Soka­ti­ra- Ane Izarra

Todas y todos cono­ce­mos de sobra el con­tex­to polí­ti­co socio labo­ral que nos están impo­nien­do los que mue­ven los hilos del poder des­de aquí y des­de más allá de nues­tras fron­te­ras. Nos quie­ren mani­pu­lar a su anto­jo con un dise­ño minu­cio­sa­men­te estruc­tu­ra­do y cal­cu­la­do, nada es casual.

Cada cual cono­ce de pri­me­ra mano el con­tex­to real que vive; o en el cual sobre­vi­ve por­que el mar­gen de sobre­vi­ven­cia es muy limi­ta­do. Es como la clá­si­ca fábu­la de la soga de la cual se va tiran­do en un prin­ci­pio muy sua­ve­men­te, casi sin lle­gar a notar­se, para ir aumen­tan­do poco a poco la inten­si­dad has­ta que al final de tan­to tirar y esti­rar ter­mi­na por rom­per­se. Así se sien­te la gen­te de la calle, como esa soga que está a pun­to de rom­per­se, sin­tién­do­la en su cue­llo a pun­to de dar el ulti­mo estirón.

La dife­ren­cia entre la soga y quie­nes son la gen­te de la calle está en que esa soga no tie­ne capa­ci­dad de reac­ción, de rebel­día, de ser cons­cien­te has­ta dón­de pue­de lle­gar y se encuen­tra sola. Quie­nes están hartxs tie­nen en su poder la capa­ci­dad de tener cons­cien­cia de su esta­do, sumar fuer­zas y rebe­lar­se. Tomar cons­cien­cia de que la unión hace la fuer­za, que es el mis­mo muro el que hay que demo­ler y si lo sen­ti­mos así lle­ga­re­mos a creer­lo y a conseguirlo.

No que­da mucho más que per­der por­que nos lo están roban­do todo con la mejor de sus son­ri­sas, con la sor­na aso­man­do en sus labios en cada men­ti­ra que suel­tan para jus­ti­fi­car sus patra­ñas. Lo úni­co que nun­ca podrán robar­nos será nues­tra dig­ni­dad. Des­de casa y des­de fue­ra vie­nen a impo­ner­nos su dis­cur­so con los oídos sor­dos ante polí­ti­cas soli­da­rias y jus­tas que pue­dan rele­gar a la nada su vio­len­cia social.

Recien­te­men­te hemos recor­da­do y revi­vi­do los trá­gi­cos suce­sos de Gas­teiz y Basau­ri don­de per­die­ron la vida los tra­ba­ja­do­res que recla­ma­ban sus dere­chos. La con­cien­cia revo­lu­cio­na­ria exis­tió, fue fiel a sí misma.Lucha obre­ra que tan­to mie­do tie­nen quie­nes quie­ren impo­ner sus cri­te­rios a la fuer­za, cam­bian­do la ley en su pro­pio bene­fi­cio. Por todo aque­llo que creían jus­to les roba­ron la vida, pero nun­ca mata­rán su recuer­do, la rebel­día y rabia con­te­ni­da que se sien­te cuan­do evo­ca­mos su recuer­do, por­que recor­dar es una for­ma de seguir estan­do vivos.

A veces nos aho­ga­mos con lo que no deci­mos, gri­ta­mos en silen­cio, nos acos­tum­bra­mos a la injus­ti­cia coti­dia­na sin dar­nos cuen­ta que es otra for­ma de morir. Para­fra­sean­do a Artu­ro Her­nán­dez, el mie­do es el arma invi­si­ble que usa el poder para que no te rebe­les. Pero aquí esta­mos latien­do lxs soña­dorxs inge­nuxs quie­nes cree­mos en la fuer­za de nues­tra uto­pía, quie­nes no nos con­for­ma­mos con el hori­zon­te y bus­ca­mos el infi­ni­to. No debe­mos que­dar­nos pasi­vos al bor­de del camino, ni con­ge­lar nues­tro júbi­lo. Debe­mos apa­sio­nar­nos y dar luz al ins­tan­te oscu­ro que vivimos.

El sába­do se cele­bra­rán dos mani­fes­ta­cio­nes una en Bil­bao y la otra en Iru­ña con­vo­ca­da por quie­nes repre­sen­tan la Car­ta de Dere­chos Socia­les de Eus­kal Herria. Tene­mos la obli­ga­ción de dejar a un lado el indi­vi­dua­lis­mo, salir de nues­tros pro­pios labe­rin­tos y ser cons­cien­tes de lo que está en jue­go. Debe­mos movi­li­zar­nos por la sobe­ra­nía de las per­so­nas y de los pue­blos para plan­tar­le cara al orden neo­li­be­ral. Nos vemos en las calles para tirar con fuer­za y al uní­sono de la soga antes de que lle­gue a rom­per­se y con nues­tra dig­ni­dad rebel­de latien­do intacta.

cuerda

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