobre­za. Hay que seña­lar que la ayu­da extran­je­ra a la agri­cul­tu­ra afri­ca­na cayó un 75 % des­de 1980, lo que pro­vo­có la nece­si­dad de inver­sión extran­je­ra pri­va­da en el sec­tor. Todo esto se pro­du­ce en nom­bre de pro­mo­ver las metas de pri­va­ti­za­ción que los neo­li­be­ra­les occi­den­ta­les fomen­tan en todo el mun­do con unas con­se­cuen­cias devas­ta­do­ras para las y los tra­ba­ja­do­res y campesinos.

En los últi­mos cien años la agri­cul­tu­ra en los paí­ses indus­tria­li­za­dos ha expe­ri­men­ta­do una revo­lu­ción cuyo resul­ta­do ha sido que solo un peque­ño sec­tor de la mano de obra se gana la vida con la agri­cul­tu­ra, la gana­de­ría y la pes­ca. La tec­no­lo­gía y la cien­cia apli­ca­das al sec­tor han aumen­ta­do la pro­duc­ción y han hecho que la agri­cul­tu­ra requie­ra menos mano de obra, del mis­mo modo que la espe­cia­li­za­ción y la con­cen­tra­ción han pro­vo­ca­do una mayor pro­duc­ti­vi­dad. La moder­ni­za­ción del sec­tor pri­ma­rio de la pro­duc­ción impli­ca que las gran­des ope­ra­cio­nes comer­cia­les en el sec­tor pri­ma­rio de la pro­duc­ción, apo­ya­das por polí­ti­cas guber­na­men­ta­les favo­ra­bles, se han apo­de­ra­do de este sec­tor que requie­re unos agro­quí­mi­cos y una maqui­na­ria caros, y una red de dis­tri­bu­ción para garan­ti­zar unos bene­fi­cios esta­bles. En el caso de Áfri­ca, solo las gran­des empre­sas comer­cia­les, inva­ria­ble­men­te extran­je­ras, pue­den ope­rar según este mode­lo de desa­rro­llo, lo que abo­ca a las y los peque­ños agri­cul­to­res y cam­pe­si­nos a la pobreza.

Con cada ciclo de rece­sión se deja sin acti­vi­dad a más peque­ños agri­cul­to­res de Áfri­ca y del mun­do mien­tras que los apo­lo­gis­tas neo­li­be­ra­les no solo en las salas de jun­tas cor­po­ra­ti­vas y los medios de comu­ni­ca­ción, sino en el gobierno y la ONU siguen elo­gian­do las ope­ra­cio­nes comer­cia­les a gran esca­la como pana­cea para el capi­ta­lis­mo. La tran­si­ción de la agri­cul­tu­ra de sub­sis­ten­cia a la agri­cul­tu­ra comer­cial pri­me­ro en Euro­pa Occi­den­tal y lue­go en Esta­dos Uni­dos libe­ró mano de obra exce­den­te para los sec­to­res manu­fac­tu­re­ros y de ser­vi­cios de la pro­duc­ción. Sin embar­go, en el caso de Áfri­ca no exis­te un sec­tor manu­fac­tu­re­ro o de ser­vi­cios lo sufi­cien­te­men­te gran­de como para absor­ber la mano de obra exce­den­te arran­ca­da a la agri­cul­tu­ra de sub­sis­ten­cia y la ganadería.

Los gobier­nos, los ban­cos y los eco­no­mis­tas de la corrien­te domi­nan­te asu­men que la agri­cul­tu­ra comer­cial en for­ma de agro­in­dus­tria es un desa­rro­llo nece­sa­rio de moder­ni­za­ción. Tam­bién asu­men que solo la agro­in­dus­tria a gran esca­la, que está sub­ven­cio­na­da por el gobierno y orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les como el Ban­co Mun­dial y la IFC, entre otros, pue­de satis­fa­cer la cre­cien­te deman­da de ali­men­tos en el mun­do y man­te­ner bajos los cos­tos. A fin de cuen­tas, la indus­tria manu­fac­tu­re­ra está a la vuel­ta de la esqui­na para Áfri­ca, aun­que pro­me­te ser el tipo de indus­tria manu­fac­tu­re­ra que hemos vis­to en Ban­gla­desh y otros paí­ses del sur de Asia, don­de el nivel de vida es muy bajo y las con­di­cio­nes de tra­ba­jo pésimas.

Dada la ten­den­cia hacia la agri­cul­tu­ra cor­po­ra­ti­va en los últi­mos quin­ce años, los gobier­nos y empre­sas pri­va­das de todo el mun­do han inver­ti­do en el Áfri­ca sub­saha­ria­na por­que las cor­po­ra­cio­nes bus­can el mayor ren­di­mien­to con la inver­sión más baja posi­ble en unas con­di­cio­nes que sean lo más favo­ra­bles posi­ble al capi­tal. Ade­más de la agro­in­dus­tria que cada vez adquie­re más tie­rras, los ban­cos, fon­dos de cober­tu­ra y de pen­sio­nes, comer­cian­tes de pro­duc­tos bási­cos, fun­da­cio­nes e inver­so­res indi­vi­dua­les han com­pra­do tie­rras como par­te de la car­te­ra de inver­sio­nes por valor de una media de 1 dólar por hec­tá­rea. Se tra­ta de un inten­to de sacar pro­ve­cho de una tie­rra y una mano de obra bara­tos en medio de una deman­da cada vez mayor de pro­duc­tos ali­men­ti­cios sin ela­bo­rar y de biocombustibles. 

La UE espe­ra redu­cir las emi­sio­nes de car­bono uti­li­zan­do al menos un 10 % de bio­com­bus­ti­ble de todos los pro­duc­tos com­bus­ti­bles para 2020. Esta­dos Uni­dos tie­ne el obje­ti­vo de redu­cir un 70 % su depen­den­cia exte­rior del petró­leo en los pró­xi­mos 15 años. Con la ayu­da del Ban­co Mun­dial y de la IFC, la UE y Esta­dos Uni­dos han con­si­de­ra­do Áfri­ca (más de 700 millo­nes de hec­tá­reas apro­pia­das para la agro­in­dus­tria) el con­ti­nen­te en el que inver­tir en bio­com­bus­ti­bles y ello en un momen­to en el que los euro­peos tam­bién con­si­de­ran Áfri­ca la pró­xi­ma fron­te­ra para la ener­gía solar. Amé­ri­ca Lati­na es tam­bién un obje­ti­vo para los bio­com­bus­ti­bles y otras inver­sio­nes agra­rias, pero Áfri­ca ofre­ce pers­pec­ti­vas aún más atrac­ti­vas en par­te debi­do al inte­rés ára­be y chino.

En la últi­ma déca­da India, Chi­na, Japón y los paí­ses ára­bes se han uni­do a la lucha del siglo XXI por Áfri­ca, en algu­nos casos por­que los gobier­nos están preo­cu­pa­dos por la con­ser­va­ción de los sue­los, el agua y los recur­sos natu­ra­les en sus pro­pios paí­ses. Los inver­so­res pri­va­dos y los gobier­nos están tra­tan­do agre­si­va­men­te de repar­tir­se las ricas tie­rras cul­ti­va­bles de Áfri­ca, ya que se espe­ra que en cuan­to ter­mi­ne la actual rece­sión aumen­te el cos­to de los pro­duc­tos agrí­co­las. Ara­bia Sau­dí ha des­ti­na­do 5.000 millo­nes de dóla­res en prés­ta­mos a bajo inte­rés a la agro­in­dus­tria sau­dí para inver­tir en paí­ses atrac­ti­vos des­de el pun­to de vis­ta agrí­co­la. Otra razón para la nue­va lucha por Áfri­ca se debe a lo que la Orga­ni­za­ción de la ONU para la Ali­men­ta­ción y la Agri­cul­tu­ra (FAO, por sus siglas en inglés) deno­mi­na «tie­rra de reser­va», áreas no cul­ti­va­das o infrautilizadas.

Los paí­ses desa­rro­lla­dos han uti­li­za­do Áfri­ca por sus mate­rias pri­mas y como con­su­mi­dor de pro­duc­tos manu­fac­tu­ra­dos impor­ta­dos y ser­vi­cios de nego­cios extran­je­ros, pero no como socios comer­cia­les casi igua­les como son Fran­cia y Ale­ma­nia. En vez de ello, Áfri­ca ha sido víc­ti­ma de tér­mi­nos comer­cia­les des­igua­les y del con­trol externo de sus sec­to­res extrac­ti­vos cla­ves. En pocas pala­bras, Áfri­ca con­ti­núa en una situa­ción semi­co­lo­nial y sigue depen­dien­do cada vez más de los paí­ses desa­rro­lla­dos para pro­duc­tos y ser­vi­cios sobre­va­lo­ra­dos, mien­tras expor­ta mate­rias pri­mas a unos pre­cios que deter­mi­nan los mer­ca­dos de pro­duc­tos bási­cos de Occi­den­te basán­do­se en el inte­rés especulativo.

Impre­sio­na favo­ra­ble­men­te la retó­ri­ca refe­ren­te al «desa­rro­llo sos­te­ni­ble» que los medios de comu­ni­ca­ción, los gobier­nos, el Ban­co Mun­dial e inclu­so las cor­po­ra­cio­nes pro­me­ten como si ese desa­rro­llo se tra­du­je­ra en jus­ti­cia social. A fin de cuen­tas, no solo las com­pa­ñías petro­le­ras que ope­ran en Nige­ria, sino inclu­so Volks­wa­gen (como demos­tró el fla­gran­te escán­da­lo de su mani­pu­la­ción de emi­sio­nes en octu­bre de 2015) ha pues­to repe­ti­da­men­te en evi­den­cia la hipo­cre­sía de la res­pon­sa­bi­li­dad cor­po­ra­ti­va res­pec­to al eco­sis­te­ma. El inten­to por par­te de la UE y Esta­dos Uni­dos del desa­rro­llar bio­com­bus­ti­bles en Áfri­ca y Amé­ri­ca Lati­na nada tie­ne que ver con el «desa­rro­llo sos­te­ni­ble», con gene­rar una mayor «auto­su­fi­cien­cia» o ayu­dar a «desa­rro­llar» de Áfri­ca, una retó­ri­ca que la ONU, el Ban­co Mun­dial, los gobier­nos y las cor­po­ra­cio­nes mul­ti­na­cio­na­les occi­den­ta­les uti­li­zan para hacer que sea más acep­ta­ble para el mun­do «la nue­va lucha por Áfri­ca». La retó­ri­ca es obli­ga­to­ria para apla­car a las masas y man­te­ner su con­fian­za en el mun­do corporativo.

¿Resol­ve­rán quie­nes viven en Áfri­ca los pro­ble­mas cró­ni­cos de la pobre­za y la enfer­me­dad a con­se­cuen­cia de la explo­ta­ción de la tie­rra y del tra­ba­jo para satis­fa­cer la deman­da de ali­men­tos y bio­com­bus­ti­bles de las nacio­nes occi­den­ta­les? Las nece­si­da­des ali­men­ta­rias de Áfri­ca se dupli­ca­rán en las pró­xi­mas dos o tres déca­das, un hecho que las empre­sas agrí­co­las extran­je­ras, los gobier­nos y IFC y el Ban­co Mun­dial están uti­li­zan­do para jus­ti­fi­car la comer­cia­li­za­ción de la agri­cul­tu­ra de pro­pie­dad extran­je­ra. En el pro­ce­so de robo neo­co­lo­nial de tie­rras han sido fre­cuen­tes los des­alo­jos de cam­pe­si­nos y peque­ños agri­cul­to­res, el des­arrai­go de aldeas ente­ras, los dis­tur­bios civi­les y que­jas de los ciu­da­da­nos por el «robo de tie­rras». Las pro­tes­tas debi­das a la injus­ti­cia social no impi­den a los gobier­nos apro­bar nego­cios agro­in­dus­tria­les res­pal­da­dos por fuer­zas pode­ro­sas. Una jus­ti­fi­ca­ción común para la nue­va lucha por Áfri­ca es que los terri­to­rios adqui­ri­dos no se uti­li­zan o son «tie­rras bal­días». A menu­do los gobier­nos no cobran a la agro­in­dus­tria el agua que uti­li­za. Por ejem­plo, una sola agro­in­dus­tria per­te­ne­cien­te a un inver­sio­nis­ta ára­be en Etio­pía uti­li­za tan­ta agua como 100.000 per­so­nas. El agua, por supues­to, es el bien más pre­cia­do en muchas par­tes de Áfri­ca. Esta es la reali­dad de la agro­in­dus­tria y su papel en la Áfri­ca Orien­tal aso­la­da por la sequía.

Una razón del aumen­to de la eco­no­mía infor­mal, en la que se inclu­yen des­de las esta­tuas de made­ra talla­das a mano has­ta la cocaí­na de Colom­bia y la heroí­na de Afga­nis­tán que uti­li­zan Áfri­ca Occi­den­tal y Orien­tal como cen­tros antes de enviar el pro­duc­to a Euro­pa, es que ha fra­ca­sa­do el mode­lo neo­li­be­ral de desa­rro­llo. De hecho, ha fra­ca­sa­do tan mise­ra­ble­men­te que los jóve­nes afri­ca­nos empo­bre­ci­dos se unen a gru­pos rebel­des que se ins­pi­ran en el islam radi­cal o en la leal­tad comu­ni­ta­ria. Al mis­mo tiem­po, la com­bi­na­ción de acti­vi­dad rebel­de y vio­len­cia uni­da tan­to a los estu­pe­fa­cien­tes como al trá­fi­co de seres huma­nos y de armas, vin­cu­la­dos tam­bién al islam radi­cal y a las leal­ta­des tri­ba­les en algu­nos casos, es un refle­jo de un sis­te­ma neo­co­lo­nial, inde­pen­dien­te­men­te de las nobles afir­ma­cio­nes por par­te de los gobier­nos occi­den­ta­les, las ONG, los medios de comu­ni­ca­ción, la ONU y el Ban­co Mun­dial de que velan por los intere­ses de las per­so­nas africanas.

El trá­fi­co de estu­pe­fa­cien­tes en África

Los pro­ble­mas estruc­tu­ra­les de Áfri­ca han con­tri­bui­do a un flo­re­cien­te trá­fi­co de estu­pe­fa­cien­tes a tra­vés de las zonas occi­den­tal y orien­tal debi­do a con­si­de­ra­cio­nes geo­grá­fi­cas. Dado que en los paí­ses sub­saha­ria­nos el por­cen­ta­je de mano de obra que se dedi­ca a la agri­cul­tu­ra, la gana­de­ría y la pes­ca osci­la entre el 50 % y el 75 %, el resul­ta­do de la agro­in­dus­tria es crear un mayor por­cen­ta­je de tra­ba­ja­do­res asa­la­ria­dos en vez de dedi­car­se a la eco­no­mía de sub­sis­ten­cia. Un por­cen­ta­je de esta pobla­ción deci­di­rá ganar­se la vida con acti­vi­da­des ile­ga­les (trá­fi­co de seres huma­nos, armas y nar­có­ti­cos), otras per­so­nas con la pira­te­ría y otras con el prós­pe­ro nego­cio de la pros­ti­tu­ción de ado­les­cen­tes que dis­po­ne de mer­ca­do en todo el mundo.

Todo ello es una par­te esen­cial de una eco­no­mía infor­mal que según el Ban­co Afri­cano de Desa­rro­llo con­tri­bu­ye en un 55 % al PIB en la región sub­saha­ria­na y equi­va­le al 80 % de la mano de obra. «Nue­ve de cada diez tra­ba­ja­do­res rura­les y urba­nos tie­ne tra­ba­jos infor­ma­les en Áfri­ca y la mayo­ría de las per­so­nas emplea­das son muje­res y jóve­nes. La impor­tan­cia del sec­tor infor­mal en la mayo­ría de las eco­no­mías afri­ca­nas pro­vie­ne de las opor­tu­ni­da­des que ofre­ce a las pobla­cio­nes más vul­ne­ra­bles, como las per­so­nas más pobres, las muje­res y los jóvenes».

Des­de hace años la Ofi­ci­na de las Nacio­nes Uni­das con­tra la Dro­ga y el Deli­to (UNODOC, por sus siglas en inglés) advier­te que varios paí­ses de Áfri­ca Orien­tal y Occi­den­tal están inmer­sos actual­men­te en el trá­fi­co de dro­gas inten­cio­nal, una reali­dad que tie­ne con­se­cuen­cias en la acti­vi­dad cri­mi­nal y en la eco­no­mía y la polí­ti­ca sumer­gi­das en gene­ral. Como el trá­fi­co de dro­gas es tan lucra­ti­vo, los ingre­sos que gene­ra a menu­do son mayo­res que todo el PIB de algu­nos paí­ses afri­ca­nos. Es el caso de Gui­nea Bis­sau, don­de el trá­fi­co de cocaí­na supo­ne más de 2.000 millo­nes de dóla­res y don­de los crí­me­nes vio­len­tos en esta anti­gua colo­nia por­tu­gue­sa han ido aumen­tan­do de mane­ra cons­tan­te. La situa­ción no es muy dife­ren­te en Sene­gal, don­de el aero­puer­to de Dakar se uti­li­za para trans­por­tar cocaí­na de Amé­ri­ca Lati­na a Europa. 

Mien­tras Áfri­ca Occi­den­tal es un cen­tro para la cocaí­na de Colom­bia y Perú, Áfri­ca Orien­tal es un cen­tro para la heroí­na y el hachís pro­ve­nien­tes del sudes­te y sudoes­te de Asia por aire y por mar, a menu­do en bar­cos que trans­por­tan artícu­los lega­les y que a menu­do son pro­pie­dad de mag­na­tes euro­peos del trans­por­te marí­ti­mo y, por supues­to, de los ban­cos euro­peos para lavar el dine­ro de la dro­ga. Varios mag­na­tes grie­gos del trans­por­te marí­ti­mo han esta­do vin­cu­la­dos al trá­fi­co ile­gal de estu­pe­fa­cien­tes en Áfri­ca, pero inva­ria­ble­men­te tie­ne rela­cio­nes euro­peas para la dis­tri­bu­ción y el lava­do de enor­mes can­ti­da­des de dine­ro dado que el valor que la dro­ga tie­ne en la calle es 20 veces mayor que su valor ori­gi­nal cuan­do el pro­duc­to lle­ga a África.

Aun­que pue­da pare­cer que el trá­fi­co de dro­gas está al mar­gen de la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca domi­nan­te, en reali­dad ope­ra con las mis­mas leyes del capi­ta­lis­mo y en la prác­ti­ca según ruti­nas simi­la­res. Se apli­can las leyes de la ofer­ta y la deman­da, lo mis­mo que la coope­ra­ción del gobierno, si bien es cier­to que a un nivel secun­da­rio de ile­ga­li­dad por medio de un soborno que no es dife­ren­te de los sobor­nos que una cor­po­ra­ción mul­ti­na­cio­nal paga a los fun­cio­na­rios. Por otra par­te, de la mis­ma mane­ra que la indus­tria extrac­ti­va dre­na el capi­tal de Áfri­ca tam­bién lo hace el trá­fi­co de estu­pe­fa­cien­tes. De hecho, quie­nes están invo­lu­cra­dos en este nego­cio son hom­bres de nego­cios que ope­ran con un pro­duc­to ile­gal, pero que obser­van todas las demás reglas del mer­ca­do den­tro del cual ope­ran y no hace dis­tin­ción entre el dine­ro de la dro­ga y el dine­ro cor­po­ra­ti­vo. Lo esen­cial para Áfri­ca es que tan­to los nego­cios cor­po­ra­ti­vos como los de la dro­ga aca­ban sacan­do el capi­tal de la zona y dejan atrás todos los pro­ble­mas socia­les y políticos.

El pro­ce­so de des­ca­pi­ta­li­za­ción, espe­cial­men­te en medio de ciclos de rece­sión en la eco­no­mía mun­dial, como en el actual caso de bajos pre­cios de los pro­duc­tos bási­cos, no hace sino aumen­tar los pro­ble­mas pro­vo­ca­dos por la eco­no­mía infor­mal, que es una mera exten­sión de la eco­no­mía gene­ral, depen­dien­te y orien­ta­da hacia el exte­rior, y un rema­nen­te colo­nial que da lugar a acti­vi­da­des ile­ga­les. El Áfri­ca Orien­tal situa­da en torno al Gol­fo de Aden ya es el cen­tro de la pira­te­ría mun­dial y ello ade­más del comer­cio de armas y de seres huma­nos. Se tra­fi­ca ile­gal­men­te todo, des­de artícu­los de arte­sa­nía ile­ga­les a dia­man­tes y oro. Áfri­ca Occi­den­tal se está trans­for­man­do poco a poco en el nue­vo cen­tro mun­dial para los nar­co­tra­fi­can­tes sud­ame­ri­ca­nos. Gui­nea, Mau­ri­ta­nia, Gui­nea Bis­sau, Gha­na, Benin, Sie­rra Leo­na y Sene­gal son algu­nos de los prin­ci­pa­les paí­ses inter­me­dia­rios del nar­co­trá­fi­co vin­cu­la­dos al comer­cio de coca de Colom­bia y Venezuela.

El trá­fi­co de dro­gas no sería posi­ble sin la coope­ra­ción ofi­cial, todo el mun­do des­de los fun­cio­na­rios de adua­nas, las auto­ri­da­des por­tua­rias, la poli­cía, el ejér­ci­to y la mari­na has­ta los altos car­gos del gobierno. En resu­men, el comer­cio de dro­gas en Áfri­ca es una par­te esen­cial del sis­te­ma polí­ti­co y de la eco­no­mía infor­mal que goza de la pro­tec­ción de una amplia varie­dad de acto­res, lo que hace que el trans­por­te sea poco arries­ga­do en com­pa­ra­ción con el Cari­be. En la últi­ma déca­da ha aumen­ta­do la acti­vi­dad con Rusia como un nue­vo actor en el trá­fi­co inter­na­cio­nal de dro­gas y los oli­gar­cas detrás del régimen.

Duran­te la cam­pa­ña «Just say No!» [¡Sim­ple­men­te di no!»] de la era Reagan Esta­dos Uni­dos tenía el mayor con­su­mo de dro­ga per cápi­ta (la pobla­ción esta­dou­ni­den­se era apro­xi­ma­da­men­te el 4 % [de la pobla­ción mun­dial], pero con­su­mía entre el 25 % y el 40 % de las dro­gas ile­ga­les del mun­do) y esto no quie­re decir que en Esta­dos Uni­dos una píl­do­ra legal que cure mila­gro­sa­men­te todo no sea esen­cial­men­te una carac­te­rís­ti­ca cul­tu­ral. Sin embar­go, actual­men­te tan­to Rei­no Uni­do como Espa­ña supe­ran a Esta­dos Uni­dos en el con­su­mo per cápi­ta de cocaí­na y ambos paí­ses jun­to con Por­tu­gal y Fran­cia son los prin­ci­pa­les des­ti­nos de la coca pro­ve­nien­te de Amé­ri­ca Lati­na a tra­vés de Áfri­ca Occidental.

Los casos de los que se tie­ne cono­ci­mien­to pare­cen indi­car que Soma­lia, actual­men­te en el pro­ce­so de esta­ble­cer una auto­ri­dad cen­tral, es anfi­trio­na de tran­sac­cio­nes ile­ga­les gene­ra­li­za­das, inclui­dos el trá­fi­co de dro­gas y de armas. Hay dos impor­tan­tes aero­puer­tos inter­na­cio­na­les en la zona, que pres­tan ser­vi­cios a las capi­ta­les de Etio­pía y Kenia, paí­ses que se uti­li­zan como pun­tos de trán­si­to para las dro­gas. Ambos aero­puer­tos tie­nen cone­xio­nes entre Áfri­ca Occi­den­tal y los paí­ses pro­duc­to­res de heroí­na en el sur­oes­te y sur­es­te de Asia. Tam­bién se usan cada vez más los ser­vi­cios pos­ta­les y de men­sa­je­ría para la cocaí­na, la heroí­na y el hachís.

El trá­fi­co de heroí­na des­de Pakis­tán, Tai­lan­dia e India a Áfri­ca Orien­tal ha aumen­ta­do en las dos últi­mas déca­das. Par­te de esta heroí­na lle­ga a Áfri­ca Occi­den­tal, que tam­bién la expor­ta a Ugan­da, Tan­za­nia y Kenia a tra­vés de Etio­pía. Dadas las limi­ta­das opcio­nes en la eco­no­mía for­mal cada vez más tan­za­nos y mozam­bi­que­ños par­ti­ci­pan en el trá­fi­co de heroí­na de Pakis­tán e Irán. Los sin­di­ca­tos de nar­co­tra­fi­can­tes de Áfri­ca Occi­den­tal y Áfri­ca Orien­tal están rela­cio­na­dos entre sí y tam­bién con con­tra­ban­dis­tas de Amé­ri­ca Lati­na y Asia del Sur, lo que refle­ja un alto nivel de organización.

Tenien­do en cuen­ta que las empre­sas mul­ti­na­cio­na­les, des­de Shell Oil a Sie­mens, tie­nen un lar­go his­to­rial de sobor­nos a fun­cio­na­rios afri­ca­nos y no afri­ca­nos, el modo de ope­rar de los nar­co­tra­fi­can­tes no es dife­ren­te del de los nego­cios «legí­ti­mos». Y si se pre­sen­ta la opor­tu­ni­dad de ganar­se la vida, ¿por qué el «dine­ro sucio» ha de ser menos valio­so que «dine­ro lim­pio», que pare­ce ser menos de 500 dóla­res al año para la mayo­ría de los afri­ca­nos? A juz­gar por las rece­sio­nes de post­gue­rra, cuan­do el ingre­so per cápi­ta des­cen­dió has­ta el 50 %, esto sig­ni­fi­ca que en la cri­sis actual Áfri­ca no solo sufri­rá un mayor empo­bre­ci­mien­to que el res­to del mun­do, sino que sus pro­ble­mas eco­nó­mi­cos pro­vo­ca­rán más con­flic­tos entre comu­ni­da­des y étni­cos, más epi­de­mias, más emi­gra­ción den­tro y fue­ra del con­ti­nen­te, y más agi­ta­ción polí­ti­ca de lo que pue­de espe­rar cual­quier nación desarrollada.

Este cli­ma es ideal para que haya más pira­te­ría, más trá­fi­co de armas y estu­pe­fa­cien­tes, más trá­fi­co de seres huma­nos, y todo ello como par­te del lega­do colo­nial y neo­co­lo­nial de una eco­no­mía orien­ta­da al exte­rior que bene­fi­cia a los paí­ses desa­rro­lla­dos. Aun­que a cor­to pla­zo el con­ti­nen­te nece­si­ta ali­viar de la car­ga de la deu­da y ayu­da para desa­rro­lla­se, para una peque­ña par­te de jóve­nes afri­ca­nos des­em­plea­dos e indi­gen­tes la solu­ción son las dro­gas, las armas y la tra­ta de seres huma­nos que gene­ran dine­ro, aun­que la mayor par­te de ese dine­ro no se que­da en la zona y crea una vio­len­cia que per­tur­ba la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca legítima.

Con­clu­sio­nes

El teji­do social de nue­vo tras­to­ca­do por «la nue­va lucha por Áfri­ca» y la con­ti­nua ines­ta­bi­li­dad polí­ti­ca garan­ti­zan el aumen­to de la delin­cuen­cia y del males­tar social. Resul­ta sor­pren­den­te que las mis­mas ins­ti­tu­cio­nes que con­tri­bu­yen a la devas­ta­ción de Áfri­ca afir­men actuar en nom­bre del pro­gre­so, el desa­rro­llo sos­te­ni­ble y la efi­cien­cia, afir­men ayu­dar a aumen­tar la pro­duc­ti­vi­dad y las expor­ta­cio­nes, a crear empleos median­te la inver­sión extran­je­ra, etc. Es decir, la ver­sión moder­na de «la car­ga del hom­bre blanco».

La retó­ri­ca «polí­ti­ca­men­te acep­ta­ble» de la «efi­ca­cia y la sos­te­ni­bi­li­dad» ha dado como resul­ta­do un sec­tor agra­rio orien­ta­do al exte­rior que abas­te­ce a los mer­ca­dos extran­je­ros en vez de una eco­no­mía orien­ta­da al inte­rior dise­ña­da para satis­fa­cer las nece­si­da­des ali­men­ta­rias de una pobla­ción que aumen­ta rápi­da­men­te. En el siglo XVI los agri­cul­to­res en Ingla­te­rra se pasa­ron a la gana­de­ría debi­do a la cre­cien­te deman­da de tex­ti­les de lana. Los cam­pe­si­nos se morían de ham­bre mien­tras aumen­ta­ba el cos­te del grano, así que «las ove­jas se comían a la gen­te». En este siglo «la agro­in­dus­tria se come­rá a los africanos».

Quie­nes defien­den la agro­in­dus­tria lo jus­ti­fi­can con dife­ren­tes argu­men­tos, entre los que se inclu­ye que «nin­gún país se ha desa­rro­lla­do» con dos ter­ce­ras par­tes de su mano de obra vivien­do de la tie­rra y depen­dien­te de las indus­trias extrac­ti­vas. Es una intere­san­te coin­ci­den­cia que así como el Áfri­ca sub­saha­ria­na ha sido el obje­ti­vo de los seño­res de la dro­ga en los últi­mos años, tam­bién es el obje­ti­vo de los inver­so­res en gran­jas cor­po­ra­ti­vas cuyo modo de ope­rar es uti­li­zar tie­rra y mano de obra bara­tas, y a fun­cio­na­rios públi­cos corrup­tos para aten­der las deman­das del mer­ca­do externo. La pobre­za rural aumen­ta­rá a con­se­cuen­cia de la inver­sión de empre­sas extran­je­ras en la agri­cul­tu­ra afri­ca­na. ¿El resul­ta­do de la «nue­va lucha por Áfri­ca» por par­te de inver­so­res cor­po­ra­ti­vos y seño­res de la dro­ga será la eli­mi­na­ción de ham­bru­nas y enfer­me­da­des, y un aumen­to del nivel de vida de la pobla­ción nati­va, o será otra for­ma de neo­co­lo­nia­lis­mo en nom­bre del progreso?

Uti­li­zan­do el pre­tex­to de «terro­ris­mo», un movi­mien­to gue­rri­lle­ro bajo la ban­de­ra de los yiha­dis­tas en los últi­mos años, los regí­me­nes occi­den­ta­les y pro occi­den­ta­les acha­ca­ron todos los pro­ble­mas a estos faná­ti­cos en Nige­ria, Chad, Sudán, Soma­lia, Kenia, Níger, Came­rún, Ugan­da y Mau­ri­ta­nia. En otras pala­bras, Esta­dos Uni­dos y sus socios euro­peos hacen creer a la opi­nión públi­ca que duran­te déca­das, cuan­do no había yiha­dis­tas islá­mi­cos, el Áfri­ca sub­saha­ria­na bajo el domi­nio colo­nial y neo­co­lo­nial dis­fru­ta­ba de jus­ti­cia social y movi­li­dad social ascen­den­te bajo regí­me­nes demo­crá­ti­cos. Aún más insul­tan­te es la suge­ren­cia de que los mili­tan­tes islá­mi­cos son la cau­sa y no el sín­to­ma de la explo­ta­ción occi­den­tal de Áfri­ca y que el con­ti­nen­te no ten­dría pro­ble­mas si se eli­mi­na­ran. Por con­tra­pro­du­cen­te que haya sido la gue­rra yiha­dis­ta, e inú­til en con­se­guir sus obje­ti­vos, no es la cau­sa sino un sín­to­ma más de la estruc­tu­ra neo­im­pe­ria­lis­ta en el con­ti­nen­te, des­de Libia a Sudá­fri­ca, des­de Nige­ria a Kenia.

Ade­más de acha­car los pro­ble­mas de Áfri­ca al «terro­ris­mo» islá­mi­co, tam­bién hay quie­nes defien­den la teo­ría neo­mal­thu­sia­na, dema­sia­das per­so­nas y muy pocos recur­sos, en vez de una dis­tri­bu­ción des­igual de los ingre­sos. Es cier­to que la sequía es un desas­tre natu­ral cícli­co en par­tes de Áfri­ca orien­tal y meri­dio­nal y, en gene­ral, tam­bién es un pro­ble­ma en otro luga­res. Sin embar­go, ¿la sequía jus­ti­fi­ca el mal­thu­sia­nis­mo y expli­ca los obs­tácu­los estruc­tu­ra­les al desa­rro­llo afri­cano? Esto no quie­re decir que no sea desea­ble una for­ma de con­trol de la pobla­ción, pero esto es una cues­tión de recur­sos y edu­ca­ción de la pobla­ción en general.

La úni­ca solu­ción para los afri­ca­nos es unir­se y orga­ni­zar se a nivel de movi­mien­to de base para poner fin a la explo­ta­ción racis­ta neo­co­lo­nial ya sea en for­ma de eco­no­mía for­mal basa­da en las expor­ta­cio­nes mine­ras y agrí­co­las o en la de la eco­no­mía infor­mal, que inclu­ye el nar­co­trá­fi­co. El tra­ba­jo por el desa­rro­llo sos­te­ni­ble solo pue­de pro­ve­nir de los movi­mien­tos indí­ge­nas que pri­me­ro cam­bien los regí­me­nes polí­ti­cos depen­dien­tes del exte­rior y lue­go se com­pro­me­tan a cam­biar el orden social, lo que engen­dra­ría cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co en un mode­lo orien­ta­do al inte­rior. Tenien­do en cuen­ta los pro­fun­dos anta­go­nis­mos étni­cos his­tó­ri­cos en Áfri­ca de los que en par­te son cul­pa­bles los occi­den­ta­les y los aún más sóli­dos cimien­tos neo­co­lo­nia­les occi­den­ta­les, es alta­men­te impro­ba­ble la posi­bi­li­dad de que nada de esto ten­ga lugar en las pró­xi­mas déca­das. Áfri­ca segui­rá sien­do el con­ti­nen­te de las con­tra­dic­cio­nes, con las per­so­nas más pobres del mun­do, pero algu­nos de los recur­sos natu­ra­les más ricos del mundo.

Jon V. Kofas

20 de abril de 2017

Fuen­te: https://​www​.pam​ba​zu​ka​.org/​h​u​m​a​n​-​s​e​c​u​r​i​t​y​/​a​f​r​i​c​a​-​2​1​s​t​-​c​e​n​t​u​r​y​-​l​e​g​a​c​y​-​i​m​p​e​r​i​a​l​i​s​m​-​a​n​d​-​d​e​v​e​l​o​p​m​e​n​t​-​p​r​o​s​p​e​cts

[Tra­du­ci­do del inglés para Rebe­lión por Bea­triz Mora­les Bastos.]

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