Femi­nis­mos. Esco­cia, no es femi­nis­mo si borra a las mujeres

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 10 de mayo de 2021.

Nico­la Stur­geon ha sido la pri­me­ra minis­tra de Esco­cia duran­te seis años y medio. Un adje­ti­vo que a menu­do se le atri­bu­ye a Stur­geon es el de femi­nis­ta. Pero en 2019, reci­bió una car­ta abier­ta de muje­res de su pro­pio par­ti­do que afir­ma­ban que no podían dis­cu­tir sus dere­chos sin ser lla­ma­das faná­ti­cas transfóbicas.

El otro lado acu­sa a Stur­geon de no hacer lo sufi­cien­te para repri­mir a todos esos «faná­ti­cos trans­fó­bi­cos». (En enero, Stur­geon publi­có un video sin guión en Twit­ter , rogan­do a los jóve­nes acti­vis­tas que «con­si­de­ran en esta eta­pa que el SNP no es un lugar segu­ro, tole­ran­te o aco­ge­dor para las per­so­nas trans» que se adhie­ran a su partido).

El deba­te sobre el sexo y el géne­ro en Esco­cia es tan feroz e intra­ta­ble como lo es en los Esta­dos Unidos.

En toda Gran Bre­ta­ña, las per­so­nas trans­gé­ne­ro están pro­te­gi­das legal­men­te de la dis­cri­mi­na­ción, y las muje­res trans­gé­ne­ro pue­den ser tra­ta­das de mane­ra dife­ren­te [a las muje­res] solo si es un «medio pro­por­cio­na­do para lograr un obje­ti­vo legí­ti­mo», como otor­gar a una víc­ti­ma de vio­la­ción el dere­cho a ver a una doc­to­ra, o brin­dar­le un gru­po solo para muje­res para apo­yo en caso de abor­to espon­tá­neo. (Debi­do a que los hom­bres no son tra­ta­dos como una cate­go­ría pro­te­gi­da en los depor­tes o los ser­vi­cios públi­cos, hay menos dispu­tas sobre el esta­tus de los hom­bres trans). Sin embar­go, Esco­cia tie­ne el poder de hacer su pro­pia legis­la­ción en muchas áreas. Con Ingla­te­rra gober­na­da por el Par­ti­do Con­ser­va­dor de dere­cha, pro­mo­ver los dere­chos trans se ha con­ver­ti­do en una for­ma impor­tan­te para que el SNP demues­tre sus cre­den­cia­les progresistas.

Los que se pre­sen­tan como defen­so­res de los dere­chos de las per­so­nas trans­gé­ne­ro argu­men­tan que el géne­ro debe­ría ser una cues­tión de sim­ple auto­de­cla­ra­ción, sin con­trol por par­te de los médi­cos. Quie­ren eli­mi­nar cual­quier dis­tin­ción en la ley y la polí­ti­ca con res­pec­to a las muje­res trans­gé­ne­ro, de ahí el lema de que “las muje­res trans son mujeres”.

En Esco­cia, el deba­te ha enfren­ta­do a las femi­nis­tas con­tra su pro­pio par­ti­do y las ha vis­to hacer alian­zas sin pre­ce­den­tes con sus opo­nen­tes polí­ti­cos. El movi­mien­to crí­ti­co de géne­ro está luchan­do con­tra un con­sen­so de éli­te (inclui­dos los líde­res de las prin­ci­pa­les orga­ni­za­cio­nes bené­fi­cas femi­nis­tas de Esco­cia ), que no es un con­sen­so social: las encues­tas sugie­ren que, aun­que los votan­tes esco­ce­ses están dis­pues­tos a nue­vas refor­mas para pro­te­ger a las per­so­nas trans del abu­so y el aco­so, una mayo­ría creen que, por ejem­plo, las per­so­nas trans no debe­rían com­pe­tir en depor­tes femeninos.

Las des­crip­cio­nes frías y fác­ti­cas de las posi­cio­nes polí­ti­cas no pue­den cap­tar la pura inten­si­dad de este deba­te, que recuer­da la cam­pa­ña noto­ria­men­te amar­ga en torno al refe­rén­dum esco­cés. Tam­bién se tra­ta­ba de cues­tio­nes de iden­ti­dad per­so­nal. ¿Quién deci­de si soy bri­tá­ni­co o esco­cés? ¿Quién deci­de si soy mujer? El autor JK Row­ling, que nació en Ingla­te­rra pero vive en Edim­bur­go, es una vete­ra­na de ambas bata­llas. Se opu­so a la inde­pen­den­cia esco­ce­sa y se ha con­ver­ti­do en aban­de­ra­da del femi­nis­mo crí­ti­co de géne­ro. Como ella escri­bió el año pasa­do, se ha acos­tum­bra­do a «ame­na­zas de vio­len­cia, que me digan que lite­ral­men­te esta­ba matan­do a per­so­nas trans con mi odio, que me lla­men puta y, por supues­to, que que­men mis libros».

La exlí­der labo­ris­ta esco­ce­sa Johann Lamont me dijo que, en su eva­lua­ción, muchas de las voces más eno­ja­das con­tra las femi­nis­tas crí­ti­cas de géne­ro como Row­ling eran alia­dos mas­cu­li­nos de las per­so­nas trans­gé­ne­ro, en lugar de las pro­pias per­so­nas trans­gé­ne­ro. “Veo muje­res jóve­nes silen­cia­das … veo hom­bres jóve­nes enva­len­to­na­dos y empo­de­ra­dos”, dijo.

[…] Tome­mos el recien­te pro­yec­to de ley sobre deli­tos de odio de Esco­cia, que es, según los están­da­res esta­dou­ni­den­ses, extra­or­di­na­ria­men­te anti­li­be­ral. En su for­ma pro­pues­ta, los esco­ce­ses podrían ser pro­ce­sa­dos por «des­per­tar el odio», inclu­so si no tenían la inten­ción de hacer­lo, y las biblio­te­cas y libre­rías podrían ser pro­ce­sa­das por pres­tar o ven­der «mate­rial incen­dia­rio». Inclu­so el dis­cur­so den­tro de una casa par­ti­cu­lar podría estar suje­to a san­cio­nes penales.

Estas dis­po­si­cio­nes se dilu­ye­ron más tar­de, pero aun así, algu­nas acti­vis­tas femi­nis­tas en Esco­cia temen que la ley enfríe aún más las dis­cu­sio­nes sobre sexo y géne­ro. En mar­zo, Mary Gor­don, sobri­na nie­ta del fun­da­dor del SNP, escri­bió con tiza un men­sa­je en un edi­fi­cio del gobierno en Edim­bur­go: «Los dere­chos de las muje­res no son un cri­men de odio». Poco des­pués, dos poli­cías uni­for­ma­dos visi­ta­ron su casa para adver­tir­le que podría ser dete­ni­da por que­bran­tar el orden públi­co si repe­tía la protesta.

La reac­ción vio­len­ta con­tra Row­ling ya había asus­ta­do a muchas per­so­nas y orga­ni­za­cio­nes para que no se invo­lu­cra­ran con el tema: en julio, una valla publi­ci­ta­ria que decía solo «Y love jk row­ling» fue reti­ra­da de una esta­ción de tren de Edim­bur­go por­que era «polí­ti­ca» y poten­cial­men­te ofensiva.

Las gue­rras de géne­ro han hecho que los des­acuer­dos den­tro del SNP, a los que rara vez se les per­mi­te lle­gar a los foras­te­ros, se hagan públi­cos. Nada ha desa­fia­do el poder de la rei­na Nico­la, y la repu­tación del par­ti­do por la uni­dad a la par, de una mane­ra tan pare­ci­da antes. (El SNP inclu­so tie­ne reglas según las cua­les nin­guno de sus polí­ti­cos subal­ter­nos pue­de cri­ti­car sus polí­ti­cas o el lide­raz­go). Joan McAl­pi­ne es la disi­den­te femi­nis­ta de más alto per­fil del SNP en Holy­rood, la sede del Par­la­men­to esco­cés, mien­tras que Joan­na Cherry cum­ple el mis­mo papel en West­mins­ter. Jun­to a más de 100 muje­res miem­bros del SNP, algu­nas de ellas anó­ni­mas, ambas fir­ma­ron un “Com­pro­mi­so de muje­res”en el oto­ño de 2019 diri­gi­do a Stur­geon, que decía: “Reque­ri­mos espa­cios dife­ren­cia­dos por sexo para poder par­ti­ci­par en la vida públi­ca. En pocas pala­bras, por razo­nes de lími­tes cor­po­ra­les y trau­ma, no pode­mos com­par­tir espa­cios exclu­si­vos para muje­res con per­so­nas mas­cu­li­nas, inde­pen­dien­te­men­te de sus per­so­na­li­da­des, esti­lo de ves­tir, iden­ti­da­des, etc. »

Stur­geon no se inmu­tó. En enero, advir­tió que las dis­cu­sio­nes sobre temas de muje­res se habían con­ver­ti­do en “una tapa­de­ra para la trans­fo­bia”, y agre­gó: “Soy una femi­nis­ta de toda la vida … Pero como mujer sé que la ame­na­za a mi segu­ri­dad pro­vie­ne de hom­bres abu­si­vos; no es de muje­res trans ”. Publi­có un video elec­to­ral el 18 de abril que comen­za­ba: “Hola, soy Nico­la Stur­geon y mi pro­nom­bre ele­gi­do es ella».

Un polí­ti­co del SNP me dijo, sin embar­go, que la súpli­ca de Stur­geon en Twit­ter a los jóve­nes acti­vis­tas para que no aban­do­na­ran el par­ti­do esta­ba “apun­tan­do” a quie­nes habían adop­ta­do la posi­ción opues­ta. Caro­li­ne McA­llis­ter, la ex con­vo­can­te de muje­res del SNP, esta­ba entre esas muje­res. Se fue a Alba [un nue­vo par­ti­do inde­pen­den­tis­ta] por­que era, me dijo, “el úni­co espa­cio polí­ti­co don­de las muje­res pue­den hablar libre­men­te sobre sus preo­cu­pa­cio­nes sobre la ideo­lo­gía de géne­ro y los cam­bios en nues­tra defi­ni­ción [de lo que es una mujer]. Es un espa­cio segu­ro don­de pode­mos usar nues­tro len­gua­je para des­cri­bir nues­tras expe­rien­cias «. Más de la mitad de los can­di­da­tos de Alba son muje­res, y el par­ti­do se reu­nió para expo­ner su polí­ti­ca sobre espa­cios dife­ren­cia­dos por sexo don­de nadie era lla­ma­do «TERF».

[Según algu­nas opi­nio­nes] el enfo­que en la legis­la­ción sobre dere­chos refle­ja la inca­pa­ci­dad del SNP para avan­zar en otras áreas polí­ti­cas. Por ejem­plo, no cum­pli­rá su com­pro­mi­so insig­nia de cerrar la bre­cha de logros edu­ca­ti­vos entre alum­nos ricos y pobres duran­te otros 35 años , según las ten­den­cias actua­les. Dicho de mane­ra cru­da, apro­bar una legis­la­ción sobre deli­tos de odio es más bara­to que mejo­rar los ser­vi­cios públi­cos y le da al gobierno una his­to­ria atrac­ti­va para pre­su­mir sobre sus valo­res. […]

Fuen­te: Tri­bu­na Feminista.



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