Ecua­dor. ¿Qué se sabe sobre la des­apa­ri­ción de los her­ma­nos Restrepo?

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 8 de enero de 2022. 

El 8 de enero de 1988 ocu­rrió en Ecua­dor la des­apa­ri­ción de los her­ma­nos Car­los San­tia­go (17 años) y Pedro Andrés Res­tre­po (14), hecho per­pe­tra­do por efec­ti­vos del Ser­vi­cio de Inves­ti­ga­ción Cri­mi­nal (SIC) de la Poli­cía de ese país.

Car­los San­tia­go y Pedro Andrés fue­ron dete­ni­dos arbi­tra­ria­men­te mien­tras se tras­la­da­ban en el auto­mó­vil de su papá, Pedro Res­tre­po, tor­tu­ra­dos y asesinados.

Hoy se cum­plen 34 años de ese hecho, el cual se recuer­da como un cri­men de Esta­do. Ello cobra tras­cen­den­cia en momen­tos en que Gobier­nos de Amé­ri­ca Lati­na, como los de Colom­bia y Chi­le, han sido acu­sa­dos de crí­me­nes de lesa huma­ni­dad con­tra jóve­nes gene­ral­men­te inde­fen­sos y de pocos recursos.

El SIC fue crea­do bajo el Gobierno del pre­si­den­te León Febres Cor­de­ro (1984−1988). Se tra­tó de una estruc­tu­ra clan­des­ti­na que come­tió actos aje­nos a la ley y vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos (DD.HH.), según la Comi­sión de la Verdad.

Denun­cias y pre­sio­nes sobre el caso

Tras cono­cer la muer­te de sus hijos, Pedro y la mamá, Luz Ele­na Aris­men­di (ambos de ori­gen colom­biano) hicie­ron cada miér­co­les un plan­tón fren­te al Pala­cio de Caron­de­let (sede del Eje­cu­ti­vo) para exi­gir que se hicie­ra jus­ti­cia. Se afir­ma que Pedro reali­zó los plan­to­nes duran­te 19 años.

Hermanos Restrepo
Pedro Andrés y Car­los Santiago.

A menu­do eran acom­pa­ña­dos por acti­vis­tas y orga­ni­za­cio­nes de DD.HH., y jun­tos enfren­ta­ron la pre­sión de la Poli­cía para des­alo­jar­los. Esta pro­tes­ta dio paso, con pos­te­rio­ri­dad, al sur­gi­mien­to de un Comi­té Nacio­nal por los desaparecidos.

Ade­más, for­zó a un Gobierno ecua­to­riano pos­te­rior, el de Rodri­go Bor­ja Ceva­llos (1988−1992), a cons­ti­tuir una comi­sión inter­na­cio­nal para inves­ti­gar el hecho.

Prin­ci­pa­les revelaciones

La comi­sión esta­ble­ció que los jóve­nes fue­ron encar­ce­la­dos sin fun­da­men­to legal y ase­si­na­dos. Ade­más, fue­ron tor­tu­ra­dos en el SIC, don­de uno de ellos falle­ció. La reve­la­ción de estos deta­lles y de la natu­ra­le­za cri­mi­nal del SIC for­zó al Eje­cu­ti­vo a disol­ver esta estructura.

Duran­te la pes­qui­sa, el exagen­te poli­cial Hugo Espa­ña decla­ró que ambos estu­vie­ron reclui­dos en el SIC y lue­go dos uni­for­ma­dos se los lle­va­ron de allí sin infor­mar adónde.

Con pos­te­rio­ri­dad, seña­ló que el 12 de enero de 1988 y por indi­ca­ción de sus supe­rio­res habían lan­za­do dos bol­sas de poli­eti­leno, pre­sun­ta­men­te con cadá­ve­res, a la lagu­na Yam­bo, ubi­ca­da a 115 km al sur de Quito.

Duran­te años se bus­ca­ron sus cuer­pos en ese lugar, mas nun­ca fue­ron halla­dos. Des­pués cobró fuer­za la tesis de su pro­ba­ble entie­rro en una fosa común de un cemen­te­rio de Qui­to, pero tras varias peri­cias tam­po­co se encon­tró nada.

Entra­ma­do judicial

Tras el escla­re­ci­mien­to, fue­ron con­de­na­dos un gene­ral, un coro­nel, dos tenien­tes y tres poli­cías a penas entre dos y 16 años de pri­sión por la deten­ción, tor­tu­ra, muer­te y des­apa­ri­ción de los dos jóvenes.

Con penas de 16 años san­cio­na­ron al sar­gen­to Gui­ller­mo Lle­re­na y el agen­te Cami­lo Badi­llo, en con­di­ción de auto­res mate­ria­les. Por el deli­to de com­pli­ci­dad, reci­bie­ron penas de ocho años el coro­nel Tra­jano Barrio­nue­vo y los tenien­tes Doris Mer­chán y Juan Sosa.

Mien­tras, el exco­man­dan­te de la Poli­cía, gene­ral Gil­ber­to Moli­na y el exagen­te Espa­ña fue­ron con­de­na­dos a dos años de reclu­sión, acu­sa­dos de encubridores.

En 1995, tras una ape­la­ción del matri­mo­nio Res­tre­po debi­do a que no se enjui­ció a varias per­so­nas acu­sa­das, la Cor­te Supre­ma de Jus­ti­cia de Ecua­dor rati­fi­có el fallo anterior.

Ello moti­vó que los padres pre­sen­ta­ran el caso ante la Cor­te Inter­ame­ri­ca­na de Dere­chos Huma­nos en 1997. Lle­ga­do ese pun­to, en el año 2000 el Esta­do ecua­to­riano acep­tó la res­pon­sa­bi­li­dad y la obli­ga­ción de repa­rar a los familiares.

Por ello, se com­pro­me­tió a pagar 2 millo­nes de dóla­res y bus­car sus cuer­pos, que aún no han sido encon­tra­dos. En 2011 se abrió una nue­va peri­cia en un cemen­te­rio de Qui­to al que las fuer­zas de segu­ri­dad lle­va­ron cadá­ve­res sin iden­ti­fi­car, pero tam­po­co se halla­ron allí.

A jui­cio del padre de los jóve­nes, que aún vive, el caso no esta­rá cerra­do has­ta que sus cuer­pos no aparezcan.

Fuen­te: TeleSUR

Itu­rria /​Fuen­te

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