Méxi­co. El cara­col y el ara­do: a dos déca­das de la mar­cha que remo­vió todo

Por San­dra Suas­te. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 12 de mar­zo de 2021.

Esta ima­gen pen­sa­da por el Sub­co­man­dan­te Mar­cos nos ofre­ce una remem­bran­za del tama­ño, la diver­si­dad de colo­res, el tono y el sen­ti­mien­to que pro­vo­có hace dos déca­das el arri­bo del Ejér­ci­to Zapa­tis­ta de Libe­ra­ción Nacio­nal y el Con­gre­so Nacio­nal Indí­ge­na a la capi­tal del país como par­te de la Mar­cha del Color de la Tie­rra. El Zóca­lo de la ciu­dad de Méxi­co se puso un som­bre­ro maya-tsotsil el domin­go 11 de mar­zo de 2001.

Esta movi­li­za­ción fue uno de los pro­ce­sos orga­ni­za­ti­vos más com­ple­jos e impor­tan­tes en la his­to­ria recien­te de Méxi­co. En el momen­to cli­má­ti­co que fue la con­cen­tra­ción del Zóca­lo, la mar­cha con­vo­có a cien­tos de miles de per­so­nas para dar la bien­ve­ni­da a la comi­ti­va rebel­de y a repre­sen­tan­tes de pue­blos de todo el país.

Si bien el zapa­tis­mo ya había sali­do de Chia­pas (la coman­dan­ta Ramo­na rom­pió en octu­bre de 1996 el cer­co mili­tar impues­to por el gobierno sobre el zapa­tis­mo, y la mar­cha de los 1111 zapa­tis­tas en sep­tiem­bre de 1997), en la Mar­cha del Color de la Tie­rra via­ja­ron por vez pri­me­ra varios inte­gran­tes de la coman­dan­cia zapa­tis­ta (inclui­do Mar­cos) fue­ra de terri­to­rio rebelde.

Tam­bién fue la pri­me­ra vez que los pue­blos orga­ni­za­dos como CNI les reci­bie­ron y acom­pa­ña­ron masivamente.

De acuer­do con la entre­vis­ta que el Sub­co­man­dan­te dio al cineas­ta Fer­nan­do León de Ara­noa para el docu­men­tal Cami­nan­tes (2001), la tam­bién lla­ma­da Mar­cha de la Dig­ni­dad Indí­ge­na tenía una meta específica:

“Que­re­mos que todas las fuer­zas que se logren con­jun­tar vaya a un solo obje­ti­vo y que ese obje­ti­vo sea con­se­gui­ble: el reco­no­ci­mien­to cons­ti­tu­cio­nal de los dere­chos y la cul­tu­ra indígena.”

Así que la movi­li­za­ción inter­pe­la­ba al Esta­do mexi­cano y en par­ti­cu­lar a sus legis­la­do­res para que cum­plie­ran con los acuer­dos de San Andrés en lo gene­ral y la Ley de la Comi­sión Bica­ma­ral de Con­cor­dia y Paci­fi­ca­ción (Coco­pa) en lo par­ti­cu­lar. Ésto para garan­ti­zar el dere­cho a la libre deter­mi­na­ción de los pue­blos en mate­ria cul­tu­ral, terri­to­rial, legal y for­mas de gobierno propio.

Sin embar­go, el perio­dis­ta Luis Her­nán­dez Nava­rro dice en entre­vis­ta que, a ras de tie­rra, la mar­cha “logró poner en el cen­tro de nue­vo la cues­tión indí­ge­na y mos­tró una enor­me capa­ci­dad de movi­li­za­ción de masas”.

De acuer­do con el tes­ti­mo­nio de Mar­cos en Cami­nan­tes, este esfuer­zo logró ade­más un con­sen­so entre la pobla­ción: la jus­ti­cia de la deman­da de los pue­blos y que el cam­bio de siglo era el momen­to indi­ca­do para que fue­ra resuelta.

La reso­nan­cia del even­to fue inter­na­cio­nal. Den­tro de las miles de per­so­nas pre­sen­tes esta­ban, por ejem­plo, los Nobel de lite­ra­tu­ra José Sara­ma­go, Gabriel Gar­cía Már­quez, el soció­lo­go fran­cés Alain Tou­rai­ne y la polí­ti­ca pro­gre­sis­ta fran­ce­sa Danie­lle Mit­te­rrand. Medios de todo el mun­do cubrie­ron el acontecimiento.

Foto­gra­fía: Luis Suaste

En el infor­me que la repre­sen­ta­ción zapa­tis­ta dio ante sus comu­ni­da­des en Oven­tic el 2 de abril, ya ter­mi­na­da la movi­li­za­ción, Mar­cos deta­lla que en 37 días reco­rrie­ron 6000 kiló­me­tros, rea­li­za­ron 77 actos públi­cos: “don­de lle­va­mos 7 veces 7 tu pala­bra para que fue­ra escuchada”.

A sie­te años de su alza­mien­to arma­do, el EZLN y el CNI logra­ba remo­ver el país y abrir por fin la posi­bi­li­dad de sal­dar la deu­da del país con los pueblos.

La ruta del caracol

La movi­li­za­ción zapa­tis­ta fue anun­cia­da en diciem­bre del 2000, jus­to cuan­do asu­mió la pre­si­den­cia la derecha.

Y le tomó la pala­bra a Vicen­te Fox, quien en cam­pa­ña decía que en 15 minu­tos resol­ve­ría el con­flic­to en Chia­pas, para que abrie­ra una ruta para el cum­pli­mien­to de los acuerdos.

“El zapa­tis­mo tenía el cora­zón y la pala­bra para salir pero no tenía el vehícu­lo”, diría Mar­cos en Cami­nan­tes. Ese vehícu­lo fue­ron El Con­gre­so Nacio­nal Indí­ge­na y la socie­dad civil.

Fue así que el zapa­tis­mo tra­zó la ruta: la hue­lla que deja­ron a su paso emu­la­ba a un cara­col que par­tió des­de los aguas­ca­lien­tes zapa­tis­tas hacia San Cris­tó­bal de las Casas. De ahí, siguie­ron una ruta que hizo una bre­ve para­da en Tuxtla Gutiérrez.

Pos­te­rior­men­te se aden­tra­ron en el esta­do de Oaxa­ca: para­ron en La Ven­to­sa y en la ciu­dad ist­me­ña de Juchi­tán; lue­go sobre la capi­tal. Pos­te­rior­men­te via­ja­ron a la ciu­dad de Ori­za­ba en Vera­cruz. A Tehua­cán en Pue­bla y a la capi­tal de este estado.

En Tlax­ca­la visi­ta­ron la capi­tal y Tepa­te­pec. Avan­za­ron hacia Acto­pan y Pachu­ca en el esta­do de Hidal­go. Pos­te­rior­men­te a Que­ré­ta­ro y de ahí al muni­ci­pio gua­na­jua­ten­se de Acám­ba­ro y lue­go a Nurío, Michoa­cán. Pos­te­rior­men­te al cen­tro cere­mo­nial oto­mí de Temoa­ya y a Tolu­ca, en el Esta­do de Méxi­co, y lue­go baja­ron a la región del vie­jo zapa­tis­mo, More­los, don­de rea­li­za­ron míti­nes en Cuer­na­va­ca, Tepoztlán. Lue­go via­ja­ron a Igua­la, Gue­rre­ro, pos­te­rior­men­te regre­sa­ron a More­los por Cuautla y tra­za­ron la ruta de entra­da a la capi­tal: par­tie­ron de Ane­ne­cuil­co para diri­gir­se al sur de la ciu­dad y lle­gar por Mil­pa Alta para des­pués pisar Xochimilco.

En tér­mi­nos mili­ta­res «rodear» sig­ni­fi­ca lle­var ven­ta­ja al enemi­go. Pero el cami­nar zapa­tis­ta no sólo tuvo como obje­ti­vo exi­gir los dere­chos ante el gobierno fede­ral y, de algu­na mane­ra, cim­brar­lo. Esa figu­ra en espi­ral sig­ni­fi­có escu­char, reco­ger y lle­var las voces de los pue­blos indí­ge­nas has­ta ese gran tem­ple­te. La ruta del cara­col era una dua­li­dad y tenía como cora­zón el Zóca­lo de la Ciu­dad de México.Reproductor de vídeo

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Mapa: Miguel Ángel Suaste

El ara­do

“A dife­ren­cia de un auto­mó­vil, o de un avión o una lan­cha, el vehícu­lo con el que el zapa­tis­mo se mue­ve seme­ja más bien un ara­do. No sólo va avan­zan­do sino que va levan­tan­do la tie­rra y va des­en­te­rran­do cosas que apa­ren­te­men­te esta­ban muer­tas o esta­ban sepul­ta­das” dice Mar­cos en Cami­nan­tes.

Para pue­blos, ciu­da­des, uni­ver­si­da­des, reci­bir a la dele­ga­ción zapa­tis­ta impli­có días ente­ros de tra­ba­jo logís­ti­co, comu­ni­ca­ti­vo que osci­la­ba entre ela­bo­rar comi­da y lle­var a cabo even­tos públicos.

El acier­to de Cami­nan­tes, el docu­men­tal, que se sitúa en el pue­blo p’urhépecha de Nurío, fue mos­trar éste pro­ce­so. Ahí vemos cómo en la comu­ni­dad vocean y orga­ni­zan la fae­na para armar el tem­ple­te, los ensa­yos del acto cul­tu­ral de niñas y niños, la pre­pa­ra­ción de la música.

Foto­gra­fía: Luis Suaste

«Si el dolor nos unió. Si nos une la espe­ran­za. Nada ten­drá sen­ti­do si no nos une el maña­na» dijo la dele­ga­ción zapa­tis­ta duran­te el Ter­cer Con­gre­so Nacio­nal Indí­ge­na rea­li­za­do ahí en Nurío con la pre­sen­cia de 44 pueblos.

“Es la hora de la pala­bra. Guar­da enton­ces el mache­te, sigue afi­lan­do la espe­ran­za. Sie­te veces vis­te el color de la tie­rra y sie­te veces vela la pala­bra. Por­que ya vie­ne el sie­te y el sie­te es cara­col para quien lo sien­te fuer­te. Por­que ya vie­ne la espi­ral que pue­de ser camino hacia den­tro o hacia fue­ra ruta y esperanza.”

En Cami­nan­tes, Mar­cos dice: “Nues­tra idea era que salía el EZLN y en este tra­yec­to iba suman­do fuer­zas. Lle­gá­ba­mos a la ciu­dad de Méxi­co con un gran fren­te de fuer­zas indí­ge­nas que plan­tea­ban sus deman­das al gobierno. Y lo que fue ocu­rrien­do es que esas fuer­zas indí­ge­nas en muchos casos fue­ron dele­gan­do en el EZLN su representación.”

Ahí expli­ca que el zapa­tis­mo tuvo que crear las con­di­cio­nes para la sali­da y tam­bién el sig­ni­fi­ca­do de la mar­cha del zapa­tis­mo en un terri­to­rio como el mexi­cano, tan lastimado.

El zapa­tis­mo vol­vió a su terri­to­rio a espe­rar la res­pues­ta guber­na­men­tal. A cam­bio, en menos de un mes, los legis­la­do­res, enca­be­za­dos por el priis­ta Manuel Bartlett, el perre­dis­ta Jesús Orte­ga y el panis­ta Die­go Fer­nán­dez de Ceva­llos apro­ba­ron una ley-simulación.

Foto­gra­fía: Luis Suaste

Ciu­dad de Méxi­co: ¡Lle­ga­mos!

La noche antes de la gran con­cen­tra­ción del Zóca­lo, algu­nas per­so­nas per­noc­ta­ron en el lugar para reci­bir al zapa­tis­mo y entre­gar­les “las lla­ves de la ciudad”.

Al otro día, la coman­dan­cia arri­bó en un trai­ler del que col­ga­ba una man­ta con la leyen­da «Nun­ca más un Méxi­co sin noso­tros». El Méxi­co de aba­jo abrió la bre­cha para que pasa­ran. Como en un gran ara­do, se pre­pa­ró la tie­rra para que la pala­bra emer­gie­ra. Para que los pue­blos se nom­bra­ran uno a uno has­ta retum­bar en Pala­cio Nacio­nal y en las calles aledañas.

***

Domin­go 11 de mar­zo. 2001

«Ciu­dad de Méxi­co. Lle­ga­mos» dice el Sub­co­man­dan­te Mar­cos al subir al tem­ple­te. Levan­ta su mano izquier­da y gri­ta: «Aquí esta­mos». Las manos con los puños en alto corean una y otra vez: ¡E‑Z-L‑N! ¡No están solos! La ban­de­ra mexi­ca­na ondea. Los del color de la tie­rra recla­man un lugar digno en esa silue­ta tri­co­lor. La plan­cha del zóca­lo está lle­na y a tra­vés de las calles prin­ci­pa­les del cen­tro his­tó­ri­co lle­gan más per­so­nas para escu­char al Con­gre­so Nacio­nal Indí­ge­na y a las coman­dan­tas y coman­dan­tes zapatistas.

La socie­dad civil escu­cha aten­ta. Levan­tan sus manos. Con los dedos índi­ce y medio for­man una «V» de vic­to­ria. Per­ma­ne­cen y esti­ran. Es como cuan­do el arar de la tie­rra da resul­ta­dos y los plan­tíos bus­can al sol. La ubi­ca­ción del tem­ple­te no es casua­li­dad. Está situa­do jus­to de espal­das al Pala­cio Nacional:

«Es por­que de por sí, des­de el prin­ci­pio, el gobierno está detrás de noso­tros. Por eso no nos ve nun­ca, por eso no nos escucha».

Las per­so­nas for­man la figu­ra de una lla­ve bajo el templete.

Foto­gra­fía: Luis Suaste

Sie­te veces sie­te; la lla­ve y la palabra

Ese 2001 se cum­plie­ron sie­te años de lucha zapa­tis­ta, cuan­do el Ejér­ci­to Zapa­tis­ta de Libe­ra­ción Nacio­nal bajó de la mon­ta­ña y se levan­tó en armas por demo­cra­cia, liber­tad y jus­ti­cia. Sie­te veces sie­te, dije­ron en Nurío:

«Baja de la mon­ta­ña y bus­ca el color de la tie­rra que en este mun­do anda. Sie­te días cami­na, y de la tie­rra el color alza. Sé peque­ño fren­te al débil y jun­to con él haz­te gran­de. Sé gran­de fren­te al pode­ro­so y no con­sien­tas en silen­cio la humi­lla­ción para el noso­tros que a tu paso se ensancha».

Antes de hablar en la urbe, había que abrir sie­te lla­ves. El EZLN rodeó en espi­ral y en cada nodo iba dejan­do un mensaje:

Pri­me­ro en Temoa­ya, Esta­do de Méxi­co dije­ron: «Nada deben temer, que teman quie­nes cie­rren los oídos y la boca para oír y hablar con los que somos».

La ruta del cara­col seguía, el segun­do men­sa­je fue en Tepoztlán, More­los «El silen­cio que somos quie­nes del color de la tie­rra somos fue roto. Sobre sus peda­zos nos levantamos».

Y enton­ces se abría la ter­ce­ra lla­ve, en Igua­la, Gue­rre­ro: «Este es Méxi­co. Para hacer una gue­rra hay que desa­fiar al gobierno. Para alcan­zar la paz con jus­ti­cia y dig­ni­dad, también».

Foto­gra­fía: Luis Suaste

El núme­ro cua­tro fue en Cuautla, More­los «Cami­na­re­mos enton­ces el mis­mo camino de la his­to­ria, pero no la repe­ti­re­mos. Somos de antes, sí, pero somos nuevos».

El 8 de mar­zo se dejó el quin­to men­sa­je en Mil­pa Alta, Ciu­dad de Méxi­co: «El color de la tie­rra pin­ta­rá toda la tie­rra que se cre­ce hacia arri­ba. Ape­nas enton­ces empe­za­rá a morir la pena. Y con todos los colo­res bai­la­rá el color que somos de la tierra».

El penúl­ti­mo fue en Xochi­mil­co, Ciu­dad de Méxi­co. Solo fal­ta­ba una lla­ve y éste pare­cía un anun­cio de lo que esta­ba por ocu­rrir: «Mar­zo verá el silen­cio hecho añi­cos y otra voz, la more­na, voz será entre las todas que cantan».

El sép­ti­mo men­sa­je era para el Zóca­lo de la Ciu­dad de Méxi­co: «La sép­ti­ma lla­ve son uste­des». Y ahí los anfi­trio­nes entre­ga­ron unas lla­ves hechas de car­tón para el CNI-EZLN. Los asis­ten­tes abrie­ron sus ojos y sus oídos.

Foto­gra­fía: Luis Suaste

Duran­te varias de las movi­li­za­cio­nes de la mar­cha, el zapa­tis­mo nom­bró uno a uno los pue­blos indí­ge­nas del país. En el Zóca­lo, inter­ca­ló los nom­bres de los pue­blos con fra­ses alu­si­vas a su per­sis­ten­cia, resis­ten­cia y dignidad.

Pos­te­rior­men­te hubo una serie de encuen­tros con roc­ke­ros, con la comu­ni­dad del Ins­ti­tu­to Poli­téc­ni­co Nacio­nal, un acto en la Escue­la Nacio­nal de Antro­po­lo­gía e His­to­ria. El 19 de mar­zo deci­den regre­sar ante la cerra­zón de la cla­se polí­ti­ca, y toda­vía siguen reco­rrien­do diver­sos pue­blos del sur de la capi­tal y uni­ver­si­da­des como la UAM y la UNAM.

La trai­ción

Lle­gar al Con­gre­so de la Unión el 28 de mar­zo y emi­tir un men­sa­je ante la tri­bu­na era una for­ma para lograr el reco­no­ci­mien­to de los pue­blos indí­ge­nas trai­cio­na­dos por el pre­si­den­te ante­rior, Ernes­to Zedi­llo (1994−2000). En 1996 el gobierno y los zapa­tis­tas fir­ma­ron los acuer­dos de San Andrés y aun­que Emi­lio Chuayf­fet Che­mor ‑ex Secre­ta­rio de Edu­ca­ción en el sexe­nio Peñis­ta y Secre­ta­rio de Gober­na­ción en aquel enton­ces-los fir­mó, ocho meses des­pués des­co­no­ció el documento.

Ya en el Con­gre­so des­ta­có el racis­mo que habi­ta en las entra­ñas de la cla­se polí­ti­ca. Ese día estu­vie­ron ausen­tes los panis­tas. Fren­te a pocos legis­la­do­res, la coman­dan­ta Esther se auto­nom­bró como “pobre, indí­ge­na y zapa­tis­ta” y se paró fren­te a la tri­bu­na para evi­den­ciar el des­pre­cio que viven como pue­blos y seña­ló la opre­sión tri­ple: explo­ta­ción, des­pre­cio y olvi­do. La coman­dan­ta dijo: «Pen­sa­ron que sería el sub Mar­cos, pero él solo es un sub­co­man­dan­te, noso­tros somos los coman­dan­tes y man­da­mos obe­de­cien­do. Él tenía la misión de traer­nos has­ta aquí.»

El zapa­tis­mo vol­vió a su terri­to­rio a espe­rar la res­pues­ta guber­na­men­tal, que en menos de un mes, los legis­la­do­res, enca­be­za­dos por el priis­ta Manuel Bartlett, el perre­dis­ta Jesús Orte­ga y el panis­ta Die­go Fer­nán­dez de Ceva­llos apro­ba­ron una ley-simu­la­ción. Ante ello, el 29 de abril del 2001, el EZLN lan­zó un comu­ni­ca­do titu­la­do La refor­ma cons­ti­tu­cio­nal apro­ba­da en el Con­gre­so de la Unión no res­pon­de en abso­lu­to a las deman­das de los pue­blos indios de Méxi­co, del Con­gre­so Nacio­nal Indí­ge­na, del EZLN, ni de la socie­dad civil que se movilizó. 

Foto­gra­fía: Luis Suaste

Fue el comu­ni­ca­do del “divor­cio total” entre la polí­ti­ca par­ti­dis­ta y los recla­mos, y de la rup­tu­ra defi­ni­ti­va del diá­lo­go entre el zapa­tis­mo con el Estado.

Luis Her­nan­dez Nava­rro expli­ca que enton­ces el Esta­do tuvo opor­tu­ni­dad de sal­dar una deu­da his­tó­ri­ca con los pue­blos: “esa deu­da no se sal­dó, se trai­cio­nó, y esa se man­tie­ne como una con­ti­nui­dad. Neo­in­di­ge­nis­mo y neo­de­sa­rro­llis­mo que sigue dejan­do de lado el asun­to de los dere­chos indígenas.”

Des­de el Zóca­lo el EZLN emi­tió un men­sa­je que sigue reso­nan­do no sólo para los pue­blos indí­ge­nas: “No veni­mos a decir­te qué hacer, ni a guiar­te a nin­gún lado. Veni­mos a pedir­te humil­de­men­te, res­pe­tuo­sa­men­te, que nos ayu­des. Que no per­mi­tas que vuel­va a ama­ne­cer sin que esa ban­de­ra ten­ga un lugar digno para noso­tros los que somos el color de la tierra.”

La Mar­cha del Color de la Tie­rra sigue tan viva en la memo­ria del Méxi­co de aba­jo. Y es que cuan­do el EZLN anun­ció el reco­rri­do que harían por los cin­co con­ti­nen­tes, recor­da­ron aque­lla emo­ti­va movi­li­za­ción así:

“La Mar­cha del Color de la Tie­rra, la que rea­li­za­mos, jun­to con los pue­blos her­ma­nos del Con­gre­so Nacio­nal Indí­ge­na, para recla­mar un lugar en esta Nación que aho­ra se desmorona.

20 años des­pués nave­ga­re­mos y cami­na­re­mos para decir­le al pla­ne­ta que, en el mun­do que sen­ti­mos en nues­tro cora­zón colec­ti­vo, hay lugar para todas, todos, todoas. Sim­ple y sen­ci­lla­men­te por­que ese mun­do sólo es posi­ble si todas, todos, todoas, lucha­mos por levantarlo.”

Jus­to como hace 20 años, se levan­tó la tie­rra con el ara­do de sus pasos.

Foto­gra­fía: Luis Suaste

FUENTE: Rege­ne­ra­ción radio

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