La izquier­da en el Club Val­dai de Mos­cú: «Por una izquier­da glo­bal antiimperialista»

El siguien­te docu­men­to fue pre­sen­ta­do en la recien­te reu­nión del Club Val­dai, el prin­ci­pal think tank de Rusia. Crea­do por la eli­te polí­ti­ca del país euro­asiá­ti­co su influen­cia pue­de lle­gar a deter­mi­nar las líneas estra­té­gi­cas del gobierno de Putin. El Club Val­dai es el equi­va­len­te ruso del Foro de Davos en Occi­den­te y aun­que ori­gi­nal­men­te estu­vo diri­gi­do por una suer­te de pen­sa­mien­to cen­tro-libe­ral, des­de la gue­rra en Ucra­nia ha dado tri­bu­na a per­so­na­li­da­des de la izquier­da de dife­ren­tes luga­res del mundo…

Intro­duc­ción

El capi­tal está orga­ni­za­do glo­bal­men­te, la cla­se tra­ba­ja­do­ra no. Mien­tras las poten­cias de la OTAN, lide­ra­das por Esta­dos Uni­dos, inten­si­fi­can el con­flic­to ucra­niano has­ta con­ver­tir­lo en una nue­va gue­rra mun­dial; este des­equi­li­brio catas­tró­fi­co a favor del capi­tal se ha vuel­to into­le­ra­ble. Este docu­men­to pre­sen­ta los argu­men­tos a favor de una izquier­da anti­im­pe­ria­lis­ta glo­bal, que repre­sen­te a la gen­te corrien­te com­pro­me­ti­da con un orden mun­dial mul­ti­po­lar jus­to y pací­fi­co. Esto ser­vi­rá tan­to a los intere­ses nacio­na­les de cada país como al inte­rés gene­ral de la humanidad.

Nos basa­mos en una eva­lua­ción his­tó­ri­ca de la últi­ma orga­ni­za­ción de este tipo, la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta o Comin­tern, fun­da­da en 1919 y disuel­ta en 1943, y tam­bién en sus dos pre­de­ce­so­ras, la Inter­na­cio­nal Obre­ra o «Pri­me­ra Inter­na­cio­nal», fun­da­da en 1864 y disuel­ta en 1872, y la Segun­da o «Inter­na­cio­nal Socia­lis­ta», fun­da­da en 1889 y disuel­ta en 1914.

La Comin­tern, ter­ce­ra ten­ta­ti­va de orga­ni­za­ción mun­dial úni­ca de la cla­se obre­ra, es tan­to hija de la pri­me­ra como de la segunda.

La Comin­tern, el ter­cer inten­to de una orga­ni­za­ción mun­dial úni­ca de la cla­se obre­ra, fue tan hija de la his­tó­ri­ca revo­lu­ción de 1917 como de la Unión Sovié­ti­ca. Muchos rusos, inclui­do el pre­si­den­te Vla­di­mir Putin, han reca­pa­ci­ta­do sobre el gra­ve error de haber disuel­to la URSS; hoy tam­bién es hora de reeva­luar la deci­sión de aban­do­nar el pro­yec­to de una orga­ni­za­ción inter­na­cio­nal de los trabajadores.

Nues­tro posi­ción es con­tro­ver­ti­da por­que en Occi­den­te los par­ti­dos que se iden­ti­fi­can con «la izquier­da», enca­be­za­dos por el Par­ti­do Demó­cra­ta de Esta­dos Uni­dos, que dice ser de izquier­da, apo­yan casi uná­ni­me­men­te la gue­rra por pro­cu­ra­ción diri­gi­da por Esta­dos Uni­dos con­tra Rusia. La con­fu­sión aumen­ta por­que muchos gobier­nos de dere­chas, como India, Ara­bia Sau­dí y Tur­quía, se opo­nen acti­va­men­te a las san­cio­nes, pro­mue­ven rela­cio­nes comer­cia­les alter­na­ti­vas a las impues­tas por Esta­dos Uni­dos e insis­ten en que se ten­gan debi­da­men­te en cuen­ta las legí­ti­mas preo­cu­pa­cio­nes de Rusia en mate­ria de seguridad.

Esto ha lle­va­do a nume­ro­sos miem­bros del sec­tor nacio­na­lis­ta ruso a con­cluir que los intere­ses de su país requie­ren alian­zas con par­ti­dos de la dere­cha occi­den­tal –en par­ti­cu­lar con el sec­tor trum­pis­ta del Par­ti­do Repu­bli­cano. Al con­tra­rio, los lla­ma­dos par­ti­dos «de izquier­das» occi­den­ta­les jus­ti­fi­can su apo­yo a la gue­rra de la OTAN como nece­sa­rio para derro­tar a las fuer­zas de dere­chas, entre las que inclu­yen al actual Gobierno ruso.

¿Qué es exac­ta­men­te la izquierda?

Ni la evi­den­cia ni la lógi­ca apo­yan nin­guno de estos pun­tos de vis­ta. La fuen­te de la con­fu­sión es una fal­sa con­cep­ción de lo que es la «izquier­da».

El nazis­mo, fuer­za de ultra­de­re­cha, fue el enemi­go jura­do del pue­blo ruso; mató a más de vein­te millo­nes de ciu­da­da­nos sovié­ti­cos en la Gran Gue­rra Patria. Ade­más, como reco­no­cen los pro­pios diri­gen­tes rusos, en la actua­li­dad el fas­cis­mo ban­de­ris­ta es el prin­ci­pal sos­tén del régi­men de Kiev, con tro­pas de cho­que como el bata­llón Azov que enca­be­zan el ata­que de la OTAN. No tie­ne sen­ti­do inten­tar derro­tar al fas­cis­mo alián­do­se con sus afines.

Pero la posi­ción de la «izquier­da» occi­den­tal care­ce igual­men­te de sen­ti­do. Según los auto­res pro-esta­dou­ni­den­ses Kelly y Lay­cock (2015), Esta­dos Uni­dos «ha inva­di­do» casi la mitad de los paí­ses y se ha invo­lu­cra­do mili­tar­men­te con dife­ren­tes gra­dos de inje­ren­cia en el res­to de nacio­nes del mun­do (con las solas excep­cio­nes de Ando­rra, Bután y Liech­tens­tein»). La idea de que cons­ti­tu­yen una fuer­za para la paz y la jus­ti­cia, o que la izquier­da pue­de bene­fi­ciar­se de una vic­to­ria de los que han sido el prin­ci­pal enemi­go de los pue­blos, en todas las bata­llas moder­nas –des­de Viet­nam has­ta Vene­zue­la– desa­fía la razón más elemental.

¿Qué es, en reali­dad, la izquier­da? His­tó­ri­ca­men­te, sur­gió de la Revo­lu­ción Fran­ce­sa, duran­te la cual se for­ma­ron par­ti­dos y movi­mien­tos socia­les defi­ni­dos por las cla­ses cuyos intere­ses repre­sen­ta­ban. En res­pues­ta a la dere­cha, que defen­día a las cla­ses pro­pie­ta­rias, la izquier­da creó par­ti­dos popu­la­res. En cam­bio, hoy los par­ti­dos de izquier­da en Occi­den­te son par­ti­dos del Esta­do capi­ta­lis­ta. Ya no tie­ne sen­ti­do lla­mar­los de izquierda.

¿Qué fue el comunismo?

Los auto­res de la pro­pa­gan­da anti­rru­sa y anti­chi­na pre­sen­tan el comu­nis­mo y el fas­cis­mo como dos caras de la mis­ma mone­da. Cuan­do se les cues­tio­na, recu­rren al argu­men­to de que el comu­nis­mo moderno, en par­ti­cu­lar el de la URSS, sus­ti­tu­yó el ideal ori­gi­nal por algún tipo de dis­tor­sión mons­truo­sa. Es nece­sa­ria una revi­sión jus­ta de los logros y fra­ca­sos de la izquier­da, pero no es correc­to empe­zar con esa cari­ca­tu­ra de sus enemi­gos jura­dos. Tras exa­mi­nar las ideas de sus fun­da­do­res, debe­ría­mos con­si­de­rar la evo­lu­ción his­tó­ri­ca de los movi­mien­tos que sur­gie­ron de ella.

La pri­me­ra cues­tión es el sig­ni­fi­ca­do de la pala­bra «comu­nis­ta». Uti­li­za­da por pri­me­ra vez por Marx y Engels, fue más tar­de adop­ta­da por la Comin­tern y hoy siguen lla­mán­do­se comu­nis­tas los par­ti­dos gober­nan­tes en Chi­na, Cuba y Viet­nam. Este tér­mino vili­pen­dia­do en Occi­den­te es vis­to con rece­lo y des­con­fian­za inclu­so en Rusia, el pri­mer Esta­do del mun­do diri­gi­do por los comunistas.

Para algu­nos este es el talón de Aqui­les tan­to de Rusia como de la autén­ti­ca izquier­da. Vea­mos: la narra­ti­va occi­den­tal del cam­bio de régi­men se cen­tra en la afir­ma­ción de que Rusia no tie­ne una heren­cia moder­na legí­ti­ma. No esta­mos de acuer­do. Cual­quier nación que quie­ra tener futu­ro debe recon­ci­liar­se con su pasa­do. Por tan­to, debe­ría­mos vol­ver al ver­da­de­ro ori­gen del tér­mino: el Mani­fies­to del Par­ti­do Comunista.

En pri­mer lugar, el comu­nis­mo del Mani­fies­to no expre­sa­ba un radi­ca­lis­mo eco­nó­mi­co extre­mo. Marx y Engels no inten­ta­ban intro­du­cir inme­dia­ta­men­te un ideal socia­lis­ta, y el pro­gra­ma eco­nó­mi­co del Mani­fies­to tie­ne un carác­ter limi­ta­do, casi key­ne­siano. Lo que real­men­te lo dis­tin­gue es su enfo­que del poder:

El pri­mer paso en el camino hacia la revo­lu­ción obre­ra es que el pro­le­ta­ria­do se eri­ja en cla­se domi­nan­te para ganar la bata­lla por la demo­cra­cia… El pro­le­ta­ria­do uti­li­za­rá su poder polí­ti­co para arre­ba­tar poco a poco todo el capi­tal a la bur­gue­sía, para cen­tra­li­zar todos los ins­tru­men­tos de pro­duc­ción a manos del Esta­do, es decir, del pro­le­ta­ria­do orga­ni­za­do como cla­se domi­nan­te; y para mul­ti­pli­car cuan­to antes las fuer­zas pro­duc­ti­vas. (Marx y Engels 1848:26.)

El pun­to cla­ve es negar­se a acep­tar que los pro­pie­ta­rios ten­gan dere­cho a decir a los tra­ba­ja­do­res lo que pue­den y no pue­den hacer. His­tó­ri­ca­men­te, la izquier­da genui­na fue (Rudé 1994) el ala del movi­mien­to demo­crá­ti­co que esta­ba de acuer­do con el Mani­fies­to: «la bur­gue­sía ya no es capaz de ser la cla­se domi­nan­te en la socie­dad, y de impo­ner a la socie­dad las con­di­cio­nes de vida de su cla­se como ley regu­la­do­ra». Por tan­to, era ante todo un movi­mien­to dedi­ca­do a cam­biar el Estado.

¿Qué sig­ni­fi­ca cam­biar de Estado?

Los par­ti­dos de izquier­da eran par­ti­dos revo­lu­cio­na­rios. De ahí gran par­te de la deni­gra­ción de la que son obje­to. Sin embar­go, la mayo­ría de los paí­ses moder­nos, inclui­do el pro­pio Esta­dos Uni­dos, fue­ron crea­dos por gran­des revo­lu­cio­nes. El dere­cho a la revo­lu­ción for­ma par­te de la Cons­ti­tu­ción esta­dou­ni­den­se. Si deja­mos a un lado la retó­ri­ca, el par­ti­do revo­lu­cio­na­rio es el que, cuan­do el Esta­do aumen­ta las penu­rias de las masas, orga­ni­za al pue­blo para sus­ti­tuir ese Esta­do por otro diferente.

Muchos pro­ce­sos revo­lu­cio­na­rios son vio­len­tos, pero esto no se debe al radi­ca­lis­mo de la revo­lu­ción, sino a la fero­ci­dad de la reac­ción. El pro­ble­ma no es el uso de méto­dos agre­si­vos o dic­ta­to­ria­les. El ver­da­de­ro pro­ble­ma es que los par­ti­dos de la «izquier­da» occi­den­tal acep­tan los Esta­dos de sus paí­ses tal como son. Como estos Esta­dos están domi­na­dos por los capi­ta­lis­tas, estos par­ti­dos se han con­ver­ti­do en inter­me­dia­rios cuya fun­ción es impo­ner las exi­gen­cias de los capi­ta­lis­tas. Esta nega­ción a los prin­ci­pios ha trans­for­ma­do a los par­ti­dos de izquier­da de defen­so­res del pue­blo en sus policías.

Cómo la izquier­da se ha con­ver­ti­do en su opuesto

¿Qué con­vir­tió a los par­ti­dos de izquier­da en su opues­to? La res­pues­ta está en la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial y la revo­lu­ción rusa. Los par­ti­dos «socia­lis­tas» de Euro­pa se for­ma­ron espe­cí­fi­ca­men­te (Braunthal 1967) en opo­si­ción a esta revo­lu­ción. En resu­men, nacie­ron de un com­pro­mi­so de cla­se cuyo pac­to ori­gi­nal era dejar intac­to el Esta­do exis­ten­te, redu­cien­do los obje­ti­vos de la cla­se tra­ba­ja­do­ra a lo que se podía con­se­guir a tra­vés de ese Esta­do, de esta mane­ra la izquier­da social­de­mó­cra­ta limi­tó su pro­gra­ma a aque­llas refor­mas acep­ta­bles para la cla­se domi­nan­te: los pro­pie­ta­rios. Pero la misión his­tó­ri­ca de la izquier­da has­ta 1914 fue com­ba­tir por los intere­ses de los tra­ba­ja­do­res, inde­pen­dien­te­men­te de si estos eran acep­ta­bles para la cla­se de los propietarios.

El ver­da­de­ro ori­gen de este cam­bio fue el «momen­to de 1914» (Free­man 2022), cuan­do la social­de­mo­cra­cia optó por apo­yar los pre­su­pues­to de gue­rra de sus pro­pias cla­ses capi­ta­lis­tas, deci­dien­do así que era mejor masa­crar a sus her­ma­nas y her­ma­nos de cla­se en el extran­je­ro en vez de luchar con­tra los capi­ta­lis­tas en casa. Con este acto, eli­gie­ron apo­yar a su Esta­do en lugar de a su clase.

Las cues­tio­nes de la revo­lu­ción y el comu­nis­mo con­ver­gen de la siguien­te mane­ra: es impo­si­ble abo­lir el dere­cho abso­lu­to de los capi­ta­lis­tas a ejer­cer su domi­na­ción sobre los tra­ba­ja­do­res sin la crea­ción de nue­vo Esta­do. Los comu­nis­tas del Mani­fies­to, y la Comin­tern, pre­ten­dían esta­ble­cer ese nue­vo Esta­do, un Esta­do cuya pri­me­ra for­ma (Wey­de­me­yer 1852) des­cri­bió Marx como la «dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do». Con­tra­ria­men­te a la pro­pa­gan­da occi­den­tal, esto no sig­ni­fi­ca­ba abu­sos del poder, sino su uso moral­men­te legí­ti­mo para des­ar­ti­cu­lar los des­po­tis­mos de los pro­pie­ta­rios que coar­tan los dere­chos del pueblo.

El comu­nis­mo se iden­ti­fi­có, como resul­ta­do de las exi­gen­cias impues­tas al nacien­te Esta­do sovié­ti­co por la gue­rra civil y el sub­si­guien­te blo­queo eco­nó­mi­co, con un mode­lo de Pla­ni­fi­ca­ción Cen­tral en el que los empre­sa­rios capi­ta­lis­tas tenían poco o nin­gún lugar. Pero el Mani­fies­to cla­ra­men­te no pres­cri­bía la abo­li­ción inme­dia­ta de la pro­pie­dad capi­ta­lis­ta, sino su subor­di­na­ción al poder de la cla­se obrera:

Natu­ral­men­te, esto solo pue­de hacer­se, al prin­ci­pio, a tra­vés de inter­ven­cio­nes des­pó­ti­cas en el dere­cho de pro­pie­dad y en las rela­cio­nes bur­gue­sas de pro­duc­ción, es decir, median­te medi­das que pare­cen insu­fi­cien­tes e insus­tan­cia­les des­de el pun­to de vis­ta de la eco­no­mía; pero que, en el cur­so del movi­mien­to, reba­san sus lími­tes y son inevi­ta­bles para revo­lu­cio­nar por com­ple­to el sis­te­ma de producción.

La «izquier­da» occi­den­tal, por el con­tra­rio, ha lle­ga­do a con­ce­bir el socia­lis­mo como la apli­ca­ción de refor­mas que man­tie­nen intac­tos los dere­chos de los pro­pie­ta­rios. Este es el ori­gen de la idea enga­ño­sa de que el socia­lis­mo sig­ni­fi­ca redis­tri­buir la rique­za, en lugar de ejer­cer poder sobre ella.

Esta no es toda la his­to­ria. El carác­ter de cual­quier Esta­do vie­ne deter­mi­na­do por la fuen­te de ingre­sos de sus cla­ses domi­nan­tes, que en Occi­den­te sig­ni­fi­ca capi­tal impe­ria­lis­ta. Sus ingre­sos pro­ce­den no solo del tra­ba­jo de sus tra­ba­ja­do­res, sino del de las otras cua­tro quin­tas par­tes del mun­do. Por lo tan­to, los par­ti­dos de la «izquier­da» occi­den­tal han fir­ma­do un pac­to fáus­ti­co que se encuen­tra en el cora­zón de su mili­ta­ris­mo, su racis­mo y su actual hos­ti­li­dad hacia Rusia. Se han com­pro­me­ti­do a dejar intac­to su dere­cho a explo­tar todo el mun­do a cam­bio de una par­te del botín. Lla­mar a estos par­ti­dos «de izquier­das» es una ofen­sa al len­gua­je, a la razón y a la moral.

Sin embar­go, si no son «de izquier­das», ¿qué son? Se entien­den mejor como par­ti­dos del libe­ra­lis­mo de cla­se media, uti­li­zan­do correc­ta­men­te el tér­mino «libe­ral» para refe­rir­se al pro­yec­to polí­ti­co de los par­ti­dos capi­ta­lis­tas anti-aris­to­crá­ti­cos de las revo­lu­cio­nes fran­ce­sa y esta­dou­ni­den­se. Como expli­ca Losur­do (2011), la «liber­tad» para estos par­ti­dos sig­ni­fi­ca­ba la liber­tad ili­mi­ta­da de poseer y uti­li­zar la pro­pie­dad pri­va­da. La úni­ca cues­tión que divi­de al libe­ra­lis­mo de «izquier­das» del neo­li­be­ra­lis­mo de dere­chas es cómo debe uti­li­zar­se esta liber­tad, y no, como en el caso de la ver­da­de­ra izquier­da, si debe con­ce­der­se en absoluto.

Cuan­do habla­mos de «izquier­da» nos refe­ri­mos, pues, a los par­ti­dos y movi­mien­tos que han bus­ca­do o pre­ten­di­do repre­sen­tar las nece­si­da­des inde­pen­dien­tes de las cla­ses sin pro­pie­dad. No se tra­ta de un pro­yec­to anti­cua­do. Con el mun­do entran­do en un perio­do de cam­bios tumul­tuo­sos, la nece­si­dad de una izquier­da mun­dial de masas, cree­mos, vol­ve­rá a pasar a pri­mer plano. Esto requie­re un deba­te estra­té­gi­co sobre el tipo de par­ti­dos, y las rela­cio­nes entre ellos, que se necesitan.

Pre­sen­ta­mos nues­tro caso en tér­mi­nos mili­ta­res, his­tó­ri­cos, geo­po­lí­ti­cos, de cla­se y eco­nó­mi­cos; por enci­ma de todo, sin embar­go, este caso es humano. Cien­tos de millo­nes de per­so­nas han dado su vida por las cau­sas que hemos esbo­za­do. Si no se pone fin a las acti­vi­da­des mili­ta­res-colo­nia­les del Occi­den­te colec­ti­vo, es trá­gi­ca­men­te posi­ble que perez­can millo­nes más. Esto pue­de evi­tar­se; por eso pre­sen­ta­mos este documento.

La cues­tión militar

No nos dis­cul­pa­mos por dar prio­ri­dad a la cues­tión mili­tar. Esto no sig­ni­fi­ca un des­pre­cio filis­teo por las dife­ren­cias entre pun­tos de vis­ta eco­nó­mi­cos y filo­só­fi­cos, ni una exal­ta­ción de la vio­len­cia; sim­ple­men­te sig­ni­fi­ca que tales dife­ren­cias se resuel­ven en últi­ma ins­tan­cia en la lucha. Des­pués de todo, la gue­rra es, his­tó­ri­ca­men­te, la prue­ba más dura de la capa­ci­dad ana­lí­ti­ca. La URSS no derro­tó a la Ale­ma­nia nazi sim­ple­men­te por­que lucha­ra mejor (aun­que lo hizo) o por­que fue­ra más heroi­ca (aun­que lo fue) o por­que tuvie­ra un apa­ra­to mili­tar indus­trial­men­te supe­rior (aun­que lo tenía), sino por­que esta­ba impul­sa­da por una com­pren­sión de lo que la gue­rra requie­re, no solo mili­tar­men­te sino tam­bién eco­nó­mi­ca, social e ideo­ló­gi­ca­men­te, que, a pesar de todas sus debi­li­da­des, era supe­rior. Cada gue­rra moder­na pone a prue­ba urgen­te­men­te la com­pren­sión de «cómo se pue­de derro­tar a la reacción».

El hecho fun­da­men­tal de la peli­gro­sa nue­va fase actual del impe­ria­lis­mo es que Occi­den­te solo aban­do­na­rá la gue­rra si no le que­da otra opción, ya sea por su pro­pio pue­blo o por sus adver­sa­rios inter­na­cio­na­les. Cual­quier idea de un orden mun­dial «pací­fi­co» mien­tras exis­ta la OTAN solo deja­rá la puer­ta abier­ta al con­flic­to, posi­ble­men­te nuclear.

Rusia se encuen­tra hoy en la pri­me­ra línea de este con­flic­to. Nun­ca pidió estar ahí. Pero aún no vivi­mos en un mun­do que nos per­mi­ta ele­gir nues­tro pro­pio des­tino. La idea de que los opri­mi­dos por las poten­cias de la OTAN pue­dan triun­far tras una derro­ta rusa es una uto­pía. Por lo tan­to, es nece­sa­ria una alian­za mun­dial para mini­mi­zar el ries­go de tal des­en­la­ce: de hecho, la for­ma de la gue­rra ya está defi­ni­da por las alian­zas emer­gen­tes que cata­li­za. Sin embar­go, dicha alian­za no pue­de estar com­pues­ta úni­ca­men­te por gobier­nos nacio­na­les: debe con­tar con el apo­yo de sus pue­blos. Por eso sos­te­ne­mos que una mera alian­za de gobier­nos es insuficiente.

Las gue­rras las ganan los ejér­ci­tos; y los ejér­ci­tos vie­nen del pue­blo. La derro­ta de Hitler fue ase­gu­ra­da por quie­nes deci­die­ron que era mejor morir luchan­do que vivir bajo el fas­cis­mo. En Corea, Viet­nam y Afga­nis­tán, Esta­dos Uni­dos fue derro­ta­do por pue­blos que, a pesar de su infe­rio­ri­dad téc­ni­ca en arma­men­to, esta­ban más deci­di­dos a luchar que los pue­blos a los que combatían.

Los paí­ses opri­mi­dos por el impe­ria­lis­mo diri­gi­do por la OTAN nece­si­tan una visión por la que sus pue­blos crean que mere­ce la pena luchar. Esto no es un cli­ché libe­ral: es una con­di­ción para la vic­to­ria mili­tar. Todos los exper­tos mili­ta­res coin­ci­den en que la capa­ci­dad de lucha de un ejér­ci­to depen­de de su moral; ésta, a su vez, depen­de de su volun­tad de ven­cer. En resu­men, si un país espe­ra que su pue­blo mue­ra por él, debe ofre­cer un futu­ro por el que merez­ca la pena vivir. Este es el terreno de la izquier­da. Bus­ca solu­cio­nes que bene­fi­cien a los que no tie­nen, defen­dien­do­los con­tra los que tie­nen, sobre la base de los dere­chos huma­nos universales.

La dere­cha, por el con­tra­rio, deja intac­ta la pro­pie­dad y sepa­ra a los des­po­seí­dos en pue­blos «supe­rio­res» e «infe­rio­res». Estos pue­den ser arios y judíos, cris­tia­nos e hin­dúes y musul­ma­nes, cau­cá­si­cos e his­pa­nos, israe­líes y pales­ti­nos, negros y blan­cos, hom­bres y muje­res –o euro­peos y rusos. Este pro­yec­to se opo­ne al de las tres Inter­na­cio­na­les Obre­ras. Es impo­si­ble unir a nin­gún pue­blo que viva en el mis­mo terri­to­rio decla­ran­do que un gru­po tie­ne más dere­chos que otro. Si la tra­ge­dia de Ucra­nia no demues­tra otra cosa, demues­tra este hecho. Por lo tan­to, solo un movi­mien­to de izquier­da pue­de con­du­cir al mun­do hacia la derro­ta final y nece­sa­ria de los arqui­tec­tos de la Ter­ce­ra Gue­rra Mundial.

La cues­tión histórica

Marx y Engels hicie­ron su famo­so lla­ma­mien­to al final del Mani­fies­to comu­nis­ta: «¡Pro­le­ta­rios de todos los paí­ses, uníos!». Marx (1864) lo repi­tió en su dis­cur­so inau­gu­ral de la Pri­me­ra Inter­na­cio­nal. [https://​www​.bri​tan​ni​ca​.com/​b​i​o​g​r​a​p​h​y​/​K​a​r​l​-​M​a​r​x​/​R​o​l​e​-​i​n​-​t​h​e​-​F​i​r​s​t​-​I​n​t​e​r​n​a​t​i​o​nal. Acces­sed 4 January 2023] Des­de su for­ma­ción en 1864 has­ta su desin­te­gra­ción en 1872 le dedi­có una enor­me atención:

Como miem­bro del Con­se­jo Gene­ral de la orga­ni­za­ción y secre­ta­rio corres­pon­dien­te de Ale­ma­nia, Marx asis­tió des­de enton­ces con regu­la­ri­dad a sus reunio­nes, que a veces se cele­bra­ban varias veces por sema­na. Duran­te varios años hizo gala de un tac­to diplo­má­ti­co poco común para con­ci­liar las dife­ren­cias entre diver­sos par­ti­dos, fac­cio­nes y ten­den­cias. La Inter­na­cio­nal cre­ció en pres­ti­gio y en núme­ro de miem­bros, que alcan­zó qui­zás los 800.000 en 1869.

Su dis­cur­so con­te­nía la siguien­te obser­va­ción profética:

Si la eman­ci­pa­ción de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras requie­re su con­cur­so fra­ter­nal, ¿cómo podrán cum­plir esa gran misión con una polí­ti­ca exte­rior que per­si­gue desig­nios cri­mi­na­les, jugan­do con los pre­jui­cios nacio­na­les y dila­pi­dan­do en gue­rras pirá­ti­cas la san­gre y el teso­ro de los pue­blos?… [Tales con­flic­tos] han ense­ña­do a las cla­ses tra­ba­ja­do­ras el deber de domi­nar por sí mis­mas los mis­te­rios de la polí­ti­ca inter­na­cio­nal; de vigi­lar los actos diplo­má­ti­cos de sus res­pec­ti­vos gobier­nos; de opo­ner­se a ellos, si es nece­sa­rio, con todos los medios a su alcan­ce; cuan­do no pue­dan impe­dir­los, de unir­se en denun­cias simul­tá­neas y vin­di­car las sim­ples leyes o la moral y la jus­ti­cia, que deben regir las rela­cio­nes de los par­ti­cu­la­res, como las reglas fun­da­men­ta­les de las rela­cio­nes entre las nacio­nes. La lucha por una polí­ti­ca exte­rior seme­jan­te for­ma par­te de la lucha gene­ral por la eman­ci­pa­ción de las cla­ses trabajadoras.

La Segun­da Inter­na­cio­nal, fun­da­da en 1889 y suce­so­ra de la Inter­na­cio­nal Obre­ra, fue el ori­gen de los par­ti­dos socia­lis­tas de masas euro­peos. Se desin­te­gró duran­te la Gran Gue­rra y fue refor­ma­da en 1923 en alian­za con los anti­co­mu­nis­tas . La Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal nació como una orga­ni­za­ción de abier­ta opo­si­ción al impe­ria­lis­mo y com­pro­me­ti­do con la recién crea­da Repú­bli­ca Soviética.

Así pues, el pro­yec­to de una orga­ni­za­ción comu­nis­ta mun­dial no solo fue la con­ti­nua­ción del pro­yec­to de Marx, Engels , y los pri­me­ros comu­nis­tas, sino tam­bién un pro­duc­to de la dolo­ro­sa expe­rien­cia de la Segun­da Inter­na­cio­nal y una for­ma de res­pal­dar al nacien­te el poder sovié­ti­co. A pesar de todos los defec­tos inhe­ren­tes de cual­quier expe­ri­men­to de recon­fi­gu­ra­ción glo­bal, el lugar que ocu­pa hoy Rusia en el mun­do es pro­duc­to de esa empre­sa his­tó­ri­ca impul­sa­da por los comunistas.

El pro­yec­to de una izquier­da mun­dial no es, pues, la vana fan­ta­sía de una cama­ri­lla de inte­lec­tua­les des­vin­cu­la­dos; es un gran pro­yec­to his­tó­ri­co. Por tan­to, es opor­tuno, para­le­la­men­te al reexa­men de la URSS, recon­si­de­rar el ideal de una o más orga­ni­za­cio­nes mun­dia­les de masas, dedi­ca­das a los intere­ses de cla­se de los des­po­seí­dos del mun­do y que inclu­yan en este com­pro­mi­so los intere­ses de sus nacio­nes oprimidas.

La cues­tión de la eco­no­mía geopolítica

Como líder auto­pro­cla­ma­do del mun­do capi­ta­lis­ta, Esta­dos Uni­dos tam­bién diri­ge sus gue­rras impe­ria­les. En la actua­li­dad, pue­den iden­ti­fi­car­se al menos cin­co de ellas: la gue­rra por pro­cu­ra­ción con­tra Rusia, la ofen­si­va eco­nó­mi­co-mili­tar con­tra Chi­na, la lucha por el con­trol del petró­leo de Orien­te Medio, las inter­ven­cio­nes basa­das en la Doc­tri­na Mon­roe en Amé­ri­ca Lati­na y las san­grien­tas gue­rras por los recur­sos en Áfri­ca. En con­jun­to, cons­ti­tu­yen un con­flic­to mili­tar y eco­nó­mi­co glo­bal que tie­ne dos fren­tes: el mun­do impe­ria­lis­ta, cuya com­po­si­ción ha per­ma­ne­ci­do prác­ti­ca­men­te inal­te­ra­da des­de 1914, y prác­ti­ca­men­te el res­to del mun­do como antagonista.

Esta es una gue­rra mun­dial en todo menos en el nom­bre. Y no es menos cos­to­sa en tér­mi­nos de sufri­mien­to humano que las dos ante­rio­res, si inclui­mos a las víc­ti­mas del ham­bre, la des­po­se­sión, la enfer­me­dad y el aban­dono resul­tan­tes de los estra­gos cau­sa­dos por las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les, las aven­tu­ras mili­ta­res o las san­cio­nes coer­ci­ti­vas, puni­ti­vas e ile­ga­les, y las dic­ta­du­ras y masa­cres impues­tas por Occi­den­te. El impe­ria­lis­mo ha mata­do muchas veces más que las dos últi­mas jun­tas gue­rras mundiales.

Sin embar­go, difie­re de sus pre­de­ce­so­ras en aspec­tos que todo el mun­do debe esfor­zar­se por com­pren­der. El prin­ci­pal pro­ble­ma es la rela­ción entre los aspec­tos mili­ta­res y eco­nó­mi­cos de esta guerra.

El pro­pó­si­to de Occi­den­te des­de el des­cu­bri­mien­to de Amé­ri­ca, en 1492, ha sido con­tro­lar los recur­sos y la fuer­za de tra­ba­jo del res­to del mun­do, es decir, pre­ser­var los pri­vi­le­gios his­tó­ri­cos deri­va­dos en últi­ma ins­tan­cia del robo. Sin embar­go, la inde­pen­den­cia, el desa­rro­llo polí­ti­co y eco­nó­mi­co de sus pre­sas le ha obli­ga­do a tra­tar de impo­ner su volun­tad con una com­bi­na­ción híbri­da de medi­das mili­ta­res, polí­ti­cas y eco­nó­mi­cas, blo­quean­do el desa­rro­llo de las nacio­nes del Ter­cer Mun­do para que se limi­ten a ser pro­vee­do­res de bie­nes pri­ma­rios y mano de obra bara­ta, mien­tras se les roban recur­sos para ali­men­tar a sus ricos y paci­fi­car a sus pobres. Esto tie­ne un resul­ta­do insi­dio­so: se enmas­ca­ran las cau­sas de la mise­ria del Ter­cer Mun­do. Occi­den­te la atri­bu­ye a cau­sas «natu­ra­les» o cul­pa a las víctimas.

Aun así, esto ya no es sufi­cien­te para evi­tar el decli­ve de Occi­den­te. Por ello, aho­ra recu­rre a accio­nes mili­ta­res cada vez más agre­si­vas, has­ta el pun­to que, como ha seña­la­do Ser­guéi Lavrov, está al bor­de de una gue­rra abier­ta con­tra Rusia, y muy posi­ble­men­te con­tra Chi­na. ¿Por qué? Por­que el fra­ca­so de su pro­pia eco­no­mía no le deja otra opción que inten­tar arras­trar al res­to del mun­do con ella.

Su méto­do para lograr­lo se ha limi­ta­do has­ta aho­ra, en vir­tud de su pro­pia debi­li­dad, a infli­gir daños, con la inten­ción de hacer impo­si­bles aque­llos desa­fíos que sus pro­pios fra­ca­sos eco­nó­mi­cos hacen inevi­ta­bles. Capaz úni­ca­men­te de des­truir, devas­ta pue­blos ente­ros y pasar a cuchi­llo a un país tras otro: bas­ta pen­sar en Irak, Libia y Afga­nis­tán. Inclu­so esto pali­de­ce­ría si logra­ra sus actua­les obje­ti­vos mili­ta­res, que van mucho más allá de Ucra­nia, has­ta la des­truc­ción de Rusia como nación y una masa­cre que equi­va­le a un geno­ci­dio con­tra los pue­blos de habla rusa del mundo.

Aho­ra se encuen­tra en el final del jue­go. El reali­nea­mien­to del Sur Glo­bal en res­pues­ta a las san­cio­nes está libe­ran­do la lógi­ca impla­ca­ble de un sis­te­ma de segu­ri­dad sin OTAN, un orden mul­ti­po­lar y un sis­te­ma comer­cial sin dólares.

Una vic­to­ria mili­tar com­ple­ta por cual­quie­ra de las par­tes es impo­si­ble; el úni­co resul­ta­do de cual­quier inten­to de cam­biar esta ecua­ción es la ani­qui­la­ción nuclear. Sin embar­go, Occi­den­te res­pon­de a todos sus pro­ble­mas inter­nos con agre­sio­nes exter­nas. El mun­do solo podrá resol­ver pací­fi­ca­men­te los con­flic­tos eco­nó­mi­cos sub­ya­cen­tes cuan­do Occi­den­te se vea obli­ga­do a aban­do­nar, de una vez por todas, la idea de que pue­den resol­ver­se por la fuerza.

Por lo tan­to, un nue­vo modo de vida no pue­de lograr­se ni exclu­si­va­men­te por moti­vos eco­nó­mi­cos ni exclu­si­va­men­te por moti­vos mili­ta­res. Las alian­zas nece­sa­rias para poner fin a la Ter­ce­ra Gue­rra Mun­dial deben tener como obje­ti­vo tan­to la libe­ra­ción de la gue­rra como la libe­ra­ción de la mise­ria. Ambas rei­vin­di­ca­cio­nes deben estar diri­gi­das por la izquier­da, con su pro­gra­ma his­tó­ri­co de «paz, tie­rra y pan».

Este movi­mien­to debe com­ba­tir las cir­cuns­tan­cias que empu­jan a los occi­den­ta­les a sus aven­tu­ras. Todas las agre­sio­nes han sur­gi­do de los paí­ses cen­tra­les del capi­tal. No hay con­ce­sión que el Ter­cer Mun­do pue­da hacer para rec­ti­fi­car este hecho fun­da­men­tal del actual orden mun­dial. Un futu­ro pací­fi­co y jus­to exi­ge una pro­fun­da reor­ga­ni­za­ción de los fun­da­men­tos eco­nó­mi­cos de las socie­da­des de Occi­den­te, un orden basa­dos actual­men­te en la bús­que­da cada vez menos pro­duc­ti­va del bene­fi­cio y la ren­ta impe­rial, a cos­ta de los dere­chos de sus pue­blos. Este tam­bién es el pro­gra­ma his­tó­ri­co de la izquierda.

La cues­tión de la clase

La Comin­tern no se fun­dó por­que la recién for­ma­da Unión Sovié­ti­ca lo encon­tra­ra con­ve­nien­te, sino por­que los par­ti­dos de la II Inter­na­cio­nal habían vota­do en 1914 a favor de apo­yar a sus gobier­nos en una gue­rra fra­tri­ci­da. Esto obli­gó a los revo­lu­cio­na­rios a con­si­de­rar la rela­ción entre la retó­ri­ca y la acción real de los socialdemócrata:

Los par­ti­dos de paí­ses cuya bur­gue­sía posee colo­nias y opri­me otras nacio­nes nece­si­tan tener una posi­ción explí­ci­ta y cla­ra sobre la cues­tión de las colo­nias y los pue­blos opri­mi­dos. Cual­quier par­ti­do que desee ingre­sar en la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta está obli­ga­do a des­en­mas­ca­rar los tru­cos y enga­ños de «sus» impe­ria­lis­tas en las colo­nias, apo­yar no solo con pala­bras sino con hechos todo movi­mien­to de libe­ra­ción en las colo­nias, y exi­gir que sus pro­pios impe­ria­lis­tas sean expul­sa­dos de esas colo­nias, jun­to con edu­car a los tra­ba­ja­do­res de su pro­pio país una autén­ti­ca fra­ter­ni­dad hacia los tra­ba­ja­do­res de las colo­nias y los pue­blos opri­mi­dos, agi­tan­do sis­te­má­ti­ca­men­te entre las tro­pas de su pro­pio país la NO cola­bo­ra­ción en la opre­sión de los pue­blos coloniales…

Esta decla­ra­ción de la Comin­tern nun­ca fue aban­do­na­da ni for­mó par­te de sus nume­ro­sas con­tro­ver­sias. Dado que estas con­tro­ver­sias aún se recuer­dan hoy en día, este hecho es muy sig­ni­fi­ca­ti­vo. Al con­tra­rio, sus prin­ci­pios y com­pro­mi­sos se for­ta­le­cie­ron con el paso del tiem­po, par­ti­cu­lar­men­te en la con­fe­ren­cia de 1921 que adop­tó las Tesis sobre la Cues­tión Orien­tal que M.N. Roy, recuer­da en el siguien­te pasaje:

Al trans­for­mar a los cam­pe­si­nos y arte­sa­nos de los paí­ses some­ti­dos en un pro­le­ta­ria­do agrí­co­la e indus­trial, el impe­ria­lis­mo ha dado naci­mien­to a otra fuer­za des­ti­na­da a con­tri­buir a su des­truc­ción. Sien­do así, el derro­ca­mien­to del orden capi­ta­lis­ta en Euro­pa, que se basa en gran medi­da en su exten­sión impe­rial, será logra­do no solo por el pro­le­ta­ria­do avan­za­do de Euro­pa, sino con la coope­ra­ción cons­cien­te de los tra­ba­ja­do­res agrí­co­las y otros ele­men­tos revo­lu­cio­na­rios de esos paí­ses colo­nia­les y sometidos.

El hecho de que la Comin­tern aña­die­ra la libe­ra­ción colo­nial a las rei­vin­di­ca­cio­nes del movi­mien­to obre­ro, ¿alte­ró los idea­les de los fun­da­do­res, como afir­man los crí­ti­cos, que ven la lucha anti­im­pe­ria­lis­ta sin rela­ción o inclu­so opues­ta a la lucha de cla­ses? No lo cree­mos: lejos de negar la uni­dad de la cla­se obre­ra mun­dial, la Comin­tern la amplió. Reco­no­ció que las cla­ses tra­ba­ja­do­ras (que en la era de la expro­pia­ción masi­va de los terra­te­nien­tes pode­mos lla­mar más exac­ta­men­te las cla­ses sin pro­pie­dad) aho­ra incluían un enor­me «pro­le­ta­ria­do agrí­co­la e indus­trial» que el impe­ria­lis­mo «hizo nacer».

Por lo tan­to, estas decla­ra­cio­nes no con­tra­di­cen la Pri­me­ra Inter­na­cio­nal. Encar­nan el prin­ci­pio de Marx que «nin­gu­na nación que escla­vi­ce a otra podrá jamás ser libre». En el con­tex­to de la gue­rra fra­tri­ci­da de 1914 este con­cre­ta el pun­to de vis­ta del Mani­fies­to: «los comu­nis­tas no tie­nen intere­ses espe­cia­les pro­pios, excep­to repre­sen­tar el inte­rés gene­ral de todos los trabajadores».

Los tra­ba­ja­do­res, afir­ma­ba la Comin­tern, solo podrían actuar a esca­la mun­dial si la cla­se obre­ra de los paí­ses impe­ria­lis­tas se ponían del lado del ejér­ci­to pro­le­ta­rio, mucho más nume­ro­so, de las colo­nias. La Comin­tern era una alian­za explí­ci­ta­men­te anti­im­pe­ria­lis­ta que seguía sien­do una alian­za de izquier­da por­que, al igual que sus pre­de­ce­so­ras, que­ría repre­sen­tar a esca­la mun­dial los intere­ses de los sin pro­pie­dad fren­te a los de los propietarios.

La eco­no­mía del imperialismo

Roy pro­por­cio­nó a la Comin­tern un aná­li­sis sor­pren­den­te­men­te «moderno» del impe­ria­lis­mo que aña­de otra dimen­sión cru­cial: la expe­rien­cia prác­ti­ca de los pue­blos del mun­do colonial.

Como resul­ta­do de la gue­rra, el mun­do se encuen­tra aho­ra divi­di­do en dos gran­des impe­rios colo­nia­les, per­te­ne­cien­tes a dos pode­ro­sos Esta­dos capi­ta­lis­tas. Los Esta­dos Uni­dos de Amé­ri­ca se esfuer­zan por asu­mir el dere­cho supre­mo y exclu­si­vo de explo­tar y gober­nar todo el Nue­vo Mun­do, mien­tras que Gran Bre­ta­ña ha ane­xio­na­do a su impe­rio prác­ti­ca­men­te a todos los con­ti­nen­tes de Asia y Áfri­ca… sin embar­go el con­trol de las finan­zas mun­dia­les, que duran­te un siglo fue mono­po­lio de los capi­ta­lis­tas bri­tá­ni­cos, se ha trans­fe­ri­do en gran medi­da a manos de los capi­ta­lis­tas esta­dou­ni­den­ses, que no pue­de con­si­de­rar­se que hayan alcan­za­do aún el perío­do de deca­den­cia y desintegración…

El desa­rro­llo eco­nó­mi­co e indus­trial de los paí­ses ricos y den­sa­men­te pobla­dos del Este darán un nue­vo vigor al capi­tal occi­den­tal. Exis­ten gran­des posi­bi­li­da­des en estos paí­ses que pro­por­cio­nan mano de obra bara­ta y nue­vos mer­ca­dos no se ago­ta­rán en bre­ve. Por lo tan­to, la des­truc­ción del dere­cho mono­po­lís­ti­co del vas­to impe­rio colo­nial occi­den­tal en orien­te será un fac­tor vital para el derro­ca­mien­to final y vic­to­rio­so del orden capi­ta­lis­ta en Europa.

Las tesis de Roy no pue­den eti­que­tar­se fácil­men­te como las opi­nio­nes de una sola per­so­na. Repre­sen­ta­ban una opi­nión común entre los revo­lu­cio­na­rios de los paí­ses colo­ni­za­dos. Otros docu­men­tos, como los del Con­gre­so de los Tra­ba­ja­do­res del Este [ Mos­cú 1921], ates­ti­guan que la lucha anti­co­lo­nial no se limi­tó a inte­grar, sino que defi­nió esen­cial­men­te la polí­ti­ca de la Comin­tern. Lo cier­to es que las tesis de Roy fue­ron adop­ta­das y for­man par­te inelu­di­ble de la iden­ti­dad his­tó­ri­ca de la Comintern.

El pun­to cru­cial es que la Comin­tern iden­ti­fi­có el impe­ria­lis­mo como un fenó­meno eco­nó­mi­co. Roy expli­ca lo que hace ricos de los paí­ses impe­ria­lis­tas, a saber, su supues­to «dere­cho mono­po­lís­ti­co de explotación».

El impe­ria­lis­mo capi­ta­lis­ta alcan­zó su apo­geo en 1914, tras lo cual ini­ció su lar­go decli­ve en vir­tud de las riva­li­da­des inter­iim­pe­ria­lis­tas que desem­bo­ca­ron en gue­rras mun­dia­les, revo­lu­cio­nes comu­nis­tas e inde­pen­den­cias nacio­na­les en las anti­guas colo­nias con una gran «revuel­ta con­tra Occi­den­te». A Esta­dos Uni­dos le tocó lide­rar el mun­do impe­ria­lis­ta en este perio­do. Inca­pa­ces de recrear el impe­ria­lis­mo for­mal del pasa­do, los diri­gen­tes esta­dou­ni­den­ses han tra­ta­do de pre­sen­tar su impe­rio eco­nó­mi­co como una fuer­za que ha extir­pa­do los vie­jos impe­rios de Gran Bre­ta­ña, Espa­ña, Por­tu­gal, Fran­cia y Holan­da. Sin embar­go el impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se igual­men­te escla­vi­za cruel­men­te a su víc­ti­mas como los vie­jos impe­rios, muchas veces uti­li­zan­do a sus ban­cos como si fue­ran ejér­ci­tos y otras tan­to manu mili­ta­ri.

Al negar el papel his­tó­ri­co a los pue­blos que logra­ron la libe­ra­ción con las armas en la mano, mien­tras Esta­dos Uni­dos se apo­de­ra­ba de esos «vie­jos impe­rios» (un ejem­plo es Fili­pi­nas) el impe­ria­lis­mo nor­te­ame­ri­cano ha per­fec­cio­na­do el sis­te­ma de explo­ta­ción de los ven­ci­dos en una for­ma moder­na y espe­cí­fi­ca­men­te capi­ta­lis­ta: igual que los tra­ba­ja­do­res asa­la­ria­dos, que son for­mal­men­te libres pero eco­nó­mi­ca­men­te esclavizados.

Esta narra­ti­va del capi­ta­lis­mo en los siglos XX y XXI ha dado lugar a dos visio­nes dis­tin­tas del impe­ria­lis­mo. La tra­di­ción de la Comin­tern, que per­sis­te, sos­tie­ne que el impe­ria­lis­mo es un medio para explo­tar a los pobres de las nacio­nes subor­di­na­das, algo a lo que Occi­den­te sigue aspi­ran­do, aun­que tie­ne en con­tra una cre­cien­te resis­ten­cia, con el desa­rro­llo, de los lla­ma­dos Segun­do y Ter­cer Mundos.

Por otra par­te, en las gue­rras sub­si­guien­tes, mili­ta­res e híbri­das, Esta­dos Uni­dos inten­tó con­fi­nar la visión del impe­ria­lis­mo al colo­nia­lis­mo for­mal al esti­lo del siglo XIX, en el que Esta­dos Uni­dos desem­pe­ñó, en el mejor de los casos, un papel mar­gi­nal. Según esta pers­pec­ti­va, el impe­ria­lis­mo se dis­tin­gue por la ocu­pa­ción de terri­to­rios. Pero, pues­to que Occi­den­te no pue­de, en nin­gún caso, con­ti­nuar con el impe­ria­lis­mo for­mal, sus accio­nes mili­ta­res se limi­tan a pro­vo­ca­cio­nes y gue­rras por pode­res. A par­tir de esta intere­sa­da y abs­tru­sa visión aho­ra hay quie­nes en la «izquier­da» acu­san de impe­ria­lis­mo a los paí­ses que inten­tan defen­der­se del imperialismo.

Por eso tan­tos inte­lec­tua­les occi­den­ta­les de «izquier­das» que inter­pre­tan el impe­ria­lis­mo en el sen­ti­do libe­ral esta­dou­ni­den­se acu­san a Rusia de impe­ria­lis­mo. Para ellos no impor­ta que los ciu­da­da­nos del Don­bass hayan sido bom­bar­dea­dos día y noche duran­te ocho años, o que el gobierno ucra­niano y sus fas­cis­tas de Azov ase­si­nen sis­te­má­ti­ca­men­te a los ciu­da­da­nos del Donbass.

Para estos inte­lec­tua­les y polí­ti­cos, los resi­den­tes his­tó­ri­cos de las regio­nes de habla rusa están ocu­pan­do la pro­pie­dad nacio­nal de Ucra­nia; no tie­nen dere­cho a estar allí y deben ser some­ti­dos a una lim­pie­za étni­ca. Solo hay que ras­car un poco la super­fi­cie de esta con­cep­ción racis­ta para des­cu­brir el impul­so geno­ci­da que mue­ve la agen­da liberal.

Cual­quier movi­mien­to anti­im­pe­ria­lis­ta mun­dial debe basar­se, por tan­to, en un con­cep­to cla­ro de lo que es el impe­ria­lis­mo: un sis­te­ma eco­nó­mi­co mun­dial de explo­ta­ción basa­do en dife­ren­cias y dis­cri­mi­na­cio­nes impues­to por una quin­ta par­te a las cua­tro quin­tas par­tes res­tan­tes de la huma­ni­dad . Esto tie­ne dos consecuencias.

En pri­mer lugar, el anti­im­pe­ria­lis­mo no pue­de limi­tar­se a opo­ner­se a las accio­nes mili­ta­res de las poten­cias de la OTAN. Debe opo­ner­se a todo lo que pri­va a los pue­blos de las nacio­nes no impe­ria­lis­tas, entre las que inclui­mos a Rusia, de los fru­tos de su tra­ba­jo: debe opo­ner­se a la ser­vi­dum­bre por deu­das, a con­di­cio­nes comer­cia­les mani­fies­ta­men­te injus­tas, a las leyes res­tric­ti­vas de la pro­pie­dad inte­lec­tual, a la dic­ta­du­ra finan­cie­ra, a la nega­ción de la sobe­ra­nía eco­nó­mi­ca y a las san­cio­nes. El anti­im­pe­ria­lis­mo empie­za y ter­mi­na con la defen­sa de los dere­chos de las per­so­nas, no de los dere­chos de propiedad.

La «izquier­da» impe­ria­lis­ta nie­ga el víncu­lo entre capi­ta­lis­mo e impe­ria­lis­mo, ale­gan­do que Marx no lo defi­nió (Des­ai 2020). Por lo tan­to, son libres de carac­te­ri­zar la revo­lu­ción rusa como una des­via­ción de Marx y a sus líde­res, en par­ti­cu­lar a Lenin, como una «abe­rra­ción auto­ri­ta­ria». Nada más lejos de la reali­dad, bas­ta­ría esta afir­ma­ción: «Si los libe­ra­les no pue­den com­pren­der cómo una nación pue­de enri­que­cer­se a expen­sas de otra, no es de extra­ñar que esos mis­mos seño­res se nie­guen a com­pren­der cómo den­tro su cla­se, den­tro de su nación, se pue­den enri­que­cer­se a expen­sas de otros» (Marx 18481976, 4645).

En segun­do lugar, no hay más impe­ria­lis­mo que el de las patrias ori­gi­na­les del capi­ta­lis­mo (en gran par­te occi­den­ta­les). Rusia no es una poten­cia impe­ria­lis­ta, y pun­to. Tam­po­co lo es Chi­na. Tam­po­co lo es Sudá­fri­ca, ni Tur­quía, ni la India, ni nin­gún supues­to subim­pe­ria­lis­mo «regio­nal» de un país cuyas cla­ses tra­ba­ja­do­ras estén opri­mi­das entre cin­co y vein­te veces más por los amos impe­ria­lis­tas que por el más ambi­cio­so y oli­gár­qui­co de sus capi­ta­lis­tas autóc­to­nos. Estos paí­ses, por tan­to, no tie­nen des­tino den­tro del mun­do impe­ria­lis­ta; su futu­ro está en un desa­rro­llo inde­pen­dien­te que se cen­tre en ser­vir a sus pue­blos. Este tam­bién deber ser el pro­gra­ma de la izquierda.

¿Qué tipo de nue­va inter­na­cio­nal se necesita?

La idea de una nue­va orga­ni­za­ción inter­na­cio­nal de la izquier­da no es una pro­pues­ta nos­tál­gi­ca. Con el mun­do entran­do en un perio­do de cam­bios tumul­tuo­sos, se hace cada vez más evi­den­te lo nece­sa­ria que es. Su rea­li­za­ción requie­re un deba­te estra­té­gi­co sobre qué tipo de par­ti­dos y qué rela­cio­nes entre ellos son nece­sa­rios. Cada una de las tres pri­me­ras Inter­na­cio­na­les se adap­tó a cir­cuns­tan­cias his­tó­ri­cas dis­tin­tas. ¿Qué pará­me­tros his­tó­ri­cos influ­yen en una nue­va Inter­na­cio­nal? Pode­mos iden­ti­fi­car cinco:

  • Has­ta aho­ra, las revo­lu­cio­nes socia­lis­tas no se han pro­du­ci­do en las patrias impe­ria­les del capi­ta­lis­mo, sino fue­ra de ellas; adop­tan­do la com­ple­ja for­ma dual de una lucha anti­im­pe­ria­lis­ta com­bi­na­da con una lucha anticapitalista.
  • Con la diso­lu­ción de la URSS , Rusia en la prác­ti­ca se auto-anu­ló al renun­ciar tan­to a sus orí­ge­nes como a sus logros. Esta renun­cia a su heren­cia comu­nis­ta le ha lle­va­do a dejar de lado medi­das que tan­to nece­si­ta para su desa­rro­llo y su éxi­to mili­tar: pla­ni­fi­ca­ción, ges­tión del comer­cio y de los flu­jos de capi­tal, regu­la­ción finan­cie­ra, equi­dad social y pro­pie­dad estatal.
  • Ha sur­gi­do un nue­vo y pode­ro­so Esta­do socia­lis­ta, la Repú­bli­ca Popu­lar Chi­na, jun­to con los socia­lis­mos de Cuba, Viet­nam y Corea del Nor­te. Estos están en deu­da con la URSS, pero han segui­do su pro­pio camino. Chi­na es hoy el prin­ci­pal desa­fío eco­nó­mi­co al orden impe­ria­lis­ta mun­dial. Con méto­dos genui­na­men­te socia­lis­tas ha eli­mi­na­do la pobre­za extre­ma, ha ofre­ci­do a la mayo­ría de sus ciu­da­da­nos un nivel de vida sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te bueno y ha tra­za­do un sis­te­ma comer­cial alter­na­ti­vo cada vez más atrac­ti­vo a la alter­na­ti­va neo­li­be­ral que ofre­ce el impe­ria­lis­mo diri­gi­do por Esta­dos Unidos.
  • La reac­ción neo­li­be­ral a la ralen­ti­za­ción del cre­ci­mien­to de la déca­da de 1970 ha debi­li­ta­do deci­si­va­men­te las eco­no­mías de Occi­den­te, ali­men­tan­do una vas­ta expan­sión de acti­vi­da­des finan­cie­ras que exa­cer­ban aún más su debi­li­dad pro­duc­ti­va (Free­man- Des­ai). Este decli­ve está en la raíz de la pér­di­da de con­trol de Occi­den­te y del sur­gi­mien­to de un nue­vo orden mul­ti­po­lar. Los paí­ses occi­den­ta­les se encuen­tran inmer­sos en una espi­ral de decli­ve eco­nó­mi­co, divi­sión social, estan­ca­mien­to polí­ti­co y desin­te­gra­ción cultural.
  • Pri­va­do, uno a uno, de los resor­tes eco­nó­mi­cos que antes poseía, la agre­sión es aho­ra el úni­co recur­so de que dis­po­ne Occi­den­te. La bata­lla por la paz –que sig­ni­fi­ca obli­gar a Occi­den­te a aban­do­nar cual­quier idea de resol­ver sus pro­ble­mas eco­nó­mi­cos por medios mili­ta­res– se ha con­ver­ti­do así en la tarea más urgen­te a la que se enfren­ta la humanidad.

La reac­ción de Occi­den­te ante estos hechos es catas­tró­fi­ca. El mun­do solo podrá resol­ver pací­fi­ca­men­te los con­flic­tos bási­cos cuan­do [Occi­den­te] se vea obli­ga­do a aban­do­nar de una vez por todas sus impul­sos impe­ria­lis­tas. Esta es, en pri­mer lugar, la tarea de cual­quier nue­va aso­cia­ción de los pue­blos del mundo.

El impe­ria­lis­mo y la base de la uni­dad entre los pueblos

Des­de la pers­pec­ti­va del libe­ra­lis­mo esta­dou­ni­den­se la visión de la «izquier­da» occi­den­tal no es más que una varian­te de su pen­sa­mien­to, cual­quier país que defien­da a su pue­blo es impe­ria­lis­ta. En una fan­tás­ti­ca inver­sión de la reali­dad, el empe­ño de la OTAN por cer­car a Rusia, derro­car su gobierno y des­tro­zar­la es una bata­lla por la liber­tad, mien­tras que la defen­sa por par­te de Rusia de las víc­ti­mas de los fas­cis­tas ucra­nia­nos es un acto de agresión.

Esto se debe a una pro­fun­da incom­pren­sión de la esen­cia eco­nó­mi­ca del impe­ria­lis­mo. Aun­que la «izquier­da» occi­den­tal está increí­ble­men­te con­fun­di­da al res­pec­to, los prin­ci­pios teó­ri­cos son una par­te extra­or­di­na­ria de su heren­cia mar­xis­ta: toda la rique­za se deri­va del tra­ba­jo y todos los sis­te­mas de cla­ses trans­fie­ren esta rique­za a per­so­nas que no la pro­du­je­ron. La rique­za de las nacio­nes impe­ria­lis­tas, que cons­ti­tu­yen una quin­ta par­te de la huma­ni­dad, es pro­du­ci­da por el tra­ba­jo de las cua­tro quin­tas par­tes restantes.

El pun­to cla­ve es que la divi­sión del mun­do de la épo­ca colo­nial, entre un peque­ño gru­po de nacio­nes ricas y el res­to, ha vuel­to a impo­ner­se en los tiem­pos moder­nos, como han seña­la­do el pre­si­den­te Putin y otros ora­do­res del Club Val­dai, esto se refle­ja en las estruc­tu­ras mili­ta­res de Occi­den­te: solo un miem­bro de la OTAN, Tur­quía, per­te­ne­ce al Sur.

El «Occi­den­te colec­ti­vo», o como lo lla­mó la Comi­sión Brandt, el «Nor­te Glo­bal», era, en el apo­geo de la era neo­li­be­ral (1995) vein­te veces más rico, en tér­mi­nos de PIB, que el res­to del mun­do (con la excep­ción de Chi­na) y diez veces más rico que Rusia (Free­man). El impe­ria­lis­ta «Nor­te Glo­bal» defien­de un mono­po­lio de pro­duc­tos de alta tec­no­lo­gía que expor­ta a pre­cios ele­va­dos al res­to del mun­do y actúa median­te la hege­mo­nía del dólar, uti­li­za el chan­ta­je eco­nó­mi­co, la escla­vi­tud de la deu­da, la inter­ven­ción mili­tar, las san­cio­nes puni­ti­vas y el cam­bio de régi­men para obli­gar al Sur a ven­der­le mano de obra bara­ta y pro­duc­tos pri­ma­rios a pre­cios exor­bi­tan­te­men­te bajos.

Pero pre­ci­sa­men­te por eso el Club Impe­ria­lis­ta es selec­ti­vo: no admi­te nue­vos miem­bros. Des­de 1914 (Free­man) solo se ha per­mi­ti­do la entra­da de Corea del Sur, y esto fue para evi­tar que Corea se unie­ra y se hicie­ra socia­lis­ta. Para com­pren­der este pun­to, hay que enten­der que el mono­po­lio es la for­ma más ele­va­da de com­pe­ten­cia y no, como afir­man los eco­no­mis­tas neo­clá­si­cos, una alter­na­ti­va a la com­pe­ten­cia. La his­to­ria del impe­ria­lis­mo moderno con­sis­te en man­te­ner fue­ra a todos los riva­les posi­bles. Tras la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, los alia­dos impu­sie­ron a Ale­ma­nia la puni­ti­va paz de Ver­sai­lles, res­pon­sa­ble en gran medi­da de la Segun­da Gue­rra Mun­dial. Pos­te­rior­men­te, Japón y Ale­ma­nia fue­ron admi­ti­dos en el club solo para evi­tar que se con­vir­tie­ran en socia­lis­tas, y a con­di­ción de que estu­vie­ran con­tro­la­dos por Esta­dos Unidos.

Por lo tan­to, por mucho que los capi­ta­lis­tas del Sur aspi­ren a con­ver­tir­se en impe­ria­lis­tas, no se les per­mi­ti­rá. Los euro­peos han humi­lla­do a Tur­quía man­te­nién­do­la en la cuer­da flo­ja duran­te dos déca­das con la fal­sa pro­me­sa de unir­se a Euro­pa. Esta­dos Uni­dos tra­ba­ja cons­tan­te­men­te para redu­cir a Rusia a un esta­tus subor­di­na­do y rom­pien­do todos los lazos eco­nó­mi­cos rusos con Euro­pa, lo que les per­mi­te per­pe­tuar su domi­nio sobre Europa.

El repar­to impe­ria­lis­ta del mun­do exclu­ye por tan­to, por deci­sión de sus eli­tes, a Rusia, Bra­sil, Tur­quía, India, Ara­bia Sau­dí, Sudá­fri­ca, Indo­ne­sia o cual­quier poten­cia «emer­gen­te», por mucho que sus gobier­nos aspi­ren erró­nea­men­te a jugar algún papel en el sis­te­ma impe­ria­lis­ta, solo les que­da el rol de títeres.

Por eso es la opo­si­ción al sis­te­ma impe­ria­lis­ta mun­dial, y no las supues­tas aspi­ra­cio­nes de los paí­ses no impe­ria­lis­tas, la base de la uni­dad nece­sa­ria. Pero, dada la gran diver­si­dad de sis­te­mas socia­les y eco­nó­mi­cos de estos paí­ses, ¿es nece­sa­rio plan­tear­se otras «con­di­cio­nes de admi­sión»? Este es uno de los ele­men­tos más radi­ca­les de nues­tra pro­pues­ta: que la opo­si­ción al impe­ria­lis­mo no impli­que la apro­ba­ción de nin­gu­na polí­ti­ca inter­na con­cre­ta en las nacio­nes opri­mi­das. Esta es una cues­tión que com­pe­te a los pue­blos de esos paí­ses. La razón es que la derro­ta mun­dial del impe­ria­lis­mo crea las mejo­res con­di­cio­nes para la vic­to­ria de los sin pro­pie­dad en todas las nacio­nes, inclui­das las nacio­nes opri­mi­das en las que el capi­tal sigue dominando.

La ver­da­de­ra elec­ción que hay que hacer, sos­te­ne­mos, es que tal movi­mien­to debe basar­se en el recha­zo de la polí­ti­ca divi­sio­nis­ta de la dere­cha. Por eso pro­po­ne­mos un movi­mien­to y, a lar­go pla­zo, una orga­ni­za­ción anti­im­pe­ria­lis­ta de izquier­das. Sin embar­go, la cues­tión no es del todo sen­ci­lla debi­do a la nece­sa­ria dis­tin­ción, que hici­mos al prin­ci­pio, entre gobier­nos y par­ti­dos o movi­mien­tos. Vol­ve­re­mos sobre este pun­to en la conclusión.

¿Exis­te el anti­im­pe­ria­lis­mo de derechas?

En la nie­bla de la gue­rra, las cosas se expre­san enga­ño­sa­men­te y el lide­raz­go polí­ti­co debe dis­tin­guir la apa­rien­cia de la esen­cia. Es inne­ga­ble que la «izquier­da» occi­den­tal res­pal­da la gue­rra por dele­ga­ción de la OTAN con­tra Rusia y que la opo­si­ción par­la­men­ta­ria a esta gue­rra, en el Occi­den­te colec­ti­vo, se expre­sa en corrien­tes de dere­cha en la polí­ti­ca inter­na como el trum­pis­mo, Le Pen, AfD u Orban.

A este res­pec­to, es esen­cial la sepa­ra­ción entre las tareas de los gobier­nos y las de los movi­mien­tos o par­ti­dos de masas. Una nación opri­mi­da tie­ne todo el dere­cho a iden­ti­fi­car y explo­tar cual­quier fisu­ra en las filas de sus enemi­gos, inclu­so a esta­ble­cer alian­zas tác­ti­cas con cual­quier gobierno que se pon­ga de su lado con­tra tal o cual ofen­si­va impe­ria­lis­ta. Sin embar­go, esto no es una cues­tión estra­té­gi­ca y no debe con­fun­dir­se con la cons­truc­ción de movi­mien­tos o par­ti­dos de masas eficaces.

Esto no qui­ta que los par­ti­dos y movi­mien­tos de dere­chas no ten­gan cabi­da en un movi­mien­to anti­im­pe­ria­lis­ta, de hecho esto divi­di­ría a los tra­ba­ja­do­res: pero la fun­ción de la izquier­da es, y siem­pre ha sido, unir a los tra­ba­ja­do­res. Los prin­ci­pios de cual­quier alian­za popu­lar genui­na deben incluir el recha­zo explí­ci­to de cual­quier inten­to de explo­tar las divi­sio­nes entre los tra­ba­ja­do­res. Este es el con­cep­to ori­gi­nal de cla­se de la «izquier­da» que se inclu­yó en la fun­da­ción de la Pri­me­ra Inter­na­cio­nal. Su decla­ra­ción fun­da­cio­nal dice así:

Que la eman­ci­pa­ción de los tra­ba­ja­do­res debe ser obra de los tra­ba­ja­do­res: que los esfuer­zos de los tra­ba­ja­do­res para lograr su eman­ci­pa­ción no deben diri­gir­se al esta­ble­ci­mien­to de nue­vos pri­vi­le­gios, sino al esta­ble­ci­mien­to de los mis­mos dere­chos y debe­res para todos;

Que el some­ti­mien­to del tra­ba­ja­dor al capi­tal es la raíz de toda escla­vi­tud; polí­ti­ca, moral y material;

Que, sobre esta base, la eman­ci­pa­ción eco­nó­mi­ca de los tra­ba­ja­do­res es el gran fin al que debe subor­di­nar­se toda acti­vi­dad política;

Por estas razones:

Los aba­jo fir­man­tes, miem­bros del Con­se­jo ele­gi­dos por la reu­nión cele­bra­da en St Martin’s Hall, Lon­dres, el 28 de sep­tiem­bre de 1864, decla­ran que esta Aso­cia­ción Inter­na­cio­nal, así como todas sus socie­da­des afi­lia­das o indi­vi­duos, reco­no­ce­rán que su con­duc­ta hacia todos los hom­bres debe basar­se en la Ver­dad, la Jus­ti­cia y la Moral, sin dis­tin­ción de color, cre­do o nacionalidad.

La Segun­da Inter­na­cio­nal, hay que decir­lo, fue más que ambi­gua en este pun­to. Ya esta­ba infec­ta­da de la pers­pec­ti­va impe­ria­lis­ta que deter­mi­na­ría la reac­ción de sus par­ti­dos ante la gue­rra. Pro­ba­ble­men­te la pie­dra de toque sea la cues­tión del anti­se­mi­tis­mo. Aun­que no era la úni­ca for­ma de racis­mo que se podía encon­trar en estos par­ti­dos, fue fun­da­men­tal en la for­ma­ción del socia­lis­mo euro­peo por­que los judíos, el pue­blo más opri­mi­do de Euro­pa, for­ma­ban el ala más con­se­cuen­te­men­te revo­lu­cio­na­ria del movi­mien­to obre­ro, mien­tras que el racis­mo anti­ju­dío era la pun­ta de lan­za no solo del com­pro­mi­so con el impe­ria­lis­mo sino tam­bién de lo que se con­ver­ti­ría en el nazismo.

La II Inter­na­cio­nal incluía, no solo en sus filas sino entre sus diri­gen­tes, a des­ta­ca­dos anti­se­mi­tas como el líder bri­tá­ni­co Henry Hynd­man. Bus­ca­ba un «con­sen­so sobre la cues­tión judía», es decir, inten­ta­ba derro­tar al racis­mo dan­do la razón a los racis­tas. La inuti­li­dad de este plan­tea­mien­to que­dó ilus­tra­da por sus deci­sio­nes: tras apro­bar una reso­lu­ción uná­ni­me de con­de­na del anti­se­mi­tis­mo, apro­bó inme­dia­ta­men­te una reso­lu­ción corre­gi­da por los dele­ga­dos blan­quis­tas Dr. A. Reg­nard y M. Argy­ria­des con­tra la «tira­nía filo­se­mi­ta», seña­lan­do que muchos ban­que­ros judíos eran «gran­des opre­so­res de los tra­ba­ja­do­res». El Times infor­mó de que la reso­lu­ción fue «reci­bi­da con aplau­sos y apro­ba­da con muy poca oposición».

La III Inter­na­cio­nal reto­mó el pro­gra­ma clá­si­co de la izquier­da de unir a los tra­ba­ja­do­res y, por tan­to, recha­zó ine­quí­vo­ca­men­te el racis­mo en todas sus for­mas. En su preám­bu­lo se afirma:

La Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta rom­pe defi­ni­ti­va­men­te con las tra­di­cio­nes de la II Inter­na­cio­nal que, en reali­dad, solo reco­no­cía a la raza blan­ca. La tarea de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta es eman­ci­par a los tra­ba­ja­do­res del mun­do ente­ro. En sus filas están fra­ter­nal­men­te uni­dos hom­bres de todos los colo­res –blan­cos, ama­ri­llos y negros – , los tra­ba­ja­do­res de todo el mundo.

Es cier­to que la Comin­tern esta­ba lejos de ser cla­ro en una posi­ción for­mal sobre la opre­sión de la mujer, y la fra­se ante­rior no es más un mode­lo de sen­si­bi­li­dad de géne­ro. En sus esta­tu­tos no se men­cio­na la lucha por el sufra­gio. En la prác­ti­ca, sin embar­go, el movi­mien­to obre­ro no solo fue el alia­do más con­se­cuen­te de las luchas de las muje­res de la cla­se obre­ra, sino que este prin­ci­pio tie­ne raí­ces muy antiguas.

Como ates­ti­gua Cla­ra Zet­kin (1919[1971]), tan­to la Pri­me­ra como la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal se fun­da­ron sobre un anti­guo com­pro­mi­so con la lucha de las muje­res de la cla­se obre­ra por la igual­dad de dere­chos que se remon­ta­ba a la Aso­cia­ción de Hilan­de­ras y Teje­do­ras de Sajo­nia, que fue el bas­tión de la corrien­te de Marx den­tro de la Pri­me­ra Internacional.

En resu­men, no hay nin­gu­na base sóli­da para incluir, en un movi­mien­to anti­im­pe­ria­lis­ta cohe­ren­te, a nin­gún par­ti­do o movi­mien­to que explo­te las divi­sio­nes en la cla­se obre­ra, ya sea sobre la base del «color, cre­do o nacio­na­li­dad», o cual­quier otra dis­tin­ción o sepa­ra­ción, inclu­yen­do el géne­ro o la pre­fe­ren­cia de géne­ro, que al dar un esta­tus pri­vi­le­gia­do a un sec­tor de los sin pro­pie­dad, los enfren­ta entre sí. «Izquier­da» sig­ni­fi­ca dere­chos uni­ver­sa­les para los des­he­re­da­dos. Pun­to y apar­te, sin excepciones.

¿Hay razo­nes para cam­biar esto? ¿Pode­mos cali­fi­car pro­yec­tos como los de Orban –o Le Pen, o Melo­ni– de mera­men­te «nacio­na­lis­tas»? Debi­do a los fra­ca­sos de la izquier­da, aho­ra hay una bata­lla entre la ideo­lo­gía de la izquier­da y la ideo­lo­gía de la dere­cha en la que la gen­te va y vie­ne en ambas direcciones.

En la prác­ti­ca, la pre­gun­ta debe­ría res­pon­der­se de otra mane­ra: los movi­mien­tos obre­ros anti­im­pe­ria­lis­tas no solo debe­rían tra­zar una línea con­tra todas las prác­ti­cas divi­so­rias, sino poner­se del lado de las luchas reales de los opri­mi­dos del momen­to. Por eso, por ejem­plo, es cru­cial poner­se del lado de los que salie­ron a la calle con­tra el ase­si­na­to poli­cial de Geor­ge Floyd en Esta­dos Uni­dos; por eso, cree­mos que es un error pre­sen­tar las luchas de masas por los dere­chos de los negros, las muje­res y los homo­se­xua­les como una mani­fes­ta­ción del «wokis­mo».

El «wokis­mo» es un enemi­go de paja; cuan­do el esta­blish­ment libe­ral esta­dou­ni­den­se recu­rre a ges­tos sim­bó­li­cos para unos pocos ricos, aban­do­nan­do a millo­nes de muje­res tra­ba­ja­do­ras, negros y gays a su suer­te en un sis­te­ma neo­li­be­ral que solo refuer­za sus opre­sio­nes espe­cí­fi­cas al tiem­po que pro­fun­di­za la des­igual­dad mate­rial. Opo­ner­se a esto es dia­me­tral­men­te opues­to a apo­yar a gen­te como Orban, que lide­ra ata­ques físi­cos racis­tas con­tra inmi­gran­tes y gita­nos, o Le Pen con­tra los ára­bes, AfD con­tra los tur­cos, Melo­ni con­tra los afri­ca­nos o Trump con­tra los mexi­ca­nos. No hacen más que ata­car a las víc­ti­mas del impe­ria­lis­mo que tie­nen la osa­día de pre­sen­tar­se en el mun­do impe­ria­lis­ta. La izquier­da tam­po­co pue­de poner­se del lado de gen­te como Modi, con sus pogro­mos anti­mu­sul­ma­nes, o Bol­so­na­ro con su des­pre­cio por los indí­ge­nas y los negros de Brasil.

¿La dic­ta­du­ra de qué? Izquier­da, dere­cha e independencia

Otros dos pun­tos de la decla­ra­ción de la Comin­tern mere­cen aten­ción. En pri­mer lugar, los par­ti­dos de la Comin­tern en los paí­ses impe­ria­lis­tas tenían tareas dife­ren­tes de los de los paí­ses opri­mi­dos, un pun­to olvi­da­do por la izquier­da occi­den­tal que, con­su­mi­da por la arro­gan­te creen­cia libe­ral de que sus sis­te­mas socia­les son supe­rio­res, sufre de una nece­si­dad apa­ren­te­men­te incon­tro­la­ble de decir a todos los demás lo que tie­nen que hacer.

Como ya se ha seña­la­do, la Comin­tern pres­cri­bió que sus miem­bros de los paí­ses impe­ria­lis­tas debían actuar en sus pro­pios paí­ses «no solo con pala­bras sino con hechos» en apo­yo de «todo movi­mien­to de libe­ra­ción». Esto es lo con­tra­rio del libe­ra­lis­mo, que asu­me que los valo­res occi­den­ta­les –enrai­za­dos en la pro­pie­dad pri­va­da como la liber­tad supre­ma– son un prin­ci­pio uni­ver­sal que todo el mun­do debe acep­tar. La con­duc­ta de la izquier­da occi­den­tal en el con­flic­to ucra­niano, por no hablar de Yugos­la­via, Irán, Irak o Afga­nis­tán, habría sido razón más que sufi­cien­te para negar­les la admi­sión en la Comin­tern; su tarea se habría limi­ta­do a sacar a sus pro­pios gobier­nos del conflicto.

Este prin­ci­pio «no inter­ven­cio­nis­ta» de las rela­cio­nes entre las nacio­nes opre­so­ras y opri­mi­das corres­pon­de, pues, exac­ta­men­te al res­pe­to de la sobe­ra­nía nacio­nal que se requie­re en un mun­do multipolar.

Los prin­ci­pios de la Comin­tern tam­bién obli­gan a los comu­nis­tas occi­den­ta­les a apo­yar «cual­quier» movi­mien­to de libe­ra­ción, no solo los que ellos pre­fie­ran. Pero no todos los movi­mien­tos de libe­ra­ción son socia­lis­tas. Algu­nos, como la lucha de Chi­pre para esca­par del domi­nio bri­tá­ni­co, inclu­ye­ron líde­res explí­ci­ta­men­te fas­cis­tas. El pero­nis­mo en Amé­ri­ca Lati­na tie­ne una com­ple­ja rela­ción con el fas­cis­mo que aún pro­yec­ta su som­bra sobre Argentina.

Sin embar­go, los prin­ci­pios de la Comin­tern esta­ble­cie­ron una dis­tin­ción entre los gobier­nos que, como Ucra­nia, se con­vier­ten en mario­ne­tas del impe­ria­lis­mo y los que se opo­nen a él. Estos no tie­nen nece­sa­ria­men­te gobier­nos de izquier­das. Miem­bros de la actual coa­li­ción emer­gen­te con­tra las san­cio­nes a Rusia, como India, tie­nen gobier­nos cla­ra­men­te de extre­ma dere­cha, inclu­so fas­cis­tas (Des­ai), mien­tras que otros como Chi­na y Viet­nam están a la izquier­da de todo lo que la Comin­tern encon­tró en su tiem­po. Esta varie­dad es la razón por la que el tér­mino «mul­ti­po­lar» de Hugo Chá­vez es apro­pia­do, por­que des­cri­be un mun­do, tal y como lo des­cri­bió el pre­si­den­te Putin en la con­fe­ren­cia del Club Val­dai de 2022, un con­cep­to que con­tie­ne una amplia varie­dad de sis­te­mas socia­les. ¿Entra esto en con­flic­to con el prin­ci­pio del inter­na­cio­na­lis­mo proletario?

La his­to­ria sigue su cur­so y cree­mos que resol­ver este pro­ble­ma es una de las tareas pri­mor­dia­les del movi­mien­to de masas que debe crear­se. De for­ma con­tro­ver­ti­da, cree­mos que no debe resol­ver­se escri­bien­do «socia­lis­mo» en los prin­ci­pios de un nue­vo movi­mien­to inter­na­cio­nal. Como hemos seña­la­do, los pri­me­ros comu­nis­tas no esta­ban com­pro­me­ti­dos con un sis­te­ma eco­nó­mi­co, sino con la defen­sa ine­quí­vo­ca de los dere­chos de los des­po­seí­dos . Ade­más, como se des­pren­de cla­ra­men­te de la his­to­ria del socia­lis­mo des­de la Revo­lu­ción Bol­che­vi­que, el camino hacia el socia­lis­mo pasa por dis­tin­tas for­ma­cio­nes anti­im­pe­ria­lis­tas que crean sus pro­pios cami­nos dis­tin­ti­vos hacia el socia­lis­mo, pasa, en resu­men, por la mul­ti­po­la­ri­dad. Una cues­tión más com­ple­ja es la del poder de la cla­se obre­ra, con la que la Pri­me­ra y la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal esta­ban efec­ti­va­men­te comprometidas.

La Comin­tern fue cono­ci­do por su apo­yo ine­quí­vo­co al sis­te­ma sovié­ti­co. El pri­mer pun­to de sus Con­di­cio­nes de Admi­sión reza así:

Toda la acti­vi­dad de pro­pa­gan­da y agi­ta­ción debe ser de natu­ra­le­za autén­ti­ca­men­te comu­nis­ta. Toda la pren­sa del par­ti­do debe estar bajo la direc­ción de comu­nis­tas de con­fian­za que hayan demos­tra­do su devo­ción a la cau­sa de la revo­lu­ción pro­le­ta­ria. La dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do no debe ser con­si­de­ra­da sim­ple­men­te como una fór­mu­la apren­di­da mecá­ni­ca­men­te de uso común; debe ser defen­di­da de tal mane­ra que su nece­si­dad sea com­pren­si­ble para cual­quier obre­ro o tra­ba­ja­dor ordi­na­rio, para cada sol­da­do y cam­pe­sino, par­tien­do de los hechos de su vida coti­dia­na, que debe ser infor­ma­do y uti­li­za­do dia­ria­men­te en nues­tra prensa.

Sin embar­go, sería un error con­cluir que la III Inter­na­cio­nal fue una mera crea­ción del Esta­do sovié­ti­co. Las con­di­cio­nes his­tó­ri­cas que lle­va­ron a los comu­nis­tas a esta posi­ción fue­ron his­tó­ri­ca­men­te pre­ci­sas y tran­si­to­rias. La Unión Sovié­ti­ca fue la pri­me­ra en sus­ti­tuir el poder capi­ta­lis­ta por el poder obre­ro. Como tal, la Comin­tern pudo ser un recur­so y un alia­do en las luchas de los tra­ba­ja­do­res de todo el mun­do, razón no menor por la que las agre­sio­nes de los enemi­gos del nacien­te esta­do obre­ro, inclui­dos los diri­gen­tes super­es­tre­llas de la II Inter­na­cio­nal como Kautsky, se cen­tra­ron en ata­car a esta orga­ni­za­ción inter­na­cio­nal de los trabajadores.

Para los comu­nis­tas, por tan­to, era impe­ra­ti­vo reco­no­cer como legí­ti­ma la for­ma espe­cí­fi­ca de poder esta­tal en la que basa­ban su domi­nio, a saber, el sis­te­ma sovié­ti­co. No sin razón, pro­cla­ma­ban que era una for­ma supe­rior de demo­cra­cia. Su defen­sa era la pri­me­ra línea de bata­lla. Sin ella, el obje­ti­vo pri­mor­dial de las dos pri­me­ras Inter­na­cio­na­les –repre­sen­tar el inte­rés común de todos los tra­ba­ja­do­res– no habría podi­do alcan­zar­se, por­que los tra­ba­ja­do­res se habrían vis­to pri­va­dos de los medios para hacer aque­llo en lo que Marx y Engels habían insis­ti­do, ele­var a su cla­se a la con­di­ción de gobernantes.

¿Debe­ría la nue­va Inter­na­cio­nal que pro­po­ne­mos pri­vi­le­giar igual­men­te a algu­nos o a todos los Esta­dos socia­lis­tas exis­ten­tes? Cree­mos que no. No es nece­sa­rio ni posi­ble aho­ra. No es posi­ble por­que una for­ma espe­cí­fi­ca de poder esta­tal, en un mun­do que con­tie­ne una varie­dad de paí­ses socia­lis­tas, no pue­de ser la base de la uni­dad. El camino dis­tin­to hacia el poder de la cla­se obre­ra que debe seguir­se en cada país de un mun­do plu­ri­po­lar debe ser obje­to de deba­te, no de edic­to. Ade­más, en ese mun­do mul­ti­po­lar, la Inter­na­cio­nal que pro­po­ne­mos con­ten­drá muchos Esta­dos que no se iden­ti­fi­can como socia­lis­tas, pero que se opo­nen acti­va­men­te al impe­ria­lis­mo y don­de, en muchos casos, los intere­ses de la cla­se obre­ra tie­nen prio­ri­dad sobre los de los capitalistas.

Inclui­rá no solo a Chi­na o Cuba, sino tam­bién a paí­ses como Irán, hijo de un pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio que lo ha pues­to en el pun­to de mira del impe­ria­lis­mo, en la van­guar­dia de la lucha con­tra la domi­na­ción occi­den­tal de Orien­te Medio, y que man­tie­ne sus posi­cio­nes bajo san­cio­nes, el terro­ris­mo de Esta­do nor­te­ame­ri­cano, asal­tos mili­ta­res dia­rios y revo­lu­cio­nes de colo­res. Es dema­sia­do fácil para el libe­ra­lis­mo occi­den­tal impo­ner su jui­cio wil­so­niano sobre estos pro­ce­sos sepa­ra­dos sin inten­tar siquie­ra ave­ri­guar a tra­vés de los revo­lu­cio­na­rios chi­nos, viet­na­mi­tas, cuba­nos, nor­co­rea­nos e ira­níes cómo figu­ra su Esta­do en la lucha de cla­ses de su país.

Los medios por los que los tra­ba­ja­do­res pue­den impo­ner sus intere­ses a un Esta­do es una cues­tión his­tó­ri­ca con­cre­ta que debe resol­ver­se median­te la expe­rien­cia prác­ti­ca. Por ejem­plo, en Chi­na y Viet­nam, el Par­ti­do Comu­nis­ta es el órgano cen­tral del Esta­do. Aun­que vili­pen­dia­dos en Occi­den­te por ser «auto­ri­ta­rios» y «tota­li­ta­rios», estos pue­den pre­su­mir de ser bas­tan­te más demo­crá­ti­cos que los auto­de­no­mi­na­dos guar­dia­nes occi­den­ta­les. Si se tie­ne en cuen­ta que el PCCh tie­ne más miem­bros que la pobla­ción de cual­quier país euro­peo y que sus ins­ti­tu­cio­nes son ele­gi­das, la afir­ma­ción de que este sis­te­ma es «anti­de­mo­crá­ti­co» en com­pa­ra­ción con las dic­ta­du­ras par­la­men­ta­rias de Occi­den­te pier­de toda cre­di­bi­li­dad. Se pue­den hacer obser­va­cio­nes simi­la­res para los sis­te­mas cubano y norcoreano.

La for­ma en que la cla­se obre­ra pue­de tomar el poder y hacer­lo efec­ti­vo requie­re inter­cam­bios entre los pue­blos del mun­do mul­ti­po­lar al más alto nivel posi­ble. De hecho, se nece­si­ta una inter­na­cio­nal pre­ci­sa­men­te para que tales deba­tes pue­dan tener lugar, inde­pen­dien­te­men­te de los intere­ses y la impli­ca­ción de los gobier­nos nacionales.

¿Ha fra­ca­sa­do el pro­yec­to de la Izquier­da Inter­na­cio­na­lis­ta? Como ha seña­la­do Dome­ni­co Losur­do, nin­gún pro­yec­to his­tó­ri­co pue­de eva­luar­se con pre­ci­sión dis­cu­tien­do lo que ha logra­do. En su lugar, debe­mos eva­luar el efec­to de sus idea­les. La Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta no con­si­guió alcan­zar el socia­lis­mo en Euro­pa. Por el con­tra­rio, sus par­ti­dos de masas fue­ron derro­ta­dos por los enemi­gos de la pri­me­ra revo­lu­ción socia­lis­ta del mun­do. Mus­so­li­ni triun­fó en Ita­lia, Fran­co en Espa­ña y Hitler en Alemania.

En este pre­ci­so sen­ti­do, la III Inter­na­cio­nal sufrió una gran derro­ta. Las fuer­zas de la revo­lu­ción en Euro­pa no sólo fue­ron recha­za­das, sino exter­mi­na­das. Como con­se­cuen­cia del ascen­so de Hitler, la URSS tuvo que enfren­tar­se direc­ta­men­te a la Ale­ma­nia nazi. Sin el heroi­co sacri­fi­cio de sus pue­blos, no vivi­ría­mos en un mun­do digno de sus hijos. ¿Sig­ni­fi­ca esto que el sacri­fi­cio de los már­ti­res de la lucha anti­fas­cis­ta, ins­pi­ra­dos en el ejem­plo sovié­ti­co, que fue­ron a morir por millo­nes en las cár­ce­les y cam­pos de bata­lla de Euro­pa, fue en vano? ¿Supo­ne su muer­te un jui­cio sobre el ideal de una Inter­na­cio­nal mun­dial de la cla­se obre­ra? ¿Debe­mos con­cluir que no vale la pena luchar con­tra el fas­cis­mo por­que una vez per­di­mos? Es una visión fata­lis­ta. No pode­mos con­cluir de una derro­ta que la bata­lla anti­fas­cis­ta nun­ca debió librar­se; en todo caso, que la gue­rra aún está por ganar. El impe­ria­lis­mo no ha muer­to. El fas­cis­mo está en auge. Los tra­ba­ja­do­res están sien­do ata­ca­dos como nun­ca des­de los años trein­ta. Ren­dir­se no es una opción.

Ade­más, y qui­zá este sea el fac­tor más deci­si­vo para una correc­ta eva­lua­ción his­tó­ri­ca, el pro­yec­to no fra­ca­só fue­ra de Euro­pa. La direc­ción de la olea­da de revo­lu­cio­nes que siguie­ron a la derro­ta de Hitler, inclui­da la revo­lu­ción chi­na, fue mol­dea­da no solo por esas luchas nacio­na­les, sino por sus encuen­tros, en la Comin­tern de entre­gue­rras, con los idea­les y las luchas de los revo­lu­cio­na­rios anti­im­pe­ria­lis­tas de todo el mun­do. El ideal comu­nis­ta ins­pi­ró levan­ta­mien­tos anti­co­lo­nia­les en todo el mun­do, a pesar de que cada uno de esos levan­ta­mien­tos siguió su pro­pia tra­yec­to­ria nacional.

Por últi­mo, no pode­mos com­ple­tar nin­gún aná­li­sis del papel his­tó­ri­co de la Comin­tern sin una eva­lua­ción ade­cua­da de las con­se­cuen­cias de su diso­lu­ción, que, como hemos argu­men­ta­do (Free­man), demos­tró ser en muchos sen­ti­dos un impor­tan­te error de cálcu­lo his­tó­ri­co. Los diri­gen­tes de la URSS cre­ye­ron que con­ven­ce­rían a Occi­den­te de que aban­do­na­ra sus ambi­cio­nes mili­ta­ris­tas y opre­si­vas eli­mi­nan­do la ame­na­za per­ci­bi­da de que «la Comin­tern soca­va­ría su poder». Pero Occi­den­te no corres­pon­dió. Nun­ca aban­do­nó su agen­da impe­ria­lis­ta y nun­ca dejó de cons­pi­rar para derro­car a la URSS, cosa que con­si­guió por­que la URSS lucha­ba con una mano ata­da a la espal­da. ¿No es hora de que las cla­ses tra­ba­ja­do­ras del mun­do vuel­van a luchar con los dos puños?

Tam­po­co pode­mos dejar de comen­tar las con­se­cuen­cias de la esci­sión entre la direc­ción sovié­ti­ca y otros movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios, tan­to en Yugos­la­via como en la desas­tro­sa esci­sión con Chi­na, que, al divi­dir a las fuer­zas obje­ti­va­men­te opues­tas al impe­ria­lis­mo, pre­pa­ró el terreno para muchos aspec­tos de la situa­ción actual. Con una fase reno­va­da de la lucha con­tra el impe­ria­lis­mo y el fas­cis­mo, y con la pro­pia super­vi­ven­cia del pla­ne­ta en jue­go, ¿no es esta inter­na­cio­nal más nece­sa­ria que nunca?

Alan Free­man, direc­tor de Inves­ti­ga­ción de Geo­po­lí­ti­ca Eco­nó­mi­ca, Uni­ver­si­dad de Mani­to­ba – Cana­dá y Radhi­ka Des­ai, pro­fe­so­ra del Depar­ta­men­to de Estu­dios Polí­ti­cos, Uni­ver­si­dad de Mani­to­ba – Canadá

Mayo de 2023

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Docu­men­ta­ción

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Para una lis­ta exhaus­ti­va de las accio­nes mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses en el extran­je­ro, véa­se Ins­tan­ces of Use of Uni­ted Sta­tes Armed For­ces Abroad, 1798 – 2022, Con­gres­sio­nal Research Ser­vi­ces (https://​crs​re​ports​.con​gress​.gov/​p​r​o​d​u​c​t​/​p​d​f​/​R​/​R​4​2​738).

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