Migran­tes. Lxs niñxs y la tram­pa de un cie­lo impostor

Por Clau­dia Rafael, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 7 de abril de 2021. 

Si exis­te la liber­tad enton­ces no pue­de exis­tir el des­tino, por lo tan­to, noso­tros mis­mos somos nues­tro pro­pio des­tino. Imre Ker­tesz, niño sobre­vi­vien­te de Buchen­wald en Sin destino.

(APe).- Dos niñas ecua­to­ria­nas de 3 y 5 años caen por los cua­tro metros del muro que divi­de los mun­dos. La esce­na ‑del 30 de mar­zo en Nue­vo Méxi­co- mues­tra la figu­ra de un hom­bre que las va sol­tan­do has­ta que las dos lle­gan a esa tie­rra are­no­sa que apa­re­ce a los ojos de los sures, como la tie­rra pro­me­ti­da. Son ape­nas dos, entre tan­tas, a las que sus fami­lias envían para que pue­dan tener un des­tino escri­to con otras letras que les depa­ren futu­ro. Los videos del ins­tan­te horro­ri­zan por un rato al mun­do ente­ro. Ape­nas un rato de espan­to has­ta abrir las sen­sa­cio­nes a otras esce­no­gra­fías igual de dolo­ro­sas. El mis­mo espan­to de hace esca­sos seis años cuan­do la foto­gra­fía de un niño sirio en las cos­tas grie­gas escan­da­li­zó al mun­do ente­ro en una cose­cha “de espec­ta­do­res” sin duelo.

Más de 5000 inmi­gran­tes cen­tro­ame­ri­ca­nos son dete­ni­dos cada día por Ofi­ci­na de Adua­nas y Pro­tec­ción Fron­te­ri­za de Esta­dos Unidos. 

Medio millar son niñas y niños solos que tra­tan de lle­gar “al cie­lo”, en un jue­go de rayue­la maca­bro que les escri­be un cruen­to des­tino. “La Migra”, como se cono­ce a esa ofi­ci­na, los lle­va a cen­tros de deten­ción en don­de se los ve haci­na­dos, cubier­tos con man­tas de alu­mi­nio, rodea­dos de nylon en una vidrie­ra obscena.

Migran­tes naci­dos en los patios tra­se­ros del mun­do, que inten­tan una gene­ra­la ser­vi­da de ases que los con­duz­ca a esa par­te del pla­ne­ta don­de se coci­nan las oportunidades.

Son las his­to­rias mis­mas de la huma­ni­dad en la que los hace­do­res del poder se sor­pren­den por las ava­lan­chas de migran­tes indo­cu­men­ta­dos que inten­tan atra­ve­sar los con­fi­nes de los impe­rios. Son los hijos de un pla­ne­ta azo­ta­do por los pode­ro­sos que vie­nen dibu­jan­do la suer­te de millo­nes, a un lado y a otro de las fronteras.

En el tren, lo que más esca­sea­ba era el agua. La comi­da pare­cía sufi­cien­te para varios días, pero no tenía­mos nada para beber, y eso era muy des­agra­da­ble. Los otros via­je­ros nos decían que se tra­ta­ba de la pri­me­ra sed, que pasa­ría pron­to, inclu­so, que la olvi­da­ría­mos. Has­ta que vol­vie­ra a apa­re­cer. Es posi­ble aguan­tar seis o sie­te días sin agua, afir­ma­ban los exper­tos, los que tenien­do en cuen­ta el tiem­po calu­ro­so, siem­pre que se esté sano, que no se sude mucho y que no se coma car­ne ni espe­cias. Por el momen­to, así nos ani­ma­ban, toda­vía nos que­da­ba tiem­po: todo depen­día de cuán­to dura­se el via­je, aña­dían. Así escri­bía Imre Ker­tesz, niño sobre­vi­vien­te de un cam­po de con­cen­tra­ción nazi en su libro Sin des­tino. No es casual la cita. Hace ocho años, en esta mis­ma agen­cia y con la fir­ma de Cris­ti­na Bac­cin se publi­ca­ba que “si estu­vié­ra­mos en los tiem­pos en que los nazis depor­ta­ban por tren a pobla­cio­nes ente­ras a cam­pos de exter­mi­nio, hoy se vería un inter­mi­na­ble tren con 7.200 vago­nes de car­ga de gana­do, trans­por­tan­do –en vez de judíos- más de dos millo­nes de lati­nos, mayo­ría mexi­ca­nos (89%) y gua­te­mal­te­cos, sal­va­do­re­ños, hon­du­re­ños, cuba­nos, bra­si­le­ños, entre otros (Offi­ce of Immi­gra­tion Sta­tis­tics, 2008).”

Hoy las cifras ofi­cia­les hablan de casi 10.000 meno­res de 18 años cap­tu­ra­dos en las fron­te­ras. Niñas y niños sal­va­do­re­ños, ecua­to­ria­nos, mexi­ca­nos, gua­te­mal­te­cos que, según las leyes, debe­rán ser rete­ni­dos en “cel­das admi­nis­tra­ti­vas” cono­ci­das como “hie­le­ras” por un máxi­mo de 72 horas. Aun­que los hay en esos encie­rros por más de 500 días.

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Son las niñas y niños naci­dos del otro lado de los con­fi­nes. Más allá de los muros cons­trui­dos por los esta­dos. El que sepa­ra Esta­dos Uni­dos de Mexi­co (hay 3.142 kiló­me­tros de fron­te­ra) se ini­ció duran­te el gobierno de Bill Clin­ton y fue abo­na­do y acre­cen­ta­do duran­te cada uno de los gobier­nos que le siguie­ron. No impor­ta el signo polí­ti­co. Niñas y niños arran­ca­dos de los mura­llo­nes que divi­den y arro­ja­dos a hie­le­ras don­de sobre­vi­ven a fuer­za de angus­tias y miedos.

Son las niñas y niños naci­dos al otro lado de otras fron­te­ras. Haci­na­dos en las geo­gra­fías del encie­rro des­de don­de ven el mun­do a tra­vés de las vidrie­ras en un espec­tácu­lo tri­di­men­sio­nal que les es ajeno.

Es la foto­gra­fía más atroz del impe­rio en todo su des­plie­gue y pode­río. La pues­ta en esce­na mis­ma de la inequi­dad dise­ña­da a ima­gen y seme­jan­za de los due­ños de la vida y de la muerte.

Y algu­na vez, algún día, noso­tros mis­mos sere­mos nues­tro pro­pio des­tino, en el que las fron­te­ras –aden­tro y afue­ra- serán tro­zos de nada a hacer mil peda­zos y esas niñas y niños irrum­pi­rán defi­ni­ti­va­men­te en un espa­cio que es pre­sen­te y que será futu­ro y que ten­drá por nom­bre la esperanza.

Fuen­te: Pelo­ta de trapo

Itu­rria /​Fuen­te

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