Bra­sil. Des­ban­de en la coa­li­ción gober­nan­te: ¿y aho­ra qué?

Jurai­ma Almei­da /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano /​26 de abril de 2020

Bra­sil se des­com­po­ne y el ultra­de­re­chis­ta pre­si­den­te Jair Bol­so­na­ro no acier­ta a capear el tem­po­ral. El man­da­ta­rio obli­gó a renun­ciar al minis­tro de Jus­ti­cia Ser­gio Moro, su ada­lid para lle­gar a la pre­si­den­cia, al echar al jefe de la Poli­cía Fede­ral que inves­ti­ga­ba a sus hijos. Hoy los mili­ta­res toman dis­tan­cia de su gobierno e impul­san un plan Marshall de cre­ci­mien­to opues­to al de su minis­tro de Economía.

Moro, el juez que acep­tó gus­to­so ser minis­tro de Jus­ti­cia del man­da­ta­rio lue­go que sin cau­sa encar­ce­la­ra al expre­si­den­te Luiz Inacio Lula da Sil­va para impe­dir que com­pi­tie­ra en las elec­cio­nes, dejó el car­go lue­go de que el pro­pio Bol­so­na­ro echa­ra al jefe de la Poli­cía Fede­ral. La medi­da era resis­ti­da por Moro des­de hace un año y tie­ne como obje­ti­vo sal­var a los hijos presidenciales.

En una gue­rra de micró­fo­nos y redes socia­les, Moro rela­tó la inje­ren­cia polí­ti­ca de Bol­so­na­ro, y cómo fue des­pla­za­do el super­in­ten­den­te de la Poli­cía Fede­ral de Río de Janei­ro para obs­truir una cau­sa con­tra el sena­dor Fla­vio Bol­so­na­ro, envuel­to en lava­do de dine­ro suma­do a sus rela­cio­nes con las mili­cias para­mi­li­ta­res actuan­tes en las fave­las. Tam­bién reve­ló el inte­rés del pre­si­den­te en reci­bir de pri­me­ra mano los infor­mes de inte­li­gen­cia de la Poli­cía Federal.

La defen­sa de Bol­so­na­ro fue que Moro era un trai­dor y que él lo había defen­di­do cuan­do el por­tal The Inter­cept comen­zó a difun­dir los chats con los fis­ca­les que per­se­guían a Lula en los que se reve­la­ba la uti­li­za­ción de un pro­ce­di­mien­to ajeno a las reglas ins­ti­tu­cio­na­les para dete­ner al líder meta­lúr­gi­co y dos veces presidente.

Hay dos fuer­tes razo­nes para que­rer en la jefa­tu­ra de la Poli­cía Fede­ral a alguien de con­fian­za y ambas tie­nen el nom­bre de dos de sus hijos, Car­los y Fla­vio. Uno, por­que la inves­ti­ga­ción por un coor­di­na­do ata­que de fake news con­tra al Supre­mo Tri­bu­nal Fede­ral lo hace res­pon­sa­ble de una gran­ja de trols cono­ci­da como Gabi­ne­te del odio.

El otro, por sus estre­chos víncu­los con una ban­da de mili­cias para­po­li­cia­les y sica­rios que, entre otros deli­tos, está rela­cio­na­da con el ase­si­na­to de la con­ce­ja­la Marie­lle Fran­co y su cho­fer en una fave­la carioca.

Bol­so­na­ro esta­ba preo­cu­pa­do con las inves­ti­ga­cio­nes en cur­so en el Supre­mo Tri­bu­nal Fede­ral. La últi­ma, abier­ta el miér­co­les 22 a raíz de la mani­fes­ta­ción rea­li­za­da fren­te al Coman­do Gene­ral del Ejér­ci­to el 19 de abril, duran­te la cual se rei­vin­di­có la ins­ta­la­ción de un régi­men mili­tar, el cie­rre del Con­gre­so y del Supre­mo Tri­bu­nal, ade­más del levan­ta­mien­to de la cua­ren­te­na con­tra el Covid-19.

Otra cau­sa que lo inquie­ta son las usi­nas de fake news sur­gi­das en las elec­cio­nes de 2018 bajo el man­do del «clan» (tam­bién cono­ci­do como el minis­te­rio del odio) que inte­gran sus tres hijos: Fla­vio, Car­los y Eduar­do, que dis­pa­ra­ron millo­nes de noti­cias falsas

La Poli­cía Fede­ral bra­si­le­ña es un órgano auxi­liar de la jus­ti­cia. Es el equi­va­len­te del FBI en EEUU. Moro puso al fren­te a Mau­ri­cio Valei­xo, un abo­ga­do que fue hom­bre cla­ve en el caso Lava Jato, que ter­mi­nó en con­de­na para diri­gen­tes polí­ti­cos y fue deter­mi­nan­te de la pri­sión de Lula. Al igual que Moro, Valei­xo pasó por Washing­ton, en su caso, como agre­ga­do poli­cial, mien­tras que el exjuez hizo cur­sos de com­ba­te al lava­do de dinero.

Muchos ana­lis­tas sos­tie­nen que Moro vio la opor­tu­ni­dad de salir­se de un gobierno que vie­ne en pica­da con una alta ima­gen que le per­mi­ti­ría pos­tu­lar­se en las futu­ras elec­cio­nes. La dimi­sión del minis­tro de Salud, Luiz Hen­ri­que Man­det­ta, tam­bién tenía esta lec­tu­ra: el médi­co mili­tar esta­ba en alza por su pos­tu­ra para el com­ba­te del coro­na­vi­rus, total­men­te con­tra­ria al dejar hacer y nega­cio­nis­mo del mandatario.

Más allá de esta cri­sis que­da al des­cu­bier­to el des­ban­de de la dere­cha que par­ti­ci­pó en el gol­pe con­tra Dil­ma Rous­seff y la pri­sión y pros­crip­ción de Lula en los comi­cios de 2018. Y reavi­vó a la opo­si­ción que aho­ra defien­de con más con­vic­ción el impeach­ment, el jui­cio polí­ti­co al pre­si­den­te. Y has­ta el ultra­de­re­chis­ta Par­ti­do Social Libe­ral, otro­ra bol­so­na­ris­ta, pro­me­tió impulsarlo..

Es cada vez más cla­ro que Bol­so­na­ro ya es una moles­tia para los mis­mos que con­tri­bu­ye­ron a su ascen­so. Los mili­ta­res que con­for­man áreas cla­ves en su gabi­ne­te ya habían pues­to al gene­ral Wal­ter Bra­ga Net­to como jefe de la Casa Civil y vir­tual coman­dan­te de operaciones.

Se dijo que era por el Covid-19, pero esta sema­na pre­sen­tó el lla­ma­do Pro­gra­ma Pro-Bra­sil, un plan Marshall para salir de la cri­sis eco­nó­mi­ca pero, bási­ca­men­te, un pro­yec­to más cer­cano al key­ne­sia­nis­mo que a la Escue­la de Chica­go. Tal vez por eso en la pre­sen­ta­ción no estu­vo pre­sen­te Pau­lo Gue­des, el ultra­neo­li­be­ral minis­tro de Eco­no­mía, ex fun­cio­na­rio del dic­ta­dor chi­leno Augus­to Pino­chet. ¿La pró­xi­ma víc­ti­ma de esta crisis?

Moro se fue del minis­te­rio de Jus­ti­cia y su juga­da pare­ce ser jugar como ficha de recam­bio de la expe­rien­cia auto­ri­ta­ria y ultra­de­re­chis­ta que comen­zó con Bol­so­na­ro, sin mayor éxi­to. Mane­jan­do los tiem­pos, dio a cono­cer men­sa­jes inter­cam­bia­dos a tra­vés de WhatsApp con Bol­so­na­ro don­de que­da mani­fies­ta la inten­ción del gober­nan­te de obs­truir una inves­ti­ga­ción de la Corte.

La reve­la­ción fue en el noti­cie­ro Jor­nal Nacio­nal de la TV Glo­bo, que tam­bién dejó de ser bol­so­na­ris­ta. Una colum­nis­ta eco­nó­mi­ca de ese gru­po mediá­ti­co com­pa­ró al Bol­so­na­ro de 2020 con el Richard Nixon de 1974, y a esta gue­rra en cier­nes con la ante­sa­la del Water­ga­te. Aún las inte­rro­gan­tes siguen en las colum­nas de opi­nión: ¿Quién gobier­na? ¿Hay, hubo o habrá un gol­pe? ¿Des­ti­tui­rán a Bolsonaro?

Hay una atmós­fe­ra pesa­da en el Pala­cio del Pla­nal­to, don­de se ase­gu­ra que el pró­xi­mo que deja­rá el gobierno será el minis­tro de Eco­no­mía Pau­lo Gue­des, exfun­cio­na­rio del dic­ta­dor chi­leno Aus­gus­to Pino­chet, un neo­li­be­ral de pura cepa. Según altos mili­ta­res cita­dos por el Esta­do de Sao Pau­lo, que Bol­so­na­ro se com­por­ta como un «zom­bi» ata­can­do a alia­dos en medio de la pan­de­mia del coro­na­vi­rus que avan­za de mane­ra desenfrenada.

Tam­bién João Doria, el dere­chis­ta gober­na­dor del esta­do de Sao Pau­lo, cri­ti­có dura­men­te la ges­tión del pre­si­den­te ante la pan­de­mia glo­bal del covid-19: «Esta­mos luchan­do con­tra el coro­na­vi­rus y el ‘Bol­so­na­ro­vi­rus’», comen­tó, tras denun­ciar que Bol­so­na­ro man­tie­ne «posi­cio­nes inco­rrec­tas e irres­pon­sa­bles», pero que. «Pese a las ins­truc­cio­nes nega­ti­vas que reci­be la gen­te del pre­si­den­te, la mitad de la ciu­da­da­nía ha res­pe­ta­do la cuarentena«.

Tras haber sido alia­do de Bol­so­na­ro en el pasa­do, aho­ra Doria se mues­tra como uno de sus prin­ci­pa­les crí­ti­cos y se posi­cio­na como un posi­ble rival de cara a las pre­si­den­cia­les del 2022. «La con­fron­ta­ción no es con­mi­go. Es una con­fron­ta­ción con la cien­cia y la medi­ci­na de todo el mun­do», insistió.

Las alian­zas

La renun­cia de Moro, y sus denun­cias (segu­ra­men­te docu­men­ta­das sobre deli­tos come­ti­dos por el pre­si­den­te y su entorno ínti­mo) mar­can el fin del esque­ma de alian­zas polí­ti­co-mili­ta­res que gober­nó en Bra­sil des­de prin­ci­pios de 2019 y que colap­só debi­do a una cri­sis capaz de aca­rrear con­se­cuen­cias imprevisibles.

El man­da­ta­rio qui­zá olvi­dó que Moro, fes­te­ja­do por ban­que­ros y el Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia esta­dou­ni­den­se por sus ser­vi­cios para des­truir a Lula y el par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res, era uno de sus fia­do­res ante el poder real.

Todo indi­ca que des­de su arri­bo al pala­cio de Jus­ti­cia, Moro mon­tó un esque­ma de espio­na­je para bene­fi­cio pro­pio com­pa­ra­ble al emplea­do en Lava Jato cuan­do se inva­die­ron ile­gal­men­te los telé­fo­nos de los abo­ga­dos de Lula y has­ta las lla­ma­das de la enton­ces pre­si­den­ta Dil­ma Rousseff.

Glei­si Hoff­mann, pre­si­den­ta del Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res, opi­nó que los dichos de Moro fue­ron una «dela­ción pre­mia­da» con­tra Bol­so­na­ro por deli­tos como corrup­ción, obs­truc­ción de la jus­ti­cia y pre­va­ri­ca­to, «él es el prin­ci­pal tes­ti­go de crí­me­nes de res­pon­sa­bi­li­dad, no hay otro camino que no sea el impechment».

El pro­pio Lula decla­ró el jue­ves que ante la vir­tual ace­fa­lía rei­nan­te la con­sig­na del momen­to es «Fue­ra Bol­so­na­ro», para lo cual, dijo, es nece­sa­rio cons­truir un fren­te amplio con fuer­zas inclu­so de la dere­cha demo­crá­ti­ca a la par que se cons­tru­ye una coa­li­ción elec­to­ral con par­ti­dos popu­la­res y de izquier­da para los comi­cios muni­ci­pa­les de octu­bre y las pre­si­den­cia­les de 2022.

Los medios seña­lan que la deci­sión de cesar al direc­tor de la Poli­cía fede­ral irri­tó a los cua­tro mili­ta­res de alto ran­go, minis­tros que des­pa­chan des­de el pala­cio pre­si­den­cial, quie­nes tam­bién se sin­tie­ron trai­cio­na­dos por Bol­so­na­ro, ya que a su pedi­do habían pasa­do todo el día tra­tan­do de con­ven­cer a Moro.

Bol­so­na­ro, por su par­te, con­tó que Moro le pidió que espe­ra­se has­ta noviem­bre, cuan­do se abre una pla­za en el Supre­mo Tri­bu­nal Fede­ral. Pero con­vie­ne recor­dar que Moro es un hábil mani­pu­la­dor, que ha sido un juez par­cial y de una des­ho­nes­ti­dad a toda prue­ba al actuar de mane­ra deci­si­va para meter pre­so a Lula e impe­dir­le dispu­tar las elec­cio­nes de 2018. Así faci­li­tó la elec­ción del des­equi­li­bra­do ultra­de­re­chis­ta Jair Bol­so­na­ro, y alcan­zó, como pre­mio, el minis­te­rio de Jus­ti­cia, con fuer­te apo­yo de Washington.

Inves­ti­ga­do­ra bra­si­le­ña, ana­lis­ta aso­cia­da al Cen­tro Lati­no­ame­ri­cano de Aná­li­sis Estratégico.

Itu­rria /​Fuen­te

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