Bra­sil. Aná­li­sis del resul­ta­do elec­to­ral ante la segun­da vuelta

Por Jurai­ma Almei­da y Aram Aha­ro­nian. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 23 de noviem­bre de 2020.

La pri­me­ra vuel­ta de las elec­cio­nes muni­ci­pa­les en Bra­sil fue decep­cio­nan­te para el Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res (PT), que cayó 32,3% en com­pa­ra­ción con los comi­cios de 2016; malo para las hues­tes del pre­si­den­te Jair Bol­so­na­ro y tam­bién para las izquier­das en tér­mi­nos gene­ra­les, pero exce­len­te para los centroderechistas.

Bol­so­na­ro salió debi­li­ta­do pero por demé­ri­to pro­pio (no por méri­to de la izquier­da), lo que pue­de cam­biar un poco con la segun­da vuel­ta si la izquier­da se impo­ne en varias ciu­da­des impor­tan­tes. Pero ese no es el esce­na­rio más posi­ble. La aten­ción mayor recae hoy sobre la centroderecha.

El PT pasó de 257 alcal­días cua­tro años atrás, a 174 y no eli­gió nin­gún alcal­de en las 96 mayo­res ciu­da­des del país. Los prin­ci­pa­les can­di­da­tos de Bol­so­na­ro y la ultra­de­re­cha no fue­ron elec­tos en la pri­me­ra vuel­ta o ape­nas logra­ron pasa­je para el ballo­ta­ge, inclu­so con muchas dificultades.

Aun con el buen desem­pe­ño de Guilher­me Bou­los (PSOL), en São Pau­lo, y con el pase de Manue­la D’Ávila (PCdoB) para la segun­da ron­da en Por­to Ale­gre, el esce­na­rio no pare­ce bueno para nin­guno de ellos, ya que no par­ten como favo­ri­tos. En Sao Pau­lo es evi­den­te que el PT –que obvió la can­di­da­tu­ra de Fer­nan­do Had­dad- per­dió fren­te al PSOL, y pre­sen­cia el pro­ta­go­nis­mo del líder de los sin­te­cho en la ciu­dad más popu­lo­sa del Brasil.

Entre los diez par­ti­dos que eli­gie­ron más alcal­des, solo dos son de izquier­da: PDT e PSB (en la sép­ti­ma y octa­va posi­cio­nes), mien­tras el MDB, PP, PSD, PSDB, DEM e PL, jun­tos, con­quis­ta­ron el 59,91% de todas las alcal­días. Son los fríos núme­ros de los que cada uno saca sus conclusiones

Dis­tri­bu­ción por partidos.

Son 26 las ciu­da­des capi­ta­les de Esta­do, pero como en Ama­pá la vota­ción no pudo rea­li­zar­se por­que se cor­tó la luz, que­da­ron 25. La dis­per­sión de par­ti­dos pro­gre­sis­tas, socia­lis­tas y patrió­ti­co-popu­la­res favo­re­ció a los can­di­da­tos de la dere­cha y de la oli­gar­quía. Los par­ti­dos que pue­den «cele­brar» vic­to­rias son cua­tro: PT (el más gran­de (mar­xis­ta con corrien­tes pro­gre­sis­tas, tros­quis­tas y tam­bién social­de­mó­cra­tas), PSOL, PCdoB y PDT (nacio­na­lis­ta-popu­lar).

Los can­di­da­tos a alcal­de del Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res (PT) pasan a segun­da vuel­ta en Vitó­ria y Reci­fe con exce­len­tes vota­cio­nes. En la pri­me­ra, Joao Coser obtu­vo 21% ver­sus el 30% del can­di­da­to dere­chis­ta. En Reci­fe el voto pro­gre­sis­ta se divi­dió entre Mari­lia Arraes del PT con 27% y Joao Cam­pos del Par­ti­do Socia­lis­ta (PSB), con 29%.

En Sao Pau­lo el Par­ti­do Socia­lis­mo y Liber­tad (PSOL) obtu­vo más de 20% con su excan­di­da­to pre­si­den­cial Guilherrme Bou­los, con­tra el 32.5% del alcal­de de «dere­cha» que iba por la reelec­ción. Ambos pasa­ron a segun­da vuel­ta. El ter­cer lugar fue para otra can­di­da­tu­ra de «izquier­da», ya que el PSB no qui­so apo­yar a Bou­los y le qui­tó el 13% de los votos. Es posi­ble pero muy difí­cil que Bou­los gane la segun­da vuelta.

La izquier­da tie­ne tres capi­ta­les esta­da­les «muy pro­ba­bles» de ganar ‑Ara­ca­jú y For­ta­le­za para el Par­ti­do Demo­crá­ti­co Tra­balhis­ta (PDT), here­de­ro del nacio­na­lis­mo popu­lar his­tó­ri­co de Getú­lio Var­gas, y Belém para el PSOL‑, y otras cin­co posi­bles en la segun­da vuel­ta. El res­to de las otras 19 capi­ta­les esta­da­les fue­ron gana­das por fuer­zas reac­cio­na­rias en pri­me­ra vuel­ta, o se dispu­tarán entre dos fuer­zas reac­cio­na­rias en segun­da vuelta.

En Ara­ca­jú Edval­do Noguei­ra arra­só con el 45% y que­dó a poco de ganar en pri­me­ra vuel­ta, con­tra ape­nas el 21% de su más cer­cano com­pe­ti­dor. En For­ta­le­za José Sar­to se impu­so con 35% ver­sus 33% del can­di­da­to reac­cio­na­rio. En Belém el can­di­da­to del PSOL Edmil­son Rodrí­guez pasó a segun­da vuel­ta con todas las de ganar, al obte­ner 34% ver­sus el 23% de su per­se­gui­dor de derecha.

El Par­ti­do Comu­nis­ta (PCdoB) se enfo­có en la cam­pa­ña de su excan­di­da­ta a vice­pre­si­den­ta Manue­la D’avila por la alcal­día de Por­to Ale­gre, pasan­do a segun­da vuel­ta con el 29% con­tra el 31% del can­di­da­to de la oli­gar­quía. Si remon­ta ten­drá la alcal­día de ese impor­tan­te puer­to cla­ve del sur brasileño.

Los par­ti­dos dere­chis­tas que que­dan mejor posi­cio­na­dos en las capi­ta­les esta­da­les son los tra­di­cio­na­les MDB, PSDB, PSD, DEM y PP, en ese orden, aque­llos vie­jos par­ti­dos bur­gue­ses que algu­na vez estu­vie­ron alia­dos con Getú­lio Var­gas o Lula/​Dilma pero que lue­go los trai­cio­na­ron (Michel Temer del MDB era vice de Dil­ma y la derrocó).

A los par­ti­dos explí­ci­ta­men­te bol­so­na­ris­tas (REP, POD, etc), no les fue bien tam­po­co. No con­si­guie­ron armar una base elec­to­ral lo sufi­cien­te­men­te fuer­te para enfren­tar a las maqui­na­rias de los par­ti­dos tra­di­cio­na­les, por lo que no gana­ron nin­gu­na capi­tal estadal.

La eva­lua­ción gene­ral de la elec­ción es mala para el cam­po popu­lar, por­que el ascen­so de Michel Temer y sus oli­go­po­lios no es mejor para el país que el fas­cis­mo de Bol­so­na­ro y los suyos. Lo inquie­tan­te es que la «izquier­da» bra­si­le­ña no logra lle­gar a la mayo­ría del pue­blo y se man­tie­ne en sus reduc­tos his­tó­ri­cos, qui­zá por ideo­lo­gis­mo, o por haber per­di­do la dispu­ta por el con­cep­to de «segu­ri­dad» y orden públi­co en un país lleno de cri­mi­na­li­dad, con­cep­to que es coop­ta­do por las fuer­zas reaccionarias.

Los par­ti­dos de izquier­da con his­to­ria elec­to­ral (PT, PSOL, PCdoB, PSTU, UP, PCO, PCB) suma­ron poco menos de 10 millo­nes y medio de votos, sobre un total de más de 102 millo­nes de sufra­gios váli­dos: cer­ca del 10% de los elec­to­res votó can­di­da­tu­ras del núcleo duro de la izquierda.

Los par­ti­dos que son par­te del núcleo duro y que apo­ya­ron colec­ti­va­men­te el impeach­ment (jui­cio polí­ti­co) a Bol­so­na­ro (PSB, PDT, PROS, Rede, Par­ti­do Ver­de), logra­ron 13 millo­nes de votos para sus can­di­da­tu­ras. Suma­dos izquier­da y cen­troiz­quier­da tota­li­za­ron 23,4 millo­nes de votos, 23% de los sufra­gios válidos.

O sea, que unos 77 millo­nes de per­so­nas (77% de los votos váli­dos) fue­ron para par­ti­dos y can­di­da­tos de la dere­cha y ultraderecha.

En la mayo­ría de las ciu­da­des, lamen­ta­ble­men­te, los can­di­da­tos de izquier­da no uti­li­za­ron sus cam­pa­ñas para nacio­na­li­zar la dispu­ta, seña­la un docu­men­to interno del PT. Se tra­tó no solo de un error polí­ti­co sino tam­bién un equí­vo­co elec­to­ral no apro­ve­char la reac­ción que el gobierno de Bol­so­na­ro reci­be en muchas ciudades,

El des­gas­te del bol­so­na­ris­mo no fue –fun­da­men­tal­men­te- resul­ta­do de una crí­ti­ca pro­ve­nien­te de la izquier­da. ¿Hay tiem­po para corre­gir este error político-estratégico?

La dere­cha

Bra­sil se había cons­ti­tui­do en un labo­ra­to­rio mun­dial para un nue­vo tipo de extre­ma dere­cha. No se tra­ta sólo de una nue­va hege­mo­nía de poder sino de un pro­yec­to de cam­bio de la socie­dad, de una revo­lu­ción cul­tu­ral con­ser­va­do­ra, don­de Jair Bol­so­na­ro, con el apo­yo de Donald Trump, repre­sen­ta­ba un pro­yec­to tran­si­to­rio, con cla­ras ten­den­cias fascistas.

El papel de Bol­so­na­ro en este jue­go de poder pare­cie­ra ser el de dis­trac­tor del mode­lo final que se quie­re impo­ner. Con estas muni­ci­pa­les y en medio de una puja de pode­res son­de se entre­mez­clan dispu­tas entre sec­to­res mili­ta­res, gru­pos empre­sa­ria­les, la igle­sia evan­gé­li­ca e inclu­so la Cor­te Supre­ma de Jus­ti­cia, demos­tró que es descartable.

Ya exis­ten mili­cias arma­das de dere­cha, con el plan de “ucra­ni­zar” el país (tér­mino que ellos uti­li­zan), ante la impo­si­bi­li­dad de gober­nar Bra­sil, en la ten­ta­ti­va de lograr un cam­bio radi­cal a tra­vés de un gol­pe de Esta­do o un cogo­bierno con las mili­cias. La estruc­tu­ra se desa­rro­lla des­de las redes socia­les (you­tu­be, whatsapp, twit­ter), don­de los hijos de Bol­so­na­ro tuvie­ron el con­trol del lla­ma­do “gabi­ne­te del terror”.

En estas elec­cio­nes muni­ci­pa­les, den­tro de la dere­cha mere­ce des­ta­car­se el for­ta­le­ci­mien­to de DEM (Demó­cra­tas, ex Par­ti­do del Fren­te Libe­ral), que en 2016 eli­gió 272 alcal­des y este año alcan­zó los 450. El DEM tie­ne con Rodri­go Maia la pre­si­den­cia de Dipu­tados y con Davi Alco­lum­bre la del Sena­do, ade­más de coman­dar los minis­te­rios de Agri­cul­tu­ra y Ciudadanía.

Jun­to al cre­ci­mien­to de DEM se da la caí­da de los “tuca­nos” del Par­ti­do de la Social Demo­cra­cia Bra­si­le­ña (PSDB), que a pesar de lograr la mayor can­ti­dad de alcal­des en las prin­ci­pa­les ciu­da­des, ape­nas man­tu­vo 486 en 2020 con­tra las 805 de cua­tro años antes.

En 2018, la Ope­ração Lava-Jato masa­cró el cen­tro polí­ti­co y Geral­do Alck­min, tuvo el peor desem­pe­ño de un can­di­da­to tucano a la Pre­si­den­cia des­de 1994, al obte­ner menos de 5% dos votos váli­dos. Aho­ra, el men­sa­je cen­tro­de­re­chis­ta de las urnas, posi­bi­li­ta que reto­me pro­ta­go­nis­mo en 2022.

Este éxi­to segu­ra­men­te refor­za­rá la depen­den­cia del Bol­so­na­ro de los par­ti­dos que inte­gran, en el Par­la­men­to, el lla­ma­do Cen­trão. Pero nada habla de una bue­na alqui­mia entre DEM y el PSDB, mien­tras Rodri­go Maia con­ver­sa con Luciano Huck, empre­sa­rio, pre­sen­ta­dor tele­vi­si­vo de la red O Glo­bo y poten­cial can­di­da­to a la pre­si­den­cia, quien tra­ba­ja en la con­for­ma­ción de gru­pos polí­ti­cos finan­cia­dos por empre­sa­rios para reno­var los cua­dros de repre­sen­ta­ción del lla­ma­do cen­tro liberal.

Hay can­di­da­tu­ras vin­cu­la­das y defen­so­ras del bol­so­na­ris­mo en varios par­ti­dos polí­ti­cos, ante la inca­pa­ci­dad de Bol­so­na­ro de deli­near una tác­ti­ca nacio­nal uni­ta­ria. Pero tam­bién, fue que varios can­di­da­tos de la dere­cha y ultra­de­re­cha se abs­tu­vie­ron de vin­cu­lar­se explí­ci­ta­men­te al pre­si­den­te, aun estan­do orgá­ni­ca­men­te e ideo­ló­gi­ca­men­te sin­to­ni­za­dos con el régimen.

Los par­ti­dos tra­di­cio­na­les de la dere­cha (MDB, DEM, PSDB, PSD, PP y simi­la­res) logra­ron el mayor núme­ro de alcal­des y alcal­de­sas, de con­ce­ja­les y con­ce­ja­las y, obvia­men­te, el mayor núme­ro de votos. El MDB –fun­da­do en la dic­ta­du­ra mili­tar- y el PSDB per­die­ron un gran núme­ro de votos, mien­tras el DEM, el Par­ti­do Pro­gre­sis­tas (PP, ex Alian­za Reno­va­do­ra Nacio­nal, ARENA) y el Par­ti­do Social Demo­crá­ti­co (PSD) crecieron.

La izquier­da … y los números

En un Bra­sil jaquea­do por el coro­na­vi­rus, la cri­sis eco­nó­mi­ca, social y sani­ta­ria, y gober­na­do por el ultra­de­re­chis­ta Jair Bol­so­na­ro y su cohor­te de mili­ta­res y gran­des empre­sa­rios ben­de­ci­dos por Washing­ton, el aba­ni­co pro­gre­sis­ta se mos­tró frac­cio­na­do en la ante­sa­la de las pre­si­den­cia­les de 2022.

“No hay uni­dad en la izquier­da. Cada uno va a la suya”, según Car­los Siquei­ra, pre­si­den­te del Par­ti­do Socia­lis­ta Bra­si­le­ño (PSB), sin­te­ti­zan­do el inten­to frus­tra­do de seis par­ti­dos de uni­fi­car los dis­cur­sos en con­tra de Bol­so­na­ro en las muni­ci­pa­les. “Tene­mos con­ver­gen­cias de pen­sa­mien­tos, pero con rela­ción a la dispu­ta elec­to­ral, no con­se­gui­mos unir­nos”, apun­tó Lucia­na San­tos, pre­si­den­ta del PCdoB.

Entre los moti­vos que impi­die­ron for­jar esa alian­za con­tra Bol­so­na­ro fue­ron el desin­te­rés del PT de renun­ciar a su hege­mo­nía en la opo­si­ción, las dispu­tas polí­ti­cas inter­nas en cada muni­ci­pio y la preo­cu­pa­ción de las for­ma­cio­nes más peque­ñas por tener una base de apo­yo pro­pia para las legis­la­ti­vas de 2022, cuan­do aumen­ta­rá el míni­mo de votos nece­sa­rios para seguir exis­tien­do como partido.

Es que sólo reci­bi­rán finan­cia­ción públi­ca y publi­ci­dad gra­tui­ta aque­llos que con­si­gan un 2% de los votos váli­dos a nivel nacio­nal en un ter­cio de los Esta­dos, con un míni­mo del 1% en cada uno, o con­si­gan al menos 11 dipu­tados dis­tri­bui­dos en nue­ve Estados.

Del total de los votos de la izquier­da y cen­troiz­quier­da en las muni­ci­pa­les del domin­go 15, el PT obtu­vo casi 7 millo­nes de sufra­gios (66% del total), el PSOL tuvo 2.236.273 (21%), el PCdoB 1.184.609 (11%) y los demás par­ti­do suma­dos se que­da­ron con cer­ca del tres por cien­to de los votos. El PT logró en pri­mer vuel­ta 174 alcal­días, el PSOL cua­tro y el PCdoB 45.

De las 57 en dispu­ta para la segun­da vuel­ta, el PT dispu­tará 15, el PCdoB Por­to Ale­gre y el PSOL dos, Belén y Sao Paulo.

Para los ana­lis­tas inter­nos del PT, la eva­lua­ción del exmi­nis­tro de Jus­ti­cia Ser­gio Moro y por los medios hege­mó­ni­cos (y tam­bién pro­gre­sis­tas), sobre el sur­gi­mien­to de una izquier­da alter­na­ti­va al PT no encuen­tra su jus­ti­fi­ca­ción al menos en los núme­ros de la pri­me­ra vuel­ta, lo que no sig­ni­fi­ca que el par­ti­do de Lula no enfren­te gran­des problemas.

El pro­ble­ma es mayor: la reduc­ción de los votos de la izquier­da. En 2012 el PT, el PSOL y el PCdoB con­quis­ta­ron –suma­dos- 21.688.830 votos; en 2016 baja­ron a 10.883.557 y en este 2020 los tres par­ti­dos ape­nas suma­ron 10.392.018 votos. O sea, no hubo trans­fe­ren­cia de votos del PT hacia otros par­ti­dos progresistas.

Obvia­men­te, la reno­va­ción de la izquier­da no pasa (sólo) por los pro­ce­sos elec­to­ra­les, sino de la movi­li­za­ción social, la cla­ri­dad ideo­ló­gi­ca, el tra­ba­jo de y con las bases y los millo­nes de des­em­plea­dos, también.

Aho­ra, que­da espe­rar las sor­pre­sas que pue­da depa­rar la segun­da vuel­ta del domin­go 29 de noviembre.

Almei­da es inves­ti­ga­do­ra bra­si­le­ña, ana­lis­ta aso­cia­da al Cen­tro Lati­no­ame­ri­cano de Aná­li­sis Estra­té­gi­co. Aha­ro­nian es perio­dis­ta y comu­ni­có­lo­go uru­gua­yo, fun­da­dor de Tele­sur. Pre­si­de la Fun­da­ción para la Inte­gra­ción Lati­no­ame­ri­ca­na (FILA) y diri­ge el Cen­tro Lati­no­ame­ri­cano de Aná­li­sis Estra­té­gi­co (CLAE)

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