Cómo ven­cer a la bar­ba­rie con­tra Altsasu

Una de las debi­li­da­des del refor­mis­mo es su pue­ril engrei­mien­to con­sis­ten­te en menos­pre­ciar la capa­ci­dad de pre­vi­sión estra­té­gi­ca del Esta­do. Des­de hace años cir­cu­la el chis­te sobre el oxí­mo­ron de la «inte­li­gen­cia mili­tar» como supues­ta­men­te incom­pa­ti­ble en sus dos tér­mi­nos. Es una fri­vo­li­dad sos­te­ner que es impo­si­ble la «inte­li­gen­cia mili­tar» por­que ambos tér­mi­nos son irre­con­ci­lia­bles. La his­to­ria demues­tra lo con­tra­rio, y tam­bién lo con­fir­ma el obje­ti­vo de la peti­ción fis­cal de 375 años de cár­cel para los jóve­nes de Altsa­su: al mar­gen de lo que deci­da el sub­po­der judi­cial, la pri­me­ra par­te del obje­ti­vo bus­ca­do ya está cum­pli­da, la segun­da par­te será la de la sen­ten­cia y la ter­ce­ra la de la defi­ni­ti­va «nor­ma­li­za­ción social» bajo los efec­tos de la peda­go­gía del miedo.

El Esta­do nece­si­ta más que nun­ca antes reafir­mar que solo él tie­ne el poder y el dere­cho de defi­nir lo que es «paz» y lo que es «terro­ris­mo», por­que él es la for­ma polí­ti­ca en la que se pre­sen­ta al exte­rior la dic­ta­du­ra del capi­tal. En cuan­to care­ta polí­ti­ca del capi­tal, el Esta­do tie­ne ante todo el deber de ase­gu­rar la extrac­ción de plus­va­lía y su rea­li­za­ción en bene­fi­cio, en ganan­cia bur­gue­sa para así faci­li­tar la acu­mu­la­ción amplia­da. Aquí está el secre­to últi­mo y si no lo enten­de­mos o lo nega­mos por­que recha­za­mos la teo­ría mar­xis­ta del Esta­do, enton­ces nues­tra inter­pre­ta­ción de la repre­sión con­tra la juven­tud vas­ca sim­bo­li­za­da en la de Altsa­su no pasa­rá de ser una que­ja llo­ro­sa de la abe­rran­te injus­ti­cia que está a pun­to de come­ter­se. Es cier­to que esta que­ja tie­ne dosis de razón pero no lle­ga al fon­do del pro­ble­ma por lo que no per­mi­te extraer lec­cio­nes prác­ti­cas, y lo que es peor, abre la ven­ta­na por la que pue­den colar­se tesis como la de la des­pro­por­ción y el exce­so en la condena. 

El Esta­do inten­si­fi­ca la peda­go­gía del mie­do por­que sabe que es la úni­ca for­ma de con­tro­lar la Gran Cri­sis que zaran­dea a las bur­gue­sías occi­den­ta­les y, sobre todo, a la espa­ño­la. Excep­to el fas­cis­mo y el mili­ta­ris­mo, todo sis­te­ma repre­si­vo «demo­crá­ti­co» com­pa­gi­na dosis de palo con dosis de zanaho­ria según las nece­si­da­des del momen­to pero sobre todo en fun­ción de sus pre­vi­sio­nes de futu­ro. Des­de hace años la Unión Euro­pea, el Esta­do espa­ñol, el capi­ta­lis­mo en su con­jun­to, prio­ri­za los gol­pes a las recom­pen­sas, cen­trán­do­se con­tra la juven­tud tra­ba­ja­do­ra, por­que, por su situa­ción, es la que más rápi­da­men­te pue­de tomar con­cien­cia crí­ti­ca sobre su pre­sen­te y su futuro. 

En Eus­kal Herria, una vez pin­cha­do el glo­bo de la «nor­ma­li­za­ción social» que se logra­ría con la «paz», etc., reapa­re­ce de entre el silen­cio y la pro­pa­gan­da la reali­dad cru­da y dura de la opre­sión nacio­nal y la explo­ta­ción de cla­se y patriar­cal, situa­ción coti­dia­na que se endu­re­ce día a día. Los apa­ra­tos del Esta­do, des­de el gobier­ni­llo vas­con­ga­do has­ta los ana­lis­tas del CNI, son cons­cien­tes de que tien­de a agran­dar­se el cor­te gene­ra­cio­nal entre el poder adul­to y el inci­pien­te poder juve­nil, y hacen lo impo­si­ble por refor­zar el pri­me­ro y des­truir el segun­do. Hay que impe­dir que emer­ja una con­cien­cia revo­lu­cio­na­ria orga­ni­za­da des­de el inte­rior de las opre­sio­nes estruc­tu­ra­les que asfi­xian el poten­cial eman­ci­pa­dor de la juven­tud tra­ba­ja­do­ra. Las con­de­nas que pue­den arrui­nar la vida de los jóve­nes de Altsa­su, de sus fami­lias y de los amplios y cre­cien­tes gru­pos soli­da­rios, son una ame­na­za ofi­cial lan­za­da con­tra la juven­tud vas­ca y por exten­sión con­tra el pue­blo tra­ba­ja­dor en su conjunto. 

La con­cien­cia revo­lu­cio­na­ria que inci­pien­te­men­te está sur­gien­do en sec­to­res juve­ni­les sur­ge de la reali­dad estruc­tu­ral impues­ta por el retro­ce­so de la lucha polí­ti­ca de cla­ses que logró la bur­gue­sía en los últi­mos años, lo que uni­do a los efec­tos de la lar­ga ofen­si­va neo­li­be­ral, ha des­trui­do la fase en la que la juven­tud podía espe­rar un futu­ro menos malo, un futu­ro con los dere­chos que habían con­se­gui­do sus padres. Esta espe­ran­za ha sido des­trui­da y con ella se han des­plo­ma­do tam­bién las pro­me­sas refor­mis­tas para este sec­tor de la juven­tud tra­ba­ja­do­ra. Los dere­chos socia­les y demo­crá­ti­cos están sien­do dina­mi­ta­dos uno a uno, inclu­so los dere­chos bur­gue­ses están sien­do recor­ta­dos. La juven­tud tra­ba­ja­do­ra empie­za a sen­tir que ya mal­vi­ve en la pre­ca­rie­dad inde­fen­sa, en la incer­ti­dum­bre empo­bre­ci­da. Sec­to­res de ella avan­zan de esa sen­sa­ción difu­sa a otra más con­cre­ta, como paso pre­vio a su cono­ci­mien­to teó­ri­co. La bur­gue­sía solo le ofre­ce repre­sión y aus­te­ri­dad, y el refor­mis­mo, sig­ni­fi­can­tes vacíos y pasi­vi­dad parlamentaria. 

La Ley Mor­da­za no fue un arre­ba­to de auto­ri­ta­ris­mo ais­la­do, sino una mejo­ra más de la estra­te­gia, sis­te­ma y doc­tri­na repre­si­va pen­sa­da para derro­tar las inevi­ta­bles reac­cio­nes defen­si­vas –sobre todo juve­ni­les– que sabía que sur­gi­rían más tem­prano que tar­de como está suce­dien­do. Sobre el sub­sue­lo de una per­so­na­li­dad depen­dien­te for­ma­da por la edu­ca­ción infan­til y juve­nil, la pre­ca­ri­za­ción labo­ral y las reduc­cio­nes en las becas uni­ver­si­ta­rias, actúan como otros tan­tos medios de inti­mi­da­ción si no son con­tra­rres­ta­dos por una sis­te­má­ti­ca peda­go­gía revo­lu­cio­na­ria. Las pre­sio­nes afec­ti­vas y emo­cio­na­les de la fami­lia y del poder adul­to para que la juven­tud no se «meta en pro­ble­mas» refuer­zan la den­sa y fle­xi­ble red de obe­dien­cia que para­li­za gran par­te de la lucha juve­nil. Si estos sis­te­mas fallan, enton­ces inter­vie­ne la repre­sión más visible. 

Pero la des­truc­ción de dere­chos está sien­do tan arra­sa­do­ra que estos meca­nis­mos tien­den a ser des­bor­da­dos en fran­jas juve­ni­les por la fuer­za de las con­tra­dic­cio­nes. Aun sien­do glo­bal­men­te irra­cio­nal, la bur­gue­sía tie­ne equi­pos de estu­dio que sí pre­vén lo que se ave­ci­na. Sin bucear mucho en la pren­sa espe­cia­li­za­da, hoy mis­mo pue­den encon­trar­se como míni­mo cua­tro infor­mes alar­man­tes: dos sobre el Esta­do espa­ñol que advier­ten de la fra­gi­li­dad de la indus­tria turís­ti­ca que aho­ra mis­mo es el motor eco­nó­mi­co fun­da­men­tal gra­cias a la sobre­ex­plo­ta­ción que prac­ti­ca y del défi­cit estruc­tu­ral de la fis­ca­li­dad espa­ño­la; otro ter­ce­ro nada menos que del Finan­cial Times sobre los ries­gos que siguen exis­tien­do en la eco­no­mía mun­dial, con­fir­man­do otros muchos estu­dios de los últi­mos tiem­pos; y, un cuar­to, aho­ra del tris­te­men­te céle­bre Gold­man Sachs, en el que se rela­cio­na la situa­ción actual de Esta­dos Uni­dos con la cri­sis de 1929 sugi­rien­do como úni­cas alter­na­ti­vas la gue­rra o la rece­sión: ambas des­tru­yen fuer­zas pro­duc­ti­vas reac­ti­van­do así la eco­no­mía por un tiem­po. Pare­cie­ra que Gold­man Sachs ha leí­do algo sobre la teo­ría mar­xis­ta de la cri­sis. No debe extra­ñar­nos que así fue­se por­que el pasa­do 13 de mayo The Eco­no­mist, voce­ro del neo­li­be­ra­lis­mo más mal­tu­siano, publi­có la colum­na de uno de sus más afa­ma­dos ideó­lo­gos reco­no­cien­do que Marx tie­ne mucho que enseñar. 

Efec­ti­va­men­te y ciñén­do­nos solo al tema que nos ocu­pa, el mar­xis­mo tie­ne cin­co cosas que ense­ñar­nos. Una, que su méto­do sigue sien­do el mejor, o si se quie­re el que menos se equi­vo­ca. Dos, que este méto­do tie­ne un teo­ría de la opre­sión nacio­nal que nos per­mi­te des­cu­brir la razón con­cre­ta espa­cio-tem­po­ral de la repre­sión de la juven­tud tra­ba­ja­do­ra vas­ca sim­bo­li­za­da en estos momen­tos en el cas­ti­go al pue­blo de Altsa­su. Tres, que ade­más tie­ne la teo­ría del Esta­do que nos ense­ña cómo se apli­ca la ley espa­ño­la con­tra las nacio­nes que opri­me. Cua­tro, que tam­bién pone a nues­tra dis­po­si­ción la teo­ría de la cri­sis, que nos expli­ca el por­qué se ha lle­ga­do a esta situa­ción y qué fun­ción jue­gan las vio­len­cias del Esta­do para des­car­gar sus tre­men­dos cos­tos sobre la huma­ni­dad explo­ta­da. Y, cin­co, que nos ofre­ce la teo­ría de la orga­ni­za­ción revo­lu­cio­na­ria para luchar con efi­caz pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca con­tra el capitalismo. 

En lo que con­cier­ne a la bar­ba­rie que se cier­ne sobre Altsa­su las cin­co apor­ta­cio­nes del méto­do mar­xis­ta se resu­men en dos: aunar fuer­zas de toda índo­le que des­ba­ra­ten la polí­ti­ca del cas­ti­go y de la ame­na­za, y ela­bo­rar una estra­te­gia revo­lu­cio­na­ria que nos orien­te hacia la inde­pen­den­cia en el infierno de con­tra­dic­cio­nes de toda índo­le que minan al capitalismo. 

Iña­ki Gil de San Vicente

Eus­kal Herria, 6 de julio de 2017

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