Eco­lo­gía social. Los efec­tos del gli­fo­sa­to en el agua

Por Vani­na Lom­bar­di, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 29 de octu­bre de 2021.

Una inves­ti­ga­ción del CONICET y de la Facul­tad de Cien­cias Exac­tas y Natu­ra­les de la UBA es la pri­me­ra en eva­luar la recu­pe­ra­ción de comu­ni­da­des acuá­ti­cas de micro­bio­ta tras haber sido expues­tas a diver­sas can­ti­da­des de gli­fo­sa­to. En can­ti­da­des altas de apli­ca­ción del her­bi­ci­da, aun­que sus ras­tros hayan des­apa­re­ci­do, encon­tra­ron que no se logró vol­ver al esta­do anterior.

El uso de her­bi­ci­das como el gli­fo­sa­to se ha exten­di­do de mane­ra masi­va duran­te las últi­mas déca­das: se esti­ma que su apli­ca­ción se ha incre­men­ta­do en un 250% entre el año 2000 y el año 2015. Esto se debe, prin­ci­pal­men­te, a que su uso está aso­cia­do a los cul­ti­vos trans­gé­ni­cos que son resis­ten­tes a ellos, y la Argen­ti­na es el ter­cer pro­duc­tor mun­dial de este tipo de semi­llas, detrás de Esta­dos Uni­dos y Bra­sil. En deta­lle, en el país hay 61 “even­tos trans­gé­ni­cos” apro­ba­dos, prin­ci­pal­men­te de maíz, soja y algo­dón, entre los cua­les alre­de­dor del 60% de ellos es resis­ten­te al gli­fo­sa­to, al glu­fo­si­na­to de amo­nio (otro her­bi­ci­da que es cin­co veces más tóxi­co que el gli­fo­sa­to y cuya ven­ta ha sido prohi­bi­da en la Unión Euro­pea, aun­que en la Argen­ti­na se sigue usan­do) o a ambos.

Estos cam­bios trans­for­ma­ron la for­ma de pro­du­cir y vivir en el cam­po, y tam­bién comen­zó a sur­gir evi­den­cia sobre el impac­to que tie­ne la apli­ca­ción de estos her­bi­ci­das y pla­gui­ci­das en la salud y el ambien­te. Algu­nas inves­ti­ga­cio­nes, por ejem­plo, toman como refe­ren­cia el daño que pro­du­ce en anfi­bios o cómo los efec­tos noci­vos se poten­cian al entrar en con­tac­to con micro­plás­ti­cos y con arsé­ni­co; otros dan cuen­ta de que estos her­bi­ci­das que se escu­rren en los sue­los lle­gan has­ta los ríos pero no se dilu­yen en el agua, sino que se acu­mu­lan en sus sedimientos.

Un nue­vo estu­dio desa­rro­lla­do por Inves­ti­ga­do­ras del CONICET y de la Facul­tad de Cien­cias Exac­tas y Natu­ra­les de la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires (FCEyN-UBA) ana­li­za si es posi­ble vol­ver al esta­do de pre-expo­si­ción cuan­do la pre­sen­cia del gli­fo­sa­to des­apa­re­ce. “En tra­ba­jos ante­rio­res había­mos vis­to que el gli­fo­sa­to no es ino­cuo para el peri­fi­ton (una comu­ni­dad acuá­ti­ca de micro­bio­ta) ni para otras comu­ni­da­des acuá­ti­cas; por eso, que­ría­mos ver si se podía recu­pe­rar lue­go de la expo­si­ción a este her­bi­ci­da y nues­tro obje­ti­vo era estu­diar su poten­cial de recu­pe­ra­ción”, afir­ma la inves­ti­ga­do­ra Solan­ge Vera, del Depar­ta­men­to de Eco­lo­gía, Gené­ti­ca y Evo­lu­ción de la FCEyN-UBA, y una de las auto­ras de este trabajo.

Para eva­luar la capa­ci­dad de recu­pe­ra­ción de esta comu­ni­dad acuá­ti­ca, las inves­ti­ga­do­ras obtu­vie­ron la comu­ni­dad peri­fí­ti­ca de un meso­cos­mos, que son pile­tas que repro­du­cen sis­te­mas acuá­ti­cos natu­ra­les que nun­ca han esta­do expues­tos a her­bi­ci­das, que están en el cam­po expe­ri­men­tal ubi­ca­do en el pre­dio universitario.

“El peri­fi­ton inclu­ye algas, bac­te­rias, hon­gos, ani­ma­les y detri­tos, por ejem­plo, y es la que se encuen­tra adhe­ri­da a un sus­tra­to que está sumer­gi­do en el agua, es como el ver­dín pega­do en la super­fi­cie de una pie­dra sumer­gi­da”, dice Vera, y agre­ga que esta comu­ni­dad no nece­sa­ria­men­te mue­re al entrar en con­tac­to con gli­fo­sa­to. Por el con­tra­rio, “algu­nos orga­nis­mos sí se mue­ren pero otros tie­nen dife­ren­te meca­nis­mos que les per­mi­ten sor­tear el efec­to de este her­bi­ci­da y aumen­ta su núme­ro, como las cia­no­bac­te­rias”, ejemplifica.

Para eva­luar la capa­ci­dad de recu­pe­ra­ción de esta comu­ni­dad acuá­ti­ca, las inves­ti­ga­do­ras obtu­vie­ron la comu­ni­dad peri­fí­ti­ca de un meso­cos­mos, que son pile­tas que repro­du­cen sis­te­mas acuá­ti­cos natu­ra­les que nun­ca han esta­do expues­tos a her­bi­ci­das, que están en el cam­po expe­ri­men­tal ubi­ca­do en el pre­dio uni­ver­si­ta­rio. Pos­te­rior­men­te, tras­la­da­ron los sus­tra­tos colo­ni­za­dos con peri­fi­ton y el agua del meso­cos­mos al labo­ra­to­rio, para con­for­mar las uni­da­des expe­ri­men­ta­les, a las que les apli­ca­ron tres tra­ta­mien­tos. Uno de ellos fue con una con­cen­tra­ción baja de gli­fo­sa­to (de 0,4 mili­gra­mos por litro mg/​l); otro, con una con­cen­tra­ción alta (de 4 mg/​l); y un ter­ce­ro como con­trol, sin agre­ga­do de gli­fo­sa­to (de 0mg/​l). Enton­ces, hicie­ron medi­cio­nes de con­duc­ti­vi­dad, tur­bi­dez, oxí­geno disuel­to, con­cen­tra­ción de fós­fo­ro y dis­tin­tas varia­bles estruc­tu­ra­les del peri­fi­ton, a lo lar­go del tiempo.

“El peri­fi­ton inclu­ye algas, bac­te­rias, hon­gos, ani­ma­les y detri­tos, por ejem­plo, y es la que se encuen­tra adhe­ri­da a un sus­tra­to que está sumer­gi­do en el agua, es como el ver­dín pega­do en la super­fi­cie de una pie­dra sumer­gi­da”, dice Vera.

Por últi­mo, tras estu­diar la res­pues­ta a la expo­si­ción, pusie­ron el peri­fi­ton en agua sin gli­fo­sa­to y eva­lua­ron si se recu­pe­ra­ban los valo­res con­trol, a lo lar­go de 21 días. “Lo que vimos es que cuan­do el peri­fi­ton había sido expues­to a una con­cen­tra­ción baja de gli­fo­sa­to podía haber una recu­pe­ra­ción de la comu­ni­dad al valor de los tra­ta­mien­tos con­trol, pero si había sido expues­ta a una con­cen­tra­ción de 4mg/​l, ya no pudi­mos ver una recu­pe­ra­ción de las varia­bles que estu­dia­mos de la comu­ni­dad peri­fí­ti­ca”, sub­ra­ya Vera, que es inves­ti­ga­do­ra del CONICET en el Ins­ti­tu­to de Eco­lo­gía, Gené­ti­ca y Evo­lu­ción de Bue­nos Aires (IEGEBA).

“Al plan­tear el ensa­yo, intuía que ante una expo­si­ción a alta con­cen­tra­ción, el peri­fi­ton se iba a recu­pe­rar más len­ta­men­te que ante una baja con­cen­tra­ción, pero no que no íba­mos a ver recu­pe­ra­ción”, afir­ma Vera y advier­te que estos resul­ta­dos podrían impli­car o que el peri­fi­ton se recu­pe­ra en un perío­do de tiem­po mayor o que nun­ca recu­pe­ra­rá los valo­res con­trol, por­que ya hubo un recam­bio en la comu­ni­dad, adon­de cam­bia­ron de espe­cies que eran sen­si­bles a otras espe­cies más tole­ran­tes al gli­fo­sa­to, que encon­tra­ron otro esta­do de equilibrio.

Por eso, esta pri­me­ra inves­ti­ga­ción “es un pun­ta­pié para que se hagan otras”, afir­ma Vera y des­ta­ca que, por el tipo de estu­dio, este tra­ba­jo pue­de ser útil para eva­luar la res­tau­ra­ción de ambien­tes con­ta­mi­na­dos a los que se les apli­que algún tra­ta­mien­to de reme­dia­ción, uti­li­zan­do como indi­ca­dor la recu­pe­ra­ción de las dife­ren­tes comu­ni­da­des, como el peri­fi­ton. En este sen­ti­do, ade­más, ade­lan­ta que tam­bién están tra­ba­jan­do en la detec­ción de un méto­do de remo­ción de gli­fo­sa­to y arsé­ni­co, median­te la uti­li­za­ción de zeo­li­tas, que son unos mine­ra­les que, por su estruc­tu­ra, tie­nen la capa­ci­dad de adsor­ción de com­pues­tos como el glifosato.

Fuen­te: Agen­cia TSS

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