La cica­triz de la pan­de­mia

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El opti­mis­mo rei­na en los mer­ca­dos bur­sá­ti­les mun­dia­les, par­ti­cu­lar­men­te en los Esta­dos Uni­dos. Des­pués de caer alre­de­dor del 30% cuan­do se impu­sie­ron los cie­rres para con­te­ner la pan­de­mia del virus COVID-19, el mer­ca­do de valo­res de Esta­dos Uni­dos cre­ció un 30% en abril. ¿Por qué? Bueno, por dos razo­nes. La pri­me­ra es que la Reser­va Fede­ral de Esta­dos Uni­dos ha inter­ve­ni­do para inyec­tar can­ti­da­des enor­mes de cré­di­to median­te la com­pra de bonos e ins­tru­men­tos finan­cie­ros de todo tipo. Los otros ban­cos cen­tra­les tam­bién han reac­cio­na­do de mane­ra simi­lar con inyec­cio­nes de cré­di­to, aun­que nada com­pa­ra­ble con el impul­so mone­ta­rio de la Reser­va Fede­ral.

Como resul­ta­do, la valo­ra­ción de las bol­sas de Esta­dos Uni­dos en rela­ción con las futu­ras ganan­cias cor­po­ra­ti­vas se ha dis­pa­ra­do ver­ti­cal­men­te con las inyec­cio­nes de la Fed. Si la Reser­va Fede­ral va a com­prar cual­quier bono o ins­tru­men­to finan­cie­ro que se ten­ga, ¿qué pue­de ir mal?

La otra razón para esta recu­pe­ra­ción del mer­ca­do de valo­res, al mis­mo tiem­po que los datos de la eco­no­mía «real» reve­lan un colap­so de la pro­duc­ción nacio­nal, la inver­sión y el empleo en casi todas par­tes (con lo peor por venir), es la creen­cia de que los cie­rres pron­to ter­mi­na­rán; que los tra­ta­mien­tos y vacu­nas están en camino para dete­ner el virus; y así las eco­no­mías vol­ve­rán a cre­cer en tres a seis meses y la pan­de­mia pron­to será olvi­da­da.

Por ejem­plo, el secre­ta­rio del Teso­ro de los Esta­dos Uni­dos, Mnu­chin, reite­ró su opi­nión expre­sa­da al comien­zo de los cie­rres de que «la eco­no­mía se recu­pe­ra­rá de ver­dad en julio, agos­to y sep­tiem­bre». Y el ase­sor de eco­no­mía de la Casa Blan­ca Has­sett esti­mó que, para el cuar­to tri­mes­tre, la eco­no­mía de Esta­dos Uni­dos «va a ser real­men­te fuer­te y el pró­xi­mo año será un año estu­pen­do». El CEO del Ban­co de Amé­ri­ca, Moy­nihan, cal­cu­ló que el gas­to de los con­su­mi­do­res ya ha toca­do fon­do y que pron­to aumen­ta­rá nue­va­men­te en el cuar­to tri­mes­tre, ¡segui­do de un cre­ci­mien­to del PIB de dos dígi­tos en 2021!

Pare­ce difí­cil jus­ti­fi­car que el con­su­mo per­so­nal en los Esta­dos Uni­dos haya toca­do fon­do cuan­do se miran los datos del pri­mer tri­mes­tre. De hecho, en mar­zo, el gas­to per­so­nal en los Esta­dos Uni­dos cayó un 7,5 por cien­to mes a mes, la mayor dis­mi­nu­ción en el gas­to per­so­nal regis­tra­do.

Pero no son solo los por­ta­vo­ces ofi­cia­les y ban­ca­rios las que creen que el daño eco­nó­mi­co de la pan­de­mia y los cie­rres será bre­ve, aun­que no peque­ño. Muchos eco­no­mis­tas key­ne­sia­nos en los Esta­dos Uni­dos creen lo mis­mo. En artícu­los ante­rio­res, cité la afir­ma­ción del gurú key­ne­siano, Larry Sum­mers, exse­cre­ta­rio del Teso­ro de Clin­ton, de que la cri­sis por los cie­rres era simi­lar a la de las empre­sas en luga­res turís­ti­cos de verano que cie­rran duran­te el invierno. Tan pron­to como lle­ga el verano, todos abren y están pre­pa­ra­dos para ope­rar con nor­ma­li­dad. La pan­de­mia es, por lo tan­to, solo algo esta­cio­nal.

Aho­ra, el prin­ci­pal gurú key­ne­siano, Paul Krug­man, con­si­de­ra que esta cri­sis, mucho peor en su impac­to en la eco­no­mía glo­bal que la Gran Rece­sión, no es una cri­sis eco­nó­mi­ca sino una «situa­ción de ayu­da en caso de desas­tre». Krug­man argu­men­ta que esto es «un desas­tre natu­ral, como una gue­rra, una situa­ción tem­po­ral». Por lo tan­to, la res­pues­ta es que «debe­ría hacer­se fren­te en gran medi­da con impues­tos más altos y gas­tos más bajos en el futu­ro, en lugar de hacer­lo de inme­dia­to, lo cual es otra for­ma de decir que debe­ría pagar­se en gran par­te median­te un aumen­to tem­po­ral del défi­cit». Una vez que este gas­to actue, la eco­no­mía vol­ve­rá a fun­cio­nar igual que antes y el défi­cit solo será «tem­po­ral». Y Robert Reich, el exSe­cre­ta­rio de Tra­ba­jo supues­ta­men­te izquier­dis­ta de Clin­ton, esti­ma que la cri­sis no es eco­nó­mi­ca sino una cri­sis sani­ta­ria y que tan pron­to como se con­ten­ga el pro­ble­ma sani­ta­rio (pre­su­mi­ble­men­te este verano) la eco­no­mía «rebo­ta­rá».

Es de espe­rar que los ase­so­res de Trump y los jefes de Wall Street pro­cla­men un rápi­do regre­so a la nor­ma­li­dad (a pesar de que los eco­no­mis­tas de los prin­ci­pa­les fon­dos de inver­sión tie­nen una opi­nión dife­ren­te), pero resul­ta sor­pren­den­te que los prin­ci­pa­les eco­no­mis­tas key­ne­sia­nos estén de acuer­do. Creo que la razón es que nin­gún aná­li­sis key­ne­siano de las rece­sio­nes y las cri­sis pue­de expli­car esta cri­sis pan­de­mi­ca. La teo­ría key­ne­sia­na par­te de la afir­ma­ción de que las cri­sis son el resul­ta­do de un colap­so en la «deman­da efec­ti­va» que lue­go con­du­ce a una caí­da en la pro­duc­ción y el empleo. Pero como he expli­ca­do en artícu­los ante­rio­res, esta cri­sis no es el resul­ta­do de un colap­so de la «deman­da», sino de un cie­rre de la pro­duc­ción, tan­to en la indus­tria como, en par­ti­cu­lar, en los ser­vi­cios. Es un «shock de ofer­ta», no un «shock de deman­da». Para el caso, los teó­ri­cos de la «finan­cia­ri­za­ción» de la escue­la Minsky tam­bién están per­di­dos, por­que esta cri­sis no es el resul­ta­do de una cri­sis cre­di­ti­cia o de un colap­so finan­cie­ro, aun­que eso aún pue­de pro­du­cir­se.

Así que los eco­no­mis­tas key­ne­sia­nos pien­san que tan pron­to como la gen­te vuel­va al tra­ba­jo y comien­ce a gas­tar, la «deman­da efec­ti­va» (inclu­so la deman­da «acu­mu­la­da») se dis­pa­ra­rá y la eco­no­mía capi­ta­lis­ta vol­ve­rá a la nor­ma­li­dad. Pero si se abor­da la cri­sis des­de el ángu­lo de la ofer­ta o la pro­duc­ción, y en par­ti­cu­lar la ren­ta­bi­li­dad, de reanu­dar la pro­duc­ción y el empleo, que es el enfo­que mar­xis­ta, enton­ces tan­to la cau­sa de la cri­sis cómo la pro­ba­bi­li­dad de una recu­pe­ra­ción len­ta y débil se hacen evi­den­tes.

Recor­de­mos qué suce­dió des­pués del final de la Gran Rece­sión de 2008 – 2009. El mer­ca­do bur­sá­til cre­ció año tras año, pero la eco­no­mía «real» de la pro­duc­ción, la inver­sión y los ingre­sos de los tra­ba­ja­do­res lan­gui­de­ció. Des­de 2009, el cre­ci­mien­to anual del PIB per cápi­ta de Esta­dos Uni­dos ha pro­me­dia­do solo 1,6%. A fines de 2019, el PIB per cápi­ta esta­ba un 13% por deba­jo de la ten­den­cia de cre­ci­mien­to ante­rior a 2008. Esa bre­cha equi­va­le a 10.200 dóla­res por per­so­na, una pér­di­da per­ma­nen­te de ingre­sos.

¡Y aho­ra Gold­man Sachs pro­nos­ti­ca una caí­da en el PIB per cápi­ta que eli­mi­na­ría inclu­so esas ganan­cias de los últi­mos diez años!

El mun­do aho­ra está mucho más inte­gra­do que en 2008. La cade­na de valor glo­bal, como se la lla­ma, es ya domi­nan­te y gene­ral. Inclu­so si algu­nos paí­ses pue­den comen­zar la recu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca, la inte­rrup­ción del comer­cio mun­dial pue­de obs­ta­cu­li­zar seria­men­te la velo­ci­dad y la fuer­za de esa recu­pe­ra­ción. Vea­mos Chi­na, don­de la recu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca tras su cie­rre está en mar­cha. La acti­vi­dad eco­nó­mi­ca toda­vía está muy por deba­jo de los nive­les de 2019 y el rit­mo de recu­pe­ra­ción pare­ce len­to, prin­ci­pal­men­te por­que los fabri­can­tes y expor­ta­do­res chi­nos no tie­nen a quién ven­der.

Esto no es con­se­cuen­cia del virus o un pro­ble­ma de salud. El cre­ci­mien­to del comer­cio mun­dial ape­nas ha sido simi­lar al cre­ci­mien­to del PIB mun­dial des­de 2009 (línea azul), muy por deba­jo de su tasa ante­rior a 2009 (línea azul pun­tea­da). La Orga­ni­za­ción Mun­dial del Comer­cio no ve nin­gún retorno a esa tra­yec­to­ria más baja (línea pun­tea­da ama­ri­lla) duran­te al menos dos años.

El gas­to masi­vo del sec­tor públi­co (más de 3 billo­nes de dóla­res) apro­ba­do por el Con­gre­so de los Esta­dos Uni­dos y el enor­me estí­mu­lo mone­ta­rio de la Fed (4 billo­nes de dóla­res) no deten­drán esta pro­fun­da depre­sión, ni siquie­ra harán que la eco­no­mía de Esta­dos Uni­dos vuel­va a su ten­den­cia ante­rior (baja). De hecho, Oxford Eco­no­mics con­si­de­ra que hay todas las posi­bi­li­da­des de una segun­da ola de la pan­de­mia que podría for­zar nue­vas medi­das de cie­rre y man­te­ner a la eco­no­mía esta­dou­ni­den­se en cri­sis y estan­ca­da has­ta 2023.

Pero, ¿por qué las eco­no­mías capi­ta­lis­tas (al menos en el siglo XXI) no están vol­vien­do a las ten­den­cias ante­rio­res? He argu­men­ta­do en muchos artícu­los que hay dos razo­nes cla­ve. La pri­me­ra por­que la ren­ta­bi­li­dad del capi­tal en las prin­ci­pa­les eco­no­mías no ha vuel­to a los nive­les alcan­za­dos a fines de la déca­da de 1990, y mucho menos a los de la «edad de oro» del cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co y las rece­sio­nes leves de los años cin­cuen­ta y sesen­ta.

Y la segun­da razón es que para hacer fren­te a esta caí­da de la ren­ta­bi­li­dad, las empre­sas aumen­ta­ron sus nive­les de deu­da, alen­ta­das por las bajas tasas de inte­rés, ya sea para man­te­ner la pro­duc­ción y/​o para con­ver­tir los fon­dos en acti­vos finan­cie­ros y espe­cu­lar.

Pero vin­cu­la­do a estos fac­to­res sub­ya­cen­tes hay otro: lo que se ha lla­ma­do «cica­tri­za­ción» eco­nó­mi­ca o his­té­re­sis. La his­té­re­sis en el cam­po de la eco­no­mía se refie­re a un suce­so eco­nó­mi­co que per­sis­te en el futu­ro, inclu­so des­pués de que los fac­to­res que lle­va­ron a ese suce­so se hayan eli­mi­na­do. La his­té­re­sis impli­ca que los efec­tos a cor­to pla­zo pue­den mani­fes­tar­se en pro­ble­mas a lar­go pla­zo que inhi­ben el cre­ci­mien­to y difi­cul­tan el «retorno a la nor­ma­li­dad».

Los eco­no­mis­tas key­ne­sia­nos tra­di­cio­nal­men­te creen que el estí­mu­lo fis­cal pue­de sacar a las eco­no­mías de una rece­sión. Sin embar­go, inclu­so ellos han reco­no­ci­do que las con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas a cor­to pla­zo pue­den tener impac­tos dura­de­ros. Los mer­ca­dos de cré­di­to con­ge­la­dos y el gas­to depri­mi­do de los con­su­mi­do­res pue­den fre­nar la crea­ción de peque­ñas empre­sas que de otro modo ten­drían éxi­to. Y las empre­sas más gran­des pue­den retra­sar o redu­cir el gas­to en I+D.

Como escri­bió Jack Ras­mus recien­te­men­te en su blog: «A las empre­sas y los con­su­mi­do­res les lle­va mucho tiem­po res­ta­ble­cer sus nive­les de “con­fian­za” en la eco­no­mía y cam­biar el com­por­ta­mien­to extre­ma­da­men­te cau­te­lo­so de inver­sión y com­pra en una ten­den­cia a la inver­sión más opti­mis­ta. Los nive­les de des­em­pleo se man­tie­nen altos y pesan sobre la eco­no­mía algún tiem­po. Muchas peque­ñas empre­sas nun­ca vuel­ven a abrir y cuan­do lo hacen es con menos emplea­dos y, a menu­do, con sala­rios más bajos. Las empre­sas más gran­des acu­mu­lan su efec­ti­vo. Los ban­cos sue­len ser muy len­tos a la hora de pres­tar con su pro­pio dine­ro. Otras empre­sas son rea­cias a inver­tir y expan­dir­se y, por lo tan­to, a vol­ver a con­tra­tar tra­ba­ja­do­res, dado el gas­to pru­den­te de los con­su­mi­do­res, el aca­pa­ra­mien­to de las empre­sas y el com­por­ta­mien­to con­ser­va­dor cre­di­ti­cio de los ban­cos. La Fed, el ban­co cen­tral, pue­de ofre­cer una gran can­ti­dad de dine­ro gra­tis y prés­ta­mos bara­tos, pero las empre­sas y los hoga­res pue­den ser rea­cios a pedir pres­ta­do, pre­fi­rien­do acu­mu­lar su efec­ti­vo, y tam­bién los prés­ta­mos». En otras pala­bras, una rece­sión eco­nó­mi­ca pue­de pro­vo­car «cica­tri­ces», es decir, daños dura­de­ros a la eco­no­mía.

Hace un par de años, el FMI publi­có un artícu­lo que ana­li­za­ba las «cica­tri­ces» eco­nó­mi­cas. Los eco­no­mis­tas del FMI seña­la­ron que des­pués de las rece­sio­nes no siem­pre hay una recu­pe­ra­ción en for­ma de V de las ten­den­cias ante­rio­res. De hecho, a menu­do se ha dado el caso de que la ten­den­cia de cre­ci­mien­to ante­rior nun­ca se res­ta­ble­ce. Uti­li­zan­do datos actua­li­za­dos de 1974 a 2012, des­cu­brie­ron que el daño irre­pa­ra­ble a la pro­duc­ción no se limi­ta a las cri­sis finan­cie­ras y polí­ti­cas. Todos los tipos de rece­sio­nes, en gene­ral, con­du­cen a pér­di­das de pro­duc­ción per­ma­nen­tes.

«En la visión tra­di­cio­nal del ciclo eco­nó­mi­co, una rece­sión con­sis­te en una dis­mi­nu­ción tem­po­ral de la pro­duc­ción por deba­jo de su línea de ten­den­cia, pero tam­bién en un rápi­do rebo­te de la pro­duc­ción a su línea de ten­den­cia ascen­den­te ini­cial duran­te la fase de recu­pe­ra­ción (ver grá­fi­co, panel supe­rior). Por el con­tra­rio, nues­tra evi­den­cia sugie­re que una recu­pe­ra­ción con­sis­te solo en un retorno del cre­ci­mien­to a su tasa de expan­sión a lar­go pla­zo, sin un rebo­te de alto cre­ci­mien­to a la ten­den­cia ini­cial (ver grá­fi­co, panel infe­rior). En otras pala­bras, las rece­sio­nes pue­den cau­sar cica­tri­ces eco­nó­mi­cas per­ma­nen­tes”.

Y eso no solo se apli­ca solo a una eco­no­mía, sino tam­bién a la bre­cha entre las eco­no­mías ricas y pobres. Según el FMI: «Los paí­ses pobres sufren rece­sio­nes y cri­sis más pro­fun­das y fre­cuen­tes, y cada vez sufren pér­di­das per­ma­nen­tes de pro­duc­ción y pier­den terreno (líneas con­ti­nuas en el cua­dro a con­ti­nua­ción)».

El docu­men­to del FMI com­ple­men­ta la visión de la dife­ren­cia entre rece­sio­nes y depre­sio­nes «clá­si­cas» que des­cri­bí en mi libro de 2016, La lar­ga depre­sión. En el mues­tro que en las depre­sio­nes, la recu­pe­ra­ción des­pués de una cri­sis toma la for­ma no de una V, sino más bien de una raíz cua­dra­da, lo que relan­za la eco­no­mía en una tra­yec­to­ria nue­va y más baja.

Sos­pe­cho que esta depre­sión pan­dé­mi­ca pro­vo­ca­rá una gran can­ti­dad de cica­tri­ces en el sec­tor capi­ta­lis­ta. Min Ouyang, pro­fe­sor aso­cia­do de la Uni­ver­si­dad Tsinghua de Bei­jing, des­cu­brió que en las rece­sio­nes pasa­das las «cica­tri­ces» de los empre­sa­rios por el colap­so del flu­jo de efec­ti­vo supe­ra­ron los efec­tos bene­fi­cio­sos de obli­gar a las com­pa­ñías débi­les a cerrar y «lim­piar» el camino para aque­llas que sobre­vi­ven. Y ase­gu­ra que «el efec­to cica­triz de esta rece­sión pro­ba­ble­men­te será más seve­ro que en cual­quier rece­sión pasa­da… Si deci­mos que las pan­de­mias son la nue­va nor­ma­li­dad, la gen­te duda­rá mucho más en asu­mir ries­gos».

Los hoga­res y las empre­sas que­rrían dis­po­ner de más aho­rros y menos ries­gos para pro­te­ger­se con­tra posi­bles cie­rres futu­ros, mien­tras que los gobier­nos ten­drían que acu­mu­lar equi­pos de emer­gen­cia y garan­ti­zar que pudie­ran fabri­car­se más rápi­da­men­te den­tro de sus pro­pias fron­te­ras. Inclu­so si la pan­de­mia no se repi­te, muchas per­so­nas serán rea­cias a socia­li­zar una vez que fina­li­ce el con­fi­na­mien­to, exten­dien­do el efec­to a las empre­sas y eco­no­mías que depen­den del turis­mo, los via­jes, las comi­das y los even­tos masi­vos.

Y esta caí­da ace­le­ra­rá las ten­den­cias en la acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta que ya esta­ban en mar­cha: Lisa B. Kahn, una eco­no­mis­ta de Yale, des­cu­brió que des­pués de una cri­sis las com­pa­ñías inten­tan reem­pla­zar a los tra­ba­ja­do­res por máqui­nas y obli­gar­le así a tra­ba­jar con ingre­sos más bajos o a encon­trar otros tra­ba­jos que pagan menos (ver inves­ti­ga­ción). Des­pués de todo, ese es uno de los pro­pó­si­tos del pro­ce­so de «lim­pie­za» para el capi­tal: redu­cir los cos­tes labo­ra­les y aumen­tar la ren­ta­bi­li­dad. Se «cica­tri­za» así a los tra­ba­ja­do­res de por vida.

«Esta expe­rien­cia deja­rá pro­fun­das cica­tri­ces en la eco­no­mía y en los sen­ti­mien­tos del consumidor/​inversionista/​directivo. Esto va a dejar una cica­triz tan pro­fun­da en esta gene­ra­ción como la Gran Depre­sión en nues­tros padres y abue­los.» John Maul­din

Michael Roberts

2 de mayo de 2020

Fuen­te: https://​the​nex​tre​ces​sion​.word​press​.com

Traducción:G. Bus­ter

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