Pales­ti­na. Debi­do al blo­queo israe­lí, el segun­do con­fi­na­mien­to por el coro­na­vi­rus aho­ga a los palestinos

Por Lau­ra Ruiz, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 22 julio de 2020.

Los terri­to­rios ocu­pa­dos se enfren­tan a la segun­da olea­da de casos, pasan­do de 2.000 a 7.600 infec­ta­dos en ape­nas dos semanas.

La situa­ción de Pales­ti­na en esta cri­sis por covid-19 es cada día más insos­te­ni­ble. A los pro­ble­mas de abas­te­ci­mien­to de medi­ca­men­tos, la impo­si­bi­li­dad de reci­bir tra­ta­mien­tos sani­ta­rios o cubrir muchas de las nece­si­da­des bási­cas de la pobla­ción por cul­pa del blo­queo israe­lí, esta segun­da ola de con­ta­gios tan­to en Gaza como en Cis­jor­da­nia ame­na­za con aho­gar defi­ni­ti­va­men­te la eco­no­mía y la sub­sis­ten­cia de los pales­ti­nos y palestinas.

Si antes de la pan­de­mia el Ban­co Mun­dial ya habla­ba de cre­ci­mien­to nega­ti­vo en sus pre­vi­sio­nes para 2020, des­pués de esta cri­sis las cifras ‑y las con­se­cuen­cias- serán peor de lo ima­gi­na­do. El país puso en mar­cha medi­das de pre­ven­ción a pri­me­ros de mar­zo que evi­ta­ron que la pan­de­mia mun­dial les gol­pea­ra tan­to como en otros luga­res, pero esta segun­da olea­da ‑don­de Israel se sitúa a la cabe­za de paí­ses con más casos nue­vos por habi­tan­te- podría ser dife­ren­te ya que no dis­po­nen de capa­ci­dad para sos­te­ner la eco­no­mía más allá de unos poco días en con­fi­na­mien­to. Si a fina­les de junio los datos ofi­cia­les en Cis­jor­da­nia eran de 2.680 casos regis­tra­dos y casi una dece­na de muer­tes, actual­men­te están con­ta­bi­li­zan­do más de 7.800 per­so­nas enfer­mas y 58 falle­ci­mien­tos a cau­sa del virus. (cifras actua­li­za­das por pales​ti​na​li​bre​.org al día de hoy, segun el Minis­te­rio de Sani­dad de Palestina)

Las rela­cio­nes polí­ti­cas, de movi­li­dad y eco­nó­mi­cas entre Israel y Pales­ti­na dibu­jan un table­ro muy com­pli­ca­do para cono­cer las con­se­cuen­cias de la ocu­pa­ción y los asen­ta­mien­tos en el avan­ce de la pan­de­mia. Más com­pli­ca­do aún será cal­cu­lar los efec­tos en pobre­za gene­ra­da, des­abas­te­ci­mien­to o fal­ta de opor­tu­ni­da­des de la pobla­ción pales­ti­na en los pró­xi­mos años. »Muchos de los tra­ba­ja­do­res pales­ti­nos son jor­na­le­ros; o sea que si no tra­ba­jan, no comen, y un nue­vo con­fi­na­mien­to afec­ta­rá de for­ma muy nega­ti­va a la mayo­ría de la pobla­ción pales­ti­na, ade­más de la situa­ción pre­ca­ria de los hos­pi­ta­les y la fal­ta de medi­ca­men­tos», comen­ta Jal­día Abu­ba­kra, acti­vis­ta pales­ti­na que viven en Espa­ña des­de hace más de 30 años.Ella sabe lo que sig­ni­fi­ca la ocu­pa­ción en todos los nive­les, ya que nació en Gaza des­pués de que su fami­lia fue­ra expul­sa­da de su pobla­ción al sur de Pales­ti­na (Beer She­ba), y tuvo la con­di­ción de refu­gia­da des­de su naci­mien­to. »Afor­tu­na­da­men­te en Gaza no ha lle­ga­do a entrar el virus; sola­men­te en la par­te de la fron­te­ra con Egip­to y están con­fi­na­dos. La Fran­ja ya tie­ne sufi­cien­te con el blo­queo impues­to por las auto­ri­da­des de la ocu­pa­ción israe­lí des­de hace más de 14 años», expli­ca. Turis­mo reli­gio­so en Belén, el ori­gen  Don­de sí que lle­gó el virus fue a Belén, impor­tan­te fuen­te de ingre­sos por el turis­mo para Cis­jor­da­nia. Se cree que los pri­me­ros casos lle­ga­ron allí impor­ta­dos por un gru­po de grie­gos que visi­ta­ban la ciu­dad cuna de la reli­gión cris­tia­na a fina­les de febre­ro. Cuan­do se supo que tenían el coro­na­vi­rus ya habían con­ta­gia­ron a una vein­te­na de emplea­dos del hotel. »Des­de enton­ces, hace cua­tro meses ya, las fron­te­ras tan­to aéreas como terres­tres, están cerra­das y no ha entra­do nadie excep­to la pobla­ción pales­ti­na que está fue­ra y que han teni­do que vol­ver. Por lo tan­to, el turis­mo no exis­te en estos momen­tos y está afec­tan­do eco­nó­mi­ca­men­te a miles de fami­lias», comen­ta Jua­ni Rish­ma­wi, espa­ño­la casa­da con un pales­tino que vive des­de hace más de 35 años en el país.

Pri­me­ro en Gaza y lue­go en Cis­jor­da­nia, Jua­ni vive muy cer­ca de Belén, en Beit Sahour. »La mane­ra más fácil de expli­car­lo es que es como una cár­cel abier­ta pero muy limi­ta­da, y aho­ra más que antes», comen­ta la espa­ño­la cuan­do se le pre­gun­ta por la dife­ren­cia entre vivir bajo la ocu­pa­ción y aho­ra con el con­fi­na­mien­to. »Solo las per­so­nas con per­mi­sos de tra­ba­jo y mer­can­cías pue­den tener un poco de movi­li­dad. Es com­pli­ca­do y muy duro psicológicamente».

Aun­que las cifras son muy dife­ren­tes a las espa­ño­las, Jua­ni mues­tra su preo­cu­pa­ción: »Somos un pue­blo que no tie­ne tan­ta pobla­ción, pero que en dos sema­nas este rebro­te esté cau­san­do miles de infec­ta­dos y dece­nas de falle­ci­mien­tos es mucho, y esto aca­ba de empe­zar». Des­de Nablus, don­de miran con dis­tan­cia las cifras de otras par­tes de Cis­jor­da­nia, aun­que están sufrien­do los efec­tos de cua­tro meses de con­fi­na­mien­to, no son más posi­ti­vos. »No lle­gan mate­ria­les, ni para ven­der ni para repa­rar», expli­ca a Públi­co Rami Abdad, emplea­do en una tien­da de electrónica.

Hebrón, epi­cen­tro de la segun­da ola 

El pro­ble­ma se ha agra­va­do en las últi­mas sema­nas al tener muchos rebro­tes en una de las zonas más pobla­das de Cis­jor­da­nia: Hebrón. Se tra­ta de una de las zonas más cas­ti­ga­das por la ocu­pa­ción de Cis­jor­da­nia ‑con el cas­co anti­guo de la ciu­dad prác­ti­ca­men­te veta­do a los palestinos‑, don­de cada vez gana más segui­do­res Hamas y don­de el núme­ro de miem­bros por fami­lia es mayor que la media pales­ti­na. No sor­pren­de que las cifras de infec­ta­dos en esta zona la sitúen como epi­cen­tro del rebro­te con casi 3.000 nue­vos casos allí, lo que obli­gó a orde­nar de nue­vo el con­fi­na­mien­to el pasa­do 5 de julio has­ta este fin de semana.

Se tra­ta de vol­ver a no poder salir de casa nada más que para lo estric­ta­men­te nece­sa­rio, como la com­pra de ali­men­tos o acu­dir a la far­ma­cia. »Se cree ‑indi­ca Rish­ma­wi- que una de las cau­sas más impor­tan­tes de este rebro­te son los tra­ba­ja­do­res que tra­ba­jan en Israel y vuel­ven a sus casas. Pero no se les pue­den cul­par a estos tra­ba­ja­do­res por­que ganan su sala­rio por días: si no tra­ba­jan, no cobran y se que­dan sin tener sus­ten­to miles de personas».Una situa­ción que ha lle­va­do a las pro­tes­tas de la pobla­ción, que, pese a saber que el toque de que­da es una for­ma de pro­tec­ción con­jun­ta, se encuen­tra entre la espa­da y la pared para sub­sis­tir. »La situa­ción eco­nó­mi­ca bajo ocu­pa­ción no ayu­da a man­te­ner el con­fi­na­mien­to por más tiem­po», comen­ta Jal­dia, que cen­tra su preo­cu­pa­ción en Gaza. De hecho, des­de Médi­cos Sin Fron­te­ras advier­ten de que el sis­te­ma sani­ta­rio está »al bor­de del colap­so». Esta ONG cal­cu­la que el año pasa­do solo el 50% de los medi­ca­men­tos bási­cos se con­se­guían con un stock de un mes, mien­tras que el 40% esta­ban com­ple­ta­men­te ago­ta­dos. Otra de las gran­des caren­cias es el acce­so a bie­nes bási­cos como el agua pota­ble. Uni­cef ase­gu­ra que solo uno de cada diez hoga­res de la Fran­ja tie­ne acce­so a agua pota­ble, lo que sig­ni­fi­ca que una impor­tan­te par­te de la pobla­ción no pue­de seguir el pro­to­co­lo más bási­co para evi­tar con­ta­gios: lavar­se las manos. Denun­cian que la vio­len­cia sigue pese al virus  »Todas las pales­ti­nas denun­cia­mos que Israel está apro­ve­chan­do la situa­ción de pan­de­mia y que el mun­do está ocu­pa­do con esta cri­sis para seguir con sus polí­ti­cas, ya sea la ane­xión de terri­to­rios o todas las vul­ne­ra­cio­nes de dere­chos huma­nos de las y los pales­ti­nos y el dere­cho inter­na­cio­nal», advier­te Abu­ba­kra. El infor­me de Médi­cos del Mun­do le da la razón: »En los pri­me­ros cua­tro meses de 2020 ha con­ti­nua­do la demo­li­ción de pro­pie­da­des en Cis­jor­da­nia. La mayo­ría de estos inmue­bles eran resi­den­cias pri­va­das, infra­es­truc­tu­ras de agua e ins­ta­la­cio­nes de sanea­mien­to (tan­ques de agua, cis­ter­nas, gri­fos y letri­nas), fun­da­men­ta­les para la higie­ne y para la pre­ven­ción de enfer­me­da­des con­ta­gio­sas. Ade­más, a pesar del cie­rre de acti­vi­da­des y las res­tric­cio­nes de movi­mien­tos en Israel debi­do a la covid-19, los actos de vio­len­cia hacia per­so­nas pales­ti­nas por par­te de colo­nos israe­líes, con la des­truc­ción de árbo­les y los des­tro­zos de coches, han segui­do ocurriendo».

»El hecho de que los colo­nos ‑con­ti­nua la acti­vis­ta pales­ti­na- apro­ve­cha­ran el con­fi­na­mien­to para entrar en las zonas pales­ti­nas ha influi­do en la pro­pa­ga­ción del virus. Inclu­so hay vídeos gra­ba­dos de sol­da­dos israe­líes escu­pien­do en las puer­tas de los coches de pales­ti­nos, así como los apo­ya­ma­nos de las esca­le­ras de las casas, ade­más de colo­nos asal­tan­do fin­cas y roban­do bie­nes de los pales­ti­nos». A esta situa­ción solo que­da girar la mira­da hacia los miles de refu­gia­dos que viven en Pales­ti­na. Per­so­nas per­te­ne­cien­tes a pobla­cio­nes ocu­pa­das en el año 1948 que tie­nen el esta­tus de refu­gia­dos inclu­so en su pro­pio país. Cam­pos como el de Aida en Belén, Jala­zo­ne en Rama­llah o Ein Sul­tan en Jeri­có son obje­to de una peti­ción de ayu­da de emer­gen­cia por par­te de la UNRWA.

»Me preo­cu­pa no solo esta pan­de­mia, sino la con­se­cuen­cias que esto va a tener en toda la pobla­ción. Somos un pue­blo muy depen­dien­te y, si esta­ba sobre­vi­vien­do a duras penas, des­pués de esto va a ser terri­ble salir ade­lan­te. Por eso no pue­do eva­luar real­men­te las con­se­cuen­cias que va a tener cuan­do esto aca­be», comen­ta Rish­ma­wi. Por su par­te, Abu­ba­kra no man­tie­ne la espe­ran­za de que este virus haga que las cosas cam­bien en el table­ro glo­bal. »La comu­ni­dad inter­na­cio­nal hace tiem­po que le ha dado la espal­da a Pales­ti­na. Se unen para luchar con­tra algo que afec­ta a la cla­se domi­nan­te y la eco­no­mía mun­dial. Si esta enfer­me­dad solo estu­vie­ra en un país pobre no lla­ma­ría tan­to la aten­ción. Es duro decir esto, pero así es la realidad».

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