Marx y la cues­tión de la prostitución

En opo­si­ción a las corrien­tes «regu­la­cio­nis­tas» que defien­den la pros­ti­tu­ción como un tra­ba­jo legal y com­pa­ti­ble con el pen­sa­mien­to de Marx, el aná­li­sis de sus escri­tos reve­la que para él no exis­te eman­ci­pa­ción posi­ble en la acti­vi­dad pros­ti­tu­cio­nal. El regu­la­cio­nis­mo sos­tie­ne que la acti­vi­dad ejer­ci­da por las pros­ti­tu­tas debe gozar de un reco­no­ci­mien­to ofi­cial con el fin de con­se­guir su inte­gra­ción en el régi­men gene­ral de la segu­ri­dad social, ya sea como tra­ba­ja­do­ras asa­la­ria­das o como autó­no­mas. Un sec­tor de la corrien­te regu­la­cio­nis­ta reco­no­ce que la pros­ti­tu­ción no es la acti­vi­dad idó­nea para la auto-rea­li­za­ción per­so­nal, pero que tam­po­co es peor que el tra­ba­jo de una obrera.

Este razo­na­mien­to regu­la­cio­nis­ta con­du­ce a pen­sar que la úni­ca dife­ren­cia entre ambas acti­vi­da­des es que una es legal y la otra no[nota] N. de la T.: El ejer­ci­cio de la pros­ti­tu­ción en Espa­ña no es deli­to. Sí es san­cio­na­ble si se prac­ti­ca en la vía pública.[/nota]. Se recu­rre asi­mis­mo al aná­li­sis mar­xis­ta del tra­ba­jo asa­la­ria­do para afir­mar que la pros­ti­tu­ción debe ser legal­men­te reco­no­ci­da para que las muje­res que la ejer­cen pue­dan mejo­rar sus con­di­cio­nes en el ejer­ci­cio de esa actividad.

Tra­ba­jo con­cre­to, tra­ba­jo abstracto

El hecho de atri­buir a Marx una posi­ción regu­la­cio­nis­ta se basa en reali­dad en cier­tas con­fu­sio­nes sobre la con­cep­ción mar­xis­ta del tra­ba­jo. Para empe­zar, las corrien­tes regu­la­cio­nis­tas pasan por alto no solo la dimen­sión his­tó­ri­ca­men­te deter­mi­na­da del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, sino tam­bién el doble carác­ter del tra­ba­jo en ese modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta. Cuan­do Marx ana­li­za el tra­ba­jo des­de un pun­to de vis­ta antro­po­ló­gi­co, vemos que es impo­si­ble sepa­rar la acti­vi­dad pro­duc­ti­va huma­na tan­to de los indi­vi­duos que la rea­li­zan como de los medios de tra­ba­jo (herra­mien­tas y mate­ria­les) como del pro­duc­to de esa actividad.

Esta dimen­sión que defi­ne el «tra­ba­jo con­cre­to» se da en todas la socie­da­des y en todas las épo­cas. Sin embar­go, Marx nos reve­la una segun­da dimen­sión del tra­ba­jo que es espe­cí­fi­ca del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta: el «tra­ba­jo abs­trac­to». Esta dimen­sión redu­ce el tra­ba­jo a una mera pro­duc­ción de valor de cam­bio, inde­pen­dien­te­men­te de la acti­vi­dad, de los medios de pro­duc­ción y de los pro­duc­tos con­cre­tos. Dado que el regu­la­cio­nis­mo no tie­ne en cuen­ta estas dis­tin­cio­nes, inter­pre­ta a su mane­ra la noción de «tra­ba­jo abs­trac­to» para con­si­de­rar la pros­ti­tu­ción como tra­ba­jo. El regu­la­cio­nis­mo, des­de un enfo­que impreg­na­do por el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, pro­yec­ta sobre cier­tas rela­cio­nes socia­les y huma­nas el pun­to de vis­ta pro­pio del capital.

Así, a tra­vés del con­cep­to mar­xis­ta de «tra­ba­jo abs­trac­to» ‑aun­que sin nombrarlo‑, el regu­la­cio­nis­mo pro­mo­cio­na la mer­can­ti­li­za­ción de una gran can­ti­dad de acti­vi­da­des pro­duc­ti­vas huma­nas aún no aca­pa­ra­das por el capi­tal y rei­vin­di­ca una exten­sión legal del tra­ba­jo abs­trac­to en la que poder incluir la acti­vi­dad pros­ti­tu­cio­nal, pro­mo­vien­do ni más ni menos que el mer­ca­do regu­le y se haga car­go de la acti­vi­dad sexual. En esta bata­lla, supe­rar el reto del dere­cho y la lega­li­dad cons­ti­tu­ye una eta­pa impor­tan­te para el capi­tal en su empe­ño por alla­nar el camino a esta for­ma de explotación.

Acti­vi­dad sexual venal y tra­ba­jo abstracto

A pro­pó­si­to de la defi­ni­ción de tra­ba­jo abs­trac­to, Marx escri­bió: «Si pres­cin­di­mos del carác­ter deter­mi­na­do de la acti­vi­dad pro­duc­ti­va y, por tan­to, del carác­ter útil del tra­ba­jo, vemos que este que­da redu­ci­do a un mero gas­to de fuer­za de tra­ba­jo huma­na. Aun­que se tra­ta de dos acti­vi­da­des pro­duc­ti­vas cua­li­ta­ti­va­men­te dis­tin­tas, el tra­ba­jo tex­til y el de con­fec­ción son ambos un gas­to pro­duc­ti­vo del cere­bro, los múscu­los, los ner­vios, las manos, etc., y en este sen­ti­do uno y otro son tra­ba­jo humano» (El Capi­tal, libro I).

En ese «etc.» es don­de el regu­la­cio­nis­mo pre­ten­de incluir el sexo según la con­cep­ción mar­xis­ta del tra­ba­jo abs­trac­to. Una inclu­sión cuan­do menos osa­da. Si ese gran pen­sa­dor del tra­ba­jo que es Marx hubie­ra teni­do que inte­grar el uso mer­can­ti­li­za­do de las par­tes ínti­mas del cuer­po, des­de lue­go no lo habría deja­do implí­ci­to en un «etc.». Abor­dan­do ya de mane­ra espe­cí­fi­ca la cues­tión de la pros­ti­tu­ción, cons­ta­ta­mos que la acti­vi­dad pros­ti­tu­cio­nal ‑de todos los «tra­ba­jos huma­nos» de los que habla Marx- es la úni­ca y exclu­si­va acti­vi­dad en la que lo que se ven­de es pre­ci­sa­men­te aque­llo que no se ven­de en nin­gún otro trabajo.

Si las per­so­nas que tra­ba­jan «alqui­lan su cuer­po» al capi­ta­lis­ta (con sus múscu­los, sus ner­vios, su cere­bro, etc.), la mujer pros­ti­tui­da es la úni­ca que auto­ri­za el acce­so a las par­tes ínti­mas de su cuer­po, exclui­das de la ven­ta de la fuer­za de tra­ba­jo del con­jun­to de tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras de los que habla Marx. La pros­ti­tu­ción es por con­si­guien­te la úni­ca acti­vi­dad en la que el alqui­ler del cuer­po del indi­vi­duo inclu­ye una o varias par­tes del cuer­po cuyo acce­so está for­mal­men­te prohi­bi­do en todos los otros trabajos.Vemos, pues, cómo la pros­ti­tu­ción se apar­ta radi­cal­men­te y de mane­ra espe­cí­fi­ca del con­jun­to de «tra­ba­jos huma­nos» a los que se refie­re Marx en el libro I de El Capi­tal.

Pros­ti­tu­ción y lumpenproletariado

Ade­más, el regu­la­cio­nis­mo omi­te men­cio­nar que Marx habló explí­ci­ta­men­te de la pros­ti­tu­ción. Si en los Manus­cri­tos eco­nó­mi­cos y filo­só­fi­cos de 1844 pare­ce que Marx no dice nada sobre la cues­tión de la pros­ti­tu­ción, en otros tex­tos pos­te­rio­res sí que pode­mos extraer una posi­ción cons­tan­te de Marx rela­ti­va a esta cues­tión. Ya sea en Manus­cri­tos eco­nó­mi­cos y filo­só­fi­cos de 1844, en La lucha de cla­ses en Fran­cia o en el libro I de El Capi­tal, cons­ta­ta­mos que la pros­ti­tu­ción está sis­te­má­ti­ca­men­te inclui­da en lo que Marx lla­ma lumpenproletariado.

El lum­pen­pro­le­ta­ria­do, según Marx, está cons­ti­tui­do por ese pro­le­ta­ria­do más empo­bre­ci­do que no posee ya ni la fuer­za de tra­ba­jo y por indi­vi­duos des­cla­sa­dos que aban­do­na­ron la lucha de cla­ses y deja­ron de opo­ner resis­ten­cia. Según Marx, es el enemi­go his­tó­ri­co del pro­le­ta­ria­do, aun­que en par­te ema­ne de él. El lum­pen­pro­le­ta­ria­do se com­po­ne gene­ral­men­te de «una masa cla­ra­men­te des­li­ga­da del pro­le­ta­ria­do indus­trial, una can­te­ra de rate­ros y delin­cuen­tes de todas cla­ses que viven de los des­po­jos de la socie­dad, indi­vi­duos sin pro­fe­sión fija, vaga­bun­dos, gen­te sin ofi­cio ni bene­fi­cio, que difie­ren según el gra­do de cul­tu­ra de la nación a la que per­te­ne­cen, pero que nun­ca renie­gan de su carác­ter de laz­za­ro­ni[nota] N. de la T.: Los laz­za­ro­ni eran indi­vi­duos sin hogar que vivían de la men­di­ci­dad en Nápo­les. Lla­ma­dos así por el Hos­pi­tal de San Láza­ro que les ser­vía de alber­gue. Este fue el sobre­nom­bre que se dio en Ita­lia al lum­pen­pro­le­ta­ria­do como sinó­ni­mo de des­cla­sa­dos. Los laz­za­ro­ni fue­ron uti­li­za­dos en reite­ra­das oca­sio­nes por los medios monár­qui­co-reac­cio­na­rios en la lucha con­tra el pueblo.[/nota]» (La lucha de cla­ses en Fran­cia, K. Marx).

Si las pros­ti­tu­tas for­man par­te o no de esta cate­go­ría de indi­vi­duos, lo úni­co que pode­mos decir aquí es que, por una par­te, la pros­ti­tu­ción no per­te­ne­ce al regis­tro de la defi­ni­ción «posi­ti­va» del tra­ba­jo, es decir, no cons­ti­tu­ye una auto­rrea­li­za­ción para el ser humano, y por otra par­te, se mani­fies­ta como algo «dis­tin­to» al pro­le­ta­ria­do. Tam­po­co per­te­ne­ce a la defi­ni­ción «nega­ti­va» del tra­ba­jo tal como se da bajo la égi­da del capi­tal (es decir, tra­ba­jo paga­do por el capi­tal). E inclu­so aun­que Marx cono­ce for­mas de pros­ti­tu­ción remu­ne­ra­das por el capi­tal y se pue­dan asi­mi­lar a «tra­ba­jo pro­duc­ti­vo» ‑como ocu­rre en los bur­de­les que Marx evo­ca a títu­lo de ejem­plo en «Teo­rías sobre la plus­va­lía»-, no sig­ni­fi­ca que la inte­gre en el domi­nio del tra­ba­jo. Inclu­so cuan­do Marx se refie­re al «sedi­men­to más bajo»[nota] N. de la T.: Sedi­men­to que se for­ma en algu­nos líquidos.[/nota] y des­cri­be las capas más some­ti­das de tra­ba­ja­do­ras y tra­ba­ja­do­res en el libro I de El Capi­tal, no inclu­ye en ellas la cate­go­ría de «pros­ti­tu­ta».

A este res­pec­to, con­vie­ne leer aten­ta­men­te el siguien­te extrac­to de La lucha de cla­ses en Fran­cia: «De la cor­te al oscu­ro café, tenía lugar la mis­ma pros­ti­tu­ción, el mis­mo des­ca­ra­do enga­ño, la mis­ma sed de enri­que­cer­se, pero no pro­du­cien­do, sino hacién­do­se astu­ta­men­te con la rique­za ya exis­ten­te de otros». Marx invo­ca aquí una sed de enri­que­ci­mien­to que no tie­ne nada que ver con la pro­duc­ción, sino con el robo, el enga­ño, etc., una sed com­par­ti­da tan­to por la alta bur­gue­sía como por el lum­pen­pro­le­ta­ria­do. Sin embar­go, no se pue­de decir que la pros­ti­tu­ta «robe» al clien­te ni que el clien­te «robe» a la prostituta.Entonces, ¿en qué se basa Marx para hacer esta cla­si­fi­ca­ción?. Se pue­den seguir varias pis­tas para interpretarlo.

Es posi­ble que para Marx la pros­ti­tu­ción, como ocu­rre tam­bién con el cri­men, sea el gra­do máxi­mo al que el capi­tal es capaz de redu­cir la vida huma­na. Si la pros­ti­tu­ción, des­de el pun­to de vis­ta capi­ta­lis­ta, pue­de ser equi­pa­ra­da a la acti­vi­dad del cri­mi­nal (del que Marx dice en «Teo­rías sobre la plus­va­lía» que es un «pro­duc­tor» en el sen­ti­do que da tra­ba­jo a per­so­nas del sec­tor de la judi­ca­tu­ra, de la cerra­je­ría, de la cri­mi­no­lo­gía y del cam­po de la cien­cia, etc.), ambas son acti­vi­da­des en las que el indi­vi­duo ha acep­ta­do aque­llo a lo que el capi­tal quie­re redu­cir­lo, des­po­se­yén­do­lo no sólo de las con­di­cio­nes obje­ti­vas que le per­mi­ten lle­var a cabo su acti­vi­dad, como ocu­rre con el pro­le­ta­ria­do, sino tam­bién de todos los ele­men­tos que cons­ti­tu­yen la base de su «huma­ni­dad».

El indi­vi­duo del lum­pen­pro­le­ta­ria­do es, en cier­to modo, quien «ha cedi­do» en su huma­ni­dad, quien ha aban­do­na­do la lucha y la resis­ten­cia en la acti­vi­dad pro­duc­ti­va, «esa tre­men­da y sin embar­go for­ta­le­ce­do­ra escue­la del tra­ba­jo» (La Sagra­da Fami­lia). Es esa per­so­na que, dis­pues­ta a ven­der todo de sí mis­ma, se encuen­tra en «la situa­ción del pro­le­ta­ria­do arrui­na­do, el últi­mo gra­do en el que cae el pro­le­ta­rio y la pro­le­ta­ria que han deja­do de resis­tir a la pre­sión de la bur­gue­sía» (La ideo­lo­gía ale­ma­na).

De ahí que poda­mos extraer que no exis­te, según Marx, nin­gu­na pers­pec­ti­va de eman­ci­pa­ción en la acti­vi­dad pros­ti­tu­cio­nal y que más bien cons­ti­tu­ye una rup­tu­ra radi­cal del víncu­lo que une el «orga­nis­mo vivo» a su com­po­nen­te de resis­ten­cia y de «huma­ni­dad». Marx cono­ce per­fec­ta­men­te la vio­len­cia de las rela­cio­nes de domi­na­ción que se ejer­ce sobre las muje­res pros­ti­tui­das. Escri­be: «La pros­ti­tu­ción es una rela­ción que afec­ta no sólo a la pros­ti­tu­ta, sino tam­bién al pros­ti­tu­yen­te, cuya igno­mi­nia es toda­vía mayor» (Manus­cri­tos eco­nó­mi­cos y filo­só­fi­cos de 1844). Si Marx sitúa la acti­vi­dad pros­ti­tu­cio­nal en el lum­pen­pro­le­ta­ria­do y no en el pro­le­ta­ria­do, no sig­ni­fi­ca de nin­gún modo que con­de­ne a las pros­ti­tu­tas, sino al con­tra­rio, lo que con­de­na son las acti­vi­da­des insa­lu­bres y per­ju­di­cia­les para las muje­res, al tiem­po que tra­ta de que con­si­gan la eman­ci­pa­ción de la situa­ción en la que se encuentran.

Una eman­ci­pa­ción que irá uni­da a la abo­li­ción mun­dial de la pros­ti­tu­ción, acom­pa­ña­da de medi­das socia­les y del pleno reco­no­ci­mien­to de las muje­res en el mun­do social del tra­ba­jo. Y aun­que los niños y las niñas for­ma­ban par­te del pro­le­ta­ria­do en el siglo XIX, algu­nas socie­da­des han sabi­do resol­ver­lo sin tener que pen­sar en dar­les más dere­chos laborales.

Eli­gie­ron, muy al con­tra­rio, apar­tar­los del mun­do del tra­ba­jo. Prohi­bi­ción del tra­ba­jo infan­til y de los «tra­ba­jos noci­vos para las muje­res» fue lo que Marx defen­dió en el trans­cur­so de una entre­vis­ta para el perió­di­co Chica­go Tri­bu­ne en diciem­bre de 1878. Si con­se­gui­mos abo­lir el tra­ba­jo infan­til en el pasa­do sin redu­cir la cues­tión a una mera amplia­ción de los «dere­chos sin­di­ca­les» para los niños y las niñas, ya es hora de que nues­tra socie­dad y nues­tras luchas con­si­gan los mis­mos resul­ta­dos con res­pec­to a la prostitución.

Saliha Bous­se­dra

2 de febre­ro de 2017

Fuen­te: http://​tra​duc​to​ras​pa​ra​abo​li​cion​de​la​pros​ti​tu​cion​.weebly​.com/

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