Colom­bia. Los jóve­nes que pro­ta­go­ni­za­ron las pro­tes­tas denun­cian una «cace­ría de brujas»

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 5 de enero de 2022.

A pesar de que la suba de impues­tos fue el deto­nan­te, miles de ciu­da­da­nos con­ti­nua­ron mar­chan­do entre abril y junio de 2021 con el obje­ti­vo de tum­bar la refor­ma de la salud, exi­gir una refor­ma poli­cial y repu­diar los ase­si­na­tos de líde­res socia­les y excom­ba­tien­tes. La per­se­cu­ción del gobierno de Duque ter­mi­nó con la deten­ción de más de dos mil mani­fes­tan­tes.

Entre abril y junio de 2021 cien­tos de miles de mani­fes­tan­tes copa­ron las calles de Colom­bia en recha­zo a la refor­ma tri­bu­ta­ria pro­pues­ta por el gobierno de Iván Duque, que final­men­te fue dese­cha­da ante el cla­mor popu­lar. Las jor­na­das fue­ron en su mayo­ría pací­fi­cas aun­que los cor­tes de ruta y los des­tro­zos die­ron paso a una feroz repre­sión que, según la Defen­so­ría del Pue­blo, dejó un sal­do de 60 civi­les y dos uni­for­ma­dos muer­tos, mien­tras que orga­ni­za­cio­nes de dere­chos huma­nos ele­van la cifra a más de 70 víctimas.

A pesar de que la suba de impues­tos fue el deto­nan­te, miles de ciu­da­da­nos con­ti­nua­ron mar­chan­do por dis­tin­tos depar­ta­men­tos de Colom­bia con el obje­ti­vo de tum­bar la refor­ma de la salud, exi­gir una refor­ma poli­cial y repu­diar los ase­si­na­tos de líde­res socia­les y excom­ba­tien­tes. Las calles se silen­cia­ron, pero aho­ra los jóve­nes colom­bia­nos denun­cian una «cace­ría de bru­jas» que con­ti­núa tras la deten­ción de más de dos mil mani­fes­tan­tes, de acuer­do a orga­ni­za­cio­nes como Indepaz.

Las cifras del Paro Nacional

La ONG Inde­paz pre­sen­tó recien­te­men­te un balan­ce sobre lo ocu­rri­do duran­te el Paro Nacio­nal. La orga­ni­za­ción regis­tró 2005 deten­cio­nes arbi­tra­rias y 79 ase­si­na­tos, de los cua­les 44 fue­ron atri­bui­dos a miem­bros de la fuer­za públi­ca. Por su par­te, la ofi­ci­na de la ONU regis­tró entre el 28 de abril y el 16 de junio denun­cias de 56 muer­tes, inclui­dos dos agen­tes de poli­cía, duran­te las pro­tes­tas en la ciu­dad de Cali y 49 víc­ti­mas de vio­len­cia sexual. Las cifras ofi­cia­les son mucho más bajas y mues­tran 24 ase­si­na­tos duran­te los dos meses de protestas.

El minis­te­rio de Defen­sa habló de «259 cap­tu­ras de cri­mi­na­les y delin­cuen­tes de la pri­me­ra línea», una fac­ción de mani­fes­tan­tes encar­ga­da de repe­ler los ata­ques de la poli­cía. El gobierno de Duque hizo lo posi­ble por redu­cir a los cien­tos de miles de mani­fes­tan­tes a la lla­ma­da pri­me­ra línea, cuyos supues­tos líde­res, cua­tro hom­bres y tres muje­res, fue­ron dete­ni­dos lue­go de ser impu­tados por «con­cier­to para delin­quir, tenen­cia y trá­fi­co de sus­tan­cias peli­gro­sas, y vio­len­cia con­tra ser­vi­dor público».

«La Fis­ca­lía nos pre­sen­ta como un gru­po radi­cal orga­ni­za­do que es peli­gro­so para la socie­dad y que tie­ne un odio irra­cio­nal hacia la poli­cía», dijo a la agen­cia AFP la estu­dian­te de dere­cho Julia­na Higue­ra. Por ser madre sol­te­ra de Salo­mé, de cin­co años, le otor­ga­ron la pri­sión domi­ci­lia­ria, pero cin­co de sus ami­gos siguen tras las rejas.

«El caso se pare­ce a la pelí­cu­la argen­ti­na ‘La noche de los lápi­ces”», denun­cia el con­ce­jal de cen­troiz­quier­da Die­go Can­cino, quien evi­den­te­men­te se ente­ró por medios audio­vi­sua­les de ese oscu­ro capí­tu­lo de la dic­ta­du­ra ini­cia­da en 1976 en Argen­ti­na. «Pasa la per­se­cu­ción de la pro­tes­ta y, tiem­po des­pués, cuan­do la cosa está más cal­ma­da, cuan­do los áni­mos están más apa­ci­gua­dos, ¡pum! Vie­ne la anda­na­da de la per­se­cu­ción judi­cial», expli­ca el para­le­lis­mo Cancino.

El auge de los «tes­ti­gos digitales»

Más allá de los dete­ni­dos de la pri­me­ra línea, un ele­men­to que dis­tin­guió a las masi­vas pro­tes­tas de este año en Colom­bia ha sido la posi­bi­li­dad de regis­trar dife­ren­tes vul­ne­ra­cio­nes a los dere­chos huma­nos en vivo y en direc­to. Así pasó, por ejem­plo, el jue­ves seis de mayo, cuan­do los celu­la­res de dis­tin­tos mani­fes­tan­tes evi­den­cia­ron cómo un camión de la poli­cía en la ciu­dad de Cali trans­por­ta­ba agen­tes ves­ti­dos de civil que los ata­ca­ron con armas de fuego.

Tam­bién se vira­li­zó el caso de Nico­lás Gue­rre­ro, un joven artis­ta de 22 años que vivía en Cali. Según tes­ti­gos que lo acom­pa­ña­ban el pasa­do dos de mayo, Gue­rre­ro reci­bió un dis­pa­ro por par­te de agen­tes poli­cia­les mien­tras se encon­tra­ba en un «vela­tón» cer­ca del muni­ci­pio de Cali­ma en honor a los falle­ci­dos en el Paro Nacio­nal. Miles de per­so­nas vie­ron cómo Gue­rre­ro fue ase­si­na­do en medio de la trans­mi­sión de Ins­ta­gram de un DJ local.

Otro ros­tro icó­ni­co de esa vio­len­cia tele­vi­sa­da ha sido el de Lucas Villa, estu­dian­te de la Uni­ver­si­dad Tec­no­ló­gi­ca de Perei­ra. Duran­te todo el cin­co de mayo estu­vo par­ti­ci­pan­do de las mar­chas pací­fi­cas en la ciu­dad de Perei­ra, y a tra­vés de videos com­par­ti­dos por Twit­ter y Face­book varios usua­rios resal­ta­ron su ale­gría. Por la noche, a Lucas y a algu­nos de sus com­pa­ñe­ros se les acer­có por sor­pre­sa un vehícu­lo gris del que sur­gie­ron por lo menos sie­te dis­pa­ros. Villa reci­bió dos impac­tos de bala: uno en la cabe­za y otro en su pier­na dere­cha. Tras ser diag­nos­ti­ca­do con muer­te cere­bral, falle­ció en la uni­dad de cui­da­dos inten­si­vos del Hos­pi­tal San Jor­ge de Pereira.

Refor­mar el Esmad, la tarea pendiente

Cami­lo Gon­zá­lez Pos­so, pre­si­den­te de Inde­paz, sos­tu­vo en un comu­ni­ca­do que debe deba­tir­se de for­ma urgen­te «si el entre­na­mien­to del Escua­drón Móvil Anti­dis­tur­bios (Esmad) y de otras fuer­zas poli­cia­les des­ti­na­das a repri­mir mani­fes­ta­cio­nes ha sido per­mi­si­vo con pro­ce­di­mien­tos que con­lle­van el ries­go de daño a mani­fes­tan­tes». Pos­so agre­gó en ese sen­ti­do que «cen­te­na­res de heri­dos y muchas dece­nas de muer­tos por la bru­ta­li­dad poli­cial no pue­den con­si­de­rar­se hechos ais­la­dos de res­pon­sa­bi­li­dad indi­vi­dual ni aje­nos a la res­pon­sa­bi­li­dad de los man­dos que están al fren­te de las operaciones».

La Comi­sión Inter­ame­ri­ca­na de Dere­chos Huma­nos (CIDH) seña­ló recien­te­men­te la cone­xión entre el abu­so de la fuer­za con­tra la pro­tes­ta social y las polí­ti­cas y orien­ta­cio­nes que ubi­can a los mani­fes­tan­tes como «terro­ris­tas que deben ser tra­ta­dos con tác­ti­cas de gue­rra», e inclu­so como cóm­pli­ces de gru­pos arma­dos como el ELN y las disi­den­cias de las FARC. Para Pos­so, en el gobierno de Duque «no caben las reco­men­da­cio­nes de la CIDH sobre des­mi­li­ta­ri­za­ción de la poli­cía», por lo que lla­mó a «des­te­rrar toda polí­ti­ca y dis­cur­so que lle­va a tra­tar la pro­tes­ta como ata­que a las ins­ti­tu­cio­nes, a la segu­ri­dad nacio­nal o como ries­go de infil­tra­ción de criminales».

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