Gre­cia. Kara Tepe, el nue­vo cam­po de refu­gia­dos que deja los dere­chos huma­nos al otro lado de la alambrada.

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 17 de noviem­bre de 2020.

Con la caí­da de la tar­de en Mity­le­ne, bas­tan­tes jóve­nes mira­ban des­de la esta­tua de la Liber­tad, cer­ca­na al puer­to, hacia el ferry que par­te cada día con des­tino a Ate­nas. Para estas com­pa­ñe­ras, peti­cio­na­rias de asi­lo o pro­tec­ción inter­na­cio­nal, esos ferrys repre­sen­ta­ban su ver­da­de­ra puer­ta de entra­da en Euro­pa. Mejor dicho, su ver­da­de­ra puer­ta de sali­da de la pri­sión que en estos momen­tos es la Isla de Les­bos y el infierno del nue­vo Cam­po de Kara Tepe -un Moria 2.0, peor aún que el original-.

Para muchas de las per­so­nas que han lle­ga­do a la isla de Les­bos huyen­do de vio­len­cias en sus paí­ses, la espe­ra para la con­ce­sión, o no, de asi­lo en algún país euro­peo se les hace desesperante.

Un pro­ce­so admi­nis­tra­ti­vo, que debie­ra ser ágil para faci­li­tar su rein­cor­po­ra­ción a la vida acti­va en sus nue­vos paí­ses de aco­gi­da, se ha con­ver­ti­do, por deci­sio­nes polí­ti­cas que deno­tan un racis­mo estruc­tu­ral, en meses de ago­nía ‑años, en muchos casos‑, en espa­cios en los que los Dere­chos Huma­nos no tie­nen cabida.

Unos cam­pos, Moria y Moria 2.0, don­de debie­ran ser tra­ta­dos como super­vi­vien­tes de gue­rras y catás­tro­fes, que se han con­ver­ti­do en espa­cios de inse­gu­ri­dad jurí­di­ca e inhu­ma­ni­dad gra­cias a la polí­ti­ca euro­pea en mate­ria de migra­ción, que no es sino una gue­rra encu­bier­ta con­tra las per­so­nas migradas.

Es incom­pren­si­ble que en el siglo XXI, en una Euro­pa que se dice Faro de Liber­ta­des, exis­tan estos espa­cios don­de se some­te a miles de per­so­nas a un lim­bo jurí­di­co que les hun­de huma­na­men­te y les tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca­men­te, tal y como demues­tra el infor­me recién ela­bo­ra­do por GAC (Gru­po de Acción Comu­ni­ta Comu­ni­ta­ria), “Arqui­tec­tu­ra de la tor­tu­ra en Euro­pa. El cam­po de refu­gia­dos de Moria en Les­vos como entorno tor­tu­ran­te”.

Los dere­chos huma­nos no son de apli­ca­ción según quién sea la per­so­na, el lugar o el momen­to: los DDHH son inhe­ren­tes a toda per­so­na por el mero hecho de ser­lo y así debe ser reco­no­ci­do y apo­ya­do por cada estruc­tu­ra de las dife­ren­tes admi­nis­tra­cio­nes de cada país.

Lamen­ta­ble­men­te, en las islas del mar Egeo, pare­ce que sólo las acti­vis­tas y las orga­ni­za­cio­nes que tra­ba­ja­mos fue­ra de los cam­pos tra­ta­mos a estas per­so­nas con la dig­ni­dad que se mere­cen y les hace­mos más lle­va­de­ra su des­es­pe­ran­za. Afor­tu­na­da­men­te para todas estas per­so­nas, mucha gen­te en Euro­pa nos apo­ya para que poda­mos seguir desa­rro­llan­do nues­tra labor.

Cada atar­de­cer, cuan­do pasa­ba cer­ca de esa esta­tua de la liber­tad y veía a estas per­so­nas, con la mira­da per­di­da en un ferry que no era para ellas, desea­ba que Euro­pa des­per­ta­ra de este mal sue­ño, se sacu­die­ra las polí­ti­cas que crean odio, xeno­fo­bia y racis­mo, les devol­vie­ra la dig­ni­dad que como per­so­nas les corres­pon­de, y les entre­ga­ra esa liber­tad tan desea­da para reini­ciar una vida nue­va y feliz entre nosotras.

Pero este sába­do pasa­do, lle­gó el segun­do con­fi­na­mien­to a Gre­cia, y la des­es­pe­ran­za ya no está en ver par­tir a ese ferry sin ti cada día, sino en ver que las puer­tas de la pri­sión de Moria 2.0 siguen cerra­das uno y otro día, y com­pro­bar que los dere­chos huma­nos se han que­da­do al otro lado de la alambrada.

SC Nátzab, Myti­li­ni, Lesbos

Fuen­te: Ecua­do­retxea.

Itu­rria /​Fuen­te

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