Hon­du­ras. El alcan­ce y los lími­tes de la contención

Por Fabio Luis Bar­bo­sa Dos San­tos, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 23 de diciem­bre de 2021. 

En 2009, Hon­du­ras copó los titu­la­res de todo el mun­do cuan­do el pre­si­den­te Manuel Zela­ya fue depues­to por un gol­pe camu­fla­do en una manio­bra jurí­di­ca. El “dis­fraz” no impi­dió que saca­ran al pre­si­den­te en pija­mas de su casa para enviar­lo a Cos­ta Rica en un avión militar.

Zela­ya per­te­ne­cía al Par­ti­do Libe­ral (PL), uno de los bra­zos polí­ti­cos de la oli­gar­quía que siem­pre había gober­na­do el país. En esa oca­sión, se jun­tó con su bra­zo opues­to: el Par­ti­do Nacio­nal (PN). El moti­vo que des­en­ca­de­nó la manio­bra fue la pro­pues­ta de agre­gar una “cuar­ta urna” en las elec­cio­nes que se ave­ci­na­ban: ade­más de ele­gir un nue­vo pre­si­den­te, dipu­tados y alcal­des, la pobla­ción res­pon­de­ría a una con­sul­ta sobre una posi­ble nue­va Constitución.

En aquel momen­to, la ola pro­gre­sis­ta esta­ba en auge: ade­más de Lula, Nés­tor Kirch­ner, Taba­ré Váz­quez, Evo Mora­les, Rafael Correa y Fer­nan­do Lugo en Amé­ri­ca del Sur, Daniel Orte­ga pre­si­día Nica­ra­gua y Mau­ri­cio Funes había sido elec­to en El Sal­va­dor. En ese con­tex­to, la hipó­te­sis de una Cons­ti­tu­yen­te reani­mó el fan­tas­ma del boli­va­ria­nis­mo. La cla­se domi­nan­te inter­pre­tó la con­sul­ta como el pri­mer paso de una estra­te­gia de Zela­ya para per­pe­tuar­se en el poder. Enton­ces, se des­en­ca­de­nó una viru­len­ta cam­pa­ña anti­co­mu­nis­ta que sobre­ac­tua­ba una inexis­ten­te Gue­rra Fría con­tra un pre­si­den­te que nun­ca había sido de izquier­da y que solo había aumen­ta­do el sala­rio míni­mo y adhe­ri­do al ALBA. Zela­ya fue depues­to cin­co meses antes de ter­mi­nar su mandato.

Cabe pen­sar que el Par­ti­do Nacio­nal fue el pri­mer bene­fi­cia­rio del gol­pe, pues des­de enton­ces gober­nó el país por tres man­da­tos suce­si­vos. Duran­te la pre­si­den­cia de Pepe Lobo (2010−2014), Juan Orlan­do Her­nán­dez (JOH), titu­lar del Con­gre­so, se posi­cio­nó como la figu­ra más fuer­te del país. Influi­do por la escue­la mili­tar don­de estu­dió, el suce­sor de Lobo mos­tró tener una visión mili­ta­ris­ta de la polí­ti­ca, mar­ca­da por la con­quis­ta de espa­cios ins­ti­tu­cio­na­les y la neu­tra­li­za­ción de reac­cio­nes enemigas.

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Ima­gen: Fer­nan­do Anto­nio /​AP

Más con caja que con ideo­lo­gía, se ganó la fide­li­dad de poli­cías y mili­ta­res. Una serie de desig­na­cio­nes arbi­tra­rias ase­gu­ra­ron el ali­nea­mien­to del Poder Judi­cial que faci­li­tó su reelec­ción en 2017. Amar­ga iro­nía cuan­do se recuer­da el pre­tex­to del gol­pe per­pe­tra­do pocos años antes. Por lo demás, JOH cul­ti­vó la leal­tad de la cúpu­la reli­gio­sa ‑sobre todo evan­ge­lis­ta, pero tam­bién cató­li­ca- y tejió una vas­ta red de pro­gra­mas socia­les que ase­gu­ra­ron su polí­ti­ca clientelista.

En sín­te­sis, JOH cons­tru­yó y ejer­ció el poder a la vie­ja usan­za, en las antí­po­das del sal­va­do­re­ño Nayib Buke­le, joven rey de las redes socia­les, auto­de­fi­ni­do como “el dic­ta­dor más cool del mun­do mundial”.

El nar­co­es­ta­do

El ali­nea­mien­to incon­di­cio­nal de Esta­dos Uni­dos es par­te de este savoir fai­re y JOH siguió a Donald Trump en la mudan­za de la emba­ja­da de Israel a Jeru­sa­lén. Más impor­tan­te, en un ges­to nada desin­te­re­sa­do, el gobierno cola­bo­ró extra­di­tan­do cri­mi­na­les vin­cu­la­dos al nar­co­trá­fi­co. De hecho, exis­ten prue­bas de que el gobierno actuó siguien­do el mode­lo mili­tar de Río de Janei­ro, don­de las ope­ra­cio­nes poli­cia­les ata­can orga­ni­za­cio­nes cri­mi­na­les solo para colo­car otras en su lugar. Los víncu­los cre­cien­tes entre el nar­co­trá­fi­co, los para­mi­li­ta­res y los tres bra­zos del poder esta­tal, ade­más de la poli­cía y el ejér­ci­to, dibu­ja­ron los con­tor­nos de eso que muchos defi­nie­ron como un narcoestado.

En los terri­to­rios, las rela­cio­nes pro­mis­cuas con el extrac­ti­vis­mo trans­na­cio­nal pro­du­je­ron des­alo­jos y vio­len­cia, bien sim­bo­li­za­dos por el ase­si­na­to de Ber­ta Cáce­res en 2016.


La alter­na­ti­va labo­ral que pros­pe­ró fue la indus­tria maqui­la­do­ra, atraí­da por los bajos sala­rios y la ausen­cia de regu­la­cio­nes. La migra­ción es la úni­ca opción de quie­nes no quie­ren some­ter­se. Y los hon­du­re­ños pro­ta­go­ni­za­ron cara­va­nas masi­vas que atra­ve­sa­ron la región a pie. Los que con­si­guie­ron ins­ta­lar­se en Esta­dos Uni­dos, de modo legal o ile­gal, sos­tie­nen la eco­no­mía del país con sus remesas.


Es una reali­dad para­dó­ji­ca: mien­tras unos luchan por el dere­cho a migrar, la pobla­ción de los terri­to­rios lucha por el dere­cho a que­dar­se. El pue­blo hon­du­re­ño emer­ge como una fron­te­ra del “deve­nir negro del mun­do”, según la expre­sión de Achi­lle Mbem­be: una espe­cie de lim­bo pla­ne­ta­rio, en un mun­do que pro­du­ce cada vez más per­so­nas sin lugar.

El nar­co­es­ta­do diri­gi­do por JOH cris­ta­li­zó como for­ma de ges­tión del capí­tu­lo hon­du­re­ño de este mun­do, en el que no caben las per­so­nas. En 2017, el pre­si­den­te reno­vó su man­da­to de modo frau­du­len­to. En lo suce­si­vo, la des­com­po­si­ción social se ace­le­ró. Hon­du­ras no es sola­men­te un terri­to­rio de paso para el nar­co­trá­fi­co y este últi­mo no ope­ra sola­men­te al nor­te del país. Entre el frau­de y la delin­cuen­cia, el país aca­ri­cia los lími­tes de una narcodictadura.

La vic­to­ria de Castro

En este mar­co, la pre­gun­ta que se plan­tea es: ¿cómo fue posi­ble la vic­to­ria de Xio­ma­ra Cas­tro? Para el cam­po opo­si­tor, solo un triun­fo elec­to­ral indis­cu­ti­ble, como el de Andrés Manuel López Obra­dor (AMLO) en Méxi­co, era capaz de impe­dir un nue­vo frau­de. En cam­bio, la preo­cu­pa­ción prin­ci­pal de JOH esta­ba pues­ta en el triun­fo de un alia­do que blin­da­ra su posi­ble extra­di­ción. Su her­mano fue con­de­na­do por la jus­ti­cia en Esta­dos Uni­dos y muchos hilos suel­tos vin­cu­lan al pre­si­den­te con el nar­co­trá­fi­co. En el inter­ín, el hijo de Pepe Lobo fue extra­di­ta­do y apre­sa­do, moti­vo que ali­men­tó la furia del pre­si­den­te y agra­vó la divi­sión del Par­ti­do Nacio­nal. Si bien el Par­ti­do Libe­ral esta­ba en fran­ca deca­den­cia y pre­sen­ta­ba como can­di­da­to a la pre­si­den­cia a otro con­de­na­do que aca­ba de cum­plir su pena, su rival no siguió un camino distinto.

Honduras elecciones Xiomara Castro la-tinta

Fren­te a esta melé, es com­pren­si­ble que el bipar­ti­dis­mo haya per­di­do el bene­plá­ci­to de los Esta­dos Uni­dos. Y de los sec­to­res del capi­tal. Tres sema­nas antes de las elec­cio­nes, la cam­pa­ña de Cas­tro con­ven­ció a Sal­va­dor Nas­ra­lla, comen­ta­ris­ta depor­ti­vo y con­duc­tor de radio con mucho pres­ti­gio entre los jóve­nes, de renun­ciar a su can­di­da­tu­ra y nego­ciar su apo­yo. Tam­bién fue­ron deci­si­vas las encues­tas que con­fir­ma­ban el buen desem­pe­ño de la can­di­da­ta entre los empre­sa­rios. Poco des­pués, una mana­da de diri­gen­tes del Par­ti­do Libe­ral ‑el mis­mo que tan bien apro­ve­chó el derro­ca­mien­to de Zela­ya- se sumó a la cam­pa­ña. Las nue­vas bases de dere­cha crea­ron una situa­ción en que la úni­ca alter­na­ti­va del can­di­da­to de JOH era impo­ner­se median­te un gol­pe, pero las fuer­zas arma­das no estu­vie­ron de acuerdo.

La pesa­da herencia

Xio­ma­ra Cas­tro fue can­di­da­ta del Par­ti­do Libre, sur­gi­do como reac­ción polí­ti­ca al gol­pe de 2009. El par­ti­do nuclea a diri­gen­tes de izquier­da, pro­ve­nien­tes prin­ci­pal­men­te del movi­mien­to estu­dian­til; demó­cra­tas libe­ra­les, como el pro­pio Zela­ya, y a una mul­ti­tud vario­pin­ta de mili­tan­tes sin filia­ción definida.

Libre con­quis­tó la mayo­ría sim­ple en el Con­gre­so. Pero para des­mon­tar el lega­do que here­dó, nece­si­ta la mayo­ría abso­lu­ta. Eso impli­ca­rá nego­ciar de nue­vo con las ines­ta­bles fuer­zas de la dere­cha. El men­ta­do lega­do abar­ca des­de los dis­po­si­ti­vos de cri­mi­na­li­za­ción de la pro­tes­ta social, que pena­li­zan las aglo­me­ra­cio­nes de cin­co per­so­nas, has­ta las zonas eco­nó­mi­cas espe­cia­les, que crean encla­ves mer­can­ti­les en terri­to­rio hon­du­re­ño excep­tua­dos de la legis­la­ción nacio­nal. Todo eso en el mar­co de un Esta­do en quie­bra, que debe­rá nego­ciar con urgen­cia sus deu­das con las ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras inter­na­cio­na­les si quie­re que los emplea­dos públi­cos cobren sus salarios.

En sín­te­sis, des­de el pri­mer día, el gobierno esta­rá obli­ga­do a nego­ciar las con­di­cio­nes bási­cas de la gober­na­bi­li­dad con la dere­cha, con los orga­nis­mos finan­cie­ros inter­na­cio­na­les y con los Esta­dos Unidos.

¿Revan­cha histórica?

A pri­me­ra vis­ta, el triun­fo elec­to­ral de la espo­sa de Zela­ya pare­ce una revan­cha his­tó­ri­ca. De hecho, debe­mos cele­brar la derro­ta de un régi­men narcodictatorial.

Pero el país que Cas­tro encon­tra­rá es muy dis­tin­to de aquel que dejó Zela­ya. A lo lar­go de estos 13 años, cier­tas ten­den­cias corro­si­vas, pre­vias al gobierno de Zela­ya, pero con­te­ni­das duran­te su man­da­to, se ace­le­ra­ron. El nar­co­trá­fi­co, las maras, los mili­ta­res y los para­mi­li­ta­res exis­tían, igual que exis­tían la corrup­ción y la vio­len­cia. Sin embar­go, estas y otras dimen­sio­nes de la degra­da­ción social acom­pa­sa­ron sus rit­mos y entra­ron en una sim­bio­sis cuya cara visi­ble es el narcoestado.

Al mis­mo tiem­po, la des­com­po­si­ción hon­du­re­ña afec­ta a los Esta­dos Uni­dos, vin­cu­la­dos al país por la migra­ción y el nar­co­trá­fi­co (cues­tio­nes que tie­nen un peso dis­tin­to en la Nica­ra­gua de Orte­ga). En un momen­to de des­pres­ti­gio de un régi­men repre­si­vo que for­ta­le­ció las ten­den­cias que pro­du­cen migran­tes y delin­cuen­tes a esca­la masi­va, Xio­ma­ra Cas­tro es la cara opues­ta al hun­di­mien­to encar­na­do por JOH: es una alter­na­ti­va de contención.

El inten­to de con­te­ner la vio­len­ta corro­sión del teji­do social se plan­teó tam­bién en el gobierno de Zela­ya. En este sen­ti­do, son dos momen­tos que se hacen eco uno del otro. Sin embar­go, la cri­sis se agu­di­zó en el país y en sus alre­de­do­res: otros son hoy el alcan­ce y los lími­tes de la con­ten­ción. Las des­ven­tu­ras de la con­ten­ción de la cri­sis lati­no­ame­ri­ca­na, que mues­tra en Hon­du­ras una eta­pa avan­za­da, es lo que pre­sen­cia­re­mos duran­te los pró­xi­mos años.

Fuen­te: Jacobinlat

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