Filo­so­fía, his­to­ria y eman­ci­pa­ción huma­na. 200 años de Frie­drich Engels

«El papel del tra­ba­jo en la trans­for­ma­ción del mono en hom­bre» (1876) era par­te de la Intro­duc­ción a un escri­to lla­ma­do Tres for­mas fun­da­men­ta­les de escla­vi­za­ción. Estas serían las expe­ri­men­ta­das en la his­to­ria huma­na: 1) las impo­si­cio­nes de la natu­ra­le­za sobre el ser humano; 2) las de seres huma­nos sobre otros seres huma­nos, y 3) las del ser humano sobre la natu­ra­le­za. En las tres, el meta­bo­lis­mo dia­léc­ti­co natu­ra­le­za-humano-natu­ra­le­za no ha sido armo­ni­za­do por las socie­da­des huma­nas, sino que se ha des­en­vuel­to con anta­go­nis­mos, pero se vis­lum­bra la posi­bi­li­dad de supe­rar­las debi­do a las con­di­cio­nes obje­ti­vas y sub­je­ti­vas desa­rro­lla­das den­tro de la socie­dad capi­ta­lis­ta: 1) con el desa­rro­llo de la cien­cia-téc­ni­ca huma­na mani­fes­ta­da en el tra­ba­jo auto­ma­ti­za­do, y 2) con el desa­rro­llo de la orga­ni­za­ción y la con­cien­cia de los tra­ba­ja­do­res. Ambos son pro­duc­to his­tó­ri­co de la pra­xis huma­na, cora­zón del pro­ce­so de tra­ba­jo, por lo que, en dicho régi­men capi­ta­lis­ta, se posi­bi­li­ta un pro­ce­so de ver­da­de­ra eman­ci­pa­ción, si y solo sí el meta­bo­lis­mo se enca­mi­na a su armo­ni­za­ción, ponien­do bajo con­trol colec­ti­vo humano, y no del capi­tal que con­jun­ta y exa­cer­ba las escla­vi­za­cio­nes, su pro­pio pro­ce­so de tra­ba­jo des­ple­ga­do como cien­cia-téc­ni­ca y como orga­ni­za­ción-con­cien­cia eco­ló­gi­ca social, o bien como órga­nos socia­les de la pro­duc­ción de la vida y de la volun­tad huma­nas (K. Marx).

En su tex­to de 1876, a Engels le intere­sa esbo­zar los pasos que va dan­do el ser humano en la dia­léc­ti­ca del tra­ba­jo, que va abrien­do nece­si­da­des y capa­ci­da­des nue­vas y rela­ti­va­men­te pro­gre­si­vas, des­de la homi­ni­za­ción (trans­for­ma­ción del simio en homo, pasan­do por los homí­ni­dos), sapien­ti­za­ción (trans­for­ma­ción del homo en homo sapiens) y en la huma­ni­za­ción, que poten­cial­men­te cul­mi­na­ría en la revo­lu­ción y la socie­dad comu­nis­ta (hacia lo ple­na­men­te humano u homo ple­nus).

Cabe acla­rar que su con­cep­to de pro­ce­so de tra­ba­jo impli­ca un pro­ce­so mul­ti­di­men­sio­nal, no solo mera­men­te ins­tru­men­tal y labo­ran­te (homo faber, homo labo­rans), sino inclu­yen­do lo pro­duc­ti­vo, repro­duc­ti­vo, social, medioam­bien­tal, polí­ti­co, lúdi­co, sim­bó­li­co y cul­tu­ral (homo poli­ti­cus, homo eco­lo­gi­cus, homo ludens, homo demens, homo loquax).

Para Engels, de lo que se tra­ta con ello es de apren­der las lec­cio­nes y com­pren­der los erro­res anti­eco­ló­gi­cos-anti­so­cia­les de las pra­xis huma­nas poco cons­cien­tes o no pla­nea­das sufi­cien­te­men­te. Su fina­li­dad será ejer­cer el tra­ba­jo, la téc­ni­ca, la pro­duc­ción, las rela­cio­nes socia­les y, en gene­ral, todos los actos huma­nos, con­for­me a su natu­ra­le­za no ani­ma­les­ca, es decir con­for­me a las cua­li­da­des huma­nas for­ma­das, des­ple­ga­das en el sur­gi­mien­to del géne­ro homo y pro­pia­men­te en la espe­cie sapiens, con el pro­pó­si­to de no seguir cayen­do en efec­tos con­tra­pro­du­cen­tes sino supe­rar­los en la eman­ci­pa­ción y rea­li­za­ción de la vida huma­na futura.

Los pasos deci­si­vos del des­plie­gue his­tó­ri­co práxico

Vea­mos la argu­men­ta­ción de Engels; pri­me­ro las pre­mi­sas y lue­go, de mane­ra secuen­cial, los ocho pasos deci­si­vos de la pre­ce­sua­li­dad histórica:

  1. Para Engels, la natu­ra­le­za es la pro­vee­do­ra de los mate­ria­les que el tra­ba­jo humano con­vier­te en rique­za y el tra­ba­jo humano es «la con­di­ción bási­ca y fun­da­men­tal de toda la vida huma­na» a tal gra­do que, dice, «has­ta cier­to pun­to, debe­mos decir que el tra­ba­jo ha crea­do al pro­pio humano». Aquí seña­la que Char­les Dar­win (The Des­cent of Man, 1871) dio una des­crip­ción apro­xi­ma­da de una raza de monos antro­po­mor­fos extra­or­di­na­ria­men­te desa­rro­lla­da, que resi­dió en algún lugar de la zona tro­pi­cal, vivía en los árbo­les y for­ma­ba manadas.

  2. Este mono, al cami­nar por el sue­lo, «se fue acos­tum­bran­do a pres­cin­dir de las manos» y enton­ces empe­za­ron a adop­tar más y más una posi­ción erec­ta. Pri­me­ro fue una nor­ma y lue­go una nece­si­dad, por lo que en aquel enton­ces las manos tenían que eje­cu­tar fun­cio­nes cada vez más varia­das, desa­rro­llán­do­se la divi­sión de fun­cio­nes entre pies y manos. Así, Engels des­cri­be las tareas más nume­ro­sas de las manos: reco­ger y sos­te­ner ali­men­tos, cons­truir nidos y teja­di­llos en los árbo­les, asir garro­tes, aven­tar fru­tos y pie­dras y rea­li­zar ope­ra­cio­nes sen­ci­llas, seme­jan­tes a las que rea­li­zan los monos. Sin embar­go, dice Engels, la mano de cual­quier mono es inca­paz de eje­cu­tar los cien­tos de ope­ra­cio­nes que rea­li­za la mano huma­na como tal, «per­fec­cio­na­da por el tra­ba­jo duran­te cen­te­na­res de miles de años». Y ejem­pli­fi­ca: «Ni una sola mano simies­ca ha cons­trui­do jamás un cuchi­llo de pie­dra por tos­co que fue­se». Tra­du­cién­do­lo a los cono­ci­mien­tos actua­les, los pri­ma­tes supe­rio­res antro­po­mor­fos no desa­rro­lla­ron jamás nin­gu­na indus­tria líti­ca o modo téc­ni­co. La expli­ca­ción que pro­por­cio­na Engels es que hubo un pro­ce­so evo­lu­ti­vo de ope­ra­cio­nes sen­ci­llas a ope­ra­cio­nes com­ple­jas y con­sis­tió en que «nues­tros ante­pa­sa­dos fue­ron adap­tan­do poco a poco sus manos duran­te muchos miles de años de transición».

  3. La mano se hizo libre ya que pudo adqui­rir cada vez más habi­li­dad, des­tre­za y fle­xi­bi­li­dad, que se «trans­mi­tía por heren­cia y se acre­cía de gene­ra­ción en gene­ra­ción». La mano libe­ra­da y per­fec­cio­na­da (ana­tó­mi­ca y fisio­ló­gi­ca­men­te) se con­vir­tió en «el [pri­mer] órgano del tra­ba­jo» y fue pro­duc­to o resul­ta­do de éste median­te cada vez más apli­ca­cio­nes a fun­cio­nes nue­vas y cada vez más com­ple­jas. Con ello, lo que bene­fi­cia­ba a la mano bene­fi­cia­ba corre­la­cio­nes de for­mas (Dar­win dixit) a todo el cuer­po y orga­nis­mo, en dos aspec­tos: el interno, diga­mos en la colum­na ver­te­bral-crá­neo-cere­bro (fora­men mag­num), visión, pel­vis-húme­ro, ter­mo­rre­gu­la­ción, ajus­te de órga­nos, posi­ción del pie y modo de cami­nar, etcé­te­ra, y el externo, reper­cu­sio­nes socia­les de unos suje­tos sobre otros, así como sobre el con­jun­to: ayuda/​actividad mutua y refor­za­mien­to de lazos; pro­gre­so sobre el domi­nio sobre la natu­ra­le­za, ya que el tra­ba­jo iba amplian­do hori­zon­tes, hacién­do­le des­cu­brir en los obje­tos nue­vas pro­pie­da­des desconocidas.

  4. La nece­si­dad de mayor comu­ni­ca­ción ver­bal, trans­mi­tién­do­se infor­ma­ción psi­co­afec­ti­va, rela­cio­nal, eco­ló­gi­ca y téc­ni­ca sig­ni­fi­ca­ti­va y cada vez más pre­ci­sa de los unos a los otros. Modu­la­cio­nes y arti­cu­la­cio­nes del soni­do, tenien­do un papel cen­tral la larin­ge y demás órga­nos ana­tó­mi­cos del apa­ra­to fona­dor. Res­pec­to a esto, nos seña­la la máxi­ma de J.B. Lamarck: «la nece­si­dad hizo al órgano». La larin­ge y los órga­nos voca­les for­ma­dos dia­léc­ti­ca­men­te resul­ta­ron ser apro­pia­dos para el len­gua­je arti­cu­la­do; así, la expli­ca­ción de su ori­gen solo es posi­ble «a par­tir del pro­ce­so de tra­ba­jo y con el pro­ce­so de tra­ba­jo» (en las inter-accio­nes que pro­vo­ca, retro­ali­men­ta y va enriqueciendo).

    De esta for­ma, la cone­xión del tra­ba­jo con el len­gua­je esti­mu­ló el desa­rro­llo del cere­bro humano (y todo el sis­te­ma ner­vio­so) e igual­men­te «los ins­tru­men­tos más inme­dia­tos» de este: los órga­nos de los sen­ti­dos (vis­ta, olfa­to, gus­to, oído y tac­to). Con del desa­rro­llo inter­ac­ti­vo y mutuo de ambos se fue gene­ran­do a) mayor cla­ri­dad de con­cien­cia, b) mayor capa­ci­dad de abs­trac­ción y c) mayor gra­do de dis­cer­ni­mien­to, for­man­do con ello una doble recur­si­vi­dad dia­léc­ti­ca de mutuas influen­cias entre, por una par­te 1) el tra­ba­jo y el len­gua­je y, por otra, 2) entre el cere­bro y los sentidos.

  5. Este cir­cui­to dia­léc­ti­co con­for­ma el pri­mer avan­ce de lo que Engels deno­mi­na la socie­dad huma­na, que des­de esta base (tra­ba­jo-socia­li­dad-len­gua­je-con­cien­cia-sen­ti­dos) se expre­sa en su desa­rro­llo mul­ti­di­rec­cio­nal y diver­so en dis­tin­tos pue­blos, con ade­lan­tos y retro­ce­sos en esta pro­ce­sua­li­dad que hoy lla­ma­ría­mos desa­rro­llo socio­cul­tu­ral en gene­ral (des­ta­can­do el logro del desa­rro­llo civilizacional).

  6. A par­tir de aquí, hacien­do uso de a) su mayor inte­li­gen­cia y b) su mayor capa­ci­dad de adap­ta­ción (o, mejor, de adap­ta­bi­li­dad), en las diver­sas zonas de ali­men­ta­ción, los sapiens amplia­ron el ran­go de plan­tas comes­ti­bles, con lo que logra­ron una ali­men­ta­ción con mayor varie­dad de nue­vas sus­tan­cias nutri­cio­na­les, con lo cual «crea­ban las con­di­cio­nes quí­mi­cas», fisio­ló­gi­cas y cor­po­ra­les para cons­ti­tuir una «die­ta pro­pia­men­te huma­na», cuyas bases serían 1) des­plie­gue en la ela­bo­ra­ción de ins­tru­men­tos de tra­ba­jo (que a la vez fue­ron uti­li­za­dos como armas) para hacer­se de nue­vos ali­men­tos, 2) crea­ción de herra­mien­tas para la pes­ca y la caza, con lo que se posi­bi­li­tó 3) el trán­si­to de la ali­men­ta­ción pro­pia­men­te vege­tal a la ali­men­ta­ción mix­ta (vege­tal-ani­mal), 4) el con­su­mo de car­ne, que ofre­ció ingre­dien­tes esen­cia­les para el mejor desem­pe­ño de las fun­cio­nes de su orga­nis­mo, espe­cial­men­te en la poten­cia­ción fun­cio­nal y el cre­ci­mien­to de su cere­bro; y tam­bién 5) tra­jo dos nue­vos avan­ces deci­si­vos: el uso del fue­go, que redu­jo el pro­ce­so de diges­tión, y la domes­ti­ca­ción de ani­ma­les, que mul­ti­pli­có la reser­va de car­ne y de leche para obte­ner­las de mane­ra más regu­lar, así como 6) el com­bi­nar la car­ne con la die­ta vege­tal (bases del omni­vo­ris­mo) con­tri­bu­yó pode­ro­sa­men­te –dice Engels– a dar fuer­za físi­ca y men­tal al humano al brin­dar­le –en vías de con­so­li­da­ción– su (rela­ti­va) «inde­pen­den­cia» res­pec­to de la naturaleza.

  7. El sex­to paso deci­si­vo fue su exten­sión geo­cli­má­ti­co-eco­ló­gi­ca, pues por su pro­pia ini­cia­ti­va se fue expan­dien­do y adap­tan­do-trans­for­man­do a los dife­ren­tes cli­mas de los con­ti­nen­tes y eco­sis­te­mas (lati­tu­des, altu­ras, tem­pe­ra­tu­ras, etcé­te­ra). Ello obli­gó a los seres huma­nos a rea­li­zar nue­vas acti­vi­da­des y a gene­rar nue­vas nece­si­da­des de abri­go, vivien­da, ves­ti­men­ta…, creán­do­se nue­vas esfe­ras cada vez más com­ple­jas, diver­si­fi­ca­das y per­fec­cio­na­das (civi­li­za­cio­na­les) de tra­ba­jo mate­rial, cul­tu­ral, semióti­co, polí­ti­co y espi­ri­tual: gana­de­ría, pes­ca, agri­cul­tu­ra, alfa­re­ría, hila­do, teji­do, meta­les, nave­ga­ción, comer­cio, artes y cien­cias, pos­te­rior­men­te tam­bién el desa­rro­llo de las nacio­nes, el Esta­do y, con ello, el dere­cho, la polí­ti­ca y la religión.

    Estas últi­mas, así como el ori­gen de la explo­ta­ción del pro­pio tra­ba­jo y en gene­ral el pro­gre­so de la civi­li­za­ción, son pro­duc­to de la diná­mi­ca de las nece­si­da­des mate­ria­les «refle­ja­das en la cabe­za del ser humano que así cobra con­cien­cia de ellas», y no se deben –como cree la con­cep­ción idea­lis­ta del mun­do– exclu­si­va­men­te al desa­rro­llo y a la acti­vi­dad cerebral.

    Se tra­ta de la con­cep­ción mate­ria­lis­ta dia­léc­ti­co-his­tó­ri­ca de los orí­ge­nes y de desarrollo/​progreso del sapiens y de sus pro­duc­tos socia­les, polí­ti­cos y cul­tu­ra­les mate­ria­les e ins­ti­tu­cio­na­les, con base en la com­ple­ji­za­ción de pro­ce­so de tra­ba­jo y el crecimiento/​diversificación de las nece­si­da­des, que fue lle­van­do a los huma­nos a «plan­tear­se y a alcan­zar obje­ti­vos cada vez más ele­va­dos». Dicha con­cep­ción, dice Engels, es dife­ren­te y crí­ti­ca res­pec­to del mate­ria­lis­mo natu­ra­lis­ta de la escue­la dar­wi­nia­na, cuyos repre­sen­tan­tes no son capa­ces de ver «el papel [his­tó­ri­co-gené­ti­co] desem­pe­ña­do por el pro­ce­so de trabajo».

    El signo esen­cial­men­te dife­ren­te de los huma­nos res­pec­to de los ani­ma­les resi­de en que: «Ni un solo acto pla­ni­fi­ca­do de nin­gún ani­mal ha podi­do impri­mir en la natu­ra­le­za el “sello de su volun­tad”. Solo el humano ha podi­do hacer­lo». Las accio­nes de los huma­nos sobre la natu­ra­le­za impri­men, mate­rial y espi­ri­tual­men­te, sus diver­sas y cre­cien­tes nece­si­da­des y fines, y sus efec­tos son esca­la­res: eco­ló­gi­cos, geo­ló­gi­cos, ener­gé­ti­cos y men­ta­les. Los ani­ma­les uti­li­zan la natu­ra­le­za exte­rior y la modi­fi­can por el mero hecho de su pre­sen­cia en ella. El humano, en cam­bio, trans­for­ma la natu­ra­le­za y la obli­ga así a ser­vir­le (ser­vi­cio no for­zo­sa­men­te uti­li­ta­rio), la domi­na (no nece­sa­ria­men­te uti­li­ta­ria­men­te) por efec­to del pro­ce­so de trabajo.

    Sin embar­go, Engels plan­tea que, si dicho domi­nio se toma como si se tra­ta­ra de «vic­to­rias» sobre la natu­ra­le­za, en las reper­cu­sio­nes impre­vis­tas o nega­ti­vas que se mani­fies­tan –no nece­sa­ria­men­te de mane­ra inme­dia­ta sino en segun­da o ter­ce­ra ins­tan­cia, des­pués de lo que se obtu­vo con pre­vi­sión o en pri­me­ra ins­tan­cia– «la natu­ra­le­za toma ven­gan­za». Por lo tan­to, esos hechos nos recuer­dan que «nues­tro domi­nio sobre la natu­ra­le­za no se pare­ce en nada al domi­nio de un con­quis­ta­dor sobre el pue­blo con­quis­ta­do», pues «noso­tros como huma­nos esta­mos en su seno y per­te­ne­ce­mos a la natu­ra­le­za». Por con­si­guien­te, «todo nues­tro domi­nio sobre ella con­sis­te en que, a dife­ren­cia de los demás seres, somos capa­ces de cono­cer sus leyes y apli­car­las adecuadamente».

  8. Para F. Engels exis­te un gran avan­ce cien­tí­fi­co, prin­ci­pal­men­te de las cien­cias natu­ra­les de la segun­da mitad del siglo XIX, del cono­ci­mien­to y com­pren­sión de las leyes de la natu­ra­le­za. Por eso se ha dado un impor­tan­te paso para cono­cer tan­to los efec­tos inme­dia­tos como los no inme­dia­tos de «nues­tra intro­mi­sión en el cur­so natu­ral de desa­rro­llo». El meo­llo para Engels es que dichos avan­ces cien­tí­fi­cos (y téc­ni­cos) posi­bi­li­tan la pre­ven­ción y el con­trol cada vez mejor de las reper­cu­sio­nes no inme­dia­tas a pre­ver y, por lo tan­to, per­mi­ten con­tro­lar cada vez mejor las «remo­tas con­se­cuen­cias natu­ra­les de nues­tros actos en la pro­duc­ción». De esta mane­ra, cuan­to más sea esto una reali­dad, los hom­bres no solo sen­ti­rán de nue­vo y en cre­cien­te gra­do su uni­dad con la natu­ra­le­za, sino que la com­pren­de­rán más (y lo mis­mo su pro­pia natu­ra­le­za, cons­trui­da tam­bién en el tra­ba­jo y con su tra­ba­jo); por ende, «más incon­ce­bi­ble será esa idea absur­da y anti­na­tu­ral de la antí­te­sis entre el espí­ri­tu y la mate­ria, el hom­bre y la natu­ra­le­za y el alma y el cuerpo».

  9. Para dejar cla­ra su pers­pec­ti­va uni­ta­ria de supera­ción de las antí­te­sis, Engels plan­tea que igual­men­te se tra­ta de pre­ver no solo las indi­rec­tas y remo­tas con­se­cuen­cias del domi­nio y de la pro­duc­ción huma­na sobre la natu­ra­le­za exte­rior, sino las reper­cu­sio­nes socia­les de esas mis­mas accio­nes. Para lograr cabal­men­te todo ello es fun­da­men­tal: a) el cono­ci­mien­to, con­trol y domi­nio de las con­se­cuen­cias direc­tas e inme­dia­tas a nivel natu­ral y social de la pro­duc­ción, y b) el cono­ci­mien­to, con­trol y domi­nio de las con­se­cuen­cias indi­rec­tas y remo­tas a nivel natu­ral y social de la pro­duc­ción humana.

  10. Se tra­ta­ría, enton­ces de cons­truir un octa­vo paso deci­si­vo ple­na­men­te eman­ci­pa­dor pues, enfa­ti­za Engels: «hace fal­ta una revo­lu­ción que trans­for­me por com­ple­to el modo de pro­duc­ción exis­ten­te has­ta hoy día» (el capi­ta­lis­mo) y, con él, el orden social pro­duc­ti­vis­ta, inme­dia­tis­ta, anti­eco­ló­gi­co y anti­so­cial vigen­te. Se tra­ta, dice, de rea­li­zar una revo­lu­ción que cree un nue­vo orden natu­ral-social pro­duc­ti­vo, en don­de el pro­ce­so de tra­ba­jo ten­drá un nue­vo papel en la trans­for­ma­ción del humano en ver­da­de­ra y ple­na­men­te humano, un orden dife­ren­te a los ante­rio­res que ten­ga inte­gra­do real­men­te en su actuar social la pla­ni­fi­ca­ción, pre­ven­ción y con­trol de la pro­duc­ción (sien­do una gran palan­ca de ayu­da una cien­cia-téc­ni­ca crí­ti­ca, libe­ra­da y eman­ci­pa­do­ra), que siga las leyes de la natu­ra­le­za y sea capaz de supe­rar real­men­te sus uti­li­ta­ris­mos y limi­ta­cio­nes de toda índole.

Miguel Ángel Ada­me Cerón

24 de enero de 2021

Fuen­te: La Jornada

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