Uru­guay. Tras 27 años de impu­ni­dad, se con­ti­núa exi­gien­do jus­ti­cia por los ase­si­na­tos en el hos­pi­tal Fil­tro /​Se reali­zó una nue­va mar­cha para recor­dar la lucha dada en 1994 a fin de que no extra­di­ta­ran pre­sos polí­ti­cos vascos

Por Cami­la Mén­dez, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 25 de agos­to de 2021.

“Sen­ti­mos que hoy Fer­nan­do y Rober­to están acá, impul­san­do la soli­da­ri­dad con todos los con­flic­tos y la uni­fi­ca­ción de todas las luchas obre­ras”, plan­tea la pro­cla­ma leí­da al final de la marcha.

Nor­ma Morro­ni es la madre de Fer­nan­do Morro­ni. Tie­ne 77 años y algu­nos pro­ble­mas médi­cos la obli­gan a lle­var bas­tón. Cuen­ta que eso no la fre­na y que le gus­ta cuan­do los jóve­nes se intere­san por saber qué pasó. “Guri­ses, has­ta que yo pue­da voy a seguir, cuan­do ya no pue­da, cual­quie­ra de uste­des aga­rra la ban­de­ra”, les dice a sus com­pa­ñe­ros de militancia.

RECORDANDO LA MASACRE DEL FILTRO (Extra­ido de un docu­men­tal rea­li­za­do por Resu­men Latinoamericano)

El 24 de agos­to de 1994 se apa­ga­ron las luces que rodea­ban el hos­pi­tal Fil­tro, en Cufré y Bule­var Arti­gas. Den­tro esta­ban Jesús María Goi­tia, Mikel Ibá­ñez y Luis Liza­rral­de, ciu­da­da­nos vas­cos acu­sa­dos por el gobierno espa­ñol de per­te­ne­cer a la orga­ni­za­ción Eus­ka­di Ta Aska­ta­su­na (ETA). Esta­ban en huel­ga de ham­bre por­que se había soli­ci­ta­do su extra­di­ción y los deri­va­ron al cen­tro hos­pi­ta­la­rio. Afue­ra del Fil­tro, miles de per­so­nas recla­ma­ban por el dere­cho al asi­lo polí­ti­co de los tres vas­cos. Con­tra ellas se des­ató un ope­ra­ti­vo repre­si­vo en el que par­ti­ci­pa­ron la Radio Patru­lla, la Guar­dia Metro­po­li­ta­na, la Guar­dia Repu­bli­ca­na y efec­ti­vos de sec­cio­na­les cer­ca­nas. Hubo 100 heri­dos y dos falle­ci­dos: Rober­to Facal y Fer­nan­do Morroni.

“12 bala­zos es un fusi­la­mien­to”, sub­ra­ya Nor­ma, que sigue pidien­do jus­ti­cia. 12 bala­zos reci­bió Fer­nan­do. En su car­te­ra lle­va la autop­sia de su hijo, como cada agos­to de los últi­mos 27 años, por­que siem­pre le pre­gun­tan por el hecho. “Sabe­mos el nom­bre de quien lo mató, dón­de está, dón­de vive. Está en Durazno, tra­ba­jan­do en la inten­den­cia, se lla­ma Wal­de­mar Rosas Ruiz”, recla­ma Nor­ma. Ella quie­re enfren­tar­lo. “Quie­ro enfren­tar­lo, pero mirán­do­lo nomás. Quie­ro que me diga por qué ese ensa­ña­mien­to. No quie­ro que me diga por qué le tocó a Fer­nan­do, por­que tam­bién le tocó a Rober­to, y le podría haber toca­do a alguno más”, explicó.

Nor­ma no está sola. Un par de días atrás se encon­tró con dos ami­gas de Fer­nan­do que esta­ban con él cuan­do lo ase­si­na­ron. “Nos abra­za­mos y llo­ra­mos. No las veía des­de el día del Fil­tro, cuan­do empe­za­ron los bala­zos todos se des­pa­rra­ma­ron. Pri­me­ro mira­ron para atrás y vie­ron que venía Fer­nan­do. De repen­te no lo vie­ron más. Andu­vie­ron bus­can­do has­ta que lo encon­tra­ron. Des­pués me fue­ron a bus­car”, rela­tó. Recuer­da a su hijo como un soña­dor. “Ter­mi­nar y ver­lo así… no se lo deseo ni a mi peor enemi­go”, agrega.

Nor­ma no estu­vo sola este mar­tes. Como todos los 24 de agos­to, se con­vo­có nue­va­men­te a una mar­cha para recla­mar jus­ti­cia por la “masa­cre del Fil­tro”. “Fue esta demo­cra­cia la que mató a Rober­to y a Fer­nan­do. Fue­ron las armas de la Poli­cía las que dis­pa­ra­ron con­tra miles que expre­sa­ron soli­da­ri­dad exi­gien­do asi­lo”, se lee en la pro­cla­ma. Agre­ga: “Sen­ti­mos que hoy Fer­nan­do y Rober­to están acá, impul­san­do la soli­da­ri­dad con todos los con­flic­tos y la uni­fi­ca­ción de todas las luchas obre­ras, están en cada olla popu­lar, en cada meren­de­ro, en cada ocu­pa­ción de tie­rras, defen­dien­do el agua y los bie­nes comunes”.

Se exi­gió “cas­ti­go” para los repre­so­res por­que “cul­pa­bles son los que die­ron las órde­nes, los que apre­ta­ron el gati­llo y los que hoy encu­bren” y se suma: “cul­pa­bles son Laca­lle [en refe­ren­cia a Luis Alber­to Laca­lle Herre­ra, pre­si­den­te cuan­do suce­die­ron los hechos], Gia­no­la [por Ángel María Gia­no­la, enton­ces minis­tro del Inte­rior] y el Esta­do espa­ñol”. “Van 27 mar­chas bajo vien­to y llu­via; la memo­ria de quie­nes estu­vie­ron, la de quie­nes están hoy para seguir luchan­do, por­que se trans­mi­te de gene­ra­ción en gene­ra­ción, para sos­te­ner que ser vas­co no es deli­to, que no es deli­to luchar por la auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos”, remar­ca la proclama.

El sen­ti­mien­to de que cual­quie­ra de los que estu­vie­ron afue­ra del hos­pi­tal Fil­tro ese 24 de agos­to podría haber sido Fer­nan­do y Rober­to es una cons­tan­te res­pues­ta de los entre­vis­ta­dos. Como Pablo, que tenía 23 años. “Fue una masa­cre orga­ni­za­da, recuer­do a com­pa­ñe­ros y com­pa­ñe­ras resis­tien­do a la Poli­cía. Pero algo que apren­di­mos es que no impor­ta que sea demo­cra­cia, la repre­sión siem­pre está laten­te, está ahí. Tam­bién hay otra par­te, más difí­cil de recor­dar, pero recuer­do gen­te ayu­dan­do sólo por ser soli­da­ria”, contó.

Pau­la, otra mani­fes­tan­te, recuer­da el rui­do de los tiros y cómo al prin­ci­pio de la repre­sión “la gen­te gri­ta­ba que eran cue­tes”. “Des­pués nos dimos cuen­ta que no eran cue­tes. Arre­me­tie­ron con todo, de una for­ma que no se veía lo que iba a suce­der, o por lo menos yo no lo podía visua­li­zar. Des­pués se for­mó un espa­cio de soli­da­ri­dad, don­de todos sacá­ba­mos a todos los que podía­mos, los veci­nos nos abrían las puer­tas de sus casas”, narró. Com­pa­ra con la sen­sa­ción de estar en una “zona de gue­rra” por que­rer correr y no tener a dón­de o de pro­te­ger a otros cuan­do no se cono­cían. Tam­bién reco­no­ció: “Una de las sen­sa­cio­nes que aún no me pue­do sacar de la memo­ria es sen­tir a los mili­cos que gri­ta­ban ‘hip hip hurra’ des­pués de la repre­sión más dura”.

Pau­la recuer­da que des­pués tam­bién comen­za­ron a ubi­car al res­to de sus com­pa­ñe­ros. “Inten­tá­ba­mos saber dón­de esta­ban, cómo esta­ban, ahí nos fui­mos ente­ran­do de los heri­dos y ase­si­na­dos”, expli­ca. Cono­cía de vis­ta a Fer­nan­do, habían juga­do al tru­co en pla­zas. “El peor día de mi vida fue el del vela­to­rio y el entie­rro de Fer­nan­do. Fue una sen­sa­ción de mucho dolor, tris­te­za, silen­cio. Era una sen­sa­ción de rabia e impo­ten­cia. Fue muy difí­cil de sobre­lle­var, cada 24 de agos­to se revi­ve”, recor­dó. Por él y por Rober­to vie­ne a la marcha.

fotos gen­ti­le­za Martha Passeggi

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Entrevista a Norma Morroni
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