Irán. El gene­ral Sulei­ma­ni, el revo­lu­cio­na­rio, el már­tir, la leyenda

Por Alí Jezzini,Al Maya­deen, Resu­men de Medio Orien­te, 5 de enero de 2022.

Qas­sem Sulei­ma­ni esta­ba lejos de ser solo un líder mili­tar. Era un revo­lu­cio­na­rio, que sal­tó de un ángu­lo a otro de la región de la noche a la maña­na. Su úni­co obje­ti­vo pare­cía ser luchar con­tra la agre­sión esta­dou­ni­den­se-israe­lí que sufrían los pue­blos de Asia Occidental.

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Muchos le lla­ma­ban el «Coman­dan­te en la som­bra», otros «Haj’ Qas­sem», o «Sar­dar Sulei­ma­ni» o sim­ple­men­te «Haji», según la pers­pec­ti­va de quien lo des­cri­ba, o sus opi­nio­nes polí­ti­cas. Esta es la his­to­ria de un revo­lu­cio­na­rio, de Qas­sem Suei­ma­ni, el hom­bre sen­ci­llo y el héroe de Kerman.

Naci­do de un pobre agri­cul­tor en 1957, Sulei­ma­ni se unió a las filas del CGRI tras la vic­to­ria de la revo­lu­ción islá­mi­ca en Irán en 1979. No tar­dó en ascen­der en el esca­la­fón, ya que sus com­pa­ñe­ros lo cali­fi­ca­ban de astu­to y valien­te, e inclu­so lle­gó a coman­dar una divi­sión com­ple­ta, la 41ª Divi­sión Tha­ra­llah, duran­te la infa­me gue­rra Irán-Iraq de los años 80, cuan­do sólo tenía 20 años.

Tras la gue­rra ins­ti­ga­da por Esta­dos Uni­dos con­tra la nacien­te revo­lu­ción, Sulei­ma­ni se con­vir­tió en 1997 en el jefe de la cono­ci­da fuer­za de éli­te Al Quds del CGRI. Su prin­ci­pal obje­ti­vo se cen­tra­ba en crear una base regio­nal a par­tir de la cual los pue­blos de la región pudie­ran levan­tar­se y resis­tir el domi­nio occi­den­tal que sólo pro­du­cía gue­rra, muer­te y des­truc­ción para estos pue­blos y su sustento. 

«El gene­ral Sulei­ma­ni creó muy bue­nas rela­cio­nes entre el cam­po de bata­lla y la diplomacia» 

Coman­dan­te de la Fuer­za Quds, Gene­ral Esmail Qaani

En la vís­pe­ra del ani­ver­sa­rio de su mar­ti­rio, Sulei­ma­ni es des­cri­to en pala­bras de su suce­sor, el gene­ral de bri­ga­da Esmail Qaa­ni, como «un hom­bre de lógi­ca» que «pro­mo­vía ideas y teo­rías». En pala­bras del aya­to­llah Ali Kha­me­nei, Sulei­ma­ni encar­na­ba dos pala­bras: «Una era la hones­ti­dad y la otra la sin­ce­ri­dad». Un hom­bre con los pies en la tie­rra, que rara vez se preo­cu­pa­ba por su segu­ri­dad, como lo des­cri­ben muchos de los que tuvie­ron la for­tu­na de cono­cer­lo. Un ver­da­de­ro héroe, como los ico­nos revo­lu­cio­na­rios que rom­pie­ron la barre­ra del tiem­po limi­ta­do que vivie­ron en esta tie­rra para reven­tar las puer­tas de la eternidad.

Es difí­cil no recu­rrir a la poe­sía cuan­do se habla de revo­lu­cio­na­rios, Ghas­san Kana­fa­ni, el escri­tor revo­lu­cio­na­rio pales­tino habla­ba de revo­lu­ción e ima­gi­na­ción, don­de ambos ele­men­tos se corre­la­cio­nan orgá­ni­ca­men­te. No pue­de haber revo­lu­ción sin ima­gi­na­ción. Para rebe­lar­se con­tra el orden injus­to esta­ble­ci­do, hay que tener la capa­ci­dad de ima­gi­nar un mun­do mejor. El gene­ral Sulei­ma­ni era un hom­bre con visión, si no, ¿cómo pue­de un ser humano rebe­lar­se con­tra él en pri­mer lugar?

Líbano, 2006

El már­tir Qas­sem Sulei­ma­ni había anun­cia­do que esta­ba en el Líbano duran­te la gue­rra, en una entre­vis­ta tres meses antes de su ase­si­na­to. No pudo man­te­ner­se al mar­gen del fra­gor del com­ba­te, y per­ma­ne­ció al lado de sus com­pa­ñe­ros ante lo que des­cri­bió como un inten­to de cam­biar la demo­gra­fía del sur del Líbano por la fuer­za bru­tal. Sule­ma­ni com­par­tió con Say­yed Has­san Nas­ra­llah los peli­gros y los retos del peli­gro­so via­je, movién­do­se de cober­tu­ra en cober­tu­ra, sopor­tan­do los bom­bar­deos israe­líes que inten­ta­ban encon­trar­los. Sulei­ma­ni le dijo a Say­yed Nas­ra­llah «O vivo con­ti­go o mue­ro contigo».

Tras la gue­rra, Sulei­ma­ni tuvo un papel impor­tan­te en los esfuer­zos de recons­truc­ción. El coman­dan­te de la Fuer­za Quds regre­só a Tehe­rán des­pués de la gue­rra y orga­ni­zó la ayu­da para cons­truir las casas des­trui­das por la agre­sión israe­lí. Des­de el pun­to de vis­ta mili­tar, tra­ba­jó con pre­mu­ra para recons­truir las capa­ci­da­des de la resis­ten­cia tras la gue­rra, ya que per­ci­bía que otra agre­sión de su beli­cis­mo esta­ba siem­pre a la vuel­ta de la esquina.

Siria, Iraq, Asia Occidental

La his­to­ria del gene­ral Sulei­ma­ni en la gue­rra res­pal­da­da por Occi­den­te que envol­vió a Asia occi­den­tal duran­te los últi­mos años pue­de tran­qui­li­zar­se en un incidente: 

Rom­per el arduo ase­dio de Amer­li fue una de las haza­ñas más famo­sas que el gene­ral Sulei­ma­ni y su her­mano de armas Abu Meh­di al-Muhan­dis (que fue ase­si­na­do jun­to al gene­ral Sulei­ma­ni) enca­be­za­ron. Amer­li, una ciu­dad cer­ca­da por los terro­ris­tas del Daesh, con­ta­ba con unas 20 mil fami­lias en su inte­rior que habían mon­ta­do una valien­te lucha arma­da con­tra los yihadistas.

El gene­ral Sulei­ma­ni y Abu Meh­di al-Muhan­dis desa­rro­lla­ron un plan en el que 50 miem­bros arma­dos de las Bri­ga­das ira­quíes de Hiz­bu­llah entra­ron en la ciu­dad en heli­cóp­te­ro. Los de den­tro y los de fue­ra tra­ba­ja­ron jun­tos para derro­tar a los terro­ris­tas y rom­per el ase­dio. Se evi­tó que 20 mil habi­tan­tes fue­ran masa­cra­dos y que sus muje­res y niños fue­ran secues­tra­dos, como ya había hecho Daesh con otras comu­ni­da­des ira­quíes aisladas.

Inme­dia­ta­men­te des­pués de que se rom­pie­ra el ase­dio de Amer­li, unas emo­ti­vas imá­ge­nes mos­tra­ron a ofi­cia­les de las Bri­ga­das de Hez­bo­lá llo­ran­do de pla­cer, entre ellos Abu Fadek (que sus­ti­tu­yó a Abu Meh­di al-Muhan­dis tras el mar­ti­rio de éste), sien­do abra­za­do por el gene­ral Suleimani.

Cuan­do los fun­cio­na­rios de segu­ri­dad le dije­ron que no avan­za­ra con­tra los terro­ris­tas en Siria, repli­có: «¿Nos ate­rro­ri­zan unas cuan­tas balas?» y pro­ce­dió a ir a la pri­me­ra línea de com­ba­te. Nun­ca se le vio con un cha­le­co anti­ba­las o un cha­le­co anti­ba­las en el fren­te. «No me impor­ta si cai­go mien­tras otro reco­ja mi arma y siga dis­pa­ran­do», dijo una vez el Che Gue­va­ra, el revo­lu­cio­na­rio inter­na­cio­nal, el gene­ral Sulei­mai era la encar­na­ción de esa creen­cia. Se fun­dió en un mar de sol­da­dos que le eran des­co­no­ci­dos. Ira­quíes, ira­níes, liba­ne­ses, sirios… todos vito­rea­ron con ale­gría cuan­do Sulei­ma­ni se lan­zó al fren­te con ellos, equi­pa­rán­do­se a los sol­da­dos más humildes. 

Un her­mano de armas

«En los 22 años que cono­cí al gene­ral Sulei­ma­ni, ni él ni la Repú­bli­ca Islá­mi­ca de Irán nos pidie­ron nun­ca nada», había dicho una vez Say­yed Nas­ra­llah, el líder de la Resis­ten­cia liba­ne­sa. Siem­pre sub­ra­yó que ni Irán ni el gene­ral Sulei­ma­ni habían tra­ta­do a la Resis­ten­cia en Líbano como apo­de­ra­dos, sino como alia­dos, her­ma­nos de armas que luchan por la mis­ma causa. 

La úni­ca vez que Sulei­ma­ni había hecho una peti­ción a la Resis­ten­cia liba­ne­sa fue cuan­do pidió ase­so­res mili­ta­res para ayu­dar al pue­blo ira­quí a defen­der­se de los terro­ris­tas del Daesh. «No quie­ro com­ba­tien­tes, solo ase­so­res para entre­nar a los ira­quíes», dijo el gene­ral de bri­ga­da Qas­sem Sulei­ma­ni al líder de la resis­ten­cia libanesa.

«Esta­ba muy afec­ta­do por lo que ocu­rría en Iraq… y esta­ba dis­pues­to a morir en Iraq mil veces».

Say­yed Has­san Nas­ra­llah, secre­ta­rio gene­ral de la Resis­ten­cia libanesa.

Una nue­va reali­dad: Occi­den­te está superado

En un artícu­lo publi­ca­do en The New Yor­ker, Ken­neth McKen­zie Jr., un gene­ral de los mari­nes que diri­gió las fuer­zas esta­dou­ni­den­ses en el oes­te y el sur de Asia, habla­ba de un «over­match». Este «over­match» es defi­ni­do por el artícu­lo como «un nivel de capa­ci­dad en el que un país tie­ne un arma­men­to que hace que sea extre­ma­da­men­te difí­cil de con­tro­lar o derro­tar». La Repú­bli­ca Islá­mi­ca de Irán alcan­zó este nivel según el gene­ral esta­dou­ni­den­se. McKen­zie decla­ró que «la capa­ci­dad estra­té­gi­ca de Irán es aho­ra enor­me», y el gene­ral esta­dou­ni­den­se aña­dió: «Han con­se­gui­do un over­match en el tea­tro de ope­ra­cio­nes, la capa­ci­dad de abrumar».

EE.UU., hege­món mun­dial, ima­gi­nó que ase­si­nan­do ilí­ci­ta­men­te a un gene­ral de su adver­sa­rio en el terri­to­rio de un ter­cer país mien­tras esta­ba en misión diplo­má­ti­ca, podrá dar la vuel­ta a la tor­ti­lla, pero no lo con­si­guió. El líder de la revo­lu­ción islá­mi­ca de Irán, Alí Kha­me­nei, dijo: «Hoy en día, en nues­tra región, Sulei­ma­ni es un sím­bo­lo de espe­ran­za, con­fian­za en sí mis­mo y valen­tía y una mani­fes­ta­ción de resis­ten­cia y vic­to­ria. Como algu­nos han seña­la­do correc­ta­men­te, el «már­tir» Sulei­ma­ni es más peli­gro­so que el «gene­ral» Sulei­ma­ni para sus enemigos.»

«El már­tir Sulei­ma­ni es más peli­gro­so que el ‘gene­ral’ Sulei­ma­ni para sus enemi­gos».
Ali Kha­me­nei, el líder de la revo­lu­ción islá­mi­ca en Irán

El alto pre­cio de la resistencia

En una lucha tan lar­ga y cos­to­sa con­tra el mayor y más rico impe­rio que el mun­do haya vis­to jamás, se espe­ra que la par­te «más débil» haga enor­mes sacri­fi­cios. Con­tra un impe­rio que se nutre de la ven­ta de armas, la pira­te­ría, la colo­ni­za­ción, la des­truc­ción de los sue­ños, las espe­ran­zas y el pro­gre­so de la gen­te para eli­mi­nar la com­pe­ten­cia, hay que pagar un pre­cio enor­me. Qas­sem Sulei­ma­ni, el revo­lu­cio­na­rio altruis­ta, esta­ba dis­pues­to a pagar ese precio.

«Pasó muchas noches llo­ran­do cuan­do recor­da­ba a los már­ti­res», dice Say­yed Nas­ra­llah en un dis­cur­so de con­me­mo­ra­ción del mar­ti­rio del gene­ral Sulei­ma­ni, y con­ti­núa dicien­do que siem­pre esta­ba ansio­so por reu­nir­se con sus ami­gos y com­pa­ñe­ros a los que echa­ba mucho de menos, y que habían par­ti­do por ese camino hacía tiempo.

Vivió como el héroe que ins­pi­ró a la gen­te, y murió como una leyen­da que los pue­blos de todas las civi­li­za­cio­nes escri­ben poe­sías, can­cio­nes e his­to­rias para con­tár­se­las a sus hijos, los niños que deben vivir y cre­cer en paz des­pués de que se gane la dura bata­lla con los colo­ni­za­do­res, como pro­me­tió y pre­di­jo Suleimani.



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