Cul­tu­ra. Cuchi Legui­za­món: “Solo los cana­llas se hacen los humildes”

Por Luis Bore­lli, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano 2 de setiem­bre de 2021

Com­pu­so algu­nas de las melo­días más bellas del fol­klo­re argen­tino y supo, de un modo ori­gi­nal y muy suyo, mez­clar la músi­ca con el humor. En esta entre­vis­ta, el Cuchi Legui­za­món da rece­tas de coci­na, se ima­gi­na gober­na­dor de Sal­ta y habla de la ale­gría y la tris­te­za a la hora de com­po­ner. 

No bien el equi­po de El Tri­buno ingre­só a la casa del músi­co, el Cuchi Legui­za­món salió detrás de su inmen­so piano de cola, mien­tras doña Emma Paler­mo, su espo­sa, lidia­ba a bra­zo par­ti­do con el cuar­te­to inte­gra­do por sus chan­gui­tos Juan Mar­tín, José María, Del­fín Galo y Luis Gonzalo.

El perio­dis­ta, impre­sio­na­do por la can­ti­dad de ins­tru­men­tos musi­ca­les que Legui­za­món tenía a su alre­de­dor, le pre­gun­tó: “Cuchi, ¿cuán­tos tenés en esta salamanca…?”.

“Mirá… ten­go el piano, un acor­deón, un cuchi­llo, dos serru­chos y una cucha­ra i’ palo. Pero ‚ade­más, ten­go un xilo­fón, una flau­ta y un armo­nio que se lla­ma El Tuer­to, igual que yo…”.

Se pro­du­ce un silen­cio y de impro­vi­so el perio­dis­ta abre el fue­go tiran­do a que­ma­rro­pa: “¿Sos vani­do­so Cuchi?”.

“Pro­fun­da­men­te… solo los cana­llas se hacen los humil­des. No hay otra…”. El pre­gun­tón no se ami­la­na y ahí nomás arre­me­te con una pre­gun­ta insó­li­ta: “¿Te gus­ta que te lla­men o te digan Cuchi?”.

“Mira, a veces creo que es otro el Cuchi y no yo. Se me hacen unos líos tre­men­dos en el mate. No estoy muy actua­li­za­do con esto…. Por­que el “Cuchi Legui­za­món’ es el que toca el piano, es al que muchos salu­dan en la calle. Pero cuan­do fir­mo Gus­ta­vo Legui­za­món ten­go que ser el abo­ga­do, el doc­tor, el pro­fe­sor que rubri­ca el libro de asis­ten­cia en el Cole­gio Nacio­nal y el que da cla­se a los alum­nos. Todas esas cosas ton­tas y estú­pi­das. En cam­bio, si fir­mo “Cuchi Legui­za­món’ me sien­to más cho­cho que opa en sulky, estoy de fiesta…”.

De inme­dia­to el perio­dis­ta cam­bia el ángu­lo de tiro y le espe­ta a su inter­lo­cu­tor: “¿Qué sien­tes cuan­do escu­chás que alguien sil­ba una com­po­si­ción tuya?”.

“Una for­mi­da­ble sen­sa­ción de pla­cer. Me encan­ta. Siem­pre me encan­ta. Pero cuan­do eso suce­de tam­bién me encan­ta pre­gun­tar­le al sil­ba­dor si sabe de quién esa músi­ca… Y como nun­ca saben… enton­ces me da una rabia…”.

Y otra vez una pre­gun­ta a que­ma­ro­pa: “¿Si vos no hubie­ras sido el Cuchi Legui­za­món, que te hubie­ra gus­ta­do ser?”.

“Y Cuchi nomás pues…. Serás lo que debas ser o si no, no serás nada…. Eso nun­ca lo pude enten­der, pero me encan­ta repe­tir­lo…. Ahh, y te digo algo más, en la otra vida voy a ser un general….”.

El Cuchi gober­na­dor y su gabi­ne­te con mujeres

-Deci­me Cuchi ¿si te nom­bra­ran gober­na­dor, ¿cuá­les serían tus pri­me­ras medidas?

-Pri­me­ro: ocu­par­me de aba­ra­tar la vida. Hay una inju­ria bru­tal que yo no sé cómo la gen­te aguan­ta. En la pla­za 9 de Julio pon­dría una feria para ven­der la car­ne a cien pesos. Segun­do: pro­mo­ve­ría la obra públi­ca para que la gen­te ten­ga tra­ba­jo. Obras de cual­quier cosa. Pla­ta se con­si­gue… La cues­tión es saber pedir. No hay que tener pre­jui­cios para pedir, por­que noso­tros le esta­mos pidien­do a la Nación lo que es nues­tro pues… Y ter­ce­ro: hay mucha gen­te en Sal­ta que hay que saber­la apro­ve­char. Hay que hacer que cola­bo­re, que tra­ba­je. La gen­te sabe hacer muchas cosas…

-¿Y tu gabi­ne­te cómo sería?

-Haría una for­mi­da­ble inno­va­ción. Nom­bra­ría muje­res en el gabi­ne­te. Cual­quier madre sal­te­ña podría ser la mejor minis­tro de Eco­no­mía que ten­dría­mos. No se le podría meter la mula ni mentir.

-¿Y el minis­te­rio de Gobierno?

Lo que hay que hacer ahí es sen­ci­llo. Se pone a alguien que lo haga andar bien al jefe de Poli­cía y lis­to el pollo… Otra cosa, deja­ría cesan­te a todos los fun­cio­na­rios de Teso­re­ría, Tri­bu­nal de Cuen­tas y Con­ta­du­ría y podría tres muje­res con un libro para que ano­ten lo que se paga y lo que se debe. Gober­nar es fácil. Cual­quier vie­ja de Sal­ta sería la mejor gober­nan­te del país. Lo que hace fal­ta es un poco de sen­ti­do domés­ti­co… ¿Qué hace una mujer cuan­do se levan­ta? Lo pri­me­ro que hace es hacer barrer la casa, sacar las inmun­di­cias, la basu­ra… todo lo que está de más. Lue­go hace lavar la ropa, coci­nar, dar de comer… y la pla­ta por supues­to, no se dis­cu­te, se la tie­ne que traer el mari­do. Eso en este caso, es la Nación o si no tie­ne que venir de los recur­sos natu­ra­les… Aca­so, ¿pue­de aguan­tar una casa, por más hacen­do­sa que sea la vie­ja, si la sabo­tean y no le dan pla­ta? No pues. Enton­ces, ¿qué tie­ne que hacer el gober­na­dor? Tie­ne que man­dar­se a cam­biar y decir que si no les dan pla­ta sufi­cien­te se va, por­que no pue­den hacer los pape­lo­nes de no poder cubrir las nece­si­da­des fun­da­men­ta­les de la provincia.

El tío Del­fín y los sabla­zos del gobernador

“Mi tío Del­fín era un cau­di­llo polí­ti­co y un día encuen­tra a su mamá, Car­lo­ta Cobo, hacien­do rezar a todas las muje­res de la casa. El pri­me­ro un rezo por el inven­tor de los fós­fo­ros pues no era lin­do andar con la pajue­la y el yes­que­ro. El segun­do rezo, por la vida del gober­na­dor. Al escu­char esto, Del­fín le dice a mi tía: “Pero mama, él me tie­ne pre­so y a los sabla­zos y usted rezan­do por él?’. “Si hiji­to, pero es que el que vie­ne siem­pre es peor que el otro”.

-Cuchi ¿cuál es tu espe­cia­li­dad como gastronómico?

En un tiem­po eran los pes­ca­dos, pero aho­ra los he des­alo­ja­do de mis pre­fe­ren­cias culi­na­rias. Aho­ra me dedi­co a las comi­das surrea­lis­tas. Se me ha ocu­rri­do inven­tar, por ejem­plo, ranas con sor­be­tes de qui­ru­si­lla. Tam­bién hago una car­bo­na­da de char­qui que es para chu­par­se los dedos. Es más rica que la sajta.

La car­bo­na­da de char­qui y las ranas con sor­be­te de quirusilla

¿Por qué no me dic­tás tu rece­ta de la car­bo­na­da de charqui?

Meta, y ya no más. Se aga­rra medio kilo de char­qui, se lava bien y se lo mete al horno unos quin­ce minu­tos. Lo sacás y lo majás (macha­car) en el mor­te­ro o en la pie­dra. Des­pués, se lo tisa, y una vez que está bien tisa­do, ya podés hacer la gra­si­ta colo­ra­da (pimen­tón), con cebo­lla ver­de y unos dien­ti­tos de ajo; se pica un poco de toma­te y se deja coci­nar. Cuan­do ya está, se tira el char­qui tisa­do; se revuel­ve y se yapa unos cucha­ro­nes de cal­do. Se cor­ta zapa­llo y la papa en cua­dra­di­tos y unas rue­das de cho­clo. Al final, se echa la papi­ta, el zapa­llo, las rue­das. Se pone un poqui­to de cebo­lla de ver­deo y se raya enci­ma unos seis hue­vos duros…

Y lue­go el Cuchi refle­xio­na: “Yo ten­go dos pro­fe­sio­nes de las cua­les me enor­gu­llez­co, y dos de las cua­les me avergenzo. A veces me enor­gu­llez­co de ser músi­co y coci­ne­ro. Y me da mucha vergenza a veces con­fe­sar que soy abo­ga­do y, ade­más, político”.

Sobre el amor

-Cuchi ¿cómo defi­ni­rías el amor?

-El amor es una man­sa cos­tum­bre. Ade­más es un ata­que. Lo que pasa es que el cora­zón es menos noble que el híga­do por­que si a vos te ata­ca el híga­do, dejás de tomar y te curás, pero cuan­do te ata­cás el cora­zón, vie­ne otro amor y enton­ces no te curas más.

-¿En tu vida que­da tiem­po para la tristeza?

-Yo apa­ren­to ser ale­gre pero resul­ta que todo lo que hago en músi­ca es muy tris­te. No sé qué me pasa.

-¿Cómo defi­nes al salteño?

-El sal­te­ño es muy pare­ci­do al grie­go. En Sal­ta hay buen cli­ma y en los luga­res de buen cli­ma, la gen­te sale de la casa. Aden­tro de la casa no se pue­de pen­sar. Enton­ces, en todo sal­te­ño hay un pen­sa­dor, un filó­so­fo… Ade­más, como tie­ne mucho tiem­po, es muy imaginativo…

Fuen­te: El Tribuno

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