Tam­bién hoy, es día de la mujer- Fer­min Gon­goe­ta

Hace días que pen­sa­ba escri­bir algo sobre el “día de la mujer” sin atre­ver­me a hacer­lo.

Y es que cuan­do las ins­tan­cias inter­na­cio­na­les ponen “día” a per­so­nas, pro­ble­mas o enfer­me­da­des, es que todos los pode­res, sean polí­ti­cos, reli­gio­sos o sin­di­ca­les, quie­ren hacer ver que se preo­cu­pan por el pue­blo, pero desean ardien­te­men­te, que las cosas con­ti­núen como están. Que no pro­tes­te­mos y que lo cele­bre­mos sí, pero callan­di­to.

Esta madru­ga­da, me he des­per­ta­do des­aso­se­ga­do, y han lle­ga­do a mi cabe­za y cora­zón una serie de pen­sa­mien­tos y recuer­dos de muje­res. El pri­me­ro ha sido el de Eva, si la de “Adán y Eva”. ¿Os acor­dáis? Nos lo ense­ña­ron en la cate­que­sis y nos decían que fue­ron nues­tros pri­me­ros padres; que peca­ron, y a quie­nes Dios echó del paraí­so. Pero esta madru­ga­da lo he vivi­do de otra mane­ra. Tal y como suce­dió.

Eva esta­ba empa­re­ja­da con Adán. Tra­ba­ja­ban jun­tos en una plan­ta­ción de árbo­les fru­ta­les. En aque­lla fin­ca, ellos solos esta­ban bre­gan­do. Eso sí, bien vigi­la­dos por media doce­na de guar­dias de segu­ri­dad. Como civi­les o ertzai­nas… en la actua­li­dad.

El caso es que Adán tra­ba­ja­ba como un bru­to, sin dete­ner­se un ins­tan­te. Eva, como mujer, era más sen­sa­ta y come­di­da, lo que le per­mi­tía no per­der de vis­ta a su com­pa­ñe­ro, cuya salud le tenía preo­cu­pa­da.

En un momen­to dado, Eva le vio fla­quear, ago­ta­do por el tra­ba­jo y el ham­bre. Sin pen­sar­lo dos veces, tomó una man­za­na –no sé si de un árbol, o de los mon­to­nes que ya habían reco­gi­do- y se la dio a su com­pa­ñe­ro de tra­ba­jo para que se sobre­pu­sie­ra y recu­pe­ra­ra.

Des­pués, todo suce­dió a una velo­ci­dad de relám­pa­go. Adán pegó un enor­me mor­dis­co a la man­za­na, y sin que le die­ra tiem­po a tra­gar aquel pri­mer boca­do, cua­tro de los guar­dias de segu­ri­dad de la plan­ta­ción se aba­lan­za­ron sobre los dos y les detu­vie­ron. ¡Cla­ro que Eva y Adán pro­tes­ta­ron y se defen­die­ron!; pero inú­til­men­te.

El due­ño de la plan­ta­ción les tra­tó de mane­ra tan inhu­ma­na, como que les juró y pro­me­tió con toda des­ver­güen­za que pasa­rían ham­bre, que ella ten­dría hijos con muchos dolo­res, y que nadie les daría tra­ba­jo en nin­gu­na otra plan­ta­ción.

El due­ño y señor, les des­pi­dió bru­tal­men­te. No era lo que Eva y Adán espe­ra­ban de un pro­pie­ta­rio que tan­to pres­ti­gio tenía entre los veci­nos de la aldea. No lo enten­dían.

Adán enfer­mó del dis­gus­to, y se dedi­có inú­til­men­te a bus­car tra­ba­jo, y a llo­rar su des­gra­cia, jun­to a otros com­pa­ñe­ros que se encon­tra­ban en paro, como él.

Mien­tras tan­to, Eva reco­gía plan­tas, como nabos, car­dos o pata­tas, que hacía her­vir en una cazue­la de barro que ella mis­ma había enja­re­ta­do, para dar de comer a su com­pa­ñe­ro y a sus dos pri­me­ros hijos Pues­to que, en cuan­to les echa­ron de la plan­ta­ción, Adán la fecun­dó, con ver­da­de­ro pla­cer y per­sis­ten­cia.

Adán tenía muy cla­ro que cuan­tos más hijos tuvie­sen, más fácil les sería tra­ba­jar la tie­rra y vivir de mane­ra más cómo­da… No por otra razón –según él- man­te­nía inten­sas y per­ti­na­ces rela­cio­nes ínti­mas con su com­pa­ñe­ra.

Los sacer­do­tes – pen­sa­do­res de aque­llos y sub­si­guien­tes tiem­pos, no deja­ron de cri­ti­car y cul­par con énfa­sis y ter­que­dad la acti­tud de Eva en la plan­ta­ción. Era para todos evi­den­te, que si ella no hubie­se roba­do lo que no le per­te­ne­cía, el hom­bre, Adán en este caso, no habría podi­do mor­der la man­za­na. ¡Ella le inci­tó a la des­obe­dien­cia! Según todas las pri­me­ras pági­nas era ella, y sola­men­te ella, quien debía haber sido cas­ti­ga­da.

Esa narra­ción, con­ta­da de for­ma tan machis­ta como cha­pu­ce­ra y embus­te­ra, ha sido lo que has­ta nues­tros días ha sido man­te­ni­do por la igle­sia cató­li­ca, como el peca­do ori­gi­nal.

Las reli­gio­nes mono­teís­tas, cris­tia­nis­mo, judaís­mo e islam, con sus ideas de Dios úni­co, y de supe­rio­ri­dad del hom­bre sobre la mujer, han influi­do en el pen­sa­mien­to polí­ti­co y en el poder de los polí­ti­cos en quie­nes hemos aban­do­na­do nues­tra capa­ci­dad de deci­sión, per­mi­tien­do que ellos se enri­quez­can a cos­ta de nues­tra mise­ria. Pero sobre todo, ha sido el mie­do, el mie­do al cas­ti­go eterno y a todos ellos, polí­ti­cos rem­pla­zan­tes de su dios, que han con­se­gui­do el total dete­rio­ro de la cla­se tra­ba­ja­do­ra, muje­res y hom­bres.

En el esta­do espa­ñol, para la mayo­ría de la pobla­ción, hay mucho menos empleo, de peor cali­dad, de menor dura­ción, y con sala­rios cla­ra­men­te infe­rio­res.

A fina­les del año 2008, había en el rei­no unos 19 millo­nes y medio de per­so­nas que coti­za­ban a la segu­ri­dad social. Hoy la pobla­ción acti­va se ha redu­ci­do a unos 16 millo­nes 600 mil pues­tos de tra­ba­jo.

Los con­tra­tos a jor­na­da com­ple­ta repre­sen­tan sola­men­te el 8% del total. Mien­tras que los desahu­cios rea­li­za­dos en el mis­mo rei­no, supe­ran el millón y medio.

No nos vamos a exten­der en datos sobre la degra­da­ción de los ser­vi­cios sani­ta­rios, inclui­das las urgen­cias, ni en la dege­ne­ra­ción total de la ense­ñan­za, inclui­do el nivel uni­ver­si­ta­rio.

Tam­po­co nues­tros ilus­tres pro­fe­so­res uni­ver­si­ta­rios han enten­di­do que “la tarea pri­mor­dial de los cate­drá­ti­cos y peda­go­gos, estos oscu­ros sol­da­dos de la civi­li­za­ción, es la de pro­por­cio­nar al pue­blo los medios inte­lec­tua­les para ser capa­ces de reve­lar­se” Lo escri­bió en 1881, Loui­se Michel, lucha­do­ra de la Comu­na de Paris. Ella mis­ma aña­día: Por­que “no se tra­ta de con­se­guir una miga de pan; es la cose­cha del mun­do ente­ro la que es nece­sa­ria a la raza huma­na, sin explo­ta­do­res y explo­ta­dos”

No es cons­tru­yen­do el infierno en esta vida, como se des­tru­ye en infierno en la otra.

Flo­ra Tris­tan, naci­da en 1.893, fue una de las pri­me­ras socia­lis­tas que inten­tó lle­var, en un mis­mo fren­te, la lucha obre­ra con la lucha de las muje­res. Su pen­sa­mien­to fun­da­men­tal era que “El hom­bre, el más opri­mi­do, pue­de opri­mir a otro ser, como es su mujer. Ella es la pro­le­ta­ria del mis­mí­si­mo pro­le­ta­rio”

En su libro Unión Obre­ra, des­cri­be cómo “La mejo­ra de la situa­ción de mise­ria y de igno­ran­cia de los tra­ba­ja­do­res, es fun­da­men­tal, por­que todas las des­gra­cias del mun­do pro­vie­nen del olvi­do y el des­pre­cio que has­ta hoy se ha hecho de los dere­chos natu­ra­les e inalie­na­bles de la mujer.

Las muje­res, -dice- en sus múl­ti­ples fun­cio­nes de madre, aman­te, espo­sa, hija, etc., lo son todo en la vida del obre­ro. … Y esta situa­ción cen­tral no tie­ne equi­va­len­te en la cla­se alta, don­de el dine­ro pue­de pro­cu­rar edu­ca­do­res, sir­vien­tes y cual­quier tipo de dis­trac­cio­nes.

Lo decía tam­bién Engels ‑1884- en El ori­gen de la fami­lia: En la fami­lia, “el hom­bre es bur­gués; mien­tras que la mujer jue­ga el papel del pro­le­ta­ria­do”.

En su libro, Flo­ra Tris­tán ade­lan­ta un pen­sa­mien­to ante­rior al Mani­fies­to Comu­nis­ta de Marx, en el sen­ti­do de que pide la unión de los obre­ros y las muje­res en una úni­ca Inter­na­cio­nal Obre­ra.

Y eh aquí el lla­ma­mien­to que nos hace: “La ley que escla­vi­za a la mujer, y la pri­va de ins­truc­ción, os opri­me tam­bién a voso­tros, varo­nes pro­le­ta­rios (…) En nom­bre de vues­tro pro­pio inte­rés, varo­nes; en nom­bre de vues­tra mejo­ra, la vues­tra, varo­nes; en fin, en nom­bre del bien­es­tar uni­ver­sal de todos y de todas, os apre­mio a recla­mar los dere­chos para la mujer”

Otra vez entro en nebu­lo­sa, y pien­so… Si cada sába­do, todos los sába­dos, hom­bres y muje­res no lle­na­mos las calles de Bil­bo, Donos­tia, Gas­teiz e Iru­ña, recla­man­do los dere­chos de las muje­res, que son los nues­tros, los de todos los tra­ba­ja­do­res,… ten­dre­mos que con­cluir que la jus­ti­cia, y el honor no exis­ten, ni siquie­ra entre noso­tros.

Y, fren­te a este pen­sa­mien­to nega­ti­vo, ten­go que copiar un ver­so de Loui­se Michel, como mujer, más inte­li­gen­te.

Eh aquí la lucha uni­ver­sal.
La liber­tad pla­nea en el aire,
y el cla­mor de los indi­gen­tes
nos lla­ma a la bata­lla.

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