Cuba. Fidel 95 años/​De cre­ci­da en crecida

Por Juan Anto­nio Borre­go, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 12 de agos­to de 2021.

Fidel nos acos­tum­bró a ade­lan­tar­nos a los acon­te­ci­mien­tos y, al mis­mo tiem­po, a encon­trar solu­cio­nes crea­ti­vas y per­du­ra­bles fren­te a la mura­lla que repre­sen­ta­ban los más com­ple­jos obs­tácu­los, una vir­tud que supo cul­ti­var des­de los tiem­pos de la Sie­rra Maestra

Obra de Andy Osval­do Pérez

Cuan­do Fidel Cas­tro se paró sobre el lomo de aquel anfi­bio, que en medio de la cre­ci­da pare­cía más una hoja de guá­si­ma que un vehícu­lo mili­tar, lo que real­men­te cre­yó tener fren­te a sus ojos fue el mis­mí­si­mo río Ama­zo­nas, que se des­bo­ca­ba hacia el gol­fo del Guacanayabo.

El ciclón Flo­ra había hecho un lazo sobre las actua­les pro­vin­cias de Las Tunas, Gran­ma, Hol­guín y Cama­güey, con una evo­lu­ción errá­ti­ca en la cual las inten­sas llu­vias aso­cia­das al orga­nis­mo, más que los vien­tos, ter­mi­na­ron tra­gán­do­se la exten­sa lla­nu­ra del Cau­to y, con ella, la vida de unas 2 000 per­so­nas; des­tru­ye­ron 4 000 caba­lle­rías de arroz, miles de vivien­das y la infra­es­truc­tu­ra vial de toda una región.

Has­ta Valen­ti­na Teresh­ko­va, la pri­me­ra mujer cos­mo­nau­ta del mun­do, casual­men­te de visi­ta en Cuba, se ofre­ció para ayu­dar en el res­ca­te de las pobla­cio­nes inun­da­das, una labor que enca­be­zó Fidel en per­so­na, quien movi­li­zó a los mejo­res pilo­tos del país y orde­nó hacer has­ta lo impo­si­ble con tal de sal­var a aque­llos cam­pe­si­nos humil­dí­si­mos, como los de Pina­li­to, que tra­ba­ja­ban una par­te del año en la zafra de la caña y la otra en la del café.

Dicen que, con esa luz lar­ga que siem­pre habrá que pon­de­rar, antes de que ter­mi­na­ra la epo­pe­ya acuá­ti­ca del Flo­ra man­dó a bus­car al Coman­dan­te Faus­tino Pérez, y allí mis­mo, sobre el capó de un jeep ver­de oli­vo y con mapa de por medio, que­da­ron esbo­za­das muchas de las ideas de lo que lue­go sería el pro­gra­ma de la volun­tad hidráu­li­ca en el país, des­de enton­ces con­ver­ti­do en una suer­te de obse­sión para Fidel.

De lo vivi­do y lo sufri­do en la lla­nu­ra del Cau­to, cuan­do nues­tros pilo­tos de heli­cóp­te­ros vio­la­ron todas las nor­mas de la nave­ga­ción aérea para reco­ger a la gen­te que pedía ayu­da sobre el techo de los bohíos, el Coman­dan­te en Jefe com­pren­dió tam­bién la impor­tan­cia de con­tar con un sis­te­ma de Defen­sa Civil que per­mi­tie­ra pre­ver y tomar deci­sio­nes a tiem­po, de modo que la vida de las per­so­nas y la pre­ser­va­ción de los recur­sos mate­ria­les no que­da­ran a mer­ced de la improvisación.

No se pue­de afir­mar cate­gó­ri­ca­men­te que el pro­gra­ma de la volun­tad hidráu­li­ca y el sis­te­ma de la Defen­sa Civil del país sean hijos exclu­si­vos de las aguas del Flo­ra –ambos pro­yec­tos con­ti­nua­ron enri­que­cién­do­se con las nue­vas expe­rien­cias y el día a día – , pero el mis­mo Fidel reco­no­ció más de una vez que aquel hura­cán, con­si­de­ra­do una de las mayo­res catás­tro­fes que hayan azo­ta­do al país, mar­có un antes y un des­pués en la mane­ra de lidiar con la naturaleza.

UN LÍDER INNOVADOR

El epi­so­dio de octu­bre de 1963 no fue exclu­si­vo; a lo lar­go de más de medio siglo, Fidel nos acos­tum­bró a ade­lan­tar­nos a los acon­te­ci­mien­tos y, al mis­mo tiem­po, a encon­trar solu­cio­nes crea­ti­vas y per­du­ra­bles fren­te a la mura­lla que repre­sen­ta­ban los más com­ple­jos obs­tácu­los, una vir­tud que supo cul­ti­var des­de los tiem­pos de la Sie­rra Maestra.

El Che Gue­va­ra y varios ana­lis­tas lo des­cri­ben como un jefe crea­ti­vo, el gue­rri­lle­ro que ante el ase­dio de un enemi­go muy supe­rior apren­dió a defen­der­se ata­can­do, a no dor­mir dos noches en la mis­ma posi­ción para no rega­lar dema­sia­das pis­tas a sus riva­les, a com­bi­nar la lucha de las mon­ta­ñas con la resis­ten­cia de las ciu­da­des, a abrir nue­vos fren­tes lle­ga­do el momen­to de expan­dir la gue­rra, o a saber usar cada hom­bre y cada recur­so don­de más nece­sa­rio resultara.

Con esa mis­ma filo­so­fía con­du­jo los des­ti­nos del país, libró con­tien­das inter­na­cio­na­les, se ganó la admi­ra­ción del ter­cer mun­do y de las fuer­zas pro­gre­sis­tas del pla­ne­ta, y enfren­tó las más difí­ci­les cir­cuns­tan­cias como Jefe de Esta­do, des­de una inva­sión mer­ce­na­ria y una cri­sis nuclear, has­ta más de 600 inten­tos de ase­si­na­to, la caí­da del cam­po socia­lis­ta o la desin­te­gra­ción de la Unión Soviética.

Cuan­do los enemi­gos his­tó­ri­cos de la Revo­lu­ción pre­ten­die­ron impe­dir un ges­to tan humano como la Cam­pa­ña de Alfa­be­ti­za­ción, Fidel Cas­tro creó los bata­llo­nes de mili­cias y pei­nó el Escam­bray; cuan­do las com­pa­ñías nor­te­ame­ri­ca­nas se nega­ron a pro­ce­sar el petró­leo sovié­ti­co, nacio­na­li­zó todas las plan­tas refi­na­do­ras exis­ten­tes en el país, y cuan­do años más tar­de agen­tes enemi­gos intro­du­je­ron el den­gue hemo­rrá­gi­co, coman­dó una cru­za­da sani­ta­ria con­tun­den­te y creó las tera­pias pediá­tri­cas, ante­ce­den­te direc­to del sis­te­ma de cui­da­dos inten­si­vos que hoy exis­te en todas las provincias.

Fidel nos ense­ñó a no res­pon­der con paños tibios, con titu­beos o con par­ches, sino con deci­sio­nes pro­por­cio­na­les a la enver­ga­du­ra del momen­to, muchas veces mesu­ra­das, como dic­ta la polí­ti­ca –«Cuba está con­tra el terro­ris­mo y con­tra la gue­rra», le res­pon­dió a Bush (hijo) en aque­lla his­tó­ri­ca pro­cla­ma – , y tam­bién muchas veces radi­ca­les, como la medi­da salo­mó­ni­ca de devol­ver a los secues­tra­do­res de naves aéreas, úni­ca solu­ción fren­te a la cri­sis crea­da en los vue­los entre Cuba y Esta­dos Uni­dos, o como la de per­so­nar­se en las calles de La Haba­na en medio de los suce­sos vio­len­tos del 5 de agos­to de 1994.

Fren­te al dog­ma­tis­mo que se expre­sa­ba en otros paí­ses socia­lis­tas, Fidel creó el Poder Popu­lar, un sis­te­ma de par­ti­ci­pa­ción inno­va­dor que comien­za y ter­mi­na en el pue­blo; fren­te a los inten­tos de vul­ne­rar nues­tro espa­cio radio­eléc­tri­co, levan­tó una «cor­ti­na de ace­ro» que dejó en ridícu­lo la lla­ma­da Radio y Tele­vi­sión Mar­tí, y fren­te a la pro­cla­ma­ción del «fin de la his­to­ria», la pro­li­fe­ra­ción de la men­ti­ra neo­li­be­ral, la bazo­fia ideo­ló­gi­ca, el mal gus­to y la inde­cen­cia glo­ba­li­za­da, nos con­vo­có a for­mar una cul­tu­ra gene­ral inte­gral, que nos sal­va­ría de todos esos peca­dos, qui­zá la deu­da más urgen­te que tene­mos hoy con su memoria.

EL GOLPE MÁS DURO

La ima­gen de aquel gru­po de uni­ver­si­ta­rios, a media­dos de los años 80 del pasa­do siglo, pre­pa­rán­do­se una tor­ti­lla de merien­da en el fon­do de la mis­ma trin­che­ra que cava­ban, a las dos de la madru­ga­da, en la Loma de Quin­te­ro, en San­tia­go de Cuba, pudie­ra pare­cer más un epi­so­dio de rea­lis­mo mági­co que un apor­te con­cre­to a la defen­sa del país, cuan­do toda­vía el cam­po socia­lis­ta y la Unión Sovié­ti­ca pare­cían inamovibles.

En Cuba, sin embar­go, dos per­so­nas –Fidel y Raúl– cono­cían que, ante una hipo­té­ti­ca inter­ven­ción mili­tar a la Isla por par­te del Gobierno de Esta­dos Uni­dos, en ese momen­to bajo la pre­si­den­cia de Ronald Reagan (1981−1989), la Unión Sovié­ti­ca mos­tra­ría su des­acuer­do, pro­tes­ta­ría enér­gi­ca­men­te en la onu, pero no se invo­lu­cra­ría de mane­ra direc­ta en un con­flic­to arma­do a miles de kiló­me­tros de su territorio.

Fidel Cas­tro, que ya para enton­ces esta­ba cura­do de espan­to –había teni­do des­en­cuen­tros con los sovié­ti­cos en el mane­jo polí­ti­co de la Cri­sis de los Misi­les y tam­bién en la con­cep­ción mili­tar de la cam­pa­ña de Ango­la – , apos­tó enton­ces por la doc­tri­na de la Gue­rra de todo el pue­blo, una pro­pues­ta que rom­pía con la estra­te­gia defen­si­va tra­di­cio­nal y asig­na­ba una misión con­cre­ta para los millo­nes de cuba­nos que estu­vie­ran dis­pues­tos a defen­der su Revolución.

No fue lo peor: años más tar­de asis­tió a la desin­te­gra­ción del blo­que socia­lis­ta del Este euro­peo (1989), lo que cali­fi­có como el «des­me­ren­ga­mien­to» de la urss (1991), un gol­pe que pare­ció mor­tal para Cuba, que en menos de 18 meses per­dió el 35 % de su Pro­duc­to Interno Bruto.

Para enton­ces, como mis­mo hoy, el opor­tu­nis­mo y el odio con­tra la Revo­lu­ción se pusie­ron a la orden del día; el Con­gre­so esta­dou­ni­den­se sus­cri­bió la polé­mi­ca Ley Torri­ce­lli (1992), otra vuel­ta de tuer­ca en la esca­la­da del blo­queo –ni la pri­me­ra ni la últi­ma – ; en Mia­mi mucha gen­te hizo las male­tas, e inclu­so un voce­ro rabio­so, de los que siem­pre abun­dan en la Flo­ri­da, Agus­tín Tamar­go, soli­ci­tó tres días de licen­cia para matar en el archipiélago.

Entre­na­do en el arte del con­tra­ta­que, Fidel Cas­tro dese­chó las pro­pues­tas de ren­di­ción lle­ga­das has­ta de algu­nos «ami­gos», y con­fió una vez más en esa capa­ci­dad de resi­lien­cia de los cuba­nos para salir a flo­te has­ta en las cir­cuns­tan­cias más adversas.

De aquel lan­ce salie­ron el for­ta­le­ci­mien­to de la infra­es­truc­tu­ra turís­ti­ca del país, con exten­sio­nes has­ta los cayos vír­ge­nes que cir­cun­dan la isla gran­de, y nue­vos con­cep­tos en la comer­cia­li­za­ción de nues­tro pro­duc­to; el desa­rro­llo de la indus­tria bio­tec­no­ló­gi­ca, orgu­llo para una nación del Sur, pobre y sub­de­sa­rro­lla­da, y la expor­ta­ción de ser­vi­cios, una for­ta­le­za que se afin­ca en el capi­tal humano for­ma­do a lo lar­go de 60 años.

Es, jus­ta­men­te, la mis­ma «resis­ten­cia crea­ti­va» a la que está ape­lan­do el Pri­mer Secre­ta­rio del Par­ti­do y Pre­si­den­te Miguel Díaz-Canel, para sacar ade­lan­te al país, aca­so en una cre­ci­da tan com­ple­ja como aque­lla de octu­bre de 1963, cuan­do Fidel cre­yó que el Ama­zo­nas esta­ba corrien­do por la gar­gan­ta de Oriente.

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