¿Qué es la teo­ría de la repro­duc­ción social?

Una de las acu­sa­cio­nes más comu­nes con­tra el mar­xis­mo es que como teo­ría está enfo­ca­do en la «cla­se» a expen­sas del géne­ro.

Es impor­tan­te esta­ble­cer des­de el prin­ci­pio que la his­to­ria de las orga­ni­za­cio­nes que dicen ser «mar­xis­tas» no siem­pre ha sido posi­ti­va en lo que res­pec­ta a las cate­go­rías de opre­sión, como el géne­ro y la raza. Todo el mun­do cono­ce a alguien a quien un hom­bre «mar­xis­ta» le ha dicho que los asun­tos «meno­res» como el sexis­mo o el racis­mo se resol­ve­rán «des­pués de la revo­lu­ción», por lo que, mien­tras tan­to, todos debe­mos poner­nos manos a la obra y tra­ba­jar en nues­tra lucha de cla­ses. Los inci­den­tes de aco­so sexual por par­te de hom­bres mar­xis­tas des­afor­tu­na­da­men­te tam­po­co son raras en las orga­ni­za­cio­nes de izquier­da, tan­to en el pasa­do como en el pre­sen­te.

Las muje­res se han sen­ti­do des­car­ta­das, soca­va­das y recha­za­das ins­ti­tu­cio­nal­men­te den­tro de sus orga­ni­za­cio­nes. Las voces de muje­res acti­vis­tas como las comu­nis­tas indias invo­lu­cra­das en la his­tó­ri­ca lucha de Telen­ga­na de 1947, comu­nis­tas bri­tá­ni­cas como Doris Les­sing, o Peggy Den­nis, miem­bros des­ta­ca­das del Par­ti­do Comu­nis­ta de los Esta­dos Uni­dos, cuen­tan his­to­rias des­alen­ta­do­ras de sexis­mo y des­ilu­sión en las orga­ni­za­cio­nes que ellas veían como el tra­ba­jo de su vida y fuen­te de espe­ran­za.

Este regis­tro es par­ti­cu­lar­men­te terri­ble por­que muchas de noso­tras nos con­ver­ti­mos en mar­xis­tas pre­ci­sa­men­te por­que se supo­ne que los mar­xis­tas revo­lu­cio­na­rios son los más into­le­ran­tes a la opre­sión de géne­ro. Nos uni­mos a las orga­ni­za­cio­nes revo­lu­cio­na­rias por­que pen­sa­mos en el mar­xis­mo como una teo­ría insur­gen­te, que lucha por ‑pero nun­ca que­da satis­fe­cha con- cual­quier refor­ma que ofrez­ca el sis­te­ma, y que exi­ge una demo­li­ción com­ple­ta del capi­ta­lis­mo. Por lo tan­to es una de las mejo­res armas para luchar por la libe­ra­ción de las muje­res y la jus­ti­cia de géne­ro. Hay dos aspec­tos, mutua­men­te con­tra­dic­to­rios que tene­mos que con­si­de­rar de la his­to­ria del mar­xis­mo si real­men­te somos revo­lu­cio­na­rios serios y no pre­di­ca­do­res dog­má­ti­cos irre­fle­xi­vos. El pri­me­ro es el daño oca­sio­na­do a la cau­sa revo­lu­cio­na­ria de la jus­ti­cia de géne­ro en nom­bre del mar­xis­mo, y el segun­do es cómo el mar­co mar­xis­ta, a pesar de los muchos erro­res his­tó­ri­cos en su nom­bre, sigue sien­do la mejor mane­ra de enten­der la opre­sión bajo el capi­ta­lis­mo, y por lo tan­to pro­por­cio­na indi­cios sobre cómo ter­mi­nar­lo.

Teo­ría mar­xis­ta

Hay una gran reve­la­ción sub­de­sa­rro­lla­da en el cora­zón del aná­li­sis del capi­ta­lis­mo de Marx. En El Capi­tal volu­men 1, Marx iden­ti­fi­ca la «fuer­za de tra­ba­jo» o nues­tra capa­ci­dad de tra­ba­jar, como la «mer­can­cía espe­cial» que el capi­ta­lis­ta nece­si­ta para poner en mar­cha el sis­te­ma y man­te­ner­lo en fun­cio­na­mien­to. Marx nos dice que nues­tra fuer­za labo­ral tie­ne la «pro­pie­dad pecu­liar de ser una fuen­te de valor» por­que con esa fuer­za de tra­ba­jo crea­mos mer­can­cías y valor para el capi­ta­lis­mo. La apro­pia­ción de nues­tro tra­ba­jo exce­den­te por par­te de los capi­ta­lis­tas es la fuen­te de su domi­nio. Enton­ces sin nues­tra fuer­za de tra­ba­jo el sis­te­ma colap­sa­ría.

Pero Marx guar­da un silen­cio frus­tran­te sobre el res­to de la his­to­ria. Si la fuer­za de tra­ba­jo pro­du­ce valor, ¿cómo enton­ces se pro­du­ce la fuer­za de tra­ba­jo en sí? Cier­ta­men­te los tra­ba­ja­do­res no cre­cen de los árbo­les para lle­gar al mer­ca­do, fres­cos y lis­tos para ven­der su fuer­za de tra­ba­jo al capi­ta­lis­ta.

Aquí es don­de estu­dio­sos mar­xis­tas pos­te­rio­res como Lise Vogel, Martha Gimé­nez, Johan­na Bren­ner y, más recien­te­men­te, Susan Fer­gu­son y David McNally han apro­ve­cha­do la visión trans­for­ma­do­ra pero incom­ple­ta de Marx y la han desa­rro­lla­do aún más. Qui­zás sea impor­tan­te para noso­tros recor­dar en este con­tex­to el poten­cial y la crea­ti­vi­dad inhe­ren­tes a la tra­di­ción mar­xis­ta, refe­ri­da como una tra­di­ción vivien­te, que ha per­mi­ti­do a las nue­vas gene­ra­cio­nes de mar­xis­tas exa­mi­nar­la crí­ti­ca­men­te y expan­dir­la.

Obser­van­do de cer­ca El Capi­tal de Marx, estos estu­dio­sos argu­men­tan que la cla­ve del sis­te­ma, nues­tra fuer­za de tra­ba­jo, en reali­dad se pro­du­ce y repro­du­ce fue­ra de la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, en un sitio de «paren­tes­co» lla­ma­do fami­lia. En un exce­len­te pasa­je, Vogel expli­ca cla­ra­men­te la cone­xión entre la lucha de cla­ses y la opre­sión de las muje­res:

La lucha de cla­ses sobre las con­di­cio­nes de pro­duc­ción repre­sen­ta la diná­mi­ca cen­tral del desa­rro­llo social en las socie­da­des carac­te­ri­za­das por la explo­ta­ción. En estas socie­da­des, el exce­so de tra­ba­jo es apro­pia­do por una cla­se domi­nan­te y una con­di­ción esen­cial para la pro­duc­ción es la […] reno­va­ción de una cla­se subor­di­na­da de pro­duc­to­res direc­tos com­pro­me­ti­dos con el pro­ce­so labo­ral. Nor­mal­men­te, el reem­pla­zo gene­ra­cio­nal pro­por­cio­na la mayo­ría de los nue­vos tra­ba­ja­do­res nece­sa­rios para repo­ner esta cla­se, y la capa­ci­dad de las muje­res para tener hijos jue­ga un papel crí­ti­co en la socie­dad de cla­ses […] En las cla­ses pro­pie­ta­rias […] la opre­sión de las muje­res pro­vie­ne de su papel en el man­te­ni­mien­to y en la heren­cia de la pro­pie­dad […] En las cla­ses subor­di­na­das […] la opre­sión feme­ni­na […] deri­va de la par­ti­ci­pa­ción de las muje­res en pro­ce­sos que renue­van a los pro­duc­to­res direc­tos, así como su par­ti­ci­pa­ción en la pro­duc­ción. (Vogel: Mar­xism and the oppres­sion of women, p. 129, énfa­sis mio.)

Este es esen­cial­men­te el argu­men­to prin­ci­pal de lo que Vogel y estas otras mar­xis­tas pos­te­rio­res lla­man «teo­ría de la repro­duc­ción social». La teo­ría de la repro­duc­ción social mues­tra cómo la «pro­duc­ción de bie­nes y ser­vi­cios y la pro­duc­ción de la vida son par­te de un pro­ce­so inte­gra­do», como lo ha expre­sa­do Meg Lux­ton. Si la eco­no­mía for­mal es el lugar de la pro­duc­ción de bie­nes y ser­vi­cios, las per­so­nas que pro­du­cen tales cosas se pro­du­cen a sí mis­mas fue­ra del ámbi­to de la eco­no­mía for­mal a muy bajo cos­to para el capi­tal.

En gene­ral la fuer­za de tra­ba­jo es repro­du­ci­da por tres pro­ce­sos inter­co­nec­ta­dos:

  1. Por acti­vi­da­des que rege­ne­ran al tra­ba­ja­dor fue­ra del pro­ce­so de pro­duc­ción y que le per­mi­ten regre­sar a él. Estas inclu­yen, entre muchas otras, comi­da, una cama para dor­mir, pero tam­bién los cui­da­dos de la psi­que que man­tie­nen a una per­so­na sana.
  2. Por acti­vi­da­des que man­tie­nen y rege­ne­ran a los no-tra­ba­ja­do­res fue­ra del pro­ce­so de pro­duc­ción ‑es decir aque­llos que son tra­ba­ja­do­res futu­ros o pasa­dos, como niños y adul­tos fue­ra de la fuer­za de tra­ba­jo por x razón, ya sea la vejez, dis­ca­pa­ci­dad o el des­em­pleo.
  3. Repro­du­cien­do nue­vos tra­ba­ja­do­res, o sea a tra­vés el par­to. Estas acti­vi­da­des, que for­man la base mis­ma del capi­ta­lis­mo en el sen­ti­do de que repro­du­cen al tra­ba­ja­dor, se hacen com­ple­ta­men­te gra­tis para el sis­te­ma por muje­res y hom­bres den­tro del hogar y de la comu­ni­dad. En Esta­dos Uni­dos, las muje­res toda­vía hacen una par­te des­pro­por­cio­na­da de este tra­ba­jo domés­ti­co.

Según una encues­ta del 2012 https://www.bea.gov/scb/pdf/2012/05%20May/0512_household.pdf, las muje­res en Esta­dos Uni­dos rea­li­za­ron 25.9 horas sema­na­les de tra­ba­jo domés­ti­co no remu­ne­ra­do en el 2010, mien­tras que los hom­bres rea­li­za­ron 16,8 horas, una dife­ren­cia de más de nue­ve horas. La encues­ta inclu­ye tareas tales como el cui­da­do de niños, la coci­na, las com­pras, las tareas domés­ti­cas, los tra­ba­jos oca­sio­na­les, la jar­di­ne­ría, entre otros.

Según la revis­ta For­bes https://​www​.for​bes​.com/​s​i​t​e​s​/​b​r​y​c​e​c​o​v​e​r​t​/​2​0​1​2​/​0​5​/​3​0​/​p​u​t​t​i​n​g​-​a​-​p​r​i​c​e​-​t​a​g​-​o​n​-​u​n​p​a​i​d​-​h​o​u​s​e​w​ork, si se inclu­ye­ra el tra­ba­jo domés­ti­co no remu­ne­ra­do en la medi­ción del PIB, «lo habría ele­va­do en un 26 por cien­to en el 2010». Pero, por supues­to, tam­bién tene­mos que agre­gar a esta ya for­mi­da­ble lis­ta las tareas adi­cio­na­les difí­ci­les de medir, como por ejem­plo brin­dar aten­ción psí­qui­ca y apo­yo tan­to a los emplea­dos como a los no-emplea­dos del hogar. Cual­quie­ra que haya teni­do que cal­mar a un niño des­pués de un duro día de tra­ba­jo, o resol­ver el pro­ble­ma de un padre anciano des­pués de un turno ago­ta­dor, sabe cuán impor­tan­tes pue­den ser esas tareas apa­ren­te­men­te no mate­ria­les.

La idea más impor­tan­te de la teo­ría de la repro­duc­ción social es que el capi­ta­lis­mo es un sis­te­ma uni­ta­rio que pue­de inte­grar con éxi­to, aun­que de mane­ra des­igual, la esfe­ra de la repro­duc­ción y la de la pro­duc­ción. Los cam­bios en una esfe­ra tie­nen efec­to en la otra. Sala­rios bajos y la ten­den­cia neo­li­be­ral a la reduc­ción de cos­tos en el tra­ba­jo pue­den gene­rar eje­cu­cio­nes hipo­te­ca­rias y vio­len­cia domés­ti­ca en el hogar.

¿Por qué es esta la idea más impor­tan­te? Por­que da sus­tan­cia his­tó­ri­ca real a la com­pren­sión de: a) quién es un «tra­ba­ja­dor» y b) de qué mane­ra el tra­ba­ja­dor pue­de luchar con­tra el sis­te­ma. Lo más impor­tan­te es que esta teo­ría nos ayu­da a com­pren­der que cual­quier vic­to­ria por los dere­chos de géne­ro que reali­ce­mos en la eco­no­mía for­mal o fue­ra de ella solo pue­de ser tem­po­ral por­que la base mate­rial de la opre­sión de las muje­res está liga­da al sis­te­ma en su con­jun­to. Cual­quier con­ver­sa­ción sobre el fin de la opre­sión y la eman­ci­pa­ción nece­si­ta recu­rrir a una con­ver­sa­ción simul­tá­nea sobre el fin del sis­te­ma en sí.

La impor­tan­cia de la esfe­ra de la pro­duc­ción

Si las muje­res pro­por­cio­nan el prin­ci­pal apo­yo para el capi­ta­lis­mo fue­ra del lugar de tra­ba­jo a tra­vés de su tra­ba­jo no remu­ne­ra­do, ¿hace eso que los pro­ble­mas en el lugar de tra­ba­jo sean enton­ces pro­ble­mas de hom­bres?

Cual­quie­ra que esté espe­ran­do encon­trar el este­reo­ti­po del siglo XIX del tra­ba­ja­dor blan­co de sexo mas­cu­lino en ove­rol con su lla­ve de tuer­ca debe­ría echar­le un vis­ta­zo al mer­ca­do labo­ral de Esta­dos Uni­dos.

La gran mayo­ría de las muje­res en los Esta­dos Uni­dos tie­ne que tra­ba­jar para ganar­se la vida. Esto sig­ni­fi­ca que ven­den su fuer­za de tra­ba­jo en el mer­ca­do y son tra­ba­ja­do­ras. Las muje­res repre­sen­tan la mitad, un 47 por cien­to, de la fuer­za de tra­ba­jo esta­dou­ni­den­se, y el por­cen­ta­je de madres casa­das que tra­ba­jan ha aumen­ta­do del 37 por cien­to en 1968 al 65 por cien­to en el 2011. Según un estu­dio de Pew Research http://​www​.pew​so​cial​trends​.org/​2​0​1​3​/​0​5​/​2​9​/​b​r​e​a​d​w​i​n​n​e​r​-​m​o​ms/ publi­ca­do este año, un récord del 40 por cien­to de las madres esta­dou­ni­den­ses son el prin­ci­pal sos­tén de sus fami­lias, en com­pa­ra­ción con un mero 11 por cien­to en 1960.

Si bien la mem­bre­sía sin­di­cal es baja para todos los tra­ba­ja­do­res en los EE. UU., la can­ti­dad de muje­res sin­di­ca­li­za­das no está muy por detrás del núme­ro de hom­bres sin­di­ca­li­za­dos. Según la Ofi­ci­na de Esta­dís­ti­cas Labo­ra­les de Esta­dos Uni­dos https://​www​.bls​.gov/​n​e​w​s​.​r​e​l​e​a​s​e​/​p​d​f​/​u​n​i​o​n​2​.​pdf, inclu­so des­pués de la fuer­te caí­da en la mem­bre­sía sin­di­cal des­de la rece­sión, las cifras de 2012 demues­tran que la tasa de mem­bre­sía sin­di­cal fue del 12% para los hom­bres, com­pa­ra­do al 10,5% para las muje­res. Estos datos tam­bién mues­tran que los tra­ba­ja­do­res negros eran más pro­pen­sos a ser miem­bros de sin­di­ca­tos que blan­cos, asiá­ti­cos o lati­nos.

De ello se dedu­ce que cual­quie­ra que argu­men­te que los pro­ble­mas de las muje­res tie­nen que ver solo con lo que expe­ri­men­ta­mos o sopor­ta­mos en el hogar (vio­len­cia sexual, salud repro­duc­ti­va, cui­da­do infan­til, etc.), o fue­ra de la esfe­ra de la pro­duc­ción, está sim­ple­men­te inco­rrec­to. Cual­quier dis­cu­sión sobre los sala­rios o el lugar de tra­ba­jo, sobre la orga­ni­za­ción labo­ral o sobre la lucha por bene­fi­cios es un tema alta­men­te rela­cio­na­do con el géne­ro.

Pero hay dos ten­den­cias radi­cal­men­te con­tra­dic­to­rias que mar­can todas las noti­cias recien­tes sobre las muje­res. Una es la pau­pe­ri­za­ción inso­por­ta­ble de la gran mayo­ría de las muje­res y la otra es el sur­gi­mien­to de un gru­po increí­ble­men­te prós­pe­ro y mul­ti­ét­ni­co de muje­res de la cla­se domi­nan­te.

Más de las tres cuar­tas par­tes de los tra­ba­ja­do­res en las 10 cate­go­rías de tra­ba­jo con sala­rios más bajos son muje­res, y más de un ter­cio son muje­res de color. He escri­to antes http://​socia​list​wor​ker​.org/​2​0​1​3​/​0​3​/​1​4​/​m​a​r​i​s​s​a​-​m​a​y​e​r​-​a​n​d​-​t​h​e​-​f​a​m​ily sobre cómo Esta­dos Uni­dos es uno de los cua­tro úni­cos paí­ses del mun­do que care­ce de per­mi­sos de mater­ni­dad remu­ne­ra­dos, lo que hace que sea extre­ma­da­men­te difí­cil para las muje­res ser madres tra­ba­ja­do­ras. Ade­más, un ter­cio de los tra­ba­ja­do­res de Esta­dos Uni­dos no tie­nen acce­so a la licen­cia por enfer­me­dad paga­da, y solo el 42 por cien­to tie­ne licen­cia per­so­nal remu­ne­ra­da. Como los acti­vis­tas sin­di­ca­les seña­lan correc­ta­men­te https://​aflcio​.org/​w​h​a​t​-​u​n​i​o​n​s​-​d​o​/​e​m​p​o​w​e​r​-​w​o​r​k​e​r​s​/​w​o​r​k​-​l​i​f​e​-​b​a​l​a​nce:

¿Cuál es el impac­to en la salud públi­ca cuan­do las per­so­nas que tra­ba­jan no pue­den dar­se el lujo de tomar­se una licen­cia médi­ca duran­te una epi­de­mia de gri­pe? ¿Quién cui­da a un niño enfer­mo? ¿Quién está en casa para pre­pa­rar la cena y ayu­dar con la tarea del niño? ¿Quién pue­de dedi­car tiem­po a un padre anciano enfer­mo?

¿Cómo se supo­ne que las muje­res deben equi­li­brar la car­ga del tra­ba­jo no remu­ne­ra­do en el hogar, con el tra­ba­jo remu­ne­ra­do a tiem­po com­ple­to en el lugar de tra­ba­jo? La ver­da­de­ra res­pues­ta es que no pue­den.

En 1990, la par­ti­ci­pa­ción de las muje­res en la fuer­za labo­ral fue del 74 por cien­to, lo que pone a Esta­dos Uni­dos en el sex­to lugar entre 22 paí­ses desa­rro­lla­dos en esta medi­da. Gra­cias a las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les de las pró­xi­mas dos déca­das, la par­ti­ci­pa­ción de las muje­res aumen­tó solo una frac­ción al 75,2 por cien­to, mien­tras que en otros paí­ses indus­tria­li­za­dos, aumen­tó del 67 por cien­to a cer­ca del 80 por cien­to.

Las muje­res no solo son obli­ga­das a tra­ba­jar a tiem­po par­cial, sino que la hos­ti­li­dad por par­te del lugar de tra­ba­jo al femi­ni­za­do tra­ba­jo domés­ti­co tam­bién expli­ca por qué solo el 9 por cien­to de las madres tra­ba­jan más de 50 horas a la sema­na.

Pen­se­mos en eso por un minu­to. Si las madres tra­ba­jan, diga­mos 55 horas a la sema­na, y se les asig­na un tiem­po de via­je pro­me­dio, soció­lo­gos http://​blogs​.hbr​.org/​c​s​/​2​0​1​3​/​0​5​/​w​h​y​_​m​e​n​_​w​o​r​k​_​s​o​_​m​a​n​y​_​h​o​u​r​s​.​h​tml han demos­tra­do que ten­drían que dejar la casa a las 8:30 a.m. y regre­sar a las 8:30 p.m. todos los días labo­ra­les!

A pesar de los vas­tos pode­res de inter­net, los niños aún tie­nen que ser reco­gi­dos de la escue­la y ser ali­men­ta­dos por un ser humano vivo, y los padres ancia­nos deben ser aten­di­dos por la mis­ma per­so­na. En la mayo­ría de los casos, en Esta­dos Uni­dos, esta per­so­na sigue sien­do una mujer.

Con­ti­nuan­do con la encues­ta ante­rior, pare­cie­ra que cual­quier cues­tión rela­cio­na­da con el lugar de tra­ba­jo tam­bién se refie­re a las muje­res y al géne­ro. Las polí­ti­cas que gobier­nan los luga­res de tra­ba­jo tie­nen el poder de afec­tar a las muje­res tan­to en el tra­ba­jo como en el hogar. Pero, ¿por qué debe­ría­mos luchar? ¿Debe­ría­mos luchar por una igual­dad sala­rial en una eco­no­mía de bajos sala­rios? ¿Debe­ría­mos luchar por la aten­ción médi­ca uni­ver­sal, lo que faci­li­ta­ría nues­tra car­ga de cui­da­do? ¿Debe­ría­mos luchar como «muje­res» o debe­ría­mos luchar como «tra­ba­ja­do­ras»?

Hay un gru­po par­ti­cu­lar­men­te acti­vo de muje­res que han sur­gi­do en los medios en los últi­mos tiem­pos para defen­der los dere­chos de las muje­res. Joan C. Williams es una soció­lo­ga muy pers­pi­caz, cuyo tra­ba­jo sobre cla­se y géne­ro debe leer­se amplia­men­te. Pero recien­te­men­te hizo la obser­va­ción https://​hbr​.org/​2​0​1​3​/​0​3​/​t​h​e​-​r​i​s​e​-​o​f​-​e​x​e​c​u​t​i​v​e​-​f​e​m​i​n​ism decep­cio­nan­te de que «el femi­nis­mo eje­cu­ti­vo es jus­to lo que nece­si­ta­mos para impul­sar la estan­ca­da revo­lu­ción de géne­ro». Por «femi­nis­mo eje­cu­ti­vo», lite­ral­men­te se refie­re al «femi­nis­mo» de los direc­to­res eje­cu­ti­vos de las gran­des mul­ti­na­cio­na­les. Ella nom­bra a Sheryl Sand­berg y a la pro­fe­so­ra de Prin­ce­ton Anne Marie Slaugh­ter como las líde­res de este «nue­vo fren­te femi­nis­ta».

Muchos podrán delei­tar­se con la inva­sión de las salas de jun­tas cor­po­ra­ti­vas por par­te de un puña­do de muje­res. Estas salas de jun­tas y sus cam­pos de golf con­ti­guos han sido los bas­tio­nes del pri­vi­le­gio mas­cu­lino de la cla­se alta duran­te siglos. Pero nos lle­va a una pre­gun­ta cen­tral: ¿Cuá­les son los dere­chos de géne­ro si los sepa­ra­mos de la cues­tión de la cla­se? ¿Actua­rán las CEOs en inte­rés de todas las muje­res?

Las mejo­res polí­ti­cas para pro­mo­ver los intere­ses de la mayo­ría de las muje­res son tam­bién las mis­mas polí­ti­cas que redu­cen las ganan­cias del capi­ta­lis­mo como un sis­te­ma de pro­duc­ción.

Por ejem­plo, la salud públi­ca gra­tui­ta garan­ti­za­ría que todos los hom­bres, muje­res y niños, tenien­do o no un empleo remu­ne­ra­do, ten­gan acce­so a la aten­ción médi­ca gra­tui­ta. Esto redu­ci­ría la depen­den­cia de una mujer des­em­plea­da de su pare­ja emplea­da y podría even­tual­men­te per­mi­tir­le el con­trol sobre su salud y deci­sio­nes repro­duc­ti­vas, sin men­cio­nar el apo­yo a la salud y a la aten­ción de su fami­lia. Ella podría ele­gir cuán­do y si es que quie­re tener hijos y obte­ner ayu­da case­ra, sin cos­to, para los miem­bros ancia­nos de la fami­lia, lo que redu­ci­ría drás­ti­ca­men­te su pro­pio tra­ba­jo en el hogar.

Pero la indus­tria médi­ca es un nego­cio mul­ti­mi­llo­na­rio que lucha­ría con­tra vien­to y marea. Del mis­mo modo, es un inte­rés de las muje­res que ten­ga­mos un sala­rio digno para todos los tra­ba­ja­do­res, ya que las muje­res se encuen­tran des­pro­por­cio­na­da­men­te entre las per­so­nas peor paga­das de la eco­no­mía. Allí, tam­bién, cho­ca­ría­mos con las ganan­cias del capi­ta­lis­mo, y será una bata­lla difí­cil de ganar.

Las Sheryl Sand­bergs del mun­do son cla­ras gue­rre­ras de cla­se que uti­li­zan el len­gua­je de los dere­chos de las muje­res para refor­zar un sis­te­ma que solo bene­fi­cia a su pro­pia cla­se. La millo­na­ria Sand­berg inclu­so se negó a pagar­le a sus pro­pios inter­nos has­ta que una pro­tes­ta públi­ca la hizo cam­biar de deci­sión.

El men­sa­je cen­tral que pro­vie­ne de esta nue­va gene­ra­ción de muje­res CEO es que tra­ba­jar y tra­ba­jar aún más libe­ra­rá a las muje­res.

Es cier­to que la inde­pen­den­cia eco­nó­mi­ca de las muje­res es un dere­cho con­quis­ta­do y que debe refor­zar­se cons­tan­te­men­te median­te la lucha. Es por eso que encon­tra­mos en los escri­tos de los pri­me­ros mar­xis­tas, como Nadezh­da Krups­ka­ya, un fuer­te énfa­sis en el tra­ba­jo de las muje­res en la esfe­ra de la pro­duc­ción y su poten­cial eman­ci­pa­dor.

Pero la «inde­pen­den­cia» eco­nó­mi­ca se ve mucho mejor en Sheryl Sand­berg que en la madre que tra­ba­ja en Taco Bell ‑por­que la rela­ción de Sand­berg con el capi­ta­lis­mo, como una jefa, es de con­trol, mien­tras que la de la madre tra­ba­ja­do­ra es una de pér­di­da total del con­trol. En el caso de esta últi­ma, su tra­ba­jo le pro­por­cio­na una cier­ta inde­pen­den­cia eco­nó­mi­ca de su pare­ja masculina/​femenina, pero una com­ple­ta depen­den­cia a los capri­chos del mer­ca­do.

Cuan­do Sand­berg dice que las muje­res nece­si­tan tra­ba­jar más ardua­men­te para obte­ner recom­pen­sas, ella le está pidien­do a una cier­ta cla­se de muje­res ‑la suya- arre­ba­tar­le más con­trol a los hom­bres de su cla­se, mien­tras man­tie­ne intac­to el sis­te­ma que fun­cio­na a tra­vés del tra­ba­jo remu­ne­ra­do y no remu­ne­ra­do de la mayo­ría de las muje­res.

De hecho, aca­dé­mi­cas como Karen Nuss­baum han argu­men­ta­do que el sis­te­ma creó algu­nos espa­cios para las muje­res de la cla­se domi­nan­te a fin de evi­tar cam­bios ins­ti­tu­cio­na­les más pro­fun­dos que trans­for­ma­rían la rela­ción de la mayo­ría de las muje­res con el tra­ba­jo:

Para con­te­ner las cre­cien­tes deman­das de las muje­res tra­ba­ja­do­ras, los emplea­do­res crea­ron opor­tu­ni­da­des para algu­nas muje­res, abrien­do empleos pro­fe­sio­na­les y geren­cia­les para las gra­dua­das uni­ver­si­ta­rias resis­tien­do así a las deman­das por cam­bios ins­ti­tu­cio­na­les que mejo­ra­rían los empleos para todas las muje­res. Las muje­res en ambos extre­mos de la fuer­za de tra­ba­jo con­ti­nua­ron com­par­tien­do las preo­cu­pa­cio­nes comu­nes de la igual­dad sala­rial y las polí­ti­cas de tra­ba­jo-fami­lia, pero la inten­si­dad de estos asun­tos difi­rió a medi­da que las con­di­cio­nes de los dos gru­pos iban cam­bian­do. Los emplea­do­res habían crea­do una vál­vu­la de segu­ri­dad. Las muje­res edu­ca­das en la uni­ver­si­dad que habían sido caje­ras de ban­co se con­vir­tie­ron en geren­tes de sucur­sa­les; las ofi­ci­nis­tas de las edi­to­ria­les se esta­ban con­vir­tien­do en edi­to­ras. El por­cen­ta­je de muje­res geren­tes o pro­fe­sio­na­les se dupli­có entre 1970 y 2004, del 19 al 38 por cien­to. (Nuss­baum 2007: 165.)

Es reduc­cio­nis­ta decir que las luchas de géne­ro en nues­tra socie­dad son las mis­mas que las de cla­se. Pero es correc­to decir: a) siguien­do la línea de Lise Vogel, que la lucha de cla­ses repre­sen­ta la «diná­mi­ca cen­tral» del desa­rro­llo social y b) que es de inte­rés del capi­ta­lis­mo como sis­te­ma evi­tar cual­quier cam­bio amplio en las rela­cio­nes de géne­ro, por­que los cam­bios reales en el géne­ro final­men­te afec­ta­rán las ganan­cias.

La impor­tan­cia de la esfe­ra de repro­duc­ción

Es razo­na­ble enton­ces que la mejor mane­ra de luchar por los dere­chos de las muje­res en la esfe­ra de la pro­duc­ción sea a tra­vés de nues­tras orga­ni­za­cio­nes labo­ra­les. Hay algu­nos momen­tos ver­da­de­ra­men­te ins­pi­ra­do­res en la his­to­ria de los tra­ba­ja­do­res en los que los sin­di­ca­tos han lucha­do por el dere­cho al abor­to, la igual­dad sala­rial y con­tra la homo­fo­bia.

Pero la cla­se tra­ba­ja­do­ra no solo tra­ba­ja en su lugar de tra­ba­jo. Una mujer tra­ba­ja­do­ra tam­bién duer­me en su casa, sus hijos jue­gan en el par­que públi­co y van a la escue­la local, y algu­nas veces le pide ayu­da a su madre reti­ra­da para coci­nar. En otras pala­bras, las prin­ci­pa­les fun­cio­nes que repro­du­cen a la cla­se tra­ba­ja­do­ra ocu­rren fue­ra del lugar de tra­ba­jo.

¿Quién entien­de mejor este pro­ce­so? El capi­ta­lis­mo. Esta es la razón por la cual el capi­ta­lis­mo ata­ca bru­tal­men­te la repro­duc­ción social para ganar la bata­lla en la pro­duc­ción. Es por eso que ata­ca los ser­vi­cios públi­cos, empu­ja la car­ga del cui­da­do hacia fami­lias indi­vi­dua­les, redu­ce el cui­da­do social para hacer que toda la cla­se tra­ba­ja­do­ra sea vul­ne­ra­ble y menos capaz de resis­tir sus ata­ques en el lugar de tra­ba­jo.

¿Quién más entien­de este pro­ce­so? Los mar­xis­tas revo­lu­cio­na­rios. Es por eso que pode­mos ser el víncu­lo entre la esfe­ra de la repro­duc­ción, la comu­ni­dad don­de se cie­rra la escue­la, el hogar don­de la mujer es some­ti­da a la vio­len­cia; y la esfe­ra de pro­duc­ción, don­de lucha­mos por bene­fi­cios y por sala­rios más altos.

Lo hace­mos de dos mane­ras. Noso­tros a) pro­por­cio­na­mos el víncu­lo ana­lí­ti­co entre las «dos esfe­ras» del sis­te­ma úni­co, a tra­vés de la teo­ría mar­xis­ta; y b) actua­mos como una tri­bu­na de los opri­mi­dos, par­ti­cu­lar­men­te cuan­do la lucha no se ha gene­ra­li­za­do en el lugar de tra­ba­jo. Por­que no es cier­to que la cla­se obre­ra no pue­da luchar en la esfe­ra de la repro­duc­ción. Sin embar­go, es cier­to que solo pue­de ganar con­tra el sis­te­ma en la esfe­ra de la pro­duc­ción.

Algu­nas de las luchas más impor­tan­tes en la his­to­ria de la cla­se obre­ra comen­za­ron fue­ra de la esfe­ra de la pro­duc­ción. Las dos revo­lu­cio­nes más impor­tan­tes del mun­do moderno, la fran­ce­sa y la rusa, comen­za­ron como revuel­tas por pan, diri­gi­das por muje­res.

La com­pren­sión del capi­ta­lis­mo como un sis­te­ma inte­gra­do, don­de la pro­duc­ción está sos­te­ni­da por la repro­duc­ción social, pue­de ayu­dar a los acti­vis­tas a com­pren­der la impor­tan­cia de las luchas polí­ti­cas en cual­quie­ra de las esfe­ras y la nece­si­dad de unir­las.

Tome­mos el caso de los dere­chos repro­duc­ti­vos, una de las luchas crí­ti­cas de nues­tros tiem­pos, que no es direc­ta­men­te una lucha en el lugar de tra­ba­jo. ¿Los dere­chos repro­duc­ti­vos se refie­ren sim­ple­men­te a la capa­ci­dad de las muje­res para acce­der al abor­to y a la anti­con­cep­ción?

En reali­dad, los dere­chos repro­duc­ti­vos debe­rían lla­mar­se jus­ti­cia repro­duc­ti­va. El dere­cho de las muje­res a ele­gir no es solo el dere­cho a no tener bebés, sino tam­bién el dere­cho a tener­los.

La his­to­ria de las muje­res afro­ame­ri­ca­nas y otras muje­res de color en Esta­dos Uni­dos está man­cha­da por casos de este­ri­li­za­ción for­za­da por par­te del esta­do. A lo lar­go de la déca­da de 1960, los esta­dos de Illi­nois, Iowa, Ohio, Vir­gi­nia y Ten­nes­see con­si­de­ra­ron leyes de este­ri­li­za­ción obli­ga­to­ria para madres negras con asis­ten­cia social. Cuan­do el anti­con­cep­ti­vo Nor­plant se lan­zó por pri­me­ra vez en el mer­ca­do, un edi­to­rial en el Phi­la­delphia Inqui­rer sugi­rió que era una solu­ción a la pobre­za de la pobla­ción. Un des­tino simi­lar aguar­da­ba a las muje­res en Puer­to Rico https://www.albany.edu/celac/LRR%202010.pdf. Cuan­do la indus­tria esta­dou­ni­den­se, bajo el pro­gra­ma eco­nó­mi­co de «Ope­ra­ción Boots­trap», fue a la isla en bus­ca de mano de obra bara­ta en los años 1930 y 1940, muchas fábri­cas admi­nis­tra­ron clí­ni­cas de con­trol de nata­li­dad para muje­res tra­ba­ja­do­ras, y algu­nas se nega­ron a con­tra­tar muje­res a menos que hubie­ran sido este­ri­li­za­das.

Ade­más, la opción repro­duc­ti­va no pue­de ser solo sobre el con­trol de nues­tros ova­rios. Se tra­ta de con­tro­lar nues­tras vidas: si que­re­mos tener hijos, cuán­do tener­los, cuán­tos tener, el tiem­po para cui­dar­los, que exis­tan escue­las públi­cas para enviar­los, que ni ellos ni sus padres estén tras las rejas y lo más impor­tan­te, reci­bir un sala­rio decen­te para poder tomar deci­sio­nes sobre todas esas cosas.

El New York Times infor­mó https://​www​.nyti​mes​.com/​2​0​1​3​/​0​9​/​0​6​/​h​e​a​l​t​h​/​f​e​r​t​i​l​i​t​y​-​r​a​t​e​-​s​t​a​b​i​l​i​z​e​s​-​a​s​-​t​h​e​-​e​c​o​n​o​m​y​-​g​r​o​w​s​.​h​tml esta sema­na que hubo una dis­mi­nu­ción del 9 por cien­to en la tasa de fer­ti­li­dad del 2007 al 2011, una caí­da que los demó­gra­fos creen que «comen­zó des­pués de que la rece­sión se exten­die­ra y los esta­dou­ni­den­ses comen­za­ran a sen­tir­se menos segu­ros sobre sus situa­cio­nes eco­nó­mi­cas». En otras pala­bras, The Times aca­ba de des­cu­brir que la mayo­ría de las muje­res comu­nes y corrien­tes pre­fie­ren tener hijos cuan­do sien­ten que tie­nen los medios eco­nó­mi­cos para ali­men­tar­los y criar­los!

Enton­ces, la cues­tión de la repro­duc­ción está liga­da a las cues­tio­nes más fun­da­men­ta­les de nues­tra socie­dad: quién tra­ba­ja, para quién y por cuán­to tiem­po.

Por una lucha inte­gra­da con­tra el capi­ta­lis­mo

En este momen­to par­ti­cu­lar de la cri­sis neo­li­be­ral, el géne­ro está sien­do uti­li­za­do como el arma de la lucha de cla­se por par­te del capi­tal. La reite­ra­da defen­sa de casos de vio­la­ción por figu­ras del esta­blish­ment, el seve­ro ata­que a los dere­chos repro­duc­ti­vos y la cre­cien­te trans­fo­bia son todos resul­ta­dos del capi­ta­lis­mo inten­tan­do de diver­sas for­mas resol­ver la cri­sis eco­nó­mi­ca median­te ata­ques a la vida de la cla­se tra­ba­ja­do­ra, tan­to en el tra­ba­jo como en el hogar.

Nues­tra solu­ción como revo­lu­cio­na­rios mar­xis­tas no es sim­ple­men­te hablar sobre la impor­tan­cia de la lucha de cla­ses, sino vin­cu­lar las luchas de la eco­no­mía for­mal con las que están fue­ra de ella. Para que esto suce­da, es menos impor­tan­te que «gane­mos el argu­men­to» con las iden­ti­da­des opri­mi­das. Es más impor­tan­te que gane­mos su con­fian­za, sien­do los lucha­do­res más intran­si­gen­tes en la casa y en el tra­ba­jo.

Esta es la razón por la cual en las orga­ni­za­cio­nes don­de lucha­mos por los sala­rios (por ejem­plo, nues­tros sin­di­ca­tos), tene­mos que plan­tear la cues­tión de la jus­ti­cia repro­duc­ti­va; y en nues­tras orga­ni­za­cio­nes don­de lucha­mos con­tra el sexis­mo y el racis­mo, tene­mos que plan­tear la cues­tión de los sala­rios.

Nece­si­ta­mos una gene­ra­ción de muje­res y hom­bres rebel­des para hacer esa cone­xión en nues­tros luga­res de tra­ba­jo, en nues­tros cam­pus y en las calles. Esa es la ver­da­de­ra tra­di­ción del mar­xis­mo revo­lu­cio­na­rio.

Tithi Bhat­ta­char­ya

18 de sep­tiem­bre de 2018

Fuen­te: What is social repro­duc­tion theory?
[Tra­duc­ción: Nico­le Kleinheis­ter­kamp Gon­zá­lez.]

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