Eco­lo­gía social. “Si no trans­for­ma­mos las cau­sas de esta pan­de­mia, vol­ve­rá a pasar”

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 5 de agos­to de 2021. 

La rela­ción entre la des­truc­ción del ambien­te y la salud de la pobla­ción, el rol legi­ti­ma­dor de la cien­cia hege­mó­ni­ca, el papel de las far­ma­céu­ti­cas y de los gobier­nos. Ali­cia Mas­sa­ri­ni, inves­ti­ga­do­ra del Coni­cet, abor­da esos aspec­tos y se ani­ma a un tema que pocos cien­tí­fi­cos hablan en voz alta: expli­ci­ta sus dudas sobre las vacu­nas para el Covid-19, recha­za la vacu­na­ción masi­va a niños, expo­ne argu­men­tos y, lejos de los anti­va­cu­nas, invi­ta a pen­sar de for­ma crítica. 

Núme­ros de con­ta­gia­dos, cifras de muer­tos, ocu­pa­ción en tera­pias inten­si­vas, per­mi­sos para cir­cu­lar, esta­dís­ti­cas de vacu­na­dos, con­tra­tos con far­ma­céu­ti­cas, cla­ses pre­sen­cia­les (o no) y res­tric­cio­nes a acti­vi­da­des. Des­de mar­zo de 2020, la mayor par­te del deba­te públi­co pasa por las con­se­cuen­cias de la pan­de­mia y muy poco sobre las cau­sas. Ali­cia Mas­sa­ri­ni, doc­to­ra en cien­cias bio­ló­gi­cas, pro­fe­so­ra de la UBA, inves­ti­ga­do­ra del Coni­cet (recien­te­men­te jubi­la­da) e inte­gran­tes de la Unión de Cien­tí­ficxs Com­pro­me­tidxs con la Socie­dad y el Ambien­te (Uccs­nal) cen­tra su aná­li­sis en la rela­ción del ambien­te, modos de pro­duc­ción y la des­truc­ción del pla­ne­ta. Y, ajeno a los extre­mos sim­plis­tas, abor­da la situa­ción de las vacu­nas des­de una mira­da crí­ti­ca, lejos de los anti­va­cu­nas y tam­bién dis­tan­te de los que afir­man “irres­pon­sa­ble­men­te” que las vacu­nas son seguras.

En tiem­pos de pen­sa­mien­tos úni­cos y faná­ti­cos, una voz que expo­ne dudas, que se ani­ma a nadar a con­tra­co­rrien­te y, sobre todo, invi­ta a pensar.

Es una cri­sis social y civilizatoria”

-Mucho se habló y se habla de las cifras de falle­ci­dos, de tera­pias inten­si­va y de vacu­nas. Pero poco de las cau­sas. ¿Qué podría decir­nos del ori­gen de las pandemias?

-Evi­den­te­men­te la cues­tión ambien­tal es una cla­ve inelu­di­ble al hablar de las cau­sas pro­fun­das de la pan­de­mia. Las trans­for­ma­cio­nes ace­le­ra­das y brus­cas que se han dado en el ambien­te en las últi­mas déca­das son cla­ves para enten­der por qué se pro­du­ce esta y otras pan­de­mias como enfer­me­da­des emer­gen­tes. La des­truc­ción de eco­sis­te­mas natu­ra­les, por un lado, apro­xi­ma a las pobla­cio­nes huma­nas a espe­cies que nor­mal­men­te están ale­ja­das, en esta­do sil­ves­tre. Esos con­tac­tos favo­re­cen los sal­tos zoo­nó­ti­cos, es decir el paso de micro­or­ga­nis­mos espe­cí­fi­cos de espe­cies sil­ves­tres a la espe­cie huma­na. Esto es algo que evo­lu­ti­va­men­te ocu­rre cons­tan­te­men­te, pero que esta des­truc­ción de eco­sis­te­mas natu­ra­les y el des­pla­za­mien­to cons­tan­te de la fron­te­ra agro­pe­cua­ria favo­re­ce, faci­li­ta y aumen­ta su fre­cuen­cia. Por otro lado, la for­ma en que pro­du­ci­mos “ali­men­tos” como pollos o cer­dos cria­dos en gran­jas de miles de ani­ma­les haci­na­dos, gené­ti­ca­men­te uni­for­mes, favo­re­ce el hecho de que sus micro­or­ga­nis­mos carac­te­rís­ti­cos se mul­ti­pli­quen fren­te a sis­te­mas inmu­no­ló­gi­cos debi­li­ta­dos de estos ani­ma­les haci­na­dos y que a su vez pue­dan trans­mi­tir­se a los tra­ba­ja­do­res de estos cria­de­ros o a las pobla­cio­nes cer­ca­nas a estos luga­res. Son sal­tos zoo­nó­ti­cos muy fac­ti­bles dados por la mane­ra de pro­du­cir. De hecho las últi­mas epi­de­mias como la del MERS (Sín­dro­me Res­pi­ra­to­rio de Orien­te Medio), la de la gri­pe aviar o por­ci­na tie­nen que ver, en su ori­gen, con este tipo de establecimientos.

-¿Por qué cree que no se habla tan­to (o casi nada) de las cau­sas de las pandemias?

-Efec­ti­va­men­te es curio­so el hecho de que prin­ci­pal­men­te se hable de casos, de muer­tos y de vacu­nas y no se habi­li­te a la refle­xión acer­ca de cuá­les son las cau­sas pro­fun­das de esta cri­sis sani­ta­ria, que tam­bién es una cri­sis social y civi­li­za­to­ria. Evi­den­te­men­te este silen­cia­mien­to, este ocul­ta­mien­to, tie­ne que ver con que los medios hege­mó­ni­cos no admi­ten más que la repro­duc­ción de la lógi­ca de este sis­te­ma y para poder real­men­te inter­pe­lar las cau­sas pro­fun­das habría que admi­tir que es el pro­pio capi­ta­lis­mo, en esta fase sal­va­je y extrac­ti­vis­ta, el res­pon­sa­ble de esta cri­sis y de que lo que se impo­ne es un cam­bio pro­fun­do en los modos de pro­du­cir y con­su­mir. Es cla­ro que si no trans­for­ma­mos las cau­sas de esta pan­de­mia, vol­ve­rá a pasar.

Es falaz la supues­ta neu­tra­li­dad y obje­ti­vi­dad de la ciencia”

-Des­de hace muchos años se toma la voz «de la cien­cia» como lo que vali­da (o no) deter­mi­na­da cues­tión. Con la pan­de­mia se acen­tuó el rol de ver­dad de «la cien­cia», «los médi­cos», los «espe­cia­lis­tas» son sinó­ni­mos de «los que saben». ¿Qué opina de este rol asig­na­do a la cien­cia y los especialistas?

Lla­ma la aten­ción el rol de auto­ri­dad que se asig­na a la cien­cia. En gene­ral, las repre­sen­ta­cio­nes socia­les en el capi­ta­lis­mo, de la cien­cia y de los cien­tí­fi­cos, asu­men este rol de auto­ri­dad pero en este con­tex­to esto se ha pro­fun­di­za­do. Se ha este­reo­ti­pa­do aún más, sobre todo a manos de cier­tas espe­cia­li­da­des cien­tí­fi­cas bio­mé­di­cas como la epi­de­mio­lo­gía, la viro­lo­gía, la infec­to­lo­gía; espe­cia­li­da­des médi­cas que pare­cen ser las úni­cas voces que tie­nen algo que decir res­pec­to a la cri­sis sani­ta­ria que esta­mos tran­si­tan­do. Aún des­de la lógi­ca cien­tí­fi­ca, la jerar­quía de estas cien­cias res­pec­to a las cien­cias socia­les hace que otras voces, de espe­cia­lis­tas cien­tí­fi­cos, no apa­rez­can o sean invi­si­bi­li­za­das, como por ejem­plo la de los soció­lo­gos, los psi­có­lo­gos, los antro­pó­lo­gos, que sin duda ten­drían tam­bién muchas cosas que decir fren­te la com­ple­ji­dad de esta pro­ble­má­ti­ca. Ade­más esta jerar­quía den­tro de las cien­cias, el lugar de ver­dad y de auto­ri­dad que se asig­na en gene­ral a los cien­tí­fi­cos y a los espe­cia­lis­tas tam­bién invi­si­bi­li­za el hecho de que en las comu­ni­da­des que están expe­ri­men­tan­do esta cri­sis des­de sus terri­to­rios, son otras las lógi­cas impe­ran­tes, que tie­nen que ver con la cola­bo­ra­ción, con la coope­ra­ción, con la soli­da­ri­dad y con otros sabe­res que están sien­do pues­tos en jue­go en dis­tin­tos espa­cios pero que son invi­si­bi­li­za­dos y no pare­cen no tener nada que decir estos acto­res sobre lo que esta­mos transitando.

-¿Cómo evi­tar este rol «de ver­dad» de la cien­cia? ¿Qué sabe­res que­dan afue­ra de este debate?

-Sin duda las repre­sen­ta­cio­nes socia­les hege­mó­ni­cas que asig­nan a la cien­cia este lugar de auto­ri­dad se repro­du­cen en dis­tin­tos ámbi­tos: en la divul­ga­ción cien­tí­fi­ca, en el dis­cur­so polí­ti­co, en la edu­ca­ción. Es en todos esos ámbi­tos don­de es nece­sa­rio abrir un deba­te e ins­ta­lar el pen­sa­mien­to crí­ti­co para poder com­pren­der y demo­cra­ti­zar la idea de que el cono­ci­mien­to cien­tí­fi­co, como cual­quier otra acti­vi­dad huma­na, es un tipo de pro­duc­ción atra­ve­sa­do por valo­res, por con­flic­tos de intere­ses, por rela­cio­nes de poder y en ese sen­ti­do, la idea de que no hay una sola cien­cia sino que hay muchas mane­ras de hacer cien­cia, muchos tipos de cono­ci­mien­to que deben ser ana­li­za­dos crí­ti­ca­men­te para que la socie­dad pue­da ele­gir entre dis­tin­tas pers­pec­ti­vas cien­tí­fi­cas a la hora de enfren­tar una pro­ble­má­ti­ca com­ple­ja o de tomar pos­tu­ra fren­te a deba­tes que invo­lu­cran a la cien­cia y a la tecnología.

-Tam­bién se pre­sen­ta a la cien­cia como libre de ideo­lo­gía y de intereses.

Esta cri­sis sani­ta­ria está reve­lan­do qué tan falaz es esta idea de la apa­ren­te neu­tra­li­dad y obje­ti­vi­dad de la cien­cia. Las mar­chas y con­tra­mar­chas de las afir­ma­cio­nes cien­tí­fi­cas, la fal­ta de coope­ra­ción entre los dis­tin­tos sec­to­res y la comu­ni­dad cien­tí­fi­ca, la fal­ta de esta­dís­ti­cas y refle­xión crí­ti­ca cen­tra­li­za­da en los orga­nis­mos de salud como la OMS mues­tran que la frag­men­ta­ción se vin­cu­la con las rela­cio­nes de poder y la mer­can­ti­li­za­ción de la cien­cia y de la salud, que en reali­dad tie­ne como voce­ras a las prin­ci­pa­les cor­po­ra­cio­nes far­ma­céu­ti­cas que com­pi­ten por mer­ca­dos para poder ven­der sus vacunas.

Darle lugar al disen­so, a la diver­si­dad, al pen­sa­mien­to crítico”

-Algu­nos sec­to­res nega­ban la gra­ve­dad del virus, la equi­pa­ra­ban con la gri­pe común.

-Es cla­ro que no es lo mis­mo. El Covid-19 es un virus de alti­si­ma infec­ti­vi­dad (capa­ci­dad de una agen­te pató­geno para inva­dir un orga­nis­mo y pro­vo­car en él una infec­ción) y una tasa de mor­ta­li­dad más alta. La esta­dís­ti­ca, igual­men­te, es muy pobre, por­que hay muy poca cola­bo­ra­ción entre los paí­ses para gene­rar un cono­ci­mien­to inte­gra­do. Pero, actual­men­te se esti­ma que es alre­de­dor de tres veces más letal que la gri­pe común, y ade­más, esta alta infec­ti­vi­dad, que en las nue­vas cepas es toda­vía mayor, hace que muchas per­so­nas se enfer­men y que muchas mueran.

-¿Cono­cés la posi­ción de los «Médi­cos por la Ver­dad»? ¿Qué opi­na del recha­zo del uso de bar­bi­jo, del uso de dió­xi­do de clo­ro como tra­ta­mien­to, la inmu­ni­dad de rebaño…?

-Me pare­ce que en este tema, como en otros, la acti­tud mani­quea, si/​no, blanco/​negro, existe/​no exis­te, no ayu­da en nada para com­pren­der la situa­ción. El virus efec­ti­va­men­te exis­te, la pan­de­mia está en cur­so, sus efec­tos son gra­ves, y de nin­gu­na mane­ra estoy en una pos­tu­ra nega­cio­nis­ta, lo cual me pare­ce necio: por lo que dicen los núme­ros, lo que sien­te la gen­te, por el dolor que esta­mos expe­ri­men­tan­do. En todas esas dimen­sio­nes, el nega­cio­nis­mo no nos ayu­da a enten­der. Tam­po­co estoy en una acti­tud anti­va­cu­nas de nin­gu­na mane­ra, y tam­bién quie­ro seña­lar que me pare­ce gra­ve esta acti­tud recu­rren­te de situar las cues­tio­nes con­flic­ti­vas en una dico­to­mía de vacu­nas-anti­va­cu­nas. Me pare­ce que esto no sir­ve para nada. Tene­mos que pen­sar inte­li­gen­te­men­te, colec­ti­va­men­te, cuá­les son las mejo­res estra­te­gias, cuá­les son los ries­gos y bene­fi­cios en cada caso, y dar­le lugar al disen­so, a la diver­si­dad, al pen­sa­mien­to crí­ti­co y a la dis­cu­sión entorno a estos temas. Cual­quie­ra que plan­tea en este momen­to una adver­ten­cia sobre los ries­gos de cier­tas vacu­nas es til­da­do de anti­va­cu­nas y auto­má­ti­ca­men­te se des­ca­li­fi­ca su opi­nión: esto me pare­ce ver­da­de­ra­men­te gra­ve por­que lo que esta­mos hacien­do es cerrar los ojos ante ries­gos y adver­ten­cias que son sig­ni­fi­ca­ti­vas y que debie­ran ser teni­das en cuen­ta y demo­cra­ti­za­das en la opi­nión pública.

-Los extre­mos. O anti­va­cu­nas o nula crí­ti­ca a las vacunas.

-Si se pro­po­ne lle­var ade­lan­te las cosas des­de el dog­ma­tis­mo o des­de la fe, o des­de el auto­ri­ta­ris­mo, no ire­mos por buen camino. Nece­si­ta­mos abrir la dis­cu­sión, la refle­xión y pen­sar un poco más diversamente.

No es acep­ta­ble vacu­nar masi­va­men­te a les niñes”

-Hay vacu­nas que se están apli­can­do que son de ADN vec­to­ri­za­do, como Astra­Ze­ne­ca, Jans­sen, Sput­nik y Can­sino. ¿Qué son estas vacu­nas? ¿Qué mate­rial gené­ti­co usan?

-Tam­bién están la de Pfi­zer, la de Moder­na, son muchas, alre­de­dor de diez que están en este momen­to auto­ri­za­das. Tie­nen auto­ri­za­cio­nes que son de emer­gen­cia. En reali­dad nin­gu­na vacu­na en este momen­to está apro­ba­da. Por­que nin­gu­na ha cum­pli­do con todos los requi­si­tos que se deman­dan para una vacu­na. El desa­rro­llo de una vacu­na requie­re en pro­me­dio de 15 años. Hay vacu­nas que han tar­da­do 30 años en apro­bar­se. La que menos tar­dó fue sie­te años. Enton­ces esta­mos ante un esce­na­rio total­men­te nove­do­so, don­de estas vacu­nas que están pro­vi­sio­nal­men­te apro­ba­das, no han con­clui­do la fase 3: es decir, la apli­ca­ción en amplias pobla­cio­nes y la eva­lua­ción tan­to de la efec­ti­vi­dad como de la segu­ri­dad en el mediano y en el lar­go pla­zo. Hay que ser cla­ros, las vacu­nas, por ejem­plo de Pfi­zer, Moder­na y Astra­Ze­ne­ca, no han con­clui­do la fase de apro­ba­ción, lo que han publi­ca­do, cuan­do lo han publi­ca­do, son resul­ta­dos pre­li­mi­na­res. Tene­mos que saber esto. Cuan­do se sale a decir de mane­ra dog­má­ti­ca: «Las vacu­nas son segu­ras», como están dicien­do muchas voces, se está sien­do irres­pon­sa­ble, impre­ci­so y se está enga­ñan­do a la opi­nión públi­ca. Por­que esto no está com­ple­ta­men­te demostrado.

-¿Cuál es la dife­ren­cia con otras vacunas?

-Tra­di­cio­nal­men­te las vacu­nas con las que con­ta­mos se basan en tec­no­lo­gías que tie­nen muchos años de prue­ba, que usan el virus, o la bac­te­ria, el agen­te pató­geno, inac­ti­va­do o ate­nua­do (baján­do­le la viru­len­cia). Las vacu­nas bus­can ense­ñar­le al sis­te­ma inmu­no­ló­gi­co cómo defen­der­se de un pató­geno si se enfren­ta a él. En ese sen­ti­do, estos dos tipos de vacu­na son los más fre­cuen­tes. Pero tam­bién hay vacu­nas, pro­ba­das, que toman una par­te del virus, una pro­teí­na, y enfren­tan al sis­te­ma inmu­no­ló­gi­co con esa pro­teí­na para que lue­go lo reco­noz­ca. Estas son las pla­ta­for­mas tra­di­cio­na­les de las vacu­nas que les damos a nues­tros hijos. Yo ten­go tres hijos y los he vacu­na­dos con todo el plan de vacu­na­ción. De nin­gu­na mane­ra soy anti­va­cu­na. Creo que las vacu­nas son un recur­so impor­tan­te para la pre­ser­va­ción de la salud colec­ti­va. Pero en este momen­to hay nue­vas pla­ta­for­mas tec­no­ló­gi­cas, que están usan­do las gran­des far­ma­céu­ti­cas para fabri­car vacu­nas más rápi­do y más bara­to, con bio­tec­no­lo­gía: no usan el virus ate­nua­do o inac­ti­va­do, ni par­tes del virus, usan áci­dos nuclei­cos, es decir, infor­ma­ción gené­ti­ca, del virus: ARN o ADN. La de Pfi­zer, por ejem­plo, usa ARN; las vec­to­ri­za­das, como la de Astra­Ze­ne­ca, o la Sput­nik, usan ADN. Tie­nen bas­tan­tes dife­ren­cias entre sí, podría­mos expli­car­lo con mucho más deta­lle, pero lo impor­tan­te a seña­lar es que lo que hacen es indu­cir a nues­tras pro­pias célu­las, a fabri­car pro­teí­nas que son del virus. Y de esa mane­ra la célu­la lo expo­ne en su mem­bra­na y hace que el sis­te­ma inmu­no­ló­gi­co lo reco­noz­ca y reaccione.

-¿Cuál es el peli­gro de eso?

-Hay muchos ries­gos seña­la­dos por muchas publi­ca­cio­nes, y sobre todo mucha incer­ti­dum­bre, más allá de los ries­gos repor­ta­dos, sobre qué le pasa a nues­tro orga­nis­mo cuan­do le esta­mos incor­po­ran­do infor­ma­ción gené­ti­ca de un virus, y ponien­do a tra­ba­jar a nues­tras célu­las fabri­can­do esas pro­teí­nas. ¿En qué momen­to se detie­ne ese pro­ce­so? ¿Se detie­ne? La infor­ma­ción ofi­cial es que sí, que se detie­ne, que la vida media de ese ARN es cor­ta, o que ese ADN no se inte­gra al ADN de nues­tra célu­la. Pero no hay cer­te­za de eso. Y aun­que sea en muy baja pro­por­ción, eso pue­de ocu­rrir. Sabe­mos des­de la pers­pec­ti­va bio­ló­gi­ca que los sis­te­mas bio­ló­gi­cos son com­ple­jos y que esos meca­nis­mos no son com­ple­ta­men­te conocidos.

-Es decir que ¿se está usan­do una tec­no­lo­gía que des­co­no­ce la com­ple­ji­dad de nues­tro organismo?

-Efec­ti­va­men­te. Esa es la idea. La vacu­na que es dife­ren­te, con tec­no­lo­gía con­ven­cio­nal es la de Sinopharm (Chi­na). En caso de vacu­nar­me, lo haría con esa vacu­na. No todas las vacu­nas invo­lu­cran los mis­mos riesgos.

-¿Hay ante­ce­den­tes de vacu­nas apli­ca­das con este nue­vo tipo de tecnología?

-NO, ni de ADN ni de ARN. Nin­gu­na de esas dos tec­no­lo­gías ha sido apli­ca­da en vacu­nas; solo en expe­ri­men­ta­les. Hay una vacu­na con­tra el ébo­la que fue desa­rro­lla­da así, pero no fue apli­ca­da amplia­men­te, ni está cla­ra­men­te eva­lua­do su resul­ta­do. Y en cada caso pue­de ser dife­ren­te. Lo que quie­ro seña­lar es que este tipo de inter­ven­ción en nues­tro orga­nis­mo pue­de com­pro­me­ter a futu­ras gene­ra­cio­nes. De ahí tam­bién la irres­pon­sa­bi­li­dad de apli­car masi­va­men­te una herra­mien­ta con una tec­no­lo­gía que pue­de afec­tar la con­ti­nui­dad de nues­tra espe­cie en muchos sen­ti­dos.

-¿Este nivel de ries­go es tan­to para las vacu­nas que usan con ARN men­sa­je­ro, que no entra en el núcleo de nues­tras célu­las, como en las que emplean ADN?

-La vacu­na de Pfi­zer, por ejem­plo, tra­ba­ja en el cito­plas­ma de la célu­la, no en el núcleo. De todas mane­ras, hay muchos pro­ce­so epi­ge­né­ti­cos que pue­den estar afec­ta­dos por esto. No gené­ti­cos, pero sí epi­ge­né­ti­cos. Las vacu­nas que usan ADN, tan­to la de Astra­Ze­ne­ca como la Sput­nik, sí entra al núcleo. Se supo­ne que ese ADN que tie­ne el ade­no­vi­rus, no se va a inte­grar a nues­tro ADN. Pero se supo­ne, no hay cer­te­za de que en una peque­ña pro­por­ción esto no esté ocu­rrien­do. A lo lar­go de la evo­lu­ción, que es mi espe­cia­li­dad de estu­dio, la evo­lu­ción de la vida; hay muchí­si­mos pro­ce­sos que se expli­can de esa mane­ra: de inte­gra­ción de ADN, a tra­vés de virus, entre espe­cies. Enton­ces no sería para nada des­car­ta­ble ese riesgo.

-¿Cuál sería una polí­ti­ca públi­ca sensata?

-La idea de una vacu­na­ción masi­va, indis­cri­mi­na­da, me pare­ce que no es lo más con­ve­nien­te. En esta coyun­tu­ra hay que pen­sar qué vacu­nas son las más con­ve­nien­te, cuá­les no. Y, por otro lado, pre­gun­tar­se a quién hay que vacu­nar; qui­zá no a todos, sino prin­ci­pal­men­te a los gru­pos de ries­go, por enfer­me­da­des pre­exis­ten­tes o por edad. Y, por otro lado, con­si­de­rar la his­to­ria clí­ni­ca de las per­so­nas, con­sul­tar a sus médi­cos de cabe­ce­ra. Hay que acla­rar que en las prue­bas que se han hecho en fase 3 se ha exclui­do a muchas pato­lo­gías para que la mues­tra sea lim­pia. Enton­ces, per­so­nas inmu­no­de­pri­mi­das, per­so­nas con HIV, per­so­nas emba­ra­za­das, enfer­me­da­des auto­in­mu­nes, lac­tan­tes; no han sido inclui­das en las mues­tras, por lo cual no sabe­mos que efec­tos pue­den tener las vacu­nas sobre estas per­so­nas. Así que esto hay que dis­cu­tir­lo cada uno con su médico.

-Se pue­de cri­ti­car o deba­tir las vacu­nas, pero se corre el ries­go de la descalificación.

-Es cla­ro que esta­mos en una pan­de­mia, que afec­ta a toda la huma­ni­dad, y la evo­lu­ción del virus tie­ne que ver tam­bién con la apa­ri­ción de nue­vas cepas, más agre­si­vas. Dicho esto, en una pos­tu­ra crí­ti­ca pue­de haber muchas varian­tes y muchos mati­ces. Creo que debe­mos abrir la dis­cu­sión lo más amplia posi­ble, a las dife­ren­tes pos­tu­ras, para enten­der dón­de esta­mos para­dos y hacia dón­de vamos.

-¿Tie­ne fami­lia­res adul­tos-mayo­res? ¿Les reco­mien­da vacunarse?

-Ten­go una mamá de 88 años que esta­ba ence­rra­da des­de que comen­zó la pan­de­mia y esta­ba ate­rro­ri­za­da. Yo la acom­pa­ñé a dar­se la vacu­na. La lle­vé y en ese momen­to nos ente­ra­mos que era una vacu­na de la India, simi­lar a la de Astra­Ze­ne­ca, y ella tuvo que fir­mar un con­sen­ti­mien­to infor­ma­do don­de decía que no era alér­gi­ca a nin­guno de los com­po­nen­tes de la vacu­nas… lo cual es un dis­pa­ra­te por­que ni siquie­ra sabe­mos qué com­po­nen­tes tenía esa vacu­na. Por el deseo de mi mamá, y que pier­da el mie­do, la lle­vé a vacu­nar­se. Lle­na de con­tra­dic­cio­nes, como es esta situa­ción, como son estos tiempos.

-¿Qué opi­na de la vacu­na­ción a niños?

-Me pare­ce impor­tan­te con­si­de­rar cuá­les son los gru­pos eta­rios en los que la rela­ción riesgo/​beneficio jus­ti­fi­ca el uso de las vacu­nas. Creo que en este caso, res­pec­to a les niñes, no resul­ta acep­ta­ble vacu­nar­los masi­va­men­te cuan­do se ha vis­to que el ries­go que corren de enfer­mar gra­ve­men­te o de morir es real­men­te bají­si­mo, ya que en la gran mayo­ría de los casos esta enfer­me­dad en niñes trans­cu­rre asin­to­má­ti­ca o con sín­to­mas muy leves. Se tra­ta­ría de eva­luar en cada caso par­ti­cu­lar, por gru­po eta­rio o como en el caso de las emba­ra­za­das, la rela­ción entre ries­go y bene­fi­cio a la hora de tomar una deci­sión sani­ta­ria sobre la vacu­na­ción de estos grupos.

Fuen­te: ANRed­Fo­to: Nico­lás Di Marco.

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