Acer­ca de la sali­da del ejér­ci­to espa­ñol de Afganistán.

Nos hemos desa­yu­na­do la pasa­da sema­na con el regre­so des­de Afga­nis­tán de la tro­pa que aún que­da­ba en la misión mili­tar HELISAF del ejér­ci­to espa­ñol. Pren­sa y tele­vi­sión nos han ofre­ci­do los con­sa­bi­dos y enla­ta­dos ritos mili­ta­res al uso y los dis­cur­sos y para­bie­nes del Jefe del Esta­do, de la Minis­tra de Defen­sa y de la lar­ga lis­ta de jefes y sub­je­fes que com­po­nen, cual esla­bo­nes de una cade­na de galeo­tes, el elen­co de capi­tos­tes polí­ti­co-mili­ta­res de las fuer­zas armadas.

Han trans­cu­rri­do nada menos que 19 años des­de el ini­cio de la pre­sen­cia mili­tar espa­ño­la en Afganistán.

Cua­tro pre­si­den­tes de gobierno con sus res­pec­ti­vos apo­yos par­la­men­ta­rios y dos reyes han dado su aval a este sin­gu­lar modo de hacer­nos pre­sen­tes en el mun­do. ¿ha vali­do la pena? ¿Ha mejo­ra­do la suer­te de los afga­nos gra­cias a tama­ña gesta?

Un repa­so al argumentario.

La pre­sen­cia espa­ño­la en Afga­nis­tán fue auto­ri­za­da por el Cone­jo de Minis­tros de 27 de diciem­bre de 2001, con Aznar ejer­cien­do de Aznar y con la jus­ti­fi­ca­ción de pres­tar asis­ten­cia téc­ni­ca y mili­tar al gobierno afgano, recién esta­ble­ci­do tras echar a los malos del momento.

Dicha misión for­ma­ba par­te de la con­tri­bu­ción espa­ño­la a la polí­ti­ca de gue­rra de EEUU en Afga­nis­tán deci­di­da por Geor­ge Bush tras los aten­ta­dos de las Torres Geme­las del 11 de sep­tiem­bre de 2001.

Recor­de­mos para los más des­pis­ta­dos que los EEUU de Bush pro­vo­ca­ron una inva­sión mili­tar en Afga­nis­tán de la mano del Rei­no Uni­do de Blair; inva­sión a la que los res­tan­tes esta­dos miem­bros de la OTAN, cual súb­di­tos com­pla­cien­tes del jefe del régi­men del bien, con­tri­bu­ye­ron con una «fuer­za inter­na­cio­nal de Asis­ten­cia» (ISAF en sus siglas en inglés) de la que for­mó par­te la par­ti­ci­pa­ción española.

Para saber de qué iba la cosa nos pue­de ser­vir la nomen­cla­tu­ra con la que los EEUU deno­mi­na­ron a sus ope­ra­cio­nes mili­ta­res del momen­to: «infi­ni­te jus­ti­ce» (jus­ti­cia infi­ni­ta), «endu­ring free­don» (liber­tad duradera).

Es decir, lle­var has­ta el paro­xis­mo jus­ti­cia y liber­tad a Afga­nis­tán, los dos mas­ca­ro­nes de proa de la pro­me­sa de feli­ci­dad glo­bal del capi­ta­lis­mo neo­li­be­ral. ¡quién podía estar en con­tra!
Por lo que res­pec­ta a la jus­ti­fi­ca­ción espa­ño­la de la par­ti­ci­pa­ción en este con­tex­to de gue­rra, ésta se basó en la reso­lu­ción 13782001 de Nacio­nes Uni­das, que ins­ta­ba a pres­tar asis­ten­cia urgen­te a la pobla­ción Afga­na, y en los Acuer­dos de Bonn de la Con­fe­ren­cia Inter­na­cio­nal sobre Afga­nis­tán de 22 de diciem­bre de 2001, que jus­ti­fi­ca­ban el apo­yo mili­tar de los paí­ses de la OTAN a la gue­rra afga­na des­en­ca­de­na­da por EEUU y Rei­no Unido.

Aznar enfa­ti­zó que esta misión pre­ten­día traer la paz a Afga­nis­tán y con­se­guir la esta­bi­li­dad de la zona, dos obje­ti­vos que, a pesar de vein­te años de inje­ren­cia mili­tar en los que se ha enfras­ca­do el ejér­ci­to espa­ñol, no pare­ce que se haya con­se­gui­do del todo y a los que, como vere­mos, da la impre­sión que en poco o nada han con­tri­bui­do las accio­nes mili­ta­res y la pre­sen­cia de ejér­ci­tos inter­na­cio­na­les duran­te estas dos déca­das pasadas.

La ope­ra­ción mili­tar espa­ño­la, que no se pre­veía tan lar­ga, cobró un giro al cro­ni­fi­car­se la gue­rra afga­na y con el Pre­si­den­te Zapa­te­ro, quien la usó como mone­da de cam­bio para des­agra­viar a los EEUU tras el aban­dono efec­tis­ta de la par­ti­ci­pa­ción espa­ño­la en otra misión de inje­ren­cia mili­tar regio­nal, la de Irak, de la que fui­mos par­te al adhe­rir­se Aznar al famo­so trío cala­ve­ra de las Azo­res.
Enton­ces se enfa­ti­zó una jus­ti­fi­ca­ción suple­men­ta­ria: Espa­ña par­ti­ci­pa­ba en Afga­nis­tán para la paci­fi­ca­ción y recons­truc­ción del país, al que nues­tras tro­pas podían con­tri­buir dada su expe­rien­cia ante­rior en este tipo de actua­cio­nes humanitarias.

Si acu­di­mos a las inter­ven­cio­nes de los suce­si­vos minis­tros de defen­sa, des­de Bono has­ta Robles, ante el Par­la­men­to para expli­car las misio­nes inter­na­cio­na­les espa­ño­las, la jus­ti­fi­ca­ción de la de Afga­nis­tán siem­pre ha hecho refe­ren­cia a la asis­ten­cia mili­tar al gobierno legí­ti­mo (legi­ti­mi­dad por otra par­te más que dudo­sa); la recons­truc­ción afga­na (recons­truc­ción por otra par­te poco visi­ble y foco de nego­cio para las empre­sas vin­cu­la­das a los occi­den­ta­les invo­lu­cra­dos más que de bien­es­tar para los afga­nos) o en la paz y la segu­ri­dad (paz que se nos anto­ja un sar­cas­mo y segu­ri­dad que bri­lla por su ausen­cia, no sabe­mos si gra­cias o a pesar de nues­tro inter­ven­cio­nis­mo militar).

Aho­ra, al regre­so de los últi­mos mili­ta­res espa­ño­les en Afga­nis­tán, nos dice el ABC, ese dia­rio tan ecuá­ni­me y obje­ti­vo, enfa­ti­za su Coman­dan­te ante el rey «Señor, misión cum­pli­da».

¿Misión cum­pli­da? ¿Qué misión exac­ta­men­te? Lo vere­mos a con­ti­nua­ción res­pon­dien­do a varias preguntas:

1) ¿Ha aca­ba­do la guerra?

De modo que, al pare­cer, se han cum­pli­do los loa­bles obje­ti­vos de aca­bar la gue­rra, recons­truir, manu mili­ta­ri, Afga­nis­tán, y traer la paz a aque­lla azo­ta­da región, hoy más pací­fi­ca, libre y jus­ta que antes.

Ofi­cial­men­te, la gue­rra afga­na ha aca­ba­do al menos cua­tro veces: aca­bó en 2004, cuan­do la tro­pa de EEUU y Rei­no Uni­do ven­ció defi­ni­ti­va­men­te al ejér­ci­to tali­bán, aun­que lue­go se ini­ció otra gue­rra «con­tra la insur­gen­cia». Esta segun­da gue­rra ofi­cial­men­te aca­bó en 2014, con el fin de la misión ISAF de la OTAN y el tras­pa­so total de la segu­ri­dad al gobierno afgano. Por des­gra­cia, en 2015 se reac­ti­va la gue­rra con una impor­tan­te recon­quis­ta tali­bán, actos de terror por doquier y el aumen­to de ope­ra­cio­nes mili­ta­res inclu­so en la capi­tal. Tal esta­do de ines­ta­bi­li­dad que hizo acti­var una nue­va ope­ra­ción de la OTAN, «Ope­ra­ción Apo­yo Deci­di­do», que se ha man­te­ni­do has­ta que aho­ra ofi­cial­men­te se da por aca­ba­da la gue­rra por cuar­ta vez con los acuer­dos de paz cele­bra­do por EEUU y los tali­ba­nes en 2020.

El actual Pre­si­den­te de EEUU, que ha rati­fi­ca­do estos nue­vos «acuer­dos de paz» con la insur­gen­cia afga­na, en vir­tud de la cual todas las tro­pas alia­das sal­drán de Afga­nis­tán duran­te este año, ha cali­fi­ca­do de «gue­rra inter­mi­na­ble» el con­flic­to afgano, sin des­car­tar que ésta con­ti­núe una vez que los sol­da­dos occi­den­ta­les sal­gan de ella y la dejen como estaba.

La insur­gen­cia tali­bán, por su par­te, se ha reser­va­do el dere­cho a seguir ata­can­do los intere­ses de EEUU des­pués de que Biden haya apla­za­do has­ta el 11 de sep­tiem­bre la com­ple­ta sali­da de la tro­pa americana.

El día 8 de mayo, sin ir más lejos, un aten­ta­do tali­bán en el aero­puer­to de Kabul dejó un ras­tro de 60 muertos.

De modo que la retó­ri­ca paci­fi­ca­do­ra falla por su exce­so de rea­lis­mo mági­co: la gue­rra no pare­ce haber aca­ba­do del todo, por­que ha rebro­ta­do al menos tres veces des­pués de aca­ba­da por pri­me­ra vez y nada pre­sa­gia que los nue­vos acuer­dos de paz impli­quen el final de la gue­rra afga­na, sino sólo el final de la pre­sen­cia mili­tar occi­den­tal en ella.

Así pues, la gue­rra no ha aca­ba­do. O al menos no para los afga­nos, que siguen expues­tos a enfren­ta­mien­tos mili­ta­res entre la fac­ción prooc­ci­den­tal, que con­tro­la las prin­ci­pa­les ciu­da­des y la mitad del terri­to­rio, y los tali­bán, que con­tro­lan la otra mitad y tie­nen una capa­ci­dad nada des­pre­cia­ble de des­en­ca­de­nar aten­ta­dos y ope­ra­cio­nes mili­ta­res de dife­ren­te escala.

2) ¿Se ha res­tau­ra­do la paz?

Pero, como es sabi­do, la paz no es la mera ausen­cia de gue­rra y, como regla gene­ral, no empie­za a mos­trar sus bro­tes ver­des sino has­ta des­pués de que los mili­ta­res dejan el esce­na­rio y comien­ce a ope­rar la diná­mi­ca de la cons­truc­ción de la paz, con las tres «erres» de Gal­tung (Recons­truc­ción, Recon­ci­lia­ción, Reso­lu­ción), y una cuar­ta «erre» de inteRrela­ción de las tres ante­rio­res, como ejes del pro­ce­so.
¿está Afga­nis­tán en ese pro­ce­so de des­en­ca­de­nar diná­mi­cas de cons­truc­ción de la paz? Todo hace sos­pe­char que no mucho.

Tal vez pode­mos con­si­de­rar que la paz no es una situa­ción está­ti­ca, sino un ideal refe­ren­cial y difí­cil de con­se­guir por com­ple­to, al que sólo nos pode­mos refe­rir de for­ma rela­ti­va: con­se­guir más o menos paz.

De hecho, mien­tras no se des­tie­rre de nues­tros modos de estar en el mun­do el entra­ma­do de vio­len­cias (direc­tas, estruc­tu­ra­les, cul­tu­ra­les y sinér­gi­ca) que mar­can nues­tras rela­cio­nes y mien­tras no desin­ven­te­mos el para­dig­ma de domi­na­ción /​vio­len­cia que sir­ve de mar­co glo­bal a nues­tras socie­da­des y men­ta­li­da­des, en reali­dad paz, lo que se dice paz, no la hay sino en la ima­gi­na­ción y en la pro­pa­gan­da de los que man­dan en el mundo.

De ahí que sea más útil, para valo­rar el gra­do de paz de los pue­blos, some­ter­nos a «índi­ces», medir indi­ca­do­res comparativos.

Esto nos ofre­ce, a día de hoy y a esca­la pla­ne­ta­ria, un pano­ra­ma don­de nin­gún Esta­do ha con­se­gui­do la paz, como pue­de ver­se en el cono­ci­do «índi­ce de Paz Glo­bal» (en ade­lan­te IPG).

Según el IPG, Afga­nis­tán ocu­pa el pues­to 163 del mun­do, el peor de los que valo­ra dicho índi­ce, con alar­man­tes dosis de vio­len­cia e inse­gu­ri­dad a todos los nive­les, con­flic­ti­vi­dad gene­ra­li­za­da, ausen­cia de dere­chos huma­nos y altas dosis de mili­ta­ris­mo y de securitización.

Tam­po­co des­de este pun­to de vis­ta pue­de decir­se que Afga­nis­tán sea aho­ra más pací­fi­ca que antes de des­en­ca­de­nar­se la inter­ven­ción mili­tar occi­den­tal. De hecho su «avan­ce» des­de 2001 a la fecha actual es insignificante.

Si acu­di­mos a los prin­ci­pa­les indi­ca­do­res de desa­rro­llo humano (IDH), las cosas son más que elocuentes.

  • El índi­ce de desa­rro­llo humano de Afga­nis­tán en 2002 lo situa­ba como el país 161 con peor IDH del mun­do. El de 2019 lo sitúa en el pues­to 169, el peor de los que mide este segun­do índice.
  • La espe­ran­za de vida se situa­ba en 57 años en 2002. Actual­men­te cre­ce has­ta los 64, si bien con impor­tan­tes mati­za­cio­nes por el alto gra­do de vio­len­cia y la expo­si­ción a la muer­te violenta.
  • La tasa de mor­ta­li­dad mater­na del país es de 396 muer­tes por cada 100.000 naci­dos vivos y su tasa de mor­ta­li­dad infan­til es de entre 66 a 112.8 muer­tes por cada 1.000 naci­dos vivos, tam­bién entre las peo­res del planeta.
  • Más de 5.200.000 afga­nos y afga­nas viven des­pla­za­dos o emi­gra­dos fue­ra del país, aun­que, para­do­jas de la vida, envían reme­sas por valor de más de 420 millo­nes de dóla­res anua­les, con­vir­tién­do­se en uno de los prin­ci­pa­les con­tri­bu­yen­tes a la finan­cia­ción de la gue­rra de la que han huido.
  • La ren­ta anual per cápi­ta está en 524 euros, con sólo 9 esta­dos muy devas­ta­dos (Repú­bli­ca demo­crá­ti­ca del Con­go, Mozam­bi­que, Mada­gas­car, Repú­bli­ca Cen­troa­fri­ca­na, Niger, Mala­wui, Eri­trea, Burun­di y Sudán del Sur) por debajo.
  • La deu­da públi­ca afga­na, prin­ci­pal­men­te con las poten­cias occi­den­ta­les, alcan­za más del 6 % de su PIB.
  • Su gas­to mili­tar supera el 4,5% de su gas­to públi­co, con un gas­to por per­so­na y año de 6,1 euros, lo que equi­va­le a 1 euro de cada 85 del PIB per cápi­ta, mien­tras el gas­to en salud no lle­ga al 3,5% del gas­to publico.
  • Su paro ofi­cial alcan­za al 11,7% pero su eco­no­mía infor­mal supera el 40%.
  • La tasa de anal­fa­be­tis­mo alcan­za el 57% de la pobla­ción, un 55% para hom­bres mayo­res de 24 años y un 29,8 para muje­res y más de 10 millo­nes de jóve­nes anal­fa­be­tos y analfabetas.
  • Entre las prin­ci­pa­les enfer­me­da­des de la pobla­ción se encuen­tra la tubercu­losis, con más de 78.000 nue­vos casos por año y más de 2.100.000 per­so­nas reci­bien­do tra­ta­mien­to de dicha enfer­me­dad. Cuen­tan tam­bién con muy altas tasas de VIH-SIDA, polio­mie­li­tis, des­nu­tri­ción, lepra, fie­bres tifoi­deas, hepa­ti­tis A o leishmaniasis.
  • A pesar de avan­ces al res­pec­to en mate­ria de géne­ro, la vio­len­cia con­tra las muje­res sigue sien­do una asig­na­tu­ra pen­dien­te. Más de 2.2 millo­nes de niñas no asis­ten a la escue­la. La tasa de vio­len­cia con­tra la mujer es ele­va­da y la ines­ta­bi­li­dad polí­ti­ca, jun­to con la posi­bi­li­dad de que los tali­bán vuel­van a mar­car la agen­da polí­ti­ca, hace temer retro­ce­sos significativos.

Podría­mos seguir la devas­ta­do­ra lis­ta de indi­ca­do­res socia­les que demues­tra el gra­do de vio­len­cia direc­ta, estruc­tu­ral, cul­tu­ral y sinér­gi­ca al que se enfren­ta la vul­ne­ra­da pobla­ción afgana.

Si hace­mos caso de este cúmu­lo de indi­ca­do­res pode­mos decir que, si la gue­rra fue terro­rí­fi­ca, la paz que se ha pro­por­cio­na­do a los afga­nos se nos anto­ja horri­pi­lan­te y el futu­ro que se pre­sen­ta no pare­ce mucho más hala­güe­ño des­pués del paso de los ejér­ci­tos occidentales.

3) ¿Para quién ha sido bene­fi­cio­sa la inter­ven­ción militar?

Es muy rele­van­te cono­cer que, por ejem­plo, EEUU lle­va inver­ti­dos en la gue­rra y ocu­pa­ción de Afga­nis­tán más de 2 billo­nes de dóla­res des­de 2001. Una can­ti­dad que, de haber­se apli­ca­do a pro­mo­ver polí­ti­cas socia­les en vez de a per­pe­tuar la ocu­pa­ción, se nos anto­ja que podría haber mejo­ra­do la con­di­ción de los afga­nos y afga­nas de una for­ma inusitada.

Espa­ña ha gas­ta­do en su pro­pia misión de inje­ren­cia mili­tar en Afga­nis­tán cer­ca de 4.000 millo­nes de euros, una can­ti­dad asom­bro­sa que ha deja­do de uti­li­zar­se, si se quie­re, en polí­ti­cas socia­les y nece­si­da­des no cubier­tas en Espa­ña o en polí­ti­cas de soli­da­ri­dad más efec­ti­vas en Afga­nis­tán. ¿No habría sido una mejor apues­ta para la paz?

Con­ta­mos con una lar­ga nómi­na de no bene­fi­cia­dos por esta ingen­te can­ti­dad de dine­ro gas­ta­do en man­te­ner una ocu­pa­ción mili­tar de más de 19 años en Afganistán:

  • Los afga­nos y afga­nas en general.
  • Los 2.442 sol­da­dos ame­ri­ca­nos muer­tos en com­ba­te y los 1.144 de otros paí­ses de la OTAN, así como los más de 45000 sol­da­dos afga­nos muer­tos y más de 47.000 civi­les a cau­sa del conflicto.
  • Han per­di­do tam­bién los más de 5 millo­nes de inmi­gran­tes for­za­dos y los más de 4 millo­nes de des­pla­za­dos internos.
  • Ha per­di­do por la devas­ta­ción la suce­sión de eco­sis­te­mas afga­nos y una par­te muy rele­van­te de su patri­mo­nio cul­tu­ral, de sus infra­es­truc­tu­ras y redes de comunicación.
  • Ha per­di­do la cons­truc­ción de la paz en Afganistán
  • Tam­bién han per­di­do opor­tu­ni­da­des las nece­si­da­des socia­les en los paí­ses emi­so­res de ocupantes.
  • Ha per­di­do por golea­da la soli­da­ri­dad entre los pue­blos y la paz mundial.

La gue­rra siem­pre supo­ne una locu­ra y la pér­di­da para la mayo­ría y Afga­nis­tán es un rotun­do ejemplo.

Pero, enton­ces ¿Quién ha sali­do ganando?

Pues pode­mos hacer una nómi­na no menos elocuente.

  • Por de pron­to, la legi­ti­ma­ción del inter­ven­cio­nis­mo mili­tar como modo de impo­ner un esta­tus quo terri­ble a esca­la planetaria.
  • Ha gana­do la expe­rien­cia en acción mili­tar de la OTAN y el mili­ta­ris­mo pro­mo­vi­do por ésta.
  • Ha gana­do la indus­tria mili­tar, que ha ven­di­do un mate­rial sig­ni­fi­ca­ti­vo uti­li­za­do en Afga­nis­tán tan­to para los ejér­ci­tos de ocu­pa­ción como para el ejér­ci­to afgano.
  • Ha gana­do el mili­ta­ris­mo en Afganistán.
  • Han gana­do los con­tra­tis­tas que alcan­za­ron acuer­dos, corrup­ción por medio, en Afga­nis­tán para las tareas de explo­ta­ción y de reconstrucción.
  • Han gana­do éli­tes corrup­tas de Afganistán
  • Ha gana­do la lógi­ca del con­flic­to y la cro­ni­fi­ca­ción de la vio­len­cia y la ines­ta­bi­li­dad en un esce­na­rio sen­si­ble del planeta.

4) ¿Y Espa­ña qué?

Si nos ate­ne­mos a las cifras ofi­cia­les, Espa­ña ha gas­ta­do cer­ca de 4.000 millo­nes de euros en la par­ti­ci­pa­ción mili­tar en la ocu­pa­ción de Afga­nis­tán has­ta este año 2021 y 526 millo­nes de Ayu­da ofi­cial al Desa­rro­llo (de ellos sólo 80 millo­nes por par­te de AECID, fren­te al res­to de las agen­cias, suman­do los 89 millo­nes de «ayu­da huma­ni­ta­ria» paga­dos por Defen­sa y no compu­tados como gas­to mili­tar) has­ta 2015, año en que se cerró dicha ayu­da al desa­rro­llo y AECID des­mon­tó su tin­gla­do.
La des­pro­por­ción entre una y otra ayu­da resul­ta más que elo­cuen­te tan­to de las pre­fe­ren­cias de nues­tra «coope­ra­ción» con el res­to de los luga­res del pla­ne­ta como el des­en­fo­que de la pro­pia idea de coope­ra­ción al desa­rro­llo, que con­tem­pla ayu­das de minis­te­rios que tie­nen que ver muy poco con los obje­ti­vos de desa­rro­llo y sí mucho con la pro­tec­ción de intere­ses propios.

Por lo que res­pec­ta a la par­ti­ci­pa­ción espa­ño­la, la inter­ven­ción de Afga­nis­tán ha sido un cla­ro apro­ve­cha­mien­to para el entre­na­mien­to en esce­na­rios de gue­rra del ejér­ci­to espa­ñol, algo muy esti­ma­do por par­te de los ejér­ci­tos, pero tam­bién ha ser­vi­do de excu­sa para el incre­men­to de nues­tro gas­to mili­tar y de nues­tro inter­ven­cio­nis­mo mili­tar como modo de repre­sen­tar algo en el esce­na­rio internacional.

Tam­bién fue excu­sa para incre­men­tar los pro­gra­mas espe­cia­les de arma­men­to, por ejem­plo, con vehícu­los blin­da­dos. Pri­me­ro para poner en mar­cha la com­pra y moder­ni­za­ción de más vehícu­los BMR Como los uti­li­za­dos antes en la ex – yugos­la­via por blin­da­dos 4×4 RG 31 y Vam­tac (más de 400 millo­nes de euros) y lue­go para com­pro­me­ter la com­pra de los famo­sos VCR actual­men­te rene­go­cia­dos (2.100 millo­nes de euros), por­que en teo­ría los ante­rio­res eran poco segu­ros en esce­na­rios como Afga­nis­tán (¿Será que espe­ra­mos entrar en otros esce­na­rios como aquel?).
De modo que tam­bién gana­ron las indus­trias mili­ta­res espa­ño­las ven­dien­do pro­gra­mas de arma­men­to «Made in Spain» al ejér­ci­to español.

Vehícu­los blin­da­dos que lue­go, de paso, hemos ven­di­do a otros paí­ses, como por ejem­plo Egip­to (260 uni­da­des); Ara­bia Sau­di­ta (140) o Perú.

La expe­rien­cia tam­bién sir­vió para ven­der otro tipo de camio­nes mili­ta­res blin­da­dos «Made in Spain» a Marrue­cos en 2008 por más de 113 millo­nes de euros (vehícu­los que al pare­cer aho­ra están en uso en la gue­rra de Marrue­cos con­tra los saha­rauis).
Entre los gana­do­res de la fies­ta están tam­bién los mili­ta­res que han par­ti­ci­pa­do en la aven­tu­ra, que han con­se­gui­do un cuan­tio­so sobre­suel­do por su par­ti­ci­pa­ción en este esce­na­rio y han aumen­ta­do su hoja de méritos.

Han gana­do del mis­mo modo los intere­ses de nues­tra cas­ta polí­ti­ca, que gus­ta de hacer­se pre­sen­te en el esce­na­rio inter­na­cio­na­les por nues­tro papel de mam­po­rre­ros, como si las socie­da­des de este apén­di­ce del impe­rio no tuvie­ran nada mejor que ofre­cer al mundo.

Ha gana­do de for­ma cla­mo­ro­sa la des­in­for­ma­ción sen­sa­cio­na­lis­ta con la que nos han vela­do la reali­dad, hacién­do­nos creer que lo que se cocía en Afga­nis­tán era algo dis­tin­to a lo que era y que nues­tro papel allí era loable.

En mi cri­te­rio ha gana­do el mili­ta­ris­mo y los seño­res de la gue­rra, por­que la gue­rra siem­pre la ganan los pro­mo­to­res de este nego­cio tan tétrico.

Una misión cum­pli­da, por tan­to, que es muy de cele­brar por par­te de los que man­dan, pero muy poco a cele­brar en reali­dad para una socie­dad que se quie­re qui­tar la cos­tra de cinis­mo que nos embadurna.

Juan Car­los Rois/grupotortuga.com

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