Pen­sa­mien­to crí­ti­co. Pan­de­mias y des­igual­da­des en Amé­ri­ca Latina

Jesús Gon­zá­lez Pazos/​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 26 de junio de 2020

En las pri­me­ras sema­nas de la pan­de­mia, cuan­do empe­za­ba a gol­pear con fuer­za a las socie­da­des euro­peas, decía­mos que era momen­to de aten­der a la preo­cu­pa­ción por nues­tras per­so­nas más cer­ca­nas, pero sin olvi­dar que esta cri­sis lo era tam­bién a nivel mun­dial. Insis­tía­mos, des­de la soli­da­ri­dad, en que los gra­ves efec­tos que sen­tía­mos tan cer­ca se podían, ya en esos pri­me­ros momen­tos, estar mul­ti­pli­can­do en otros con­ti­nen­tes. Argu­men­tá­ba­mos para ello que a la pan­de­mia sani­ta­ria, en Amé­ri­ca Lati­na o en Áfri­ca, se le suma­ría la pan­de­mia social y polí­ti­ca cau­sa­da por la injus­ti­cia e inequi­dad. Pre­ci­sa­men­te el pri­mer con­ti­nen­te es cono­ci­do en las últi­mas déca­das como el de la des­igual­dad. Tie­rra don­de esta se mul­ti­pli­ca día a día y don­de la bre­cha entre las mino­rías enri­que­ci­das y las gran­des mayo­rías, cada vez más empo­bre­ci­das, podía con­ver­tir­se en terreno abo­na­do para el cre­ci­mien­to sin freno de los efec­tos más catas­tró­fi­cos de la pan­de­mia en la vida de estos países.

Seña­la­rán algu­nos que esta­mos ante una cri­sis sani­ta­ria y que esta se sol­ven­ta con medi­das de la mis­ma índo­le más la famo­sa dis­tan­cia social has­ta que dis­pon­ga­mos de la vacu­na pro­me­ti­da. Defen­de­rán tam­bién, en el mar­co del sis­te­ma neo­li­be­ral, la urgen­te reac­ti­va­ción de la eco­no­mía local y mun­dial a cual­quier pre­cio, inclu­so por enci­ma de la vida, sin que­rer acep­tar que estos (sis­te­ma y eco­no­mía neo­li­be­ra­les) han sido cues­tio­na­dos en sus pila­res fun­da­men­ta­les por la pro­pia pan­de­mia y que por ello, requie­ren una pro­fun­da revi­sión y con­si­guien­te trans­for­ma­ción radical.

Es fácil de enten­der, si se quie­re ver, que la cri­sis que atra­vie­sa el pla­ne­ta se ve cru­za­da por otras varia­bles que son deter­mi­nan­tes, ade­más de la cli­má­ti­ca, en su pro­fun­di­za­ción y que yen­do más allá del estric­to cam­po de la salud defi­nen la mis­ma via­bi­li­dad de esta últi­ma y del mode­lo de desa­rro­llo cons­trui­do. Así se com­pren­de­rá mejor, —insis­ti­mos, si se quie­re— por qué el coro­na­vi­rus ha gol­pea­do con más dure­za los barrios popu­la­res de Madrid y menos a los más ricos. Se inter­pre­ta­rá con mayor acier­to tam­bién el alto por­cen­ta­je de afec­ción entre la pobla­ción afro­ame­ri­ca­na o lati­na en Esta­dos Uni­dos, muy por enci­ma de la blan­ca, o cómo las muer­tes se redo­blan en las barria­das popu­la­res de Sao Pau­lo, Manaos, San­tia­go o Guayaquil.

La ver­da­de­ra pan­de­mia en, por ejem­plo, Amé­ri­ca Lati­na, no es solo el coro­na­vi­rus sino las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les que aho­gan un con­ti­nen­te en la des­igual­dad y la injus­ti­cia social

Por eso se pue­de afir­mar que la ver­da­de­ra pan­de­mia en, por ejem­plo, Amé­ri­ca Lati­na, no es solo el coro­na­vi­rus sino las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les que aho­gan un con­ti­nen­te en la des­igual­dad y la injus­ti­cia social. No hace fal­ta un repa­so por­me­no­ri­za­do de la situa­ción de Amé­ri­ca Lati­na para reco­no­cer esta reali­dad. Es una cons­tan­te muy real el acce­so sin pro­ble­mas a la sani­dad pri­va­da de deter­mi­na­dos sec­to­res mino­ri­ta­rios de la pobla­ción, fren­te a la prác­ti­ca inexis­ten­cia de un sis­te­ma públi­co que garan­ti­ce la cober­tu­ra a las mayo­rías; la cier­ta segu­ri­dad en los con­do­mi­nios y villas resi­den­cia­les don­de habi­tan las éli­tes fren­te al haci­na­mien­to en enor­mes barria­das sin sumi­nis­tro de agua pota­ble y otros ser­vi­cios bási­cos; o el acce­so a la infor­ma­ción, a medios y a las reco­men­da­cio­nes sani­ta­rias (dis­tan­cia social) en los ámbi­tos urba­nos más favo­re­ci­dos fren­te al aban­dono y des­aten­ción por par­te de los esta­dos, con ausen­cia total de cober­tu­ras socia­les, en los rura­les y populares.

Son los ante­rio­res algu­nos ejem­plos de las reali­da­des que la pan­de­mia está ponien­do en evi­den­cia a lo lar­go del con­ti­nen­te. Inclu­so sub­ra­ya­mos que hay sec­to­res pobla­cio­na­les doble­men­te cas­ti­ga­dos, don­de los efec­tos y con­se­cuen­cias se incre­men­tan. Es el caso de los terri­to­rios indí­ge­nas y cam­pe­si­nos don­de, por ejem­plo, la mis­ma capa­ci­dad inmu­no­ló­gi­ca ante los nue­vos virus es nota­ble­men­te peque­ña y el aban­dono de los gobier­nos es inver­sa­men­te mayor.

Dicho de for­ma muy bre­ve, la reali­dad eco­nó­mi­ca de la región hoy, res­pon­sa­ble en gran medi­da del plus de gra­ve­dad, se carac­te­ri­za por una vuel­ta a pos­tu­la­dos neo­li­be­ra­les que están hacien­do retro­ce­der impor­tan­tes avan­ces socia­les alcan­za­dos en las últi­mas déca­das con gobier­nos pro­gre­sis­tas, ahon­dan­do nue­va­men­te en la bre­cha de la des­igual­dad. En lo polí­ti­co, pre­ci­sa­men­te la mayo­ría de los actua­les gobier­nos se defi­nen por su poca o nula legi­ti­mi­dad social e impor­tan­tes nive­les de corrup­ción, con polí­ti­cas sani­ta­rias errá­ti­cas que van des­de la nega­ción de la pro­pia pan­de­mia has­ta múl­ti­ples medi­das con­tra­dic­to­rias que anu­lan cual­quier posi­bi­li­dad de éxi­to a la hora de garan­ti­zar la vida y la salud de los pue­blos. Y no olvi­de­mos las coyun­tu­ras que carac­te­ri­za­ban los últi­mos meses pre­vios a la exten­sión de la pan­de­mia con gol­pes de Esta­do como en Boli­via o levan­ta­mien­tos popu­la­res en defen­sa de mayo­res cotas de bien­es­tar social y con­tra las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les en paí­ses como Ecua­dor, Chi­le, Perú o Colombia.

Pero, como decía­mos antes, hay agra­van­tes aún mayo­res, cau­sa­dos por algu­nas de las medi­das toma­das y que están tenien­do una afec­ta­ción más direc­ta, si cabe, sobre comu­ni­da­des indí­ge­nas, cam­pe­si­nas, muje­res o deter­mi­na­dos lide­raz­gos socia­les. Toques de que­da y con­fi­na­mien­tos que impo­si­bi­li­tan salir a la bús­que­da dia­ria de algún recur­so para la sobre­vi­ven­cia en socie­da­des atra­ve­sa­das por altos por­cen­ta­jes de eco­no­mía infor­mal. Inclu­so la impo­si­bi­li­dad de comer­ciar los esca­sos exce­den­tes o de pro­du­cir ali­men­tos esen­cia­les, lo que está dis­pa­ran­do las cifras de per­so­nas ya en situa­ción de ham­bru­na. Por otra par­te, comu­ni­da­des con­fi­na­das con lide­raz­gos que aho­ra son más fáci­les de ubi­car por par­te de los diver­sos acto­res arma­dos, ofi­cia­les y para­mi­li­ta­res, con un aumen­to de los ase­si­na­tos de per­so­nas defen­so­ras de los dere­chos huma­nos, así como un cre­ci­mien­to de los pro­ce­sos de cri­mi­na­li­za­ción con­tra las legí­ti­mas pro­tes­tas y rei­vin­di­ca­cio­nes socia­les. Igual­men­te, miles de muje­res que el con­fi­na­mien­to las colo­ca en una situa­ción de depen­den­cia más abso­lu­ta si cabe res­pec­to de sus mal­tra­ta­do­res, con un aumen­to osten­si­ble de los feminicidios.

Y ante estos esce­na­rios, aho­ra que Euro­pa ace­le­ra la anun­cia­da y desea­da deses­ca­la­da es impor­tan­te no olvi­dar que millo­nes de per­so­nas aún están inmer­sas en pro­ce­sos de esca­la­da de la pan­de­mia del coro­na­vi­rus, pero tam­bién, de la des­igual­dad y la injus­ti­cia social que, evi­den­te­men­te, agra­van los efec­tos de la pri­me­ra. Esta pan­de­mia nos ha ser­vi­do para reva­lo­ri­zar la impor­tan­cia de las polí­ti­cas por lo públi­co, por lo más cer­cano, por lo comu­ni­ta­rio. Nos ha ense­ña­do tam­bién que años de medi­das neo­li­be­ra­les en manos de trans­na­cio­na­les, mer­ca­dos y de sus intere­ses exclu­si­va­men­te eco­nó­mi­cos son los que han agra­va­do las con­se­cuen­cias de la mis­ma al no poder, por ejem­plo, dis­po­ner de ele­men­tos tan sen­ci­llos como mas­ca­ri­llas, res­pi­ra­do­res o equi­pos de pro­tec­ción por­que alguien había deci­di­do que eso no se podía pro­du­cir aquí y le era más bene­fi­cio­so para su cuen­ta de resul­ta­dos hacer­lo a miles de kilómetros.

Y nos ha hecho reva­lo­ri­zar la impor­tan­cia de la soli­da­ri­dad entre las per­so­nas y los pue­blos. Por todo ello, pasa­dos qui­zá los meses más duros y ante la posi­bi­li­dad de futu­ros nue­vos rebro­tes, tan­to en nues­tro entorno más cer­cano como en aque­llos otros que requie­ren atra­ve­sar mares y océa­nos para lle­gar a ellos, debe­mos hacer que la soli­da­ri­dad y la lucha con­tra la des­igual­dad al lado de nues­tros vecin­da­rios de aquí y de allá sea ya una cos­tum­bre tan insu­pe­ra­ble como las ganas de seguir dig­na­men­te vivos y vivas.

FUENTE: des­In­for­me­mo­nos

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