Bra­sil. ¿Los mili­ta­res están aquí para que­dar­se o esta­lla­rá la lucha de clases?

Por Eli­za­beth Yang, Thia­go Fla­mé | Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 12 de abril de 2021.

Fuen­tes: Izquier­da Dia­rio [Ima­gen: Bol­so­na­ro jun­to al gene­ral Villas Bôas, en un acto con mili­ta­res. Cré­di­tos: Mar­cos Corrêa/​PR. Fotos Públicas]

La recien­te explo­sión de masas con­tra el gobierno dere­chis­ta de Para­guay mues­tra un camino posi­ble para la catas­tró­fi­ca cri­sis gene­ra­da por Bol­so­na­ro y el régi­men gol­pis­ta vigen­te en Bra­sil. Pero esta no es la úni­ca perspectiva.

Como mues­tra la recien­te cele­bra­ción des­ca­ra­da del gol­pe mili­tar de 1964 por par­te de las Fuer­zas Arma­das y el gobierno sin mayo­res pro­tes­tas por par­te de los sec­to­res del régi­men que aho­ra se ponen la más­ca­ra de “demo­crá­ti­cos”, la ope­ra­ción en cur­so para pre­ser­var a los mili­ta­res de la catás­tro­fe que ayu­da­ron a crear, tie­ne por obje­ti­vo man­te­ner su rela­ción con la extre­ma dere­cha como una fuer­za con­di­cio­nan­te de cual­quier futu­ro gobierno, aún el de Lula. Si no esta­llan pro­ce­sos de lucha de cla­ses que sean no sola­men­te en con­tra del gobierno sino tam­bién en con­tra de la res­pon­sa­bi­li­dad de los mili­ta­res sobre el mis­mo (al con­tra­rio de lo que dice la des­ca­ra­da pro­pa­gan­da de los valo­res “demo­crá­ti­cos” de las FFAA) el régi­men gol­pis­ta se pre­pa­ra­rá para una “tran­si­ción” que le va a per­mi­tir man­te­ner lo esen­cial de su legado.

En la sema­na en que el núme­ro de muer­tos superó el pro­me­dio de tres mil por día, la diná­mi­ca de la cri­sis polí­ti­ca bra­si­le­ña tra­jo otro hecho ines­pe­ra­do. La des­ti­tu­ción del gene­ral Fer­nan­do Aze­ve­do del Minis­te­rio de Defen­sa y, acto segui­do, la renun­cia con­jun­ta de los coman­dan­tes del Ejér­ci­to, Arma­da y Fuer­za Aérea. Esta pri­me­ra cri­sis mili­tar en la admi­nis­tra­ción del ex capi­tán Bol­so­na­ro, expu­so su cre­cien­te des­gas­te y las ten­sio­nes y divi­sio­nes que atra­vie­san al gene­ra­la­to, los polí­ti­cos del cen­trão y las cla­ses domi­nan­tes. En la sema­na del 57 ani­ver­sa­rio del gol­pe mili­tar de 1964, se expu­so como nun­ca antes la cola­bo­ra­ción con los mili­ta­res de los prin­ci­pa­les medios de comu­ni­ca­ción opo­si­to­res a Bol­so­na­ro. Ya hay más de 6 mil ofi­cia­les en acti­vi­dad con car­gos en el gobierno fede­ral, con gene­ra­les diri­gien­do un ter­cio de las empre­sas esta­ta­les y los prin­ci­pa­les minis­te­rios, sien­do una reali­dad el regre­so de los mili­ta­res a la polí­ti­ca, con todas las con­tra­dic­cio­nes y peli­gros que esto impli­ca. Con casi total ausen­cia de pro­tes­tas por par­te de la opo­si­ción y el silen­cio de los prin­ci­pa­les medios de comu­ni­ca­ción, pasó des­aper­ci­bi­da la rei­vin­di­ca­ción del nue­vo minis­tro de Defen­sa, Bra­ga Net­to, del gol­pe de 1964, con un con­te­ni­do simi­lar a la nota emi­ti­da el año pasa­do por el minis­tro des­ti­tui­do, reafir­man­do que el auto­ri­ta­ris­mo rei­vin­di­ca­do por el gobierno y los mili­ta­res ya se ins­ta­ló como una “cul­tu­ra”, acep­ta­da por todo el espec­tro opo­si­tor anti-bol­so­na­ris­ta, que en for­ma des­fa­cha­ta­da se hace pasar por “ demo­crá­ti­co ”, a pesar de la par­ti­ci­pa­ción en el gol­pe institucional.

En su car­ta de renun­cia, el gene­ral Fer­nan­do Aze­ve­do afir­ma que “pre­ser­vó a las Fuer­zas Arma­das como ins­ti­tu­ción del esta­do”. Eso fue sufi­cien­te para que toda la pren­sa trans­for­ma­ra la fra­se en titu­la­res de los prin­ci­pa­les dia­rios, tra­tan­do de empa­que­tar con la ilu­sión de supues­tas tra­di­cio­nes “demo­crá­ti­cas” y “lega­lis­tas” de la mayo­ría del Alto Man­do, que esta­ría orga­ni­zan­do una rup­tu­ra con Bol­so­na­ro por­que quie­re mani­pu­lar al ejér­ci­to para bene­fi­cio de su gobierno.

Tras la incer­ti­dum­bre gene­ra­da por la des­ti­tu­ción con­jun­ta, sin pre­ce­den­tes, de los coman­dan­tes mili­ta­res, el dia­rio Folha de São Pau­lo, uno de los más impor­tan­tes del país y opo­si­tor a Bol­so­na­ro, ya publi­có dos artícu­los, uno a nom­bre de uno de sus prin­ci­pa­les colum­nis­tas, Helio Swartz, en el que defien­de abier­ta­men­te un gol­pe mili­tar para depo­ner al gobierno de Bol­so­na­ro. En la colum­na titu­la­da “¿Y si die­ran un gol­pe con­tra Bol­so­na­ro?” defien­de no un acuar­te­la­mien­to con tan­ques en las calles, sino un gol­pe blan­co, bajo pre­sión de los gene­ra­les para la renun­cia del pre­si­den­te. Folha de São Pau­lo, un dia­rio que dice ser demo­crá­ti­co, regre­sa a su hábi­tat natu­ral, el mis­mo que duran­te déca­das prohi­bió que la expre­sión “dic­ta­du­ra mili­tar” fue­ra uti­li­za­da por sus perio­dis­tas. Así, deja en cla­ro por qué fue uno de los pri­me­ros par­ti­da­rios de la Ope­ra­ción Lava Jato que dio lugar al auto­ri­ta­ris­mo del poder judi­cial y aplau­dió cada una de las medi­das ultra­neo­li­be­ra­les de Pau­lo Gue­des. Lo impor­tan­te es garan­ti­zar los intere­ses de las cla­ses domi­nan­tes, con el gobierno o el régi­men que sea más fun­cio­nal para esto.

El pro­pio Lula ha seña­la­do, de mane­ra sis­te­má­ti­ca en sus dis­cur­sos, que no ve nin­gún pro­ble­ma en que los gene­ra­les de reser­va ocu­pen car­gos de gobierno y que cuan­do él era pre­si­den­te su rela­ción con las Fuer­zas Arma­das era muy bue­na. Sus decla­ra­cio­nes son para su cam­pa­ña elec­to­ral del 2022, que pasa por la ausen­cia de opo­si­ción real a las refor­mas más reac­cio­na­rias, su insis­ten­cia en «per­do­nar» el gol­pe, y la com­ple­ta pará­li­sis de los sin­di­ca­tos lide­ra­dos por el PT ante los ata­ques que siguen avan­zan­do a toda máqui­na en medio de la cri­sis. Es noto­rio, que como par­te de estos movi­mien­tos y seña­les del PT, se sumen el acer­ca­mien­to con polí­ti­cos tuca­nos (PSDB) que al igual que Fer­nan­do Hen­ri­que Car­do­so, ya han decla­ra­do cíni­ca­men­te que se arre­pien­ten de haber apo­ya­do a Bol­so­na­ro en la segun­da vuel­ta en 2018.

Ante el debi­li­ta­mien­to del gobierno de Bol­so­na­ro, la esca­la­da de la pan­de­mia que superó inclu­so las som­brías pre­dic­cio­nes del gobierno fede­ral de que lle­ga­ría­mos en mar­zo con 3.000 muer­tos por día (el récord has­ta aho­ra ha sido de más de 3.800), el colap­so del sis­te­ma de salud a nivel nacio­nal, el temor de un colap­so del sis­te­ma fune­ra­rio en abril y el resur­gi­mien­to de la cri­sis eco­nó­mi­ca y el des­em­pleo, el “bona­par­tis­mo ins­ti­tu­cio­nal” teme que las pro­ba­bles explo­sio­nes socia­les y revuel­tas popu­la­res pue­dan ame­na­zar el tra­ba­jo eco­nó­mi­co del gol­pe ins­ti­tu­cio­nal y pon­ga en rie­go sus pro­pias cabe­zas. Como comen­ta­mos en un artícu­lo ante­rior, la reha­bi­li­ta­ción de Lula es par­te de una ope­ra­ción polí­ti­ca para una sali­da no trau­má­ti­ca de Bol­so­na­ro del poder, en el que se pre­ser­ven las medi­das eco­nó­mi­cas del gol­pe ins­ti­tu­cio­nal, así como el papel de ins­ti­tu­cio­nes no elec­tas por el voto como la Cor­te Supre­ma y los pro­pios gene­ra­les, que son cen­tra­les en el régi­men gol­pis­ta institucional.

Nin­gu­na de estas arti­cu­la­cio­nes hará retro­ce­der el tra­ba­jo hecho por el gol­pe ins­ti­tu­cio­nal, ni ten­drá el poder de hacer que vuel­van los mili­ta­res a los cuar­te­les. Ya sea con una nue­va vic­to­ria de Bol­so­na­ro en 2022, o con una vic­to­ria de Lula u otros opo­si­to­res, las fuer­zas arma­das habrán pre­ser­va­do, e inclu­so pro­fun­di­za­do, su papel de super­vi­sión sobre el régi­men polí­ti­co y el gobierno. La extre­ma dere­cha es una fuer­za social que no esta­rá des­ar­ti­cu­la­da elec­to­ral­men­te (sufi­cien­te evi­den­cia es el hecho de que, inclu­so en el apo­geo de su des­gas­te, Bol­so­na­ro con­ser­va una base dura de apo­yo del 25%) y segui­rá sien­do una fuer­za de opo­si­ción en caso de una derro­ta elec­to­ral, y los mili­ta­res man­ten­drán las posi­cio­nes que han con­quis­ta­do den­tro del esta­do y serán una fuer­za bona­par­tis­ta, apo­ya­da por esta base de extre­ma dere­cha, que pesa­rá sobre cual­quier gobierno elec­to. Por lo tan­to, solo una acción de las masas que hoy sufren la catás­tro­fe pan­dé­mi­ca suma­da a una cri­sis eco­nó­mi­ca y social sin pre­ce­den­tes, que apun­ta no solo con­tra Bol­so­na­ro, sino tam­bién con­tra los mili­ta­res, los gober­na­do­res, la Cor­te Supre­ma, el Con­gre­so, o sea, fren­te al con­jun­to de fuer­zas gol­pis­tas, pue­de impe­dir que las fuer­zas de extre­ma dere­cha y los mili­ta­res como su expre­sión esta­tal sigan deter­mi­nan­do el rum­bo del país.

Un Bol­so­na­ro aco­rra­la­do ensa­ya aven­tu­ras militares

No fue solo la des­ti­tu­ción de los coman­dan­tes mili­ta­res lo que mar­có la últi­ma sema­na de la polí­ti­ca bra­si­le­ña. Tam­bién hemos vis­to un inten­to del gobierno de Bol­so­na­ro de lle­var la dispu­ta polí­ti­ca al terreno direc­ta­men­te mili­tar, don­de cree que es más fuer­te. Fue en el esta­do de Bahía, gober­na­do por el PT, don­de el bol­so­na­ris­mo y sus par­ti­da­rios en las fuer­zas poli­cia­les inten­ta­ron pro­vo­car un motín poli­cial que lle­va­ría al ejér­ci­to a inter­ve­nir, como ya lo había hecho, con rela­ti­vo éxi­to, en Cea­rá antes del ini­cio de la pan­de­mia, en el epi­so­dio que ter­mi­nó con un sena­dor balea­do y un gene­ral actuan­do como media­dor entre el gobierno esta­tal opo­si­tor y los poli­cías amo­ti­na­dos de Bolsonaro.

Esta vez el inten­to tuvo obje­ti­vos más amplios. Bol­so­na­ro que­ría crear una situa­ción en la que la Poli­cía Mili­tar de Bahía se nega­ra a cum­plir con las órde­nes de ais­la­mien­to social y el toque de que­da dic­ta­das por el gobierno del Esta­do. En inter­net, los bol­so­na­ris­tas lla­ma­ron abier­ta­men­te a los poli­cías para que no cum­plie­ran las órde­nes de sus coman­dan­tes y el gobierno tra­tó de actuar bajo el ampa­ro de la Cor­te Supre­ma, que lega­li­zó la decla­ra­ción de esta­do de sitio o la defen­sa con­tra gober­na­do­res que decre­ten ais­la­mien­to obli­ga­to­rio. El epi­so­dio ter­mi­nó en un gran fra­ca­so, con un poli­cía amo­ti­na­do inter­cam­bian­do dis­pa­ros y sien­do ase­si­na­do por las tro­pas en ser­vi­cio de la Poli­cía Mili­tar bahia­na, que se mos­tra­ron (en el pasa­do) dis­pues­tas a ir a un motín por razo­nes sala­ria­les, pero no con­tra el ais­la­mien­to obligatorio.

Como una bes­tia aco­rra­la­da, Bol­so­na­ro inten­tó defen­der­se ata­can­do. Su situa­ción es de cre­cien­te des­gas­te, pero sigue sien­do dife­ren­te al nivel de ais­la­mien­to que alcan­za­ron Fer­nan­do Collor de Mello y Dil­ma antes de que­dar sepa­ra­dos del car­go. La car­ta de más de 500 eje­cu­ti­vos vin­cu­la­dos al mer­ca­do finan­cie­ro y la pre­sión empre­sa­rial para un cam­bio de rum­bo en la lucha con­tra la pan­de­mia suma­do a las adver­ten­cias de su alia­do en la pre­si­den­cia de la Cáma­ra de Dipu­tados pusie­ron al gobierno a la defen­si­va. Sin embar­go, inclu­so estos sec­to­res no avan­zan has­ta el pun­to de una rup­tu­ra abier­ta con el gobierno y una cam­pa­ña dis­rup­ti­va. Más bien, quie­ren qui­tar­le todo lo que pue­dan al gobierno de Bol­so­na­ro, que ya les ha dado la refor­ma de las jubi­la­cio­nes, la auto­no­mía del ban­co cen­tral, y toda­vía quie­ren que entre­gue más has­ta el final del man­da­to, como la pri­va­ti­za­ción de impor­tan­tes empre­sas de pro­pie­dad esta­tal. Para eso nece­si­tan que Bol­so­na­ro se dis­ci­pli­ne en el com­ba­te a la pan­de­mia, algo que el ex capi­tán se resis­te a hacer, pues sabe que la com­bi­na­ción de ata­ques eco­nó­mi­cos cada vez más pro­fun­dos y una con­duc­ción con­sen­sua­da de la pan­de­mia podría redu­cir en gran medi­da sus posi­bi­li­da­des con­tra Lula en 2022.

Ade­más de este sec­tor, que hoy repre­sen­ta a la mayo­ría de los empre­sa­rios y finan­cis­tas bra­si­le­ños, Bol­so­na­ro toda­vía encuen­tra un apo­yo más sóli­do en otros sec­to­res radi­ca­li­za­dos de la cla­se domi­nan­te, espe­cial­men­te en los empre­sa­rios de la soja, invo­lu­cra­dos en sus dispu­tas con la Cor­te Supre­ma, o en los sec­to­res extrac­ti­vis­tas que apo­yan fuer­te­men­te la polí­ti­ca de defo­res­ta­ción del Ama­zo­nas. La eco­no­mía bra­si­le­ña con­ti­núa hoy a dos velo­ci­da­des. En el Medio Oes­te y Nor­te del país, regio­nes domi­na­das por el cul­ti­vo de la soja y con­tro­la­das polí­ti­ca­men­te por los terra­te­nien­tes, el PBI cre­ció en 2020 inclu­so en medio de la cri­sis pan­dé­mi­ca, así como en el inte­rior don­de la agro­in­dus­tria tie­ne un peso eco­nó­mi­co deci­si­vo. Lo opues­to suce­dió en los gran­des cen­tros urba­nos, que caye­ron en la rece­sión. No es por casua­li­dad, que la mayor base de apo­yo a Bol­so­na­ro ven­ga de esas regio­nes del inte­rior, con peso de la agri­cul­tu­ra, mien­tras cae en las gran­des capi­ta­les, inclu­si­ve las de sur del país, don­de la base de extre­ma dere­cha del gobierno siem­pre fue muy fuerte.

Es esta cla­se terra­te­nien­te la que más abier­ta­men­te apo­ya la polí­ti­ca de arma­men­to civil de Bol­so­na­ro, para poder armar sus pro­pias mili­cias con­tra el movi­mien­to cam­pe­sino e indí­ge­na sin obs­tácu­los. Jun­to a los pas­to­res evan­gé­li­cos, que han amplia­do enor­me­men­te su poder en los últi­mos años, estos empre­sa­rios for­man una éli­te con pocas espe­ran­zas de impo­ner su pro­gra­ma y su hege­mo­nía por vía elec­to­ral y han sido una base sóli­da para todos los avan­ces bona­par­tis­tas y gol­pis­tas del gobierno.

Al final, a Bol­so­na­ro le salió el tiro por la cula­ta. No logró invo­lu­crar a las Fuer­zas Arma­das en su pro­vo­ca­ción en Bahía y el inten­to de lograr un mayor con­trol sobre los altos man­dos de las Fuer­zas Arma­das, que era el obje­ti­vo de la renun­cia del minis­tro de Defen­sa, se revir­tió en su con­tra­rio, con la des­ti­tu­ción de los coman­dan­tes mili­ta­res. El resul­ta­do de esta renun­cia colec­ti­va fue sepa­rar a las Fuer­zas Arma­das del gobierno y demos­trar que hay una mayo­ría entre los mili­ta­res en con­tra de la con­duc­ción que ha dado el gobierno de Bol­so­na­ro para com­ba­tir la pan­de­mia, y que no están dis­pues­tos a ir en con­tra de los gober­na­do­res en el tema del ais­la­mien­to obli­ga­to­rio. El sím­bo­lo de esto es la selec­ción del gene­ral Pau­lo Sér­gio como nue­vo coman­dan­te del ejér­ci­to, cer­cano los detrac­to­res Edson Pujol y Villas Boas, y que se opo­ne a las decla­ra­cio­nes nega­cio­nis­tas del gobierno en la pandemia.

La refor­ma minis­te­rial del gobierno, ade­más de los cam­bios en el Minis­te­rio de Defen­sa y este frus­tra­do inten­to de impo­ner más subor­di­na­ción a las Fuer­zas Arma­das, tam­bién tuvo otros tres com­po­nen­tes fun­da­men­ta­les. La sali­da del can­ci­ller, Ernes­to Araú­jo, que se expli­ca por la pre­sión direc­ta de la nue­va admi­nis­tra­ción de Biden, que ya había mos­tra­do varios indi­cios de que no acep­ta­ría a un juga­dor de Trump que apo­yó la acción sobre el capi­to­lio en el mis­nis­te­rio de rela­cio­nes exte­rio­res del prin­ci­pal país de Amé­ri­ca del Sur. Sin apo­yo entre la cla­se polí­ti­ca y nin­gún sec­tor empre­sa­rial del país, era un hecho que Araú­jo no se podría man­te­ner. El espa­cio del lla­ma­do cen­trao (un gru­po de par­ti­dos y polí­ti­cos de dere­cha que esta­ble­cen rela­cio­nes car­na­les y corrup­tas con los gobier­nos del turno) ha aumen­ta­do su peso, par­ti­cu­lar­men­te entre los alia­dos del pre­si­den­te de la Cáma­ra de Dipu­tados, Arthur Lira. El ter­cer ele­men­to fue que Bol­so­na­ro, a pesar de las enor­mes con­ce­sio­nes, for­ta­le­ció su con­trol sobre algu­nas car­te­ras cla­ve para hacer fac­ti­bles las aven­tu­ras mili­ta­res con­tra el encie­rro de los gober­na­dos, ade­más del Minis­te­rio de Defen­sa, se for­ta­le­ció en el Minis­te­rio de Jus­ti­cia y en la AGU (Fis­ca­lía Gene­ral de la Nación).

Las dispu­tas en los coman­dos militares

Des­de las pri­me­ras decla­ra­cio­nes públi­cas de los gene­ra­les en el lejano año 2017, hemos vis­to dos ten­den­cias en el Alto Man­do del Ejér­ci­to, tan­to gol­pis­tas como bona­par­tis­tas, pero que pare­cen dife­rir en cuan­to a cómo ope­rar. La pri­me­ra decla­ra­ción públi­ca de un gene­ral fue la de Hamil­ton Mou­rão, aho­ra vice­pre­si­den­te, en 2017, ame­na­zan­do con que si la Cor­te Supre­ma no saca­ba a los ele­men­tos corrup­tos de la vida públi­ca, el ejér­ci­to lo haría, y tam­bién dicien­do que esta opi­nión era com­par­ti­da por el Alto Man­do. Esto lle­vó al enton­ces coman­dan­te Villas Boas a hacer públi­co, “para acla­rar”, que los mili­ta­res res­pe­tan la cons­ti­tu­ción y que Mou­rão se refe­ría a las elec­cio­nes de 2018. En ese momen­to, el comu­ni­ca­do fue inter­pre­ta­do por la pren­sa como una mues­tra de la posi­ción lega­lis­ta del Alto Man­do, que resul­tó ser fal­sa en los años siguien­tes y con la pre­sión del pro­pio Villas Boas sobre el Supe­rior Tri­bu­nal Fede­ral para garan­ti­zar el encar­ce­la­mien­to de Lula en 2018.

Lo que se mos­tró en ese epi­so­dio no fue una dispu­ta entre lega­lis­tas y gol­pis­tas en las fuer­zas arma­das, sino una dife­ren­cia sobre el modus ope­ran­di de la tute­la mili­tar. Sec­to­res del Alto Man­do pre­fi­rie­ron una acti­tud más dis­cre­ta, que­dan­do como segun­do vio­lín del Lava Jato y el bona­par­tis­mo judi­cial. Otra ala repre­sen­ta­da por Mou­rão, bus­có un mayor papel direc­to de los mili­ta­res en la polí­ti­ca nacio­nal. Esta dife­ren­cia entre las for­mas de ejer­cer la tute­la mili­tar se ha expre­sa­do en varias cri­sis polí­ti­cas des­de enton­ces, pero siem­pre den­tro de un apa­ren­te con­sen­so en la cúpu­la mili­tar de que esta tute­la era nece­sa­ria. En estas dispu­tas, no hay un supues­to com­ba­te a la corrup­ción, del cual el Alto Man­do se aban­de­ra. Cada vez más per­so­nas ven la polí­ti­ca de rapi­ña de los mili­ta­res en el pre­su­pues­to nacio­nal. El ejér­ci­to ya se ha con­ver­ti­do en la mayor empre­sa con­tra­tis­ta emplea­da por el gobierno fede­ral, con­tro­lan­do miles de millo­nes del pre­su­pues­to, han sur­gi­do casos de Clo­ro­qui­na (medi­ca­men­to para tra­tar la mala­ria) sobre­fac­tu­ra­da, pro­du­ci­da por el pro­pio ejér­ci­to y otros peque­ños escán­da­los que mues­tran que des­de el gobierno de Fer­nan­do Hen­ri­que Car­do­so son garan­tes de gobier­nos corrup­tos y que aho­ra ellos mis­mos han deci­di­do ges­tio­nar los des­víos de los fon­dos públicos.

La diná­mi­ca de este pro­ce­so ha sido en gene­ral la siguien­te: los gene­ra­les más aven­tu­re­ros tra­tan de poner al con­jun­to de las Fuer­zas Arma­das ante hechos con­su­ma­dos que los obli­gan a inter­ve­nir. Así, Mou­rão obli­gó al coman­dan­te Villas Boas a hablar públi­ca­men­te cuan­do no que­ría. Lue­go, el gene­ral Ecthe­go­yen (gene­ral de una de las fami­lias más tra­di­cio­na­les del ejér­ci­to, his­tó­ri­ca­men­te vin­cu­la­da a los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia y tor­tu­ra, par­te de la línea dura duran­te la dic­ta­du­ra mili­tar) como minis­tro del gobierno de Temer arras­tró a una inter­ven­ción fede­ral en Río de Janei­ro, un expe­ri­men­to al que Villas Boas se había opues­to públi­ca­men­te meses antes en entre­vis­tas en los medios. Como sabe­mos, Bol­so­na­ro no fue el can­di­da­to pre­fe­ri­do del Alto Man­do des­de un prin­ci­pio. Adhi­rie­ron de con­jun­to cuan­do se con­vir­tió en el can­di­da­to favo­ri­to, pero fue solo ante la sali­da de Ser­gio Moro del gobierno, los dis­tur­bios poli­cia­les, la pan­de­mia y más en con­jun­to con el debi­li­ta­mien­to suce­si­vo del gobierno, que los gene­ra­les acti­vos toma­ron cada vez mayor res­pon­sa­bi­li­dad en pues­tos cla­ve como el de Jefe de Gabi­ne­te, la arti­cu­la­ción con el Con­gre­so, el Minis­te­rio de Salud, Petro­brás, etc. A pesar de la derro­ta sufri­da por Bol­so­na­ro en su últi­mo inten­to de subor­di­na­ción aún mayor, espe­cial­men­te en lo que res­pec­ta al desa­rro­llo de la pan­de­mia, este nivel de com­pro­mi­so con el gobierno se man­tie­ne firme.

Tam­bién es fun­da­men­tal com­pren­der los vai­ve­nes del Alto Man­do, las con­tra­dic­cio­nes que reco­rren las bases de las Fuer­zas Arma­das. El apo­yo que tie­ne el bol­so­na­ris­mo en los ran­gos medios y bajos es y siem­pre ha sido mayor que la sim­pa­tía que sus­ci­ta en el Alto Man­do, así como es más popu­lar en el Ejér­ci­to que en la Arma­da y la Fuer­za Aérea (que fue­ron mucho más bene­fi­cia­dos por el lulis­mo y con­tra el cual, en par­te, se vol­vió hacia el pro­pio Lava Jato). Es posi­ble que la recien­te ofen­si­va de Bol­so­na­ro para impo­ner una mayor subor­di­na­ción tuvie­ra como obje­ti­vo ale­jar a sec­to­res de la cúpu­la más resis­ten­tes y pro­mo­ver otros más ali­nea­dos. Sin embar­go, su derro­ta tam­bién pue­de ser sín­to­ma del males­tar con el gobierno entre los sol­da­dos, cabos y sar­gen­tos, que esta­ban moles­tos por la refor­ma de las jubi­la­cio­nes de los mili­ta­res que incluía aumen­tos de suel­dos de has­ta el 50% para los gene­ra­les y recor­tes de suel­dos para los sol­da­dos reti­ra­dos de bajo rango.

La toma de pose­sión de la nue­va admi­nis­tra­ción de Biden tam­bién ha sido un fac­tor que pre­sio­na a los mili­ta­res, que tie­nen mil y un víncu­los con el esta­do pro­fun­do nor­te­ame­ri­cano para bus­car un nue­vo reaco­mo­da­mien­to. Aún no está cla­ro qué polí­ti­ca ten­drá Biden para Bol­so­na­ro, por­que pesa mucho que en Bra­sil haya un pre­si­den­te abier­ta­men­te alia­do a Trump y las dispu­tas rela­cio­na­das con la agro­in­dus­tria, que son la base de las pre­sio­nes «ambien­ta­lis­tas» de Esta­dos Uni­dos sobre Bra­sil. Tam­bién es inne­ga­ble que el ali­nea­mien­to de Bol­so­na­ro con EE. UU. en la dispu­ta con Chi­na, ten­ga peso en el sen­ti­do de encon­trar algu­na for­ma de con­vi­ven­cia, don­de la tute­la mili­tar podría jugar un papel esta­bi­li­za­dor clave.

Solo la acción de masas pue­de rever­tir las derro­tas del golpe

El gol­pe ins­ti­tu­cio­nal sir­vió para impul­sar refor­mas estra­té­gi­cas a favor de la bur­gue­sía para alcan­zar mayo­res nive­les de explo­ta­ción. La Pro­pues­ta de Enmien­da Cons­ti­tu­cio­nal (PEC) sobre los gas­tos con­ge­ló el gas­to social duran­te dos déca­das. La Refor­ma Labo­ral que fue apro­ba­da en 2017 por el gobierno de Temer, dejó más del 40% de tra­ba­ja­do­res en el sec­tor infor­mal, e inclu­so per­mi­tió la pre­ca­ri­za­ción lla­ma­da “ube­ri­za­ción del tra­ba­jo”; La Refor­ma de la Segu­ri­dad Social y los ata­ques a los ser­vi­do­res públi­cos son todos con­tra los tra­ba­ja­do­res y las masas popu­la­res. Las pri­va­ti­za­cio­nes de filia­les de Petro­brás, aero­puer­tos, ter­mi­na­les por­tua­rias y otras que aún se encuen­tran en la lis­ta también.

Lula y el PT con su pro­pues­ta pro­gra­má­ti­ca “¡Defen­der la vida es derro­tar a Bol­so­na­ro!”, denun­cia las refor­mas como un dis­cur­so neo­li­be­ral fra­ca­sa­do. Pero en nin­gún momen­to plan­tea la nece­si­dad de rever­tir estos ata­ques. Ni siquie­ra lla­ma a orga­ni­zar la lucha de los tra­ba­ja­do­res y las masas para derro­car a Bol­so­na­ro e impo­ner un pro­gra­ma obre­ro y popu­lar para enfren­tar la pan­de­mia. La úni­ca for­ma, para Lula y el PT, serían las elec­cio­nes de 2022 o el lar­go pro­ce­so de jui­cio polí­ti­co (impeach­ment). Todo sería pac­ta­do con las fuer­zas polí­ti­cas, judi­cia­les y mili­ta­res que for­ma­ron par­te del gol­pe, para que nada se esca­pe a los cau­ces ins­ti­tu­cio­na­les del régi­men golpista.

Enton­ces, es nece­sa­rio hacer­se una pre­gun­ta. ¿Es posi­ble rever­tir las derro­tas por la vía pací­fi­ca de las elec­cio­nes, sin impo­ner una nue­va rela­ción de fuer­zas con la lucha de clases?

Inclu­so hoy, hay leyes de la dic­ta­du­ra mili­tar que toda­vía tie­nen vigen­cia en Bra­sil. La Ley de Amnis­tía de 1979, es con­si­de­ra­da por el Sena­do actual como la tran­si­ción a la demo­cra­cia, pero en reali­dad es la que garan­ti­za la impu­ni­dad a los tor­tu­ra­do­res de la dic­ta­du­ra. El artícu­lo 142 de la Cons­ti­tu­ción de 1988 ase­gu­ra a las Fuer­zas Arma­das el papel de garan­te del orden interno, dis­po­si­ti­vo abier­ta­men­te gol­pis­ta inser­ta­do en la Cons­ti­tu­ción. La Ley de Segu­ri­dad Nacio­nal (LSN) redac­ta­da duran­te la dic­ta­du­ra, de hecho sir­ve para tra­tar como delin­cuen­tes a los opo­si­to­res y como deli­to a las dife­ren­cias polí­ti­cas, y fue muy uti­li­za­da en el últi­mo tiem­po por Bol­so­na­ro y el STF (Supre­mo Tri­bu­nal Fede­ral). Todo el apa­ra­to del SNI (Sis­te­ma Nacio­nal de Infor­ma­ción), el ser­vi­cio de espio­na­je polí­ti­co de la dic­ta­du­ra, se man­tu­vo bajo un nue­vo nom­bre, “Abin” y hoy está coman­da­do por el gene­ral Heleno.

En el caso de Chi­le, la tran­si­ción a la demo­cra­cia se pro­du­jo a par­tir de un refe­rén­dum para deci­dir si Augus­to Pino­chet per­ma­ne­ce­ría en el poder por diez años más. Del 83 al 86 hubo movi­li­za­cio­nes y huel­gas impor­tan­tes con­tra la dic­ta­du­ra, pero entre derro­tas y des­víos la bur­gue­sía logró una sali­da ins­ti­tu­cio­nal media­da por aquel ple­bis­ci­to de 1988 (que a pesar de la derro­ta de Pino­chet lega­li­zó toda la «obra» de la dic­ta­du­ra). Así logra­ron impo­ner el neo­li­be­ra­lis­mo que recién fue sacu­di­do por la lucha en las calles de las suce­si­vas movi­li­za­cio­nes de masas que se vie­nen dan­do en Chi­le solo en los últi­mos años.

El régi­men chi­leno sali­do de la dic­ta­du­ra fue lla­ma­do por muchos mar­xis­tas como «demo­cra­cia blin­da­da». Pino­chet per­ma­ne­ció sien­do coman­dan­te del ejér­ci­to has­ta 1998, y lue­go como sena­dor vitalicio.

Trotsky dis­cu­tió en “¿Adón­de va Fran­cia?” en 1936, que “La tesis mar­xis­ta gene­ral, según la cual las refor­mas socia­les no son más que los sub­pro­duc­tos de la lucha revo­lu­cio­na­ria, revis­te una impor­tan­cia can­den­te e inme­dia­ta en la épo­ca de la decli­na­ción capi­ta­lis­ta. Los capi­ta­lis­tas no pue­den ceder algo a los obre­ros más que cuan­do están ame­na­za­dos por el peli­gro de per­der­lo todo” [1].

Por lo tan­to, pen­sar que con el regre­so de Lula a la pre­si­den­cia en 2022 se garan­ti­za­rá la rever­sión de las derro­tas en las refor­mas labo­ra­les es un error. Las vías ins­ti­tu­cio­na­les de la demo­cra­cia están al ser­vi­cio de man­te­ner el domi­nio de la bur­gue­sía y los avan­ces que esta logra en la explo­ta­ción del tra­ba­jo. Solo como sub­pro­duc­to de las luchas radi­ca­li­za­das es posi­ble, de mane­ra más o menos esta­ble, rever­tir las derro­tas y recu­pe­rar los dere­chos de las masas. Todo el mie­do de los gol­pis­tas que los lle­vó a reha­bi­li­tar a Lula demues­tra que esta pers­pec­ti­va de lucha es posible.

Nota

[1] León Trotsky, ¿Adón­de va Fran­cia? Dia­rio del exi­lio, Obras Esco­gi­das 5, CEIP “León Trotsky”, pági­na 85.

Fuen­te: Rebelión

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