La fun­ción XXIV

A pro­pó­si­to del libro Dere­chos huma­nos como arma de des­truc­ción masi­va, de Con­cep­ción Cruz Rojo e Iña­ki Gil de San Vicente

En su Mor­fo­lo­gía del cuen­to, Vla­di­mir Propp lle­va a cabo un minu­cio­so aná­li­sis estruc­tu­ral de los cuen­tos mara­vi­llo­sos tra­di­cio­na­les, a par­tir de la idea pio­ne­ra de que no son los temas ni los per­so­na­jes con­cre­tos lo más rele­van­te de los cuen­tos, sino las fun­cio­nes que cum­plen dichos per­so­na­jes; fun­cio­nes que se repi­ten en todos los cuen­tos y siem­pre en el mis­mo orden, y de las que Propp iden­ti­fi­có trein­ta y una.

En la medi­da en que esos «peque­ños mitos», como los deno­mi­nó Lévi-Strauss, que son los cuen­tos mara­vi­llo­sos refle­jan aspi­ra­cio­nes y con­flic­tos bási­cos, no es extra­ño que las prin­ci­pa­les fun­cio­nes seña­la­das por Propp apa­rez­can de for­ma recu­rren­te en todo tipo de rela­tos, tan­to fic­ti­cios como verí­di­cos, y muy con­cre­ta­men­te en ese gran rela­to que es la his­to­ria de las socie­da­des huma­nas, que en últi­ma ins­tan­cia es, como seña­lan Marx y Engels ya en el pri­mer párra­fo del Mani­fies­to Comu­nis­ta, una his­to­ria de luchas de cla­ses. Y en este sen­ti­do resul­ta espe­cial­men­te sig­ni­fi­ca­ti­va la Fun­ción XXIV de la cla­si­fi­ca­ción de Propp, deno­mi­na­da Pre­ten­sio­nes enga­ño­sas: «Un fal­so héroe rei­vin­di­ca para sí pre­ten­sio­nes enga­ño­sas», atri­bu­yén­do­se los méri­tos del ver­da­de­ro héroe e inten­tan­do some­ter­lo, des­pres­ti­giar­lo o destruirlo.

El fal­so héroe de los cuen­tos mara­vi­llo­sos se pro­lon­ga en el Dop­pel­gan­ger de la lite­ra­tu­ra román­ti­ca ‑el doble oscu­ro, el geme­lo mal­va­do que usur­pa el lugar del pro­ta­go­nis­ta y bus­ca su ruina‑, que reapa­re­ce con fuer­za en la cien­cia fic­ción terro­rí­fi­ca y catas­tro­fis­ta: clo­nes, repli­can­tes, androi­des, alie­ní­ge­nas meta­mor­fo­sea­dos en huma­nos… Del mis­mo modo que la cri­sis de Wall Street pro­pi­ció el auge del cine de terror de la Uni­ver­sal y el cli­ma de des­aso­sie­go de la Ale­ma­nia pre­na­zi fue el cal­do de cul­ti­vo del cine expre­sio­nis­ta, la actual cri­sis eco­nó­mi­ca expli­ca la extra­or­di­na­ria popu­la­ri­dad de sím­bo­los como el zom­bi, el robot exter­mi­na­dor o el simio sub­ver­si­vo, que expre­san la rebe­lión de la natu­ra­le­za y de la tec­no­lo­gía, así como el des­ce­re­bra­mien­to y el cani­ba­lis­mo de una huma­ni­dad abo­ca­da a la autodestrucción.

Pero el ver­da­de­ro terror y la ver­da­de­ra catás­tro­fe, de los que el cine fan­tás­ti­co solo es un páli­do refle­jo, resi­den en la apro­pia­ción de los logros de la huma­ni­dad por par­te de las cla­ses domi­nan­tes y su per­ver­sa con­ver­sión en ins­tru­men­tos de opre­sión. El fal­so héroe de las his­to­rias reales es la moral bur­gue­sa, y ese es el tema cen­tral de Dere­chos huma­nos como arma de des­truc­ción masi­va, de Con­cep­ción Cruz Rojo e Iña­ki Gil de San Vicen­te, recien­te­men­te publi­ca­do por Boltxe. En este sen­ti­do, el libro está estre­cha­men­te rela­cio­na­do con otro títu­lo recien­te de Gil de San Vicen­te: Mar­xis­mo vs. Socio­lo­gía: las cien­cias socia­les como ins­tru­men­to del impe­ria­lis­mo, en el que des­de el mis­mo títu­lo se deja cla­ro que de lo que se tra­ta es de con­tra­po­ner el aná­li­sis revo­lu­cio­na­rio al alie­nan­te «cuen­to de hadas» burgués.

Como seña­la Patri­zia Muñoz en el pró­lo­go de Mar­xis­mo vs. Socio­lo­gía, mien­tras que la socio­lo­gía bur­gue­sa se revis­te de una pre­ten­sión de obje­ti­vi­dad que por sí mis­ma sitúa su dis­cur­so tan lejos de la cien­cia como cer­ca de la ideo­lo­gía, el mar­xis­mo decla­ra abier­ta­men­te des­de dón­de y para qué lle­va a cabo su refle­xión teó­ri­ca, enrai­za­da en la prác­ti­ca revo­lu­cio­na­ria y com­pro­me­ti­da con ella «has­ta man­char­se». Y la mis­ma volun­tad de mirar no solo para ver la reali­dad sino, sobre todo, para trans­for­mar­la, pre­si­de las pági­nas de Dere­chos huma­nos como arma de des­truc­ción masi­va, cuyo prin­ci­pal méri­to con­sis­te en mos­trar, apo­yán­do­se en un rigu­ro­so reco­rri­do his­tó­ri­co, cómo el tri­no­mio pro­pie­dad-Esta­do-vio­len­cia gene­ra un deter­mi­na­do con­cep­to de dere­cho, que se con­cre­ta tan­to en unas leyes como en un supues­to «Esta­do de dere­cho» y una defi­ni­ción-aco­ta­ción de los dere­chos huma­nos. Y ese trí­fi­do dere­cho bur­gués es, ante todo y más allá de las abs­trac­cio­nes al uso, un dis­cur­so jus­ti­fi­ca­dor del dere­cho de pro­pie­dad, con lo que el círcu­lo ‑vicio­so- se cie­rra y vuel­ve al ori­gen: una pro­pie­dad pri­va­da (de las tie­rras, los recur­sos natu­ra­les y los gran­des medios de pro­duc­ción) basa­da en la opre­sión de las mayo­rías des­po­seí­das y los pue­blos sometidos.

Por eso cual­quier pro­yec­to o dis­cur­so polí­ti­co que no impug­ne sin amba­ges el dere­cho y los dere­chos bur­gue­ses es, en el mejor de los casos, fútil, lo que hace que resul­te muy preo­cu­pan­te la deri­va con­ci­lia­do­ra e inter­cla­sis­ta de algu­nas orga­ni­za­cio­nes de izquier­das. Como seña­la Gil de San Vicen­te en la intro­duc­ción de la par­te I de Dere­chos huma­nos como arma de des­truc­ción masi­va:

Aho­ra mis­mo en Eus­kal Herria y en los Paï­sos Cata­lans, y cada vez más en Gali­za, se deba­te con más ahín­co sobre cómo avan­zar hacia un Esta­do pro­pio. No hay duda de que la con­quis­ta de los dere­chos huma­nos con­cre­tos es inse­pa­ra­ble de la inde­pen­den­cia esta­tal, y más aún en el gra­do ya irre­ver­si­ble de cen­tra­li­za­ción del poder de cla­se en la Unión Euro­pea y en los Esta­dos espa­ñol y fran­cés. Hoy defen­der los dere­chos huma­nos pro­gre­sis­tas, revo­lu­cio­na­rios, es luchar por la inde­pen­den­cia nacio­nal de cla­se de los pue­blos tra­ba­ja­do­res, mien­tras que defen­der los dere­chos bur­gue­ses es defen­der la Unión Euro­pea y el impe­ria­lis­mo. Pero es en la his­tó­ri­ca­men­te deci­si­va cues­tión de la pro­pie­dad de la tie­rra des­de las pri­me­ras ciu­da­des-Esta­do sume­rias don­de se des­cu­bre la abso­lu­ta fatui­dad del dis­cur­so que se rea­li­za en la gran mayo­ría de tex­tos de la izquier­da abertzale.

Con­vie­ne acla­rar que Dere­chos huma­nos como arma de des­truc­ción masi­va no es un libro escri­to a cua­tro manos. La par­te I, fir­ma­da por Gil de San Vicen­te, se titu­la sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te Dere­cho bur­gués y dere­cho socia­lis­ta antes del comu­nis­mo, y la par­te II, de Cruz Rojo, La salud: una nece­si­dad de los pue­blos, de cuyos seis capí­tu­los mere­ce espe­cial men­ción el quin­to: «Salud y repre­sión patriar­cal», en el que, entre otras cosas, la auto­ra esta­ble­ce un acer­ta­do para­le­lis­mo entre dos típi­cas for­mas de demonización:

La acu­sa­ción de “bru­je­ría” cum­plió una fun­ción simi­lar a los cas­ti­gos actua­les por “terro­ris­mo”, e inclu­so la pro­pia acep­ción de la pala­bra es amplia y con­fu­sa en su sig­ni­fi­ca­do pre­ci­sa­men­te por­que la acep­ción más exten­di­da es erró­nea: ni las muje­res libe­ra­das de aque­llos siglos eran bru­jas ni los movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios son terro­ris­tas. El terror, el ver­da­de­ro terro­ris­mo son las prác­ti­cas de eli­mi­na­ción selec­ti­va, ocul­tas y muy efec­ti­vas, las gra­ves matan­zas y las tor­tu­ras del poder esta­ble­ci­do des­de los Esta­dos más anti­guos has­ta el impe­ria­lis­mo actual.

Par­tien­do de refe­ren­tes como El ori­gen de la fami­lia, la pro­pie­dad pri­va­da y el Esta­do de Engels y de El ori­gen del patriar­ca­do de Ger­da Ler­ner, Cruz Rojo lle­va a cabo un aná­li­sis para­le­lo al de Gil de San Vicen­te, aun­que cir­cuns­cri­to de for­ma muy con­cre­ta al ámbi­to sani­ta­rio, lo que hace que ambos tex­tos, si bien inde­pen­dien­tes, se com­ple­men­ten y refuer­cen mutua­men­te en un libro que en estos momen­tos, dada la insis­ten­cia e hipo­cre­sía con que el poder agi­ta el fan­to­che de los dere­chos huma­nos bur­gue­ses para jus­ti­fi­car las mayo­res atro­ci­da­des, resul­ta, más que opor­tuno, impres­cin­di­ble. Aun­que no se pue­de dejar de seña­lar que un libro sobre dere­chos huma­nos escri­to des­de una pers­pec­ti­va revo­lu­cio­na­ria no debe­ría elu­dir la cues­tión, inse­pa­ra­ble, de los dere­chos de los demás animales.

Car­lo Frabetti

2 de noviem­bre de 2015

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