Eco­lo­gía Social. La som­bra de la mine­ría ace­cha el futu­ro de los bos­ques comu­ni­ta­rios de México

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 30 de noviem­bre de 2021.

En el nor­te de Méxi­co, un gru­po de 1723 eji­da­ta­rios pro­te­ge el bos­que que se extien­de en sus tie­rras de uso común. Lo libran de incen­dios, sequías y pla­gas. Tam­bién viven de él, pero sin sobre­ex­plo­tar­lo: man­tie­nen una empre­sa fores­tal comu­ni­ta­ria, con un mane­jo sus­ten­ta­ble, que les ha per­mi­ti­do colo­car­se entre los prin­ci­pa­les pro­duc­to­res made­re­ros en el país. El eji­do El Lar­go y Ane­xos apor­ta el 17 % de la made­ra de pino y encino que se comer­cia­li­za en el esta­do de Chihuahua. Sin embar­go, todos estos logros están ame­na­za­dos por la mine­ría.

Entre 2009 y 2011, el Esta­do mexi­cano otor­gó 16 títu­los mine­ros que se encuen­tran total o par­cial­men­te en el sub­sue­lo del Eji­do El Lar­go y Ane­xos, ubi­ca­do en el muni­ci­pio de Made­ra. En total, esas con­ce­sio­nes abar­can 8143 hec­tá­reas, es decir, el 3 % del terri­to­rio de la comu­ni­dad. Ade­más, en los alre­de­do­res del eji­do, en un radio de 10 kiló­me­tros, se han otor­ga­do 51 títu­los que, en con­jun­to, abar­can 51 161 hectáreas.

Y aun­que las con­ce­sio­nes no espe­ci­fi­can el tipo de mine­ra­les que se pre­ten­de explo­tar, sus titu­la­res —tan­to empre­sas, como per­so­nas físi­cas— podrían empe­zar tra­ba­jos de explo­ra­ción en cual­quier momen­to y, con ello, poner en ries­go el futu­ro del bos­que, el eji­do y su exi­to­sa empre­sa fores­tal comunitaria.

Bosques en Chihuahua
Bos­ques en el esta­do de Chihuahua. Foto: Thel­ma Gómez Durán.

El artícu­lo sex­to de la Ley Mine­ra esta­ble­ce que ésta es una acti­vi­dad de uti­li­dad públi­ca y pre­fe­ren­te sobre cual­quier otro uso del terri­to­rio, inclui­do el forestal.

El artícu­lo 19 de esa mis­ma ley, apro­ba­da en 1992 (en el con­tex­to del Tra­ta­do de Libre Comer­cio con Esta­dos Uni­dos), otor­ga a los titu­la­res de las con­ce­sio­nes el dere­cho de expro­piar, ocu­par tem­po­ral­men­te o recu­rrir a la ser­vi­dum­bre de los terre­nos (que obli­ga a los due­ños a per­mi­tir el uso de su tie­rra) más allá de los dere­chos de pro­pie­dad previos.

Tam­bién les brin­da dere­chos pre­fe­ren­tes sobre las con­ce­sio­nes de agua que exis­tan en la zona y los bie­nes comu­nes, entre ellos los bosques.

Minas de Cales y Morteros del Grijalva
La com­pa­ñía Cales y Mor­te­ros del Gri­jal­va ope­ra den­tro de los már­ge­nes terri­to­ria­les del Par­que Nacio­nal Cañón del Sumi­de­ro, en Chia­pas. Foto: Ale­jan­dro Ariel Sil­va Zamora.

¿Aquí hay una con­ce­sión minera?

El eji­do El Lar­go y Ane­xos se for­mó en mayo de 1955, cuan­do una reso­lu­ción del enton­ces pre­si­den­te Luis Eche­ve­rría dio la dota­ción de tie­rras, que antes eran de la empre­sa Bos­ques de Chihuahua, a poco más de 1700 eji­da­ta­rios: pri­me­ro les die­ron 9500 hec­tá­reas, las cua­les aumen­ta­ron has­ta las 263 558, gra­cias a dos amplia­cio­nes. Hoy es el eji­do con la mayor exten­sión territorial.

Cuan­do les die­ron las tie­rras, los eji­da­ta­rios toma­ron el con­trol del bos­que y se vol­vie­ron pro­vee­do­res de la empre­sa Bos­ques de Chihuahua, pero la com­pa­ñía con­si­de­ró que así no le era ren­ta­ble el nego­cio y dejó de tra­ba­jar en la zona. La gen­te de la comu­ni­dad se hizo car­go de la extrac­ción de made­ra, su pro­ce­sa­mien­to y trans­for­ma­ción en los aserraderos.

A dife­ren­cia de la empre­sa, que hacía una sobre­ex­plo­ta­ción, los eji­da­ta­rios deci­die­ron tra­ba­jar el bos­que de mane­ra res­pon­sa­ble. “Son gen­te naci­da aquí, así que quie­ren con­ser­var el lugar don­de viven, no solo para ellos, sino para sus hijos y los hijos de sus hijos”, cuen­ta Roque Estra­da, secre­ta­rio del Con­se­jo de Admi­nis­tra­ción de la empre­sa comu­ni­ta­ria El Lar­go y Anexos.

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Osos negros en el Área de Pro­tec­ción de Flo­ra y Fau­na Cam­po Ver­de, muy cer­ca del Eji­do El Lar­go, en Chihuahua. APFF Cam­po Verde/​CONANP

El eji­do tie­ne un pro­gra­ma de mane­jo fores­tal que se renue­va cada diez años y que está auto­ri­za­do por la Secre­ta­ría de Medio Ambien­te y Recur­sos Natu­ra­les (Semar­nat); en él se deter­mi­na los volú­me­nes de made­ra que se pue­den extraer y de qué zonas, para no dañar el bosque.

“Se le da tiem­po sufi­cien­te al bos­que para que se recu­pe­re, para que ten­ga los cre­ci­mien­tos debi­dos (…) Hay árbo­les padres que con­ser­va­mos para que de sus semi­llas sal­gan nue­vos pini­tos, de mejor cali­dad. A esa for­ma de tra­ba­jar es lo que lla­ma­mos bos­que para siem­pre”, expli­ca Estrada.

Por su for­ma de tra­ba­jo, en 2001, El Lar­go y Ane­xos obtu­vo la cer­ti­fi­ca­ción inter­na­cio­nal Forest Ste­wardship Coun­cil (FSC), la cual ava­la que el mane­jo fores­tal per­mi­te la con­ser­va­ción de la diver­si­dad bio­ló­gi­ca y se bene­fi­cia a pobla­ción, ase­gu­ran­do, al mis­mo tiem­po, la via­bi­li­dad eco­nó­mi­ca. Para man­te­ner la cer­ti­fi­ca­ción, el eji­do debe pasar por diver­sas audi­to­rías todos los años.

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Los eji­da­ta­rios de El Lar­go par­ti­ci­pan en el moni­to­reo del oso negro. Foto: APFF Cam­po Verde/​CONANP

Estra­da expli­ca que se han ins­ta­la­do dos vive­ros fores­ta­les, con capa­ci­dad para pro­du­cir 800 mil plan­tas, las cua­les se uti­li­zan para refo­res­tar las áreas don­de se hace mane­jo o que han sido afec­ta­das por sinies­tros, como incen­dios o sequías extre­mas. “En 2018, por ejem­plo, tuvi­mos un incen­dio gran­de, per­di­mos 500 hec­tá­reas. La mayor par­te del com­ba­te al incen­dio lo hizo el eji­do, las depen­den­cias de gobierno ayu­da­ron qui­zá en un 15 % de las labo­res, el res­to fue tra­ba­jo de los eji­da­ta­rios y los comuneros”.

Al con­ser­var el bos­que, en el que habi­tan diver­sas espe­cies de fau­na como el vena­do cola blan­ca (Odo­coi­leus vir­gi­nia­nus), el oso negro (Ursus ame­ri­ca­nus), puma (Puma con­co­lor), coyo­te (Canis latrans), entre otras, el eji­do ase­gu­ra la super­vi­ven­cia de estos ani­ma­les, pero tam­bién la pro­vi­sión de agua para alre­de­dor de ocho pue­blos y 15 ran­che­rías de la región.

Ade­más, los eji­da­ta­rios se bene­fi­cian al tener una empre­sa comu­ni­ta­ria ren­ta­ble de la que todos ganan. El mane­jo fores­tal comu­ni­ta­rio que rea­li­za el Eji­do El Lar­go y Ane­xos podría empe­zar a tam­ba­lear­se en caso de que alguno de los 16 titu­la­res de las con­ce­sio­nes mine­ras que exis­ten en su terri­to­rio qui­sie­ra comen­zar los tra­ba­jos de exploración.

Los bos­ques de Cal­pu­lal­pam de Mén­dez, en Oaxa­ca, en los que se han otor­ga­do más de 10 con­ce­sio­nes mine­ras sin con­sen­ti­mien­to de la comu­ni­dad. Foto: Nadir Quiroz/​CCMSS

Cin­co mil comu­ni­da­des fores­ta­les en riesgo

En Méxi­co, el otor­ga­mien­to de los títu­los de con­ce­sión es tan poco equi­ta­ti­vo entre las par­tes que los eji­da­ta­rios ni siquie­ra saben que su terri­to­rio ha sido con­ce­sio­na­do a una empre­sa. El Esta­do mexi­cano da estas con­ce­sio­nes sin avi­sar, mucho menos con­sul­tar, a quie­nes viven y tra­ba­jan arri­ba del sub­sue­lo con­ce­sio­na­do para la mine­ría en el país.

Roque Estra­da, por ejem­plo, se sor­pren­de al saber que en los terre­nos del Eji­do El Lar­go y Ane­xos hay 16 con­ce­sio­nes mineras.

“A las mine­ras les han dado con­ce­sio­nes has­ta en terri­to­rios con­ser­va­dos, don­de se tie­ne un buen mane­jo fores­tal, don­de se están gene­ran­do empleos, hacien­do con­ser­va­ción con bue­nas prác­ti­cas y el gobierno no tie­ne sen­si­bi­li­dad al res­pec­to”, resal­ta Leti­cia Merino, coor­di­na­do­ra del Obser­va­to­rio Aca­dé­mi­co de Socie­dad, Medio Ambien­te e Ins­ti­tu­cio­nes de la UNAM.

“Como el sis­te­ma de con­ce­sio­nes mexi­cano no exi­ge acuer­do con los due­ños de la tie­rra para dar una con­ce­sión, es como si en reali­dad no tuvie­ran la pose­sión de ese terri­to­rio. Y los esfuer­zos, por ejem­plo, de buen mane­jo fores­tal no cuen­tan”, expli­ca Merino, quien tam­bién for­ma par­te del Con­se­jo Civil Mexi­cano para la Sil­vi­cul­tu­ra Sos­te­ni­ble (CCMSS).

Ejido Cruz de Ocote, Puebla, México
Eji­do Cruz de Oco­te, en Pue­bla. La comu­ni­dad fores­tal recha­za la mine­ra. Foto: Mar­le­ne Martínez.

En mayo de 2021, esta orga­ni­za­ción publi­có la inves­ti­ga­ción Bos­ques comu­ni­ta­rios y mine­ría en Méxi­co en la que des­ta­ca que, de los 13 422 eji­dos y comu­ni­da­des agra­rias con más de 200 hec­tá­reas de bos­que o sel­va que hay en el país, 5222 (39 %) tie­nen una par­te de su terri­to­rio con­ce­sio­na­do para la minería.

Ade­más, ofre­ce otro dato que per­mi­te dimen­sio­nar el ries­go en que se encuen­tran las comu­ni­da­des fores­ta­les: en esos 5222 eji­dos y núcleos agra­rios hay 12 616 con­ce­sio­nes mine­ras, lo que repre­sen­ta 48.2 % de todas las otor­ga­das en el país (26 142 en total).

Esas con­ce­sio­nes mine­ras, inclu­so, se han entre­ga­do en 90 comu­ni­da­des que han obte­ni­do la cer­ti­fi­ca­ción FSC, como es el caso del Eji­do El Lar­go y Anexos.

Los habitantes de Magdalena Ocotlán acusan en sus murales a la minería de matar a los animales y contaminar el medio ambiente. Foto: Roxana Romero.
Los habi­tan­tes de Mag­da­le­na Ocotlán acu­san en sus mura­les a la mine­ría de matar a los ani­ma­les y con­ta­mi­nar el medio ambien­te. Foto: Roxa­na Romero.

Es cier­to que un títu­lo de con­ce­sión no se tra­du­ce de inme­dia­to en una mina, pero es el pri­mer paso. Este es un ins­tru­men­to con vigen­cia por 50 años y que, de acuer­do con la ley actual, pue­de reno­var­se por otro medio siglo.

La empre­sa o per­so­na que tie­ne un títu­lo de con­ce­sión mine­ra pue­de rea­li­zar tra­ba­jos de explo­ra­ción, con solo pre­sen­tar un infor­me pre­ven­ti­vo a la Semar­nat. Si en esa fase deter­mi­na que el pro­yec­to mine­ro es ren­ta­ble, se pro­ce­de a la explotación.

El títu­lo de con­ce­sión abre la puer­ta al res­to de las eta­pas de los pro­yec­tos mine­ros, “y es una ame­na­za en pri­me­ra ins­tan­cia para las comu­ni­da­des, eji­dos, terre­nos fores­ta­les, pro­pie­dad social. Tan solo del 2015 al 2020 se iden­ti­fi­ca­ron 396 per­mi­sos de cam­bio de uso de sue­lo fores­tal para mine­ría”, expli­ca Sol Pérez, inves­ti­ga­do­ra que par­ti­ci­pó en el estu­dio del CCMSS y que hoy for­ma par­te del pro­gra­ma de Tie­rra y Terri­to­rio de la orga­ni­za­ción no guber­na­men­tal Fun­dar – Cen­tro de Aná­li­sis e Investigación.

La mina Pinos Altos, ubi­ca­da en la región fores­tal de Chihuahua. Foto­gra­fías de la Docu­men­ta­ción Colec­ti­va Así se ve la mine­ría en Méxi­co. Foto: Autor anónimo.

Comu­ni­da­des que defien­den el bosque

Sil­vio Nolas­co Flo­res, pre­si­den­te del comi­sa­ria­do de bie­nes comu­na­les de San­ta María Zapo­titlán, una comu­ni­dad indí­ge­na chon­tal, situa­da en el muni­ci­pio de San­ta María Eca­te­pec, al sur del esta­do mexi­cano de Oaxa­ca, cuen­ta que ellos tam­po­co sabían que había una con­ce­sión en el cora­zón del bos­que que cui­dan y protegen.

“Es una reser­va comu­ni­ta­ria inter­na, de unas 50 hec­tá­reas, no tie­ne regis­tro fede­ral, pero la comu­ni­dad deci­dió en asam­blea, hace 15 años, res­guar­dar los recur­sos natu­ra­les, por­que ya empe­za­ba el cul­ti­vo de maíz, la tala ile­gal y la cace­ría en este bos­que de enci­nos y con muchos ojos de agua”, expli­ca Abel Sán­chez, pobla­dor de San­ta María Zapotitlán.

A par­tir de la pro­tec­ción de esa área, Sán­chez ase­gu­ra que se ha vis­to que los ojos de agua se man­tie­nen esta­bles y los ani­ma­les lle­gan, “vemos vena­dos y otra fauna”.

Bosque del Ejido Nuevo Vaquería, Veracruz, México
Bos­que de una comu­ni­dad en Vera­cruz don­de se rea­li­za mane­jo fores­tal. Foto: Óscar Martínez.

La comu­ni­dad supo de la con­ce­sión mine­ra cuan­do los inte­gran­tes de Tequio Jurí­di­co, una orga­ni­za­ción de la socie­dad civil, impar­tie­ron talle­res en la región.

A tra­vés de una soli­ci­tud de acce­so a la infor­ma­ción públi­ca, que pre­sen­ta­ron en 2018 a la Secre­ta­ría de Eco­no­mía, la comu­ni­dad de San­ta María Zapo­titlán con­fir­mó que en el terri­to­rio de la reser­va exis­tía una con­ce­sión, otor­ga­da en 2011 a la empre­sa Salamera.

La comu­ni­dad empe­zó la bata­lla por defen­der su bos­que. En diciem­bre de 2018, pre­sen­tó un recur­so de ampa­ro con­tra la con­ce­sión, pero tam­bién por la incons­ti­tu­cio­na­li­dad de la Ley Mine­ra, al con­si­de­rar esta acti­vi­dad como prio­ri­ta­ria y de uti­li­dad públi­ca y no rea­li­zar una con­sul­ta a las comu­ni­da­des afectadas.

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Bos­que de nie­bla que se encuen­tra den­tro del terri­to­rio de Anal­co, en Oaxa­ca, comu­ni­dad que rea­li­za mane­jo fores­tal. Foto: Car­men Pacheco.

En febre­ro de 2020 —seña­la Ara­ce­li Oli­vos, coor­di­na­do­ra de la Vere­da de Defen­sa Colec­ti­va del Terri­to­rio en Tequio Jurí­di­co— se dic­tó sen­ten­cia: el juez otor­gó un ampa­ro his­tó­ri­co a toda la región chon­tal, en el que reco­no­ció el dere­cho colec­ti­vo al terri­to­rio y a pro­te­ger­lo. Ade­más, orde­nó a la Secre­ta­ría de Eco­no­mía dejar sin efec­to el títu­lo de concesión.

Sin embar­go, Oli­vos ase­gu­ra que, en una tre­ta jurí­di­ca, la empre­sa desis­tió de la con­ce­sión un mes antes de que se dic­ta­ra la sen­ten­cia. “Es una estra­te­gia para que los jui­cios de ampa­ro se que­den sin mate­ria y los tri­bu­na­les no entren a fon­do a ana­li­zar la Ley minera”.

Ade­más, el juez no la decla­ró incons­ti­tu­cio­nal, así que la comu­ni­dad inter­pu­so un recur­so de revi­sión, que con­ti­núa en pro­ce­so de desahogo.

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Eji­do Cabo­ra­chi, en Chihuahua, don­de se rea­li­za mane­jo fores­tal. Foto: cor­te­sía ejido.

La urgen­cia de refor­mar la Ley Minera

La lucha legal que enfren­ta la comu­ni­dad chon­tal de San­ta María Zapo­titlán en con­tra de la mine­ría no es la úni­ca que está en mar­cha en el país. Des­de hace meses, orga­ni­za­cio­nes de la socie­dad civil, aca­dé­mi­cos y comu­ni­da­des impul­san la ini­cia­ti­va “Cam­bié­mos­la­Ya”, con la que se bus­ca una refor­ma a la Ley Minera.

Miguel Soto Tre­vi­ño, direc­tor de vin­cu­la­ción estra­té­gi­ca y cam­pa­ñas de inci­den­cia en Pro­yec­to sobre Orga­ni­za­ción, Desa­rro­llo, Edu­ca­ción e Inves­ti­ga­ción (PODER), expli­ca que esta ini­cia­ti­va bus­ca eli­mi­nar el carác­ter de uti­li­dad públi­ca y pre­fe­ren­te de las acti­vi­da­des mine­ras; hacer efec­ti­vo el dere­cho de las comu­ni­da­des y pue­blos a deci­dir con res­pec­to al otor­ga­mien­to de con­ce­sio­nes y que estas no pue­dan reno­var­se has­ta por 100 años.

Ade­más, plan­tea qui­tar los dere­chos pre­fe­ren­tes de acce­so a la tie­rra y al agua para los due­ños de esas con­ce­sio­nes; blin­dar las áreas natu­ra­les pro­te­gi­das, los sitios sagra­dos y arqueo­ló­gi­cos de la mine­ría y que las empre­sas trans­pa­ren­ten la infor­ma­ción rela­cio­na­da con su acti­vi­dad, inclu­yen­do lo rela­ti­vo a sus esta­dos financieros.

Ejido Cordón Grande, manejo forestal en Guerrero
Pano­rá­mi­ca de la zona fores­tal en don­de se encuen­tra el eji­do Cor­dón Gran­de. Foto: Cor­te­sía Cor­dón Grande.

“Hay un docu­men­to legal que hemos ela­bo­ra­do con los artícu­los que se deben dero­gar, qué cam­bios se deben esta­ble­cer y hay una pro­pues­ta de ini­cia­ti­va que se está pre­sen­ta­do a legis­la­do­res y legis­la­do­ras. La han reci­bi­do bien, pero el lobby de la Cáma­ra de la Indus­tria Mine­ra es muy agre­si­vo”, dice Soto.

Des­de el ini­cio de su gobierno, el pre­si­den­te Andrés Manuel López Obra­dor ase­gu­ró que no se darían más con­ce­sio­nes mine­ras; sin embar­go, tam­po­co ha pre­sen­ta­do un plan para reti­rar las que ya exis­ten, ni ha dicho que ten­ga la inten­ción de hacerlo.

Ima­gen que mues­tra el tajo de la Mina Dolo­res, en el muni­ci­pio de Made­ra, Chihuahua. Foto: Ima­gen de Goo­gle Earth.

Bene­fi­cios con­tra impactos

Sol Pérez, de Fun­dar, expli­ca que des­de la fase de explo­ra­ción, un pro­yec­to mine­ro tie­ne ya impac­tos en el medio ambien­te. “Se hacen cien­tos de per­fo­ra­cio­nes, en las que prác­ti­ca­men­te inyec­tan unos tubos para sacar mues­tras de lo más pro­fun­do que se pue­da del sus­tra­to, y hacer los aná­li­sis de con­cen­tra­ción de mine­ra­les. Per­fo­ran has­ta en man­tos freá­ti­cos (acu­mu­la­ción de agua sub­te­rrá­nea); por eso es muy común que se con­ta­mi­nen o se sequen los manantiales”.

Por supues­to, seña­la Pérez, tam­bién hay defo­res­ta­ción. “Tiran árbo­les para pasar toda la maqui­na­ria a los pun­tos don­de quie­ren explo­rar, que gene­ral­men­te son regio­nes montañosas”.

Si en la explo­ra­ción se deter­mi­na que el pro­yec­to es via­ble eco­nó­mi­ca­men­te y que se hará un pro­yec­to mine­ro, los due­ños de las con­ce­sio­nes pre­sen­tan la Mani­fes­ta­ción de Impac­to Ambien­tal ante la Semar­nat, depen­den­cia que tie­ne en sus manos apro­bar o no el pro­yec­to. En caso de que requie­ran defo­res­tar, las empre­sas piden el per­mi­so de cam­bio de uso de sue­lo, de fores­tal, por ejem­plo, para minería.

En el Eji­do Cruz de Oco­te, en Pue­bla, se han movi­li­za­do en con­tra de la mine­ría. Foto: Víc­tor Abreu/​CCMSS.

En cuan­to a los due­ños de los terre­nos, la empre­sa pue­de ele­gir com­prar­les o ren­tar­les. Si estos se nie­gan, es posi­ble que se abran pro­ce­sos de expro­pia­ción de las tie­rras, ya que con la ley vigen­te a la mine­ría se le con­si­de­ra una acti­vi­dad de uti­li­dad pública.

La acti­vi­dad mine­ra, sub­ra­ya Leti­cia Merino, requie­re gran­des super­fi­cies, pro­du­ce una enor­me des­truc­ción de los eco­sis­te­mas, los recur­sos natu­ra­les y la salud de la pobla­ción expues­ta a la con­ta­mi­na­ción por meta­les pesa­dos, y tam­bién daña el teji­do social.

“Lle­gan y divi­den a las comu­ni­da­des, com­pran volun­ta­des, se acer­can a unos, tra­tan de com­prar terre­nos y si no lo logran, ame­na­zan o les pro­me­ten muchas cosas, y hay casos que la gen­te dice que sí, y lue­go tie­ne con­di­cio­nes muy adversas”.

Sol Pérez resu­me así el encuen­tro for­za­do entre un eji­do fores­tal y la mine­ría: “el mane­jo comu­ni­ta­rio del bos­que sí tie­ne mucho bene­fi­cios, no solo para la comu­ni­dad que la mane­ja y a la que le da tra­ba­jo, sus­ten­to, cohe­sión, tam­bién hay bene­fi­cios gene­ra­les para el ambien­te, para la miti­ga­ción del cam­bio cli­má­ti­co, para la pre­ser­va­ción de agua, eso sí es uti­li­dad públi­ca. En cam­bio, la mine­ría es una acti­vi­dad en la que se bene­fi­cian unos pocos par­ti­cu­la­res y no es sus­ten­ta­ble, es alta­men­te con­ta­mi­nan­te y gene­ra­do­ra de desigualdad”.

* Ima­gen des­ta­ca­da: Mina Pinos Altos, en Ocam­po, Chihuahua, en don­de se extrae oro. El pro­yec­to se encuen­tra cer­ca del Área Natu­ral Pro­te­gi­da Cas­ca­da de Basa­sea­chi. Esta ima­gen fue selec­cio­na­da como par­te del con­cur­so Así se mira la mine­ría en Méxi­co, con­vo­ca­do por el CCMSS. Foto: Autor Anónimo.

Publi­ca­do ori­gi­nal­men­te en Mon­ga­bay Latam

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