¿Pedi­rá per­dón el rey?- Jose­ma­ri Loren­zo Espinosa

El albo­ro­ti­llo de este fin­de es la peti­ción de per­dón de don Urku­llu, rea­li­za­da for­mal­men­te en su nom­bre, y reco­gi­da fir­me­men­te por todos los medios del sis­te­ma. Si no fue­ra por­que es una mas de polí­ti­cos, sería para enfa­dar­se. Pero es a lo que vie­ne siendo.

Para empe­zar, no es cier­to que sea la pri­me­ra vez y que se abra un nue­vo ciclo y no se cuán­tas maja­de­rías mas. Iba­rre­te­xe jau­na, y no diga­mos mon­se­ñor Ardan­za, se hin­cha­ban a pedir per­do­nes cada vez que iban a la metró­po­li. En expia­ción de los peca­dos de ETA y, en exten­sión, por todos los vas­cos has­ta Sabino Ara­na. Del que hace tiem­po no hay noti­cias. Y no diga­mos Paco López, que no para­ba de arro­di­llar­se y gimo­tear con­ti­nua­men­te, por lo malos que hemos sido con los pobre­ci­llos sol­da­dos de la ocu­pa­ción. Y sus cola­bo­ra­do­res polí­ti­cos. A pesar de lo que digan los papa­nau­tas impe­ria­les, los lehen­da­ka­ris son exper­tos en per­do­nes y recon­ci­lia­cio­nes, sal­vo por­que des­pués de cua­ren­ta años, no han con­se­gui­do ninguna.

Cuan­do don Urku­llu, en su cali­dad de virrey de los terri­to­rios ocu­pa­dos, fue a la capi­tal, al Foro, a ren­dir home­na­je e infor­mar a la Zar­zue­la de lo nues­tro, le man­da­ron debe­res. Se le con­fió una hoja de ruta, que poco a poco se va des­ve­lan­do. Uno de los pun­tos sen­si­bles era seguir ponien­do lla­ves y cerro­jos al cofre de ETA. Y esce­ni­fi­car el enési­mo inten­to de amis­tad impo­si­ble, entre ocu­pan­tes y ocupados.

Pero, como don Urku­llu y sus ase­so­res son tan genia­les, han esco­gi­do el mejor momen­to, Cuan­do toda­vía está calen­ti­to el recha­zo cla­mo­ro­so, en el Cam­po Nou, a algu­nos de los sím­bo­los de esta ocu­pa­ción, que en Eus­ka­di va para 200 años y en Cata­lun­ya tie­ne mas de 300. Cla­ro que don Urku­llu esta­ba pre­sen­te, y hacién­do­se el bas­ter­ki­ton, en el pal­co de los recha­za­dos. A la sazón, nido de ban­di­dos varios. En el que, por lo menos, Mas son­reía. Al pare­cer complacido.

Pues hace poco, cuan­do lo de la visi­ta de ofi­cio a la capi­tal del rei­no, a “guar­dar dis­tan­cias” que decía Deia, el repre­sen­tan­te de todos los vas­cos, menos de los nacio­na­lis­tas, invi­tó a sus majes­ta­des los jefes del Esta­do ocu­pan­te, a visi­tar los terri­to­rios ocu­pa­dos. Con la inte­li­gen­te espe­ran­za de que serían reci­bi­dos como se mere­cen. La visi­ta ofi­cial ya tie­ne fecha, pero se man­tie­ne en secre­to. Y pode­mos espe­rar, por ante­ce­den­tes varios, que en cual­quier caso sus que­ri­das majes­ta­des serán cla­mo­ro­sa­men­te reci­bi­das, por los feli­ces ocu­pa­dos. Tal que como en Bar­ce­lo­na. Cla­ro que siem­pre podía ali­viar­se el asun­to, con algún acier­to, poco pro­ba­ble sin embar­go, de los pode­res actuantes.

Pon­ga­mos que vie­ne Feli­pe VI, en su papel de Jefe del Esta­do, y suce­sor de la rama bor­bó­ni­ca, a los terri­to­rios ocu­pa­dos de Eus­ka­di sur y que, por ejem­plo, pide per­dón. Pide per­dón a los nacio­na­lis­tas vas­cos, de dere­cha e izquier­da, obre­ros, base­rri­ta­rras y empre­sa­rios, por la ocu­pa­ción per­ma­nen­te mili­tar, polí­ti­co-poli­cial, fis­cal, admi­nis­tra­ti­va, cul­tu­ral etc. etc. de Eus­ka­di sur (Nafa­rroa incluida).

Pon­ga­mos, p.e., que pide per­dón, por que su tata­ra­bue­la ( o lo que sea) Isa­bel II, fir­mó un infaus­to decre­to dero­gan­do las Lagi­za­rrak (mal lla­ma­das Fue­ros), como hacien­do un favor a los unio­nis­tas de Bil­bao o de San Sebas­tián, y obli­gan­do a todos a cons­ti­tu­cio­na­li­zar­se espa­ño­les. O sea, a pagar las con­tri­bu­cio­nes y el tri­bu­to de san­gre a nues­tra que­ri­da España.

Diga­mos que don Feli­pe pide per­dón, por­que su padre (que en glo­ria esté) a la sazón suce­sor del invic­to gene­ra­lí­si­mo (ala­ba­do sea, que en su ben­di­ta cla­ri­vi­den­cia dejó todo ata­do y bien ata­do) fir­mó un Esta­tu­to de auto­no­mía para enga­tu­sar a los vas­cos y las vas­cas (excep­to a los miem­bros del EBB) con un suce­dá­neo malo­lien­te de la ver­da­de­ra liber­tad, que ansían los luga­re­ños de aquí, des­de 1839.

Pon­ga­mos que vie­ne Feli­pe VI; y como suce­sor en línea rec­ta de nues­tro recor­da­do gene­ra­lí­si­mo Fran­co (ala­ba­do sea), y de las fecho­rías del com­pe­ten­te señor Mola, pide per­dón por la ton­te­ría de los mas de tres­cien­tos muer­tos de Duran­go, los mas de 1.500 de Ger­ni­ka, y los otros 15.000 rojos-sepa­ra­tis­tas, de los demás sitios bom­bar­dea­dos y ame­tra­lla­dos. Y diga­mos que se acuer­da de pasa­da, de aquel txa­bal extre­me­ño, vas­co has­ta la muer­te, que lla­má­ba­mos Txi­ki y que fue fusi­la­do con su com­pa­ñe­ro Otae­gi, en una de tan­tas igno­mi­nias judi­cia­les del ante­rior (?) régimen.

Pon­ga­mos que nues­tro ama­do rey, acom­pa­ña­do de su aman­tí­si­ma espo­sa, reco­no­ce el daño cau­sa­do a las bue­nas gen­tes vas­cas, duran­te los 40 años de fran­quis­mo cons­ti­tu­cio­nal. Sobre todo a los obre­ros y tra­ba­ja­do­res, que paga­ron con cár­ce­les, des­pi­dos, des­tie­rros y prohi­bi­cio­nes, cosas tan mal­va­das como hacer huel­gas, o mili­tar en per­ver­sas orga­ni­za­cio­nes que no eran constitucionales.

Diga­mos que vie­ne Feli­pe VI, como here­de­ro polí­ti­co de su padre, pide per­dón por lo de Gas­teiz, los muer­tos de las sema­nas pro-amnis­tía, los varios Lasa y Zaba­la de la tran­si­ción, Por la tor­tu­ra y muer­te en comi­sa­ría de Arre­gi. Y otras cosas nor­ma­les de un Esta­do ocu­pan­te. Y que, ya pues­tos y actua­li­za­dos, pide dis­cul­pas al menos por la tor­tu­ra y muer­te de la dis­per­sión a los pre­sos y a sus fami­lia­res. Cuyos datos don Urku­llu le habrá faci­li­ta­do segu­ra­men­te, en su visita.

Diga­mos todo eso y lo que que­da de una lis­ta mas lar­ga, que me guar­do para otro día. Y pon­ga­mos que como don Urku­llu ya ha pedi­do per­dón por lo nues­tro, o sea por lo de ETA, Y ha reci­bi­do nume­ro­sas feli­ci­ta­cio­nes, aho­ra le toca a don Feli­pe. Por lo de los suyos. Que son muchos y cobar­des. O sea, que si lo hace, igual has­ta le diri­jo la palabra.

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