Des­ocu­pa­ción y resis­ten­cia obre­ra en la URSS ‑Rolan­do Asta­ri­ta

En mi crí­ti­ca a la tesis que afir­ma que la URSS es un capi­ta­lis­mo de Esta­do, sos­tu­ve que en el régi­men sovié­ti­co la des­ocu­pa­ción no cons­ti­tuía un ele­men­to de coer­ción sobre la cla­se tra­ba­ja­do­ra. Para ava­lar esta inter­pre­ta­ción cité tra­ba­jos en los que se demues­tra que en la URSS exis­tía caren­cia de mano de obra, y que esto daba lugar a un cier­to poder de nego­cia­ción de la cla­se obre­ra fren­te a la buro­cra­cia. Pero los defen­so­res de la tesis de que la URSS era un capi­ta­lis­mo de Esta­do sos­tie­nen que no es cier­to que hubie­ra pleno empleo. Afir­man que en reali­dad en la URSS exis­tía des­ocu­pa­ción; y que este es un ele­men­to esen­cial para sos­te­ner que se tra­ta­ba de un régi­men capi­ta­lis­ta. En esta nota por lo tan­to res­pon­do a este argu­men­to y pre­sen­to otros ele­men­tos.

El ejér­ci­to de des­ocu­pa­dos en el capi­ta­lis­mo

Pre­ci­se­mos cuál es el rol de la des­ocu­pa­ción en el sis­te­ma capi­ta­lis­ta. Pien­so que el aná­li­sis de Marx (1999, cap. 23, t. 1) con­ser­va su vali­dez en lo esen­cial. Marx plan­tea que el ejér­ci­to de des­ocu­pa­dos es una con­di­ción de exis­ten­cia del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta. Esto se debe a que cons­ti­tu­ye el prin­ci­pal meca­nis­mo que man­tie­ne los sala­rios den­tro de un nivel que no afec­ta, de algu­na mane­ra fun­da­men­tal, a la ganan­cia, y por ende a la acu­mu­la­ción. Es que cuan­do el pre­cio de la fuer­za de tra­ba­jo aumen­ta (supon­ga­mos por­que hubo un perío­do de cre­ci­mien­to exten­si­vo) al pun­to que hace peli­grar la tasa de ganan­cia, la acu­mu­la­ción se hace más len­ta; o bien se intro­du­cen nue­vas tec­no­lo­gías que man­dan a tra­ba­ja­do­res a la calle. En cual­quier caso, al aumen­tar el núme­ro de des­ocu­pa­dos, los tra­ba­ja­do­res que están ocu­pa­dos son for­za­dos a acep­tar sala­rios meno­res (o peo­res con­di­cio­nes de tra­ba­jo, etc.). Por eso el ejér­ci­to de des­ocu­pa­dos es uti­li­za­do como un arma de la lucha de cla­ses. La ame­na­za de la des­ocu­pa­ción actúa como una espa­da que pen­de siem­pre sobre el movi­mien­to obre­ro, y ata a los tra­ba­ja­do­res con cade­nas invi­si­bles, pero pode­ro­sas. Sin embar­go, para que ocu­rra esto, el ejér­ci­to de des­ocu­pa­dos debe ejer­cer una pre­sión acti­va en el mer­ca­do labo­ral (bús­que­da de tra­ba­jo de los des­ocu­pa­dos, o dis­po­si­ción a entrar en él).

La des­ocu­pa­ción en la URSS

A pesar de las afir­ma­cio­nes de los defen­so­res de la tesis de la URSS como capi­ta­lis­mo de Esta­do, en el régi­men sovié­ti­co la des­ocu­pa­ción no ejer­cía una cons­tric­ción efec­ti­va sobre los tra­ba­ja­do­res. Esto es, la des­ocu­pa­ción no cons­ti­tuía un ejér­ci­to de reser­va que pre­sio­na­ra sobre la cla­se obre­ra ocu­pa­da. Pero… ¿aca­so no había des­ocu­pa­ción? Sí, había algo de des­ocu­pa­ción, pero cuan­ti­ta­ti­va y cua­li­ta­ti­va­men­te era dis­tin­ta a la exis­ten­te en el capi­ta­lis­mo. No bas­ta con regis­trar núme­ros, hay que enten­der qué sig­ni­fi­can. Para ver por qué, voy a par­tir de lo plan­tea­do por Joseph Por­ket sobre el des­em­pleo en la URSS. Se tra­ta de una fuen­te sig­ni­fi­ca­ti­va, por­que Por­ket duran­te años se con­cen­tró en refu­tar el dis­cur­so de las auto­ri­da­des de la URSS, sobre la ausen­cia de des­em­pleo en ese país.

Por­ket sos­tie­ne que si bien la la tasa de par­ti­ci­pa­ción de la fuer­za labo­ral era alta, exis­tía en la URSS un des­em­pleo que no esta­ba regis­tra­do. Según Por­ket, el des­em­pleo abier­to no regis­tra­do pro­ve­nía en pri­mer lugar de la rota­ción de mano de obra. De acuer­do a la defi­ni­ción ofi­cial, la rota­ción incluía a todas las per­so­nas que deja­ban su tra­ba­jo volun­ta­ria­men­te o eran des­pe­di­das por mal com­por­ta­mien­to. No incluía el aban­dono del tra­ba­jo por incor­po­ra­ción a las fuer­zas arma­das, jubi­la­ción, inha­bi­li­dad, tér­mino del empleo, par­to, tras­la­do del mari­do a otra loca­li­dad, matri­cu­la­ción en un estu­dio a tiem­po com­ple­to y tras­la­do a otra empre­sa per­te­ne­cien­te al Esta­do. Por­ket ade­más reco­no­ce que en la URSS las per­so­nas cam­bia­ban fre­cuen­te­men­te de tra­ba­jo por insa­tis­fac­ción con el suel­do, con­di­cio­nes de tra­ba­jo, orga­ni­za­ción labo­ral, empleo con bajas cali­fi­ca­cio­nes, pocas posi­bi­li­da­des de ascen­so, vivien­da inade­cua­da, dis­tan­cia entre la vivien­da y el tra­ba­jo, malas rela­cio­nes con los com­pa­ñe­ros, fal­ta de ins­ta­la­cio­nes para los niños en edad pre esco­lar. Según fuen­tes aca­dé­mi­cas, que cita Por­ket, todos los años alre­de­dor del 13% de la fuer­za labo­ral par­ti­ci­pa­ba de la rota­ción. Dado que el perío­do de tiem­po esti­ma­do entre tra­ba­jo y tra­ba­jo era de 20 a 30 días, el des­em­pleo abier­to vin­cu­la­do con la rota­ción de mano de obra ascen­día a entre el 1% y 1,5% de la fuer­za labo­ral, exclu­yen­do a los agri­cul­to­res.

Por otra par­te Por­ket regis­tra tam­bién a los tra­ba­ja­do­res que vol­vían de la cons­crip­ción; las muje­res que acom­pa­ña­ban a sus mari­dos a otro tra­ba­jo; los que ter­mi­na­ban sus estu­dios; y los que eran renuen­tes a entrar en empre­sas colec­ti­vas. Todos estos tar­da­ban, en pro­me­dio, unos seis meses en entrar a tra­ba­jar (o rein­ser­tar­se en el tra­ba­jo). Con todo esto, Por­ket reco­no­ce que la tasa de des­em­pleo en la URSS era menor al 3%.

Antes de abor­dar lo que Por­ket lla­ma el des­em­pleo encu­bier­to, ana­li­ce­mos un momen­to esta cifra. Dado que los des­pi­dos de empre­sas por cau­sas de indis­ci­pli­na eran muy poco fre­cuen­tes, la mayo­ría de lo que entra en la cate­go­ría “rota­ción” era pro­duc­to de tra­ba­ja­do­res que aban­do­na­ban las empre­sas volun­ta­ria­men­te, en dis­con­for­mi­dad por algún aspec­to de su situa­ción. Lo cual enca­ja en la idea que expre­sé en la crí­ti­ca a la tesis del capi­ta­lis­mo de Esta­do, acer­ca de que así se ejer­cía una pre­sión sobre las direc­cio­nes de las empre­sas, y no al revés, como suce­de cuan­do se hacen sen­tir los efec­tos del ejér­ci­to indus­trial de reser­va. Por lo tan­to nos que­da una tasa de des­ocu­pa­ción que pudie­ra pre­sio­nar sobre los ocu­pa­dos de, a lo sumo el 2%, en la cual hay que incluir toda­vía a los que tenían resis­ten­cias a entrar a los tra­ba­jos esta­ta­les (por ejem­plo, por­que podían medrar en los mer­ca­dos para­le­los; no debe olvi­dar­se que en la URSS exis­tía la obli­ga­ción de tra­ba­jar). Agre­gue­mos que este nivel de des­ocu­pa­ción no se modi­fi­ca­ba con ciclos eco­nó­mi­cos, ni fluc­tua­ba jun­to a osci­la­cio­nes de sala­rios. Pue­de adver­tir­se enton­ces que tie­ne poca rela­ción con el ejér­ci­to indus­trial de reser­va carac­te­rís­ti­co del capi­ta­lis­mo.

Por otra par­te Por­ket con­si­de­ra des­em­pleo encu­bier­to a la sobre­do­ta­ción de per­so­nal en las empre­sas. Como hemos seña­la­do en la nota sobre la Unión Sovié­ti­ca, se tra­ta­ba de un fenó­meno gene­ra­li­za­do. Por­ket cita fuen­tes sovié­ti­cas según las cua­les, la sobre­do­ta­ción de tra­ba­jo alcan­za­ba entre el 10 y 15% del total de la mano de obra. En 1984 equi­va­lía a entre 13 y 19 millo­nes de per­so­nas.

Y aquí vie­ne una cues­tión impor­tan­te para nues­tra dis­cu­sión, ya que Por­ket sos­tie­ne que una razón para la exis­ten­cia de una baja tasa de des­em­pleo era la sobre­do­ta­ción, que “es cró­ni­ca y gene­ral”. Expli­ca que las empre­sas sovié­ti­cas ten­dían a dotar­se de más mano de obra que la nece­sa­ria, que no tenían incen­ti­vos para des­ha­cer­se de la mano de obra sobran­te, y ade­más su facul­tad para hacer­lo esta­ba seve­ra­men­te res­trin­gi­da. Tam­bién expli­ca que las empre­sas esta­ban obli­ga­das a ofre­cer una alter­na­ti­va de ocu­pa­ción ade­cua­da a los tra­ba­ja­do­res que ellas mis­mas hacían inne­ce­sa­rios. Pue­de com­pren­der­se por lo tan­to que des­de un pun­to de vis­ta racio­nal y pro­duc­ti­vo, efec­ti­va­men­te se tra­ta de una pobla­ción sobran­te (y por eso podía hablar­se de “des­em­pleo encu­bier­to”, como hacía Por­ket), pero de todas mane­ras estos tra­ba­ja­do­res no cons­ti­tuían un ejér­ci­to de des­ocu­pa­dos que ejer­cie­ra pre­sión algu­na sobre la cla­se obre­ra de con­jun­to. Es impo­si­ble que lo hicie­ran, por­que con­tri­buían a la esca­sez de la mano de obra. Por eso Por­ket regis­tra el fenó­meno inver­so de lo que suce­de en el capi­ta­lis­mo con el ejér­ci­to indus­trial de reser­va. En el capi­ta­lis­mo la des­ocu­pa­ción obli­ga a los tra­ba­ja­do­res a some­ter­se más y más a la dis­ci­pli­na del capi­tal, a inten­si­fi­car los rit­mos y pro­lon­gar las jor­na­das de tra­ba­jo. En la URSS, cons­ta­ta Por­ket, el exce­so de per­so­nal en las empre­sas tenía como con­se­cuen­cias rit­mos de tra­ba­jo len­tos y poco exi­gen­tes, baja pro­duc­ti­vi­dad de la mano de obra, dis­ci­pli­na de tra­ba­jo rela­ja­da, altos cos­tos de pro­duc­ción, inefi­cien­cia, y divor­cio entre recom­pen­sas y ren­di­mien­to. Por­ket agre­ga que tenía “efec­tos adver­sos sobre los hábi­tos de tra­ba­jo, y per­mi­te el des­can­so y la fal­ta de con­cen­tra­ción duran­te las horas de labor”. Se cal­cu­la­ba, según Por­ket, que las pér­di­das de tiem­po en los tur­nos lle­ga­ban al 15%-20% sin con­tar las ausen­cias de día com­ple­to, auto­ri­za­das o no auto­ri­za­das. En las gran­jas colec­ti­vas las pér­di­das de tiem­po de tra­ba­jo eran simi­la­res, y en la cons­truc­ción supe­rio­res.

Cifras coin­ci­den­tes

Los datos de Por­ket, y sus des­crip­cio­nes de la situa­ción labo­ral, enca­jan en la tesis de que la fal­ta de des­ocu­pa­ción gene­ra­ba un poder de nego­cia­ción de hecho para la cla­se obre­ra sovié­ti­ca (con la con­tra­par­ti­da de ausen­cia de dere­chos demo­crá­ti­cos a orga­ni­zar­se y actuar). Tam­bién coin­ci­den con Gra­nick (1985), aun­que con algu­nas dis­cre­pan­cias. Es que Gra­nick sos­tie­ne que el ausen­tis­mo y la tasa de rota­ción de los tra­ba­ja­do­res en la URSS no eran mayo­res ‑déca­da de 1979 y prin­ci­pios de la siguien­te- que en los paí­ses capi­ta­lis­tas ade­lan­ta­dos. Sin embar­go, en lo que hace a la tasa de rota­ción, Gra­nick no toma en cuen­ta que en los paí­ses capi­ta­lis­tas el tra­ba­jo a tiem­po par­cial está exten­di­do (y no lo esta­ba en la URSS); tam­po­co toma en cuen­ta las cri­sis cícli­cas de las eco­no­mías capi­ta­lis­tas. Ade­más, en la URSS la rota­ción ocu­rría a pesar de las res­tric­cio­nes para la movi­li­dad geo­grá­fi­ca de los tra­ba­ja­do­res, algo que está mucho más ate­nua­do en los paí­ses capi­ta­lis­tas.

Por enci­ma de estas dis­cre­pan­cias, hay sin embar­go una serie de carac­te­rís­ti­cas de la rela­ción labo­ral sovié­ti­ca que seña­la Gra­nick, que están en la mis­ma línea de lo que hemos veni­do sos­te­nien­do. Plan­tea que en la prác­ti­ca el emplea­dor sovié­ti­co esta­ba muy fuer­te­men­te limi­ta­do en sus facul­ta­des para des­pe­dir tra­ba­ja­do­res, u obli­gar­los a cam­biar su lugar de tra­ba­jo o loca­ción den­tro de la mis­ma empre­sa. Que los des­pi­dos por razo­nes dis­ci­pli­na­rias repre­sen­ta­ban anual­men­te entre el 1% y 2% del total de la fuer­za labo­ral de la indus­tria, y que el des­pi­do por incom­pe­ten­cia de los tra­ba­ja­do­res en la prác­ti­ca no exis­tía lue­go del perío­do de prue­ba, que era de entre una y cua­tro sema­nas.

Según el cálcu­lo de Gra­nick, la com­bi­na­ción de dejar los tra­ba­jos; del perío­do de tiem­po entre tra­ba­jos; y del tiem­po entre ter­mi­nar los estu­dios y con­se­guir el pri­mer tra­ba­jo, daba una tasa de des­em­pleo de apro­xi­ma­da­men­te el 2,3% a fines de los 70. De nue­vo, si con­ta­mos que par­te de esta cifra esta­ba com­pues­ta por los que deja­ban volun­ta­ria­men­te el tra­ba­jo, pode­mos decir que la pre­sión del ejér­ci­to indus­trial de reser­va sobre la cla­se obre­ra era des­pre­cia­ble.

Pro­duc­ción de sobre­po­bla­ción” ¿exis­tía en la URSS?

Hemos vis­to que en el capi­ta­lis­mo la sobre­po­bla­ción se gene­ra fun­da­men­tal­men­te duran­te las cri­sis, y median­te la intro­duc­ción de la máqui­na y nue­vas tec­no­lo­gías (u orga­ni­za­cio­nes del tra­ba­jo). Esto da lugar a una ley de pobla­ción que es espe­cí­fi­ca del capi­ta­lis­mo, y con­sis­te en que la pobla­ción obre­ra se rege­ne­ra y aumen­ta con la acu­mu­la­ción del capi­tal, a una tasa mayor de lo que cre­ce la pobla­ción en gene­ral.

En la URSS, en cam­bio, los meca­nis­mos de gene­ra­ción de sobre­po­bla­ción esta­ban blo­quea­dos. Si bien exis­tían fluc­tua­cio­nes eco­nó­mi­cas, no se regis­tran varia­cio­nes impor­tan­tes de nivel de empleo a lo lar­go de los años. Por otra par­te, el nivel de intro­duc­ción de maqui­na­ria era muy bajo. En coin­ci­den­cia con los muchos auto­res que habla­ron del cre­ci­mien­to exten­si­vo en la URSS, Gra­nick seña­la­ba que la inver­sión fija no esta­ba des­ti­na­da a reem­pla­zar el tra­ba­jo por máqui­nas, y esto se apli­ca­ba tan­to al tra­ba­jo no cali­fi­ca­do como al cali­fi­ca­do. Y exis­tían fuer­tes res­tric­cio­nes a cam­biar la com­po­si­ción de la inver­sión indus­trial en la Unión Sové­ti­ca. En tér­mi­nos mar­xis­tas, esto sig­ni­fi­ca que no aumen­ta­ba la pro­por­ción de maqui­na­ria y equi­pos por obre­ro. El resul­ta­do fue que des­de 1960 has­ta media­dos de los 1980 el cre­ci­mien­to de la pobla­ción emplea­da exce­dió al cre­ci­mien­to de los recur­sos labo­ra­les. Tene­mos enton­ces una ley de pobla­ción que era la inver­sa de lo que suce­de en el capi­ta­lis­mo. Natu­ral­men­te, no se pue­de com­pren­der la ausen­cia de un ejér­ci­to indus­trial de reser­va si no se com­pren­de esta dife­ren­cia con el capi­ta­lis­mo.

Más sobre el poder de nego­cia­ción del tra­ba­jo

Ya he cita­do estu­dios, de auto­res de dife­ren­tes corrien­tes, que coin­ci­den en seña­lar que den­tro de los luga­res de tra­ba­jo exis­tía un cier­to poder de los tra­ba­ja­do­res para nego­ciar, y que el mis­mo deri­va­ba de la ausen­cia de un ejér­ci­to indus­trial de reser­va. Para más abun­dan­cia, resu­mo los prin­ci­pa­les pun­tos de un tra­ba­jo de David Man­del (no debe con­fun­dir­se con Ernest Man­del), de fines de la déca­da de 1980.

Man­del expli­ca­ba que los tra­ba­ja­do­res en la Unión Sovié­ti­ca dis­fru­ta­ban de una segu­ri­dad labo­ral de fac­to. Ade­más, aun­que los sala­rios podían variar de mes a mes, el sala­rio pro­me­dio esta­ba garan­ti­za­do, en la medi­da en que guar­da­ra una dis­ci­pli­na bási­ca. Los bonos, pre­mios, coefi­cien­tes de par­ti­ci­pa­ción y otros pagos suple­men­ta­rios ‑que repre­sen­ta­ban has­ta el 50% del sala­rio de bol­si­llo- en teo­ría depen­dían de la cali­dad e inten­si­dad del tra­ba­jo, pero eran en un gra­do sig­ni­fi­ca­ti­vo auto­má­ti­cos. Los sala­rios no depen­dían de nor­mas, como medi­da del tra­ba­jo, sino las nor­mas eran a menu­do adop­ta­das para ase­gu­rar un nivel sala­rial espe­cí­fi­co, que esta­ba muy débil­men­te liga­do (si lo esta­ba) con la pro­duc­ti­vi­dad. Estos acuer­dos eran nece­sa­rios para atraer y man­te­ner una fuer­za labo­ral lo sufi­cien­te­men­te gran­de para cum­plir los obje­ti­vos del plan en con­di­cio­nes de esca­sez cró­ni­ca de tra­ba­jo y una pro­vi­sión des­igual de mate­rias pri­mas y bie­nes inter­me­dios a la empre­sa. Este sis­te­ma, dice Man­del, al crear y man­te­ner la esca­sez de tra­ba­jo, daba a los tra­ba­ja­do­res un cier­to poder de nego­cia­ción (ellos podían votar con los pies), aun si los sin­di­ca­tos no defen­dían sus intere­ses.

Al mis­mo tiem­po las direc­cio­nes de las empre­sas tenían pocos incen­ti­vos con­tra­rres­tan­tes que las lle­va­ran a eco­no­mi­zar cos­tos labo­ra­les. Sus fon­dos sala­ria­les pro­ve­nían del pre­su­pues­to esta­tal y esta­ban cal­cu­la­dos en gran medi­da sobre la base de los desem­pe­ños pasa­dos, de mane­ra que des­alen­ta­ban aumen­tos gran­des de pro­duc­ti­vi­dad (que pena­li­za­rían a la empre­sa al año siguien­te) y ani­ma­ban a los direc­to­res a man­te­ner el sala­rio pro­me­dio y el núme­ro de tra­ba­ja­do­res en nive­les rela­ti­va­men­te altos. Como resul­ta­do había una ten­den­cia a la nive­la­ción de los sala­rios. Ade­más, muchos tra­ba­ja­do­res con cua­li­fi­ca­cio­nes bajas eran asig­na­dos a empleos más cali­fi­ca­dos, como una for­ma de atraer mano de obra. Ade­más, el rol moti­va­dor del sala­rio indi­vi­dual ade­más esta­ba soca­va­do por la impor­tan­cia de los sala­rios socia­les ‑bie­nes gra­tis y ser­vi­cios- que, por defi­ni­ción, no tie­nen rela­ción con el tra­ba­jo indi­vi­dual sumi­nis­tra­do.

Bajo la eco­no­mía de “coman­do” las rela­cio­nes entre los tra­ba­ja­do­res y la direc­ción de las empre­sas eran fun­da­men­tal­men­te con­flic­ti­vas. El tra­ba­jo, a igual que en el capi­ta­lis­mo, esta­ba alie­na­do, esto es, esen­cial­men­te bajo coer­ción. Los tra­ba­ja­do­res veían que sus intere­ses eran res­trin­gir el esfuer­zo; la tarea de la direc­ción era inten­si­fi­car­lo. Pero este anta­go­nis­mo esta­ba atem­pe­ra­do por un ele­men­to de intere­ses com­par­ti­dos y de colu­sión. Es que, en bue­na medi­da, la direc­ción tam­bién esta­ba intere­sa­da en ocul­tar el poten­cial pro­duc­ti­vo a fin de evi­tar pla­nes dema­sia­do difí­ci­les impues­tos des­de arri­ba, y tener capa­ci­dad para lidiar con el sumi­nis­tro irre­gu­lar del sis­te­ma. Nadie que­ría nor­mas “duras”.

Más ade­lan­te Man­del expli­ca que por esto las direc­cio­nes de las empre­sas daban a menu­do sala­rios altos (aun­que eran ero­sio­na­dos por la infla­ción) y mira­ban para otro lado cuan­do había infrac­cio­nes a la dis­ci­pli­na. En res­pues­ta, los tra­ba­ja­do­res ayu­da­ban a las direc­cio­nes a cum­plir los obje­ti­vos del plan tole­ran­do vio­la­cio­nes de la legis­la­ción labo­ral y malas con­di­cio­nes de tra­ba­jo.

El sen­ti­do de la peres­troi­ka

Refi­rién­do­se a la refor­ma (peres­troi­ka) impul­sa­da por Gor­ba­chov, Man­del sos­tie­ne que el obje­ti­vo era aca­bar con la segu­ri­dad del tra­ba­jo, en la medi­da en que van a ser posi­bles los des­pi­dos y el quie­bre de empre­sas; tam­bién pon­dría fin a las garan­tías del sala­rio, e incre­men­ta­ría las dife­ren­cias sala­ria­les, y redu­ci­ría la par­te del sala­rio social en la paga total. Pre­veía, como efec­ti­va­men­te suce­dió, que las refor­mas harían más duras las cosas en los luga­res de tra­ba­jo.

Efec­ti­va­men­te, seña­le­mos que des­pués de 1985 empe­zó a haber des­pi­dos, y hacia fin de la déca­da el empleo esta­tal había dis­mi­nui­do en tres millo­nes. Para­le­la­men­te el tra­ba­jo en las coope­ra­ti­vas (ya expli­ca­mos en la nota ante­rior que fue la for­ma de comen­zar las pri­va­ti­za­cio­nes) pasó de unos pocos miles de tra­ba­ja­do­res, a 5.5 millo­nes en 1990. Los refor­ma­do­res tenían con­cien­cia de lo que bus­ca­ban. Un ejem­plo lo tene­mos en Yev­ge­ni Anto­sen­kov, uno de los ideó­lo­gos de la peres­troi­ka. Anto­sen­kov plan­tea­ba, a comien­zos de los 90, que el desa­rro­llo exten­si­vo había lle­va­do a un cre­cien­te défi­cit de fuer­za labo­ral, en par­ti­cu­lar en las déca­das de 1970 y 1980, cuan­do dis­mi­nu­ye­ron fuer­te­men­te las fuen­tes de apro­vi­sio­na­mien­to de tra­ba­jo. Expli­ca­ba que esto tuvo con­se­cuen­cias nega­ti­vas, tales como caí­da en la efec­ti­vi­dad y dis­ci­pli­na del tra­ba­jo, menor com­pro­mi­so a con­si­de­rar el tra­ba­jar como un bien social y cre­cien­te flui­dez del tra­ba­jo. Anto­sen­kov abo­ga­ba por la intro­duc­ción de una eco­no­mía de mer­ca­do para solu­cio­nar estos pro­ble­mas, lo que sig­ni­fi­ca­ba un mer­ca­do don­de pre­va­le­cie­ra la ofer­ta y la deman­da, con empre­sas y orga­ni­za­cio­nes inde­pen­dien­tes, con dife­ren­tes tipos de pro­pie­dad. Pedía que se die­ra a las empre­sas el poder de des­pe­dir. Y se que­ja­ba por­que en la prác­ti­ca, el des­pi­do de los tra­ba­ja­do­res redun­dan­tes enfren­ta­ba muchos obs­tácu­los: las empre­sas que que­rían des­pe­dir eran invi­ta­das a que ellas mis­mas bus­ca­ran empleo para los tra­ba­ja­do­res; o se les prohi­bía des­pe­dir con muchas pre­tex­tos.

Una últi­ma obser­va­ción: es nota­ble como un autor con pre­pa­ra­ción en el mar­xis­mo ‑de algu­na mane­ra algo debía de tener- es capaz de cap­tar y expre­sar, sin rebus­ques, las nece­si­da­des del capi­tal. Anto­sen­kov lo había com­pren­di­do: había que des­car­gar el láti­go de la des­ocu­pa­ción sobre la cla­se obre­ra. Es la cien­cia del capi­tal, en ple­ni­tud.

Biblio­gra­fía cita­da

Anto­sen­kov. Y. (1991): “A new employ­ment con­cept in Soviet labour legis­la­tion”, en Guy Stan­ding (ed.), In search of fle­xi­bi­lity: The new Soviet labour mar­ket, Inter­na­tio­nal Labour Offi­ce, Gene­va pp. 63 – 80.

Gra­nick, D. (1985): “Job Rights in the URSS: Their Effect on the Orga­ni­za­tion of the Total Soviet Eco­nomy”, The Board of Regents of the Uni­ver­sity of Wis­con­sin Sys­tem, mimeo, Octo­ber.

Man­del, D. (1989) “’Revo­lu­tio­nary Reform’ in Soviet Fac­to­ries: Res­truc­tu­ring Rela­tions Bet­ween Wor­kers and Mana­ge­ment”, Socia­list Regis­ter, pp. 102 – 129.

Marx, K. (1999): El Capi­tal, Méxi­co, Siglo XXI.

Por­ket, J. (1987): “¿Cuán­to des­em­pleo hay en la Unión Sovié­ti­ca?”, Estu­dios Públi­cos, Nº 28, pp. 279 – 291, Cen­tro de Estu­dios Públi­cos, Chi­le.

Des­ocu­pa­ción y resis­ten­cia obre­ra en la URSS

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