Sar­kozy, el Toi­són y el capu­llo del Bor­bón- Ama­deo Mar­ti­nez Ingles

Pues sí, ami­gos, a la vis­ta está. Este bobo regio, este capu­llo inte­gral, este des­pis­ta­do bal­dra­gas, este “ton­to de los cojo­nes” que diría el peque­ña­rra alcal­de socia­lis­ta famo­so por su len­gua vipe­ri­na, este gili­po­llas de la sema­na (pasa­da) según la pres­ti­gio­sa revis­ta El Jue­ves, este sue­gra­zo real pre­sun­to encu­bri­dor y cóm­pli­ce del divino Urdan­ga (según el juez y la pro­pia Zar­zue­la), este “homo bor­bó­ni­dus” die­cio­ches­co en peli­gro cier­to de extin­ción que toda­vía oku­pa el pala­cio de La Zar­zue­la y que se cree el rey Artu­ro repar­tien­do, a gol­pe de su fie­ra exca­li­bur, canon­jías, mar­que­sa­dos, con­da­dos, duca­dos y gran­de­zas de Espa­ña entre sus caba­lle­ros de la mesa redon­da… aca­ba de con­de­co­rar al “pol­vo­ri­llas” Srkozy (sí, sí, sin la “A”, que se la ha difu­mi­na­do Stan­dar & Poor,s) con el Toi­són de oro; de momen­to y que sepa­mos, en su mode­ra­da moda­li­dad de sola­pa. Que aun­que sea, a todas luces, más bara­ti­ta que el impre­sio­nan­te collar dise­ña­do en 1429 por Feli­pe III de Bor­go­ña para ser luci­do en sus ver­sa­lles­cos uni­for­mes de dise­ño por prín­ci­pes y monar­cas hace­do­res de sin­gu­la­res ges­tas, nos habrá cos­ta­do una pas­ta gan­sa a todos los espa­ño­les des­pués de que se apun­ta­ran a la fies­ta pala­cie­ga y a comer (a cin­tu­rón qui­ta­do, natu­ral­men­te) nues­tros ya casi olvi­da­dos ex pre­si­den­tes demo­crá­ti­cos.

En unos días, ade­más, de recor­tes, tije­re­ta­zos, men­ti­ras, subi­das de impues­tos, desahu­cios y demás pla­gas socia­les con las que toda­vía nos tie­ne que sor­pren­der el sinies­tro Rajoy, ese ama­do líder del cen­tro dere­cha (que risa) recién ele­gi­do mayo­ri­ta­ria­men­te por el cel­ti­bé­ri­co común por­que, a excep­ción del car­bo­ni­za­do Rubal­ca­ba, no hubie­ra sido nada fácil encon­trar otro polí­ti­co tan insen­sa­to como para desear aga­rrar, a día de hoy, el timón del super esco­ra­do Cos­ta Con­cor­dia His­pa­nia en el que esta­mos embar­ca­dos en la actua­li­dad, bien apre­ta­di­tos, todos los ciu­da­da­nos de este país.

Y yo me pre­gun­to (y con­mi­go miles de jóve­nes súb­di­tos de esta sin par y vetus­ta monar­quía que ya sacan sus twit­ter a relu­cir anun­cian­do, des­de su cabreo máxi­mo, que están dis­pues­tos a desahu­ciar como sea al oku­pa regio): ¿Pero es que a este hom­bre, que evi­den­te­men­te está ya muy cer­ca de creer­se Napo­león y pron­to nos sol­ta­rá el his­tó­ri­co espi­che de las Pirá­mi­des (en estos momen­tos no me refie­ro ni a Sar­ko ni a Rajoy sino al inefa­ble Juan­ca) no lo va a parar nadie? ¿Es que tal como está, con su rodi­lla mecá­ni­ca de tita­nio, su ten­dón de Peri­cles (per­dón, de Aqui­les, en qué esta­ría pen­san­do) injer­ta­do con tri­pa de cer­do (que aguan­ta lo que le echen), su pul­món izquier­do (el que le que­da) acar­to­na­do y alqui­tra­na­do des­pués de millo­nes de cala­das nico­tí­ni­cas, su apa­ra­to repro­duc­tor dis­mi­nui­do y mani­fies­ta­men­te mejo­ra­ble según el muy ente­ra­do y coti­lla Peña­fiel, y su híga­do (yo creo que de color azul aun­que, la ver­dad, yo no sé como tie­nen los reyes este labo­ra­to­rio enzi­má­ti­co humano abso­lu­ta­men­te nece­sa­rio para poder aguan­tar miles y miles de horas de mesa y man­tel) hecho unos zorros de car­tón pie­dra por las tone­la­das de tanino de alto stan­ding que ha debi­do con­su­mir en el cum­pli­mien­to de su sagra­do deber… va a seguir hacien­do, un día sí y otro tam­bién, de su capa (de armi­ño, obvia­men­te) un sayo gas­tán­do­se el dine­ro que los espa­ño­les no tene­mos (él sí, des­de lue­go)?

¿Es que no va a haber nadie (de momen­to, den­tro de la lega­li­dad cons­ti­tu­cio­nal que urdió en este país, entre otros, “el héroe de Vito­ria y Palo­ma­res” que aca­ba de empren­der via­je para reen­con­trar­se en los luce­ros con su gene­ra­lí­si­mo del alma) que le pare los pies y le diga que deje de una puñe­te­ra vez de aga­sa­jar y con­de­co­rar a jeri­fal­tes extra­ños (que, ade­más, les hue­le el culo a pól­vo­ra) con car­go a los esca­sos marcos/​euros que nos ha deja­do a los espa­ño­les en el bol­si­llo la taca­ña Mer­kel, que deje de tirar con pól­vo­ra del pue­blo, que deje de incor­diar a los que toda­vía paga­mos los impues­tos y que no esta­mos para juer­gas y jara­nas pala­cie­gas, y que emplee su tiem­po en arre­glar cuan­to antes las pre­sun­tas cho­ri­za­das de su yerno (obli­gán­do­le a que devuel­va todo el dine­ro afa­na­do) y las suyas pro­pias, abs­te­nién­do­se, ade­más, de poner palos en las rue­das de la jus­ti­cia?

Pero yo la ver­dad, ana­li­zan­do en pro­fun­di­dad las pedes­tres deci­sio­nes de Esta­do que se per­mi­te tomar este hom­bre, nues­tro ama­do monar­ca de dere­cho fran­quis­ta, he lle­ga­do a la con­clu­sión de que pade­ce una pro­fun­da depre­sión, como se decía antes, y que quie­re salir con­ti­nua­men­te en los medios, y don­de sea, para com­ba­tir­la y creer­se que toda­vía su vida vale para algo. Aun­que solo sea para leer unas cuar­ti­llas, escri­tas por el ama­nuen­se de ser­vi­cio con letras de cega­to, en el come­dor pala­cie­go de turno. Y con algún jefe­ci­llo de Esta­do extran­je­ro de invi­ta­do de lujo con dere­cho a aplau­dir, da igual que sea moro o euro­peo, y a hacer como que le atien­de en su estú­pi­do par­la­men­to de los pos­tres. A mí, ya lo he dicho en algu­na oca­sión y la gen­te no se lo cree, me da ya bas­tan­te pena ver­le hacien­do el ridícu­lo como lo hace en el oto­ño de su vida y si, a pesar de ello, saco bas­tan­te a menu­do a relu­cir sus dolen­cias físi­cas no es, obvia­men­te, con “ani­mus inju­rian­di” (nun­ca está bien vis­to meter­se con los defec­tos físi­cos del pró­ji­mo, aun­que en este caso sean a cau­sa de su vida licen­cio­sa) sino para que, leyén­do­las como pue­de leer­las en los habi­tua­les infor­mes que le pasa la, por otra par­te, pre­ca­ria Sec­ción de Inte­li­gen­cia de La Zar­zue­la, pien­se en reti­rar­se a la menor oca­sión del mun­da­nal rui­do que aho­ra le rodea, mar­chán­do­se adon­de Dios le dé a enten­der.

Estoy con­ven­ci­do, tam­bién, de que de no ser por las extra­ñas cir­cuns­tan­cias que se han ense­ño­rea­do últi­ma­men­te de La Zar­zue­la, el toda­vía rey de algu­nos espa­ño­les (hay mucho ladino que estos días está fichan­do apre­su­ra­da­men­te por la Ter­ce­ra, no vaya a ser que le pille el toro del cam­bio sin ente­rar­se) se habría reti­ra­do ya a Yus­te, a orga­ni­zar con los mon­jes del monas­te­rio (si los hay, que no lo sé) cenas medie­va­les con los autóc­to­nos del lugar y algún que otro invi­ta­do socia­lis­ta de los alre­de­do­res. Pero está cla­ro que no pue­de, dadas esas cir­cuns­tan­cias espe­cia­les que digo y que son, bási­ca­men­te, dos. La pri­me­ra, que sabe a cien­cia cier­ta que si él se va la coro­na bor­bó­ni­ca espa­ño­la iba a durar menos que un con­dón a la puer­ta de un espec­tácu­lo porno. Y la segun­da, no quie­re ceder por nada del mun­do al con­tu­ber­nio político/​familiar que des­de hace ya algún tiem­po cons­pi­ra en el entorno pala­cie­go para obli­gar­le a abdi­car en la per­so­na del here­de­ro. Y a la cabe­za del cual se encuen­tra una joven (bueno, ya no tan joven) de poca chi­cha y gran ambi­ción. Que tie­ne mucho mie­do de que las cosas se ace­le­ren y ella se que­de para ves­tir san­tos en algún monas­te­rio o en el exi­lio dora­do de algu­na para­di­sía­ca isla, pero sin coro­na ni nada. Con lo que le ha cos­ta­do lle­gar adon­de está y la mala san­gre que ha teni­do que hacer por el camino.

Lo dicho, ami­gos, que La Zar­zue­la va a seguir sien­do noti­cia en los pró­xi­mos meses. ¡Y ojo al 14 de abril por lle­gar! Repi­to, una vez más que este hom­bre me da pena, con lo mal que anda y lo mucho que va a tener que correr. ¡Cuel­gue la coro­na de una vez, majes­tad, que sólo se vive una vez! Aun­que la suya haya sido una vida vivi­da, la mayor par­te de ella, con el tur­bo meti­do a tope…

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