¿La pró­xi­ma gue­rra mun­dial ten­drá lugar en el Ártico?

Las ondas de cho­que de la inva­sión rusa de Ucra­nia se han exten­di­do por todo el mun­do, des­de las fron­te­ras de los Ura­les has­ta el pun­to más sep­ten­trio­nal del pla­ne­ta. A prin­ci­pios de mar­zo, por pri­me­ra vez des­de su crea­ción, se sus­pen­die­ron los tra­ba­jos del Con­se­jo Árti­co, foro fun­da­do en 1996 por los ocho paí­ses cuyo terri­to­rio se encuen­tra den­tro del Círcu­lo Polar Árti­co (Cana­dá, Dina­mar­ca, Islan­dia, Fin­lan­dia, Norue­ga, Sue­cia, Rusia y Esta­dos Unidos).

Invo­can­do que Rusia ase­gu­ra la pre­si­den­cia rota­ti­va de dos años, los otros sie­te miem­bros con­de­na­ron la «vio­la­ción de los prin­ci­pios de sobe­ra­nía e inte­gri­dad terri­to­rial» por par­te de Rusia y pusie­ron el Con­se­jo en pau­sa sus­pen­dien­do tem­po­ral­men­te sus acti­vi­da­des. El repre­sen­tan­te de Rusia en el Con­se­jo tomó repre­sa­lias denun­cian­do las soli­ci­tu­des de ingre­so en la OTAN de Sue­cia y Fin­lan­dia, ponien­do en peli­gro la «coope­ra­ción de alta latitud».

Aun­que el Con­se­jo se ha amplia­do des­de su fun­da­ción con­ce­dien­do el esta­tus de obser­va­dor a paí­ses «cer­ca­nos al Árti­co», como el Rei­no Uni­do y Chi­na, en sus 26 años de his­to­ria ha evi­ta­do ver­se envuel­to en con­flic­tos entre los paí­ses miem­bros. La Decla­ra­ción de Otta­wa sobre la crea­ción del Con­se­jo prohí­be expre­sa­men­te que este abor­de cues­tio­nes mili­ta­res, y duran­te un cuar­to de siglo se man­tu­vo este con­sen­so, cen­trán­do­se el Con­se­jo en cues­tio­nes civi­les y cien­tí­fi­cas. Sin embar­go, a medi­da que la cri­sis cli­má­ti­ca se ace­le­ra, el equi­li­brio polí­ti­co den­tro del Con­se­jo –un micro­cos­mos de los con­flic­tos por los recur­sos y las dispu­tas terri­to­ria­les que la degra­da­ción del medio ambien­te está pro­vo­can­do a esca­la mun­dial– se está rompiendo.

Bajo el hie­lo, los codi­cia­dos subsuelos

Aun­que la gue­rra de Ucra­nia ha pro­vo­ca­do un nivel de con­fron­ta­ción entre Occi­den­te y Rusia que no se veía des­de la Gue­rra Fría, la sus­pen­sión de los tra­ba­jos del Con­se­jo Árti­co se expli­ca tam­bién por otras cues­tio­nes rela­cio­na­das con el des­hie­lo del Árti­co, que se está ace­le­ran­do: en verano, la capa de hie­lo es solo el 20% de lo que era en la déca­da de 1970. Esta alte­ra­ción del cli­ma crea tres fuen­tes poten­cia­les de com­pe­ten­cia inter­es­ta­tal, ame­na­zan­do la frá­gil coope­ra­ción que solía regir las rela­cio­nes en el Círcu­lo Polar Ártico.

En pri­mer lugar, el des­hie­lo está des­cu­brien­do nue­vas fuen­tes de mate­rias pri­mas. En los últi­mos años, los pro­yec­tos de explo­ra­ción y extrac­ción de petró­leo y gas se han expan­di­do rápi­da­men­te – ya se han desa­rro­lla­do 599 pro­yec­tos o están en cons­truc­ción– y se espe­ra que la pro­duc­ción de petró­leo y gas crez­ca un 20% en los pró­xi­mos cin­co años. Los ban­cos occi­den­ta­les, que se cal­cu­la que han apor­ta­do 314.000 millo­nes de dóla­res a pro­yec­tos de car­bono en el Árti­co, así como las gran­des com­pa­ñías petro­le­ras, como la fran­ce­sa Total Ener­gies y la esta­dou­ni­den­se Cono­coPhi­llips, están invir­tien­do en la región jun­to a empre­sas esta­ta­les o res­pal­da­das por el Esta­do, como la Chi­na Natio­nal Petro­leum Com­pany o el Silk Road Fund, un fon­do sobe­rano chino. Total Ener­gies, por ejem­plo, par­ti­ci­pa con la rusa Nova­tek y con inver­so­res esta­ta­les chi­nos en Yamal LNG y Arctic LNG 2, dos gigan­tes­cas ins­ta­la­cio­nes de gas natu­ral licua­do (GNL) que entra­rán en fun­cio­na­mien­to en los pró­xi­mos años.

Ade­más, según el Wall Street Jour­nal, se cal­cu­la que el Círcu­lo Polar Árti­co con­tie­ne tie­rras raras por valor de un billón de dóla­res. Para­dó­ji­ca­men­te, la inten­si­fi­ca­ción de los esfuer­zos de des­car­bo­ni­za­ción está hacien­do que estos depó­si­tos poten­cia­les sean cada vez más valio­sos. Se cal­cu­la que Groen­lan­dia tie­ne una cuar­ta par­te de las reser­vas mun­dia­les de tie­rras raras, esen­cia­les para los vehícu­los eléc­tri­cos y las tur­bi­nas eóli­cas. La tran­si­ción mun­dial hacia las ener­gías reno­va­bles está agra­van­do la lucha por encon­trar nue­vas fuen­tes de tie­rras raras. Los paí­ses occi­den­ta­les están espe­cial­men­te intere­sa­dos en encon­trar nue­vas fuen­tes de sumi­nis­tro, ya que Chi­na con­tro­la actual­men­te el 70% de los yaci­mien­tos cono­ci­dos. Mien­tras tan­to, el izquier­dis­ta e inde­pen­den­tis­ta Inuit Ata­qa­ti­giit (IA) fue ele­gi­do el año pasa­do como nue­vo líder de Groen­lan­dia tras hacer cam­pa­ña con­tra los pro­yec­tos mine­ros. Des­de enton­ces se ha prohi­bi­do la extrac­ción de ura­nio y se ha pro­rro­ga­do una mora­to­ria inde­fi­ni­da sobre la explo­ra­ción de petró­leo y gas en aguas de Groen­lan­dia. Como la deman­da sigue cre­cien­do, se espe­ra que la pre­sión sobre el gobierno aumen­te en los pró­xi­mos años.

Nue­vas rutas comerciales

En segun­do lugar, la reduc­ción de la capa de hie­lo del Árti­co ha per­mi­ti­do abrir rutas marí­ti­mas que antes eran intran­si­ta­bles duran­te la mayor par­te del año. Por un lado, la Ruta Marí­ti­ma del Nor­te conec­ta los estre­chos de Beh­ring y Kara de este a oes­te, reco­rrien­do 4.000 kiló­me­tros a lo lar­go de la cos­ta más sep­ten­trio­nal de Rusia. Por otro lado, el Paso del Noroes­te ser­pen­tea entre Cana­dá y Alas­ka. A medi­da que la capa de hie­lo del Árti­co se derri­ta, estos tra­mos de océano se con­vier­ti­rán en rutas marí­ti­mas rentables.

Según pre­vi­sio­nes ante­rio­res, no se espe­ra­ba que las rutas del Árti­co fue­ran comer­cial­men­te via­bles antes de 2040. Pero un des­hie­lo más rápi­do de lo pre­vis­to, uni­do a la com­pe­ten­cia inter­na­cio­nal, está pre­sio­nan­do para que se uti­li­cen sin más demo­ra. Los volú­me­nes de car­ga en la Ruta Marí­ti­ma Sep­ten­trio­nal están en nive­les récord, con un trá­fi­co que se ha mul­ti­pli­ca­do por 15 en la últi­ma déca­da, sien­do la mayor par­te del trá­fi­co los buques tan­que que trans­por­tan GNL, cuya deman­da sigue cre­cien­do. Hace ape­nas cin­co años, el trans­por­te marí­ti­mo era prác­ti­ca­men­te impo­si­ble duran­te los meses de invierno. El invierno pasa­do, una media de 20 bar­cos dia­rios uti­li­za­ron la ruta. Al mis­mo tiem­po, en 2020 un bar­co norue­go reali­zó la pri­me­ra tra­ve­sía inver­nal del Paso del Noroes­te sin ayu­da de un rom­pehie­los, redu­cien­do la dis­tan­cia entre Corea del Sur y Fran­cia en 3.000 millas náuticas.

Por eso, a pesar del desa­fío cli­má­ti­co, cada vez es más fuer­te el lla­ma­mien­to a des­pla­zar el trans­por­te marí­ti­mo por el techo del mun­do. Como seña­ló Vla­di­mir Putin hace diez años: «La ruta más cor­ta entre los mayo­res mer­ca­dos de Euro­pa y la región de Asia-Pací­fi­co pasa por el Árti­co». La ruta por el techo del mun­do entre, por ejem­plo, Asia Orien­tal y Euro­pa es mucho más cor­ta que la actual a tra­vés del Canal de Suez: unas 3.000 millas náu­ti­cas y entre 10 y 15 días menos. Un ata­jo que podría gene­rar un enor­me aho­rro, esti­ma­do entre 60.000 y 120.000 millo­nes de dóla­res al año solo para China.

El inte­rés de Chi­na en estas nue­vas rutas comer­cia­les es evi­den­te. Actual­men­te, el 80% de las impor­ta­cio­nes de petró­leo de Chi­na pasan por el estre­cho de Mala­ca, entre Mala­sia e Indo­ne­sia, un cue­llo de bote­lla que podría ser blo­quea­do por una poten­cia enemi­ga. Las expor­ta­cio­nes chi­nas a Euro­pa deben pasar por el Canal de Suez, cuyo blo­queo por Ever Given el año pasa­do pro­vo­có un caos eco­nó­mi­co. Las expor­ta­cio­nes chi­nas a Nor­te­amé­ri­ca pasan por el Canal de Pana­má, que es un fir­me alia­do de Esta­dos Unidos.

Para supe­rar estos obs­tácu­los, Chi­na ha deci­di­do inver­tir fuer­te­men­te en lo que deno­mi­na las Nue­vas Rutas de la Seda, un gigan­tes­co paque­te de nue­vas inver­sio­nes en carre­te­ras y ferro­ca­rri­les que se está exten­dien­do por toda Asia y Euro­pa. Sin embar­go, la pers­pec­ti­va de una nue­va ruta marí­ti­ma no está des­car­ta­da. El aho­rro es feno­me­nal y Chi­na ya lo está pro­mo­vien­do acti­va­men­te, faci­li­tan­do rutas deta­lla­das a los arma­do­res. En 2018, su polí­ti­ca árti­ca se refi­rió así al desa­rro­llo de una nue­va «Ruta de la Seda Polar» a tra­vés del Alto Nor­te y des­cri­bió a Chi­na como un «Esta­do casi ártico».

Ade­más del comer­cio marí­ti­mo, Chi­na lle­va varios años aumen­tan­do dis­cre­ta­men­te su pre­sen­cia en el Árti­co median­te una com­bi­na­ción de inver­sio­nes direc­tas y diplo­ma­cia. Islan­dia, dura­men­te gol­pea­da por la cri­sis finan­cie­ra de 2008, recu­rrió a Chi­na en bus­ca de ayu­da eco­nó­mi­ca, con­vir­tién­do­se en el pri­mer Esta­do euro­peo en fir­mar un acuer­do de libre comer­cio con Chi­na en 2013. Chi­na finan­cia aho­ra la inves­ti­ga­ción en las uni­ver­si­da­des de Reikia­vik y los inver­so­res chi­nos han ini­cia­do con­ver­sa­cio­nes para cons­truir dos nue­vos puer­tos de aguas pro­fun­das en la isla, dise­ña­dos para el trans­bor­do en las nue­vas rutas marí­ti­mas del Ártico.

En el plano diplo­má­ti­co, Chi­na fue admi­ti­da como obser­va­do­ra en el Con­se­jo Árti­co de 2013. Tam­bién ha cons­trui­do nue­vos rom­pehie­los y ha encar­ga­do patru­lle­ras «refor­za­das con­tra el hie­lo». Pero este poder es una preo­cu­pa­ción cre­cien­te. Los cre­cien­tes intere­ses chi­nos en Groen­lan­dia han lle­va­do a Dina­mar­ca a expre­sar for­mal­men­te su preo­cu­pa­ción, mien­tras que Rusia –aun­que coope­ra con Chi­na en la explo­ta­ción de los yaci­mien­tos de gas del Árti­co, en par­ti­cu­lar la refi­ne­ría de gas natu­ral licua­do de Yamal, en la cos­ta sibe­ria­na– se ha opues­to fir­me­men­te al uso de rom­pehie­los extran­je­ros en la Ruta Marí­ti­ma Sep­ten­trio­nal (aun­que la decla­ra­ción con­jun­ta de ambos paí­ses de febre­ro les com­pro­me­te a «inten­si­fi­car la coope­ra­ción prác­ti­ca para el desa­rro­llo sos­te­ni­ble del Árti­co»). Litua­nia ha pos­pues­to la inver­sión chi­na en el puer­to de Klai­pe­da, la puer­ta de entra­da al Paso del Nor­des­te, ale­gan­do su per­te­nen­cia a la OTAN y un supues­to peli­gro para su segu­ri­dad nacional.

Como demos­tró la cri­sis de Suez de 1956, el con­trol de una ruta comer­cial es cru­cial en una eco­no­mía capi­ta­lis­ta glo­ba­li­za­da. Y, como en el caso del Canal de Suez, la carre­ra por el poder está dan­do lugar a una cre­cien­te pre­sen­cia mili­tar car­ga­da de amenazas.

La bata­lla en pleno apogeo

La ter­ce­ra y últi­ma fuen­te poten­cial de con­flic­to tam­bién se deri­va de la posi­ción geo­grá­fi­ca pri­vi­le­gia­da del Árti­co. La mili­ta­ri­za­ción del Árti­co, situa­do a la menor dis­tan­cia posi­ble entre las dos prin­ci­pa­les masas terres­tres del mun­do, es una reali­dad des­de hace tiem­po. Los pues­tos de escu­cha de Skal­gard (Norue­ga) y Kefla­vik (Islan­dia), esta­ble­ci­dos duran­te la Gue­rra Fría para vigi­lar los movi­mien­tos de la flo­ta sub­ma­ri­na sovié­ti­ca, y pos­te­rior­men­te rusa, en el Mar de Barents, dan fe del inte­rés estra­té­gi­co del Alto Nor­te. A medi­da que las ten­sio­nes entre Washing­ton y Mos­cú han aumen­ta­do en los últi­mos años, la región está sien­do cada vez más rein­ver­ti­da mili­tar­men­te por Rusia y Esta­dos Unidos.

Rusia ha reabier­to 50 pues­tos mili­ta­res de la Gue­rra Fría en su terri­to­rio árti­co, inclui­das 13 bases aéreas y 10 esta­cio­nes de radar. Tam­bién ha pro­ba­do misi­les de cru­ce­ro hiper­só­ni­cos y dro­nes sub­ma­ri­nos de pro­pul­sión nuclear para el Árti­co, lo que ha lle­va­do al Pen­tá­gono a expre­sar ofi­cial­men­te su preo­cu­pa­ción por su «vía de apro­xi­ma­ción» a Esta­dos Uni­dos des­de el Nor­te. Refor­za­da a lo lar­go de la últi­ma déca­da, la Flo­ta del Nor­te de Rusia, com­pues­ta por sub­ma­ri­nos nuclea­res, aco­ra­za­dos y lan­chas de des­em­bar­co, así como por rom­pehie­los y buques de apo­yo, cons­ti­tu­ye la pie­za cen­tral de la estra­te­gia rusa en el Árti­co des­de 2017.

Por otro lado, la OTAN com­ple­tó el mes pasa­do su ejer­ci­cio semes­tral en el Árti­co norue­go, con 30.000 sol­da­dos com­pro­me­ti­dos, el mayor con­tin­gen­te des­de el final de la Gue­rra Fría. A prin­ci­pios de abril, Ben Walla­ce, el Secre­ta­rio de Defen­sa bri­tá­ni­co, pro­me­tió más tro­pas para el Alto Nor­te cuan­do se reu­nió con su homó­lo­go norue­go. En el mar­co de la coope­ra­ción entre ambos Esta­dos, los sub­ma­ri­nos nuclea­res bri­tá­ni­cos fue­ron reci­bi­dos en un puer­to norue­go por pri­me­ra vez. Aun­que Norue­ga tie­ne un his­to­rial de neu­tra­li­dad, su ejér­ci­to par­ti­ci­pó por pri­me­ra vez en el ejer­ci­cio bia­nual Mjoll­ner en el Alto Nor­te en mayo, jun­to a las fuer­zas arma­das de Dina­mar­ca, Bél­gi­ca, Paí­ses Bajos y Ale­ma­nia. Cana­dá tam­bién está aumen­tan­do su pre­sen­cia mili­tar en el Árti­co, inclu­yen­do la com­pra de dos nue­vos rom­pehie­los y 88 avio­nes de combate.

El deseo de Fin­lan­dia y Sue­cia de ingre­sar en la OTAN for­ma par­te de una inten­si­fi­ca­ción de la acti­vi­dad mili­tar en el Árti­co, ya que su posi­ble entra­da con­ver­ti­ría a Rusia en la últi­ma nación no per­te­ne­cien­te a la OTAN en la región. Por últi­mo, la nue­va estra­te­gia del ejér­ci­to esta­dou­ni­den­se para la región, publi­ca­da a prin­ci­pios del año pasa­do y bau­ti­za­da como «Domi­nar de nue­vo el Árti­co», pro­po­ne «redi­na­mi­zar» las fuer­zas terres­tres del Árti­co que ope­ra­rían jun­to a fuer­zas nava­les y aéreas ampliadas.

Así, a pesar de la monu­men­tal tra­ge­dia medioam­bien­tal del Árti­co (extin­ción masi­va, des­truc­ción de comu­ni­da­des indí­ge­nas, pér­di­da de espa­cios natu­ra­les insus­ti­tui­bles), el sis­te­ma capi­ta­lis­ta sigue remo­de­lan­do el pla­ne­ta para sus pro­pios fines. Des­de la «uni­fi­ca­ción del mun­do por la enfer­me­dad» has­ta la crea­ción de un sis­te­ma ali­men­ta­rio basa­do en los mono­cul­ti­vos, el capi­ta­lis­mo siem­pre ha remo­de­la­do el entorno que explo­ta y nun­ca ha deja­do de adap­tar­se a estos cam­bios para per­se­guir su insa­cia­ble sed de cre­ci­mien­to. Por tan­to, el actual redi­se­ño del Árti­co no es más que un paso más en un pro­ce­so ances­tral de com­pe­ten­cia y explo­ta­ción. El capi­ta­lis­mo no des­trui­rá el mun­do, pero lo remo­de­la­rá. En este con­tex­to, la resis­ten­cia a este pro­ce­so, como la orga­ni­za­da por los eco­so­cia­lis­tas indí­ge­nas en el poder en Groen­lan­dia, se con­vier­te en un impe­ra­ti­vo polí­ti­co cada vez más fundamental.

James Mead­way

24 de mayo de 2022

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