En torno a la vio­len­cia y a los suce­sos del domin­go en Iruñea

Más o menos hace tre­ce años (yo tenía 17) des­alo­ja­ron el anti­guo gaz­tetxe de Bara­ñain, un pue­blo que está pega­do a Iru­ñea. Un día des­pués, fui con algu­nos ami­gos de Bea­sain a la mani­fes­ta­ción en pro­tes­ta por el des­alo­jo. Lle­ga­mos tar­de y ya había pasa­do algo, la poli­cía había car­ga­do y había dis­per­sa­do la mani­fes­ta­ción antes de empezar.

Apar­ca­mos el coche y sólo vein­te pasos des­pués, una cua­dri­lla de anti­dis­tur­bios nos dio el alto. Debi­do al esta­do de ner­vios en el que está­ba­mos, a nues­tra fal­ta de expe­rien­cia y al puro mie­do (no es casual, esos hom­bres así ves­ti­dos ate­rran, tapa­dos y arma­dos, poli­cías de com­ba­te que tam­bién bus­can la inti­mi­da­ción con su aspec­to) algu­nos sali­mos corrien­do. Aca­bá­ba­mos de apar­car, no había­mos hecho abso­lu­ta­men­te nada, ni gri­ta­mos nin­gu­na con­sig­na ni pusi­mos nin­gu­na pega­ti­na en la pared. Pero nos die­ron el alto por nues­tra edad y qui­zá por la vestimenta.

A los que se que­da­ron los pusie­ron con­tra la pared. Los cachea­ron y los inte­rro­ga­ron, mien­tras les daban porra­zos en las pier­nas. No habían hecho nada. Otros dos ami­gos y yo, a menos de cien metros, les incre­pá­ba­mos. Les lla­ma­mos cabro­nes y les gri­ta­mos que les deja­ran en paz. Tam­bién, recuer­do, que les ense­ña­mos el culo.

En menos de un minu­to está­ba­mos rodea­dos, las fur­go­ne­tas anti­dis­tur­bios apa­re­cie­ron de la nada. De los tres que hui­mos, uno logró escon­der­se, a los otros dos nos cogie­ron. A mí me per­si­guie­ron unos dos­cien­tos metros, cuan­do ya vi que tenía al anti­dis­tur­bio enci­ma y no podía correr más, alcé los bra­zos y dije Vale, vale, vale, vale…, es decir, acep­té que me cogieran.

Con el impul­so de la carre­ra y con todas sus fuer­zas reci­bí el pri­mer porra­zo que me tiró al sue­lo (yo era bas­tan­te fla­co), des­pués de eso y en el sue­lo reci­bí la mayor soman­ta de hos­tias que he reci­bi­do en mi vida, entre tres poli­cías, lue­go más (evi­ta­ron la cabe­za), cuan­do ya esta­ba enco­gi­do supli­can­do por favor que para­ran, me levan­ta­ron de un aga­rrón. Enton­ces iban lle­gan­do más poli­cías. El pri­me­ro que lle­gó sin mediar pala­bra me dio un puñe­ta­zo que me vol­vió a tirar al sue­lo. Me vol­vie­ron a levan­tar y lle­ga­ba otro: ¿qué me has lla­ma­do?, ¿qué me has lla­ma­do a mí? y se qui­tó el guan­te para dar­me una tre­men­da bofe­ta­da. Me lle­va­ron de los pelos has­ta la fur­go­ne­ta, sobre la que me pusie­ron con los bra­zos en la nuca, todo el rato me esti­ra­ban de los pelos, de las pati­llas, y me sepa­ra­ban las pier­nas a base de más porra­zos. Allí me iden­ti­fi­ca­ron y me pre­gun­ta­ron si era de ges­to­ras. Yo esta­ba alu­ci­nan­do y ni siquie­ra sabía de qué habla­ban. Oía que un poli­cía suge­ría a otro que me metie­ran den­tro del fur­gón para seguir pegán­do­me. No sé si lo decía en serio o era sim­ple­men­te para ate­rro­ri­zar­me. Mien­tras tan­to pro­vo­ca­ban una cola de una dece­na de coches detrás, es decir, actua­ban con total impunidad.

Lue­go me deja­ron mar­char, qui­zá por­que ante una hipo­té­ti­ca deten­ción y jui­cio, mi rela­to (de un menor de edad) podría resul­tar creí­ble ante un juez, no lo sé. Ape­nas podía cami­nar. Al día siguien­te tenía la mitad del cuer­po: culo, espal­da, pier­nas… abso­lu­ta­men­te dolo­ri­dos y de color mora­do. Mi ami­go que era algo más cor­pu­len­to lle­go al rato exac­ta­men­te igual, supon­go que la pali­za había sido pare­ci­da, a él, ade­más, le cor­ta­ron las ras­tas del pelo con unas tijeras.

Sé que los ejem­plos de la repre­sión polí­ti­ca pue­den ser mucho más gra­ves que este epi­so­dio: colec­ti­vos ile­ga­li­za­dos, encar­ce­la­mien­tos polí­ti­cos, tor­tu­ras, muer­tes, etc. Pero esto lo cuen­to aho­ra por­que exis­te un nexo con los suce­sos de la mani­fes­ta­ción con­tra la repre­sión del domin­go en Iru­ñea: los poli­cías eran los mis­mos. Creo que hay un deba­te detrás sobre la liber­tad de mani­fes­ta­ción y la vio­len­cia. Los poli­cías que car­ga­ron a porra­zos y con pelo­te­ras (como las que mata­ron a Iñi­go Caba­cas) son la mis­ma gen­te, nada ha cambiado.

Es por eso, que al escu­char las decla­ra­cio­nes de EH Bil­du y del alcal­de de Iru­ñea en rela­ción a la mani­fes­ta­ción con­tra la repre­sión del domin­go, me entris­tez­co y me hago pre­gun­tas. Sin­ce­ra­men­te no creo que ese par­ti­do y esos polí­ti­cos estén en con­tra de la vio­len­cia (como lo he esta­do yo siem­pre). Creo, sim­ple­men­te, que están en con­tra de cual­quier hecho que pue­da poner en peli­gro su núme­ro de votos y su cuo­ta de poder en las ins­ti­tu­cio­nes. Es decir, no están en con­tra de la vio­len­cia, sino que están en con­tra de las mani­fes­ta­cio­nes polí­ti­cas, de la expre­sión popu­lar del des­con­ten­to, de ese sec­tor de la izquier­da vas­ca que no aca­ta el diri­gis­mo y una estra­te­gia adop­ta­da que, repi­to, no es una estra­te­gia con­tra­ria a la vio­len­cia, sino una estra­te­gia de asi­mi­la­ción del des­con­ten­to y de una par­te de nues­tra his­to­ria para ren­ta­bi­li­zar­lo en for­ma de poder den­tro de las ins­ti­tu­cio­nes eli­tis­tas de la burguesía.

Hoy más que nun­ca sien­to asco y pena, no por el aban­dono de la vio­len­cia, sino por el aban­dono de unas ideas que creo que son jus­tas, que son el motor de un cam­bio que nos podría lle­var a una socie­dad don­de las rela­cio­nes socia­les sean igua­li­ta­rias, y por el aban­dono de los y las jóve­nes que las prac­ti­can, no con las armas, sino con el cere­bro y con el cora­zón. EH Bil­du, sois unos hipó­cri­tas y jamás con­ta­réis con mi voto, sólo con todo mi desprecio.

Jose Orte­ga Ruiz

14 de mar­zo de 2017

Foto: http://​www​.ekin​klik​.org/​es/

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