Argen­ti­na. Mario San­do­val, un tor­tu­ra­dor en la Sorbona

Por Robin D’Angelo, Lucas Che­de­vi­lle y Caro­li­ne Varon. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 2 de octu­bre de 2020.

San­do­val ha tra­ba­ja­do en las ins­ti­tu­cio­nes fran­ce­sas duran­te 34 años has­ta que su pasa­do lo alcan­zó. Street­Press tra­za el iti­ne­ra­rio de este ex poli­cía, miem­bro de los escua­dro­nes de la muer­te argen­ti­nos duran­te la dic­ta­du­ra militar.

Mario San­do­val abre la puer­ta de su opu­len­to apar­ta­men­to en Nogent-sur-Mar­ne, en la región Isla de Fran­cia, al pri­mer inten­to. El 11 de diciem­bre de 2019, diez gen­dar­mes acom­pa­ña­dos de un equi­po de inter­ven­ción, en el que se incluían seis de la uni­dad anti­te­rro­ris­ta GIGN, fue­ron a bus­car a este fran­co­ar­gen­tino de 66 años. Lle­va­ba dis­cre­ta­men­te vigi­la­do des­de hacía un mes. El dis­po­si­ti­vo es peque­ño por­que la jus­ti­cia con­si­de­ra que los ries­gos de fuga son escasos. 

Des­de pri­me­ras horas de la maña­na, el coro­nel Eric Eme­raux ha posi­cio­na­do a sus hom­bres alre­de­dor del her­mo­so edi­fi­cio que bor­dea el bos­que de Vin­cen­nes. A las 14hs una lla­ma­da del fis­cal gene­ral: “El Con­se­jo de Esta­do aca­ba de dar luz ver­de a la extra­di­ción”. Eme­raux y sus hom­bres suben al pri­mer piso del inmue­ble, con las armas en la mano, y tocan la puer­ta del apar­ta­men­to. No hay nece­si­dad de uti­li­zar el arie­te. “Había una espe­cie de des­alien­to en el ros­tro de San­do­val cuan­do nos vio lle­gar”, des­cri­be el coro­nel Eric Eme­raux, reti­ra­do des­de agos­to pasa­do de la Ofi­ci­na cen­tral de lucha con­tra los crí­me­nes con­tra la huma­ni­dad (OCLCH). “Creo que sabía que esta­ba acabado”,

Cin­co días des­pués, el 16 de diciem­bre, San­do­val fue gra­ba­do por la tele­vi­sión argen­ti­na en el aero­puer­to de Bue­nos Aires, espo­sa­do y con el ros­tro inex­pre­si­vo, bajo cus­to­dia de la Poli­cía Fede­ral. El vie­jo poli­cía por fin iba a res­pon­der a “una acu­sa­ción de crí­me­nes come­ti­dos duran­te la dic­ta­du­ra mili­tar”. El final de una far­sa de 34 años entre Fran­cia y Argentina.

El secues­tro de Her­nán Abriata

Otro arres­to lle­va a Mario San­do­val ante la jus­ti­cia. O más bien un secues­tro. El 30 de octu­bre de 1976 en la noche bonae­ren­se, un escua­drón de la muer­te voló la puer­ta prin­ci­pal de la man­sión de Betty y Car­los Abria­ta. Con el apo­do de ‘pato­ta’, la bri­ga­da secre­ta está com­pues­ta de mili­ta­res y poli­cías. Está encar­ga­da de secues­tra y lle­var a “los sub­ver­si­vos” a los cen­tros de deten­ción clan­des­ti­nos. De hecho, todos ellos fue­ron seña­la­dos por el gene­ral Vide­la, jefe de la Jun­ta gober­nan­te, de ser sus­cep­ti­bles de poner en ries­go la “segu­ri­dad nacio­nal”. Opo­si­to­res polí­ti­cos, estu­dian­tes, artis­tas, perio­dis­tas, ecle­siás­ti­cos, sin­di­ca­lis­tas, mili­tan­tes de orga­ni­za­cio­nes. “La repre­sión deja­rá 30.000 des­apa­re­ci­dos y 15.000 fusi­la­dos en sie­te años y diez meses”. Un “geno­ci­dio polí­ti­co”, según afir­man las orga­ni­za­cio­nes en defen­sa de los dere­chos humanos.

Esa noche, la pato­ta bus­ca a Her­nán Abria­ta, un estu­dian­te de arqui­tec­tu­ra de 24 años. Es miem­bro de la Juven­tud Uni­ver­si­ta­ria Pero­nis­ta (JUP), una orga­ni­za­ción de izquier­das. Le encan­ta los Beatles y es volun­ta­rio en un barrio pobre. Tam­bién es sim­pa­ti­zan­te de los Mon­to­ne­ros, una orga­ni­za­ción clan­des­ti­na que abo­ga por la lucha arma­da con­tra la dic­ta­du­ra. Con sus megá­fo­nos, la quin­ce­na de agen­tes ves­ti­dos de civil gri­tan a los veci­nos que duer­men que sal­gan de sus casas con las manos en el aire. Los bus­can por todos sitios. Pero Her­nán Arbia­ta no está allí. Se aca­ba­ba de mudar a la casa de Móni­ca Ditt­mar, la mujer con la que se aca­ba­ba de casar. Su padre se ve obli­ga­do a lle­var allí a los agen­tes. “Por un con­trol de ruti­na”, le mien­te el que pare­ce que diri­ge la ope­ra­ción. “Ins­pec­tor San­do­val”, se pre­sen­ta ante cua­tro miem­bros de la fami­lia. Su sufi­cien­cia y su silue­ta, escul­pi­da por su ropa acol­cha­da, le hacen pare­cer mayor de 23 años.

En el otro apar­ta­men­to sí está su pre­sa. “San­do­val, de Coor­di­na­ción Fede­ral”, repi­te a Móni­ca Ditt­mar, la espo­sa de Her­nán, y le tien­de su tar­je­ta ver­de poli­cial. Los hom­bres arma­dos cubren la cabe­za de la joven con un pasa­mon­ta­ñas y lue­go la pla­can con­tra un muro. En la otra habi­ta­ción, su mari­do es inte­rro­ga­do antes de ser lle­va­do. Al salir, el escua­drón saquea el apar­ta­men­to. Vuel­can sus maque­tas de arqui­tec­tu­ra. Roban los uten­si­lios de cam­ping —la afi­ción de la pare­ja— y el dine­ro en efec­ti­vo que encuen­tran. “San­do­val vol­vió para dar­me el reloj de Her­nán”, recuer­da Móni­ca Ditt­mar con los ojos llo­ro­sos a tra­vés de la web­cam. “Y me dijo: ‘Así no podrás decir que somos unos ladro­nes”. Ella nun­ca vol­ve­rá a ver a su marido.

Her­nán Abria­ta es tras­la­da­do a la ESMA, la Escue­la de Mecá­ni­ca de la Mari­na. Duran­te los ocho años de Jun­ta, esa ins­ta­la­ción mili­tar en el cen­tro de Bue­nos Aires fue trans­for­ma­do en un cam­po de con­cen­tra­ción. 5.000 “sub­ver­si­vos” fue­ron ence­rra­dos allí. Solo 500 de ellos vol­vie­ron a salir con vida. Entre ellos, Car­los Loza, un joven tra­ba­ja­dor por­tua­rio, miem­bro del Par­ti­do Comu­nis­ta. Des­pués de haber sido tor­tu­ra­do duran­te varios días, fue arras­tra­do al áti­co del edi­fi­cio, don­de lan­gui­de­cían otras seis per­so­nas. Uno de ellos, Jor­ge Men­dé, es ase­si­na­do a gol­pes delan­te de sus ojos por los car­ce­le­ros. Cuan­do la vio­len­cia cesa y se que­dan solos, los cau­ti­vos a veces encuen­tran la fuer­za para inter­cam­biar algu­nas pala­bras. Her­nán Abria­ta reve­la su iden­ti­dad y supli­ca a los demás que avi­sen a su fami­lia. Tam­bién les expli­ca que ellos serán libe­ra­dos por­que la capu­cha que lle­van es gris, mien­tras la suya es negra. “Esas pala­bras que dijo fue­ron lo úni­co que tuvi­mos”, expli­ca Loca por telé­fono. “No había nada que te per­mi­tie­ra pen­sar que no te iban a matar”.

Des­pués de 21 días de deten­ción, Loza fue aban­do­na­do en una carre­te­ra rural con otros tres com­pa­ñe­ros entu­me­ci­dos. Her­nán Abria­ta nun­ca será encon­tra­do. Como muchos des­apa­re­ci­dos de la ESMA, pudo haber sido arro­ja­do al Atlán­ti­co des­de lo alto de un avión mili­tar, atur­di­do por la inyec­ción de una anes­te­sia. El 7 de noviem­bre de 1076, una sema­na des­pués de su secues­tro, San­do­val fue feli­ci­ta­do por sus supe­rio­res. Su his­to­rial de ser­vi­cio indi­ca que había rea­li­za­do “un acto nota­ble en el cua­dro de acción de la repre­sión de la subversión”.

El pre­sun­to tor­tu­ra­dor habría pasa­do de los cala­bo­zos de la ESMA a los anfi­tea­tros de la pres­ti­gio­sa uni­ver­si­dad parisina

Sin embar­go, al decla­rar su iden­ti­dad ante cin­co tes­ti­gos, el poli­cía había come­ti­do un error. Tres días des­pués del secues­tro, la fami­lia Abria­ta pre­sen­ta una denun­cia ante un juez, nom­brán­do­lo como uno de los inte­gran­tes del escua­drón. Como era de espe­rar, el magis­tra­do decla­ra el sobre­sei­mien­to, como en todos los casos de este tipo duran­te la dic­ta­du­ra. Pero ahí está el nom­bre de San­do­val ins­cri­to para siem­pre en los archi­vos judiciales.

Her­nan Abria­ta fue un estu­dian­te de arqui­tec­tu­ra de 24 años. Fue lle­va­do en octu­bre de 1976 por San­do­val al ESMA y nun­ca se ha encon­tra­do su cuer­po. Info­gra­fía: Caro­li­ne Varon

El espa­cio vacío de la Sorbona

32 años más tar­de, se des­cu­bre el caso. La jus­ti­cia argen­ti­na se pre­pa­ra para abrir la cuar­ta par­te de la inves­ti­ga­ción sobre los crí­me­nes come­ti­dos en la ESMA —inclu­yen­do la des­apa­ri­ción de Her­nán Abria­ta — . Pero antes, la perio­dis­ta Nora Vei­ras se ente­ra de la par­ti­ci­pa­ción de un tal Mario San­do­val en el secues­tro. El 16 de mar­zo del 2008, en el dia­rio Pági­na 12, publi­ca una inves­ti­ga­ción que vin­cu­la al poli­cía con un pro­fe­sor de la Sor­bo­na. La noti­cia es poco creí­ble. El pre­sun­to tor­tu­ra­dor habría pasa­do de los cala­bo­zos de la ESMA a los anfi­tea­tros de la pres­ti­gio­sa uni­ver­si­dad parisina.

¿Tuvo cóm­pli­ces para ello? En todo caso, el vie­jo poli­cía no era un fugi­ti­vo cuan­do emi­gró a Paris en 1986. En esa épo­ca, las leyes de amnis­tía impe­dían pro­ce­sar a los eje­cu­to­res e la repre­sión (no serían dero­ga­das has­ta 2002 por el pre­si­den­te Nés­tor Kirch­ner). Su ins­ta­la­ción en Fran­cia inclu­so se hizo con el bene­plá­ci­to de las auto­ri­da­des de su país de origen.

A su par­ti­da de Argen­ti­na, la poli­cía fede­ral le auto­ri­zó a par­tir al extran­je­ro por diez años, a fin de rea­li­zar “estu­dios de cien­cias polí­ti­cas”. En 1996, él reno­vó su soli­ci­tud, agre­gan­do esta vez que está a pun­to de adqui­rir la nacio­na­li­dad fran­ce­sa, lo que con­si­guió un año des­pués. San­do­val, reti­ra­do del Minis­te­rio de Inte­rior argen­tino, inclu­so fue ascen­di­do al títu­lo hono­rí­fi­co de comi­sio­na­do adjun­to en 1999, antes de ser nomi­na­do en 2001 como “ase­sor externo ad hoc et ad hono­rem en asun­tos nacio­na­les e inter­na­cio­na­les”. Su curio­so exi­lio, sin embar­go, escon­de un secre­to. Él atra­ve­só el océano Atlán­ti­co con su mujer, sus hijos y su hija. Pero esta últi­ma, fru­to de un pri­mer matri­mo­nio, vive con él en Fran­cia sin el con­sen­ti­mien­to de su madre, que pre­sen­tó una denun­cia por secues­tro. En 1987, Argen­ti­na ini­ció un pro­ce­so de extra­di­ción. El caso final­men­te se resol­vió fue­ra de los tri­bu­na­les dos años después.

En París, Mario San­do­val no vive como los otros exi­lia­dos argen­ti­nos que encon­tra­ron refu­gio por miles en la capi­tal y sus subur­bios. Él se ins­ta­ló en el barrio peque­ño bur­gués de Dau­mes­nil, mien­tras muchos de los otros refu­gia­dos vivían con difi­cul­ta­des eco­nó­mi­cas. Estre­nó su nue­va vida pro­fe­sio­nal como con­sul­tor para una socie­dad de segu­ri­dad, lue­go para una peque­ña empre­sa de impor­ta­ción y expor­ta­ción de mate­rial para las fuer­zas arma­das. El fru­to de su expe­rien­cia en las pato­tas, posiblemente.

Pron­to se reci­cla en la ense­ñan­za supe­rior y se pre­sen­ta como un exper­to en segu­ri­dad inter­na­cio­nal. Esta­ble­ci­mien­tos de segun­da cate­go­ría, de apa­rien­cia mili­tar. Lue­go, uni­ver­si­da­des pres­ti­gio­sas. Sin embar­go, sus refe­ren­cias pare­cen un tan­to peli­gro­sas. En el currí­cu­lum que remi­te a una facul­tad en 1995, la men­ción “no exis­te” tacha algu­nos de los diplo­mas que afir­ma haber obte­ni­do. Eso des­ta­ca la posi­bi­li­dad de una posi­ble com­pli­ci­dad. O, sobre todo, des­ta­ca una serie de negli­gen­cias, lo que no es muy hala­ga­dor para el mun­do académico.

El actual minis­tro de Edu­ca­ción fran­cés, Jean-Michel Blan­quer, enton­ces direc­tor del Ins­ti­tu­to, fir­mó su con­tra­to en 1999 sin pestañear

“Su pre­sen­ta­ción con tra­je y cor­ba­ta fue impe­ca­ble”, recuer­da Ber­nard Sitt, el pri­me­ro que le con­fió un pues­to esta­ble en la uni­ver­si­dad de París.Est-Marne-la-Vallée (UPEM) en 1994, en el mar­co de diplo­ma de estu­dios supe­rio­res espe­cia­li­za­dos (DESS por sus siglas en fran­cés) sobre arma­men­to. “Duran­te la entre­vis­ta de tra­ba­jo me di cuen­ta de que no tenía expe­rien­cia en las espe­cia­li­da­des que cubre el DESS, pero argu­men­tó que podía ser útil para mi que rea­li­za­ra las tuto­rías, lo que acor­dé enco­men­dar­le”. Y qué impor­ta si su currí­cu­lum men­cio­na que fue fun­cio­na­rio del Minis­te­rio de Inte­rior argen­tino entre 1972 y 195…

Algu­nos años más tar­de, San­do­val se acer­có a Car­los Que­nan, tam­bién argen­tino y pro­fe­sor del Ins­ti­tu­to de Altos Estu­dios de Amé­ri­ca Lati­na (IHEAL). La ins­ti­tu­ción depen­de de la Sor­bo­na, el grial para cual­quier ambi­cio­so que sue­ñe con una carre­ra docen­te. “Había ense­ña­do antes en Mar­ne-la-Vallée y se pos­tu­ló como cual­quier otro”, acla­ra Que­nan, desig­na­do por sus com­pa­ñe­ros como res­pon­sa­ble de su con­tra­ta­ción. “A menu­do se nece­si­tan pro­fe­so­res para ter­mi­nar los programas”.

El actual minis­tro de Edu­ca­ción fran­cés, Jean-Michel Blan­quer, enton­ces direc­tor del Ins­ti­tu­to, fir­mó su con­tra­to en 1999 sin pes­ta­ñear. Esa vez, San­do­val se ase­gu­ró de qui­tar su paso por la poli­cía de sus refe­ren­cias. Hay que decir que el IHEAL se dis­tin­guió en los años 70 por aco­ger aca­dé­mi­cos sud­ame­ri­ca­nos per­se­gui­dos en sus paí­ses por sus ideas de izquier­das. Con su aire mar­cial y sus tra­jes oscu­ros, se mime­ti­za con el pai­sa­je. Lo mejor que pudo.

El his­to­ria­dor Oli­vier Com­pag­non recla­mó a Jean-Michel Blan­quer que lo reti­re del cur­so que diri­gen sobre Vene­zue­la. “Él ense­ña­ba dolo con­si­de­ra­cio­nes muy mili­ta­res, como la can­ti­dad de minas en la fron­te­ra entre Vene­zue­la y Colom­bia”, dice con enfa­do. “Esto no era en abso­lu­to lo que espe­ra­ban los estu­dian­tes, más intere­sa­dos por la expe­rien­cia Chá­vez, que pare­cía reno­var la izquier­da lati­no­ame­ri­ca­na”. Otro día, una estu­dian­te —hija de exi­lia­dos chi­le­nos— aler­tó al cuer­po de pro­fe­so­res, des­pués de una auto­in­dul­gen­te con­fe­ren­cia del pro­fe­sor extran­je­ro sobre el Plan Cón­dor, un acuer­do secre­to entre las dic­ta­du­ras lati­no­ame­ri­ca­nas para exter­mi­nar a los opositores.

La IHEAL, que depen­de de la Sor­bo­na y esta­ba diri­gi­da en la épo­ca por Jean-Michel Blan­quer, con­tra­tó a San­do­val. Info­gra­fía: Caro­li­ne Varon

Sobre todo, algu­nos comen­za­ron a pre­gun­tar­se si el pro­fe­sor no era un impos­tor. Se pre­sen­tó como pro­fe­sor en la Sor­bo­na. En reali­dad era un con­fe­ren­cian­te. Su currí­cu­lum men­cio­na dece­nas de uni­ver­si­da­des en las que habría impar­ti­do cla­ses en los años 90. Muchos son esta­ble­ci­mien­tos pri­va­dos que solo él cono­ce con siglas que pare­cen inven­ta­das. Y tan pron­to como se le pide que pro­duz­ca un tex­to de nivel uni­ver­si­ta­rio, la más­ca­ra cae. “Lo recuer­do por­que el tex­to que me dio era terri­ble­men­te medio­cre”, sub­ra­ya un pro­fe­sor emé­ri­to de una gran uni­ver­si­dad, quien, a pesar de ello, lo publi­có. “For­ma­ba par­te de ese pro­le­ta­ria­do uni­ver­si­ta­rio que se uti­li­za­ba para tapar hue­cos”. La far­sa solo duró un tiempo.

A prin­ci­pios de los 2000, el pro­fe­sor Geor­ge Lom­né se opo­ne a su can­di­da­tu­ra a un pues­to de pro­fe­sor aso­cia­do en Mar­ne-la-Vallée. “La par­te de ‘Estu­dios’ de su currí­cu­lum me pare­ció suma­men­te con­fu­sa”, expli­ca. “San­do­val me pare­cía un fun­cio­na­rio de poli­cía exi­lia­do que se hacía pasar, por un mila­gro, como espe­cia­lis­ta geo­es­tra­té­gi­co”. En IHEAL, la nue­va pre­si­den­ta Poly­mnia Zagef­ka, se nie­ga a que orga­ni­ce una con­fe­ren­cia. “Lo que él pro­po­nía no tenía nin­gún tipo de valor cien­tí­fi­co”, afir­ma. “No había invi­ta­do a nin­gún inves­ti­ga­dor, sola­men­te a mili­ta­res, en su mayo­ría colom­bia­nos”. Un buen pre­tex­to tam­bién para no reno­var­le el con­tra­to. La aven­tu­ra ter­mi­nó con insul­tos y portazos.

El reman­so de la inte­li­gen­cia económica

A pesar de todo, Mario San­do­val tie­ne muchas vir­tu­des. La pri­me­ra de ellas, su con­fian­za, que a veces roza la arro­gan­cia. Cuan­do lo nece­si­ta, no se resis­te a las tareas ingra­tas. Las millas de notas al pie que publi­ca en su blog ates­ti­guan su espí­ri­tu meticu­loso. Al igual que su apa­rien­cia rígi­da, que le con­fie­ren sus tra­jes de tres pie­zas. Es tam­bién un hom­bre de efi­ca­cia, insis­tien­do has­ta el pun­to de seguir a un con­fe­ren­cian­te cuya tar­je­ta de con­tac­to quie­re colec­cio­nar en el metro.

Al mar­gen de la uni­ver­si­dad, lla­ma a la puer­ta de un cono­ci­do, Phi­lip­pe Clerc- Los dos hom­bres se habían cru­za­do a fina­les de los 90 en los pasi­llos de la uni­ver­si­dad pri­va­da Léo­nard de Vin­ci, don­de inter­vie­nen oca­sio­nal­men­te como ora­do­res. San­do­val bus­ca tra­ba­jo. Tam­bién ha pedi­do al anti­guo direc­tor de IHEAL, Jean-Michel Blan­quer, enton­ces rec­tor de la aca­de­mia de Guya­ne, pero este últi­mo solo tuvo para ofre­cer­le un pues­to en Saint-Lau­rent du Maro­ni, según dice Sandoval.

El true­que de tar­je­tas de visi­ta es simi­lar a un tram­po­so jue­go de póker y San­do­val, a veces dema­sia­do insis­ten­te, sus­ci­ta aún sospechas

Clerc es sedu­ci­do por su per­so­na­li­dad “ins­pi­ra­do­ra” y elo­gia sus tex­tos de “gran cali­dad cien­tí­fi­ca”, aque­llos que los aca­dé­mi­cos tacha­ron de medio­cres. Le con­tra­ta en la Asam­blea de Cáma­ras Fran­ce­sas de Comer­cio e Indus­tria (ACFCI por sus siglas en fran­cés), hoy la Cáma­ra de Comer­cio e Indus­tria (CCI), una ins­ti­tu­ción semi públi­ca encar­ga­da de pro­mo­ver las cáma­ras de comer­cio. San­do­val le ayu­da en el depar­ta­men­to de Inte­li­gen­cia eco­nó­mi­ca. Esta dis­ci­pli­na difu­sa atrae tan­to a ex altos fun­cio­na­rios poli­cia­les como a espe­cia­lis­tas auto­pro­cla­ma­dos con dudo­sas cre­den­cia­les. Un sitio a su medi­da. Allí, su currí­cu­lum, sal­pi­ca­do de fal­tas de orto­gra­fía y publi­ca­cio­nes cien­tí­fi­cas impo­si­bles de veri­fi­car no sus­ci­tan nin­gu­na inte­rro­ga­ción. Y nadie se preo­cu­pa dema­sia­do por su pasado.

San­do­val se hace su hue­co. Des­de las Sey­che­lles has­ta Hai­tí, pasan­do por Tri­ni­dad y Toba­go, su agen­da cre­ce al rit­mo de las con­fe­ren­cias que orga­ni­za la ACFCI. En el círcu­lo de Clerc, pue­de pre­su­mir de tra­ba­jar con Alain Jui­llet, efí­me­ro direc­tor de inte­li­gen­cia en la Direc­ción Gene­ral de Segu­ri­dad Exte­rior (DGSE por sus siglas en fran­cés) entre 2002 y 2003, quien se con­vir­tió en alto res­pon­sa­ble de inte­li­gen­cia eco­nó­mi­ca del pri­mer minis­tro Jean-Pie­rre Raf­fa­rin. En con­tra­par­ti­da, él apor­ta sus pro­pios con­tac­tos, como los que tie­ne den­tro de la Orga­ni­za­ción de Esta­dos Ame­ri­ca­nos (OEA), don­de logró ser invi­ta­do como con­sul­tor de segu­ri­dad gra­cias a su currí­cu­lum universitario.

Sin embar­go, el true­que de tar­je­tas de visi­ta es simi­lar a un tram­po­so jue­go de póker y San­do­val, a veces dema­sia­do insis­ten­te, sus­ci­ta aún sos­pe­chas. “Con él, siem­pre había que jugar un bai­le de pre­cau­cio­nes”, recuer­da Carol Fuller, su inter­lo­cu­to­ra en la OEA. “Mi adjun­to me advir­tió que tuvie­ra cui­da­do por­que él me uti­li­za­ría para pro­mo­cio­nar­se a sí mis­mo y a sus aso­cia­cio­nes”. San­do­val pare­ce tam­bién exa­ge­rar su pro­xi­mi­dad con deter­mi­na­dos con­tac­tos de prestigio.

Orga­ni­za la visi­ta de Filler a París, don­de ella se reúne con altos res­pon­sa­bles mili­ta­res y poli­cia­les. Por la media­ción fran­co-argen­ti­na, cree ella. Pero nin­guno de los peces gor­dos pre­sen­tes ese día recuer­da haber sido con­tac­ta­do por San­do­val, ni siquie­ra haber­le cono­ci­do, como Emi­le Pérez, jefe del Ser­vi­cio de Coope­ra­ción Téc­ni­ca Inter­na­cio­nal de la Poli­cía (SCTIP). “En esa épo­ca, cual­quie­ra que tuvie­ra la volun­tad de ingre­sar en el cuer­po de Inte­li­gen­cia eco­nó­mi­ca podía pasar por alguien bri­llan­te aun­que fue­ra medio­cre”, juz­ga Alain Jui­llet, quien par­ti­ci­pó en una quin­ce­na de reunio­nes con él. “Fue total­men­te el caso de San­do­val”. A quien le impor­ta. El impos­tor acu­mu­la influen­cia cons­tru­yén­do­se una ima­gen de exper­to. Su vida per­so­nal se mez­cla con su vida pro­fe­sio­nal. Su nue­va aman­te, una dis­cre­ta fun­cio­na­ria de Quai d’Orsay, con quien com­par­te el opu­len­to apar­ta­men­to de Nogent-sur-Mar­ne, es miem­bro de la aso­cia­ción de inte­li­gen­cia eco­nó­mi­ca que mon­ta con Phi­lip­pe Clerc, y se con­vier­te en con­fe­ren­cian­te en sus coloquios.

Phi­lip­pe Clerc con­tra­tó a San­do­val en la ACFCI, hoy CCI Fran­ce, una ins­ti­tu­ción semi-públi­ca encar­ga­da de pro­mo­ver las cáma­ras de comer­cio. Info­gra­fía: Caro­li­ne Varon

Pero San­do­val com­par­ti­men­ta su vida. “Es un hom­bre tan reser­va­do que no pue­do decir que sea un ami­go”, esti­ma Clerc, que tra­ba­ja con él des­de hace seis años. Su cola­bo­ra­dor Amath Sou­ma­ré, jefe de SOPEL Inter­na­tio­nal, una aso­cia­ción espe­cia­li­za­da en inte­li­gen­cia eco­nó­mi­ca, es uno de los pocos que han visi­ta­do la casa de San­do­val. “Yo ni siquie­ra sabía que había vivi­do en Argen­ti­na”, jura des­de Sene­gal, don­de resi­de des­de hace un año. “Él no habla­ba jamás de su pasa­do ni de sus ideas políticas”.

Sin embar­go, Mario San­do­val no ha aban­do­na­do la polí­ti­ca. En el mayor secre­tis­mo, extien­de dis­cre­ta­men­te sus redes has­ta Colom­bia, don­de él se rela­cio­na con cri­mi­na­les de guerra.

El ami­go fran­cés de las mili­cias latinoamericanas

El 23 de julio de 2001, en San­ta Fé de Rali­to, un case­río per­di­do en el cam­po colom­biano. En un ran­cho, unos sesen­ta invi­ta­dos se aco­mo­dan en sillas de plás­ti­co fren­te a un estra­do. Hay elec­tri­ci­dad, mesas de made­ra y telé­fo­nos móvi­les, una cosa impen­sa­ble en esa región rural. La reu­nión es un poco par­ti­cu­lar. Reúne a jefes para­mi­li­ta­res, per­so­na­li­da­des polí­ti­cas y empren­de­do­res. Todo en clandestinidad.

En esa épo­ca, Colom­bia era gol­pea­da cada día por la gue­rra civil. Se enfren­ta­ban las Farc —una gue­rri­lla de ins­pi­ra­ción mar­xis­ta— con al ejér­ci­to regu­lar, secre­ta­men­te ayu­da­do por mili­cias anti­co­mu­nis­tas. El país se había con­ver­ti­do en el table­ro de jue­go de la extre­ma dere­cha lati­no­ame­ri­ca­na, que unía en las Auto­de­fen­sas Uni­das de Colom­bia (AUC), la prin­ci­pal orga­ni­za­ción para­mi­li­tar. Como en la Argen­ti­na de Vide­la, tra­tan de exter­mi­nar a “los sub­ver­si­vos”. Los perio­dis­tas de izquier­da, acti­vis­tas de dere­chos huma­nos, per­so­na­li­da­des polí­ti­cas… Y, sobre todo, cam­pe­si­nos, masa­cra­dos por cen­te­na­res si no jura­ban fidelidad.

En Rali­to, cin­co jefes de la AUC, entre ellos Sal­va­to­re Man­cu­so, el líder de la mili­cia, pidie­ron su apo­yo apo­yo polí­ti­co con el obje­ti­vo de ela­bo­rar una estra­te­gia para “refun­dar la patria”. Entre ellos, Mario San­do­val. Delan­te del audi­to­rio, dio una con­fe­ren­cia de dos horas bajo el títu­lo de “pro­fe­sor de la Sorbona”.

“En esa épo­ca, el obje­ti­vo de las AUC era ser reco­no­ci­das como un movi­mien­to polí­ti­co legí­ti­mo, y no como un gru­po de terro­ris­tas”, pre­ci­sa, bajo ano­ni­ma­to, uno de los par­ti­ci­pan­tes en esa reu­nión clan­des­ti­na. “San­do­val nos indi­có las fuer­zas polí­ti­cas pre­sen­tes en Euro­pa y los movi­mien­tos a los que podía­mos acu­dir para encon­trar apoyo”.

¿Cómo ate­rri­zó allí? Juan Rub­bi­ni, un argen­tino desig­na­do como inter­me­dia­rio entre las AUC y San­do­val, no ha res­pon­di­do a nues­tras peti­cio­nes para entre­vis­tar­le. Una cosa es segu­ra, la inter­ven­ción de Rali­to no fue la úni­ca. En 2002, cuan­do aun no esta­ba sien­do inves­ti­ga­do en Argen­ti­na, San­do­val fue invi­ta­do a dar una con­fe­ren­cia en la Escue­la de Gue­rra de Bue­nos Aires. Su inter­ven­ción fue inte­rrum­pi­da cuan­do pre­sen­tó a dos de sus invi­ta­dos como miem­bros de las AUC. Con­tac­ta­do por Street­Press, otro com­pa­ñe­ro de la mili­cia recuer­da haber asis­ti­do a una reu­nión en petit comi­té con él en un hotel de Bogo­tá en 2004. Jun­to a ellos, José Miguel Nar­váez, uno de los jefes de los ser­vi­cios secre­tos colom­bia­nos cer­cano a los para­mi­li­ta­res que actual­men­te cum­ple 26 años de pri­sión por haber orde­na­do la muer­te de un periodista.

“Tenía la impre­sión de que ese hom­bre per­te­ne­cía a una inter­na­cio­nal de extre­ma dere­cha y que esta­ba tra­tan­do de con­se­guir mi apoyo”

Sepa­ra­tis­tas en Boli­via, mili­ta­res en Colom­bia, Jun­ta chi­le­na… San­do­val uti­li­za sus redes fran­ce­sas para impro­vi­sar como ase­sor de ven­tas de la extre­ma dere­cha sud­ame­ri­ca­na. En 2006, cuan­do Colom­bia es diri­gi­da por el pre­si­den­te Álva­ro Uri­be, apo­ya­do por las mili­cias, lle­vó a Phi­lip­pe Clerc a Bogo­tá y Car­ta­ge­na. Su misión: for­mar a los ofi­cia­les en cues­tio­nes de segu­ri­dad eco­nó­mi­ca en el mar­co de sus com­ba­tes con­tra las Farc. “San­do­val fue real­men­te cono­ci­do”, ase­gu­ra Clerc, a quien las fuer­zas arma­das colom­bia­nas otor­ga­ron una meda­lla al final de su estan­cia en el país. “Tan pron­to como entró en la habi­ta­ción, el jefe de la Mari­na fue a salu­dar­lo. Lue­go, tras un semi­na­rio, un jefe del Esta­do Mayor vino en per­so­na a la cena a dar­le las gracias”.

El mis­mo año, San­do­val orga­ni­zó, siem­pre des­de la ACFCI, un colo­quio en la Uni­ver­si­dad Ber­nar­do O’Higging, en Chi­le. Esa peque­ña ins­ti­tu­ción fue fun­da­da al final de la dic­ta­du­ra por Julio Canes­sa Robert, uno de las manos dere­chas de Pino­chet. Entre los ponen­tes, Alain Jui­llet o el cón­sul de Fran­cia en San­tia­go. Pero tam­bién la ONG Ver­dad Colom­bia­na, retrans­mi­sor de la pro­pa­gan­da de las AUC.

En 2006, San­do­val orga­ni­zó un colo­quio en Chi­li, en una ins­ti­tu­ción fun­da­da por una de las manos dere­chas de Pino­chet. Info­gra­fía: Caro­li­ne Varon

A su regre­so, Phi­lip­pe Clerc tie­ne una cita en Quai d’Orsay para dar cuen­ta de su via­je. San­do­val le acom­pa­ña. Con su pro­pia agen­da, pare­ce. Apro­ve­cha la oca­sión para defen­der la cau­sa de los sepa­ra­tis­tas boli­via­nos de extre­ma dere­cha que inten­tan derro­tar al pre­si­den­te de izquier­da Evo Mora­les. “Fue una des­agra­da­ble sor­pre­sa”, recuer­da el diplo­má­ti­co que reci­bió a los dos socios. “Tenía la impre­sión de que ese hom­bre per­te­ne­cía a una inter­na­cio­nal de extre­ma dere­cha y que esta­ba tra­tan­do de con­se­guir mi apo­yo”. En 2017, las redes ocul­tas de San­do­val cho­ca­ron con su vida en Fran­cia. Reto­man­do decla­ra­cio­nes publi­ca­das en la pren­sa colom­bia­na, Le Mon­de Diplo­ma­ti­que se hace eco de su rela­ción con las AUC. El bar­niz se agrieta.

El Minis­te­rio de Exte­rio­res aler­tó a la ACFCI, aho­ra CCI Fran­ce, pidién­do­les que mar­ca­ran dis­tan­cias con su cola­bo­ra­dor. El diplo­má­ti­co que hizo el infor­me com­ple­ta: “Ha sido extre­ma­da­men­te dañino que este hom­bre, rela­cio­na­do con gru­pos para­mi­li­ta­res de extre­ma dere­cha, se pasee en París bajo el nom­bre de una ins­ti­tu­ción públi­ca. Tam­bién era nece­sa­rio evi­tar que afec­ta­ra a otras instituciones”.

¿Al ser­vi­cio de Francia?

Por pri­me­ra vez, San­do­val había sido des­en­mas­ca­ra­do. Y como siem­pre, para sal­var las apa­rien­cias, se pre­sen­tó en una nue­va ver­sión. Tras Mario San­do­val pro­fe­sor, y Mario San­do­val ase­sor en inte­li­gen­cia eco­nó­mi­ca, aho­ra lle­ga…. el “agen­te secre­to”. A sus cola­bo­ra­do­res de la CCI les expli­có que era víc­ti­ma de un com­plot. Sus enemi­gos le esta­ban “bus­can­do pio­jos en la cabe­za” (expre­sión fran­ce­sa equi­va­len­te a “bus­can­do las cos­qui­llas”. NdE) por­que par­ti­ci­pa­ba en secre­to en ope­ra­cio­nes para la libe­ra­ción de Ingrid Betan­court, a cuen­ta de Quai d’Orsay. Esta­mos en 2007 y el caso de la fran­co-colom­bia­na, secues­tra­da por las Farc duran­te cin­co años, era desesperante.

Según los infor­mes, Fran­cia le asig­nó el agen­te secre­to Mario San­do­val la misión de ir a la jun­gla a bus­car prue­bas de vida de la rehén. El día siguien­te de su libe­ra­ción, en el verano de 2008, inclu­so le ofre­ció a Phi­lip­pe Clerc acom­pa­ñar­le en un almuer­zo pri­va­do, invi­ta­ción de Ingrid Betan­court en agra­de­ci­mien­to por los ser­vi­cios pres­ta­dos. Pero Clerc recha­zó la invi­ta­ción. Por su par­te, Ingrid Betan­court, por soli­ci­tud de el inter­me­dia­rio de su agen­te lite­ra­rio, des­min­tió haber cono­ci­do jamás al supues­to nego­cia­dor, sem­bran­do dudas sobre si real­men­te tuvo lugar ese almuerzo.

¿Había vuel­to a men­tir? Quai d’Orsay es cate­gó­ri­co: “Todo eso fue pura inven­ción de M. San­do­val”, afir­ma Noël Saez, envia­da fran­ce­sa a las Farc y al Gobierno colom­biano entre 2003 y 2008. “Si ese señor argen­tino hubie­ra esta­do impli­ca­do, me lo habrían dicho”, aña­de Jean-Pie­rre Gon­tard, el otro envia­do sui­zo al car­go del caso. Entre los diez diplo­má­ti­cos con­tac­ta­dos, entre ellos Jean-David Levit­te, encar­ga­do de la célu­la de Betan­court del pri­mer minis­tro Domi­ni­que de Ville­pin, o Pie­rre-Hen­ri Guig­nard, que diri­gió la ope­ra­ción falli­da en 2003, cono­ci­da como ope­ra­ción 14 de julio, nin­guno se ha cru­za­do con Mario San­do­val. Tam­po­co Daniel Par­fait, emba­ja­dor de Fran­cia en Bogo­tá de 2000 a 2004 y cuña­do de Ingrid Betan­court, ni su suce­sor Jean-Pie­rre Marlaud.

Un día, un pro­fe­sor de la Sor­bo­na afir­ma que uno de sus cole­gas se ha cru­za­do con Mario San­do­val, arma­do, en la gue­rri­lla colombiana

Un hom­bre, sin embar­go, recuer­da el epi­so­dio: Johan Obdo­la. Este vie­jo poli­cía anti­nar­có­ti­cos vene­zo­lano, exi­lia­do a Cana­dá en 1996, cono­ció a Mario San­do­val en la red social Lin­ke­din, e inter­cam­bió con él infor­ma­ción sobre el mun­do de la inte­li­gen­cia. Un día de 2007, algu­nos meses des­pués de haber­lo cono­ci­do, San­do­val le pro­po­ne par­ti­ci­par en nego­cia­cio­nes con las Farc para libe­rar a Betan­court, dice. Pero Obdo­la no res­pon­de. “Para mí, era incon­ce­bi­ble nego­ciar con las Farc”, sub­ra­ya este fer­vien­te anti­cha­vis­ta. “No son más que cri­mi­na­les”. ¿Quién iría a pedir­le a un con­tac­to de Lin­ke­din al que jamás se ha vis­to en per­so­na tra­ba­jar en un asun­to de Estado? 

La anéc­do­ta acre­di­ta la idea de que San­do­val pudo haber teni­do el sue­ño de traer de vuel­ta a la rehén. Pero sus esfuer­zos podrían haber sido solo una empre­sa per­so­nal, diri­gi­da por un hom­bre cega­do por su ambi­ción. “Per­so­nas de todo el mun­do afir­man haber sido deter­mi­nan­tes en el asun­to Betan­court”, iro­ni­za con amar­gu­ra Daniel Par­fait, el cuña­do de Ingrid. “Hay has­ta esqui­ma­les y japo­ne­ses que también”.

Una red benevolente

La suma de esos rumo­res tie­ne una con­se­cuen­cia per­ver­sa. La cons­truc­ción de una leyen­da negra. Un día, un pro­fe­sor de la Sor­bo­na afir­ma que uno de sus cole­gas se ha cru­za­do con Mario San­do­val, arma­do, en la gue­rri­lla colom­bia­na. Otra vez, un exi­lia­do argen­tino está con­ven­ci­do de haber­lo vis­to en tele­vi­sión, acom­pa­ñan­do a Nico­lás Sar­kozy, en la noche de inves­ti­du­ra de 2007. La pren­sa cae, con­vir­tien­do al tor­tu­ra­dor en con­se­je­ro del pre­si­den­te de la Repú­bli­ca, o rela­tan­do su tra­ve­sía en la jun­gla, con el equi­po a la espal­da, para traer de vuel­ta a Ingrid Betan­court. Un tufo a escán­da­lo de Estado.

En 2008, San­do­val reac­cio­nó deman­dan­do por difa­ma­ción a ocho sitios web que habían repro­du­ci­do la inves­ti­ga­ción de Pági­na 12 sobre su pasa­do en Argen­ti­na. Con­ven­ci­da de su bue­na fe, las peque­ñas empre­sas de inte­li­gen­cia eco­nó­mi­ca le apo­yan, inclu­so bajo el fue­go de acu­sa­cio­nes de crí­me­nes de lesa huma­ni­dad. En su denun­cia, San­do­val, que vive en la región de París, sin embar­go ape­ló en el tri­bu­nal de Auxe­rre. Uno de sus cono­ci­dos, el magis­tra­do Char­les Prats, aca­ba de pasar allí tres años como juez ins­truc­tor. Este lo remi­tió a abo­ga­dos y encon­tró lis­tas de pre­sun­tos tor­tu­ra­do­res don­de figu­ran otros San­do­val. “Esto acre­di­tó la tesis que nos había dicho a todos, a saber, una homo­ni­mia”, se jus­ti­fi­ca Prats, que es repre­sen­tan­te legal de APM, un sin­di­ca­to diri­gi­do por el euro­dipu­tado del Fren­te Nacio­nal Jean Paul-Garraud.

Al mar­gen del jui­cio, que comen­zó en 2012 y ter­mi­nó en sobre­sei­mien­to, Alain Jui­llet denun­cia “un lin­cha­mien­to mediá­ti­co”. “Yo no digo que no sea cul­pa­ble —mati­za hoy el fugaz res­pon­sa­ble de la DGSE, des­pués con­sul­tor de RT, la cade­na de infor­ma­ción del Krem­lin — , pero me plan­teo la cues­tión de su nivel de res­pon­sa­bi­li­dad. Hay una dife­ren­cia entre tor­tu­rar a gen­te y lan­zar­la des­de un heli­cóp­te­ro y estar de ser­vi­cio en un cuar­tel”. En cuan­to a Phi­lip­pe Clerc, con­ti­nuó dan­do tra­ba­jo a Mario has­ta 2012. Otros espe­ra­ron inclu­so más tiem­po antes de rom­per rela­cio­nes con él, como Eric Dené­cé, un exper­to en segu­ri­dad que retrans­mi­te en Fran­cia la pro­pa­gan­da de Bachar el-Assad o de Vla­di­mir Putin. “Ya sea en Argen­ti­na o duran­te la gue­rra de Espa­ña, siem­pre hemos mag­ni­fi­ca­do las atro­ci­da­des come­ti­das por la extre­ma dere­cha fren­te a las de la extre­ma izquier­da”, esti­ma Dené­cé, que en 2015 inten­tó mon­tar una for­ma­ción sobre inte­li­gen­cia eco­nó­mi­ca jun­to a Mario Sandoval.

Su his­to­rial de ser­vi­cios le retra­ta como un joven fun­cio­na­rio de poli­cía ansio­so por ascen­der de ran­go. Info­gra­fía: Caro­li­ne Varon

El his­to­rial de ser­vi­cios de San­do­val en el seno de la poli­cía argen­ti­na es abru­ma­dor. Pin­tan el retra­to de un joven fun­cio­na­rio celo­so, ansio­so por subir de ran­go, con el uni­for­me en la san­gre. Des­de los 13 años, sien­do toda­vía un esco­lar, tra­ba­jó en el ser­vi­cio de men­sa­je­ría de la poli­cía fede­ral en Bue­nos Aires. Un peque­ño tra­ba­jo que le con­si­guió su padre, Juan Pedro, tam­bién poli­cía. A los 17 años se incor­po­ró a las filas, antes de ser nom­bra­do sub­ins­pec­tor a los 22 años. Esta­mos en 1975 y la mili­cia de la Tri­ple A, apo­ya­da táci­ta­men­te por las fuer­zas del orden, ha exter­mi­na­do a 1.500 opo­si­to­res, anun­cian­do el geno­ci­dio polí­ti­co por venir. Lo des­en­ca­de­nó el gene­ral Vide­la el día siguien­te de su gol­pe de Esta­do del 24 de mar­zo de 1976. 

Ese año, San­do­val fue a cur­sos de “lucha con­tra la sub­ver­sión” y se incor­po­ró a la Ofi­ci­na de Asun­tos Polí­ti­cos en el seno de la Supein­ten­den­cia de Segu­ri­dad Fede­ral, a veces deno­mi­na­da Coor­di­na­ción Fede­ral. Jun­to a la Arma­da, esta bri­ga­da será el bra­zo arma­do de la repre­sión en la capi­tal argen­ti­na. Sus supe­rio­res lo cali­fi­can de “ele­men­to de excep­ción” y reci­be unas cali­fi­ca­cio­nes de 10 sobre 10 en cada una de sus revi­sio­nes anua­les. Lue­go, en 1983, pocos meses des­pués de que la Jun­ta entre­ga­ra el poder a los civi­les, San­do­val se reti­ra de la poli­cía con el ran­go de ins­pec­tor hono­ra­rio, con 30 años.

Una mara­tón judicial

Su carre­ra como poli­cía tuvo todos los ras­gos del apa­ra­to repre­si­vo vigen­te en Bue­nos Aires. Sin embar­go, ¿come­tió estos crí­me­nes? “Los que con­tro­lan el Esta­do están segu­ros de que las accio­nes ile­ga­les come­ti­das por la poli­cía y por la Arma­da se lle­va­ban a cabo de mane­ra clan­des­ti­na”, dice el abo­ga­do argen­tino Sol Hour­ca­de, espe­cia­lis­ta en dere­chos humanos.

La mayor par­te de las prue­bas que los impli­can —dos­sie­res, docu­men­ta­ción, cuer­pos— han sido ocul­ta­dos“. Y en los pasi­llos de la ESMA, o cuan­do barren la noche, los miem­bros de las pato­tas tie­nen cui­da­do de no lla­mar­se unos a otros más que por apo­dos con el fin de no ser reco­no­ci­dos por sus víc­ti­mas. Sobre las fotos, los super­vi­vien­tes de la ESMA iden­ti­fi­can a San­do­val como el lla­ma­do ‘Chu­rras­co’ (‘gua­po’ en argot argen­tino) por su atuen­do siem­pre impe­ca­ble, miem­bro de la GT 3.3.2., uno de los escua­dro­nes de la muer­te. ”Es un tipo muy biza­rro que hacía inte­li­gen­cia, un tipo muy edu­ca­do en com­pa­ra­ción con los otros de la ESMA y muy peli­gro­so“, dice sobre él el super­vi­vien­te Alfre­do Buz­za­lino en su tes­ti­mo­nio ante la cor­te argen­ti­na: ”Si pue­de dis­pa­rar­te, te dis­pa­ra. No hay esca­pa­to­ria con este hombre».

El apo­do de Chu­rras­co apa­re­ce en una doce­na de tes­ti­mo­nios rela­cio­na­dos con secues­tros, inte­rro­ga­to­rios, y tam­bién tor­tu­ras. No es sufi­cien­te. En la deman­da de extra­di­ción de 2012 del juez argen­tino Ser­gio Torres, la acu­sa­ción con­tra Mario San­do­val cobre deli­tos come­ti­dos con­tra 595 indi­vi­duos. La jus­ti­cia fran­ce­sa solo atien­de al caso de Her­nán Abria­ta, docu­men­ta­do con pre­ci­sión des­de 1976, gra­cias a los tes­ti­mo­nios de su secues­tro. Las decla­ra­cio­nes ante comi­sio­nes ofi­cia­les de Car­los Loza y sus com­pa­ñe­ros de infor­tu­nio per­mi­ten acre­di­tar la deten­ción del estu­dian­te de arqui­tec­tu­ra en la ESMA. 

Otro obs­tácu­lo, sin embar­go, es que el deli­to del que se le acu­sa a San­do­val esta­ría pres­cri­to, según esti­ma su defen­sa. Sophie Tho­non, la abo­ga­da de Esta­do argen­ti­na en Fran­cia, ha logra­do que se reca­li­fi­que como “deli­to con­ti­nua­do”. Por­que, has­ta el día de hoy, ni la víc­ti­ma Her­nán Abria­ta ni su cuer­po han apa­re­ci­do. “Esta deci­sión con­for­ma juris­pru­den­cia en mate­ria de extra­di­ción”, indi­ca la abo­ga­da, tam­bién impli­ca­da en las extra­di­cio­nes de Jor­ge Oli­ve­ra y Ricar­do Cava­llo, dos mili­ta­res argen­ti­nos con­de­na­dos por crí­me­nes con­tra la humanidad.

San­do­val lo nie­ga. Y, mien­tras, se entre­ga a las pro­vo­ca­cio­nes. En publi­ca­cio­nes en su blog, cali­fi­ca a las aso­cia­cio­nes de memo­ria argen­ti­nas de “orga­ni­za­cio­nes cri­mi­na­les”. Defien­de a tor­tu­ra­do­res ya con­de­na­dos, a los que cali­fi­ca de “pre­sos polí­ti­cos” o de “víc­ti­mas de per­se­cu­cio­nes”. Denun­cia los “mal nom­bra­dos crí­me­nes con­tra la huma­ni­dad” come­ti­dos en un momen­to en el que la nación argen­ti­na era ame­na­za­da y ata­ca­da por gru­pos terroristas.

Al Tri­bu­nal de Ape­la­ción de Ver­sa­lles lle­gó acom­pa­ña­do de guar­da­es­pal­das. Uno de ellos está arma­do y pide entrar en la sala con su pis­to­la. Al pasar, se hizo car­go de los dos hijos de San­do­val — uno es reser­vis­ta en el Ejér­ci­to fran­cés— y su hija. Jun­tos for­ma­ron el Comi­té de Ayu­da y Soli­da­ri­dad con los Pre­sos Polí­ti­cos en Argen­ti­na (CASPPA), una aso­cia­ción de 1901.

En total, el pro­ce­so judi­cial dura ocho años. San­do­val usa todos sus recur­sos. “Diez veces el tri­bu­nal de ape­la­cio­nes, diez veces el tri­bu­nal de casa­ción, diez veces el Con­se­jo Cons­ti­tu­cio­nal, el Con­se­jo de Esta­do, la Cor­te Euro­pea de Dere­chos del Hom­bre…”, enu­me­ra Sophie Tho­non. Sus gas­tos de abo­ga­do se esti­man en 60.000 euros. ¿Dón­de ha encon­tra­do ese dine­ro, él, que no tie­ne ingre­sos cono­ci­dos des­de 2012? Un mis­te­rio… Muchos otros que­dan aún por escla­re­cer­se. ¿Por qué esco­gió París en 1986? ¿Reci­bió apo­yo de otros tor­tu­ra­do­res? ¿Cuá­les eran sus víncu­los con el Ejér­ci­to colom­biano? ¿Pue­de pro­bar su pre­sun­ta impli­ca­ción en el asun­to Betancourt?

Para obte­ner res­pues­tas, le hemos con­tac­ta­do, en la pri­sión de Cam­po de Mayo, en Bue­nos Aires. Una lla­ma­da tele­fó­ni­ca orga­ni­za­da por uno de sus ami­gos argen­ti­nos. Al otro lado de la línea, una voz sere­na. Casi diver­ti­da. Que se expre­sa en un fran­cés cor­tés. “Pre­fie­ro no hacer la entre­vis­ta por el momen­to por­que pri­me­ro me gus­ta­ría saber su opi­nión sobre mi tema”, res­pon­de Mario San­do­val. “Una vez que vues­tro artícu­lo esté publi­ca­do, podría arro­jar algo de luz al res­pec­to”. Su jui­cio está anun­cia­do para 2021.

Fuen­te: El Salto

Tra­duc­ción: Ter García

Itu­rria /​Fuen­te

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