Hon­du­ras: La his­to­ria la debe­mos escri­bir noso­tros y nosotras

“La res­pon­sa­bi­li­dad de resol­ver el pro­ble­ma recae en los hondureños…” ha dicho Shan­non; “…este es un acuer­do soli­ci­ta­do por los hondureños…” dijo Insul­za; “…estamos feli­ces de haber encon­tra­do volun­tad para resol­ver la cri­sis entre hondureños…” dijo Hil­da Solís. Aho­ra nos toca a noso­tros ave­ri­guar de qué hondureños esta­ban hablan­do estas personas.

En este pro­ce­so se han jun­ta­do muchos para deci­dir sobre lo que nos ha de pasar a los hondureños, prácticamente sin con­sul­tar­le al pue­blo cual es su opi­nión. Esto ha sido muy con­ve­nien­te a los gol­pis­tas, pues es pre­ci­sa­men­te entre la pobla­ción local don­de menos apo­yo tie­nen. Enton­ces, se tra­te del gol­pis­ta que se tra­te, la solu­ción “importada” es el mejor com­ple­men­to al gol­pe de estado.

El uso de la vía diplomática, impues­to al pre­si­den­te Zela­ya, pare­ce ser el camino hacia el reco­no­ci­mien­to final del gol­pe, y con ello al reco­no­ci­mien­to de que la demo­cra­cia es bue­na si el pue­blo esta silen­cia­do; si solo sir­ve para apun­ta­lar el sis­te­ma que lo repri­me y obli­ga a pen­sar que leer, escri­bir, comer, ves­tir, vivir son sueños que ali­vian el peso de la pesa­di­lla de vivir en medio de la vul­gar opu­len­cia sin saber que va a pasar mañana.

El sis­te­ma que repre­sen­ta Oba­ma ni siquie­ra es capaz de reco­no­cer los 58 millo­nes de pobres que tie­ne su pro­pio país. El sueño ame­ri­cano, es la pesa­di­lla de todos los pue­blos del mun­do, inclu­so aque­llos que viven en ese país. Esas dece­nas de millo­nes que viven en con­di­cio­nes de incer­ti­dum­bre; que no tie­ne acce­so a salud, menos aun a una edu­ca­ción dig­na, repre­sen­tan el patrón que nues­tras oligarquías admi­ran y quie­ren sos­te­ner en nues­tros paÃses.

Es difícil dimen­sio­nar, pre­ci­sar el tamaño de la bre­cha que sepa­ra a aque­llos que tie­nen infi­ni­ta­men­te mucho de los que no tie­nen abso­lu­ta­men­te nada. Hon­du­ras, un país suma­men­te pobre sopor­ta la exis­ten­cia de una burguesía opu­len­ta y cri­mi­nal que a san­gre y fue­go defien­de su sed de dine­ro, sin impor­tar­les para nada la mas ele­men­tal exis­ten­cia del ser humano.

Un ejem­plo que encon­tré de esto está en la isla de Zaca­te Gran­de, Gol­fo de Fon­se­ca hondureño, don­de un hom­bre muy rico, con un his­to­rial borra­do por los encar­ga­dos de hacer la his­to­ria a la medi­da del clien­te, ha cons­trui­do un jardín del edén, en medio de la mise­ria mas gran­de. Posee un zoo­ló­gi­co pro­pio con espe­cies ani­ma­les exó­ti­cas. Algu­nos pobla­do­res de la zona, dicen que la afi­ción de este indi­vi­duo es cazar vena­dos des­de un helicóptero.

Los colo­res entre la zona del “parquecito” este y el res­to de la isla con­tras­tan como suce­de en las películas de Holly­wood don­de los colo­res entre esce­nas en Esta­dos Uni­dos y las hechas en México, mues­tra estas úl­ti­mas más pálidas, más abru­ma­do­ras. Resul­ta que los emplea­dos del señor, le han ofre­ci­do a los pobla­do­res un sin­gu­lar tra­to: el les da tres mil qui­nien­tas libras de maíz si ellos, a cam­bio, no vuel­ven a sem­brar nada en sus lade­ras. Esto para estan­da­ri­zar el color ver­de Holly­wood del paraíso burgués.

Lo mas curio­so de este asun­to es que todo se ha hecho a la som­bra de una fun­da­ción ambien­ta­lis­ta, es decir lo que esta suce­dien­do apa­re­ce ante la socie­dad como un esfuer­zo por pre­ser­var nues­tros recur­sos. En un lugar tan pequeño es tan fácil ver que es lo que defien­de la cla­se domi­nan­te del paÃs.

El señor del ejem­plo es un gran señor; “notable” le dirían en los medios de comu­ni­ca­ción fas­cis­ta. A su ser­vi­cio, y del res­to de la oligarquía, hay una gran can­ti­dad de indi­vi­duos que, sin ser par­te de esta cla­se vil, sir­ven como por­ta­vo­ces de esta y fun­cio­nan como perros guar­dia­nes de los intere­ses de estos señores.

En este gru­po encon­tra­mos una inmen­sa gama de gar­gan­tas al ser­vi­cio de los intere­ses de oligárquicos; escri­to­res, pseu­do pen­sa­do­res, auto pro­cla­ma­dos ana­lis­tas que apa­re­cen todos los días hablan­do de todos los temas que sir­ven para exal­tar los bene­fi­cios del sis­te­ma. Curio­sa­men­te lo hacen en nom­bre de la paz, la demo­cra­cia, la feli­ci­dad del pue­blo, en nom­bre de la cons­ti­tu­ción y de la liber­tad de expresión.

Aquí vie­ne enton­ces la pre­gun­ta ini­cial: ¿a que hondureños se refie­ren los per­so­na­jes que nos han visi­ta­do? Segu­ra­men­te no a los hondureños que mas que vivir sobre­vi­ven todos los días; en con­di­cio­nes en que vivir es mas bien un cas­ti­go por la con­di­ción de cla­se; el mar­ti­rio que le toca a los que no nacie­ron en el Hon­du­ras Medi­cal Cen­ter o algún hos­pi­tal de Mia­mi, New Orleans o Houston.

Después de cua­tro meses de la mas bru­tal dic­ta­du­ra, lide­ra­da por uno de los laca­yos de esta cla­se, los emi­sa­rios del con­for­mis­mo; los que nos ofre­cen un mun­do mejor, sin espe­ci­fi­car­nos don­de está, siguen hablan­do del bien­es­tar de un pue­blo que está en la calle recla­man­do lo que his­tó­ri­ca­men­te le han arre­ba­ta­do por todos los medios posibles.

La his­to­ria hondureña no es muy dife­ren­te de las de otros países lati­no­ame­ri­ca­nos; y las con­di­cio­nes que le han impues­to solo pue­den ser remo­vi­das por el accio­nar revo­lu­cio­na­rio de su pue­blo. Las estra­te­gias que se deben defi­nir a la mayor bre­ve­dad serán deter­mi­nan­tes para la his­to­ria de nues­tro país. Ya hemos vis­to de lo que son capa­ces de hacer los gran­des señores que ali­men­tan mejor a sus vena­dos que a sus tra­ba­ja­do­res. Nues­tra res­pues­ta debe estar a la altu­ra de las circunstancias.

Si en algo tie­nen razón Lagos, Solís, Insul­za y Shan­non es que la deci­sión del futu­ro debe ser toma­da por los hondureños, pero no los hondureños de los que ellos hablan; los hondureños que hoy mar­chan, los hondureños que están lis­tos para mar­char mañana; mar­char todo el tiem­po que sea nece­sa­rio has­ta alcan­zar su libertad.

Hoy es un día de expec­ta­ti­vas aun­que no se pue­de espe­rar mucho. El con­gre­so sigue jugan­do a escon­der­se y a dar decla­ra­cio­nes con­tra­rias a la res­ti­tu­ción de la demo­cra­cia. El acuer­do fir­ma­do no podía ser mas vago; dice que hay que “…retrotraer la situa­ción del poder eje­cu­ti­vo a como esta­ba antes del 28 de junio…”, como si tuvie­ran una maqui­na del tiempo.

La ver­dad, en un mun­do dife­ren­te lo que estaría suce­dien­do es que todos los gol­pis­tas estarían yen­do a la cárcel; aquí están jugan­do con nues­tra bue­na volun­tad, pero sobre todo, están jugan­do con nues­tra paciencia.

No se han dado cuen­ta los gol­pis­tas, y al impe­rio no le impor­ta, que están lle­gan­do a un peli­gro­so limi­te en que el pue­blo hondureño pue­de cam­biar su acti­tud, no por efec­to de algún lla­ma­do sinies­tro, sino por la con­di­cio­nes gra­ves en las que está vivien­do, por la injus­ti­cia y la inde­fen­sión, por la fal­ta de los mas ele­men­ta­les dere­chos. Y no deci­mos estos e sen­ti­do retó­ri­co; hay ya luga­res en nues­tro país don­de se avi­zo­ra una eta­pa de ham­bru­na; el dine­ro no cir­cu­la; pron­to no habrá que com­prar; la reser­va estratégica de ali­men­tos no exis­te y la situa­ción eco­nó­mi­ca se agra­va cada día mas.

El cua­dro hoy es de mucha ten­sión política, y es impul­sa­do por las estú­pi­das mani­pu­la­cio­nes de los gol­pis­tas. Nue­va­men­te esta­mos en pre­sen­cia de con­di­cio­nes que se vuel­ven incon­tro­la­bles, que pue­den lle­var a Hon­du­ras a una situa­ción extre­ma. La gue­rra civil no es aho­ra un eufe­mis­mo, es una posi­bi­li­dad real.

Nue­va­men­te, las deli­ca­das con­di­cio­nes en que vivi­mos hoy exi­gen la for­mu­la­ción de estra­te­gias acer­ta­das. El movi­mien­to de resis­ten­cia, sus lide­res, deben valo­rar muy bien los pasos a seguir. El pre­si­den­te Zela­ya también debe­rá ser con­se­cuen­te con este movi­mien­to que tan­ta fe le tie­ne. Muchos de sus segui­do­res espe­ran que sea él quien sal­ve al par­ti­do libe­ral, pero el debe enten­der que su posi­ción ya no está al lado de ese par­ti­do político. A menos que él sea una per­so­na dife­ren­te a la que hemos creÃdo.

El pre­si­den­te Zela­ya esta­rá muy pron­to enfren­ta­do a la dis­yun­ti­va de si sigue con su pue­blo has­ta la vic­to­ria final o se incli­na hacia el ano­ni­ma­to; en su pari­do ya no tie­ne cabi­da. En cual­quier caso le apo­ya­mos, y agra­de­ce­mos lo que ha hecho por nues­tra gen­te. Hacia delan­te la lucha la lle­va hacia delan­te el Fren­te Nacio­nal de Resis­ten­cia, don­de el pre­si­den­te tie­ne un lugar gana­do y que pue­de ocu­par cuan­do el lo esti­me conveniente.

Vamos pues, hacia la vic­to­ria, sin con­fiar por un minu­to que el impe­rio colu­di­do con sus lacayos

Cuba­de­ba­te                                                                                                                

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