Romual­do Barro­so, la hoz, el mar­ti­llo y la dignidad

Con pro­fun­do dolor y mayor res­pe­to des­de Ahaz­tuak 1936 – 1977 hemos de des­pe­dir a Romual­do Barro­so Fre­jo, padre de otro Romual­do ‑el ase­si­na­do por los dis­pa­ros poli­cia­les el 3 de Mar­zo de 1976 en Vito­ria- y lucha­dor incan­sa­ble por la memo­ria de su hijo y de los demás tra­ba­ja­do­res ase­si­na­dos aquel día.

Romual­do fue para nosotrxs una per­so­na entra­ña­ble y fue el refle­jo de esos valo­res de dig­ni­dad, soli­da­ri­dad y lucha por sus dere­chos de la claee obre­ra. Habia naci­do cam­pe­sino en un pue­blo de Extre­maa­du­ra y habia emi­gra­do de joven a Vito­ria en bus­ca de mejor for­ma de ganar­se la vida para él y para los suyos. Como nos dijo más de una vez él si era «obre­ro de la hoz y el mar­ti­llo», por­que sabía bien lo que eran estas dos herra­mien­tas: la hoz de su niñez y juven­tud más joven segan­do por los cam­pos pro­pios y aje­nos y el mar­ti­llo de obre­ro fabril ya en Eus­kal Herria.

Hablar con Romual­do fue siem­pre un lujo por la bon­dad que des­pren­día, al igual que des­pren­día el dolor per­ma­nen­te de la muer­te de su hijo en aquel día acia­go de muer­te sem­bra­da en Gas­teiz el 3 de Mar­zo de 1976 por los perros uni­for­ma­dos al ser­vi­cio de la patro­nal y del régi­men fran­quis­ta que esta­ba mudan­do de piel aun­que mata­ra con la mís­ma fie­re­za e impunidad.

Romual­do fue, es, para nosotrxs ejem­plo y fuer­za. Ejem­plo de no bajar ni un ápi­ce la cabe­za ni la con­cien­cia aun­que pisa­ra la alfom­bra de los des­pa­chos de tan­tos como «sen­tian» la muer­te de su hijo pero nada hacian, sal­vo dar­le bue­nas pala­bras y «lar­gas» por años… A todas esas per­so­nas, mise­ra­bles con bue­nas pala­bras, siem­pre les dejó cla­ro que nada ‑ni dine­ro, ni razo­nes pere­gri­nas, ni lagri­mas de coco­dri­lo- le iban a apar­tar de exi­gir la ver­dad de los ocu­rri­do aquel 3 de Mar­zo en Vito­ria don­de el plo­mo barrió la vida su si hijo y una bue­na por­ción de la suya, ni tam­po­co de exi­gir la jus­ti­cia para todos y cada uno de los res­pon­sa­bles de aquel cri­men: el que dis­pa­ró, el que man­do dis­pa­rar, el que creó la impu­ni­dad para ambos, el que la sigue manteniendo…

Y asi se nos ha ido Romual­do Barro­so y asi le recor­da­re­mos siem­pre, con esa son­ri­sa tier­na, su acen­to extre­me­ño y su gran corazón.

Y asi tam­bien segui­rá con nosotrxs como has­ta aho­ra suman­do su paso y su voz ‑y aho­ra su memo­ria- a nues­tra exi­gen­cia de Ver­dad, Jus­ti­cia y Cas­ti­go a lxs culpables…

¡¡Has­ta siem­pre, Romualdo!!

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