Por una eco­no­mía inte­gra­da en el mun­do que la rodea

Entre­vis­ta a Fede­ri­co Agui­le­ra Klink y Jor­di Roca Jus­met, dos de los prin­ci­pa­les eco­no­mis­tas eco­ló­gi­cos espa­ño­les, por Isi­dro López (Revis­ta Miner­va)

ISIDRO LÓPEZ. La rup­tu­ra de la eco­no­mía eco­ló­gi­ca con la eco­no­mía orto­do­xa impli­ca una nue­va con­cep­ción teó­ri­ca de la acti­vi­dad eco­nómica, que pasa a con­si­de­rar­se inte­gra­da en los sis­te­mas natu­ra­les y socia­les más amplios, a los que se deno­mi­na meta­bo­lis­mo eco­nó­mi­co. Asi­mis­mo, esa rup­tu­ra con­lle­va unas nue­vas prio­ri­da­des empí­ri­cas para la inves­ti­ga­ción eco­nó­mi­ca. Para voso­tros, ¿cuá­les son los prin­ci­pa­les ele­men­tos de esta rup­tu­ra entre la eco­no­mía eco­ló­gi­ca y la eco­no­mía ortodoxa?

FEDERICO AGUILERA KLINK. Siguien­do a Man­fred Max Neef, yo diría que hay tres gran­des cues­tio­nes que orien­tan la eco­no­mía eco­ló­gi­ca. En pri­mer lugar, tene­mos la idea de una eco­no­mía cohe­ren­te, es decir, inte­gra­da en el medio ambien­te. En segun­do lugar, la eco­no­mía eco­ló­gi­ca defien­de una eco­no­mía que está al ser­vi­cio de la socie­dad y no al revés. Estos dos pun­tos remi­ten a la idea de que un con­jun­to inclui­do –lo eco­nó­mi­co– no pue­de sino acep­tar las reglas del con­jun­to inclu­yen­te –la natu­ra­le­za – . Un ter­cer aspec­to sería la deci­di­bi­li­dad, es decir, la capa­ci­dad de habi­li­tar una demo­cra­cia que se tome más en serio con­tar con los ciu­da­da­nos y en la que los pro­ce­sos de toma de deci­sio­nes per­mi­tan la par­ti­ci­pa­ción real.

JORDI ROCA JUSMET En los últi­mos tiem­pos la eco­no­mía se ha empo­bre­ci­do muchí­si­mo: ha ten­di­do a cen­trar­se en unas cues­tio­nes muy espe­cí­fi­cas y ha olvi­da­do no sólo su rela­ción con el medio ambien­te, sino tam­bién las rela­cio­nes socia­les en las que se enmar­ca. La eco­no­mía eco­ló­gi­ca es en bue­na par­te una reac­ción a este olvi­do del mar­co social de la eco­no­mía más orto­do­xa: se tra­ta de recu­pe­rar las rela­cio­nes socia­les, las moti­va­cio­nes, el ori­gen de las nece­si­da­des… es decir, todas las cues­tio­nes que se han ido olvi­dan­do en favor de una eco­no­mía abs­trac­ta y des­li­ga­da de los cono­ci­mien­tos que apor­tan otras disciplinas.

FEDERICO AGUILERA KLINK. La eco­no­mía orto­do­xa se ha cen­tra­do en el cre­ci­mien­to medi­do por unos indi­ca­do­res muy cues­tio­na­dos des­de hace ya tiem­po, co-mo el Pro­duc­to Inte­rior Bru­to (PIB). El PIB es un indi­ca­dor de velo­ci­dad, pero no de direc­ción, que olvi­da los daños o cos­tes socia­les, físi­cos y bio­ló­gi­cos no expre­sa­bles en tér­mi­nos mone­ta­rios que per­mi­ten el cre­ci­mien­to de las varia­bles mone­ta­rias, de mane­ra que cuan­do se dice que el PIB está cre­cien­do se está igno­ran­do los cos­tes que con­lle­va ese cre­ci­mien­to. Si estos cos­tes se pudie­ran cuan­ti­fi­car mone­ta­ria­men­te, lo más pro­ba­ble es que la evo­lu­ción del PIB resul­tan­te fue­ra nega­ti­va. Aho­ra bien, tra­tar de medir en una dimen­sión úni­ca lo que es mul­ti­di­men­sio­nal es una idea dis­pa­ra­ta­da que lle­va a que lo que no pue­de medir­se en tér­mi­nos mone­ta­rios sea sen­ci­lla­men­te igno­ra­do. De ahí que la eco­no­mía eco­ló­gi­ca pien­se esta mul­ti­pli­ci­dad de face­tas eco­nó­mi­cas a par­tir de la idea del meta­bo­lis­mo eco­nó­mi­co, y desa­rro­lle indi­ca­do­res que miden en mag­ni­tu­des físi­cas los pro­ce­sos que tie­nen lugar en este meta­bo­lis­mo, a la vez que incor­po­ra indi­ca­do­res sociales.

JORDI ROCA JUSMET. El pro­ble­ma es que para eva­luar si las cosas van bien o mal esta­mos uti­li­zan­do un indi­ca­dor que no nos pro­por­cio­na esa infor­ma­ción. No es raro que el PIB crez­ca más cuan­do las cosas van a peor. Si se pro­du­ce un gra­ve dete­rio­ro ambien­tal que impli­ca un gran gas­to, la con­ta­bi­li­dad nacio­nal lo reco­ge como acti­vo, es decir, con­ta­bi­li­za ese gas­to como gene­ra­ción de rique­za. Si la gen­te está insa­tis­fe­cha y con­su­me más y más, esto tam­bién apa­re­ce como un dato posi­ti­vo, cuan­do en reali­dad es un sín­to­ma de que las cosas no funcionan.

ISIDRO LÓPEZ. Ade­más de esta escue­la del meta­bo­lis­mo eco­nó­mi­co y de los flu­jos físi­cos, hay otra corrien­te más liga­da a la eco­no­mía orto­do­xa, la eco­no­mía ambien­tal, que pare­ce dis­fru­tar de mayor éxi­to en la ges­tión ambien­tal. Esta corrien­te inter­pre­ta las rela­cio­nes entre eco­no­mía y medioam­bien­te bajo la ópti­ca de las exter­na­li­da­des o de los fallos del mer­ca­do. Entre estas dos visio­nes, ¿hay posi­bi­li­dad de sín­te­sis o hay un cam­bio de pro­ble­má­ti­ca que impi­de el diálogo?

JORDI ROCA JUSMET. La eco­no­mía ambien­tal abor­da los pro­ble­mas ambien­ta­les como excep­cio­nes. Para esta corrien­te, la eco­no­mía es un sis­te­ma que como nor­ma se expli­ca por sí mis­mo, sin nece­si­dad de hacer refe­ren­cia al con­tex­to en que se mue­ve; pero a veces se pro­du­cen pro­ble­mas, a los que lla­man exter­na­li­da­des nega­ti­vas. Con este tér­mino se refie­ren a los efec­tos dañi­nos para el con­jun­to de la socie­dad que gene­ra algu­na acti­vi­dad con­cre­ta. Una vez iden­ti­fi­ca­da la exter­na­li­dad, se plan­tea cómo solu­cio­nar este efec­to eco­nó­mi­co nega­ti­vo en tér­mi­nos de un aná­li­sis cos­te-bene­fi­cio. En resu­men, la eco­no­mía ambien­tal se ocu­pa de los ins­tru­men­tos con los que inten­tar solu­cio­nar estos pro­ble­mas con­cre­tos. La eco­no­mía eco­ló­gi­ca, por su par­te, no se opo­ne a la uti­li­za­ción de esos ins­tru­men­tos, como pue­den ser los impues­tos que gra­van la con­ta­mi­na­ción, pero sí bus­ca situar­los den­tro de un mar­co de cues­tio­na­mien­to glo­bal del fun­cio­na­mien­to del sis­te­ma eco­nó­mi­co. La pers­pec­ti­va ambien­tal es mucho más par­cial y, en algu­nos casos, se equi­vo­ca por com­ple­to, como cuan­do pre­ten­de que el cos­te de los impac­tos medioam­bien­ta­les y el valor de los acti­vos natu­ra­les se pue­den medir siem­pre en dinero.

FEDERICO AGUILERA KLINK. El pro­ble­ma es el pun­to de par­ti­da: redu­cir una gran varie­dad de dimen­sio­nes a tér­mi­nos mone­ta­rios e insis­tir en el cre­ci­mien­to. Si se con­si­de­ra que todo lo que no se pue­de mone­ta­ri­zar no exis­te, apa­re­ce el pro­ble­ma de las lla­ma­das exter­na­li­da­des que, tan­to la eco­no­mía ambien­tal como la con­ven­cio­nal inter­pre­tan como oca­sio­na­les. Diría que esas pers­pec­ti­vas y la eco­no­mía eco­ló­gi­ca son irre­con­ci­lia­bles. Con­si­de­rar las rela­cio­nes entre eco­no­mía y medio ambien­te como algo oca­sio­nal es un des­pro­pó­si­to. Todos lo hemos estu­dia­do en el bachi­lle­ra­to: la pri­me­ra ley de la ter­mo­di­ná­mi­ca, la de la con­ser­va­ción, dice que la ener­gía ni se crea ni se des­tru­ye, sólo se trans­for­ma. Esto sig­ni­fi­ca, entre otras cosas, que todo recur­so se trans­for­ma en resi­duo, por más que en las facul­ta­des se estu­die una eco­no­mía que no con­su­me recur­sos ni gene­ra resi­duos. Se habla de mate­rias pri­mas, pero no se habla de las impli­ca­cio­nes físi­cas o bio­fí­si­cas del pro­ce­so meta­bó­li­co que deli­mi­ta cla­ra­men­te la pri­me­ra ley. Todo recur­so se trans­for­ma en resi­duo, y vivi­mos en un pla­ne­ta fini­to, lo que sig­ni­fi­ca que los recur­sos son fini­tos y que la capa­ci­dad de asi­mi­la­ción de resi­duos tam­bién es fini­ta. El otro día oí en la radio al patrón de la cofra­día de pes­ca­do­res de San­lú­car de Barra­me­da; el locu­tor le pre­gun­ta­ba: «hay esca­sez de lan­gos­ti­nos, ¿ver­dad?», y él con­tes­ta­ba: «no, no, los lan­gos­ti­nos son siem­pre los mis­mos. Lo que pasa es que cada vez hay más gen­te que quie­re com­prar­los y enton­ces sube el pre­cio». Es decir, es nues­tro esti­lo de vida el que está gene­ran­do la esca­sez, una esca­sez social­men­te cons­trui­da más que físi­ca. Lo mis­mo suce­de con el petró­leo o con la capa­ci­dad de asi­mi­la­ción de CO2. Los mode­los de pro­duc­ción y con­su­mo occi­den­ta­les han roto los equi­li­brios de los eco­sis­te­mas y han pro­vo­ca­do que la capa­ci­dad de absor­ción de CO2 sea, en este momen­to, el recur­so más esca­so del mun­do y que esta esca­sez esté pro­vo­can­do el cam­bio cli­má­ti­co. Tene­mos que poner los pies en el sue­lo y pen­sar con con­cep­tos de eco­no­mía eco­ló­gi­ca. Así vere­mos que el esti­lo de vida occi­den­tal es un autén­ti­co dis­pa­ra­te, ya que no hay fuen­tes exter­nas de mate­ria­les, y nos dare­mos cuen­ta de que la solu­ción pasa por pen­sar en estas rela­cio­nes sis­té­mi­cas de for­ma integrada.

JORDI ROCA JUSMET. Sí, es cier­to que la eco­no­mía ambien­tal tien­de a tra­tar los pro­ble­mas ambien­ta­les y la ges­tión de los recur­sos como dos pro­ble­mas com­ple­ta­men­te sepa­ra­dos cuan­do, des­de el pun­to de vis­ta de la eco­no­mía eco­ló­gi­ca, es evi­den­te que una mayor tasa de extrac­ción de recur­sos tien­de a gene­rar mayor can­ti­dad de pro­ble­mas ambientales.

ISIDRO LÓPEZ. Esto nos lle­va a otra cues­tión clá­si­ca de la eco­no­mía eco­ló­gi­ca, la de la esca­la, es decir, la idea de que por enci­ma de cier­ta esca­la de con­su­mo o de pro­duc­ción nin­gu­na acti­vi­dad eco­nó­mi­ca es sos­te­ni­ble. Este enfo­que difie­re dia­me­tral­men­te del lla­ma­do enfo­que de la eco­efi­cien­cia, que aspi­ra a redu­cir el impac­to ambien­tal o el con­su­mo ener­gé­ti­co por uni­dad de pro­duc­to a tra­vés del cam­bio tecnológico.

JORDI ROCA JUSMET. Sí, des­de lue­go, las solu­cio­nes tec­no­ló­gi­cas son impor­tan­tes, pero mucho más impor­tan­te es la esca­la de la pro­duc­ción. En el fon­do, el pro­ble­ma es que se tien­de a con­si­de­rar que los nive­les sin pre­ce­den­tes de cre­ci­mien­to de la pro­duc­ción y de la pobla­ción del siglo pasa­do se pue­den pro­yec­tar inde­fi­ni­da­men­te en el futu­ro, cuan­do son irre­pe­ti­bles. Como dice John McNeill en su his­to­ria ambien­tal del siglo XX, Algo nue­vo bajo el sol, las tasas de aumen­to del uso de ener­gía, de ocu­pa­ción de sue­lo, de pobla­ción huma­na, de con­su­mo de mate­ria­les y de gene­ra­ción de con­ta­mi­nan­tes del siglo XX no pue­den repe­tir­se. La eco­no­mía orto­do­xa par­te de un aná­li­sis ahis­tó­ri­co que lle­va a dar por sen­ta­do que los nive­les desor­bi­ta­dos de estas varia­bles son nor­ma­les. En los mode­los de cre­ci­mien­to, la eco­no­mía pue­de cre­cer cada año un 3%, da igual que sea duran­te diez, vein­te o cien años, pero hay que tener en cuen­ta que estas extra­po­la­cio­nes supo­nen acep­tar que la eco­no­mía va a ser dos veces mayor cada vein­ti­cin­co años.

FEDERICO AGUILERA KLINK. El aná­li­sis de la eco­no­mía orto­do­xa, ade­más de ser ahis­tó­ri­co, está com­ple­ta­men­te des­con­tex­tua­li­za­do. Con­ti­nua­men­te extrae­mos ener­gía y recur­sos de los paí­ses que no se encuen­tran en nues­tros nive­les de con­su­mo y que, para­dó­ji­ca­men­te, no pue­den poner­se a nues­tro nivel por­que en ese caso noso­tros ya no podría­mos estar como esta­mos… El infor­me Brund­landt, de 1987, ya seña­la­ba que el saqueo del capi­tal eco­ló­gi­co del pla­ne­ta y la impo­si­ción de deci­sio­nes auto­ri­ta­rias a los paí­ses del sur es el prin­ci­pal pro­ble­ma ambien­tal del mun­do. Si se con­tex­tua­li­za ade­cua­da­men­te, como hace Edgar Morin, y se plan­tean las pre­gun­tas ade­cua­das, como «¿es esto repe­ti­ble?»; «¿cuán­ta gen­te pue­de vivir así?», etc., el carác­ter nece­sa­ria­men­te mino­ri­ta­rio del desa­rro­llo occi­den­tal apa­re­ce cla­ra­men­te. Es decir, esta­mos ante un mode­lo que fun­cio­na siem­pre y cuan­do no se gene­ra­li­ce. Por otro lado, no hay que olvi­dar que cada país o cada con­tex­to cul­tu­ral tie­ne su pro­pia noción de desa­rro­llo, que la eco­no­mía orto­do­xa ha que­bra­do con una visión tor­pe y erró­nea, decla­ran­do que todo el que no vive como noso­tros está sub­de­sa­rro­lla­do. Yo he esta­do en Boli­via, tra­ba­jan­do sobre agro­eco­lo­gía con gen­te del Alti­plano, que tie­ne una vin­cu­la­ción muy dife­ren­te con su medio. Saben per­fec­ta­men­te en qué con­tex­to viven y saben que si se salen de sus patro­nes tra­di­cio­na­les de pro­duc­ción y con­su­mo, su civi­li­za­ción se colap­sa. Y es que, como dice Dia­mond en su libro Colap­so, el desa­rro­llo con­sis­te en apren­der a adap­tar­se, en saber en qué con­tex­to vivi­mos y cuá­les son los valo­res e ins­ti­tu­cio­nes que nos per­mi­ten hacer­lo sin colapsar.

ISIDRO LÓPEZ. Esto nos lle­va a la cues­tión de la sos­te­ni­bi­li­dad, que es, aho­ra mis­mo, un autén­ti­co cam­po de bata­lla, un tér­mino en el que pare­ce caber todo y que figu­ra en los con­tex­tos más diver­sos: des­de docu­men­tos de tra­ba­jo de la Unión Euro­pea en los que coexis­te tran­qui­la­men­te con nocio­nes y obje­ti­vos pro­pios de la eco­no­mía orto­do­xa, has­ta con­cep­cio­nes más cer­ca­nas a la eco­no­mía eco­ló­gi­ca que se apo­yan en un cono­ci­mien­to más sóli­do. ¿Cómo evi­tar, en este con­tex­to, las mis­ti­fi­ca­cio­nes? ¿Se pue­de hacer de la sos­te­ni­bi­li­dad una noción polí­ti­ca­men­te operativa?

JORDI ROCA JUSMET. El con­cep­to más difun­di­do es el de desa­rro­llo sos­te­ni­ble, un tér­mino muy abier­to que ha ten­di­do a iden­ti­fi­car­se con cre­ci­mien­to sos­te­ni­ble. De hecho, muchas veces se uti­li­zan ambos tér­mi­nos como sinó­ni­mos, cuan­do cre­ci­mien­to sos­te­ni­ble es un con­cep­to abso­lu­ta­men­te inade­cua­do, ya que asu­me que el obje­ti­vo sigue sien­do el cre­ci­mien­to y que tan sólo hacen fal­ta algu­nas mejo­ras para que sea sos­te­ni­ble. Una reac­ción pro­vo­ca­do­ra fren­te a esta iden­ti­fi­ca­ción de sos­te­ni­bi­li­dad y cre­ci­mien­to sos­te­ni­ble es la pro­pues­ta recien­te del decre­ci­mien­to en los paí­ses ricos.

FEDERICO AGUILERA KLINK. Para evi­tar con­fu­sión, yo diría que el desa­rro­llo sos­te­ni­ble es el coro­la­rio de la eco­no­mía eco­ló­gi­ca. Pero, cla­ro, los polí­ti­cos se apro­pian del len­gua­je y lo vacían de con­te­ni­do; así, con­cep­cio­nes que son exclu­yen­tes entre sí se vuel­ven com­pa­ti­bles por­que nun­ca se van a lle­var a la prác­ti­ca. Por otro lado, hay docu­men­tos de la Unión Euro­pea que son con­cep­tual­men­te intere­san­tes, pero que tam­po­co se apli­can. Un buen ejem­plo es la Direc­ti­va Mar­co Euro­pea del Agua, cuya ela­bo­ra­ción lle­vó doce años, y otros diez la pues­ta en mar­cha de sus pri­me­ras y tími­das apli­ca­cio­nes; al final nos encon­tra­mos con una direc­ti­va muy ambi­gua y que no va a ser fácil de lle­var a la práctica.

Si habla­mos de los cam­bios de lógi­ca eco­nó­mi­ca, hay otro pun­to fun­da­men­tal que no sé muy bien cómo for­mu­lar para que no parez­ca que me refie­ro a cues­tio­nes inevi­ta­bles den­tro de un mar­co capi­ta­lis­ta. Vivi­mos en un tipo de capi­ta­lis­mo en el que resul­ta impo­si­ble plan­tear la ges­tión del aho­rro des­de un pun­to de vis­ta social o colec­ti­vo; el resul­ta­do es que todo aho­rro va a parar a la des­truc­ción del terri­to­rio por la vía de la com­pra de segun­das resi­den­cias y de inmue­bles en gene­ral que se que­dan vacíos pero que son más ren­ta­bles que tener el dine­ro en el ban­co. Sería intere­san­te explo­rar lógi­cas eco­nó­mi­cas en las que el aho­rro pri­va­do sea menor, y las ciu­da­des tien­dan a ser espa­cios con­vi­ven­cia­les de los que no haga fal­ta salir corriendo…

ISIDRO LÓPEZ. Bue­na par­te de los aná­li­sis de la eco­no­mía eco­ló­gi­ca impli­can una noción de pro­pie­dad común o de espa­cio social com­par­ti­do. ¿Creéis que el hecho de vol­ver a las mag­ni­tu­des físi­cas y bio­fí­si­cas, unas dimen­sio­nes cuya iden­ti­fi­ca­ción con la pro­pie­dad pri­va­da es mucho menos inme­dia­ta que la del dine­ro, remi­te de algún modo a una defen­sa de lo común?

FEDERICO AGUILERA KLINK. Si se pien­sa en tér­mi­nos de sis­te­ma, que es lo que tra­ta de hacer la eco­no­mía eco­ló­gi­ca, se ve que no nos apro­pia­mos de recur­sos ais­la­dos, sino de eco­sis­te­mas con impac­tos e impli­ca­cio­nes que gene­ral­men­te des­co­no­ce­mos. Según los manua­les de eco­no­mía orto­do­xa, la pro­pie­dad común debe des­apa­re­cer por­que es inefi­cien­te –lo que es de todos no es de nadie, nadie lo cui­da…– pero his­tó­ri­ca­men­te se demues­tra que esto no es así. La con­cep­ción de lo común como una inefi­cien­cia des­ti­na­da a des­apa­re­cer sur­ge del artícu­lo clá­si­co de Har­ding «La tra­ge­dia de los comu­nes»; hace años, escri­bí un artícu­lo en la revis­ta Eco­lo­gía Polí­ti­ca en el que me pre­gun­ta­ba «¿La tra­ge­dia de los comu­nes o la tra­ge­dia de la malin­ter­pre­ta­ción en eco­no­mía?». Desa­rro­llar ese espa­cio colec­ti­vo de pro­pie­dad común es algo pare­ci­do a lo que Ivan Illich deno­mi­na­ba la con­vi­ven­cia­li­dad. Aho­ra bien, creo que va a ser muy com­pli­ca­do que nos dejen desa­rro­llar la inte­li­gen­cia nece­sa­ria para des­ple­gar este espa­cio con­vi­ven­cial. Sal­vo algu­nos casos con­cre­tos, no veo que nadie defien­da lo públi­co y sí veo otras cosas, como la gue­rra de Irak, que apun­tan en la direc­ción opuesta.

ISIDRO LÓPEZ. Hablan­do de futu­ro, hay cier­tas ten­den­cias del pen­sa­mien­to eco­lo­gis­ta que con­si­de­ran que la cri­sis, de por sí, pue­de solu­cio­nar los pro­ble­mas eco­ló­gi­cos: por ejem­plo, que los pro­ble­mas rela­cio­na­dos con los flu­jos de ener­gía se pue­den resol­ver por vía del aumen­to de los pre­cios del petró­leo, o que los pro­ble­mas deri­va­dos de la inva­sión del terri­to­rio que pro­vo­can los ciclos alcis­tas del sec­tor inmo­bi­lia­rio se van a solu­cio­nar con el pin­cha­zo de la bur­bu­ja y la cri­sis del sec­tor de la cons­truc­ción. Pero, si ana­li­za­mos lo que ha suce­di­do his­tó­ri­ca­men­te, vemos que, en muchos casos, estas cri­sis fun­cio­nan como momen­tos de reor­ga­ni­za­ción que favo­re­cen la reapa­ri­ción de los mis­mos fenó­me­nos sólo que a una esca­la mayor, apo­ya­da en una mayor con­cen­tra­ción de capi­tal, etc. ¿No sería bueno decir cla­ra­men­te que la cri­sis no pue­de ser un sus­ti­tu­to de la acción política?

JORDI ROCA JUSMET. Por supues­to, es algo cla­ve. Es un error garra­fal espe­rar a que las cosas vayan fatal para que se solu­cio­nen; nada nos ase­gu­ra que des­pués de una cri­sis, si no hay una ges­tión ade­cua­da, las cosas vayan a ir mejor. Si espe­ra­mos a que se dis­pa­re el pre­cio del petró­leo para que se rees­truc­tu­ren los con­su­mos ener­gé­ti­cos, esta­mos renun­cian­do explí­ci­ta­men­te a la posi­bi­li­dad de cons­truir una tran­si­ción más o menos orde­na­da. Inclu­so aun­que con­si­de­re­mos que ya es dema­sia­do tar­de para un cam­bio orde­na­do, es impor­tan­te tener en cuen­ta que el cam­bio nece­sa­rio no es sólo de fuen­tes ener­gé­ti­cas sino, sobre todo, de esti­los de vida. Por ejem­plo, en los últi­mos años se ha pro­du­ci­do una impor­tan­tí­si­ma toma de con­cien­cia públi­ca en torno al pro­ble­ma del cam­bio cli­má­ti­co. Pero, por un lado, los gobier­nos son muy tími­dos en sus polí­ti­cas y, por otro, aun­que cada vez más gen­te exi­ge medi­das drás­ti­cas, en el momen­to en que éstas van enca­mi­na­das a poner tra­bas al uso del auto­mó­vil pri­va­do, por ejem­plo, se des­en­ca­de­na una gran oposición.

FEDERICO AGUILERA KLINK. Como ha apun­ta­do muy bien Jor­ge Riech­mann, has­ta que no haya una redis­tri­bu­ción dura­de­ra de la rique­za mone­ta­ria y no mone­ta­ria no va dete­ner­se la vora­ci­dad depre­da­do­ra del capi­ta­lis­mo. Segui­re­mos apli­can­do lo que José Manuel Nare­do ha lla­ma­do la regla del nota­rio, es decir, la des­va­lo­ri­za­ción del cos­te de extrac­ción –en tér­mi­nos de recur­sos con­su­mi­dos y tam­bién de resi­duos gene­ra­dos– de los mine­ra­les, mien­tras se reva­lo­ri­zan los tra­ba­jos de menor con­te­ni­do ener­gé­ti­co, domi­nan­tes en los paí­ses occi­den­ta­les. Como con­se­cuen­cia de la per­sis­ten­cia de esta situa­ción, la cri­sis eco­ló­gi­ca podría pro­vo­car una lucha por los recur­sos a nivel glo­bal que raya­ría en el eco­fas­cis­mo. De hecho, la gue­rra de Irak o la inva­sión de Afga­nis­tán son un buen ejem­plo de esta deri­va. Hay un com­po­nen­te geo­es­tra­té­gi­co bru­tal, obvia­do erró­nea­men­te por muchos aná­li­sis aca­dé­mi­cos, que está deter­mi­nan­do lo que pue­de suce­der maña­na, y no lo digo en sen­ti­do metafórico.

Biblio­gra­fía:

FEDERICO AGUILERA KLINK:

La nue­va eco­no­mía del agua, Madrid, Libros de la cata­ra­ta, 2008.
La pro­tec­ción de los bie­nes comu­nes de la huma­ni­dad: un desa­fío para la polí­ti­ca y el dere­cho del siglo XXI, Madrid, Trot­ta, 2006 [et al.].
Cali­dad de la demo­cra­cia y pro­tec­ción ambien­tal de Cana­rias, Lan­za­ro­te, Fun­da­ción César Man­ri­que, 2006.
El agua en Espa­ña, pro­pues­tas de futu­ro, Gua­da­rra­ma, Edi­cio­nes del Orien­te y del Medi­te­rrá­neo, 2004 [et al.].
Los mer­ca­dos de agua en Tene­ri­fe, Bil­bao, Bakeaz, 2002.
Eco­no­mía del agua, Madrid, Cen­tro de Publi­ca­cio­nes del Minis­te­rio de Agri­cul­tu­ra, Pes­ca y Ali­men­ta­ción, 1996.
Eco­no­mía y medio ambien­te: un esta­do de la cues­tión, Madrid, Fun­da­ción Argen­ta­ria, 1996.
Eco­no­mía, eco­lo­gía y medio ambien­te en Cana­rias, San­ta Cruz de Tene­ri­fe, Fran­cis­co Lemus Edi­tor, 1992.

JORDI ROCA JUSMET:

«Cam­bio cli­má­ti­co: el pro­to­co­lo de Kio­to, la direc­ti­va euro­pea de comer­cio de dere­chos de emi­sión y la situa­ción espa­ño­la», en J. Sem­pe­re y E. Tello (coord.) El final de la era del petró­leo bara­to, Bar­ce­lo­na, Ica­ria, 2008.
«La crí­ti­ca al cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co des­de la eco­no­mía eco­ló­gi­ca y las pro­pues­tas de decre­ci­mien­to», Eco­lo­gía Polí­ti­ca, n. 33, 2007.
«El deba­te sobre el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co des­de la pers­pec­ti­va de la sos­te­ni­bi­li­dad y la equi­dad» en A. Dubois, J. L. Millán y J. Roca (coord.), Capi­ta­lis­mo, des­igual­da­des y degra­da­ción ambien­tal, Bar­ce­lo­na, Ica­ria, 2001.
Eco­no­mía eco­ló­gi­ca y polí­ti­ca ambien­tal, Méxi­co, Fon­do de Cul­tu­ra Eco­nó­mi­ca, 2000 [con Joan Mar­tí­nez Alier].
«Ins­tru­men­tos para una eco­no­mía más sos­te­ni­ble: mer­ca­dos y polí­ti­ca ambien­tal» en R. Ber­me­jo y A. Gar­cía Espu­che (ed), Hacia una eco­no­mía sos­te­ni­ble, Bar­ce­lo­na, Cen­tre de Cul­tu­ra Con­tem­po­rà­nia de Barcelona/​Bakeaz, 2000.
«Las emi­sio­nes de CO2: un ejem­plo de la des­igual­dad en la ocu­pa­ción del ‘espa­cio ambien­tal’», mien­tras tan­to, n. 77, 2000 [en cola­bo­ra­ción con V. Alcántara].

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