Cuba. Noel­via: Yo sí viví lo que fue Cuba, antes y des­pués de 1959

Por: Yuri­na Piñe­ro Jime­nez y Yor­dan­ka Gon­zá­lez Arceo. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 2 de enero de 2022. 

La joven baya­me­sa pre­sen­tía que cuan­do triun­fa­ran los rebel­des, encon­tra­ría un tra­ba­jo fijo y aca­ba­ría la incer­ti­dum­bre de ser maes­tra sus­ti­tu­ta en Horno Arri­ba, una loca­li­dad rural del muni­ci­pio Baya­mo. Tan­to así que cuan­do su novio le pro­pu­so matri­mo­nio, ella le res­pon­dió con­tun­den­te­men­te: “Yo no me caso has­ta que la Revo­lu­ción triun­fe”. Aun­que no esta­ba vin­cu­la­da a la lucha clan­des­ti­na ni a la Sie­rra Maes­tra, Noel­via, como muchos cuba­nos de la épo­ca, le tenían fe a la Revo­lu­ción de Fidel Cas­tro y los bar­bu­dos.

Por eso aquel 1ro de enero de 1959, cuan­do ella y su fami­lia sin­tie­ron el albo­ro­to en las calles de Baya­mo: “¡Viva Fidel!” “¡Aho­ra sí, triun­fa­ron los Rebel­des!” “¡Caba­lle­ro, se jodió Batis­ta!” y otras expre­sio­nes de júbi­lo, suma­ron su ale­gría a la del pueblo.

“Yo fui una de las que cogió calle tam­bién (son­ríe Noel­via con la picar­día de casi un siglo vivi­do), por­que dije: Aho­ra sí que noso­tros vamos a tra­ba­jar, era lo que yo decía nada más. Y así mis­mo fue. En mi casa todo el mun­do eufó­ri­co por el triunfo” .

Su feli­ci­dad y la de millo­nes de cuba­nos de la épo­ca, tam­bién tenía que ver con la espe­ran­za de que la Revo­lu­ción aca­ba­ría con la repre­sión del ejér­ci­to batis­tiano al pue­blo, de la cual ella había sido tes­ti­go, en varias ocasiones.

Yo recuer­do que esta­ba en la ace­ra de fren­te a mi casa con mi novio, y veo a dos guar­dias de Batis­ta, y le digo: “Negrón, vamos a entrar que ahí vie­nen”. ‑Pero noso­tros no esta­mos hacien­do nada malo aquí. “Si, pero tú sabes cómo son esa gen­te”. En eso le dicen: “Oye, ven acá”. “No te lo dije. Ay pobre­ci­to, se lo lle­va­ron, qué le harán”, pen­sé yo. Y efec­ti­va­men­te, le die­ron una pela. En medio de aque­llo, se sien­te a uno: “Abre la puer­ta” –Con qué la voy a abrir, si yo no ten­go…. “Que abras la puer­ta, ¡cara­jo!”. Y el pobre vie­jo que vivía en la mis­ma cua­dra, pero más allá, el padre, vino: “Dile que te trai­gan algo con qué abrir”. Le tra­je­ron una barre­na de peso, y él dán­do­le a la puer­ta, dán­do­le a la puer­ta. Óye­me y le han dado un fua­que­ta­zo en las nal­gas. “Abre que no estás hacien­do nada”. Has­ta que la abrió.

Otro día hubo aquí en Baya­mo una huel­ga a favor de los Rebel­des. Ese día todo el mun­do cerró los nego­cios y no ven­die­ron nada. Enton­ces los guar­dias entra­ban por la fuer­za a las casas y bota­ban, recuer­do, por ejem­plo, los lato­nes de man­te­ca y otros pro­duc­tos a la calle. ¡Abu­sa­do­res! Eso era lo que eran. A un vecino mío que iba al cam­po a bus­car yuca y lue­go la ven­día en el pue­blo en una camio­ne­ta, lo cogie­ron en la carre­te­ra y des­pués de gol­pear­lo, un guar­dia le decía al otro: Orí­na­lo, orínalo.

***

Noel­via bata­lla con la men­te y a sus 84 años, recuer­da muchí­si­mos deta­lles del pasa­do. Los más jóve­nes la pro­vo­can: ¿Enton­ces usted tie­ne memo­ria?. “Sí, yo recuer­do, yo ten­go memo­ria”. Y es cier­to, esta mujer casi cen­te­na­ria, evo­ca con la cohe­ren­cia y pre­ci­sión de una bor­da­do­ra. Pare­cie­ra que el tiem­po le haya deja­do incó­lu­me el recuer­do. Como aquel noviem­bre de 1958, en que sin­tió muy cer­ca la fuer­za incon­te­ni­ble de la Revo­lu­ción que nacía y se sen­tó por pri­me­ra vez en las pier­nas de un hombre.

Yo me gra­dué en el año 1957 de maes­tra nor­ma­lis­ta. En esa eta­pa lo que hacía­mos era sus­ti­tuir cuan­do se podía, un día aquí, un día allá. De for­ma espo­rá­di­ca era que uno podía tra­ba­jar por­que aque­llo era para los polí­ti­cos. Y bueno, dejé de tra­ba­jar en el mes de noviem­bre por­que la gue­rra ya esta­ba avan­zan­do por la zona en la que yo tra­ba­ja­ba, Horno Arri­ba, en una escue­la que había aban­do­na­do un maes­tro santiaguero.

Un día se acer­có un com­pa­ñe­ro allí y me dijo: ¿“Maes­tra, has­ta cuán­do usted está aquí?” ‑Bueno, yo des­pa­cho a las 12 y me voy para Baya­mo. “Mire, hága­se la enfer­ma y díga­le a los mucha­chos que se sien­te mal, y sal­ga antes que les den las 12”, me dijo. Yo me la lle­vé, por­que yo no lo cono­cía, pero como ya se escu­cha­ban comen­ta­rios en Gui­sa, pen­sé: Este tie­ne que ser algo de… Y en esa for­ma salí, muy nor­mal, muy tran­qui­la, con la com­pa­ñe­ra que lim­pia­ba que era volun­ta­ria, pero por el mis­mo calle­jón de salir a la carre­te­ra, ella se que­dó por­que vivía por allí y yo seguí.

“Ay mi madre”, me dije. Yo veía a la gen­te rara, pero no habla­ban y en eso, una máqui­na. Un hom­bre se me ade­lan­ta y le hace seña al cho­fer. Yo tam­bién lo paro, y para sor­pre­sa mía, el hom­bre detu­vo el carro y nos dijo: Mon­ten, mon­ten rápi­do. Yo me río con los hijos míos hacien­do el cuen­to por­que esa fue la pri­me­ra vez que yo me sen­ta­ba en las pier­nas de un hom­bre, (algo que en esa épo­ca era des­hon­ro­so), pero me sen­té por las cir­cuns­tan­cias y cuan­do pasa­mos por el pues­to de man­do que ya esta­ba albo­ro­tao, con tan bue­na suer­te, el que esta­ba en la carre­te­ra dijo: Dale, dale, dale. Y lle­gué sin problema.

No pasa­ron una hora o dos, cuen­ta Noel­via, ya la gen­te comen­ta­ba: “Ay, ata­ca­ron a Gui­sa, están ata­can­do Gui­sa. Y era que Fidel ya esta­ba cer­ca, cer­ca, cerca”.

***

Entre las memo­rias más que­ri­das de esta ancia­na está el encuen­tro con Fidel, en Gua­ya­bal de Nagüa, ape­nas un mes des­pués del triun­fo revolucionario.

Noelvia Olivera Rodríguez. Foto: Yordanka González Arceo.

Noel­via Oli­ve­ra Rodrí­guez. Foto: Yor­dan­ka Gon­zá­lez Arceo.

Fidel con­vo­có allí a todo el que era maes­tro, y nos fui­mos unos cuan­tos de aquí de Baya­mo, nor­ma­lis­tas, maes­tros del hogar, todo el que pudo y nos reuni­mos con él allá. Esa fue la pri­me­ra vez que estu­ve cer­qui­ta del Coman­dan­te, que lo que le elo­gié fue las manos tan lin­das que tenía. Ahí hici­mos el com­pro­mi­so de que sería­mos los pri­me­ros maes­tros en apo­yar la Revo­lu­ción en lo que nos nece­si­ta­ra. Ahí fue don­de él se reu­nió por pri­me­ra vez con todos los cam­pe­si­nos de la zona. Un encuen­tro her­mo­so; la eufo­ria esa de tener al líder de los rebel­des jun­to a nosotros.

Era pre­ci­so revo­lu­cio­nar la edu­ca­ción en el país, y comen­za­ron a orga­ni­zar a los maes­tros volun­ta­rios para ense­ñar en cam­pos y ciu­da­des. Entre esos maes­tros volun­ta­rios estu­vo Noel­via, quien labo­ró en Jura­guá, comu­ni­dad del muni­ci­pio gran­men­se de Veguita.

Allí cuan­do lle­gué no había nada. La escue­li­ta era una casa aban­do­na­da por el due­ño de la tie­rra, enton­ces noso­tros empe­za­mos a tra­ba­jar y la arre­gla­mos, que que­dó que no se pare­cía a lo que era. Los niños semi­des­nu­dos, las per­so­nas mayo­res sin pre­pa­ra­ción nin­gu­na, no sabían leer ni escri­bir. De día ense­ña­ba a los niños, que algu­nos tenían has­ta 15 y 16 años. Y de noche dába­mos cla­se a los mayo­res, como a 15 o 20 per­so­nas, es decir que noso­tros fui­mos maes­tros volun­ta­rios, pero tam­bién alfa­be­ti­za­do­res, por­que ya tenía­mos la orien­ta­ción de ir hacien­do algo pre­vio a la Cam­pa­ña. Pasa­mos un poco de tra­ba­jo, pero con deseos de trabajar.

Rela­cio­na­da con aque­lla modes­ta escue­li­ta de Jura­guá, Noel­via ate­so­ra en su men­te una his­to­ria muy con­mo­ve­do­ra, pues que­ría poner­le un nom­bre, y dice que pen­só en Pepi­to Tey, uno de los jóve­nes revo­lu­cio­na­rios de la clan­des­ti­ni­dad, ase­si­na­do por los esbi­rros de Batis­ta, el 30 de noviem­bre de 1956, y que ella había cono­ci­do de vis­ta en San­tia­go de Cuba.

A la escue­la que­ría poner­le su nom­bre, enton­ces le escri­bí a la mamá de él dicién­do­le que yo era maes­tra volun­ta­ria, que tenía una escue­li­ta y que que­ría si ella me daba el per­mi­so, poner­le el nom­bre de Pepi­to a la escue­la. Y ella muy aten­ta me dio su apro­ba­ción e inclu­so me man­dó una foto de él, esa que apa­re­ce mucho en el perió­di­co, muy per­so­nal él. La puse en un car­tón gran­de en la escue­la y la dejé allí cuan­do nos lla­ma­ron para la pre­pa­ra­ción de la Campaña.

***

Lle­gó la Cam­pa­ña de Alfa­be­ti­za­ción y la joven gran­men­se fue a la vez, res­pon­sa­ble téc­ni­ca de bri­ga­dis­tas y alfa­be­ti­za­do­ra en Mano­plas, un lugar de Baya­mo que según reme­mo­ra, “allí las per­so­nas eran muy pobres. En la Calle 4 hicie­ron la escue­la (la Eduar­do Chi­vás que lue­go nom­bra­ron Már­ti­res de Girón, no sé por qué por­que Chi­bás fue un buen revo­lu­cio­na­rio) y todo eso para atrás era mon­te. Yo me acuer­do que si a mí me cogía la tar­de noche, al pasar yo veía a la gen­te hacien­do la cola para coger el cho­rri­to de agua pota­ble por­que había una sola plu­ma. Y como res­pon­sa­ble de unas 14 bri­ga­dis­tas en aquel mis­mo repar­to, las lle­va­ba a las casas de sus aco­ge­do­res, una por una, y los fines de sema­na las tur­na­ba y las traía para mi casa”.

En ese tiem­po, ‑deses­pe­ra­do por­que ya eran años de espera‑, el novio de Noel­via le recuer­da su jura­men­to de casar­se des­pués que la Revo­lu­ción triun­fa­ra, pero como mujer de fuer­tes con­vic­cio­nes, le dijo que si la había espe­ra­do tan­to tiem­po, que aguan­ta­ra un poqui­to más.

Has­ta que yo no tra­ba­ja­ra en Baya­mo, no me casa­ría, por­que no iba a andar de un lugar para otro. Y el maes­tro tie­ne que tener res­pon­sa­bi­li­dad, y más en aque­llos tiem­pos. Ade­más, yo esta­ba segu­ra que cuan­do todo estu­vie­ra más o menos orga­ni­za­do, que ter­mi­na­ra la Cam­pa­ña ven­dría otro paso, y el otro paso fue la últi­ma y pri­me­ra opo­si­ción para maes­tros en eta­pa revo­lu­cio­na­ria. Con­mi­go fue­ron tres com­pa­ñe­ras, entre ellas la hija de Sarría, y en su casa para­mos mien­tras estu­vi­mos en San­tia­go pre­pa­rán­do­nos para el examen.

Lle­gó el día. Fui­mos a las opo­si­cio­nes, ahí era a jugár­se­la, al que mejor salie­ra, pero todos sabía­mos que íba­mos a tra­ba­jar, por­que antes el que se gra­dua­ba no tenía un tra­ba­jo segu­ro, iba a tra­ba­jar a cual­quier lugar, por­que las opo­si­cio­nes antes eran polí­ti­cas. Regre­sa­mos a Baya­mo en espe­ra del esca­la­fón. En ese tiem­po tra­ba­jé en la casa de un señor que nos alqui­ló un local, y yo tra­ba­ja­ba por la maña­na y otra maes­tra por la tar­de. Pasa el tiem­po. Me lla­man. Voy a San­tia­go. “Noel­via Oli­ve­ra Rodrí­guez, qué núme­ro de esca­la­fón usted tenía”. -¿Yo?, no sé, nun­ca nos dije­ron. “Yo le voy a decir el núme­ro que usted tenía des­de antes”. (Por­que ana­li­za­ron todos los exá­me­nes de opo­si­ción que se habían rea­li­za­do has­ta ese momen­to). “Usted tenía el núme­ro 20, le vio­la­ron su dere­cho, usted podía haber esta­do en una pla­za fija de maes­tra. Pero bueno, aho­ra sí no hay pro­ble­ma con eso».

El gobierno revo­lu­cio­na­rio ubi­có pro­fe­sio­nal­men­te a cada maes­tro, en el caso de ella, en el cen­tro esco­lar Eduar­do Chi­vás, recién cons­trui­do. Con la pla­za fija en mano y en su mis­mo pue­blo, enton­ces la baya­me­sa con­tra­jo nupcias.

Empe­cé a tra­ba­jar en el pri­mer gra­do. Cada vez que ter­mi­na­ba un cur­so nos eva­lua­ban. A mí me movie­ron para el semin­ter­na­do Car­los Manuel de Cés­pe­des, pero no para el pri­mer gra­do, sino para el sex­to gra­do. Des­pués hicie­ron una con­vo­ca­to­ria para crear las secun­da­rias bási­cas y me pre­sen­té. Había que estu­diar en San­tia­go y para allá fui a pre­pa­rar­me como pro­fe­so­ra de His­to­ria. Ejer­cí como tal en la Escue­la de Comer­cio. Nos tras­la­dan para la Saco has­ta que crea­ron el ISE, el IPE y la sede peda­gó­gi­ca, que fue don­de me reti­ré. Ahí fue eter­na mi vida. Fui direc­to­ra y sub­di­rec­to­ra de pri­ma­ria y de secun­da­ria (ense­ñan­za en la que más trabajé).

***

Ade­más de maes­tra volun­ta­ria y alfa­be­ti­za­do­ra, Noel­via fue «sin­di­ca­te­ra». En esas aven­tu­ras pro­le­ta­rias cono­ció la loma Saca­len­gua. “Se creó la orga­ni­za­ción Frank País de maes­tros y ahí esta­ba yo. Todo eso muy boni­to, muy boni­to, pero echan­do chis­pas. Me acuer­do que empe­zan­do a tra­ba­jar ya de ver­dad, subimos por la Mina de Buey­ci­to, a pie, como las gue­rri­lle­ras, para for­mar las escue­las en la Sie­rra. No se me olvi­da que pre­gun­ta­mos por qué le habían nom­bra­do así. ‑Ah, por­que el pri­mer aldeano que subió se le salió la len­gua y tuvie­ron que bajar­lo por­que se que­dó casi muerto”.

La sala de la casa de Noelvia es un santuario a su doctrina revolucionaria. Foto: Yordanka González Arceo.

La sala de la casa de Noel­via es un san­tua­rio a su doc­tri­na revo­lu­cio­na­ria. Foto: Yor­dan­ka Gon­zá­lez Arceo.

Tras la anéc­do­ta, la risa y sin­ce­ri­dad de la lon­ge­va revi­ven la his­to­ria, hacién­do­la tan real, que una se ve en la subi­da jun­to a las maes­tras gue­rri­lle­ras. “Todas esas viven­cias a uno no se le olvi­dan por­que fue tan lin­do aque­llo. Una eta­pa que gra­cias a la Revo­lu­ción hoy pode­mos con­tar con orgullo”.

Noel­via es incan­sa­ble. Casi un siglo de vida y no hay quien la fre­ne, La cer­vi­cal inten­ta domi­nar­la, pero ¡qué va!, la vete­ra­na le hace creer por momen­tos que ha ven­ci­do y lo que no sabe es que está en cama recu­pe­ran­do fuer­zas para empren­der la lucha. Y quien pase fren­te a su casa en la Calle 26 de Julio, en Baya­mo, la pue­de encon­trar lim­pian­do con la dis­po­si­ción de una adolescente.

Conoz­co muchos com­pa­ñe­ros que se jubi­la­ron y es como si ya ter­mi­na­ran en la vida. Yo res­pe­to la deci­sión de cada per­so­na, pero yo no pue­do. Noel­via sí siguió”. Duran­te cin­co man­da­tos, miem­bro del Comi­té Muni­ci­pal del Par­ti­do, fun­da­do­ra de los CDR y orga­ni­za­do­ra de zona, fun­da­do­ra del gru­po de los núcleos de zona, “que toda­vía atien­do a todo el que vie­ne, por­que bueno, ya no pue­do andar sola ni nada de eso. Igual en la Fede­ra­ción (FMC), aquí vie­nen y me traen la coti­za­ción de los ocho blo­ques. En los CDR, de la mis­ma forma.

La sala de la casa de Noel­via es un san­tua­rio a su doc­tri­na y filo­so­fía de vida. Una foto de Fidel nos da la bien­ve­ni­da, a nues­tra izquier­da. Lue­go una esta­tui­lla de Mar­tí, un diplo­ma de reco­no­ci­mien­to, un afi­che del Che, un recor­te de perió­di­co con otra ima­gen del Coman­dan­te en Jefe, un diplo­ma más por la labor des­em­pa­ña­da duran­te tan­tos años, la ban­de­ra cuba­na… Aun­que tam­po­co fal­tan las fotos de su fami­lia, el per­ga­mino de gra­dua­ción de la Uni­ver­si­dad del hijo, la ban­de­ra del Bar­ce­lo­na por­que vive con sus nie­tos que son fans a este Club de Fut­bol, la visi­ta de la hija, el salu­do de los transeúntes.

Enton­ces, no resul­ta extra­ño encon­trar­la, como algún tiem­po atrás, en la pla­ci­ta enfren­tan­do a una seño­ra que cul­pa­ba a la Revo­lu­ción por las caren­cias en el mer­ca­do. “Oiga, por qué usted aquí se pone a hablar esas cosas. Usted no recuer­da quién fue usted. Tie­nes una hija pro­fe­sio­nal, eh, gra­cias a qué, por­que tú eras coci­ne­ra”. O a una madre incon­for­me por la carre­ra que “le habían dado a su hijo”. “Lo que me le die­ron fue la escue­la de ofi­cios y yo le res­pon­do: Usted qué que­ría, por qué no estu­dió más. Si no estu­dió más fue por­que usted mis­ma no se ocu­pó mucho de él”.

Quien la cono­ce, sabe que es ver­dad, que cuan­do tie­ne que decir algo lo dice.

Por­que yo sí viví lo que fue Cuba antes y des­pués del triun­fo de la Revo­lu­ción, y sigo vivien­do. Batis­ta aca­bó con la gen­te. Se vivía, ya te digo, mi mamá lava­ba y plan­cha­ba para que sus cin­co hijos pudié­ra­mos estu­diar. Yo siem­pre la recuer­do por­que era una mujer de tesón. Noso­tros naci­mos en Buey­ci­to, pero ella decía: Mis hijas no se que­dan aquí, van a estu­diar y nos vamos para Baya­mo. Y lo cum­plió. Veni­mos a vivir en un cuar­ti­co, pero poco a poco, mi mamá nos enca­mi­nó pro­fe­sio­nal­men­te a todas.

Por eso yo oigo hoy a algu­nas per­so­nas, y les sal­go al paso. Por­que es ver­dad que hemos teni­do eta­pas bue­nas, regu­la­res y muy malas. Pero el que es tra­ba­ja­dor y hacen­do­so sale ade­lan­te. Yo no olvi­do lo que vivi­mos antes del triun­fo y des­pués, y cuan­do ten­go que decir algo lo digo. Esas cosas lo moles­tan a uno. Yo sí lo digo a cada rato, “Espé­ra­te, espé­ra­te. Noso­tros vivi­mos así y así. Pero antes del triun­fo de la Revo­lu­ción, las cosas eran así y así.

Noelvia Olivera Rodríguez. Foto: Yordanka González Arceo.

Noel­via Oli­ve­ra Rodrí­guez. Foto: Yor­dan­ka Gon­zá­lez Arceo.

Fuen­te: Cubadebate. 

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