Dos- Julen Arzuaga

Elec­cio­nes gene­ra­les a la vis­ta. Dos son los can­di­da­tos con opcio­nes en el sis­te­ma bipar­ti­dis­ta encu­bier­to espa­ñol. El dato: ambos ex minis­tros de Inte­rior. Nadie se atre­ve­rá a con­si­de­rar el hecho casual. Menos aún irrelevante.

Es sin­to­má­ti­co que en el Esta­do espa­ñol el currí­cu­lum mejor valo­ra­do para optar a pre­si­den­te sea haber­se situa­do al man­do de la tro­pa. No de la que actúa con­tra enemi­gos extran­je­ros en glo­rio­sas gue­rras leja­nas. Ese otro ejér­ci­to de uni­for­ma­dos dedi­ca­dos a man­te­ner a raya a la ciu­da­da­nía den­tro de casa. Cier­to que no es difí­cil tener mejor valo­ra­ción que quie­nes hayan ocu­pa­do minis­te­rios de Eco­no­mía, Cul­tu­ra o de Asun­tos Socia­les, pero no deja de ser demos­tra­ti­vo del nivel socio­po­lí­ti­co que un esta­do deba regir­se por quie­nes osten­ta­ron res­pon­sa­bi­li­da­des en el con­trol interno del país, al man­do de sus apa­ra­tos de coer­ción más rele­van­tes: las Fuer­zas y Cuer­pos de Segu­ri­dad del Esta­do ‑inclui­dos empre­sas y per­so­nal de segu­ri­dad pri­va­da- y los esta­ble­ci­mien­tos de puni­ción por exce­len­cia: las pri­sio­nes. Con­clu­ya­mos, pues, que es para­dig­má­ti­ca la bue­na valo­ra­ción social espa­ño­la del minis­tro de la boca­cha, pica­na, cun­das y cho­pano para posi­cio­nar­lo al fren­te del Estado.

Rea­li­zan­do una rápi­da disec­ción de los can­di­da­tos, Mariano Rajoy cogía la car­te­ra con dis­tin­ti­vo dora­do de Inte­rior de manos de Jai­me Mayor Ore­ja en febre­ro de 2001. ETA había dado por fina­li­za­da la tre­gua del pro­ce­so de Liza­rra-Gara­zi y el enton­ces pre­si­den­te, José María Aznar, pre­ci­sa­ba de mano dura. Le dan la bien­ve­ni­da al car­go las foto­gra­fías de las mar­cas de elec­tro­dos en el cuer­po de Iratxe Sor­za­bal y le des­pi­de el ros­tro amo­ra­ta­do de Unai Romano. Rajoy ele­vó el núme­ro de dete­ni­dos, sobre todo en las filas de la disi­den­cia social ‑ope­ra­ti­vos con­tra Hai­ka, Ges­to­ras, Bata­su­na- al tiem­po que dise­ña­ba la Ley de Par­ti­dos. Apos­tan­do por la vía de la repre­sión, dijo aque­llo de que «Quien nego­cia, pre­ten­de ceder. En estas cir­cuns­tan­cias, pier­de siem­pre». Amnis­tía Inter­na­cio­nal e ins­ti­tu­cio­nes de la ONU denun­cian el incre­men­to de la vul­ne­ra­ción de derechos.

Pérez Rubal­ca­ba por su par­te, entra en el minis­te­rio en pleno pro­ce­so de Loio­la. Nue­va­men­te, entre sus meda­llas se encuen­tra la del méri­to anti­te­rro­ris­ta ‑caso Fai­sán mediante‑, entor­pe­cien­do un pro­ce­so de deli­ca­da salud des­de el minu­to uno. Más deten­cio­nes, casos de tor­tu­ra con vio­la­ción en comi­sa­ría, en momen­tos en que la lógi­ca impo­ne des­ac­ti­va­ción de vio­len­cias: «el esta­do no está en tre­gua». Habien­do nega­do cien­tos de oca­sio­nes que el ante­rior Gobierno del PSOE capi­ta­nea­do por Feli­pe Gon­zá­lez, en el que tam­bién él par­ti­ci­pó como por­ta­voz, no esta­ba invo­lu­cra­do en el GAL, Rubal­ca­ba no ten­drá remor­di­mien­tos para espe­tar al PP que «los ciu­da­da­nos espa­ño­les mere­cen un Gobierno que no les mien­ta». Amnis­tía Inter­na­cio­nal e ins­ti­tu­cio­nes de la ONU denun­cian el incre­men­to de la vul­ne­ra­ción de derechos.

No sólo ambos dos. Los ges­to­res de tra­mas de alcan­ta­ri­lla y fon­dos reser­va­dos han esta­do sal­pi­ca­dos por todo tipo de escán­da­los vin­cu­la­dos con la vio­len­cia y el abu­so del poder. En poco menos de 200 años de his­to­ria, des­de que se ins­tau­ró este minis­te­rio en 1814 bajo dife­ren­te nomen­cla­tu­ra ‑de Gober­na­ción, de Orden Públi­co, de Inte­rior- la res­pon­sa­bi­li­dad de man­te­ner el orden ante disi­den­tes polí­ti­cos, sin­di­ca­les o socia­les ha cam­bia­do de manos en 209 oca­sio­nes ‑siem­pre hom­bres-. Entre los 14 emu­la­do­res del duque de Ahu­ma­da que han ocu­pa­do este pues­to bajo el man­da­to del actual Bor­bón, nin­guno se ha des­ta­ca­do pre­ci­sa­men­te por la mesu­ra y la mode­ra­ción. No tene­mos espa­cio para reco­pi­lar el lis­ta­do de agra­vios de per­so­nas de la cata­du­ra de Fra­ga Iri­bar­ne, Mar­tín Villa, Ibá­ñez Frei­re, Rosón, Barrio­nue­vo, Cor­cue­ra… Segu­ra­men­te será algo inhe­ren­te al car­go de cha­rol, capa y pis­to­la Astra al cincho.

Entre las com­pe­ten­cias que acu­mu­la el Minis­te­rio, según el Real Decre­to que lo ins­ti­tu­ye y que no pare­ce que haya des­per­ta­do dema­sia­do inte­rés en sus inqui­li­nos, se encuen­tra la «pro­mo­ción de las con­di­cio­nes para el ejer­ci­cio de los dere­chos fun­da­men­ta­les, espe­cial­men­te en rela­ción con la liber­tad y segu­ri­dad per­so­nal». Una com­pe­ten­cia garan­tis­ta que, sim­ple­men­te, todos olvi­da­ron según acu­den a su pri­me­ra revis­ta en el cuartel.

Decía que sería intere­san­te valo­rar ‑pro­ba­ble­men­te, más que polí­ti­ca o socio­ló­gi­ca­men­te, psi­co­ló­gi­ca­men­te- por qué el car­go de Inte­rior da lus­tre a ojos de la ciu­da­da­nía espa­ño­la. Qué tipo de obse­sio­nes se diri­gen a sos­te­ner esa popu­la­ri­dad. Será odio, resen­ti­mien­to, mie­do, sumi­sión… Y des­de el tram­po­lín de Inte­rior, aho­ra se enfren­tan a un nue­vo pano­ra­ma polí­ti­co en Eus­kal Herria. Pano­ra­ma que ambos han inten­ta­do tor­pe­dear por todos los medios. La pre­sa a batir aho­ra no es tan­to ETA, a la que des­de sus des­pa­chos con­si­de­ra­ban tener encon­tra­da la medi­da, sino que apun­tan a Bil­du en par­ti­cu­lar y al inde­pen­den­tis­mo en gene­ral como el peli­gro a con­ju­rar. El can­di­da­to del PSOE indi­ca que se les bati­rá en las urnas ‑de no ser así es de enten­der que se les debe­ría per­mi­tir a los inde­pen­den­tis­tas lle­var a la prác­ti­ca su pro­yec­to polí­ti­co-. El del PP, más expe­di­ti­vo, apues­ta por la ile­ga­li­za­ción. En cual­quier caso, sea quien sea final­men­te el ven­ce­dor, afron­tan una opor­tu­ni­dad sin pre­ce­den­tes, que ten­drán que ges­tio­nar con más habi­li­dad que con la que se emplea­ron en dicho minis­te­rio: la nor­ma­li­za­ción polí­ti­ca. No de Eus­kal Herria, sino del Esta­do que diri­gi­rán, que lo ase­gu­ran de dere­cho. Releo en un libro edi­ta­do en 1966 por un cate­drá­ti­co de dere­cho sal­man­tino: «cuan­do fal­tan garan­tías pro­ce­sa­les, cuan­do los dete­ni­dos y pro­ce­sa­dos no son res­pe­ta­dos, cuan­do hay amplias zonas de la acti­vi­dad públi­ca a las que injus­ti­fi­ca­da­men­te no lle­gan los recur­sos jurí­di­cos, cuan­do el poder polí­ti­co se inmis­cu­ye bajo for­mas dife­ren­te en la actua­ción de los Tri­bu­na­les, cuan­do las juris­dic­cio­nes espe­cia­les actúan con dema­sia­da fre­cuen­cia en sus­ti­tu­ción de la juris­dic­ción ordi­na­ria… enton­ces pue­de decir­se que no exis­ten en modo alguno Esta­do de Dere­cho». Se escri­bió eso augu­rán­do­se enton­ces un cam­bio tras­cen­den­tal, en el que se pudie­ran fijar las bases de un Esta­do de Dere­cho. 45 años más tar­de, esos prin­ci­pios tie­nen abso­lu­ta vigen­cia, pero no plas­ma­ción prác­ti­ca. El desa­fío que tie­nen cual­quie­ra de los dos can­di­da­tos es, pre­ci­sa­men­te, rege­ne­rar un esta­do mal­tre­cho en liber­ta­des, ero­sio­na­do en garan­tías, des­ca­la­bra­do en dere­chos ciudadanos.

En ese con­tex­to se han seña­la­do las elec­cio­nes gene­ra­les para el día 20 de noviem­bre. Espa­ña se deba­ti­rá entre dos can­di­da­tos: el nos­tál­gi­co y el des­me­mo­ria­do. En Eus­kal Herria lle­na­re­mos las urnas de ansias de liber­tad y demo­cra­cia. Ese día lo hare­mos hon­ran­do la memo­ria de dos com­pa­ñe­ros que no pudie­ron ver esas aspi­ra­cio­nes con­su­ma­das, pero apun­ta­la­ron sus cimien­tos: San­ti Brouard y Josu Mugu­ru­za. ¡Por ellos dos!

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