Mano de obra escla­va en cár­ce­les de EEUU

Por Anahi Rubin

Esta­dos Uni­dos tie­ne 2.300.000 per­so­nas pri­va­das de liber­tad, la pobla­ción car­ce­la­ria más exten­sa del mun­do. Con sólo 5 por cien­to de la pobla­ción mun­dial, este país con­tie­ne el 25 por cien­to de los pre­sos del mun­do.

Cen­tro del capi­ta­lis­mo mun­dial, sabe muy bien cómo usu­fruc­tuar y exten­der la plus­va­lía a su máxi­mo nivel; tra­ba­ja­do­res con bajos suel­dos, pro­fe­sio­na­les que tra­ba­jan sin bene­fi­cios, per­so­nas indo­cu­men­ta­das some­ti­das a todo tipo de explo­ta­cio­nes for­man par­te de la coti­dia­ni­dad.

Lo que mucha gen­te no sabe y los gran­des medios ocul­tan es la nue­va for­ma de explo­ta­ción, que se ejer­ce sobre gen­te reclui­da en las pri­sio­nes de este país.

Con el cam­bio de leyes en los 80, se recru­de­ció el cas­ti­go y reclu­sión por uso y ven­ta de dro­gas, hacien­do que el núme­ro de pri­sio­ne­ros arres­ta­dos por estas cau­sas se incre­men­ta­ra en un 11 por cien­to. Por ende las pri­sio­nes fede­ra­les vie­ron col­ma­das su capa­ci­dad; dan­do excu­sas para el sur­gi­mien­to de aper­tu­ra de cár­ce­les pri­va­das y con esto, la explo­sión de uno de los nego­cios más ren­ta­bles de los últi­mos años

Duran­te los gobier­nos de Ronald Reagan y Geor­ge Bush se ini­ció la aper­tu­ra de estas cár­ce­les; y con Bill Clin­ton se afian­zó el nego­cio. En este momen­to hay 100 pri­sio­nes pri­va­das dis­tri­bui­das en todo el terri­to­rio ame­ri­cano; las dos Cor­po­ra­cio­nes que se des­ta­can en este gru­po son: Cor­po­ra­tions of Amé­ri­ca (posee 66 cár­ce­les, con 91.000 pri­sio­ne­ros, ganan­cias anua­les 1700millones) y Geo (65 pri­sio­nes, 65.700 dete­ni­dos y 1600 millo­nes de ganan­cia). Estos dos gru­pos aumen­ta­ron un 46% sus ganan­cias, entre los años 2007 y 2014.

A esta altu­ra de la nota el lec­tor se pre­gun­ta­rá como estas cor­po­ra­cio­nes obtie­nen tan­to dine­ro. Como cual­quier otro nego­cio, nece­si­tan “clien­tes’’, que pue­blen las cár­ce­les, 50% pro­vie­nen de los con­su­mi­do­res y ven­de­do­res de estu­pe­fa­cien­tes y otro gran por­cen­ta­je lo apor­tan los inmi­gran­tes indo­cu­men­ta­dos ‑400.000 son dete­ni­dos por año-. El Con­gre­so for­mu­ló una cuo­ta que requie­re que el Depar­ta­men­to de Segu­ri­dad Inter­na, ase­gu­re 34.000 per­so­nas al día en cen­tros de deten­cio­nes por vio­la­cio­nes migra­to­rias.

Ade­más de per­so­nas que ocu­pen las cár­ce­les, nece­si­tan polí­ti­cos que aprue­ben leyes para pro­mo­ver todos estos encar­ce­la­mien­tos. Como retri­bu­ción, dichos polí­ti­cos, reci­ben alre­de­dor de 10 millo­nes de dóla­res. Por otra par­te, los esta­dos se com­pro­me­ten a que las cár­ce­les pri­va­das ten­gan entre 95 y100% de ocu­pa­ción, si esto no se cum­ple, el esta­do tie­ne que pagar.

Entre las tareas que rea­li­zan los pre­si­dia­rios se encuen­tra el de tra­ba­jar, no esta­ría mal si sería par­te de un pro­gra­ma de reha­bi­li­ta­ción y bene­fi­cia­ría a la per­so­na, pero en reali­dad los que más se bene­fi­cian son las gran­des empre­sas que tie­nen a miles de per­so­nas que rea­li­zan tra­ba­jo escla­vo, sin sin­di­ca­tos, y bene­fi­cios de nin­gún tipo.

Antes de 1970, se había prohi­bi­do a empre­sas pri­va­das usar reclu­sos para tra­ba­jar, pero en 1979, el Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia y el Con­gre­so Nor­te­ame­ri­cano levan­ta­ron la res­tric­ción. En los últi­mos 30 años, hay 37 esta­dos que per­mi­ten que los pri­sio­ne­ros tra­ba­jen a cam­bio de $0.93 a $4.73 por día.

Según el sitio Alter​net​.org, los pre­sos fede­ra­les reci­ben un sala­rio un poco mayor, osci­lan­do entre $0.23 a $ 1.23 por hora. Son emplea­dos por Uni­cor, una cor­po­ra­ción del Gobierno, cuyo prin­ci­pal clien­te es el Depar­ta­men­to de Defen­sa. Más de 20.000 reclu­sos tra­ba­jan en estos pro­gra­mas, hacien­do cha­le­cos anti­ba­las, cas­cos, cables para pro­du­cir misi­les, (inclu­yen­do los que se uti­li­za­ron en los misi­les Patriot duran­te la Gue­rra del Gol­fo).

Pero en los últi­mos años otras gran­des cor­po­ra­cio­nes se han incor­po­ra­do al mer­ca­do peni­ten­cia­rio; como IBM, Moto­ro­la, Micro­soft, Tele­com, Tar­get, Pie­rre Car­dín, Macys. Entre 1980 y 1994 las ganan­cias de estas empre­sas se incre­men­ta­ron de $392 millo­nes a 1310 millo­nes de dóla­res.

Apro­xi­ma­da­men­te un millón de inter­nos tra­ba­jan tiem­po com­ple­to en cár­ce­les nor­te­ame­ri­ca­nas, no tie­nen muchas opcio­nes de opo­ner­se, ya que si lo hacen les reti­ran los pri­vi­le­gios del uso de can­ti­nas, o los man­dan a cel­das de cas­ti­go.

Pero no sola­men­te los reclu­sos son obli­ga­dos a tra­ba­jar en el inte­rior de las pri­sio­nes, sino que algu­nas empre­sas o indi­vi­duos los uti­li­zan para otras tareas fue­ra de las cár­ce­les. Por ejem­plo, la com­pa­ñía petro­le­ra ingle­sa BP, tris­te­men­te céle­bre por el desas­tre ambien­tal que pro­vo­có en 2011, cuan­do se pro­du­jo, la explo­sión en el Gol­fo de Méxi­co-con­tra­tó a pre­si­dia­rios del esta­do de Loui­sia­na para tareas de lim­pie­za .Este esta­do tie­ne la tasa de encar­ce­la­mien­to más alta de la nación, sien­do el 70%, afro­ame­ri­cano.

Las cor­po­ra­cio­nes han des­cu­bier­to cuan ven­ta­jo­so es con­tra­tar reclu­sos, no solo por los bají­si­mo sala­rios, sino por­que se evi­tan pro­ble­mas con los sin­di­ca­tos. En Wis­con­sin, los reclu­sos ocu­pan pues­tos de tra­ba­jo, que ante­rior­men­te rea­li­za­ban tra­ba­ja­do­res que esta­ban sin­di­ca­li­za­dos.
Qui­zás muchas empre­sas pri­va­das ya no nece­si­ten ir a paí­ses del ter­cer mun­do a esta­ble­cer sus indus­trias y con­tra­tar emplea­dos a bajo cos­to, si en este país tie­nen millo­nes de pre­si­dia­rios que ganan cen­ta­vos. Según un infor­me de la revis­ta Per­pec­ti­ve, en 1990 Escod Indus­trias, pre­fi­rió Caro­li­na del Sur en vez de Méxi­co, por­que los tra­ba­ja­do­res exi­gían más dine­ro.

Sin cam­bio de leyes que cri­mi­na­li­za la inmi­gra­ción, y pena­li­za a pobres, afro­ame­ri­ca­nos y lati­nos, estos nego­cios para las gran­des cor­po­ra­cio­nes segui­rán cre­cien­do en detri­men­to de la jus­ti­cia social y la liber­tad.

xTe­le­sur

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