Esta­dos Uni­dos. Mamy­rah Dou­gé-Pros­per: “Cuan­do se tra­ta de inmi­gra­ción, los demó­cra­tas no son los libe­ra­les que creemos”

Por Leti­cia Gar­zi­glia, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 14 de octu­bre de 2021.

Entre­vis­ta a Mamy­rah Dou­gé-Pros­per, mili­tan­te hai­tia­na y pro­fe­so­ra en la Uni­ver­si­dad de Cali­for­nia, en la que habla sobre la migra­ción que des­de su país inten­ta lle­gar a Esta­dos Unidos.

Los migran­tes que acam­pa­ban bajo el puen­te que conec­ta la ciu­dad de Del Río, en Texas, con Ciu­dad Acu­ña, en Méxi­co, esta­ban espe­ran­do que sus soli­ci­tu­des de ingre­so fue­sen pro­ce­sa­das por las auto­ri­da­des esta­dou­ni­den­ses. Final­men­te, se aco­gió a muy pocos y miles fue­ron depor­ta­dos y envia­dos en avio­nes a Hai­tí des­pués de ser per­se­gui­dos y mal­tra­ta­dos en la fron­te­ra. Las depor­ta­cio­nes se hicie­ron en el mar­co del “Títu­lo 42”, un lega­do de Donald Trump que per­mi­te res­trin­gir la entra­da de extran­je­ros por moti­vos sanitarios.

El envia­do espe­cial de Esta­dos Uni­dos para Hai­tí, Daniel Foo­te, renun­ció a su car­go, cali­fi­can­do la polí­ti­ca de “inhu­ma­na”, y ale­gan­do que sus “reco­men­da­cio­nes al res­pec­to fue­ron ignoradas”.

Esta­dos Uni­dos había amplia­do recien­te­men­te el pro­gra­ma TPS (por sus siglas en inglés), que brin­da un sta­tus de pro­tec­ción tem­po­ra­ria a migran­tes que ya resi­den en ese país, pero esto no modi­fi­có su polí­ti­ca de ingresos.

Al res­pec­to, con­ver­sa­mos con Mamy­rah Dou­gé-Pros­per, mili­tan­te hai­tia­na y pro­fe­so­ra de Estu­dios Glo­ba­les e Inter­na­cio­na­les en la Uni­ver­si­dad de Cali­for­nia, quien con­tó: “En la fron­te­ra con Esta­dos Uni­dos no son solo hai­tia­nos y no es un fenó­meno nue­vo. Ya des­de 2018 están migran­do, cru­zan­do 11 paí­ses des­de Bra­sil y Chi­le para lle­gar a la fron­te­ra. Hay un énfa­sis en los hai­tia­nos, por­que 10.000 de ellos ter­mi­na­ron en Texas, no está cla­ro por qué. Había muchos en Tijua­na y San Die­go, en la fron­te­ra de Cali­for­nia, y de algu­na mane­ra les lle­gó la infor­ma­ción de que la fron­te­ra de Texas iba a ser más poro­sa, más fácil de pasar, lo cual obvia­men­te no fue así”.

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La polí­ti­ca expul­si­va de depor­ta­cio­nes no se ve solo en esa fron­te­ra. Hay miles de fami­lias hai­tia­nas entre Méxi­co y Gua­te­ma­la, otras tan­tas en el bor­de de Colom­bia-Pana­má. Y si segui­mos yen­do hacia el sur, habrá migran­tes de ese país en todas las fron­te­ras des­de Chi­le y Bra­sil hacia el norte.

Méxi­co se vio des­bor­da­do por las soli­ci­tu­des de per­mi­so de cir­cu­la­ción y depor­tó a muchos a Gua­te­ma­la. Tam­bién hay tes­ti­mo­nios de que les piden sobor­nos y, en otros casos, can­sa­dos de la espe­ra, siguen via­je hacia el nor­te con la espe­ran­za de no ser inter­cep­ta­dos o la cer­te­za de seguir sien­do maltratados.

La pre­via y el racis­mo estructural

Los repor­tes de cuer­pos sin vida de migran­tes hai­tia­nos en el Darién o de vio­len­cia sexual en dis­tin­tos pun­tos del camino de sur a nor­te, deno­tan el racis­mo estruc­tu­ral de un con­ti­nen­te que ha invi­si­bi­li­za­do esta situa­ción, has­ta que lle­gó al extre­mo. Y es que la mayo­ría de los hai­tia­nos no venía de Hai­tí, sino prin­ci­pal­men­te de Chi­le y Brasil.

Al res­pec­to, Pros­per ana­li­zó: “Por qué empie­zan en Bra­sil y Chi­le, está muy liga­do a la ocu­pa­ción de la ONU. Tras el gol­pe de Esta­do en Hai­tí en 2004, se esta­ble­ció la MINUSTAH y Bra­sil y Chi­le estu­vie­ron a la cabe­za de esta misión. Así que hay una rela­ción direc­ta en tér­mi­nos de por qué los hai­tia­nos iden­ti­fi­can a estos paí­ses como un des­tino para migrar”. Y agre­ga: “Ya en 2008 había hai­tia­nos yen­do a Bra­sil. Muchos fue­ron reclu­ta­dos para ir a tra­ba­jar en los esta­dios de la Copa del Mun­do, los esta­dios olím­pi­cos, por­que se con­vir­tie­ron en la mano de obra más bara­ta, y des­pués de que fue­ron uti­li­za­dos no hubo más tra­ba­jos para ellos”.


La migra­ción de hai­tia­nos hacia otros paí­ses de Amé­ri­ca se masi­fi­có toda­vía más des­pués del terre­mo­to de 2010, con un gobierno cuyas polí­ti­cas solo fomen­ta­ron expul­sión. “La com­bi­na­ción del desas­tre natu­ral y el plan libe­ral del par­ti­do Tèt Kale gene­ró un gran aumen­to de la migra­ción exter­na, pero tam­bién des­pla­za­mien­to interno y des­po­jo de tie­rras. Se le qui­tó la tie­rra a la gen­te, su medio de vida”, afir­mó Prosper.


Chi­le reci­bió a 200.000 hai­tia­nos en ese momen­to. Sin embar­go, nun­ca les regu­la­ri­zó su situa­ción migra­to­ria ni encon­tra­ron la esta­bi­li­dad eco­nó­mi­ca y acce­so a salud y vivien­da que se pre­veía podrían encon­trar en el país “mode­lo” de la esta­bi­li­dad. Entre 2010 y 2017, el ingre­so de hai­tia­nos a Chi­le aumen­tó de 988 per­so­nas por año a más de 110.000. Sin embar­go, des­de 2019 se vie­nen regis­tran­do más sali­das de hai­tia­nos de Chi­le que entradas.

Ade­más de la aper­tu­ra gra­dual de fron­te­ras en los dis­tin­tos paí­ses lue­go de los cie­rres en 2020, hubo dos hechos que podrían con­si­de­rar­se cla­ves para la deci­sión de los hai­tia­nos de salir masi­va­men­te de Chi­le duran­te 2021: las pro­me­sas de Joe Biden de tener una polí­ti­ca más abier­ta a la recep­ción de migran­tes, y la nue­va ley de migra­cio­nes chi­le­na. Esta últi­ma rige des­de el 20 de abril de 2021 y esta­ble­ce que quie­nes ingre­sa­ron al país por un paso habi­li­ta­do pre­via­men­te al 18 de mar­zo de 2020, pue­den regu­la­ri­zar su situa­ción migratoria.

Sin embar­go, las con­di­cio­nes para ello son la pre­sen­ta­ción de una serie de docu­men­tos casi impo­si­bles de con­se­guir para los hai­tia­nos que hace años viven allí, como por ejem­plo un cer­ti­fi­ca­do de ante­ce­den­tes pena­les expe­di­do por las auto­ri­da­des hai­tia­nas. El pla­zo para la pre­sen­ta­ción ven­ce este 17 de octu­bre y, al ver­se en la situa­ción de no poder regu­la­ri­zar­lo, muchos migran­tes temie­ron la depor­ta­ción y deci­die­ron salir antes de esa fecha.

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Ima­gen: Paul Rat­je /​AFP

La situa­ción de expul­sión es exten­di­da en todo el con­ti­nen­te. “Los hai­tia­nos son los migran­tes más inde­sea­bles, no sólo en Esta­dos Uni­dos; es el caso en las Baha­mas, en Guya­na, en Mar­ti­ni­ca y Gua­da­lu­pe. Siem­pre son ellos los que son des­po­ja­dos de la ciu­da­da­nía o devuel­tos a Hai­tí. Es una prác­ti­ca regio­nal. Por supues­to, pone­mos la lupa sobre Esta­dos Uni­dos, por­que dice pro­mo­ver la demo­cra­cia y los dere­chos huma­nos, y escu­cha­mos a 10.000 per­so­nas en la fron­te­ra. Pero esto es cier­to para los hai­tia­nos de toda la región”, afir­mó Pros­per. “Hay hai­tia­nos en la fron­te­ra con Colom­bia espe­ran­do, Repú­bli­ca Domi­ni­ca­na apro­bó en 2013 qui­tar la ciu­da­da­nía a los hai­tia­nos, y no es que el Esta­do mexi­cano sea más favo­ra­ble que el esta­dou­ni­den­se”, indicó.

La situa­ción local y la polí­ti­ca estadounidense

El mag­ni­ci­dio del ex pre­si­den­te Jove­nel Moï­se en julio pasa­do, y el terre­mo­to que tuvo lugar el 14 de agos­to y se cobró más de 2.000 vidas, sólo pare­cen haber agra­va­do una situa­ción pre­via que, des­de hace más de una déca­da, ha lle­va­do a migrar a cien­tos de miles de hai­tia­nos y hai­tia­nas. La situa­ción local, media­da por la inter­ven­ción extran­je­ra, el empo­bre­ci­mien­to y el aumen­to expo­nen­cial de los nive­les de vio­len­cia, no invi­ta a regre­sar. Según la ONU, casi cua­tro millo­nes de ciu­da­da­nos de Hai­tí (de un total de 11,5 millo­nes) pade­ce inse­gu­ri­dad ali­men­ta­ria, y el 20 por cien­to de la pobla­ción tuvo que irse.

“La ines­ta­bi­li­dad en Hai­tí, que es resul­ta­do del impe­rio esta­dou­ni­den­se, está lle­van­do a estas per­so­nas de vuel­ta a los Esta­dos Uni­dos”, seña­ló Pros­per. Y al res­pec­to, ana­li­zó: “No impor­ta si son demó­cra­tas o repu­bli­ca­nos. La polí­ti­ca esta­dou­ni­den­se es la mis­ma cuan­do se tra­ta de Hai­tí. Biden y Harris hicie­ron cam­pa­ña con los migran­tes. Pero ape­nas lle­ga­ron al poder, ya esta­ban depor­tan­do hai­tia­nos. Las polí­ti­cas de Trump, en este sen­ti­do, fue­ron una con­ti­nua­ción de las plan­tea­das por Oba­ma. Cuan­do se tra­ta de inmi­gra­ción, los demó­cra­tas no son los libe­ra­les que creemos”.

Ante la extre­ma situa­ción en la fron­te­ra con Esta­dos Uni­dos, algu­nos deci­die­ron que­dar­se en Méxi­co, que final­men­te dis­pu­so alber­gues tem­po­ra­rios para alojarlos.

Mien­tras tan­to, en Hai­tí se suce­den una serie de esfuer­zos en pos de encon­trar una “solu­ción hai­tia­na para la cri­sis hai­tia­na”. El pue­blo hai­tiano es cons­cien­te de las suce­si­vas inter­ven­cio­nes y la volun­tad inje­ren­cis­ta neo­co­lo­nial, y para hacer­le fren­te se ha con­for­ma­do una comi­sión en la que par­ti­ci­pan repre­sen­tan­tes de orga­ni­za­cio­nes y dis­tin­tos par­ti­dos pro­gre­sis­tas para pro­mo­ver un deba­te nacio­nal y un diá­lo­go que per­mi­ta reem­pla­zar la estruc­tu­ra de poder impues­ta des­de hace años.

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