Argen­ti­na. Infla­ción ¿pro­ble­ma sin solución?

Por Julio C. Gam­bi­na, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 19 de abril de 2021.

Son muchos los fac­to­res que inten­tan expli­car el pro­ble­ma, pero lo real es el incre­men­to cre­cien­te de pre­cios según la infor­ma­ción ofi­cial, con impac­to dife­ren­cia­do según el lugar que se ocu­pe en el pro­ce­so de pro­duc­ción y dis­tri­bu­ción. Por ello es que para pen­sar crí­ti­ca­men­te el fenó­meno (pre­cios), debe ana­li­zar­se el tema esen­cial (valor). En este sen­ti­do, se requie­re pen­sar y modi­fi­car el mode­lo pro­duc­ti­vo y de desa­rro­llo, ins­ta­la­do como rum­bo prin­ci­pal por casi medio siglo des­de media­dos de 1975 y poten­cia­do en tiem­pos de la dic­ta­du­ra, los 90 y en los años recien­tes. No alcan­za con cri­ti­car el orden cons­trui­do, sino que se requie­re pen­sar la tran­si­ción de esta reali­dad a otra que cam­bie sus­tan­cial­men­te las for­mas de orga­ni­za­ción eco­nó­mi­ca de la sociedad. 

La suba de los pre­cios sigue sien­do un pro­ble­ma en la Argen­ti­na. Muy pocos paí­ses pre­sen­tan esta situa­ción, en la región y en el mun­do, lo que gene­ra deba­tes sobre las cau­sas y las for­mas de supera­ción del pro­ble­ma. Una lla­ma­da de aten­ción es el 4,8% de aumen­to en mar­zo 2021, acu­mu­lan­do en 12 meses 42,6% y 13% en el pri­mer tri­mes­tre del año[1], para un supues­to del 29% en todo el año, impo­si­ble de cumplir.

No es un tema sen­ci­llo, y des­de el pun­to de vis­ta teó­ri­co se dis­cu­te la teo­ría de los pre­cios, que es el fenó­meno en estu­dio, cuan­do en rigor, detrás de los pre­cios están los valo­res, es decir, la teo­ría del valor, como esen­cia de la cues­tión a inda­gar. En la con­cep­ción aca­dé­mi­ca mayo­ri­ta­ria, se inclu­ye a la pri­me­ra, la teo­ría de los pre­cios, bajo el rótu­lo de la “micro­eco­no­mía”, lo que supo­ne deci­sio­nes en el ámbi­to del mer­ca­do; y a la segun­da, teo­ría del valor, en el plano de la “macro­eco­no­mía”, aso­cia­da a las defi­ni­cio­nes de polí­ti­cas del Esta­do. Esta defi­ni­ción es resul­ta­do de los con­sen­sos ideo­ló­gi­cos y polí­ti­cos asu­mi­dos por la corrien­te prin­ci­pal en “eco­no­mía”, neo­clá­si­ca en dife­ren­tes ver­sio­nes, des­de la apa­ri­ción de las con­cep­cio­nes key­ne­sia­nas en los trein­ta del siglo pasado.

La “micro” sería así el terri­to­rio de la liber­tad de deci­sión de los empre­sa­rios, los que deci­den qué hacer con sus recur­sos, en dón­de y en que inver­tir, qué y cuán­to pro­du­cir, a qué mer­ca­do ofre­cer­lo en fun­ción de la deman­da, si el mer­ca­do interno o el mun­dial, en fin, mul­ti­pli­ci­dad de con­si­de­ra­cio­nes, cla­ro, todas aso­cia­das al mayor ren­di­mien­to poten­cial del capi­tal inver­ti­do, cen­tra­do en el “suje­to eco­nó­mi­co” indi­vi­dual, quien opta por las “mejo­res” opor­tu­ni­da­des del libre mer­ca­do, dicho en tiem­po de domi­na­ción trans­na­cio­nal. En esta con­cep­ción, la “macro” debe estar al ser­vi­cio de la lógi­ca del inver­sor, en tan­to es quien deci­de, en defi­ni­ti­va, el ciclo eco­nó­mi­co, la pro­duc­ción y cir­cu­la­ción de bie­nes y ser­vi­cios, más aún en tiem­pos de pri­va­ti­za­cio­nes exten­di­das y cre­cien­te mer­can­ti­li­za­ción de la vida cotidiana.

En ese mar­co, varias expli­ca­cio­nes alu­den a la coti­za­ción del dólar, a la evo­lu­ción de las tari­fas y de los sala­rios; todas cues­tio­nes aso­cia­das a “mar­cos de regu­la­ción públi­ca”, cla­ro que la razón más men­ta­da remi­te al exce­so del gas­to públi­co, a la emi­sión mone­ta­ria y de deu­da; las cuá­les remi­ten a polí­ti­cas públicas.

Vale men­cio­nar que el tipo de cam­bio “blue”, para­le­lo o ile­gal lle­gó a 195 pesos por dólar en octu­bre del 2020 y hoy osci­la en torno a los 143 pesos por dólar. El dólar ofi­cial pre­sen­ta coti­za­cio­nes con baja actua­li­za­ción, tan­to que en enero 2021 esta­ba en 90 pesos por dólar y en la actua­li­dad se acer­ca a los 98 pesos por dólar. Como se pue­de veri­fi­car, des­de los máxi­mos de la coti­za­ción, lo que exis­te es una dis­mi­nu­ción, que no se expre­sa en los pre­cios. Algo simi­lar ocu­rre con las tari­fas, en gene­ral con­te­ni­das, como en el caso de mar­zo, don­de el 4,8% se expli­ca por un aumen­to del 5,1% en bie­nes y 4,3% en ser­vi­cios. De los sala­rios ni hablar, ya que no que­dan dudas de la pér­di­da del poder adqui­si­ti­vo de los ingre­sos popu­la­res, sala­rios, jubi­la­cio­nes y pla­nes socia­les diver­sos. Son las for­mas mayo­ri­ta­rias de hacer­se de ingre­sos de la pobla­ción. Por lo tan­to, ni la coti­za­ción de las divi­sas, ni la evo­lu­ción de las tari­fas, ni los sala­rios u otros ingre­sos popu­la­res expli­can en la coyun­tu­ra el cre­ci­mien­to de los precios.

Es cier­to tam­bién, que se men­cio­na a la puja dis­tri­bu­ti­va, o sea, la dispu­ta por la apro­pia­ción de la ren­ta gene­ra­da en el país, sea entre el capi­tal y el tra­ba­jo, entre los pro­pios capi­ta­lis­tas según su capa­ci­dad para fijar pre­cios y con­di­cio­nes en el mer­ca­do, como a la capa­ci­dad del Esta­do por apro­piar­se vía impues­tos del pro­duc­to social. Que­da cla­ro que los empre­sa­rios ganan res­pec­to de los ingre­sos de tra­ba­ja­do­ras y tra­ba­ja­do­res, como seña­la la infor­ma­ción ofi­cial res­pec­to de la dis­tri­bu­ción del ingreso[2]. Los ingre­sos al tra­ba­jo asa­la­ria­do caen 0,77%, mien­tras que el exce­den­te de explo­ta­ción bru­ta, la ganan­cia empre­sa­ria cre­ció un 2,78%. Se pue­de dis­cu­tir la for­ma de expli­ci­ta­ción de la dis­tri­bu­ción fun­cio­nal del ingre­so entre pro­pie­ta­rios de medios de pro­duc­ción y fuer­za de tra­ba­jo, pero que­da cla­ro que la ganan­cia gana res­pec­to de los sala­rios. Allí se men­cio­na tam­bién, que los pues­tos de tra­ba­jo caye­ron un ‑7,5% duran­te el 2020; en el tra­ba­jo regis­tra­do la caí­da alcan­zó ‑2,6% (hubo medi­das de polí­ti­ca públi­ca de con­ten­ción), y una reduc­ción del ‑15,9% de pues­tos de tra­ba­jo no regis­tra­dos. Son datos que expli­can el cre­ci­mien­to del des­em­pleo (11%) y de la pobre­za (42,2%).

Son muchos los fac­to­res que inten­tan expli­car el pro­ble­ma, pero lo real es el incre­men­to cre­cien­te de pre­cios según la infor­ma­ción ofi­cial, con impac­to dife­ren­cia­do según el lugar que se ocu­pe en el pro­ce­so de pro­duc­ción y dis­tri­bu­ción. Por ello es que para pen­sar crí­ti­ca­men­te el fenó­meno (pre­cios), debe ana­li­zar­se el tema esen­cial (valor).

En este sen­ti­do, se requie­re pen­sar y modi­fi­car el mode­lo pro­duc­ti­vo y de desa­rro­llo, ins­ta­la­do como rum­bo prin­ci­pal por casi medio siglo des­de media­dos de 1975 y poten­cia­do en tiem­pos de la dic­ta­du­ra, los 90 y en los años recien­tes. No alcan­za con cri­ti­car el orden cons­trui­do, sino que se requie­re pen­sar la tran­si­ción de esta reali­dad a otra que cam­bie sus­tan­cial­men­te las for­mas de orga­ni­za­ción eco­nó­mi­ca de la sociedad.

¿Se tra­ta de aumen­tar la pro­duc­ción o de reorien­tar la misma?

No es un deba­te menor, ya que la hege­mo­nía pro­fe­sio­nal e inte­lec­tual en la dis­ci­pli­na deman­da faci­li­da­des para el inver­sor capi­ta­lis­ta. Sin inver­sión pri­va­da no hay solu­ción, pon­ti­fi­can. Vale pen­sar que el sec­tor pri­va­do está hege­mo­ni­za­do por el capi­tal externo, tal como se visi­bi­li­za en la infor­ma­ción pública[3].

Hay que pen­sar en otros suje­tos eco­nó­mi­cos aso­cia­dos a for­mas coope­ra­ti­vas y soli­da­rias, de auto­ges­tión y comu­ni­ta­rias, inclu­so peque­ñas y media­nas empre­sas, que acer­quen la pro­duc­ción al abas­te­ci­mien­to de cer­ca­nía, con­tri­bu­yen­do no solo a la expan­sión de la pro­duc­ción, sino a com­ba­tir el des­em­pleo y la pobre­za, eli­mi­nan­do en lo posi­ble la bús­que­da de la ganan­cia como obje­ti­vo cen­tral del orden económico.

En el deba­te sus­ci­ta­do se jue­ga el sen­ti­do de la mejo­ra en la pro­duc­ti­vi­dad del tra­ba­jo, ya que el mis­mo se aso­cia a desa­rro­llos cien­tí­fi­cos y tec­no­ló­gi­cos, vin­cu­la­dos a polí­ti­cas públi­cas en mate­ria de edu­ca­ción, cien­cia y téc­ni­ca, por lo que la inver­sión públi­ca no solo debe orien­tar­se al sec­tor empre­sa­rial, sino y prin­ci­pal­men­te al desa­rro­llo edu­ca­ti­vo y científico.

Itu­rria /​Fuen­te

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