La cri­sis y el sin­di­ca­lis­mo que mata­ron al movi­mien­to obre­ro- J. Mari Lasa Espi­no­sa

Los datos sobre huel­gas y con­flic­tos labo­ra­les, en 2014, están pasan­do casi des­aper­ci­bi­dos en el fra­gor bur­gués de las elec­cio­nes. Casi sin dar­nos cuen­ta, hemos pasa­do de la huel­ga “revo­lu­cio­na­ria” a la no-huel­ga. O, si se quie­re, a la huel­ga nego­cia­da y con­tro­la­da. Huel­ga de bue­nos chi­cos con bue­nos modos. Las cri­sis ante­rio­res, con sus con­vul­sio­nes socia­les, sus huel­gas “revo­lu­cio­na­rias” etc. eran “ante­sa­las de la caí­da del capi­ta­lis­mo”. O eso, decían los líde­res sin­di­ca­les y otros estu­dio­sos de la épo­ca.

Hoy la huel­ga ha pasa­do de ser un arma para nego­ciar, a ser una nego­cia­ción en si. Y este paso es cla­ve para su fosi­li­za­ción y la reduc­ción de su efi­ca­cia.

La cri­sis actual, dura, lar­ga y per­ni­cio­sa se está con­vir­tien­do en un cer­ti­fi­ca­do de defun­ción del movi­mien­to obre­ro. Tal como lo cono­cía­mos. Los Pac­tos de la Mon­cloa, la Cons­ti­tu­ción, el Esta­tu­to de los Tra­ba­ja­do­res y otras leyes o regla­men­ta­cio­nes, jun­to a la lega­li­za­ción domes­ti­ca­da de los sin­di­ca­tos, pre­pa­ra­ron el camino des­de 1978. Han sido el cau­ce per­fec­to para esta muer­te.

El sin­di­ca­lis­mo de inte­gra­ción, el úni­co que cono­ce la actual gene­ra­ción de para­dos, no tie­ne nin­gu­na inten­ción revo­lu­cio­na­ria. Es evi­den­te. Pero tam­po­co está en con­di­cio­nes de res­pon­der a una cri­sis, como la que se abrió en 2007 – 8. El capi­ta­lis­mo, en cam­bio, ha demos­tra­do que si lo está. Y que toda la para­fer­na­lia legis­la­ti­va de la tran­si­ción, por la que tan­to brin­da­ron los tra­ba­ja­do­res de enton­ces, ser­vía en el fon­do para rear­mar a un sis­te­ma “mori­bun­do” des­de cri­sis ante­rio­res. Tenía un ins­pi­ra­ción y una inten­ción capi­ta­lis­ta. Con lo que se des­mon­ta todas la leyen­da de los “dere­chos con­quis­ta­dos”.

En 2014 no han lle­ga­do ni a mil las huel­gas lega­li­za­das, vale decir domes­ti­ca­das, en el Esta­do. Casi un 25 % menos que en 2013. Y siguen bajan­do… Las huel­gas “revo­lu­cio­na­rias”, por su par­te, han sido…cero. Como siem­pre. Las horas de tra­ba­jo afec­ta­das y las con­flic­ti­vi­dad labo­ral, han des­cen­di­do tam­bién por enci­ma del 30%. Esto no quie­re decir en abso­lu­to que no haya moti­vos de que­ja, indig­na­ción y huel­ga. Los hay mas que nun­ca. Quie­re decir que la huel­ga, tal y como la con­ci­ben hoy las leyes y los sin­di­ca­tos, se ha con­ver­ti­do en un arma de la patro­nal. Una bue­na mayo­ría de los obre­ros se come su indig­na­ción y sus dere­chos. Des­con­fía de la huel­ga y la teme. Por las con­se­cuen­cias que pue­de tener en sus sala­rios, en su situa­ción pro­fe­sio­nal o en su empleo. Muchos temen ser des­pe­di­dos, tras­la­da­dos, san­cio­na­dos, relegados…por ejer­cer un dere­cho (?) lega­li­za­do. Inclu­so deman­da­dos ante los tri­bu­na­les pena­les, por su inter­ven­ción en pique­tes. Y los sin­di­ca­tos no están sien­do muy sol­ven­tes para redu­cir esta situa­ción.

Hay toda una teo­ría case­ra sobre la huel­ga y los con­flic­tos. Que vie­ne de tiem­pos mejo­res. Sobre su posi­bi­li­dad como arma obre­ra o sobre su domes­ti­ca­ción por el Capi­tal. Los tra­ba­ja­do­res de los paí­ses “demo­crá­ti­cos” saben que por un día o dos de no asis­ten­cia a tra­ba­jar no les van a encar­ce­lar ni des­pe­dir. Si se por­tan bien. Todo lo mas les des­con­ta­rán del suel­do la par­te corres­pon­dien­te. Mien­tras que el empre­sa­rio con abun­dan­tes stocks, y sufi­cien­tes ser­vi­cios míni­mos, sal­drá bene­fi­cia­do. Se aho­rra­rá un mon­tón en la nómi­na. Su car­te­ra de pedi­dos no sufri­rá.

Todos los sin­di­ca­tos saben que si nego­cian ¨bien” una huel­ga, con cal­ma y ser­vi­cios no tan míni­mos, con lla­ma­das al orden, con asam­bleas auto­ri­za­das y regu­la­das, mani­fes­ta­cio­nes civi­li­za­das, y su buen hacer de ges­tión dele­ga­da, en labo­rio­sas jor­na­das de discusión..No les va a pasar nada. Todo lo mas apa­re­ce­rán como bue­nos repre­sen­tan­tes y mejo­res ges­to­res. Indis­pen­sa­bles en una cla­se que hace tiem­po ha dele­ga­do en otros la defen­sa de sus intere­ses de cla­se. Nada de esto sería dema­sia­do malo en si. Sal­vo por el hecho de que no arre­gla las cosas. Y por­que es algo que se vie­ne repi­tien­do des­de hace mas de trein­ta y cin­co años. O sea, que va a durar mas que Fran­co. Y que al final de cada túnel huel­guís­ti­co solo se ve mas cri­sis.

El movi­mien­to obre­ro ya no exis­te. Exis­te la pro­fe­sio­na­li­za­ción sin­di­cal. La regu­la­ción amis­to­sa de con­flic­tos. Exis­ten las cla­ses. La lucha de cla­se. El odio de cla­se. Exis­ten el Tra­ba­jo y el Capi­tal. El robo de plus­va­lía. O sea, las cosas de toda la vida. Que ya esta­ban en el fran­quis­mo y antes. Pero no exis­te la revo­lu­ción. Es un con­cep­to y una pala­bra, para las bata­lli­tas del abue­lo. La super­de­mo­cra­cia y el super­sin­di­ca­lis­mo han aca­ba­do con todo. Han mata­do al movi­mien­to obre­ro. Los empre­sa­rios han paga­do el fune­ral, de bue­na gana. Y lo han ente­rra­do en el museo de la His­to­ria.

En una socie­dad en cri­sis, todo nece­si­ta un deba­te. Y mas que todo el sin­di­ca­lis­mo actual de ges­tión y dele­ga­ción. Que toda­vía no nos ha dicho a dón­de nos lleva…Porque no solo es el capi­ta­lis­mo el que nos ha deja­do cin­co millo­nes e para­dos y no se cuán­tos de pobres…También los sin­di­ca­tos esta­ban por ahí, hacien­do o mas bien… no hacien­do nada.

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