Pros­ti­tu­ción, el con­sen­ti­mien­to disi­mé­tri­co- Joël Martine

Los y las pros­ti­tu­tas no son las úni­cas per­so­nas con­cer­ni­das por la pro­pues­ta de ley de la dipu­tada Maud Oli­vier que se deba­te actual­men­te en el Esta­do fran­cés. A poco que cai­ga en una situa­ción de pre­ca­rie­dad eco­nó­mi­ca o de vul­ne­ra­bi­li­dad psi­co­ló­gi­ca, cual­quier mujer o ado­les­cen­te pue­de ver cómo le pro­po­nen dine­ro a cam­bio de actos sexua­les. La ame­na­za de la pros­ti­tu­ción for­ma par­te de la «nor­ma­li­dad» de la con­di­ción de las muje­res y de los pobres. A lo que hay que poner fin es a esta bana­li­dad de la com­pra de «ser­vi­cios sexuales».

En este artícu­lo he tra­ta­do de res­pon­der en cada párra­fo de mane­ra muy resu­mi­da a una obje­ción o a una pre­gun­ta sus­ci­ta­das por la pro­pues­ta de ley.

En la pros­ti­tu­ción, inclu­so «libre», el con­sen­ti­mien­to no es simé­tri­co. El com­pra­dor con­sien­te en dar una can­ti­dad de dine­ro a cam­bio de unos momen­tos de pla­cer. Si para la ven­de­do­ra (o el ven­de­dor) la pros­ti­tu­ción es un medio de sub­sis­ten­cia, de hecho con­sien­te en entre­gar­se por nece­si­dad eco­nó­mi­ca a la repe­ti­ción de rela­cio­nes sexua­les no desea­das con una can­ti­dad inde­fi­ni­da de des­co­no­ci­dos. Con­sien­te a una efrac­ción repe­ti­da en su expe­rien­cia cor­po­ral más ínti­ma (sin con­tar con el des­pre­cio de la mayo­ría de los clien­tes ni con los con­si­de­ra­bles ries­gos de agresión).

El sexo no es una acti­vi­dad ano­di­na, como pue­de ser­lo un tra­ba­jo manual o inte­lec­tual cuan­do se hace en bue­nas con­di­cio­nes. En los seres huma­nos las rela­cio­nes sexua­les no desea­das son pro­fun­da­men­te per­tur­ban­tes y lo más fre­cuen­te es que sean trau­ma­ti­zan­tes. A menu­do pro­vo­can una sen­sa­ción de extra­ñe­za res­pec­to a sí mis­mo. Si la ley carac­te­ri­za la vio­la­ción como una vio­len­cia aun­que no haya lesio­nes físi­cas, no es solo debi­do a la ausen­cia de con­sen­ti­mien­to de la víc­ti­ma, sino tam­bién por­que lo que se le impo­ne es una intru­sión es su inti­mi­dad sexual.

A esca­la de la socie­dad se pue­de com­pa­rar la pros­ti­tu­ción con una inmen­sa «vio­la­ción colec­ti­va» has­ta aho­ra legi­ti­ma­da por la ley con la dife­ren­cia de que no se obli­ga a una par­te de las víc­ti­mas por la fuer­za, sino por la nece­si­dad eco­nó­mi­ca.

Por for­tu­na, el ser humano es capaz de explo­rar todo tipo de acti­vi­da­des sexua­les, inclu­so corrien­do ries­gos psí­qui­cos res­pec­to a sí mis­mo, por ejem­plo en el liber­ti­na­je con des­co­no­ci­dos (tam­bién en el amor, por cier­to). Es la liber­tad sexual, la auto­no­mía desean­te, la capa­ci­dad de cons­truir su camino de vida escu­chan­do sus deseos y deci­dien­do él mis­mo cómo res­pon­der. Pero cuan­do la nece­si­dad eco­nó­mi­ca lle­va a una per­so­na a poner su inti­mi­dad sexual al ser­vi­cio del pró­ji­mo, se piso­tea su auto­no­mía desean­te. Ello no quie­re decir que se «sacra­li­ce» la sexua­li­dad ni que se le quie­ra impo­ner unas nor­mas de urba­ni­dad. Se tra­ta sim­ple­men­te de reco­no­cer la gran impor­tan­cia que tie­ne el sexo en la expe­rien­cia emo­cio­nal de cada per­so­na. Si se ponen semá­fo­ros en los cru­ces no es para impe­dir a la gen­te que vaya don­de quie­ra, por el con­tra­rio es para ase­gu­rar esta liber­tad ante los peli­gros espe­cí­fi­cos de la cir­cu­la­ción de vehícu­los. Del mis­mo modo, en las rela­cio­nes sexua­les hay unos retos espe­cí­fi­cos de rea­li­za­ción per­so­nal o de sumi­sión: hay muchos locos al volan­te y más vale no dejar­les vía libre.

El gol­pe genial de la ley sue­ca ha sido reafir­mar la no pena­li­za­ción del ven­de­dor o ven­de­do­ra al tiem­po que pena­li­za al com­pra­dor o com­pra­do­ra. Es un dis­po­si­ti­vo apa­ren­te­men­te para­dó­ji­co pero que cuyo obje­ti­vo es a la vez poner fin al pri­vi­le­gio irres­pon­sa­ble de los clien­tes y a la estig­ma­ti­za­ción de los y las pros­ti­tu­tas. En ambos sen­ti­dos la ley afir­ma un mis­mo prin­ci­pio: el dere­cho a la libre dis­po­si­ción del pro­pio cuer­po y a la pro­tec­ción de este dere­cho con­tra el poder del pró­ji­mo. La per­so­na que por pro­pia volun­tad ven­de su con­sen­ti­mien­to solo corre un ries­go psí­qui­co para <empha­sis>ella mis­ma</​emphasis>, dis­po­ne (bien o mal, ella es quien debe juz­gar­lo) de su pro­pio cuer­po; por el con­tra­rio, la per­so­na que se bene­fi­cia de la nece­si­dad eco­nó­mi­ca <empha­sis>del pró­ji­mo</​emphasis> para com­prar su con­sen­ti­mien­to sexual come­te lo que se pue­de deno­mi­nar un <empha­sis>abu­so de poder adqui­si­ti­vo</​emphasis> res­pec­to a la expe­rien­cia emo­cio­nal del prójimo.

Es cier­to que algu­nas per­so­nas pue­den amol­dar­se a la repe­ti­ción de rela­cio­nes sexua­les no desea­das a cos­ta de una sepa­ra­ción (a menu­do pató­ge­na) res­pec­to a sus sen­sa­cio­nes sexua­les. Tam­bién es cier­to que otras pue­den entre­gar­se a la pros­ti­tu­ción como a un jue­go liber­tino en el que ade­más se gana dine­ro. Mejor para ellas. Pero es el árbol que ocul­ta el bos­que. Lo mis­mo que el hecho de que algu­nos obre­ros estén dis­pues­tos a acep­tar tra­ba­jos peli­gro­sos, inclu­so por­que con­si­guen amol­dar­se a ello mini­mi­zan­do per­so­nal­men­te los ries­gos, no jus­ti­fi­ca que se auto­ri­ce a los emplea­do­res a obli­gar­les a hacer estos trabajos.

La pros­ti­tu­ción no es un sim­ple acuer­do pri­va­do entre dos indi­vi­duos, es una ins­ti­tu­ción social que orga­ni­za la mer­can­ti­li­za­ción de lo ínti­mo, el poder del dine­ro sobre el sexo del pró­ji­mo, y que auto­ri­za a los hom­bres a des­pre­ciar la auto­no­mía de las muje­res y de las jóve­nes en tan­to que suje­tos. Des­le­gi­ti­mar la com­pra del con­sen­ti­mien­to sexual es un reto de civi­li­za­ción, huma­nis­ta y feminista.

Tam­bién es un medio indis­pen­sa­ble para empren­der la erra­di­ca­ción de la impo­si­ción pro­xe­ne­ta por­que esta es el coro­la­rio del fun­cio­na­mien­to del mer­ca­do. Debi­do a la repug­nan­cia de la mayo­ría de los seres huma­nos a sufrir unas rela­cio­nes sexua­les no desea­das, la can­ti­dad de per­so­nas que desean pros­ti­tuir­se por deseo o por opción de vida siem­pre es insu­fi­cien­te res­pec­to a la deman­da… por­que la deman­da mas­cu­li­na es ili­mi­ta­da mien­tras la com­pla­cen­cia de la ley y la cul­tu­ra con­su­mis­ta ani­me y des­res­pon­sa­bi­li­ce a los com­pra­do­res poten­cia­les. La des­pro­por­ción entre la deman­da sol­ven­te y la ofer­ta por pro­pia volun­tad sus­ci­ta inde­fec­ti­ble­men­te una espe­cie de «mer­ca­do de escla­vos»: el pro­xe­ne­tis­mo y la tra­ta. En los Paí­ses Bajos y la Cata­lu­ña espa­ño­la, don­de se ha creí­do garan­ti­zar la segu­ri­dad de los y las pros­ti­tu­tas ofre­cién­do­les un esta­tu­to pro­fe­sio­nal, esto ha pro­vo­ca­do sobre todo que se dis­pa­re la deman­da y de hecho el abas­te­ci­mien­to del mer­ca­do está ase­gu­ra­do en gran par­te por las redes de tra­ta. La pros­ti­tu­ción no regu­la­da flo­re­ce tras el esca­pa­ra­te de los encar­ga­dos de bur­de­les. Este meca­nis­mo chu­lo-eco­nó­mi­co es lo que igno­ran quie­nes creen que se pue­de luchar con­tra el pro­xe­ne­tis­mo orga­ni­za­do sin cues­tio­nar cul­tu­ral y jurí­di­ca­men­te el dere­cho de los con­su­mi­do­res a com­prar sexo.

Es cier­to que el des­cen­so del mer­ca­do va a supri­mir empleos. No es un aten­ta­do con­tra la liber­tad, es un pro­ble­ma de recon­ver­sión pro­fe­sio­nal como cono­cen, por ejem­plo, los cien­tos de miles de tra­ba­ja­do­res de la indus­tria auto­mo­vi­lís­ti­ca cuyo pues­to de tra­ba­jo está ame­na­za­do por el des­cen­so de las ven­tas (por otra par­te desea­ble). Por con­si­guien­te, los y las pros­ti­tu­tas tie­nen toda la legi­ti­mi­dad para orga­ni­zar­se en sin­di­ca­tos para obte­ner una recon­ver­sión con garan­tías de ingre­sos, una for­ma­ción pro­fe­sio­nal y el res­pe­to de su dig­ni­dad tan­to antes como des­pués. La socie­dad se lo debe por haber­los deja­do dema­sia­do tiem­po en una situa­ción de no derecho.

La pro­pues­ta de ley de Maud Oli­vier com­por­ta un con­jun­to de medi­das de acom­pa­ña­mien­to social para el acce­so a los dere­chos, así como ayu­das finan­cie­ras cuyo obje­ti­vo es hacer posi­ble la opción de salir de la pros­ti­tu­ción. Pero pro­po­ne pocas cosas con­tra la cau­sa prin­ci­pal de la entra­da en la pros­ti­tu­ción, la insu­fi­cien­cia de ingre­sos. En su ori­gen, la mayo­ría de los y las pros­ti­tu­tas son per­so­nas eco­nó­mi­ca­men­te pre­ca­rias o emi­gran­tes que han hui­do de la pobre­za y la dis­cri­mi­na­ción en sus paí­ses. A menu­do pros­ti­tuir­se es el mal menor, «eco­nó­mi­ca­men­te racio­nal» en com­pa­ra­ción con la men­di­ci­dad, el robo por medio de un «tirón» o los tra­ba­jos en negro sin segu­ri­dad y mal paga­dos. En este sen­ti­do, no se pue­de hacer recu­lar real­men­te la ame­na­za de la pros­ti­tu­ción con­si­de­ran­do a los y las pros­ti­tu­tas como una cate­go­ría par­ti­cu­lar (con el ries­go de per­ma­ne­cer en la estig­ma­ti­za­ción), sino por medio de unas medi­das que pro­te­jan al con­jun­to de la pobla­ción con­tra la pre­ca­rie­dad. Como míni­mo, sería nece­sa­rio que la ley mejo­ra­ra las con­di­cio­nes de acce­so a la RSA [siglas en fran­cés de la Ren­ta de Soli­da­ri­dad Acti­va, equi­va­len­te al RGI], tan res­tric­ti­vas para las per­so­nas meno­res de 25 años que la mayo­ría de los y las jóve­nes pre­ca­rios están exclui­dos de ella, pre­ci­sa­men­te a la edad en la que es más fuer­te la ame­na­za de la pros­ti­tu­ción. El Infor­me Oli­vier men­cio­na para este públi­co el dis­po­si­ti­vo «garan­tía jóve­nes» (unos 450€ men­sua­les) que actual­men­te se está empe­zan­do a expe­ri­men­tar entre los más precarios…

El pro­yec­to de ley inclu­ye tam­bién medi­das que auto­ri­zan la atri­bu­ción de un per­mi­so de resi­den­cia a las per­so­nas extran­je­ras sin pape­les y que son víc­ti­mas de la tra­ta o del pro­xe­ne­tis­mo (se deno­mi­na tra­ta al trans­por­te ile­gal de per­so­nas para su explo­ta­ción, con o sin su con­sen­ti­mien­to). Aho­ra bien, aun­que la situa­ción de pros­ti­tu­to o pros­ti­tui­da es fácil de cons­ta­tar, los hechos de tra­ta o de pro­xe­ne­tis­mo son más difí­ci­les de esta­ble­cer (entre otras cosas por­que las víc­ti­mas no se atre­ven a tes­ti­fi­car por temor a repre­sa­lias). Si nos que­da­mos ahí una gran par­te de los y las pros­ti­tu­tas segui­rán estan­do sin dere­chos, con mie­do a la poli­cía y por con­si­guien­te, depen­dien­tes de «pro­tec­to­res» mafiosos.

Si en Sue­cia no han aumen­ta­do la clan­des­ti­ni­dad y ais­la­mien­to de los y las pros­ti­tu­tas es sobre todo por­que per­so­nal­men­te no tie­nen nada que temer de la poli­cía. No hay una caza sis­te­má­ti­ca de los clien­tes por par­te de la poli­cía (hay en cam­bio reda­das diri­gi­das cuyo obje­ti­vo es rom­per el nego­cio a los pro­xe­ne­tas y obte­ner tes­ti­mo­nios que per­mi­tan incul­par­los). ¿Qué ocu­rri­rá en Fran­cia, don­de tene­mos la cos­tum­bre de pro­cla­mar los gran­des prin­ci­pios y hacer lo con­tra­rio de mane­ra subli­mi­nal? La más huma­nis­ta de las leyes corre peli­gro de con­ver­tir­se en letra muer­ta si los poli­cías per­sis­ten en aco­sar a los y las pros­ti­tu­tas con el pre­tex­to de la caza de los sin pape­les o de con­tro­les de iden­ti­dad más o menos jus­ti­fi­ca­dos. El pro­yec­to de ley pre­vé una for­ma­ción del per­so­nal de la poli­cía y de jus­ti­cia para su misión res­pec­to a los y las pros­ti­tu­tas, que es en pri­mer lugar pro­te­ger su segu­ri­dad y ayu­dar­les a defen­der sus dere­chos. Algu­nas uni­da­des de poli­cía ya lo hacen.

El obje­ti­vo de la ley no es acen­tuar la repre­sión sino cam­biar las men­ta­li­da­des. Su apli­ca­ción ten­drá que estar a la altu­ra de esta ambición.

Joël MARTINE, pro­fe­sor de filo­so­fía y mili­tan­te alter­mun­dia­lis­ta de Marsella,

3 de mar­zo de 2015

[Tra­du­ci­do del fran­cés para Boltxe Kolek­ti­boa por Bea­triz Mora­les Bastos.]

El autor escri­bió una argu­men­ta­ción más deta­lla­da con el títu­lo de LE VIOL-LOCATION, liber­té sexue­lle et pros­ti­tu­tion, edi­to­rial L’Harmattan, junio de 2013, 150 páginas.

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