Izquier­da comu­nis­ta, con­se­jis­mo, luxem­bur­guis­mo, situa­cio­nis­mo, corrien­tes comunistas…

Breve historia del internacionalismo (VI de X)

Nota: Tras una para­da de varios meses, reto­ma­mos la serie sobre la his­to­ria del inter­na­cio­na­lis­mo. Las cua­tro entre­gas siguien­tes tra­ta­rán sobre la IV Inter­na­cio­nal, la Tri­con­ti­nen­tal, el zapa­tis­mo, Seattle, FSM, MCB… y el inter­na­cio­na­lis­mo en el presente.

Para 1920 ya eran obvios algu­nos de los pro­ble­mas que se deba­ti­rán per­ma­nen­te­men­te en la lucha de cla­ses mun­dial, sobre todo en la medi­da en que el capi­ta­lis­mo vaya agu­di­zan­do sus con­tra­dic­cio­nes con nue­vas for­mas y con­te­ni­dos. Eran deba­tes cada vez más impor­tan­tes por­que la bur­gue­sía mun­dial esta­ba apren­dien­do en aque­llos años de sus erro­res y debi­li­da­des des­de 1916, por citar el año en el que se empe­zó a notar el males­tar cre­cien­te del pro­le­ta­ria­do euro­peo por la bru­ta­li­dad de la gue­rra impe­ria­lis­ta, en la que sólo era car­ne de cañón en la indus­tria de la matan­za humana.

De una for­ma u otra, los deba­tes, ade­más de dar­se en el inte­rior de los Esta­dos, tam­bién y sobre todo fue­ron –serán– inter­na­cio­na­les por­que el impe­ria­lis­mo ya era mun­dial, y se hicie­ron urgen­tes tras las derro­tas de la olea­da revo­lu­cio­na­ria que siguió a 1917 plan­tean­do cues­tio­nes cru­cia­les como las dife­ren­cias en la lucha de cla­ses en paí­ses como Rusia, Hun­gría, Ale­ma­nia, Ita­lia, Fin­lan­dia…; el cam­pe­si­na­do mun­dial; los con­se­jos obre­ros y el sin­di­ca­lis­mo; el papel de los par­ti­dos y de la mili­tan­cia; la mujer tra­ba­ja­do­ra; la lucha cul­tu­ral, teó­ri­ca y filo­só­fi­ca; el socia­lis­mo a cons­truir y cómo hacer­lo; el par­la­men­ta­ris­mo y el Esta­do bur­gués; la dic­ta­du­ra-demo­cra­cia bur­gue­sa y la demo­cra­cia-dic­ta­du­ra socia­lis­ta; el arte de la insu­rrec­ción y el paci­fis­mo; la opre­sión nacio­nal… y fal­ta­ba muy poco para que en 1922 – 1923 irrum­pie­ra el mons­truo fascista.

Lo mis­mo pero a menor esca­la había suce­di­do duran­te la crea­ción de las Inter­na­cio­na­les ante­rio­res, pero lo que suce­día des­de ini­cios de la déca­da de 1920 aña­día una extre­ma impor­tan­cia a los deba­tes: tras la masa­cre de la Comu­na de París de 1871, des­de 1917 exis­tía por vez pri­me­ra un poder obre­ro defen­di­do por el pue­blo en armas, y ade­más había habi­do un vigo­ro­sa olea­da de luchas que supe­ra­ba los mar­cos esta­ta­les y euro­cén­tri­cos por­que tam­bién eran anti­im­pe­ria­lis­tas y a favor de la libe­ra­ción de las nacio­nes opri­mi­das, como se veía en la exten­sión de la III Inter­na­cio­nal por todo el mundo.

Por ejem­plo, una cues­tión dis­cu­ti­da en el seno del par­ti­do bol­che­vi­que des­de 1920 como era la demo­cra­cia con­se­jis­ta y sovié­ti­ca, se deba­tía a la vez en Holan­da, Ale­ma­nia…, pero tam­bién en la India en don­de cre­cía la fuer­za comu­nis­ta gra­cias a las pro­fun­das rela­cio­nes entre las comu­nas cam­pe­si­nas y el con­se­jis­mo y el sovie­tis­mo, y a los pocos años la dis­cu­sión se exten­de­ría a los ayllus andi­nos. Topa­mos así con temas can­den­tes en el inter­na­cio­na­lis­mo y el anti­im­pe­ria­lis­mo actua­les como son el peso de la his­to­ria de las luchas de libe­ra­ción nacio­nal de cla­se en las luchas pre­sen­tes de los pue­blos, en sus for­mas orga­ni­za­ti­vas y en la rela­ción de estas con la teo­ría del par­ti­do y de las «van­guar­dias», en su impac­to sobre cómo defi­nen y prac­ti­can su anti­im­pe­ria­lis­mo, etc.

Fue en Holan­da y Ale­ma­nia en don­de sur­gie­ron con más fuer­za y con más orga­ni­za­ción pos­tu­ras dife­ren­tes en la mayo­ría de las cues­tio­nes a deba­te que hemos vis­to arri­ba, y que tam­bién se daban en la URSS y en la III Inter­na­cio­nal por esos años. La razón no era otra que el mayor desa­rro­llo de la indus­tria capi­ta­lis­ta con un pode­ro­so pro­le­ta­ria­do y un cam­pe­si­na­do ya debi­li­ta­do en com­pa­ra­ción con el de la URSS, el mayor desa­rro­llo de una pode­ro­sa bur­gue­sía, sobre todo si tene­mos en cuan­ta la lar­ga his­to­ria del capi­ta­lis­mo holan­dés, etc. Inclu­so Ita­lia iba por detrás de Holan­da y Ale­ma­nia en este sen­ti­do, lo que se nota­ba en los debates.

Esto hizo que los pri­me­ros cho­ques teó­ri­cos y polí­ti­cos con la corrien­te mayo­ri­ta­ria de la III Inter­na­cio­nal gira­sen alre­de­dor del par­la­men­ta­ris­mo y del sin­di­ca­lis­mo pre­ci­sa­men­te en Holan­da, en don­de su bur­gue­sía desa­rro­lló efec­ti­vos sis­te­mas de inte­gra­ción social des­de la vic­to­ria de la gue­rra de libe­ra­ción nacio­nal bur­gue­sa en 1648. En 1894 se fun­dó el par­ti­do social­de­mó­cra­ta holan­dés que sufrió diver­sas esci­sio­nes has­ta crear­se el Par­ti­do Comu­nis­ta en 1918 tenien­do a Pan­ne­koek (1873−1960) y Gor­ter (1864−1927) como miem­bros des­ta­ca­dos cuya influen­cia era tam­bién muy fuer­te en la izquier­da comu­nis­ta ale­ma­na, en la que des­ta­có por su denun­cia de la buro­cra­cia Otto Rüle (1864−1943) y espe­cial­men­te, aun­que poco des­pués, Paul Mat­tik (1904−1981). Des­de 1914 se opu­sie­ron a la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, al igual que los bol­che­vi­ques, el ala izquier­da de la social­de­mo­cra­cia ale­ma­na y otros sec­to­res euro­peos, y las bue­nas rela­cio­nes con los bol­che­vi­ques se man­tu­vie­ron has­ta 1919.

Una de las señas de iden­ti­dad de esta corrien­te des­de muy pron­to fue su visión fría­men­te eco­no­mi­cis­ta y mani­quea de las com­ple­jas fuer­zas que actúan en las rei­vin­di­ca­cio­nes nacio­na­les de los pue­blos opri­mi­dos, como se apre­cia en el tex­to de Pan­ne­koek de 1912 Lucha de cla­ses y nación, que pue­de ser con­si­de­ra­do jun­to con los de Rosa Luxem­burg, el dog­ma canó­ni­co de esta corrien­te con res­pec­to a la opre­sión nacio­nal. Aun­que con mati­ces y dife­ren­cias meno­res, los gru­pos pos­te­rio­res que se rei­vin­di­can de ella man­tie­nen la mis­ma tesis. Pen­sa­mos que esta es una de las razo­nes por las que el comu­nis­mo de los con­se­jos ape­nas logra implan­tar­se en las luchas de libe­ra­ción nacio­nal de cla­se, a no ser que se haya revi­sa­do y sua­vi­za­do esa par­te de su con­cep­ción estratégica.

Mien­tras tan­to, la buro­cra­ti­za­ción de la social­de­mo­cra­cia hace que en 1915 sur­ja en Ale­ma­nia un par­ti­do que exi­ge el dere­cho de revo­ca­bi­li­dad de la direc­ción por las bases mili­tan­tes, etc. Un año des­pués, en 1916 se fun­da la Liga Espar­ta­co con mili­tan­tes de la talla de Rosa Luxem­burg, Karl Liebk­necht, etc., con varios obje­ti­vos, aun­que el prin­ci­pal es aglu­ti­nar a las corrien­tes crí­ti­cas den­tro de la II Inter­na­cio­nal para des­pla­zar a su direc­ción refor­mis­ta y reorien­tar­la hacia la izquier­da, pero man­te­nien­do su uni­dad. Así es cómo se logra en 1917 la alian­za de los espar­ta­kis­tas con otros sec­to­res, alian­za que res­pe­ta la auto­no­mía de cada corrien­te; pero con una polí­ti­ca con­tra la gue­rra menos radi­cal y cla­ra que la de Gor­ter y Lenin de con­ver­tir gue­rra impe­ria­lis­ta en gue­rra revolucionaria.

Estos esfuer­zos nece­sa­rios eran insu­fi­cien­tes por­que para fina­les de 1918 el Esta­do había apren­di­do de la vic­to­ria bol­che­vi­que de un año antes y no come­te­ría los erro­res de los men­che­vi­ques, sobre todo el de la nece­si­dad de dis­po­ner de tro­pas con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rias expe­ri­men­ta­das. Ade­más, la bur­gue­sía con­ta­ba con el apo­yo incon­di­cio­nal de la social­de­mo­cra­cia y de sus sin­di­ca­tos que no solo van a par­ti­ci­par acti­va­men­te en la repre­sión san­grien­ta sino a la vez van a rele­gi­ti­mar al par­la­men­to repu­bli­cano como «avan­ce demo­crá­ti­co» al haber caí­do la monar­quía impe­rial. El giro de cien­to ochen­ta gra­dos de la social­de­mo­cra­cia fue deci­si­vo para sos­te­ner al capi­tal por­que lle­nó el vacío deja­do por los par­ti­dos bur­gue­ses total­men­te des­acre­di­ta­dos por su apo­yo a la monar­quía impe­rial. Estos y otros fac­to­res expli­can que la huel­ga gene­ral de noviem­bre de 1918 fue­ra muy espon­tá­nea por­que la izquier­da revo­lu­cio­na­ria esta­ba muy poco orga­ni­za­da, y a par­tir de aquí vie­nen las suce­si­vas derro­tas de las insu­rrec­cio­nes obre­ras de enero de 1919, de abril de 1920 y de mar­zo de 1921.

El comu­nis­mo de los con­se­jos se va for­man­do en lo bási­co como corrien­te inter­na­cio­nal duran­te estas derro­tas. Tras el cri­mi­nal aplas­ta­mien­to de la revo­lu­ción de enero de 1919 con el ase­si­na­to de cen­te­na­res de mili­tan­tes, tam­bién de Rosa Luxem­burg y Karl Liebk­necht, el espar­ta­kis­mo entra en cri­sis y se divi­de: un sec­tor de la direc­ción que sigue a la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta, y otro sec­tor que, aun siguien­do den­tro de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta, refle­xio­na sobre por qué el grue­so de los con­se­jos obre­ros han obe­de­ci­do al refor­mis­mo des­mo­vi­li­za­dor y repre­sor, pero tam­bién sobre la res­pon­sa­bi­li­dad del cul­to al par­la­men­ta­ris­mo y al buro­cra­tis­mo diri­gis­ta en esas derro­tas. Las dife­ren­cias se agu­di­zan con la derro­ta de la mal orga­ni­za­da insu­rrec­ción en res­pues­ta al inten­to del gol­pe de Kapp de mar­zo de 1920, y la esci­sión del par­ti­do se pro­du­ce a comien­zos de abril de ese año con la crea­ción del Par­ti­do Comu­nis­ta Obre­ro de Ale­ma­nia (KAPD) des­ga­ja­do de la Liga Espar­ta­co, que con­ser­va la mayo­ría de la mili­tan­cia y pasa a lla­mar­se KPD, Par­ti­do Comu­nis­ta de Ale­ma­nia. Para expli­car sus tesis, el KAPD difun­de dos peque­ños comu­ni­ca­dos que jun­to a otros tex­tos pro­vo­ca­rán un deba­te aún vivo.

En esos meses Pan­ne­koek publi­ca un tex­to sobre la revo­lu­ción mun­dial y en Ita­lia sur­ge tam­bién la crí­ti­ca al par­la­men­ta­ris­mo de Ama­deo Bor­di­ga (1889−1970) que en otras cues­tio­nes esta­ba de acuer­do con Lenin, de mane­ra que se gene­ra­li­za el deba­te sobre las dife­ren­cias entre la lucha de cla­ses en «orien­te», Rusia, etc., y «occi­den­te». Lenin par­ti­ci­pa en la dis­cu­sión con La enfer­me­dad infan­til del izquier­dis­mo en el comu­nis­mo, que refle­ja la pos­tu­ra mayo­ri­ta­ria de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta. Gor­ter, a peti­ción de la KAPD, res­pon­de con la Car­ta abier­ta al cama­ra­da Lenin en la que sin­te­ti­za el desa­rro­llo que has­ta ese momen­to había alcan­za­do la teo­ría del comu­nis­mo con­se­jis­ta, pero con una limi­ta­ción: que se tra­ta de una argu­men­ta­ción a nega­ti­vo, no de una expo­si­ción sistemática.

De cual­quier modo, la Car­ta abier­ta al cama­ra­da Lenin al igual que La enfer­me­dad infan­til en el comu­nis­mo son otros tan­tos hitos que con­fir­man pese a sus dife­ren­cias la capa­ci­dad de crea­ción teó­ri­ca del mar­xis­mo, crea­ti­vi­dad que nos remi­te a la lucha de cla­ses mate­rial. En efec­to, si estos deba­tes se gene­ra­li­zan des­de ese 1920, será la derro­ta de la insu­rrec­ción de mar­zo de 1921, diri­gi­da con­jun­ta­men­te por el KAPD y los espar­ta­kis­tas, la que fuer­ce el sal­to cua­li­ta­ti­vo en la teo­ría con­se­jis­ta expre­sa­do en el tex­to de Gor­ter de ese mis­mo año Las lec­cio­nes de las Jor­na­das de Mar­zo. Sin embar­go, este sal­to que más ade­lan­te será enri­que­ci­do por otras apor­ta­cio­nes como las de Paul Mat­tik, se pro­du­ce en un momen­to de reflu­jo de la lucha de cla­ses des­pués de las tres derro­tas suce­si­vas y de la recom­po­si­ción del poder del capital.

Recor­de­mos que des­de 1919 la Cons­ti­tu­ción de Wei­mar ase­gu­ra el poder a la bur­gue­sía gra­cias a la estre­cha alian­za con el refor­mis­mo social­de­mó­cra­ta y su buro­cra­cia sin­di­cal, y con la vigi­lan­cia aten­ta del Ejér­ci­to y de las fuer­zas pro­to nazis que, al poco tiem­po, se reor­ga­ni­za­rán alre­de­dor de Hitler: la Repú­bli­ca de Wei­mar que apli­ca la tác­ti­ca del palo con­tra la izquier­da revo­lu­cio­na­ria y la zanaho­ria para el pro­le­ta­ria­do y el nazis­mo. Bajo estas pre­sio­nes, la corrien­te con­se­jis­ta y la KAPD se van debi­li­tan­do mien­tras que el KPD, los anti­guos espar­ta­kis­tas, van ganan­do terreno sobre todo con la ocu­pa­ción fran­ce­sa del Ruhr, con el paro masi­vo, el caos eco­nó­mi­co y la infla­ción des­bo­ca­da en 1923, etc., de modo que el KPD y sec­to­res social­de­mó­cra­tas ayu­da­ron a orga­ni­zar la insu­rrec­ción de octu­bre de 1923 que lle­gó a crear comu­nas en Ham­bur­go, Sajo­nia, Turin­gia… sien­do nue­va­men­te derro­ta­da por la reti­ra­da de los sec­to­res socialdemócratas.

Sin caer en la his­to­ria fic­ción sobre cómo sería aho­ra el capi­ta­lis­mo si hubie­ra triun­fa­do la olea­da de 1919 – 1923, sí debe­mos estu­diar las razo­nes de aque­lla derro­ta que sí fue muy ana­li­za­da jun­to a otras insu­rrec­cio­nes por la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta que las plas­mó inclu­so en una mejo­ra sis­te­má­ti­ca del arte de insu­rrec­ción pro­le­ta­ria, sien­do la teo­ría del par­ti­do una de aque­llas ense­ñan­zas. Mien­tras tan­to, al con­cluir la Segun­da Gue­rra Mun­dial ideas bási­cas del con­se­jis­mo, del luxem­bur­guis­mo espar­ta­kis­ta no inte­gra­do en el KPD, así como sec­to­res que deja­ron la IV Inter­na­cio­nal, etc., fue­ron con­flu­yen­do en diver­sos colec­ti­vos enfren­ta­dos tan­to al refor­mis­mo como al dog­ma­tis­mo. Por razo­nes de espa­cio vamos a ver solo los gru­pos Socia­lis­mo o Bar­ba­rie, Inter­na­cio­nal Situa­cio­nis­ta y Corrien­te Comu­nis­ta Inter­na­cio­nal, asu­mien­do que la reali­dad es mucho más amplia.

La IV Inter­na­cio­nal sufrió deba­tes y esci­sio­nes casi des­de su pri­mer día de exis­ten­cia. En 1948 una de esas rup­tu­ras se pro­du­jo a raíz del deba­te sobre qué era la URSS: Esta­do obre­ro dege­ne­ra­do o, por el con­tra­rio, un capi­ta­lis­mo de Esta­do. No era un pro­ble­ma bala­dí ya que ese mis­mo momen­to se ini­cia­ba la mal lla­ma­da «gue­rra fría» que con­di­cio­nó mucho la lucha de cla­ses en gene­ral y en Euro­pa espe­cial­men­te por­que según qué línea se lle­va­se con res­pec­to a la URSS se inci­día de una for­ma u otra en el res­to de pro­ble­mas: por ejem­plo, el sin­di­ca­lis­mo, las alian­zas inter­nas y exter­nas, la mis­ma con­cep­ción teó­ri­co-filo­só­fi­ca sobre el mar­xis­mo, etc. Socia­lis­mo o Bar­ba­rie se fun­dó en ese 1948 para ayu­dar a la auto­or­ga­ni­za­ción pro­le­ta­ria des­de la visión crí­ti­ca de que no podía cons­truir­se el socia­lis­mo según el mode­lo del capi­ta­lis­mo de Esta­do de la URSS.

Como hemos dicho, otra de las «heren­cias» que se recu­pe­ran con fuer­za en los años 60 fue la lucha con­tra la buro­cra­cia polí­ti­ca. Las ver­sio­nes más extre­mas sos­te­nían que el «leni­nis­mo» impo­nía «des­de el exte­rior» la con­cien­cia polí­ti­ca al pro­le­ta­ria­do, por lo que había que evi­tar ese sus­ti­tu­cio­nis­mo e impul­sar la auto­no­mía tra­ba­ja­do­ra, úni­ca garan­te del sur­gi­mien­to de la ver­da­de­ra con­cien­cia obre­ra por­que sur­ge des­de su pro­pia expe­rien­cia, des­de su inte­rior. El colec­ti­vo Socia­lis­mo o Bar­ba­rie tam­bién tuvo rup­tu­ras por este moti­vo, has­ta que ter­mi­nó disol­vién­do­se en 1965 pre­ci­sa­men­te cuan­do sur­gían fuer­zas socia­les que abri­rían la situa­ción pre­rre­vo­lu­cio­na­ria deno­mi­na­da Mayo del 68.

Pero una valo­ra­ción ecuá­ni­me de las apor­ta­cio­nes de este colec­ti­vo debe admi­tir su méri­to al res­ca­tar la tesis pre­sen­te en el mar­xis­mo des­de la mitad del siglo XIX de que debe­mos des­truir el capi­ta­lis­mo por­que su super­vi­ven­cia nos con­du­ce a la bar­ba­rie. Rosa Luxem­burg ya había dicho lo mis­mo en 1915, pero lo tomó de un tex­to de Kautsky que a su vez venía de Engels, y que no era sino una ade­cua­ción a la refe­ren­cia direc­ta a esa dis­yun­ti­va que él y Marx había hecho en el Mani­fies­to del Par­ti­do Comu­nis­ta en 1848 al decir que la bur­gue­sía es como el bru­jo que no pue­de domi­nar los mons­truos que ha des­ata­do con sus con­ju­ros. Sería lar­go sin­te­ti­zar el reco­rri­do de los deba­tes sobre el con­te­ni­do de este lema, pero sí debe­mos recor­dar que los bol­che­vi­ques lo ade­cua­ron al con­tex­to de 1919 al pre­sen­tar­lo como Comu­nis­mo o Caos. Resul­ta impo­si­ble ima­gi­nar varios futu­ri­bles de la exis­ten­cia huma­na a par­tir de la actual cri­sis sin tener en cuen­ta la pro­fun­da refle­xión mar­xis­ta que va des­de la posi­bi­li­dad de la des­truc­ción mutua has­ta la urgen­cia de avan­zar al comu­nis­mo para evi­tar el caos.

En los años 50 la «heren­cia» izquier­dis­ta tam­bién se plas­mó en la con­fluen­cia de corrien­tes mili­tan­tes que lucha­ban por abrir una espe­cie de «gue­rra esté­ti­co-polí­ti­ca» con­tra la civi­li­za­ción del capi­tal, no solo con­tra el capi­ta­lis­mo redu­ci­do a su bur­do for­ma­to eco­no­mi­cis­ta. Tras la devas­ta­ción de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, simul­tá­neo al ascen­so del anti­im­pe­ria­lis­mo con la con­si­guien­te denun­cia de la bar­ba­rie occi­den­tal, y en res­pues­ta a la ver­da­de­ra gue­rra cul­tu­ral anti­so­cia­lis­ta diri­gi­da por Esta­dos Uni­dos, estos gru­pos crea­ron en 1957 la Inter­na­cio­nal Situa­cio­nis­ta en cuyo inte­rior ale­tea­ban nocio­nes con­se­jis­tas, luxem­bur­guis­tas, anti­bu­ro­crá­ti­cas, de poder popu­lar, tam­bién de Socia­lis­mo o Bar­ba­rie, etc.

Uno de los pro­ble­mas que tuvo la izquier­da tra­di­cio­nal para com­pren­der a tiem­po el enor­me poten­cial libe­ra­dor de la Inter­na­cio­nal Situa­cio­nis­ta fue que la pri­me­ra esta­ba ata­da a una visión mecá­ni­ca y tra­di­cio­nal del «arte», entre otras cosas, mien­tras que el Situa­cio­nis­mo mane­ja­ba una rica pano­plia con­cep­tual que le exi­gía inter­ve­nir abier­ta­men­te en la lucha por la socia­li­za­ción mate­rial y moral, pro­duc­ti­va y repro­duc­ti­va. Esta lucha era –es– la úni­ca for­ma de aca­bar con la dic­ta­du­ra de la mer­can­cía, del valor de cam­bio, que es el peor enemi­go del «arte», es decir, de la vida polí­ti­ca y social­men­te libe­ra­da median­te la lucha en «situa­cio­nes» –de aquí el tér­mino «Situa­cio­nis­mo»– con­cre­tas crea­das para ven­cer en ellas al capital.

Des­de el ini­cio, la Inter­na­cio­nal asu­mió la peli­gro­sa ambi­güe­dad del tér­mino «situa­cio­nis­mo», mani­pu­la­ble por el capi­tal y muy fácil­men­te por el refor­mis­mo si no exis­te una con­cien­cia polí­ti­ca y teó­ri­ca, insis­tien­do por tan­to en que debía ser la pra­xis mili­tan­te la que pre­ci­sa­ra su con­te­ni­do revo­lu­cio­na­rio o reac­cio­na­rio. Aquí vemos la direc­ta asun­ción de las tesis auto­crí­ti­cas del con­se­jis­mo de entre 1917 – 1923: el con­se­jo, el soviet, la asam­blea, la coope­ra­ti­va, la orga­ni­za­ción, etc., no son auto­má­ti­ca­men­te revo­lu­cio­na­rias, no están libres por sí mis­mas del cán­cer refor­mis­ta, sino que todo depen­de de la rela­ción de fuer­zas exis­ten­te en su seno. Los soviets de 1905 ya habían mos­tra­do esta ambi­güe­dad, lo mis­mo que la caí­da en el refor­mis­mo polí­ti­co-sin­di­cal de muchas orga­ni­za­cio­nes des­de la segun­da mitad del siglo XIX, también.

Para la Inter­na­cio­nal, una «situa­ción» revo­lu­cio­na­ria es, por ejem­plo, un con­se­jo obre­ro, un edi­fi­cio libe­ra­do y recu­pe­ra­do, la ocu­pa­ción del par­la­men­to, una coope­ra­ti­va inte­gral, etc., que impul­sen el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio con­tra la dic­ta­du­ra del valor de cam­bio, de la mer­can­cía, del espec­tácu­lo que invier­te la reali­dad pre­sen­tan­do la sumi­sión como feli­ci­dad y la liber­tad como infe­li­ci­dad. O sea, se tra­ta de vol­ver, de «des­viar» con­tra el capi­tal los ins­tru­men­tos y armas que él ha expro­pia­do al tra­ba­jo o ha crea­do para enca­de­nar­lo. Y hacer­lo uti­li­zan­do el poten­cial explo­si­vo inser­to en las den­sas con­tra­dic­cio­nes de la ciu­dad como uni­ver­so de extrac­ción de plus­va­lía, lo que a su vez exi­ge una pra­xis psi­co­po­lí­ti­ca arrai­ga­da en el infierno urbano: la «psi­co­geo­gra­fía» que por mal­vi­vir en el cemen­to pútri­do tie­ne que desa­rro­llar una sen­si­bi­li­dad éti­ca anta­gó­ni­ca con la éti­ca y moral burguesa.

Sola­men­te así pue­de el pro­le­ta­ria­do ino­cu­lar­se con­tra el veneno de la «socie­dad del espec­tácu­lo» que es el col­mo del feti­chis­mo de la mer­can­cía. El situa­cio­nis­mo y Guy Debord (1931−1994) sobre todo, lle­ga­ron a estas con­clu­sio­nes a par­tir del estu­dio de muchas apor­ta­cio­nes, y de entre ellas tam­bién de Hegel, Marx, Rosa Luxem­burg, Cla­ra Zet­kin, Trotsky, Mat­tik, Lukács… lo que le orien­ta a inter­ve­nir deci­di­da­men­te en el pro­me­te­dor movi­mien­to con­se­jis­ta y de recu­pe­ra­ción de empre­sas y loca­les del Mayo del 68 nuclea­do alre­de­dor del «Con­se­jo de Ocu­pa­cio­nes», com­ba­ti­do direc­ta­men­te por el capi­tal e indi­rec­ta­men­te por el esta­li­nis­mo, y silen­cia­do por la prensa.

La Inter­na­cio­nal Situa­cio­nis­ta se arti­cu­ló en casi una dece­na de paí­ses, publi­can­do un bole­tín cen­tral, pero res­pe­tan­do e impul­san­do el fun­cio­na­mien­to espe­cí­fi­co en cada país o región según sus par­ti­cu­la­ri­da­des y sin­gu­la­ri­da­des. Aun­que su enmar­que con­cep­tual era el de la Euro­pa bur­gue­sa, sus apor­ta­cio­nes teó­ri­cas fue­ron pene­tran­do en izquier­das de otros con­ti­nen­tes, pero su nula o muy esca­sa aten­ción a la libe­ra­ción nacio­nal limi­tó mucho su pene­tra­ción en el anti­im­pe­ria­lis­mo. Otra de sus gran­des debi­li­da­des, la deci­si­va sin duda, fue su esca­so arrai­go en el movi­mien­to obre­ro orga­ni­za­do como nece­sa­ria puer­ta de entra­da en el pro­le­ta­ria­do inter­na­cio­nal. Debi­li­dad pro­ve­nien­te del ori­gen mayo­ri­ta­ria­men­te inte­lec­tual de sus direc­cio­nes, pero tam­bién pro­vo­ca­da y amplia­da por el obs­truc­cio­nis­mo deli­be­ra­do rea­li­za­do por las buro­cra­cias polí­ti­co-sin­di­ca­les y cul­tu­ra­les del refor­mis­mo, y por la bur­gue­sía. Su redu­ci­da base obre­ra no pudo dotar­le de fuer­za rai­zal para aguan­tar la con­tra­ofen­si­va auto­ri­ta­ria, repre­si­va y neo­li­be­ral des­en­ca­de­na­da en la segun­da mitad de los años 70, disolviéndose.

Si las izquier­das de ori­gen mayo­ri­ta­ria­men­te uni­ver­si­ta­rio y de cas­ta inte­lec­tual peque­ño-media­na bur­gue­sa que per­te­ne­cían a la corrien­te con­se­jis­ta no pudie­ron resis­tir la con­tra­ofen­si­va capi­ta­lis­ta, no suce­dió lo mis­mo con algu­nas de las peque­ñas izquier­das obre­ras con­se­jis­tas inser­tas en su cla­se, aun­que fue­ran redu­ci­das. En 1952 se disol­vió la orga­ni­za­ción fran­ce­sa de Izquier­da comu­nis­ta que per­te­ne­cía a esta corrien­te, pero por veri­cue­tos com­ple­jos una semi­lla de aque­lla lucha ger­mi­nó en 1964 en Vene­zue­la des­de don­de fue con­tac­tan­do poco a poco con otros gru­pos obre­ros con­se­jis­tas. Con difi­cul­ta­des por la pre­ca­rie­dad de medios, se con­si­guió fun­dar en 1975 la Corrien­te Comu­nis­ta Inter­na­cio­nal asen­ta­da en varios paí­ses que publi­ca docu­men­tos en al menos vein­te lenguas.

Al mar­gen de otras con­si­de­ra­cio­nes sobre su línea polí­ti­ca, sus dife­ren­cias con res­pec­to a otras ver­sio­nes del con­se­jis­mo, su pos­tu­ra sobre las luchas de libe­ra­ción nacio­nal, etc., sí hay que decir que la Corrien­te Comu­nis­ta Inter­na­cio­nal se esfuer­za con rigor en remar­car al menos sie­te cues­tio­nes impres­cin­di­bles siempre:

Iña­ki Gil de San Vicente

Eus­kal Herria, 27 de enero de 2022

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