Perú. La frag­men­ta­ción como signo distintivo

Bal­do Kre­sal­ja R. /​Resu­men Latinoamericano/​3 de mar­zo de 2020

REPRESENTACION Y GOBERNABILIDAD: LA ELECCIÓN DE ENERO 2020

A los par­ti­dos que inter­vi­nie­ron, hayan o no pasa­do la valla del 5%, se les ha deno­mi­na­do “telo­ne­ros” de la gran fies­ta del bicen­te­na­rio en el 2021, tam­bién los “enani­tos” de siem­pre, y a los elec­to­res “dis­tan­tes y des­in­for­ma­dos en asun­tos públi­cos.” Los comen­ta­rios apun­tan a la difi­cul­tad de lograr acuer­dos de enver­ga­du­ra, aun­que en los temas de cier­tas refor­mas polí­ti­cas y lucha con­tra la corrup­ción pro­ba­ble­men­te habrá acuer­dos, algu­nos de los cua­les se asen­ta­rán sobre las pro­pues­tas que les haga lle­gar el Poder Eje­cu­ti­vo. Otro tema de casi total acuer­do es que las con­duc­tas de las ban­ca­das con­gre­sa­les esta­rán muy pen­dien­tes de la cam­pa­ña pre­si­den­cial que pro­ba­ble­men­te se ini­cie en julio/​agosto del pre­sen­te año. Tam­bién hay acuer­do sobre el cas­ti­go infrin­gi­do a los par­ti­dos que boi­co­tea­ron el fun­cio­na­mien­to demo­crá­ti­co en el Con­gre­so disuel­to, uti­li­zan­do el escán­da­lo y la con­fron­ta­ción per­ma­nen­te: Fuer­za Popu­lar, que dis­mi­nu­yó gran­de­men­te su repre­sen­ta­ción, y el his­tó­ri­co par­ti­do Apris­ta, que en esta elec­ción con­ta­ron con el apo­yo de Soli­da­ri­dad y Con­ti­go que no pudie­ron pasar la valla del 5%. Pero hay la impre­sión de que ese cas­ti­go no fue debi­da­men­te con­tras­ta­do por los par­ti­dos ganadores. 

Como era de espe­rar, pero qui­zás no en la pro­por­ción alcan­za­da, fue alta la vota­ción en zona sur del país de Unión por el Perú, par­ti­do ultra radi­cal y auto­ri­ta­rio de izquier­da, lide­ra­do des­de la cár­cel por el mili­tar Antau­ro Huma­la, cuya con­de­na por ase­si­na­to, pre­go­ne­ro de una difu­sa “etno- repre­sen­ta­ción cace­ris­ta”; y por el Fre­pap, un par­ti­do reli­gio­so, teo­crá­ti­co, con apro­xi­ma­da­men­te 400,000 segui­do­res, que tie­ne ya varias déca­das inter­vi­nien­do en polí­ti­ca y que es ajeno a las pro­pues­tas pro­gre­sis­tas de ori­gen libe­ral; razón por la cual sea una incóg­ni­ta su futu­ra actua­ción en temas de impor­tan­cia. Han per­di­do tam­bién, sin duda, las pro­pues­tas de la ultra­de­re­cha, los cris­tia­nos pro­tes­tan­tes y los fun­da­men­ta­lis­tas católicos.

Pue­de afir­mar­se que han triun­fa­do mayo­ri­ta­ria­men­te posi­cio­nes con­tra­rias a la con­fron­ta­ción, a las aren­gas extre­mis­tas, a las gene­ra­do­ras de mie­do tan­to en el ámbi­to de la edu­ca­ción sexual como de la polí­ti­ca. En gene­ral, ha sido un voto por la pru­den­cia, por el afán mayo­ri­ta­rio de ini­ciar una nue­va ruta no con­fron­ta­cio­nal, pero que ha con­ser­va­do ten­den­cias elec­to­ra­les ante­rio­res: el nor­te del país com­pues­to por un capi­ta­lis­mo infor­mal y pujan­te, Lima y el cen­tro divi­di­dos entre una éli­te repu­bli­ca­na libe­ral y el des­bor­de popu­lar, y el sur con su tra­di­cio­nal voto de protesta.

Se espe­cu­la por tan­to sobre las ten­den­cias entre los ele­gi­dos al Con­gre­so, pero será la reali­dad la que debe­rá con­fir­mar­la o des­men­tir­la: un Con­gre­so está divi­di­do en tres ter­cios de simi­lar pro­por­ción: dere­cha (APP, Mora­do y FP), cen­tro (AP, Pode­mos y SP) e izquier­da (FA y UPP). La indis­pen­sa­ble corres­pon­den­cia entre repre­sen­ta­ción y gober­na­bi­li­dad, que­da men­gua­da con esos resul­ta­dos. No sabe­mos si entre tan­tas agru­pa­cio­nes –nue­ve– se podrá lle­gar a gran­des acuer­dos, pero no los habrá, sin duda, en el área de las pro­pues­tas extre­mas. Pen­san­do en el futu­ro cer­cano del 2021 no pue­de ocul­tar­se que la frag­men­ta­ción en el voto pue­de mini­mi­zar acuer­dos ideo­ló­gi­cos amplios que per­de­rán su capa­ci­dad inte­gra­do­ra, tan nece­sa­ria en un país mul­ti­cul­tu­ral y de gran­des difi­cul­ta­des geo­grá­fi­cas como es el Perú. Las elec­cio­nes del 26 de enero y sus resul­ta­dos ener­va­ron a los inte­gran­tes de la extre­ma dere­cha y a los fun­da­men­ta­lis­tas de la izquier­da tra­di­cio­nal, ambos ais­la­dos por los resul­ta­dos que mos­tró la reali­dad, tal como ya había ocu­rri­do en pro­ce­sos elec­to­ra­les anteriores. 

Repre­sen­ta­ción vs gobernabilidad

La frag­men­ta­ción repre­sen­ta­ti­va dio lugar a comen­ta­rios disi­mi­les. La com­po­si­ción del Con­gre­so mues­tra cla­ra­men­te la gran diver­si­dad cul­tu­ral y mul­ti­ét­ni­ca del Perú, lo que se extien­de a la fal­ta de iden­ti­fi­ca­ción sobre cuá­les son los prin­ci­pa­les pro­ble­mas del país y cuá­les son las solu­cio­nes. Pero cree­mos que los resul­ta­dos de enero han ayu­da­do a sin­ce­rar la mul­ti­pli­ci­dad de mira­das que exis­ten en el Perú, aun­que ello cau­se temor hacia lo des­co­no­ci­do. Pero esa diver­si­dad, tan rica en muchos aspec­tos, no sue­le ser un ele­men­to que favo­rez­ca la con­cer­ta­ción o el diá­lo­go, en otras pala­bras, la gober­na­bi­li­dad demo­crá­ti­ca, que siem­pre ha insis­ti­do en la con­ve­nien­cia de una ade­cua­da homogeneidad.

El gran tema que la elec­ción del 26 de enero ha vuel­to a poner de mani­fies­to es el de la cali­dad de la repre­sen­ta­ción, por­que resul­ta evi­den­te que la ausen­cia de gran­des temas polí­ti­cos y eco­nó­mi­cos dife­ren­cia­dos, la fal­ta de entu­sias­mo y la des­co­ne­xión de bue­na par­te de los elec­to­res con los con­gre­sis­tas ele­gi­dos, vol­ve­rá a plan­tear la nece­si­dad de una refor­ma que impli­ca no solo supe­rar los erro­res de la ley elec­to­ral, sino tam­bién cues­tio­nar la con­duc­ta de los gran­des medios de comu­ni­ca­ción, de la uni­ver­si­da­des y de los entes repre­sen­ta­ti­vos de la eco­no­mía y los ser­vi­cios, por­que con sus con­duc­tas coti­dia­nas han pre­ca­ri­za­do la representación. 

Pero una de las evi­den­tes con­clu­sio­nes del pro­ce­so elec­to­ral de enero es su pro­fun­da repul­sa al lide­ra­to polí­ti­co tal como se ha com­por­ta­do duran­te los últi­mos años, espe­cial­men­te al lime­ño, que ha con­tro­la­do las prin­ci­pa­les herra­mien­tas de gobierno, y en don­de se han dis­tin­gui­do, por su fal­ta de gene­ro­si­dad con el país, las hues­tes segui­do­ras del fuji­mo­ris­mo, así como la inep­ti­tud moral apris­ta. Hay en el resul­ta­do elec­to­ral un angus­tio­so lla­ma­do éti­co que oja­lá pue­da ser satis­fe­cho, aun­que sea par­cial­men­te. El espí­ri­tu repu­bli­cano que estu­vo pre­sen­te solo en mino­rías des­de la pro­cla­ma­ción de la inde­pen­den­cia no ha podi­do –razo­nes mil– estar pre­sen­te en el espí­ri­tu y la men­te de la mayo­ría de nues­tra actual población.

Como hemos ade­lan­ta­do, el núme­ro de con­gre­sis­tas obte­ni­do por cada gru­po que superó el 5% de los votos obtu­vo un núme­ro de ele­gi­dos muy supe­rior al núme­ro de elec­to­res que votó por ellos res­pec­to a la pobla­ción elec­to­ral total, como con­se­cuen­cia del sis­te­ma elec­to­ral vigen­te. Esa sobre-repre­sen­ta­ción da lugar a una sub-repre­sen­ta­ción; en otras pala­bras, mien­tras no sea varia­do el sis­te­ma y se aumen­te sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te el núme­ro de con­gre­sis­tas la pobla­ción no esta­rá bien representada.

La frag­men­ta­ción de las agru­pa­cio­nes ele­gi­das nos mues­tra como un país de mino­rías polí­ti­cas, lo que difi­cul­ta­rá las tareas guber­na­men­ta­les, y pue­de dar pie a posi­cio­nes extre­mas, encon­trán­do­se leja­na la idea de un bien común o la nece­si­dad de una com­par­ti­da y colec­ti­va tarea a lar­go pla­zo, lo que cons­ti­tu­ye un reto para asu­mir en la cam­pa­ña elec­to­ral pre­si­den­cial del 2021 por los par­ti­dos políticos. 

Una encues­ta recien­te reve­la que el 53% de los perua­nos no se sien­te repre­sen­ta­do en el nue­vo Con­gre­so, aun­que el 32% sí lo hace, y acep­tan que ten­drá con el Poder Eje­cu­ti­vo una mejor dis­po­si­ción al diá­lo­go que el ante­rior. Pero este resul­ta­do hay que leer­lo, cree­mos, con cui­da­do, por­que sin duda todo aquel que votó nulo, en blan­co o por par­ti­dos que no pasa­ron la valla, se incli­na­rá natu­ral­men­te por mani­fes­tar su males­tar, más aún cuan­do prác­ti­ca­men­te han des­apa­re­ci­do los mili­tan­tes par­ti­da­rios en todo el país. 

Se ha dicho tam­bién que la frag­men­ta­ción de las opcio­nes reve­la una cri­sis de repre­sen­ta­ti­vi­dad de los par­ti­dos o que ella ha resuel­to la cri­sis de gober­na­bi­li­dad como pro­duc­to de la con­fron­ta­ción entre el Poder Eje­cu­ti­vo y el Legis­la­ti­vo. No coin­ci­di­mos total­men­te con estos jui­cios. En pri­mer tér­mino seña­lar que la frag­men­ta­ción puso de relie­ve al Perú ínte­gro y diver­so. En muchos paí­ses demo­crá­ti­cos el ausen­tis­mo es gran­de, como lo ha sido el 26 de enero entre noso­tros, pero ello no le qui­ta legi­ti­mi­dad a la elec­ción. Y la afir­ma­ción en el sen­ti­do que se ha resuel­to la cri­sis de gober­na­bi­li­dad me pare­ce par­cial y úni­ca­men­te diri­gi­da al gobierno de Viz­ca­rra. El pro­ble­ma gene­ra­do por la frag­men­ta­ción del voto no es la fal­ta de repre­sen­ta­ti­vi­dad sino las difi­cul­ta­des futu­ras de gober­na­bi­li­dad. Ese es el gran reto que tie­ne el Perú.

Fuen­te: Otra Mirada.

Itu­rria /​Fuen­te

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